Los tres llegaron rápidamente al bazar de los ladrones estuvieron a una distancia alejada de la entrada viendo como varios ladrones entraban y salían. Cassim en otras circunstancias estaría más calmado; planeando que hacer, pero la realidad es que él solo quería entrar y arrasar con todo lo que estuviera a su paso para encontrar a su hijo. Ahora el pensamiento de que su hijo estuviera siendo obligado a ser un esclavo o que esté en manos de un pervertido sin escrúpulo, lo hizo enfermar de rabia. Estaba a punto de caminar hacia la entrada desenvainando la cimitarra que ocultaba bajo su capa, pero Farid lo detuvo.

—Vale, usted está tan cegado por la ira que haría cualquier imprudencia —Farid no cambió su mirada firme al encontrarse con la mueca de enojo de Cassim—, escuché mi señor; entiendo por lo que esta pasando ahora, pero no puede entrar amenazando a cuanto ladrón se cruce en el camino. Al menos no sin el apoyo de otros treinta y ocho hombres…escuché… hay que ser discretos, déjeme hablar a mí, para obtener información del paradero de su hijo, después usted podrá golpear a quien desee—Farid sonrió un poco al ver como su líder cambiaba poco a poco su ceño fruncido a uno más serio y calmado.

Después de hablar con Aneesa para que ella se quedara a una distancia considerable con los dos caballos; ambos hombres entraron al bazar de los ladrones, se acercaron a la barra donde los recibió una mujer robusta con cara de pocos amigos.

—¿Qué desean? —dijo la mujer sin emoción.

—Hola Señorita… iré al grano mi amigo y yo estamos buscando…carne fresca y joven —dijo Farid tratando de no sonar asqueado al decir lo último.

—Ah ya se a lo que se refiere bien, síganme es atrás del bazar —dijo aún sin emoción. Los guio hacia la parte trasera del bazar en donde en la entrada era vigilada por dos hombres corpulentos— Kadhaad, Kasul ¿Ya Gazeem terminó con el mocoso?, aquí hay dos hombres que quieren ver a las pequeñas bestias.

Cassim lucho contra el impulso de sacar su espada al escuchar… al parecer su hijo no era el único que tenían secuestrado… aunque sabía que el bazar de los ladrones se juntaba lo peor de Agrabah; no se imagino que también hubiera un negocio de trata de personas, al menos no tan libremente después de que el anterior Sultán decretará que estaba prohibida la esclavitud y estableciera castigos más duros a quién se atreviera a seguir con dicho "negocio". Era increíble como el ahora Sultán dejará que toda esa mierda o incluso la propia existencia del bazar de los ladrones estuviera bajo sus narices… pero bueno que se podía esperar ni siquiera el visir real hacia algo al respecto, poco le importaba sobre todo si era un asunto que involucrará a "ratas callejeras".

—Sí, ahora lo encerró en la pequeña mazmorra, aunque debo decir que tal vez esta vez, exagero… —dijo Kasul con una mueca de dolor— ¿Qué pasa si el mocoso muere hoy? perderíamos una gran mercancía.

—Es culpa de la pequeña sabandija, mira que devolver el dinero que robo por ser un buen niño … jajaja como no Gazeem se iba a enojar—comentó Kadhaab sarcásticamente.

—Cómo sea estos tipos quieren ver a los gusanos—dijo Dounia fastidiada.

—Disculpen —interrumpió Farid después de asegurarse de que solo estuvieran solo esos dos hombres y la mujer robusta, además de dar un último vistazo a Cassim que sólo miraba al suelo estoicamente aunque noto que temblaba de ira, volvió su vista a la mujer y los dos tipos—, ese niño… mencionaron que era una gran mercancía, estoy bastante interesado…

—No creo que lo quiera, a este punto debe estar muerto o medio muerto… —dijo Kadhaab.

—Bueno al menos quisiera saber el nombre de ese niño… —dijo Farid con una máscara de indiferencia.

—Y como voy a saberlo anciano. Ese niño solo lo recogimos en el cementerio de las ratas callejeras, solo recuerdo a una anciana mencionar su nombre, era Ali… Aladdín creo que era el nombre del mocoso ¿Y porque ese nombre es de su interés anciano? —preguntó el grandulón llamado Kadhaab sin prestar mucha atención como Cassim se acercaba rápidamente a él y lo tomaba de su cuello—, pero que demonio…

—Porque ese mocoso… es mi hijo…—finalmente Cassim hablo fríamente, dándole al tipo una mirada asesina sacando su cimitarra, colocándola en su garganta.

—¡Maldito! —grito el otro llamado Kasul, pero antes de que pudiera hacer cualquier movimiento, la hoja afilada de una daga le rebano el cuello de un lado a otro impidiéndole hablar. Solo pudo ver con shock como el otro hombre que era aparentemente un anciano inofensivo mirarlo con odio antes de caer al suelo, muerto.

—Chicos otro de los niños se rebeló contra Gazeem, parece ser que nos necesi… —el otro hombre, Ahmaq caminó hacia la entrada, no terminó debido a cómo veía estupefacto la escena: uno de sus compañeros en el suelo en un charco de sangre, Dounia la mujer robusta mirando en shock la escena, temblando sin moverse y a su otro compañero amenazado de muerte con una cimitarra en su garganta —malditos quienes se creen… —pero al igual que su compañero muerto no pudo terminar pues una daga llegó volando a su garganta, lanzada por el anciano de larga barba blanca impidiéndole tan siquiera gritar, por lo que cayó al suelo con las manos en su garganta tratando inútilmente de detener la hemorragia después de sacar la daga.

—Malditos van a pagar por esto —dijo de manera dura el último de los grandulones que quedaba.

—Me parece no estas en posición de hacer amenazas, ahora si no quieres terminar como tus compañeros, me dirás donde esta mi hijo… —dijo Cassim apretando más la hoja en el cuello del ladrón.

—Entonces tendrás que matarme porque yo no te lo diré, de todos modos de que serviría si a estas alturas tu mocoso ya debe estar muerto jajaja —se burló el ladrón ante la mirada furiosa de Cassim.

Aunque quería matarlo; todavía no tenía la sangre fría para matar, ni siquiera cuando derrotó al rey de los ladrones, en vez de eso le dio un fuerte puñetazo en su cara que lo noqueo.

Mientras tanto la mujer robusta salió de su shock y estuvo a punto de huir, sino fuera porque Farid la agarro fuertemente del brazo arrastrando la al interior del edificio; acorralándola entre la pared y otra daga que sacó de sus ropas, colocándola en su garganta mientras le tapaba la boca impidiéndole gritar por ayuda.

—No por favor, no me mates, te diré donde esta el niño…piedad… —dijo en un susurro de miedo la mujer, atropellando las palabras.

—¿Debería tener piedad con alguien que ni siquiera la tuvo contra otros más indefensos? —dijo fríamente Farid, burlándose de la cobardía de la mujer robusta.

—El niño… el niño está al fondo… junto a otros niños… por favor…solo esta Gazeem, no hay nadie más, se los juro… —dijo la mujer señalando hacía el fondo de los pasillos.

—Cassim vaya adelante, yo me aseguraré que estos dos no avisen a los ladrones… cuando termine me reuniré con usted ¡Vaya ahora! —ordenó Farid.

Sin demora, Cassim corrió a donde había indicado la mujer. Al llegar; vio que la puerta de la habitación estaba entreabierta y en el interior de esta, se oía una discusión entre una voz infantil y una adulta:

—Vaya parece que también tendré que enseñarte modales —dijo la voz de un hombre amenazadoramente.

—Si crees que con amenazarme con tu apestoso aliento voy a retroceder, olvídalo… —la voz de un niño contesto entre dientes de manera enojada.

—¡Déjalo en paz, no lo lastimes embustero! —se escucho la voz de una niña y otros tres niños hacia el ladrón.

Cassim se acercó cautelosamente a la puerta al oír como algo (probablemente el niño) era arrojado al suelo. Se asomó atrás de la puerta abriéndola un poco, sólo para ver como un hombre de aspecto horrible; no más alto que él, agarrar a una niña de cabello castaño escondido en un hijab del brazo, mientras sacaba un cuchillo grande muy afilado con su mano libre de sus ropas y lo elevaba por encima de su cabeza.

—¡Parece que tendré que darles otro ejemplo de lo que pasa si me desobedecen, empezando contigo pequeña puta! ¡Ya veremos si algún viejo te quiere comprar sin una mano! —dijo el hombre sonriendo al ver la cara de pavor de la niña y la mueca de terror de todos los niños.

—¡No, no lo hagas! ¡Maldito! —grito en pánico Amal.

Pero la mano con el cuchillo nunca bajó en dirección al brazo de la niña. Pues Cassim al ver como el ladrón sin titubear iba a mutilarle la mano a la pequeña dejó que su adrenalina y odio lo impulsará a sacar su cimitarra y con rapidez acercarse para cercenarle la mano que sostenía el cuchillo y parte del brazo izquierdo al horrible sujeto. Éste soltó a la niña, se quedó en shock al ver cómo su brazo caía al suelo y como del muñón salía un chorro de sangre.

—El que necesita aprender modales eres tú…

—¡ARGH, HIJO DE PUTA, MI BRAZO! —Gazeem lloro, se agarró el brazo tratando de hacer presión mientras se alejaba del hombre que acababa de cortarle su brazo, pero se tropezó con un charco de su propia sangre cayendo de sentón— ¡Cuando mis hombres te pongan las manos encima!

—Temo que tus hombres no podrán ayudarte esta vez… maldito desperdicio de ser humano… —dijo sombríamente Cassim viendo con ojos furiosos a los del ladrón, haciendo que este se callara.

—Mi rey, ya me asegure nadie intervenga, encontró…—entró Farid a la habitación, respirando rápidamente por correr para alcanzar a su amigo; se interrumpió al ver tal escena: un sujeto horrible sin un brazo tratando de detener la hemorragia viendo atónito a su rey y al desviar su mirada; a un grupo de niños arrinconados en una esquina de la habitación, temblando de miedo atrás de un niño que miraba boquiabierto tanto a él como a Cassim, mientras abrazaba a una niña que ocultaba su rostro en su pecho—, parece ser que tiene todo bajo control.

—Puedes encargarte de él, tengo que ocuparme de otro asunto —Cassim suspiro guardando su arma, volteo a ver seriamente a Farid señalando al ladrón y con un ademán señalaba a los niños muertos de miedo en la esquina.

—Por supuesto —dijo Farid asintiendo, mientras sacaba su propia cimitarra acercándose al ladrón.

Cautelosamente Cassim se acercó al grupo de niños; especialmente al pequeño que abrazaba fuertemente a la niña castaña que seguía escondiendo su rostro.

—Tranquilos, no voy a hacerles daño —hablo suavemente mientras se ponía a la altura de los niños, levantando sus manos para que ellos vieran que no estaba armado. Miró directamente a los ojos al chico que estaba delante del grupo y vio cómo otros tres niños se ponían al lado de manera protectora hacia él como de la niña que seguía abrazándolo —, me llamó Cassim y mi amigo se llama Farid ¿Cómo se llaman ustedes?

—Me llamo Amal —dijo el pequeño firmemente tratando de no sonar nervioso.

—Mucho gusto, Amal ¿Y tu pequeña? —preguntó dirigiéndose a la niña que lentamente se separó de Amal para voltear a ver al hombre.

—Sadira —contestó la pequeña de manera precavida para después ver con sorpresa al hombre, al ver su rostro amable le recordó ligeramente al de su padre antes de que muriera.

—Muy bonito nombre ¿Y que hay de ustedes? —ahora su mirada estaba atenta al niño mayor y a los dos niños que los acompañaban.

—Kassim y ellos son mis hermanitos Babkak y Omar —dijo con un poco más de confianza el niño mayor y sus hermanitos saludaron al hombre con una ligera sonrisa; les resultaba curioso que el nombre del señor tuviera similitud con el de su hermano mayor—, Aunque no lo entiendo ¿Por qué nos salvo o como es que llegó aquí? —preguntó confundido Kassim.

Entonces Cassim reaccionó; su rostro cambió a uno de preocupación.

—Aladdín… estoy buscando a un niño llamado Aladdín, es mi hijo, por favor debo encontrarlo —suplicó.

Amal aunque tenía preguntas, sin pensarselo dos veces lo tomó de la mano y lo condujo a uno de los pasillos, a la primera habitación. Sin decir nada ninguno de los dos Cassim abrió la puerta bruscamente solo para encontrar una escena escalofriante; una cámara de tortura con todas las herramientas que un psicópata perturbado podría desear y a medida que el niño lo conducía al interior pudo ver algunos rastros de sangre seca en el piso de arena y un látigo que colgaba en la pared. El pánico de Cassim aumentó cuando Amal lo guio hacia una puerta donde dedujo quién podría estar al otro lado.

—Aquí es el pequeño calabozo —Amal dijo asustado; repentinamente se puso frente a la puerta golpeándola— ¡Aladdín! ¡Puedes escucharme! ¡Resiste la ayuda está aquí!... Cómo vamos a abrir esto…

Sin demora Cassim suavemente apartó a Amal del camino. Con su espada rompió el cerrojo de la puerta, se le formó un nudo en el estómago; al abrir la puerta su corazón se encogió al ver una escena desgarradora; Su hijo estaba en el suelo en posición fetal y gimiendo de dolor, su chaleco rasgado donde se dejaba ver su espalda con marcas al rojo vivo, algunas heridas con sangre y tierra seca. Las lágrimas se acumularon en sus ojos; como si su vida dependiera de ello, se agachó hacia él, quitándose su capa y envolviendo lo en ella. Con cuidado lo giro para que pudiera ver mejor su rostro apartando unos mechones de cabello de su cara.

—¿Quién… quién es usted? —dijo el niño al abrir los ojos y mirar con algo de miedo al hombre, tratando de apartarse por instinto pero siseo de dolor.

—Tranquilo Aladdín no te haré daño…Aladdín yo —el hombre se tomó un tiempo antes de seguir, su conmoción aumentó al ver los ojos marrones de su hijo, reconoció que tenía la misma mirada de su madre, su querida esposa— tú no me conoces, pero yo a ti si, me llamó Cassim…

—Ese es el nombre.. de mi… pero como… esto es… —dijo el niño ahora atónito sin poder creerlo.

—Aladdín reconoces esto —de sus ropas Cassim sacó un medallón, lo acercó al rostro del niño que al instante reconoció el grabado de una mano dorada en él.

—Esa mano… es la misma que está grabada en la daga que me dejó… —asintió y después vio al hombre con los ojos muy abiertos.

—Aladdín yo, lo siento… —dijo el hombre con pesar, desviando la mirada. En su mente rápidamente se imagino la reacción que tendría su hijo; seguramente lo odiaría.

—Papá estas vivo y regresaste por mí —Cassim volvió a mirar a su hijo, se sorprendió al ver su rostro con lágrimas como cascadas y no ver odio o decepción; sino vio esperanza y felicidad en sus ojos— mamá, ella tenía razón… papá pensé que nunca te llegaría a conocer —con un poco de esfuerzo el pequeño Aladdín estiró sus brazos al cuello de su padre, le dio un abrazo con todas sus fuerzas, acunando su rostro en su hombro sin dejar de llorar.

—Oh Aladdín lamento llegar tarde… vámonos de aquí, dejemos este espeluznante lugar… resiste un poco por favor, pronto estarás bien—, el hombre cargó a su hijo teniendo cuidado de no tocar su espalda. Salió del calabozo donde lo esperaba el pequeño Amal que soltó un suspiro al ver que Aladdín seguía vivo, aunque seguía preocupado.

—Papá… —susurro Aladdín.

—¿Si Aladdín?

—¿Pueden venir con nosotros Amal y los otros niños? No quiero dejarlos en este horrible lugar—rogó Aladdín a su padre, Amal pudo escucharlo y guardo el aire expectante, esperando la respuesta del hombre.

—Por supuesto que si hijo —dijo sin dudar el hombre para después dirigirse a Amal, que jadeo viéndolo con los ojos muy abiertos y esperanzados mientras salían de la habitación—Amal puedes llamar a mi amigo Farid y reunir a todos los niños, los llevara con una buena amiga, se llama Aneesa…

Amal asintió y regreso con Farid y los niños. Lo siguiente que hicieron fue que Farid fue a buscar a Aneesa que al entrar a aquel edificio se le rompió el corazón al ver a todos los niños en tal estado y más al ver el estado de Aladdín que sin dudar se los llevó a todos fuera del recinto a una distancia prudente del bazar (excepto Amal que insistió en quedarse junto a Cassim y Farid para ayudarlos para saber que harían con los tipos que habían hecho su vida un infierno).

—Bien, ¿Qué haremos con ellos? —preguntó Cassim viendo a los tres ladrones amarrados de sus manos por la espalda… o bueno solo dos (uno de ellos aún noqueado, la mujer aún mirándolos con miedo y Gazeem con cierta molestia y adolorido).

—Puedo si usted desea mi señor… —Farid hizo un gesto de pasar su dedo en su garganta. Amal sonrió un poco pues le parecía gracioso.

—Es tentador pero...—Cassim se frotó el cuello incómodo…aunque le corto parte del brazo al ladrón aún no se sentía con la suficiente sangre fría para matar.

—No saben con quién se están metiendo soy Gazeem el terrible ladrón , cuando salga de esto lo pagarán caro; Ustedes y los mocosos… —escupió Gazeem.

—Tú eres el que no sabe con quién se está metiendo —Cassim agarro al hombre de sus ropas totalmente molesto y mirándolo directamente a los ojos—, eres demasiado tonto si crees que puedes amenazar al Rey de los ladrones —sin dudar, con total autoridad, por primera vez utilizó su título de "Rey de los ladrones" para imponerse ante el ladrón.

—¿Qué? ¿El rey de los ladrones? —dijo sorprendido el ladrón—esto debe ser una broma…porque, porque el rey de los ladrones vendría hasta este lugar…

—Créelo —ahora hablo Farid seriamente — te metiste con alguien muy importante para mi Rey y ahora tendrás que ser castigado por eso, tal vez sufrir el mismo destino que tus hombres —señaló los dos cadáveres en el piso.

Entonces el ladrón, ahora por primera vez en su vida sintió miedo. Miró hacia los dos hombres y supo que ellos no mentían; no eran ladrones ordinarios. Dounia no mintió; el anciano aparentemente inofensivo mató a sus dos secuaces sin esfuerzo alguno y su tercer secuaz seguía noqueado.

—Escuchen podemos llegar a un acuerdo…por favor, quiero vivir—rogó por su vida el cobarde ladrón.

—Amal —Farid se dirigió al niño ignorandolo —tú decides, él hizo de tu vida un infierno ¿Qué propones?

El niño miró por un momento al ladrón con la ira ardiendo en sus ojos pero después suspiro —Aunque desearía que murieran todos, me conformaría con que estuvieran pudriéndose en un calabozo…pero…

—Sí —continuó Cassim adivinando lo que diría el niño —después de todo el espectáculo que armamos, también Farid y yo llamaríamos la atención de los guardias, que podemos hacer…

—A menos… —dijo Amal pensativo, con sus dedos rascando su mentón.

—¿Qué sucede chico? —preguntó Farid.

—Se como podríamos llamar la atención de los guardias sin meterlos en problemas a ustedes; Gazeem tiene una bodega con mucho licor…—Amal le dio a los adultos una mirada maliciosa, esperando a que captaran lo que tenía en mente.

Y así fue, los dos hombres se miraron para sonreír igual que el niño. Decir que llamaron la atención del capitán de la guardia Razoul fue poco. Un pequeño incendio que rápidamente se extendió por casi todo el bazar de los ladrones; ni siquiera los delincuentes se preguntaron que fue lo que pasó, pues tuvieron que huir de toda la horda de guardias que se apresuraron a apagar el fuego y arrestar a cuanto ladrón se les cruzará en el camino.

Gazeem y sus cómplices obviamente fueron puestos en un calabozo para esperar su sentencia de muerte en algunas semanas.


Por si hay alguna duda:

Phasir (personaje de la série de Aladdín, un hechicero/ser místico ciego, aunque en realidad es un cíclope)

Farid si es un personaje original.