No te rindas (conmigo)


Ella le dio la espalda. Otra vez. Él avanzó para quedar enfrente de ella. Ella resopló sonoramente. Esto se estaba volviendo irritante. Ella entrecerró los ojos mientras escuchaba los pasos que se acercaban. Otra vez.

"No," dijo, cerrando los ojos y el libro que tenía en su regazo.

"Vamos, Kaoru. No te pido mucho. Sólo un baile."

"Y eso, si realmente me conocieras, es mucho pedir."

Él suspiró y se pasó las manos por el rostro. Sabía que no era mucho pedir. La conocía. La había conocido. Sólo tenía que abrirse un poco más y aceptar que no podía ser tan malo, sólo porque era algo a lo que podían asistir juntos.

"Kaoru." Fue todo lo que pudo decir.

"Por Dios," replicó ella, poniéndose de pie para irse. "No te rindes, ¿verdad?"

"No," respondió él, con la garganta llena de emoción. "Por eso, no te rindas conmigo."

Ella no respondió. Sólo lo miró por encima del hombro y negó con la cabeza. No sabía que decirle. Él no entendía. Ella odiaba las reuniones sociales. Odiaba los bailes.

Y él simplemente no entendía eso.

"Adiós, Kenshin."

Él se quedó mirándola por un momento antes de correr para alcanzarla. No iba a dejar que las cosas acabaran así. No después de todo lo que había hecho para llamar su atención. No después de todo lo que había hecho para mantener su atención.

"¡Kaoru!"

Ella no se detuvo, pero miró hacia atrás. Él la estaba siguiendo. Rodó los ojos y siguió caminando. Él nunca lo entendería, pensó. Jamás podría ser feliz. Debería dejar de intentarlo.

Finalmente, él la alcanzó. Ahora la estaba enfrentando. Sus ojos buscaban los suyos, en busca de respuestas que nunca encontraría.

"Lo decía en serio," le dijo con fiereza. "Quiero que nos salgamos."

"No, no ahora," respondió ella, desviando la mirada.

"Entonces, ¿cuándo?" Demandó él, acercándose. "Puedo esperar."

Ella volvió a negar con la cabeza, sin mirarlo. "Es demasiado tarde," susurró.

"No." Dijo él en un suspiro profundo. "De ninguna manera. No es tarde. No lo aceptaré."

Ella continuaba moviendo la cabeza. "Sólo cállate-"

"No-"

"-y escúchame. Cállate y escucha-"

"¿Por qué?" preguntó él con desesperación, extendiendo las manos para alcanzarla. Le rodeó la cintura y exigió que lo mirara. "¿Por qué siempre me rechazas?"

Ella se lamió los labios y al fin levantó la cabeza. Sus ojos ardían. "¡Es sólo que – no puedo! ¡Tú eres tan perfectamente... normal! ¡Sólo me recuerdas lo miserable que soy!"

Era el turno de él para agachar la cabeza. "Está bien," dijo después de unos instantes. "Entonces comenzaremos de nuevo. Y con el baile."

Ella sacudió la cabeza y se soltó de su agarre. "No."

"¿Qué te parece esto? Vendré por ti a las ocho. Y si sales, iremos."

"...sólo ríndete."

Él negó con la cabeza. "No."

"No te rindes," refunfuñó ella.

"Así que no te rindas conmigo," le volvió a rogar él. "Por favor."

"Adiós, Kenshin."

Y, de nuevo, ella se alejó de él. Él se tenía fe esta vez. Sabía que había roto sus defensas. La había descifrado. La había descubierto. Bueno, era un comienzo. Era un buen lugar para empezar de nuevo, pensó con una leve sonrisa.

Y tenía plena confianza de que ella iría a ese baile con él.

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