Una nueva historia esta por comenzar, espero les guste...


Todo se volvió un caos, de repente cómo si se tratase de un terremoto toda la ciudad del sur empezó a temblar, todos estaban desconcertados al escuchar de repente como bombas remecer la ciudad, justo la casualidad del destino, aquel día todos los guerreros Z se encontraban en la corporación, ya que la científica amiga suya había preparado un día de grandes carnes a la parrilla, una invitación difícil de denegar, sin embargo aquel inesperado hecho puso a todos en alerta.

—Algo está pasando, no me gusta nada— dijo Yamcha con preocupación, observando el horizonte después de que la tierra dejó de temblar.

—No tienen ki, no puedo sentir alguna presencia amenazante—mencionó Goku con el gesto fruncido.

—Tenemos que investigar de inmediato— respondió Krillin con determinación, volando hacia el frente mientras Goku, con una mirada seria, asintió y todos se lanzaron al cielo a toda velocidad.

—¿Qué está pasando? — cuestionó la peliazul con incertidumbre mientras su mirada se dirigía a Milk. Todos los presentes que se habían quedado en la residencia se sintieron abrumados.

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Los guerreros Z llegaron al corazón de la ciudad, donde el caos se desataba. La gente corría en todas direcciones, presa del pánico, mientras ellos intentaban comprender lo que sucedía.

—¡Debemos separarnos! —ordenó Goku con firmeza, mientras los demás asintieron y se dispersaron para cubrir más terreno.

Los guerreros Z se dispersaron por la ciudad, volando sobre los edificios y callejones, buscando el origen del caos que se apoderaba de las calles. Goku se dirigió al este, mientras que Vegeta, con una expresión de impaciencia, tomó el oeste. Piccolo, siempre atento a su entorno, optó por el norte, mientras que Gohan, preocupado, se dirigió hacia el sur, junto a Krillin. Yamcha, decidido, cubría la parte central de la ciudad.

De repente, una explosión sacudió una parte de la ciudad, seguida por gritos aterradores. Krillin y Gohan, que estaban más cerca, fueron los primeros en llegar a la escena. Lo que vieron los dejó boquiabiertos: criaturas horrendas, deformes, con piel grisácea y dientes afilados, arrasaban todo a su paso. Casas, vehículos, e incluso personas caían ante ellos, incapaces de defenderse.

—¡Son esos monstruos! —exclamó Krillin, apretando los dientes mientras grito fuertemente—. ¡Necesitamos apoyo ahora mismo! ¡Estos monstruos están destruyendo todo!

Gohan asintió, su rostro mostrando una mezcla de recelo y determinación. No pasó mucho tiempo antes de que Vegeta, Piccolo, y Yamcha llegaran al lugar, listos para enfrentarse a los enemigos. Pero cuando todos se preparaban para atacar, una visión inesperada los dejó helados: una figura ágil y rápida, una mujer que luchaba ferozmente contra las criaturas con una técnica de combate que ninguno de ellos había visto antes. Pero lo que más los desconcertó fue su apariencia: era Bulma, pero mucho más joven, como si hubiera retrocedido en el tiempo.

Piccolo entrecerró los ojos, tratando de entender lo que estaba presenciando, mientras Vegeta, habitualmente arrogante, se quedó mudo, incapaz de procesar lo que veía. Gohan, con los ojos abiertos de par en par, apenas pudo contener su sorpresa.

Bulma se movía con una velocidad impresionante, sus manos brillaban con energía azulada mientras lanzaba poderosos ataques que destrozaban a las criaturas en un abrir y cerrar de ojos. Cada movimiento estaba cargado de precisión y fuerza, algo completamente ajeno a la Bulma que ellos conocían.

Yamcha intentó pronunciar su nombre, pero las palabras se ahogaron en su garganta. Krillin, normalmente resuelto y valiente, retrocedió un paso, incapaz de procesar lo que estaba viendo. Vegeta, sin embargo, comenzó a fruncir el ceño, sintiendo una mezcla de ira y confusión.

Finalmente, Goku llegó a la escena, aterrizando con suavidad. Su mirada se clavó en la figura de Bulma, y por un instante, el mundo pareció detenerse para él. Observó cómo luchaba con una destreza inigualable, mientras sus pensamientos se volvían un torbellino de confusión.

—¿Bulma...? —susurró Goku, incrédulo, mientras sentía cómo un nudo se formaba en su pecho. ¿Cómo era posible que ella estuviera aquí, peleando de esa manera? ¿Y por qué se veía tan joven? Aquella peliazul era idéntica a la chica adolescente que conoció por primera vez, aquella que lo sacó de aquella alejada montaña.

Bulma, o quienquiera que fuera, no se detuvo, eliminando a las criaturas una por una. Los guerreros Z, todavía en shock, no sabían si unirse a la lucha o permanecer como espectadores de esta increíble escena. Goku, sin embargo, sintió un impulso irrefrenable de acercarse a ella, su corazón latiendo con fuerza mientras buscaba respuestas en sus propios recuerdos.

Vegeta, al ver la cercanía de Goku con Bulma, se quedó detenido viendo sigilosamente, analizando a aquella peliazul. Piccolo y Gohan intercambiaron miradas, ambos conscientes de que algo extraño estaba ocurriendo, algo que iba más allá de su comprensión.

Después de unos minutos de intensa batalla, la joven Bulma acabó con los últimos monstruos, destruyéndolos con una poderosa ráfaga de energía. Los escombros cayeron a su alrededor mientras la ciudad, ahora silenciosa, comenzaba a recuperarse de la devastación. Ella se quedó de pie en medio del caos, respirando con dificultad, el sudor perlaba su frente, y su pecho subía y bajaba de manera agitada por el esfuerzo.

El silencio que siguió fue roto por el sonido de pasos acercándose detrás de ella. Sus sentidos, todavía alerta, captaron el movimiento, y con una agilidad sorprendente, retrocedió unos pasos, girando rápidamente para enfrentar la nueva amenaza. Su cuerpo adoptó una pose de defensa, sus ojos duros y penetrantes, como los de una guerrera experimentada.

Frente a ella estaba Goku, quien se había acercado más que los demás. Él levantó las manos en un gesto pacificador, pero no pudo ocultar la sorpresa y confusión en su rostro al ver la determinación feroz en los ojos de quien parecía ser Bulma.

—¿Quién eres? —preguntó Bulma con voz firme, sin bajar la guardia. Sus ojos azules brillaban con una mezcla de desconfianza y desafío mientras evaluaba al hombre frente a ella.

Goku, aún sorprendido y confundido, intentó acercarse un poco más, pero se detuvo al ver que ella se tensaba aún más, lista para atacar.

—Bulma, soy yo, Goku— respondió él, su tono suave pero lleno de inquietud. No podía entender por qué ella no lo reconocía, ni cómo había adquirido esas habilidades extraordinarias.

Sin embargo, la mujer frente a él no parecía convencida. Su expresión no mostró reconocimiento, solo una intensidad fría, como si estuviera preparada para enfrentar a cualquier enemigo, incluso a él.

Piccolo, Gohan, Krillin y Yamcha observaban desde la distancia, manteniéndose al margen pero listos para intervenir si era necesario. La tensión en el aire era palpable, mientras todos esperaban el siguiente movimiento, sin saber si la situación podría descontrolarse aún más.

Vegeta se acercó a ellos, llamando la atención de Goku y de aquella joven peliazul... —kakarotto, ella no es Bulma, aunque es demasiado parecida, no es mi esposa—

El silencio se prolongó entre ellos por aquellas palabras, hasta que finalmente, Bulma frunció el ceño y bajó ligeramente su guardia, pero no del todo.

—No conozco a nadie llamado Goku —respondió ella, con desconfianza—. ¿Quiénes son ustedes?—

Goku, sintiendo que algo desconcertante estaba ocurriendo, dio un paso adelante, su rostro ahora lleno de curiosidad.

Pero la joven Bulma, aunque menos agresiva, aún mantenía cierta distancia, su mirada nunca dejando de escanear a su alrededor en busca de cualquier señal de peligro.

—¿vienes de un universo paralelo?— cuestionó Vegeta al verla de arriba abajo.

Goku lo miró realmente intrigado. —¿Qué significa todo esto? Ella es identica a la Bulma que vi por primera vez hace muchos años—

Ella miró a su alrededor y abrió sus ojos con real conmoción cómo si todo lo que estuviera viendo realmente fuera diferente.

El aire denso de tensión se hacía cada vez más palpable mientras los guerreros Z intercambiaban miradas preocupadas. La joven Bulma seguía en guardia, su postura mostrando que aún no confiaba en ellos del todo. Gohan se atrevió a dar un paso al frente, su tono calmado pero lleno de curiosidad.

—¿De verdad no nos conoces? —preguntó Gohan, tratando de hacer contacto visual con ella—. ¿Qué es lo último que recuerdas antes de llegar aquí?

La joven peliazul frunció el ceño, luchando por recordar mientras su mirada se oscurecía. Finalmente, respondió con cautela:

—Recuerdo estar en mi laboratorio... trabajando en un experimento con tecnología interdimensional. Pero algo salió mal—. Su voz se volvió más insegura, casi temblorosa—. Hubo una explosión, una luz cegadora, y luego... aparecí aquí— terminó de decir colocándose erguida, todos analizaron su respuesta y no pudieron evitar observar su vestimenta, llevaba un atuendo de guerrera, una minifalda que marcaba sus preciosas piernas, destacando su figura esbelta y tonificada. Su vestimenta, diseñada para el combate, incluía una especie de corpiño ajustado que acentuaba su cintura y realzaba su postura, junto con un par de botines altos. Su cabello azul, característicamente corto, caía en suaves mechones alrededor de su rostro, dándole un aire de frescura y determinación juvenil. Su rostro, joven y hermoso, conservaba los rasgos que todos conocían, pero con una energía y belleza que evocaba una época anterior, más despreocupada.

Gohan, Krillin y Yamcha no pudieron evitar sentirse momentáneamente atraídos por ella. Algo en su presencia los capturaba, una mezcla de familiaridad y misterio que resultaba innegablemente seductora. Aunque intentaron ocultarlo, la intensidad de sus miradas traicionaba su admiración, provocando ligeros destellos de atracción que cruzaron entre ellos.

Krillin, cruzó los brazos y ladeó la cabeza, su expresión incrédula. —Entonces, ¿eres una versión de Bulma de otro universo? —preguntó, su tono mostrando una mezcla de asombro y escepticismo.

Ella dirigió la mirada hacia el. —No sé de qué hablas, ¿Qué quieres decir?—

La mención de una "Bulma" que no era ella había despertado una gran curiosidad en su mente. Sus ojos, normalmente llenos de confianza, ahora mostraban una mezcla de confusión y un leve temor.

—¿De qué están hablando? —preguntó la joven, sus cejas fruncidas mientras miraba a Goku y Vegeta, quienes discutían en voz baja.

Piccolo, percibiendo su desconcierto, decidió intervenir. Su tono era serio y lleno de gravedad, como solía ser cuando estaba a punto de explicar algo crucial.

—Lo que Goku y Vegeta están tratando de decirte es que este mundo en el que te encuentras ahora no es el mismo que conoces—, comenzó Piccolo, manteniendo su mirada fija en ella—. Has llegado a una dimensión diferente, un universo paralelo—

Ella abrió grandemente los ojos, miró a todo su alrededor y quedando un momento en silencio hasta que asintió lentamente. Todo en ese mundo le parecía ligeramente diferente, como si estuviera en un lugar familiar pero distorsionado.

—Eso parece—, dijo ella, bajando finalmente la guardia aunque no del todo—. Este mundo... no es mi mundo. Es similar, pero no es el mismo—

Piccolo asintió lentamente.

—Es normal que haya similitudes—, explicó—. En muchos universos paralelos, las cosas pueden ser parecidas, pero hay diferencias clave. En este universo, hay otra versión de ti. Una Bulma que es prácticamente idéntica en apariencia, pero con una vida, experiencias y conocimientos diferentes.

Bulma sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar esas palabras. La idea de que existiera otra versión de sí misma en este mundo era inquietante, casi surrealista. —¿Otra... yo? —murmuró, como si intentara convencerse a sí misma de la realidad de la situación.

Piccolo asintió de nuevo, con tuna expresión comprensiva, pero seria.

—Exacto—, continuó—. En este mundo, esa Bulma es una inventora y científica muy conocida, pero no posee las habilidades de combate que tú has demostrado. Es por eso que todos aquí están tan sorprendidos y confundidos. Tú te ves como ella, pero claramente no eres la misma persona.

—También soy científica, al parecer logre que se abriera algunos portales, pero en realidad solo era un práctica—

—Si lo que dices es cierto, entonces la tecnología que usaste podría haber causado un desgarro en el tejido del espacio-tiempo, enviándote aquí—. Su mirada penetrante se posó sobre ella—. ¿Cómo es que posees habilidades de combate? Bulma... la Bulma que conocemos no puede luchar así.

La joven Bulma bajó la mirada, su expresión se tornó más reflexiva.

—En mi universo, el entrenamiento de combate es algo que nunca dejé de lado. No solo soy una científica, también soy una guerrera—. Su tono era firme, pero cargado de un peso emocional que los guerreros Z no estaban acostumbrados a ver en su Bulma.

Vegeta, todavía desconfiado, la miró fijamente. —Si vienes de otro universo, entonces... ¿cómo encontramos la forma de enviarte de vuelta?— su voz mostraba una pizca de urgencia, un sentimiento extraño para él.

La joven Bulma sacudió la cabeza lentamente, su preocupación evidente. —No lo sé—, admitió—. La tecnología que estaba desarrollando en mi mundo aún no estaba lista para pruebas. No estoy segura de cómo regresé o cómo regresar.

Goku, sintiendo la creciente preocupación entre todos, se giró hacia Vegeta y Piccolo.

—Deberíamos llevarla a la Corporación Cápsula—, sugirió Goku—. Si alguien puede entender lo que está pasando y ayudarla a volver, es la Bulma de aquí—

Vegeta asintió con brusquedad, ya impaciente. —Es la mejor opción que tenemos—, coincidió, ya girándose hacia la dirección de la Corporación Cápsula—. No podemos dejar que una versión alternativa de mi mujer vague por aquí sin saber cómo devolverla a su universo—

Yamcha, quien había estado observando en silencio, intervino finalmente.

—Además, si su presencia aquí está causando algún desequilibrio en el espacio-tiempo, la Bulma de este mundo es la única que podría entender cómo solucionarlo—, añadió, claramente preocupado por las posibles consecuencias.

La joven Bulma, ahora más consciente de la gravedad de la situación, miró a Goku, este le devolvió la mirada, pero rápidamente la retiró.

La joven peliazul, aunque todavía no estaba completamente segura de lo que debía hacer. No tenía más remedio que confiar en estas personas, en estos guerreros que la miraban con una mezcla de curiosidad y cautela.

—Está bien—, dijo finalmente—. Si esta Bulma es tan capaz como yo, quizás juntas podamos encontrar la manera de resolver esto—

Vegeta, aunque aún estaba molesto por la situación, asintió con aprobación.

—Entonces no perdamos más tiempo—, dijo él, su tono decidido—. Vamos a la Corporación Cápsula y aclaremos este asunto de una vez por todas.

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Al llegar a la Corporación Cápsula, el ambiente estaba cargado de tensión y suspicacia. La joven Bulma caminaba junto a los guerreros Z, manteniendo su mirada fija en la enorme edificación que, aunque idéntica a la que conocía, sentía como un lugar completamente ajeno. Vegeta lideraba el grupo, su expresión seria y sus pasos firmes, seguido de Goku, que no podía evitar lanzar miradas furtivas a la Bulma alternativa que los acompañaba.

Al entrar en la sala principal, se encontraron con la Bulma de su universo, quien estaba conversando con los demás invitados que se habían quedado en la residencia, todavía preocupados por los acontecimientos recientes. Al ver al grupo entrar con la joven peliazul, todos quedaron atónitos, especialmente Bulma, quien frunció el ceño de inmediato.

—¿Qué demonios es esto? —demandó Bulma, sus ojos moviéndose rápidamente entre su versión más joven y los guerreros—. ¿Quién es ella y por qué se parece tanto a mí?

Vegeta no perdió tiempo en responder, su voz seca y directa. —Ella es una versión tuya de otro universo—, explicó—. Apareció de la nada, luchando contra esas criaturas y sorprendió a todos. Y, según parece, está atrapada aquí debido a un accidente en su laboratorio.

La Bulma alternativa mantuvo su compostura, pero sus ojos no dejaron de analizar cada rincón de la sala. Cuando su mirada se encontró con la de la Bulma de este universo, sintió una extraña mezcla de familiaridad y desconfianza.

—Así que tú eres la Bulma de este mundo—, dijo la joven, con un tono que no intentaba disimular su interés científico. Observó la postura firme de su contraparte, su cabello azul peinado con elegancia, y la expresión de inteligencia en sus ojos—. Es curioso ver cuán similares somos... y a la vez, tan diferentes.

La Científica de este universo no ocultó su incomodidad. Algo en la actitud de esta versión más joven y guerrera le resultaba irritante, como si hubiera un aire de arrogancia en ella que le costaba tolerar.

—No soy fan de las sorpresas—, replicó la Bulma de este universo, cruzando los brazos y adoptando una postura defensiva—. Y menos de las que vienen en forma de mi doble. Dices que eres científica, pero apareciste aquí luchando como una experta en artes marciales. Eso me resulta sospechoso, y hasta que no me demuestres lo contrario, no voy a confiar en ti.

Goku, sintiendo la creciente tensión, trató de mediar, aunque sabía que estaba lidiando con dos mentes brillantes y testarudas.

—Bulma, ella no es una amenaza—, dijo, dirigiéndose a la Bulma de su universo—. De hecho, necesita nuestra ayuda para regresar a su propio mundo.

La Bulma de este universo no apartó la mirada de su doble, pero no pudo evitar esbozar una sonrisa sarcástica. —Oh, claro. Porque evidentemente la situación de una versión interdimensional de mí misma es algo completamente normal y no un desastre científico esperando a suceder—.

La joven Bulma decidió intervenir, su voz más fría y controlada. —No vine aquí por elección. Si te incomoda mi presencia, lo entiendo. Pero mientras esté atrapada en este universo, no tengo más opción que trabajar contigo para encontrar una solución. Y créeme, entiendo la ciencia tanto como tú—.

La Científica de este universo entrecerró los ojos, sintiendo que había algo más detrás de las palabras de su doble. —Muy bien, si eres tan brillante, dime exactamente qué salió mal en tu experimento que te trajo aquí. Y no me des una explicación superficial. Quiero detalles—.

La joven Bulma se cruzó de brazos, aceptando el reto. —Estaba trabajando en la manipulación de partículas cuánticas para crear una puerta interdimensional estable. Mi idea era simple: abrir brechas que permitieran observar otros universos sin afectarlos. Pero...—, su voz bajó un tono mientras su rostro se oscurecía ligeramente—, subestimé la energía requerida para mantener la estabilidad de la brecha. Las partículas no se alinearon correctamente, lo que resultó en una explosión que me lanzó aquí en lugar de dejarme observar el otro lado—.

La Bulma de este universo no pudo evitar sentirse impresionada, aunque no dejó que eso se reflejara en su rostro. Sabía que el nivel de detalle y precisión en la explicación indicaba que la otra Bulma tenía un conocimiento profundo de la física cuántica, pero su orgullo le impedía mostrarse complacida.

—Parece que tenemos más en común de lo que pensé—, dijo la Bulma de este universo, sin embargo, su tono seguía siendo duro—. Pero si esperas que confíe en ti solo porque compartimos un cerebro brillante, te equivocas. Este es mi mundo, mi laboratorio. Y aunque te ayudaré a regresar, no olvides que aquí yo soy la que manda.

La joven Bulma soltó una leve risa, como si encontrara cierta ironía en la situación. —No tengo intención de usurpar tu lugar. Pero si vamos a trabajar juntas, será mejor que dejes de lado tu ego por un momento. El tiempo es esencial si queremos evitar un colapso dimensional—.

Las palabras de la joven Bulma dejaron un impacto en la sala, especialmente en los guerreros Z, que no estaban acostumbrados a ver a Bulma enfrentada de esta manera, ni mucho menos a ver otra versión de ella que pudiera igualarla en intelecto y carácter.

Goku, siempre optimista, sonrió un poco ante la posibilidad de que ambas Bulmas trabajaran juntas. —Tal vez, trabajando juntas, encuentren una solución más rápido—, sugirió, tratando de aliviar la tensión.

Pero la Bulma de este universo lo interrumpió, su mirada aún fija en su doble. —No es cuestión de rapidez, Goku. Es cuestión de precisión. No puedo arriesgarme a un error con las dimensiones—. Finalmente, se dirigió a su doble con un tono más decidido—. Está bien. Trabajaremos juntas. Pero quiero que quede claro que no habrá secretos entre nosotras. Si hay algo más que no me has contado, es mejor que lo sepas ahora—.

La joven Bulma asintió, consciente de la importancia de la transparencia en un asunto tan delicado. —No tengo nada que ocultar. Mi único objetivo es regresar a mi mundo. Haré lo que sea necesario para lograrlo, incluso si eso significa cooperar plenamente contigo—.

El salón quedó en silencio. Todos los presentes se miraron entre sí, sin saber exactamente cómo reaccionar. La conversación entre las dos Bulmas había tomado un giro inesperado, y nadie pudo evitar sentirse intrigado y, al mismo tiempo, un tanto inquieto por el ambiente que se había creado.

Vegeta observó la escena con una satisfacción evidente. La Bulma de su mundo había respondido con una frialdad que casi rayaba en la crueldad, y eso le complacía profundamente. Para él, no había duda de que esta Bulma seguía siendo la misma mujer inteligente y fuerte que había conquistado su respeto y admiración, sin importar quién se cruzara en su camino, incluso si era una versión alternativa de sí misma.

Mientras tanto, Goku notó la mirada de la joven Bulma. Entre ellos se generó una tensión palpable, un intercambio de miradas que rápidamente se rompía cuando ambos retiraban la vista con incomodidad. La situación se complicaba aún más por la presencia de Milk, quien también estaba sorprendida por lo que estaba ocurriendo. Goku, normalmente despreocupado, comenzó a sentir una creciente incomodidad, especialmente al notar que Milk estaba prestando más atención a la dinámica que se estaba desarrollando.

El aire en la habitación se volvía cada vez más denso, mientras todos los presentes intentaban disimular la mezcla de emociones que flotaban entre ellos. Vegeta, sin embargo, no podía estar más satisfecho. Para él, el comportamiento de su Bulma y la clara incomodidad de Goku demostraban que, en ese momento, la balanza estaba a su favor, y eso era algo que no podía dejar de disfrutar.

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En los primeros días de trabajo conjunto, la tensión era palpable. Bulma de este mundo se mostraba fría y reservada, mientras que la joven Bulma trataba de mantener la compostura a pesar de las dificultades para adaptarse. La convivencia no era fácil, pero ambas intentaban hacerlo funcionar, cada una lidiando con sus propias emociones y percepciones del otro.

Milk, preocupada por cómo Bulma manejaba la situación, decidió visitarla. Al llegar, encontró a una Bulma ocupada, pero serena, o al menos eso parecía. —Cómo te va con ella?— preguntó Milk, con un tono de curiosidad genuina.

Bulma, sin levantar la vista de su trabajo, respondió: —Nos estamos entendiendo. No es fácil, pero estoy acostumbrada a retos.—mencionó con cierta seguridad llamando la atención de la pelinegra.

Mientras tanto, Vegeta observaba todo con ojos de halcón. Sabía que algo más se escondía tras la aparente calma de Bulma, y por ello, se mantenía alerta. Sin embargo, lo que no había previsto era su propia curiosidad hacia esta versión más joven de su esposa.

Una tarde, en la cámara de gravedad, Vegeta se encontró con la joven Bulma.

—¿Qué crees que haces aquí?— gruñó Vegeta, sin detener su entrenamiento.

La joven Bulma, lejos de intimidarse, se acercó a los controles, estudiando cada aspecto. —Solo quiero entender cómo funciona todo esto. Parece un avance increíble.—

—Esto no es un juguete para una niña curiosa— respondió Vegeta, aunque en su voz había un rastro de desafío.

Sin embargo, la joven Bulma no se dejó amedrentar. —No soy una niña, por otro lado, ¿Qué tal si lo pruebo?— propuso, con una chispa en los ojos que no pasó desapercibida para Vegeta.

-—¿Probarlo?— Vegeta dejó escapar una risa sarcástica. —No durarías ni un segundo.—

—Eso lo veremos— replicó ella, activando los controles y entrando en la cámara.

Lo que siguió fue un entrenamiento improvisado. Vegeta, intrigado por su determinación, aceptó el reto, ajustando la gravedad para probar los límites de la joven Bulma. Aunque claramente no estaba en el mismo nivel, ella demostró una

Aunque en un principio fue solo un desafío físico, pronto comenzó a sentirse algo más en el aire. La joven Bulma, deslumbrada por la fuerza y determinación de Vegeta, no podía ocultar su admiración. Vegeta, por su parte, se sentía extrañamente fascinado por la energía y vitalidad que ella irradiaba.

Pero entonces, la puerta de la cámara de gravedad se abrió, era Bulma. No dijo nada, no mostró signos de celos, pero sus ojos hablaban más que mil palabras. Observó la escena con una calma escalofriante, y simplemente se retiró, dejando una atmósfera de incertidumbre detrás de ella.

Más tarde, esa noche, cuando Vegeta regresó a sus aposentos, encontró a Bulma esperándolo, mientras se cepilla el cabello mostró su expresión severa. —Quiero que te quede claro algo, Vegeta— comenzó, con una voz tensa. —No la quiero cerca de ti. Lo que vi hoy... no volverá a repetirse—

Vegeta arqueó una ceja, sorprendido por la intensidad de su esposa. —¿Celos?— preguntó con una mezcla de burla y seriedad. Pero Bulma no estaba para juegos. Se acercó, mirándolo directamente a los ojos, su enojo visible.

—No lo entiendes, Vegeta. No se trata solo de celos. Es ella, esa versión de mí misma... No quiero que se cruce más en tu camino. Si vuelvo a ver algo como hoy, no lo tomaré tan ligeramente—

Vegeta observó a Bulma en silencio por un momento, notando la intensidad de su mirada y el fuego en sus palabras. Sabía que esta situación la afectaba más de lo que ella misma admitía, y aunque el orgullo saiyajin siempre lo impulsaba a desafiar cualquier imposición, había algo en la forma en que Bulma lo enfrentaba que lo desarmaba.

Con una ligera sonrisa en el rostro, se acercó a ella, tomando su barbilla con suavidad y levantándola para que lo mirara directamente a los ojos. —No tienes por qué preocuparte— dijo en un tono bajo y juguetón. —Sabes bien que solo tengo ojos para ti. Y aunque no me gusta que me den órdenes— hizo una pausa, acercándose un poco más, —admiti que me complace ver que tienes las agallas para prohibirme algo así—

Bulma, aún con el ceño fruncido, no pudo evitar sentir una mezcla de alivio y rabia al escuchar sus palabras. Vegeta la conocía demasiado bien, y ese tono juguetón solo lograba suavizar su enojo, pero no lo hacía desaparecer del todo. Sin embargo, antes de que pudiera responder, Vegeta continuó, rozando suavemente sus labios con los de ella.

—Te aseguro, mujer, que no hay nadie que pueda siquiera compararse contigo ni siquiera cualquier otra versión que tengas—

Bulma lo miró, todavía con los rastros de su enojo, pero ahora mezclados con un profundo sentimiento de conexión. No respondió de inmediato, pero el calor de su cuerpo relajado contra el de él fue suficiente para que Vegeta supiera que había calmado la tormenta, al menos por ahora.

Durante los primeros días de trabajo en conjunto, Bulma y la joven peliazul pasaron largas horas en el laboratorio, investigando maneras de abrir un portal dimensional para regresar a la chica a su mundo. Sin embargo, no todo era trabajo. En sus momentos de descanso, la joven Bulma se sentía intrigada por los guerreros que no existían en su dimensión, especialmente Vegeta. Sin perder tiempo, buscaba oportunidades para entrenar.

Al día siguiente...

La joven Bulma, visiblemente molesta, irrumpió en el laboratorio de su contraparte mayor, con los brazos cruzados y la mandíbula apretada. —¿Por qué ya no puedo entrenar con Vegeta?— soltó, sin ningún preámbulo. Sus ojos azules, casi idénticos a los de Bulma del universo principal, brillaban con una mezcla de frustración y desafío. —No soy tonta, sé que tú tuviste algo que ver con eso—

Bulma, que estaba concentrada en un componente, levantó la vista con una calma sorprendente, considerando la situación. La joven frente a ella tenía una energía que le recordaba a sí misma en su juventud, esa mezcla de obstinación y ganas de probarse a sí misma. Con un suspiro, dejó a un lado sus herramientas y se giró para enfrentarla.

—Sí, fui yo— admitió Bulma, sin rodeos. —No quiero que estés cerca de Vegeta—

La joven guerrera apretó los puños, claramente esperando una respuesta diferente.

—¡Solo quiero entrenar! ¡Quiero conocer el poder de esos guerreros que no existen en mi mundo! Vegeta es uno de los más fuertes, y entrenar con él es la única forma en que puedo mejorar—

Bulma estudió a la joven peliazul por un momento. Podía ver la determinación en sus ojos, pero también una genuina curiosidad y deseo de ser más fuerte. En ese instante, comprendió que no se trataba solo de una simple rivalidad. La joven Bulma buscaba algo más profundo; un entendimiento del poder que en su mundo simplemente no existía.

Con un gesto suave, Bulma se acercó a la joven y le habló con un tono más comprensivo. —Entiendo lo que sientes. Sé lo importante que es para ti mejorar y aprender de los mejores. Pero Vegeta... Vegeta es mi esposo, y a veces, las cosas pueden volverse complicadas. No es solo una cuestión de entrenamiento—

La joven la observó con cierta desconfianza pero escuchó atentamente, sus labios apretados en una fina línea.

—Si realmente quieres entrenar con alguien fuerte— continuó Bulma, —te sugiero que hables con Goku. Él es el guerrero más fuerte de este mundo, y te aseguro que será un desafío mucho mayor de lo que imaginas. Además, con él no tendrás que preocuparte por ningún... conflicto de intereses— agregó con una sonrisa suave.

La joven Bulma pareció considerar la propuesta, su expresión se suavizó un poco. Aunque aún había un rastro de frustración en sus ojos, también había una chispa de curiosidad.

—¿Goku, dices?— musitó, más para sí misma que para Bulma.

—Sí— afirmó Bulma con firmeza. —Goku no tiene igual cuando se trata de fuerza y habilidades. Y, créeme, te llevará al límite. Además, entrenar con él te permitirá ver de primera mano el verdadero poder de los guerreros de este mundo.

La joven peliazul asintió lentamente, como si estuviera evaluando la idea. Finalmente, sus labios formaron una ligera sonrisa, y la tensión en sus hombros se desvaneció un poco.

Bulma sonrió, satisfecha con la resolución de la conversación.

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Bulma de la otra dimensión, intrigada por la sugerencia de la Bulma mayor, decidió buscar a Goku para ver si estaba dispuesto a entrenar con ella. Después de todo, no solo quería entrenar; también deseaba medir el poder de un guerrero que en su dimensión no existía. Con ese pensamiento en mente, se dirigió a la casa del pelinegro en la Montaña Paoz, donde esperaba encontrarlo.

Al llegar, fue Milk quien la recibió. La joven peliazul no tardó en expresar el motivo de su visita, manteniéndose cortés, pero directa. Milk, con una ceja arqueada, la condujo hacia donde Goku estaba entrenando en el patio trasero.

—Goku, alguien vino a verte —anunció Milk, llamando la atención de su esposo.

Goku se detuvo en seco al ver a la joven ojiazul acercarse. A pesar de haberla visto ya varias veces, todavía no se acostumbraba a la idea de una Bulma más joven y, sobre todo, con esa energía tan distinta.

—Hola, Goku —saludó ella, con una sonrisa. —Quería saber si estarías dispuesto a entrenar conmigo. He escuchado que eres el guerrero más fuerte de este mundo, y me gustaría poner a prueba mis habilidades contra las tuyas—

Goku, siempre entusiasta ante la idea de un nuevo desafío, sonrió de inmediato.

—¡Claro que sí! —exclamó, emocionado—. Será divertido ver qué tan fuerte eres. Además, me encantaría aprender algunas de las técnicas de tu mundo.

La idea de entrenar con alguien tan diferente le resultaba fascinante, y Goku no pensó en las posibles complicaciones que esto podría traer.

El primer encuentro de entrenamiento fue en la vasta extensión de las montañas cercanas a la casa de Goku. Desde el primer intercambio de golpes y energía, ambos sintieron algo más allá de la mera competencia. Había una tensión palpable en el aire, una mezcla de desafío y curiosidad que los hacía retroceder y reconsiderar cada movimiento, pero que también los atraía inevitablemente hacia el siguiente.

En un momento, la joven Bulma, tras un rápido ataque que Goku apenas esquivó, se encontró demasiado cerca de él, su respiración agitada mezclándose con la de Goku. Por un breve segundo, sus miradas se cruzaron, y ambos sintieron una incomodidad que no sabían cómo describir. Fue Goku quien, nervioso, dio un paso atrás, rascándose la cabeza en un gesto típico de él.

—Eres increíblemente rápida —comentó Goku, tratando de disipar la tensión—. Nunca había visto a nadie moverse así—

—Gracias —respondió la joven Bulma, tratando de sonar casual, aunque su corazón latía con fuerza—. Pero creo que todavía tengo mucho que aprender de ti—.

Sin embargo, justo cuando la tensión parecía haber alcanzado su punto máximo, fueron interrumpidos por la llegada de Milk, que había decidido traerles algo de comer.

—Goku, Bulma —dijo Milk, sonriendo con cierta incomodidad al ver la cercanía entre los dos—. Les traje algo para que no se agoten demasiado.

La comida, aunque oportuna, rompió el ritmo del entrenamiento, y ambos se sintieron aliviados por la pausa. Goku, agradecido, aceptó la comida con su típica alegría, mientras que ella se esforzaba por volver a centrarse en el entrenamiento, aunque la interrupción había dejado un eco incómodo entre ambos.

A medida que los días pasaban, las sesiones de entrenamiento se volvieron más frecuentes. Goku se emocionaba cada vez más al descubrir nuevas técnicas y movimientos de la joven guerrera, pero con cada encuentro, la tensión entre ellos aumentaba. Aunque no lo decía, cada vez que estaba cerca de ella, una parte de él sentía algo desconocido, algo que lo desconcertaba. Bulma, por su parte, se sentía cada vez más atrapada entre su deseo de aprender y esa creciente admiración hacia Goku, que empezaba a ser difícil de ignorar.

Durante los días que siguieron, la curiosidad de Goku por conocer más sobre las habilidades de la joven peliazul lo impulsaba a buscarla después de sus horas de trabajo en el laboratorio.

Una tarde, después de una agotadora sesión de trabajo, Bulma decidió buscar a Goku para seguir entrenando. Cuando lo encontró, él la recibió con una sonrisa entusiasta, ansioso por retomar donde lo habían dejado.

—Tienes bastante energía para alguien que viene del laboratorio —dijo Goku con una risa, ajustando sus muñequeras.

—No me gusta perder el tiempo —respondió Bulma con una sonrisa desafiante — Quiero aprovechar al máximo mientras estoy aquí—

El entrenamiento comenzó como siempre, con ambos midiendo sus habilidades. Pero esa vez, la intensidad fue aumentando gradualmente, y ninguno de los dos retrocedió. Goku lanzó un ataque que Bulma apenas pudo esquivar, pero en lugar de retirarse, ella contraatacó con una velocidad que lo tomó por sorpresa.

—¡Eso fue genial! —exclamó Goku, emocionado por la destreza de la joven—. No esperaba que fueras tan hábil—

—Hay muchas cosas que no sabes sobre mí —respondió ella, su voz cargada de una insinuación que iba más allá de sus habilidades en combate.

Goku no pudo evitar que su mirada recorriera la figura de ella, tratando de mantener su enfoque en la pelea. Ese día, ella había llegado vestida de manera que no pasaba desapercibida: llevaba un ajustado conjunto de entrenamiento que delineaba su figura, dejando al descubierto una parte de su abdomen tonificado. Su cabello, usualmente recogido, caía en suaves ondas sobre sus hombros, y sus ojos brillaban con una determinación que le resultaba difícil ignorar.

El intercambio de golpes se intensificó, cada movimiento parecía más preciso, pero también más cargado de una energía palpable. Los ojos de Goku se encontraron con los de ella en varias ocasiones, y aunque intentaba desviar la mirada, algo lo mantenía atrapado en esos ojos azul celeste. Era como si una fuerza invisible los empujara a seguir, a acercarse más de lo necesario, desafiando los límites de un simple entrenamiento.

Entonces, Bulma lanzó un ataque con una fuerza inesperada, sus movimientos eran rápidos y decididos, como si cada golpe llevara un mensaje oculto. Goku apenas logró desviar el golpe a tiempo, pero no sin sentir el impacto cercano. La onda expansiva que generaron los sacudió a ambos, y cuando la nube de polvo finalmente comenzó a disiparse, Goku se encontró con una sensación extraña en el pecho, una mezcla de adrenalina y algo más que no lograba identificar del todo.

Mientras se limpiaba la sangre que goteaba por su mejilla, levantó la vista y notó que ella se había detenido de inmediato, una expresión de genuina preocupación en su rostro. Se acercó rápidamente, su respiración agitada por el combate, pero también por algo más.

—¡Lo siento! —exclamó Bulma, acercándose más, tan cerca que Goku pudo sentir el calor de su cuerpo y el sutil aroma a perfume que emanaba de su piel—. No era mi intención hacerte daño—

Goku la interrumpió, sosteniéndole la mano suavemente.

—Estoy bien. Fue un buen golpe —le dijo, sonriendo, pero había una sombra de preocupación en sus ojos—. Quizás deberíamos detenernos aquí—

—No... yo quiero seguir —insistió Bulma, pero su tono había cambiado. Había algo más en su mirada, algo que Goku no pudo descifrar de inmediato.

Ambos se quedaron en silencio por un momento, la tensión entre ellos era más sofocante. Pero fue entonces cuando un grito inesperado los desconcentro y ambos dieron un salto, separándose instintivamente.

Continuara...

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