Hello, everypony.

Soy su amigo Diabolik Kaze, y les traigo un nuevo capítulo de mi fanfic. Antes de empezar, quiero aclarar que los personajes de *My Little Pony: Friendship is Magic, así como los OCs de Noru~ Aisurando y Woundead Sky, son propiedad de sus respectivos creadores. ¡Gracias infinitas por darles vida y por ser mi fuente de inspiración! Ahora, sin más preámbulos, vamos a lo que nos reúne hoy: ¡la historia!


Bueno continuemos donde lo dejamos la última vez… Tras abandonar el reino, nuestras fuerzas comenzaron a flaquear con cada día que pasaba. Solo teníamos provisiones para un par de días y no sabíamos cuánto tiempo nos tomaría llegar a la próxima ciudad o pueblo.

Las inclemencias del tiempo tampoco ayudaban, y pronto la lluvia torrencial nos obligó a acampar mientras esperábamos que amainara.

De repente, Zyanya ( Aka: Nya) rompió el silencio, algo bastante inusual en ella debido a su naturaleza fría y reservada.

—¿Dime, hermana… soy un estorbo para ti? —inquirió, su voz tan suave y apagada como siempre, mientras tomaba un sorbo de jugo de moracactus.

La pregunta me sorprendió, pero intenté mantener la calma. Me acomodé a su lado, buscando el contacto que siempre parecía tranquilizarla.

—¿Por qué dices eso, Nya? Sabes que nunca he pensado eso de ti —respondí, acariciando su crin con suavidad.

—Es algo que he estado pensando… después de que, por mi culpa, esa… —Nya dudó un momento antes de continuar—, esa hija de yegua te derrotara al tomarme de rehén.

Sentí un nudo en la garganta al escuchar su tono. Claro que, sin Nya, podría haber acabado con Aila en ese momento, pero… *¿a qué costo?*

—No te atormentes con esos pensamientos, Nya. Es cierto que podría haberla derrotado, pero también es verdad que tú me diste la fuerza para enfrentar esa situación, así como me la diste cada vez que enfrenté a nuestro estúpido padre para protegerte de sus crueles palabras y su desprecio. Jamás pienses que eres un estorbo, porque eres mi única familia, y dejaría que el mundo ardiera antes que perderte a ti —dije, con la voz firme, mientras acariciaba su crin con más cariño.

Nya cerró los ojos y, como había hecho desde que era apenas una potrilla, apoyó su oído sobre mi pecho. Siempre decía que escuchar el latido de mi corazón la hacía sentir tranquila, como si ese sonido fuese el único ancla que la mantenía a salvo en medio de la tormenta de nuestros recuerdos.

—Gracias, hermana —susurró Nya, su voz apenas un eco, pero llena de sincero agradecimiento.

La abracé con más fuerza, sintiendo cómo el peso de nuestros miedos y preocupaciones se desvanecía, aunque fuera solo por un momento. Cuando la tormenta afuera finalmente comenzó a amainar, me dispuse a preparar nuestras cosas para dormir. Después de acomodar las bolsas de dormir, me acerqué a Nya y, como tantas noches antes, comencé a cantarle una vieja canción de cuna que inventé solo para ella en el antiguo idioma del reino .

Lunita, Tira seneve danthar, thiria avare.

Astra tiren, luna noren,

Senara nithar, thiria avare, elain.

Dunara, mea elana,

Qua nithan dunara sino.

Ventar elain seneve,

Qua elian thiria, dunara dorthar."

"Nuvan tiria, elian levanta,

Alen melora, sinen shaira.

Fara noren nella seneva,

Curen nithar, elain senara."

"Dunara, mea elana,

Qua nithan dunara sino.

Ventar elain seneve,

Qua elian thiria, dunara dorthar."

"Astra noren levantar,

Qua thalir curen seneva.

Alura mea noren, sinen avara,

Curen seneva, qua noren shaira."

"Dunara, mea elana,

Qua nithan dunara sino.

Ventar elain seneve,

Qua elian thiria, dunara dorthar."

"Dunara, sina astra, qua newa thiria,

Qua alura elain seneve avara.

Qua avara nithar, thalir mea sino,

Curen nithar, sinen alura."

Con cada verso, su respiración se hacía más tranquila, sus ojos se cerraban, y yo sentía que, al menos por esta noche, podía proteger su inocencia un poco más. Sabía que nuestras vidas estaban llenas de oscuridad y dolor, pero en esos momentos, con ella en mis brazos, podía creer que había algo de luz en nuestro camino.

Cuando terminé de cantar, me quedé un momento más junto a ella, viendo cómo se sumergía en un sueño profundo. La tormenta había cesado, y aunque el viaje continuaría al amanecer, me sentía más fuerte y decidida. Mientras Nya soñaba, juré que la protegería siempre, sin importar cuán difícil fuera el camino que nos esperaba.

A la mañana siguiente, con el corazón renovado y la determinación firme, nos levantamos muy temprano para continuar nuestro viaje hacia las tierras del norte. Los primeros días volamos tan lejos como nuestras alas nos permitieron, pero pronto la fatiga nos alcanzó, obligándonos a continuar a trote. Sin embargo, no importaba cuánto nos cansáramos; mientras estuviéramos juntas, sabía que podríamos superar cualquier obstáculo.

Durante nuestra travesía, hicimos una parada en un pequeño pueblo llamado Colina Brillante, situado justo antes de llegar al reino de Equestria. Colina Brillante era un lugar pintoresco, pero la pobreza de sus habitantes era evidente. Las tiendas estaban casi vacías, y la escasez de provisiones nos dejó sin mucho que comprar. A pesar de la amabilidad de los residentes y su disposición a ayudar, nos vimos obligadas a seguir nuestro camino hacia los reinos del norte, ya que no pudimos abastecernos adecuadamente en Colina Brillante. Con el ánimo renovado, emprendimos el viaje hacia nuestro destino, decididas a enfrentar lo que viniera.

Otro día más de trote interminable, y ya no podía soportar el dolor en mis patas ni la pesadez en mis alas. El largo viaje, en busca de un nuevo lugar donde recuperarnos y planear nuestra venganza, me estaba agotando más de lo que había imaginado. Mis pensamientos se llenaban de furia al recordar a esa maldita usurpadora. La idea de patearle los flancos me mantenía en marcha, pero la verdad era que el hambre me estaba volviendo loca. Las últimas moracactus que llevábamos se habían acabado hacía días, y cada paso se sentía como una lucha contra el destino.

El sol comenzaba a ocultarse tras las colinas cuando nos acercamos al borde de un pequeño pueblo. Cansadas y cubiertas de polvo, avanzábamos en silencio, Nya y yo, cada una llevando en sus hombros el peso de lo que habíamos perdido. Sentía el cansancio en mis huesos, el hambre que había estado atormentándonos durante días, pero aún así mantenía la cabeza alta, con la mirada afilada y el corazón endurecido. Nya, a mi lado, tenía una expresión huraña, sus ojos brillando con una mezcla de irritación y agotamiento.

El pueblo era sencillo, tranquilo, y a medida que lo cruzábamos, apenas noté las miradas furtivas de los habitantes. Tal vez era nuestra actitud distante, o el cansancio que emanaba de nosotras, lo que hacía que apartaran la vista rápidamente. Sin embargo, bajo mi fachada de frialdad, el desespero crecía con cada paso que daba, como si el suelo bajo mis patas fuera a ceder en cualquier momento.

"Este lugar es tan miserable como el último," murmuró Nya, su voz impregnada de desdén mientras miraba las humildes casas de madera que componían el pueblo. Su comentario me llegó al fondo, una verdad que no podía negar, pero tampoco podía permitirme caer en la desesperación."¿Cómo es posible que siempre acabemos en estos agujeros?"

"Será un agujero, pero es mejor que dormir a la intemperie otra noche," respondí, intentando mantener la compostura, aunque la frustración se filtraba en mis palabras. "Necesitamos comer algo y descansar. Luego pensaremos en nuestro próximo movimiento."

Caminamos un poco más hasta llegar a un pequeño huerto. Los frutos rojos colgaban de las ramas en un desordenado despliegue de color, un recordatorio cruel de lo hambrientas que estábamos. Nya decidió tomar cartas en el asunto. Sacó sus garritas, cortó uno de los frutos y le dio un mordisco tan grande que casi me desmayo.

—¡Aaaaahg, Nya! ¡¿Qué demonios estás haciendo?! ¡Por los Ajawab, cómo te tragas eso si ni sabes qué es! ¡Podría ser venenoso!

—Prefiero morir con el estómago lleno que morir de hambre." Nya respondió con indiferencia.

Su respuesta me sacó de mis casillas. No era solo lo que dijo, sino todo lo que habíamos pasado, lo que habíamos perdido, la responsabilidad de protegerla, la ira que había estado conteniendo por tanto tiempo. Todo explotó dentro de mí. Sin pensarlo, golpeé a Nya con una de mis alas, más fuerte de lo que pretendía, haciendo que el fruto cayera al suelo. Nos miramos a los ojos, llenas de furia, y en un abrir y cerrar de ojos, nos lanzamos una sobre la otra, como si fuéramos potrillas otra vez, peleando torpemente, pero con una intensidad que solo el cansancio y el hambre podían alimentar.

Nya se volvió más intensa en sus ataques, su frustración alimentando su fuerza. De repente, me golpeó con tal brutalidad que, si no fuera por mi resistencia, podría haber terminado mucho peor. Salí volando, estrellándome contra uno de los árboles cargados de frutos, derribándolo con un crujido ensordecedor. Las ramas se partieron y las frutas cayeron al suelo, rodando por el polvo mientras continuábamos rodando, cegadas por la rabia y el agotamiento.

—¡Eso es suficiente, ustedes dos!—

Estábamos tan cegadas por la rabia que no nos dimos cuenta de que alguien se acercaba. De pronto, sentí que algo o alguien nos separaba con una fuerza que ninguna de las dos pudo resistir. Miré alrededor, aún jadeando, y me encontré cara a cara con Applejack, la yegua de piel anaranjada, que me mantenía firmemente en el suelo. Al lado de ella, Big Mac, su enorme hermano, sujetaba a Nya con la misma facilidad con la que habría sujetado una pluma.

-Pero por Celestia… ¿quiénes son ustedes y qué le hicieron a mi precioso árbol? —preguntó una pony de sombrero, su voz cargada de indignación.

—Lo sentimos mucho, fue un accidente —respondió Nya, sacudiéndose el polvo con una elegancia innata que contrastaba con su tono frío.

Observé a la pony frente a nosotras, su crin amarilla y pelaje naranja, una combinación tan inusual como la fruta roja que adornaba su flanco. Había algo en su mirada, una mezcla de desconfianza y curiosidad que no me agradaba en absoluto.

—No importa que fuera un accidente, ustedes se ven muy sospechosas. ¿Qué hacen en este lugar? —insistió, su voz llena de cautela.

—Somos viajeras de una tierra distante. Teníamos hambre y vimos estas frutas extrañas —Nya replicó, su tono monótono dejando claro que no estaba interesada en dar más explicaciones de las necesarias.

La miré de reojo, sabiendo que estaba jugando un peligroso juego de palabras. Nos enfrentábamos a una situación que podría empeorar rápidamente, pero la respuesta de la pony campirana me tomó completamente por sorpresa.

—¡Pero miren nada más! —dijo la pony con un suspiro, como si ya hubiera lidiado con un buen número de situaciones similares ese día—. Viajeras, ¿eh? Pues bienvenidas a Sweet Apple Acres. A juzgar por su apariencia y que no saben que estas son manzanas, deben venir de muy, muy lejos. —Hizo una pausa, como si estuviera acostumbrada a recibir forasteros con actitudes menos que amables—. Oh, pero dónde están mis modales. Soy Applejack, y este grandulón aquí es mi hermano Big Mac.

"Venimos de tierras muy al oriente, no necesitas saber más que eso. Nuestros nombres… podrás dirigirte a nosotras como se debe si los conoces. Mi nombre es Xail." —dije, mi tono helado como el aire del desierto en la noche.

—Y yo soy Zyanya. Ahora dame más de esas frutas que llamas manzanas —demandó Nya, su voz carente de la paciencia que normalmente la caracterizaba.

Applejack arqueó una ceja, un poco confundida por nuestros nombres.

—Puede que sea difícil pronunciar sus nombres, compañeras. Jamás había oído nombres como esos…

El gruñido bajo de Nya me hizo tensar. No era el nombre lo que la había irritado, sino que su petición de comida había sido ignorada.

—Dime Nya y dame de comer. ¡Ahora mismo! —exigió, sus ojos sin vida comenzando a iluminarse con una luz peligrosa.

La pony terrestre, Applejack, nos miró con una sonrisa amable y, con un gesto sencillo, tomó algunas manzanas de un barril cercano y nos las ofreció.

—Aquí tienen unas manzanas fresquitas, recién recogidas del huerto. Prueben, seguro les van a gustar.

A pesar de nuestra desconfianza inicial, Nya y yo aceptamos las manzanas. Al primer mordisco, la dulzura y frescura de la fruta nos sorprendió. Era diferente a cualquier cosa que hubiéramos probado antes, y por un breve instante, el placer del sabor hizo que bajáramos la guardia.

—… estas son realmente deliciosas —admitió Nya, su voz baja, casi sorprendida.

Sentí lo mismo, pero mi naturaleza orgullosa me impedía demostrarlo abiertamente. Sin embargo, la satisfacción era evidente en nuestros rostros.

—Dame más —dije con firmeza, sintiendo cómo el sabor despertaba algo en mí que no había sentido en mucho tiempo: un pequeño atisbo de tranquilidad.

Nya, sin esperar a que Applejack respondiera, también exigió con impaciencia.

—¡Dame más de esas frutas que llamas manzanas! —ordenó, su tono perdiendo la cortesía inicial y volviendo a la frialdad habitual.

Applejack arqueó una ceja, un poco confundida por nuestra actitud exigente, pero se giró para tomar más manzanas del barril.

—Parece que les han gustado, ¿eh? Claro, puedo traerles más, pero no es necesario que sean tan mandonas. Aquí en Sweet Apple Acres, compartimos lo que tenemos —respondió Applejack, todavía con esa amabilidad que desconcertaba.

—Nosotras no estábamos acostumbradas a pedir las cosas con suavidad; en nuestro hogar, exigíamos y tomábamos lo que necesitábamos, sin cuestionar si era lo correcto o no.

—No es compartir si lo exigimos —murmuró Nya, mientras observaba con impaciencia cómo Applejack se tomaba su tiempo para traernos más manzanas.

—Bueno, bueno, jovencita… Cuida esos modales, ¿sí? No querrás ser como ese potrillo color café que llegó antes que ustedes, el hermano de Noruu. Tenía una actitud muy similar —dijo Applejack con una sonrisa suave, intentando mantener un tono conciliador. —Recuerda, Nya, los buenos modales son importantes. Especialmente cuando eres invitada en la tierra de alguien más. No es necesario ser como ese potrillo insolente.

Nya detuvo su mordida a mitad de camino, sus ojos se entrecerraron al escuchar la comparación. Esa pony terrestre, Applejack, cometió un error fatal cuando comparó a Nya con otros ponies. Mi hermana odia con todo su ser que la comparen, y al escuchar esas palabras, su furia estalló de inmediato. Sus ojos, normalmente fríos y sin vida, se volvieron completamente blancos. El aire se tornó gélido, y el cielo, antes despejado, se oscureció en un parpadeo. Applejack quedó paralizada, atónita ante la reacción de Nya. No podía moverse ni apartar la mirada cuando mi hermana comenzó a conjurar su Vacío Púrpura.

Dos esferas, una roja y otra azul, tomaron forma en las patas delanteras de Nya. Observé con una mezcla de orgullo y frialdad cómo las esferas se fusionaban en un remolino de energía púrpura. Sabía que lo último que veríamos de esa pony sería un cráter profundo en la tierra. De hecho, ya estaba planeando cómo utilizar estas tierras para convertirlas en mi centro de operaciones, un lugar perfecto para la siguiente fase de nuestros planes.

Nya lanzó su ataque, y una cortina de humo denso se levantó al impacto. Cuando el polvo se disipó, en lugar de ver la destrucción que habíamos anticipado, allí estaban Applejack y una pony morada, ambas envueltas en una barrera. No solo habían sobrevivido, sino que la barrera parecía haber absorbido por completo el impacto del Vacío Púrpura de Nya. Ridículo. Patético. Aquella barrera era básica, una burla para un poder tan grande como el nuestro.

Nya estaba furiosa. Su ataque había fallado, y se lanzó hacia adelante, decidida a acabar con las dos ponies de una vez por todas. Sin embargo, la detuve antes de que pudiera actuar de manera precipitada. Era mi turno para intervenir, pues la pony morada no me daba buena espina, y no podía dejar que Nya, aún inexperta e impulsiva, se encargara de algo que requería un toque más... calculado.

Twilight Sparkle, con los ojos entrecerrados y la magia todavía crepitando en su cuerno, miró directamente a Nya y a mi Xail.

—Ustedes son iguales a ellos... los ponies del hielo. Solo vienen, atacan sin motivo y exigen cuando no se les debe nada.

—¡Me comparó con esos ponies, al igual que tú lo estás haciendo ahora! —escupió Nya con rabia. El castigo debía ser ejemplar.

—¿Qué? ¡Esa no es una razón! —insistió la morada, su voz temblando entre la indignación y el miedo.

—¡Silencio, morada! Si no quieres ser el blanco de mi siguiente Vacío Púrpura —amenazo, la voz de mi hermana era cortante como un látigo.

La pony morada nos miró con una mezcla de temor y desafío.

—¿Quiénes se creen ustedes? —preguntó, quizás intentando encontrar alguna lógica en nuestro actuar.

Finalmente, era mi turno de hablar. Sabía que si la situación se ponía fea, sería mejor que yo la manejara. Nya, por mucho que la amara, aún era una potranca fácilmente irritable y su poder, aunque impresionante, era inestable.

—Somos las Ex Tlacotzin de la villa de Yuma —dije con firmeza— Estoy pensando en quedarme con estas tierras —dije con una frialdad que hizo eco en el ambiente—. Son fértiles y servirán para alimentar a mi futuro ejército.

Observé el extenso campo de manzanos que se desplegaba ante mí, con un brillo calculador en los ojos mientras consideraba las posibilidades. Los árboles estaban llenos de frutas, las tierras eran fértiles, y el entorno era ideal para establecer un centro de operaciones. Después de todo, mi ejército necesitaba provisiones, y estas tierras podían ofrecer todo lo necesario.

La mirada de Twilight se endureció, y Applejack dio un paso adelante, claramente incómoda con las palabras de Xail.

—Pueden intentar luchar por ellas, pero será fútil. No desperdiciaré mi tiempo enfrentándome a quienes no comprenden que estas tierras me pertenecen por derecho.

Mi declaración fue clara. No tenía paciencia para rodeos, y esas tierras me agradaban. Las posibilidades de construcción, de expansión, ya se dibujaban en mi mente, cuando de repente un rayo cayó cerca de mis patas.

—Eso solo fue una advertencia —respondió la pony morada, Twilight Sparkle—. No pienso pelear contigo, pero no permitiré que tomes estas tierras. Pertenecen a mi amiga Applejack, y ni ustedes ni nadie tiene derecho a reclamarlas.

—Eso está por verse… —respondí con desdén.

Al activar mi *Flame Haze, mis ojos se tornaron blancos, y la tierra bajo mis patas comenzó a arder. Un calor abrasador emanó de mi cuerpo, haciendo que ambas ponies retrocedieran, sorprendidas por la intensidad de mi poder. Sentí el poder acumulándose dentro de mí mientras concentraba todo ese calor en una esfera de fuego que comenzó a crecer en mis patas.

—Despídanse de este mundo, pequeñas ponies —dije, mi voz llena de la promesa de destrucción inminente.

Me preparé para lanzar mi *Sol Atroz* y acabar con todo, cuando una luz cálida me cegó. Perdí la concentración, y mi ataque desapareció en un instante. Cuando recobré la vista, me encontré cara a cara con las dos gobernantes de este lugar. Celestia y Luna estaban allí, su presencia imponente.

Rápidamente recobré la postura, mientras Nya se colocaba detrás de mí. Ambas princesas nos miraron con una mezcla de desaprobación y sorpresa por ver que dos ponies como nosotras podían manejar un poder tan destructivo sin ser unicornios.

—¿Qué clase de aberraciones son ustedes? —preguntó Luna, su voz resonando con una mezcla de curiosidad y desprecio—. No sé qué hechicería profana las creó, pero lo que hacen es antinatural. Pensé en recibirlas cordialmente, pero al ver que han utilizado magia oscura y han intentado atacar a mi estudiante y a una de mis súbditos, temo que deberán enfrentar las consecuencias.

—No entiendo a qué se refiere con "antinatural" y "magia oscura", pero su voz es bastante molesta —respondí, tratando de ocultar mi creciente inquietud.

Celestia hizo una mueca de enojo, su paciencia claramente se estaba agotando. Sin decir una palabra más, su cuerno comenzó a brillar con un resplandor dorado, mientras que el de Luna brillaba con un profundo azul oscuro. Antes de que pudiéramos reaccionar, nos encontramos en el imponente castillo de las princesas, rodeadas por sus guardias y junto a las ponies que nos habíamos encontrado anteriormente.

Para mi sorpresa, aunque no era inesperada, Nya y yo estábamos atadas con una poderosa magia de restricción, claramente una muestra del poder de Celestia y Luna. Las princesas se dirigieron a nosotras con una determinación implacable.

—Ustedes dos deberán responder por sus actos de agresión —dijo Luna con firmeza.

—Princesa Celestia, Princesa Luna, si me permiten, me gustaría saber quiénes son ellas —intervino Twilight Sparkle, observando la escena con una mezcla de fascinación y preocupación—. Nunca he visto algo como ellas.

Celestia miró a su estudiante con aprecio y comenzó a relatar con una voz cargada de sabiduría:

—Admiro tu curiosidad, mi querida estudiante Twilight. Estas ponies utilizan una magia que recuerda a la que enfrenté durante la Gran Cruzada.

—¿Se refiere a cuando unificó a todas las especies de ponies, princesa? —preguntó Twilight, sorprendida.

—Así es, mi querida estudiante —confirmó Celestia con una sonrisa—. Antes de que se fundara el Reino de Equestria, los ponies vivían en discordia. Esta era se conoce como la Era de los Conflictos, y también como la Era Oscura de la Magia, debido a los horrores creados por los señores de la guerra para obtener la victoria sobre otras tribus.

Applejack, que hasta entonces había permanecido en silencio, dio un paso adelante, sus ojos reflejando una mezcla de determinación y preocupación.

—Con todo respeto, princesas, esas dos causaron un gran revuelo en mis tierras. No sé quiénes son ni de dónde vienen, pero lo que sí sé es que mis árboles no sobrevivirán otro ataque como ese.

—No debemos olvidar las criaturas que se alimentaban del conflicto, como las sirenas y otros seres de pesadilla —añadió Luna, su voz firme—. Tú has enfrentado remanentes de esa era, como el amuleto del alicornio y otros objetos oscuros, hermana.

—Oh, ya entiendo, princesas Celestia y Luna. Entonces, ¿qué harán con ellas? —preguntó Twilight, ansiosa por una resolución.

—Quizás lo mejor sea restringir su magia al mínimo posible para asegurar que no causen más problemas —sugirió Luna—. Serán enviadas a Ponyville, donde serán vigiladas. Tú, Zyanya, trabajarás en la granja de Applejack para aprender el valor de pedir las cosas de buena manera y trabajar para lo que deseas. Y tú, Xail, serás vigilada por mis inquisidores.

Celestia se acercó a nosotras, hizo brillar su cuerno y, bajo nuestras patas, apareció la marca del sol. Luna, a su vez, hizo lo mismo, añadiendo la marca de la luna creciente. Ambas marcas aparecieron impresas en nuestra frente, y con esto, nuestras habilidades quedaron selladas.

—Con esto, sus extrañas habilidades quedan selladas. Será mejor que se comporten, ya que ahora no son una amenaza para nadie —ordenó Celestia con firmeza.

—Esto lo pagarás muy caro, Celestia. Cuando recupere todo mi poder, juro por todo el fuego en la Fosa Negra que destruiré este reino y convertiré este castillo en tu lugar de descanso eterno —gruñí con odio.

—Y te aseguro que, si intentas algo, yo misma me encargaré de que no haya un lugar en este mundo donde puedas esconderte —añadió Luna con un tono gélido.

Las princesas no respondieron más a mis amenazas. Solo me miraron con una mezcla de lástima y comprensión. Una vez más, sus cuernos brillaron intensamente, cegándome con su luz. Cuando recobré la vista, me encontré sola en el centro de un pequeño pueblo lleno de ponys que murmuraban y se movían alrededor. Lo que más me molestó fue que Nya no estaba allí conmigo.

Deambulé por el pueblo, buscando cualquier rastro de mi hermana, pero era como si se hubiera desvanecido en el aire. Pronto, me encontré con una yegua peculiar. Era algo más pequeña que yo, vestía un abrigo azul con rojo, y su pelaje era rosa, con una crin blanca y ojos dorados. Ella me miró y, con una sonrisa amable, se presentó:

—Hola, mucho gusto. Mi nombre es Melusine y seré tu inquisidora a cargo —dijo la pony con una amabilidad desarmante.

—¿Cómo me encontraste? —pregunté, intrigada.

—Bueno, no es difícil rastrear a ponys tan llamativas como ustedes —respondió Melusine con una sonrisa.

La miré con furia, mis pensamientos aún girando en torno a la separación de mi hermana. Me habían tildado de monstruosidad, y encima, no había comido nada desde nuestra llegada. Mi hambre y frustración se intensificaban.

—¿Dónde está mi hermana? ¡Habla! —exigí, mi voz temblando de rabia.

Melusine, la pequeña yegua de pelaje rosa, se acercó con una calma inquietante. Su sonrisa se mantuvo, pero su tono era frío como el hielo.

—Tranquila, ella está en un lugar seguro —murmuró mientras deslizó un cuchillo contra mi garganta—. Además, yo me preocuparía más por ti, querida. Si te portas bien, seré amable contigo. Si me pones las cosas difíciles... bueno, ya sabes lo que pasará.

Cuando el cuchillo se apartó, sentí el leve sangrado en mi cuello, un recordatorio de cuán vulnerable era sin mi poder. Tenía que jugar el papel de la niña obediente, al menos por ahora. Me concentré en pensar en cómo liberarme de la maldición que Celestia y Luna habían impuesto y en cómo haría pagar a Melusine por derramar mi sangre real. De repente, un rugido estruendoso proveniente de mi estómago interrumpió mis pensamientos, haciéndome sonrojar.

—Oh, ¿al parecer todavía tienes hambre? Qué tipo de anfitriona soy que no te he ofrecido nada de comer —dijo Melusine con el tono alegre y desenfadado con el que me había saludado al principio—. Conozco un buen lugar para comer unos refrigerios.

Pensé para mis adentros que esta yegua estaba loca y que debía escapar antes de que me asesinara en mi sueño, o algo aún peor. Sin embargo, Melusine me sacó de mis divagaciones.

—¿Y bien, nos vamos? —preguntó con una sonrisa brillante.

—Sí, claro —respondí, resignada.

Así comenzamos nuestro trayecto al lugar que Melusine había mencionado. Mientras caminábamos, la pequeña inquisidora empezó a contarme curiosidades sobre el lugar: el número de tiendas en la zona, la vez que los Elementos de la Armonía habían derrotado a un enjambre de parasprites, y otros detalles menores. A pesar de que la información me era indiferente, la forma en que Melusine relataba las historias me mantuvo distraída.

Finalmente, llegamos a un edificio que se parecía a un pastel gigante. Melusine lo presentó con entusiasmo.

—Y aquí estamos, el mejor lugar del mundo: ¡Sugarcube Corner! —dijo mientras señalaba el edificio con su casco. —¿No es fantástico?

Miré el edificio, que parecía sacado de un cuento de hadas, y no pude evitar pensar en las brujas que hacen galletitas para los potrillos malos. La arquitectura en este lugar era definitivamente extravagante. Mientras pensaba en la boutique con forma de carrusel que Melusine me había mostrado antes, mi guardiana me sacó de mis pensamientos.

—¿Y bien, Xail? ¿Vas a entrar o te vas a quedar ahí parada toda la tarde? —inquirió Melusine con una mezcla de impaciencia y amabilidad.

—N... no, enseguida voy —respondí, tratando de mantener la compostura.

Melusine mantuvo la puerta abierta para que entrara primero. Aunque su comportamiento era peculiar y a veces inquietante, podía ser sorprendentemente amable.

Dudé por un momento antes de cruzar el umbral, sintiendo que algo en mi interior me advertía sobre el cambio que se avecinaba. Sin embargo, como dice el sabio refrán, "El ayer es historia, el mañana es un misterio, y el hoy es un regalo... por eso se llama presente."

.Continuara….


bueno mis querido lectores espero y les haya gustado este nuevo capitulo, espero dejen todo tipo de comentarios tanto negativos como positivos, y antes de despedirme le quiero agradecer de nuevo amigo random389 y a kuroDerpy por ser mi inspiración y por crear a tan maravillosos OCS ahora sin nada mas que decir nos leemos luego.

…..Hasta la próxima!…

P.D aquí les dejo la traducción de la canción de Nya

Duerme, pequeña estrella, cierra tus ojitos,

Deja que el sueño venga, y sueña bonito.

Las estrellas te cuidan, la luna te abraza,

En un manto de sueños, con dulzura y paz.

Estribillo*

Duérmete ya, mi luz del alba,

Que en tus sueños nunca habrá sombra.

El viento susurra canciones de calma,

En el cielo brillante, duerme sin drama.

Verso 2*

Las nubes son suaves, en el cielo flotan,

Como almohadas de seda, en las que te acurrucan.

Las hadas del bosque danzan en silencio,

Cuidando tus sueños, llenos de contento.

Estribillo*

Duérmete ya, mi luz del alba,

Que en tus sueños nunca habrá sombra.

El viento susurra canciones de calma,

En el cielo brillante, duerme sin drama.

Puente*

Las estrellas te guían por caminos dorados,

Donde las aventuras son siempre soñadas.

Mi amor te rodea, como un cálido abrazo,

Que te envuelve y te acuna en este tierno lazo.

Estribillo*

Duérmete ya, mi luz del alba,

Que en tus sueños nunca habrá sombra.

El viento susurra canciones de calma,

En el cielo brillante, duerme sin drama.

Final*

Duerme, pequeña estrella, hasta el nuevo día,

Que el amor y la paz te llenen de alegría.

En el abrazo de los sueños, siempre estaré,

Cuidando tu descanso, siempre te amaré.