Bienvenido a otro capítulo. ¡Espero que estén listos para sumergirse en la aventura de hoy!"


Capítulo 6

Nos destrozamos... nos alejamos... sin embargo, regresamos una y otra vez para salvarnos.

Hoy hemos vuelto a nuestra rutina. Somos unas completas desconocidas. Ni siquiera logramos intercambiar miradas. Nuestro primer instante de paz ha quedado olvidado.

Me zambullo en mis pensamientos mientras los demás mantienen una conversación animada alrededor de la mesa. Killian y mi padre no están; Supongo que lo mantendrá lejos después del gran revuelo de anoche. Otro día más tolerando, aguantando. A un par de sillas, Robin toca la mejilla de Regina, y mi primer instinto es herirlo.

Juego con la comida bajo el atento escrutinio de mi madre.

—Cariño, no has probado bocado —susurra Mary bajito, para no llamar la atención de los demás—. ¿Prefiere que te prepares algo diferente?

-No. —Lógico que ella no se iba a quedar con esa respuesta.

—Me preocupas, Emma.

—Para, Mary —digo de forma ruda.

— Deberías intentar... —Hace una pausa, acariciando mi rodilla bajo la mesa—. Desde que llegamos no te he visto comer nada.

—Estoy bien. —Empiezo a odiar esas palabras.

Mary se pone tensa en la silla.

—Oye, no te molestes conmigo solo por preocuparme.

Mi mandíbula se aprieta, y no puedo evitar jadear molestar. Dejo caer el cubierto sobre el plato, llamando rápidamente la atención de los demás.

— ¿Alguna vez te has puesto a pensar que no lo necesito? —Me levanto furiosa de la mesa. En diez segundos pierdo la calma, y las emociones me atacan a una velocidad espeluznante—. Suficiente tengo con sus miradas de desconfianza. ¿Acaso están esperando que les vuelen la cabeza? Porque eso es lo que parece. Si me temen, no deberían estar aquí.

Sé que estoy siendo estúpida.

—¡Mamá, eso no es cierto! —A mi lado suenan las palabras de mi chico. Son simples, pero hay dolor en ellas.

—Lo lamento, Henry —digo, empujándole suavemente el hombro para que vuelva a sentarse.

—Estaremos juntos sin importar lo que pase —el cuerpo se me tensa al escuchar la seguridad en las palabras de mi chico—. Somos una familia.

Pestañeo y lentamente asiento, repitiendo su frase como un mantra mientras me encuentro flotando en un abismo. Mi Henry, si supiera lo jodida que estoy, el verdor de su esperanza se marchitaría. Yo ya no soy luz. Sin embargo, no quiero fallarle.

Acaricio sus oscuros cabellos, apartando unos mechones de su frente. Sé que ella tiene los ojos puestos en nosotros; ignora el tirón que me dice "mírala". Sucede a menudo y casi siempre termino sucumbiendo; pero esta vez no. Hay mucho en juego, y aunque su mirada ardiente me quema, me resisto.

—Termina tu comida —susurro al tiempo que me inclina para besar su cabeza—. Gracias, chico. —Miro a mi madre como una forma de pedirle disculpas por mi arrebato y luego desaparezco.

Mirando el paisaje, pienso en cómo es posible sentir tanto. Me gustaría saber cómo hacía Rumpel para aplacar toda esta mierda; Ahora que soy el Tenebroso, la maldita oscuridad me lleva a tientas por todas las emociones. Es como despertar y comprobar que no hay piel que me cobra, que me resguarda. Soy como una fruta sin cáscara, más sensible a lo que me rodea. ¿No debería ser todo lo contrario? Ser como una roca impasible.

Debería ser mala... muy mala. Posiblemente sería mejor no sentir nada para liberarme de la ola de pensamientos que me llenan de más mierda de lo que puedo soportar. Luego recuerdo a Henry, pienso en todo lo que esta maldad puede llegar a hacerles a las personas que amo. No puedo dejarme vencer, no me interesa si tengo que darme golpes contra las paredes para mantenerme a raya. Disimular y sonreír es mi plan.

Mi escalofriante y venenoso plan de no matar a Robin, ni pensar en su existencia. Difícil, ¿verdad? Da igual lo que me diga, da igual lo que promete, tengo la certeza de que mi fortaleza se irá a pasear lejos. Miro al suelo, abriendo la boca para dejar escapar un agonizante suspiro. Quizás debo intentar ser amiga de mi corazón; es un puto Judas que constantemente me apuñala por la espalda. No tengo dudas de que me odia.

Desastre. Desastre es la palabra que se repite en mi cabeza tras mi larga caminata por los alrededores. El frío de la noche me vence, entonces vuelvo al gran palacio; camino lentamente y cuando estoy por subir las escaleras, escucho ruidos en la cocina y me dirijo hacia allá. Se supone que todos dormían.

—Él va a detener esta cacería —esa era la inconfundible voz de mi padre con su típico tono de preocupación.

—Oh, puede ser mucho peor —el susurro apagado de mi madre llama mi curiosidad.

—¿Y qué pretendes? ¿Qué nos quedamos aquí para siempre? —Escucho un golpe. Me acerco más a la puerta y puedo ver claramente a Mary Margaret turbada, casi al borde de las lágrimas. Algo está pasando; la actitud de mi padre no es normal—. Eso sería un insulto.

—Se te olvida todo lo que ha hecho por encontrar a Emma, nuestra hija— dijo Mary con voz ahogada. —¿Qué pasa contigo? Es nuestra amiga.

—Tuya, no mía —contesta rabioso.

Desde donde permanezco escondida puedo ver esa expresión que me parece tan ajena en el rostro de David. rabia.

—Por su culpa, nuestra hija es el Oscuro. Por su culpa podemos volver a perderla. No puedes pedirme que olvide todas sus vilezas; eso sería como escupir en las tumbas de todas las personas que han muerto por ella.

En ese momento, me doy cuenta de que mi padre no ha perdonado a Regina. La conversación me ha puesto nervioso, la manera en que le habla a Mary Margaret no es normal. Me quedé rígido, escuchándolo despotricar contra Regina sin contenerse. Está yendo demasiado lejos.

—Nunca voy a olvidar, pero sí podemos perdonar.

—Estás cegada por ella, aun cuando hace todo por hacernos daño siempre la perdonas, pero yo no. Jamás lo haré. En primer lugar, porque nos ha quitado demasiado —las siguientes palabras explotan en mi cara como una bomba.

—David... tú no puedes vivir en el pasado... no puedes estar hablando en serio.

—No voy a callarme más. —Mi madre se cubre la boca con ambas manos, de seguro consternada al igual que yo—. Por lo menos tengo un Hook de mi lado; Haremos todo lo necesario para que esa bruja deje de intervenir en nuestras vidas para siempre.

Al escuchar el nombre, todo mi cuerpo se pone en tensión. Estoy por intervenir para exigir respuestas, pero un fuerte tirón en la boca del estómago me hace trastabillar. Las piernas se me aflojan. Busco apoyarme en cualquier cosa que esté a mi alcance. Únicamente logro llamar la atención de mis padres, quienes de inmediato advierten mi presencia.

A mi padre casi se le salen los ojos de las órbitas. Sacude la cabeza consternada. Mira a mi madre y nuevamente a mí.

—¡Hija! —me mira como diciendo ¿Qué haces aquí?

Le lanzó una mirada asesina. Quiero preguntarle qué está sucediendo, pero otra oleada de dolor me hace apretar los labios. De repente, creo que voy a desplomarme. No recuerdo el orden exacto de cómo suceden las cosas; el dolor de cabeza que va deshaciendo mis fuerzas me impide ver todo con claridad.

El tiempo se ralentiza y mi cuerpo no parece conectarse con mi cerebro; Me cuesta mucho esfuerzo. Durante un instante, voy y vengo en un mar de voces.

"Em-ma"

Es un susurro tan bajo que casi me cuesta creer que en realidad lo haya escuchado. El dolor que hay en esa voz induce que una parte de mí se turbe. Un duro golpe me atraviesa como una especie de arma filosa que me corta internamente, haciéndome sufrir bastante. Abro ligeramente los labios, dando un grito silencioso. Todas y cada una de mis terminaciones nerviosas acaban conmigo.

Mientras intento descifrar lo que está ocurriendo, David hace el amago de acercarse. Me pongo en alerta al instante, con un par de tambaleantes pasos, permanezco a la distancia.

—Ni se te ocurre acercarte —aprieto los labios con desaprobación.

David levanta las manos y se detiene de inmediato.

Apenas me estoy recuperando. Otra oleada de dolor me golpea las entrañas, causando que los pulmones se me vacíen por completo. Cierro los ojos, trabajando con impaciencia mis respiraciones. Oigo que ellos intercambian unas palabras; Es difícil entender lo que dicen.

—¿Qué demonios está pasando?—

A medida que los segundos transcurren, el dolor que experimento se hace más difícil de sobrellevar. Me dejo caer hacia atrás contra la pared, apretándome contra ella. La impresión de que miles de agujas se incrustan en mi piel y luego tiran de ella para desgarrarme me obliga a contener la respiración. El insistente susurro golpea dentro de mi cabeza como una campana enloquecida que me hostiga. Parece que solo tengo la capacidad de sentir dolor. Las funciones de mi cuerpo se han desconectado y el dolor punzante es lo único que me llena por entero.

¿Será que en algún momento me he quedado dormida y Freddy Krueger me está torturando?

—Despierta, Emma. Vamos, esto ya no es divertido —me reclamo casi sin voz.

—Cariño, ¿qué pasa? —las vibraciones de preocupación en mi madre son captadas por mi aturdido cerebro.

Admito que estoy asustada; una y otra vez abro los labios procurando capturar pequeñas bocanadas de aire al tiempo que un nuevo susurro me golpea con mayor rudeza, haciéndome saber que este calvario atacará como una caterva armada contra un indefenso infante. Mi rostro se contrae mientras la voz se abre paso en mi conciencia en un angustiado y agudo siseo que no logro descifrar. Un bisbiseo que me acerca y aleja de esta tortura.

"Emm"

La magia oscura revolotea dentro de mí como alas afiladas de mariposas buscando una salida; soy incapaz de contenerla.

"E...Emma"

Esta vez capto perfectamente el tono de voz, como un latigazo que activa todas mis alarmas y me hace perder por completo el dominio de mi cuerpo. La oscuridad se establece como un cielo cubierto de millas de estrellas fugaces.


Punto de vista Regina:

Mis labios hoy prueban

El veneno bendito de tu nombre.

Mi habitación es un lugar apartado del resto de las estancias del castillo. Refleja el carácter y poder de la Reina Malvada. Las paredes están cubiertas de tapices oscuros y decoraciones elegantes pero intimidantes. Grandes ventanas con pesadas cortinas de terciopelo dejan pasar solo un pequeño rayo de luz. Una chimenea crepita en una esquina, llenando el espacio con una luz tenue y cálida que contrasta con la oscuridad del resto de la habitación.

Doy vueltas en la cama luchando por dormir un par de horas. Casi puedo sentir que Morfeo se está burlando de mí. Me muevo hacia el lado derecho y rápidamente el hombro se me duerme; las piernas me hormiguean y la cama se vuelve más dura con cada minuto. Gruño, cabreada. Es imposible continuar luchando contra las sábanas. En fin, me rindo. Renuncio a la tortura y me dirijo al baño.

Es culpa suya.

La desagradable sensación en el pecho cuando la vi desaparecer no se me quita; se ha arrastrado dentro de mí durante toda la tarde. Me quedo sumida en el reflejo, y no tengo muy buen aspecto; bajo mis ojos, unas sombras oscuras se van acentuando; incluso parece que he perdido peso. Tomo aire. Odio la forma en que he ido perdiendo el control de todo. Cada vez que intento poner las cosas en orden, tengo que salir corriendo para arreglar alguna estupidez que Emma hace.

¿Será este mi castigo? ¿Correr continuamente detrás de ella para mantenernos a salvo?

No me parecezco a mí misma, y detesto admitir que Emma Swan tiene mi mundo de cabeza. La prueba está en que no dejo de pensar en cómo se encuentra. Los altercados de las últimas horas la han desestabilizado, lo sé. La conozco lo suficiente como para darme cuenta de que algo no está bien entre ella y el maldito lisiado de Hook. Admito que tuve ganas de prenderle fuego en la cocina. Si él le hubiera puesto un dedo encima, estoy segura de que mi reacción habría sido catastrófica. Ansiosa, respiro profundamente para finalmente regresar a la cama y echarme sobre las sábanas de seda blanca. En tal caso, debería estar más preocupado por la discusión que tuve hace un par de horas con Robin. Fue intenso; Todavía siento los efectos de nuestras palabras. Robin no me lo está poniendo nada fácil. Desde que estamos aquí, he estado soportando sus reproches. Todos los malditos días me sorprende con algún dispar. Pero este ha sido el peor.

¿Y ahora qué es lo que te preocupa? —su tono de reclamo me sorprende.

¿A qué te refieres?

Lo sabes muy bien —parece muy molesto.

Pues ya ves que no —arrugo el entrecejo, sin entender muy bien su reacción.

Imagino que vas tras ella.

Durante los siguientes segundos, me quedé pasmada. Debe notar mi turbación porque me toma de la muñeca y me arrastra a una habitación contigua, cerrando la puerta con un golpe seco.

¿Hasta cuándo tengo que aguantar que vayas de un lado a otro por ella? No es una niña pequeña que necesite de tus cuidados; para eso tiene a su madre —suelta todo de un solo golpe, dejándome anonadada.

¿Es en serio?

Mira dónde estamos, otra vez en peligro por ella —decidió alejarme unos pasos de él.

¿Para ti es inaceptable mi actitud con Emma? —lo miro como si le hubieran salido dos cabezas—. En primer lugar, ¿Qué hay que reprocharme? Ella me ha salvado, nos ha dado nuestro final feliz... mi anhelado final feliz. ¿Qué pretendo? ¿Que le dé la espalda a la mujer que nos dio la oportunidad de continuar juntos? —me dirijo hacia la puerta, hecha una fiera—. Y no soy su madre, pero tú sí eres un gran imbécil.

Así terminó mi tarde y ahora quiero relajarme, pero casi es imposible. ¿Cómo hacerlo, si recordar todas las cosas que nos hemos dicho me hace olvidar por completo el sueño?

Abrazo la almohada; Cierro los ojos y las imágenes se cuelan en mi mente: Emma y su mirada llena de dolor. Nunca la había visto tan frágil y rota; su apariencia era como la de una muñeca que necesita ser remendada. Swan… Swan, la muy tonta, cree que me oculta algo, pero sé lo que se calla. Estuve allí, y por más que lo intenté, su desnudez no le permitió esconder lo que tanto la avergüenza.

He estado tentada a confesarle que lo sé, pero luego me callo y espero que en algún momento pueda confiar realmente en mí. Igualmente, ¿Por qué debería decírmelo? En realidad, no me debe ninguna explicación, aunque muy en mi interior no me conformo con su silencio; al contrario, me irrita, o quizás peor, me preocupa, y eso me irrita aún más. Bajo la almohada siento el frío metal de la daga; la acaricio mientras pienso en todas las cosas que siento. Es difícil explicarlo. Para ser más exacta, solo Henry me provoca esta vulnerabilidad, pero él es mi hijo, y ella... Ella...

Mis pensamientos tropiezan. Emma no es nadie, solo la otra madre de Henry, a quien quise desaparecer por un largo tiempo. Sin embargo, ahora... Dios, ahora hundo la nariz en la almohada, frustrada sin saber cómo responder a aquello. Verdaderamente, no sé qué es lo que está sucediendo.

Me doy la vuelta, abandonando la atención que le doy a esa arma letal. Maldita sea, Emma, que ha puesto en mis manos su vida, y para ser sincera, me encuentro aterrada; Alguien podría venir por mí para hacerle daño, y yo, la Reina Malvada, temo no ser lo suficientemente fuerte para protegerla. Me hago un ovillo en medio de la cama, llevándome las rodillas hasta el pecho. De pronto, su mirada se cuela en mi mente; sin poder rehuirla, me abrazo con fuerza a las sábanas. Emma y esa manera suya de ver en mí lo que nadie más puede. Al fin, me hace sentir única, indestructible y, al mismo tiempo, tan pequeña y vulnerable.

Y aunque sea difícil aceptarlo, o quizás nunca pueda decirlo en voz alta, me asusta.

Maldita cisne.

Ella... Emma es como un punto en mi vida que poco a poco se va ensanchando; como un hoyo negro que me arrastra hacia él. No puedo continuar así. Estos pensamientos no son normales. Mi deber es olvidarlos y esconderlos como lo he venido haciendo siempre.

Mis divagaciones se paralizan. De repente, una sensación inquietante me recuerda. Una fuerza oscura, casi palpable, invade la habitación. Me pongo de pie de inmediato, con mis sentidos en alerta, mientras una sombra se materializa cerca de la ventana. Antes de que pueda reaccionar, Killian, con un movimiento rápido y preciso, levanta la mano y lanza un hechizo que me deja paralizada.

— ¿Qué haces aquí, Killian? —logro murmurar, mi voz teñida de furia y sorpresa.

—Me disculpo por inmiscuirme en sus dulces sueños, majestad —con una sonrisa siniestra, avanza unos pasos más—. He venido a terminar lo que empezamos —dice, su voz goteando malicia.

—Te arrepentirás de esto, Hook —jadeo tras reponerme del sobresalto.

—Hoy es el día, majestad —un dolor punzante, como si me oprimieran el tórax, se hace presente. Respiro con dificultad.

—¡Siempre lo supiste! —mis pupilas se abren en shock al recordar cómo intenté enmendar la última y mayor estupidez de la señorita Swan. No fue fácil para ella convertir al hombre que ama en el Oscuro; por consiguiente, salvar su vida le trajo un precio muy caro. Él la odiaba por convertirlo en lo que más detestaba.

—Soy el Oscuro. Un simple hechizo para borrar mis últimos recuerdos no funcionaría por mucho tiempo. Eso debiste saberlo, querida —levanta un dedo, apuntándome de forma acusadora—. Me mantuve paciente, esperando a que bajaras la guardia. No puedes quejarte; Fui un buen chico. Además, estos días te ayudé a buscarla. Claramente me gané el pase para cruzar la barrera —comprimo los dientes, más cabreada que nunca. Había caído en su trampa—. Me trajiste hasta ella, por esa razón será un poco, un poquitín menos cruel.

Me sacudo, procurando resistirme a su magia. Mis manos tiemblan. Concentré en ella toda la furia que siento. Soy la Reina Malvada; No puedo ser reducido como una novata, maldita sea.

En fracciones de segundos, logro liberarme de la parálisis. No pierdas tiempo. Con un movimiento fluido, lanza un rayo de energía hacia él. Sin embargo, Killian es rápido y lo esquiva con agilidad, devolviéndome el ataque con una bola de oscuridad que pasa rozándome.

La habitación se llena de destellos de luz y sombras que iluminan nuestras caras tensas.

—No te preocupes, podemos hacer todo el ruido que queramos; nadie podrá escucharte. Emma no vendrá a salvarte.—se burla con descaro.

Sólo entonces puedo vislumbrar el campo de magia oscura que rodea toda la habitación.

Adopta una pose de combate; No voy a rendirme sin luchar, aunque sé que no tengo ninguna oportunidad contra el Oscuro. Conjuro bolas de fuego y látigos de energía. Cada uno de mis ataques es preciso. Nuestros poderes chocan, generando una explosión de energía que hace temblar las paredes. Aprovecha un momento y le lanza un hechizo que lo envía hacia atrás, impactando contra la pared con fuerza.

Los muebles se destruyen y los libros vuelan por el aire, arrastrados por la fuerza de nuestros hechizos. En respuesta, Killian invoca sombras que absorben mi energía, neutralizando mis ataques y devolviéndolos con una ferocidad arrolladora. Corrientes de magia negra surgen de sus manos, como serpientes venenosas que se estrellan contra mis escudos de energía brillante.

Vuelvo mis ojos hacia él, específicamente al pedazo de hierro que lleva por mano. La mancha de sangre que lo cubre envía ondas de alerta por todo mi cuerpo.

—No te preocupes por esto; es solo sangre de Arturo y de alguno de sus soldados. Ya me ocuparé después de ese Merlín; el muy cobarde se me ha escapado.

— ¿Qué has hecho? —aunque no quiera, la voz me tiembla.

—Lo que debía. Matarlos. Además, querían a Emma y de ella sabes bien que me encargo yo.

La confesión me deja de piedra. Dudo por un momento de sus palabras, pero rápidamente esa duda se evapora cuando veo la serenidad en su rostro y su típica sonrisa burlona; no está jugando. Me recompongo e inesperadamente le lanzó una bola de fuego, la cual sin ningún esfuerzo se evapora antes de llegar a tocarlo; en cambio, su sonrisa se tuerce mientras yo mira complacido.

Una y otra vez repito el ataque; en todas y cada una de ellas, fallo.

—Tu poder es impresionante, Regina, pero no puedes vencer al Oscuro —dice Killian, su voz resonando con una autoridad maligna.

Intento contener su primer ataque, aunque la ferocidad de su magia me hace retroceder uno, dos, tres pasos. Cada embate es más fuerte que el anterior.

—¿Cómo es que nadie puede escuchar la guerra que estamos llevando? —Trato de ignorar el dolor de mis manos, que han sido mi escudo durante todas sus arremetidas. Tengo que aguantar. Es mi deber. Conociendo al pirata, si le presente demasiada pelea iría por alguien más. Eso no podía permitirlo. Pensar que Henry podría ser lastimado me da fuerzas para volver a atacar.

—Realmente después de esto voy a regalarte otro garfio —escupo con rabia, mientras una nueva bola de fuego le pega de lleno en el pecho y lo hace trastabillar.

Pero rápidamente se recupera, enviándome una oleada de energía oscura que me golpea con fuerza, derribándome al suelo.

—Crees que te tengo miedo, Regina?

Mi cuerpo agotado se endereza para regalarle una de esas sonrisas de Reina Malvada que lo hace vacilar.

—Querido, realmente deberías.

Todo pasa tan rápido. Una nueva oleada de ataques. Resisto uno, dos, tres arremetidas, y la cuarta me lanza contra la pared. Me falta el oxígeno, tengo las manos entumecidas; la ropa sudada y rasgada. Solo cuento con un par de segundos para ponerme en pie y recibir otro ataque. La maravilla sin mano utiliza una gran velocidad; esta vez no tengo tiempo de defenderme; una bola de magia oscura me estampa nuevamente contra la pared, haciendo que cada uno de mis huesos cruja. Al instante, mi visión se vuelve borrosa; entretanto, un dolor aplastante llena mi vientre.

Él sonríe, lleno de victoria.

—Es hora de que comience la verdadera diversión —su puño se hunde en mi estómago con tanta fuerza que me vacía los pulmones—. No te cohíbas; puedes gritar. Prometo que no vas a interrumpir el sueño de los demás.

Estoy suspendida en el aire, con una de sus manos apretando mi garganta. Contener un quejido es apenas posible. Me deja caer sobre la cama. Postrada y debilitada, miro a Killian con ojos llenos de desafío, incluso cuando la oscuridad comienza a envolverme completamente. Siento mi magia menguar, el cuerpo cede bajo el peso del poder del Oscuro. Aun así, mi espíritu no se quiebra.

—Esto no ha terminado.

Killian, satisfecho, se inclina sobre mí, sus ojos llenos de una malicia fría.

—Oh, Regina, apenas hemos comenzado. Voy a cortar cada centímetro de tu piel. Para cuando Emma te encuentre, serás un pedazo de carne rasgada. Imaginar su dolor cuando te vea me excita —se sienta a mi lado, sus dedos cerrándose como tenazas contra mi garganta. Busco aire con desesperación, pero es inútil—. La atormentará saber que mientras dormía acabé contigo; que esta vez no pudo salvarte.

—Ella te ama... ¿Por qué haces esto?

Su agarre es firme y, cada segundo que pasa, siento cómo la vida se escapa de mí. Él comienza a hablar, su voz goteando con malicia, pero mis sentidos están demasiado abrumados por la falta de oxígeno para prestar atención a sus palabras.

—Sin duda, se lanza a la oscuridad por ti. No pude soportar que tú, la Reina Malvada, no pudieras disfrutar de su final feliz. Tú, que no mereces nada, y ella, con el simple acto, te lo dio todo. Me dijo que me amaba, pero era a ti a quien salvaba. Tú mereces un final feliz; pero yo no —sus ojos se vuelven oscuros. Me zarandea un par de veces y yo gimoteo adolorida—. Tú, siempre tú —grita mientras me golpea con el garfio en el rostro. La sangre me nubla la vista al tiempo que corre por mis mejillas. Si no fuera por mi magia, ya estaría desfigurada—. Te salvó de la oscuridad, pero a mí me lanzó a ella —otro golpe feroz y destructor cae sobre mi rostro. Utilizo lo que me resta de poder para aguantar—. Ahora respondame: ¿A quién ama verdaderamente Emma Swan? Es hora de que pagues el precio por ser el objeto de su amor; Después lo hará tu hijo.

Henry no, eso nunca. Pensar que mi hijo puede quedar a su merced me regala una última chispa de fuerza.

Mientras él se distrae con su discurso, aprovecho el momento. Reúno todas mis fuerzas y canalizo mi magia en un golpe poderoso que lo envía volando al otro lado de la habitación.

Sé que necesito hacer algo más que simplemente defenderme; Debo encontrar una manera de detenerlo de una vez por todas. Me arrodillo sobre las sábanas y con un esfuerzo supremo, concentro toda mi energía en un solo punto y lanzo una rafaga de poder que llena la habitación de luz cegadora. Killian se cubre los ojos, confundido y cegado momentáneamente. Su descuido me sirve para utilizar un potente hechizo que lo encierra en un campo de energía.

—Te lo advertí —digo entre jadeos, sintiendo el peso de la magia que acabo de desatar.

Pero Killian, en su nuevo poder, ríe con desprecio.

—Esto no ha terminado, Regina —gruñe

Aprovecho la oportunidad para tantear debajo de la almohada, buscando desesperadamente la daga sin que Killian lo note. El pánico me atraviesa; No puedo permitir que dañe a mi hijo. Eso nunca me lo perdonaría.

Me siento débil y la habitación da vueltas, pero mis dedos finalmente encuentran la fría hoja de la daga. Sin embargo, antes de que pueda hacer algo, Killian se arrodilla en el suelo y aun dentro de mi campo de magia, su poder oscuro llega hasta mi. Me lanza un hechizo que corta mi respiración. El dolor es insoportable, como si un yugo invisible me estrangulara.

—Tu final se acerca, Regina —gruñe.

Lucho por mantener la conciencia. En medio de mi desesperación, trato de pronunciar un nombre.

—Em-m... —las palabras se atoran en mis labios; Siento que empiezo a deshacerme. Hook comienza a ser una mancha borrosa, entretanto mis dedos se cierran con fuerza en la hoja. El filo se hunde y corta mi carne. Aprieto los dientes por el ardor y el escozor, e intento concentrarme.

—Voy a despedazarlo como a ti —grita, sus ojos llenos de triunfo.

No me da tregua; Cierran el hechizo con más fuerza alrededor de mi garganta. El pecho me duele por el esfuerzo que hago al intentar hablar.

—E-mm... —me cuesta, pero lo intento de nuevo con mi voz apenas audible.

Su agarre en mi garganta se afloja ligeramente, y mi interior se llena de triunfo.

—Di tus últimas palabras —dice, su voz cargada de desprecio.

Lo miro fijamente a los ojos y pronuncio con determinación:

—E... Emma.

Continuará…


Las cosas se están poniendo intensas, ¿verdad? ¡Quiero saber qué piensas! ¿Estás disfrutando de la historia? ¡Déjenme un comentario para saber que les está pareciendo!

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Imágenes y música creadas especialmente para el Fic.

Hevy_lara