Gracias: Parte II
Despertar fue como nadar en aguas turbias. Sus párpados estaban insoportablemente pesados y no podía moverse. El sol tampoco brillaba. Se preguntó si todavía era de noche. Le costaba mucho darse la vuelta y comprobarlo con el reloj. Gruñó y trató de volver a dormir.
Sólo que no pudo. Había algo que rondaba por su mente y que no podía identificar. Suspiró y abrió los ojos después de minutos de esfuerzo. Estaba oscuro, pero su reloj, después de una rápida mirada, marcaba que ya era de mañana. Parecía que el sol se había quedado dormido.
Iba a ser un día deprimente, pensó. Sin sol. Sin dormir. Se dio la vuelta para quedar boca arriba y presionó las palmas de las manos contra los ojos, intentando descubrir por qué se sentía todavía cansada. Y entonces los recuerdos volvieron. La llamada. Kenshin. El bar. El auto. El viaje. Gimió y se volvió a dar la vuelta hasta que enterró su rostro contra la almohada. Y gritó.
Sí, iba a ser un día deprimente.
Finalmente se levantó de la cama, dándose cuenta de que tenía que ayudar en el dojo esa mañana. Lo último que quería hacer era entrenar, especialmente con su hermano menor. Por lo general, lo esperaba con ansias, pero esa mañana... no tenía ganas. No se sentía capaz de poder concentrarse en nada. Lo que significaba que su querido hermano le daría una paliza.
Su teléfono sonó, pero ella ni siquiera lo miró. Probablemente era Yahiko, recordándole que ese sería el día en que finalmente la derrotaría. Y cuánta razón tendría, pensó con amargura, mientras buscaba sus ropas de entrenamiento. Nadie le reclamaría si aparecía en suéter, pero su padre le lanzaría una mirada de esas que odiaba. Lo mejor sería encontrar esas ropas.
"Kaoru, lo siento... Yo no... Han sido noches muy difíciles. Gracias por buscarme."
Se detuvo mientras asimilaba el mensaje. Bueno, al menos le agradeció. Aunque sin explicaciones. Suspiró. ¿Qué les había pasado? Eran amigos. Mejores amigos. Los más cercanos. Pero ya no. Su relación con Yukishiro Tomoe lo había alejado de ella.
Suspiró. No tenía sentido pensar en ello, por más que la atormentara. Él no había intentado retomar la amistad después de su rompimiento. Y ella había insistido, pero no quería sacarlo de su vida. Así que se conformó con lo que él le ofreciera. Que, aparentemente, era llevarlo a casa borracho.
Rodó los ojos y rebuscó en el cesto de ropa limpia. En el fondo estaba su gi. Lo recogió y lo arrojó a la cama antes de buscar su hakama. Siempre los lavaba juntos, así que tenía que estar por allí. Hasta que lo encontró.
Se tomó un momento para contemplar la ropa, sin querer cambiarse, hasta que se rindió y lo hizo. Incluso mientras se cambiaba, su mente daba vueltas, volviendo a su tema favorito. Su obsesión. Siempre había estado fascinada y cautivada por él, pero últimamente su mente había estado trabajando a toda marcha tratando de entender las cosas. Tratando de entenderlo a él.
Y estaba fracasando. Oh, y qué manera de fracasar. No tenía idea de lo que pasaba por su mente. Pensaba que tal vez estaba destrozado. Más allá de todo arreglo. Pero entonces... habían pasado meses desde que él y Tomoe habían terminado, ¿por qué ahora? No lo sabía. Él le había dicho que no era por causa de Tomoe, pero no le creía. ¿Qué más podría llevarlo a beber? Y a beber mucho.
Apretó el hakama un poco más de lo necesario y volvió a suspirar. Era inútil pensar en ello. De verdad. Así que decidió olvidarse del asunto durante el día. Lástima que su mente tuviera otros planes. Planes que incluían a Kenshin.
Dolor. Fue lo primero que se filtró a través de su cerebro. Dolía. Cómo le dolía la cabeza. No recordaba haberse golpeado. Gruñó y hundió su rostro en la almohada. ¿Por qué le dolía? Apretó los ojos y trató de recordar lo que había hecho la noche anterior.
Tragó saliva con fuerza. Recordó a Kaoru. Abrió un ojo y echó un vistazo a su lado. ¿Se había quedado ella anoche? No podía recordar. Volvió a tragar, queriendo y necesitando saber qué había sucedido la noche anterior. Sabía que había visto a Kaoru.
Se quedó en esa línea de pensamiento. Kaoru. El auto de Kaoru. Kaoru metiéndolo en el auto. Kaoru gritándole. Tenía que juntar las piezas. Empezaba a recordar, pero lentamente. Se obligó a levantar la cabeza de la cama, buscando por la habitación alguna pista de cómo habían sucedido las cosas. Él seguía vestido, incluyendo los zapatos.
Así que Kaoru no se había quedado. Al menos lo habría arropado. Si no estaba allí, ¿dónde? ¿En su casa? ¿Por qué la recordaba tan vívidamente? Miró hacia su mesita de noche. Era de mañana. Temprano. ¿Por qué estaba despierto?
Su estómago se revolvió y recordó por qué estaba despierto. Era para no arruinar las sábanas. Mientras se arrodillaba frente al inodoro, jadeando, pensó en todas las cosas que lo habían enfermado en el pasado. Todo indicaba que había bebido. Gimió mientras tiraba de la cadena y tomaba una toalla.
Había estado bebiendo. Solo. Otra vez. Sólo que esta vez, había ido a un bar. Cerró los ojos. Había sido una mala idea. Se mordió el labio mientras todo cobraba sentido. Mierda. Decidió cepillarse los dientes, mientras pensaba.
Se había emborrachado. Había empezado con algo suave y luego terminó con bebidas más fuertes, lo que explicaba que vomitara. Luego, llamó a Kaoru debido a que el barman había tomado sus llaves. Y ella llegó para recogerlo. Había estado feliz de verla, recordaba, pero entonces ella lo metió a su auto y condujo hasta su casa.
Pero, ¿no había venido a ayudarlo? De ser así, se habría quitado los zapatos y puesto su pijama. Parpadeó antes de escupir en el lavabo y enjuagarse.
"Puedo hacerlo."
Dejó el cepillo de dientes en su sitio y reprimió un gemido. No le había dejado. Él prefirió entrar solo, insistiendo con que estaba bien cuando claramente no lo estaba. Se tomó un par de aspirinas y bebió un trago de agua.
No creía haberle dicho siquiera gracias. Cerró los ojos y respiró hondo antes de buscar su celular. Sabía lo que tenía que hacer. Y tenía que hacerlo ahora, antes de perder el valor. Si lo hacía, él y Kaoru nunca volverían a hablar. Tal y como estaban las cosas, su relación se había desmoronado. Tomoe había arruinado su amistad.
Marcó su número y al ver que no contestaba, le dejó un mensaje. Quería explicarle que aún quería saber de ella, pero no pudo. Cobarde, se dijo a sí mismo mientras colgaba. ¿Qué les había sucedido?
Detuvo sus pensamientos porque en ese momento lo supo. Tomoe había sucedido. A ella no le había gustado lo cercanos que eran él y Kaoru, por lo que monopolizó su tiempo. Kaoru se había apartado sin quejas, pero después de que él y Tomoe terminaron, ella no había vuelto. No la culpaba. La había ignorado durante los últimos seis meses.
Y luego la llamó para llevarlo a casa...
Sacudió la cabeza. ¿A quién más habría llamado? No tenía a nadie más que pudiera hacer eso. Nadie más iría en medio de la noche para buscarlo borracho en un bar que estaba cerrando.
Volvió a sacudir la cabeza. Iba a arreglar las cosas así fuera lo último que hiciera.
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