El Ascenso de un Científico Loco.
¡Descubriré cómo Funciona el Mundo!
Wiegenmilch y sus ordonanz.
"Pensé que no tendrías hijos." Se mofó Justus sin dejar de caminar a dos pasos detrás de mí.
"¿Si, verdad? ¿No dijo algo sobre haber sufrido un trauma y no sé que más?" comentó Laurenz de inmediato en tono juguetón sin que ninguno de los tres soltara las herramientas antiescuchas.
"De pronto no me sorprende que nuestro hermano gozara de ciertas bendiciones desde sus tiempos en la Academia." Volvió a comentar Justus disimulando demasiado mal su sonrisa burlona.
"¿Cómo…?"
"¡Vamos, Ferdinand! Soy tu erudito principal. ¿Pensaste que no me enteraría?"
"En el templo solo nos preguntábamos cómo las obtuvo" recordó Laurenz todavía molestándome "Lo de verdad increíble es…"
"Si en algo valoras tu existencia, cállate, Laurenz."
La amenaza, aunque sutil, consiguió que ambos dejaran de burlarse de mi apenas verme sonreír con la brillante promesa de hacerlos sufrir de verdad si continuaban, aunque tampoco era cómo que pudiera culparlos. Apenas dio la segunda campanada los convoqué para que me ayudaran a arreglarme y tuve una pequeña junta informativa inmediata con los dos séquitos y todos los sacerdotes de Rozemyne. De hecho, eso último me tenía un poco desconcertado. Frieda, la doncella azul que nos puso al tanto del tiempo transcurrido en cuanto regresamos se la pasó lanzando todo tipo de sonrisas y ojos coquetos a Laurenz… y Alerah parecía más que entusiasmada con el intercambio, así que no sabía si preocuparme o no. El recuerdo de su estúpida charla cuando nos enteramos de la dinámica entre Eckhart y sus esposas no había parado de darme vueltas en la cabeza.
"¿Cuándo se revelará su regreso?" me cuestionó Justus en cuanto llegamos al despacho.
"A mediados del invierno. Galtero volvió obligatorio que todos los alumnos que no estén registrados en los templos de sus ducados participen en el Ritual de Dedicación aquí en la Academia Real. Los horarios están organizados por rangos para evitar que los que tengan menos maná colapsen. Planeo entrar con él a guiar las ceremonias con ayuda de los azules de Rozemyne "
"Los Aubs van a inundarle de ordonanz con preguntas y exigencias si hace eso, milord." Me recordó Laurenz jalando un poco el cuello de su uniforme de erudito.
"Lo sé. Parte del plan de hoy es encontrar una forma adecuada de usar la imprenta de Rozemyne para entregar un boletín informativo a los estudiantes conforme abandonen la sala de oración. Estoy considerando utilizar boletines semanales para regular el flujo de información, de modo que los Aubs estén menos ansiosos para la Conferencia Archiducal. Quiero una transición gradual y tranquila."
Dado que no estábamos usando el manos libres, escuché a la perfección los sonidos de asombro y contemplación en el resto de los eruditos mientras tomaba lugar en el escritorio principal. Apenas tomar asiento, Galtero apareció con ojeras y el rostro de alguien que ha dormido poco y mal o ha tenido un exceso de consumo de cafeína por meses. Supuse que en realidad era una combinación de ambas cosas.
"Zent Ferdinand, aunque su idea me parece, interesante y algo arriesgada, debo insistir en preguntar sobre un tema distinto."
"¿Es sobre Lady Rozemyne?"
Él solo asintió. Los eruditos parecieron contener el aliento en ese momento y yo decidí que, al menos en esto, no iba a seguir los estándares nobles.
"Mi muy amada esposa va a dedicarse a leer hasta el cansancio dentro de la habitación que hemos estado utilizando y sólo saldrá para presentarse en público de ser necesario. No pienso arriesgarme a que sufra por contaminación de maná, así que agradeceré mucho que se me informe si alguien la ve fuera de nuestros aposentos sin una excusa de verdad convincente."
Podía notar el shock en todos los rostros… o casi en todos. Hirschur soltó una leve risita antes de acercarse al escritorio, cruzar sus brazos en deferencia y agacharse apenas un poco frente a mí.
"Por favor, felicite a nuestra primera reina de mi parte, Zent Ferdinand. Recuerdo bien que ella siempre quiso convertirse en Wiegenmilch. Si es posible, me gustaría hablar con ambos en algún momento de esta semana."
Estaba más que seguro que intentaría convencerme de no encerrar a Rozemyne, en especial a sabiendas de que ella también estaba embarazada. Yo solo sonreí, haciendo una señal a Justus de agendar una cita. Si bien quería poner sobre aviso a todos del arresto domiciliario de mi escapista esposa, no iba a confesar ahí mismo que esto era, también, una especie de castigo hacia ambos por nuestra falta de cautela.
"Una cosa más" dije antes de perder la atención de los presentes "mi esposa y yo apreciaremos mucho que esta noticia no salga de la Soberanía. No me gustaría empezar a coleccionar baterías de maná."
Noté como muchos empalidecían, tragaban saliva con algo de dificultad o respiraban más rápido. Dejar que la noticia saliera solo podría meternos en problemas. No necesitaba que ordonanz mal intencionados vagaran por ahí haciendo cálculos sobre cuando fue que la dejé en cinta. Esperaba que eso dejara de importar dentro de siete años, cuando tuviera que bautizar al fruto de mi desliz.
"Ahora bien, tenemos mucho trabajo por delante. Empecemos."
.
Tal y cómo acordamos, agendamos una entrevista con Zent Emeritus Trauerquel, actual Comandante Soberano. Al parecer, él se sentía igual que yo respecto a Galtero. Sabía que debía castigarlo por usar drogas en él, sin embargo, el tiempo que usó en educarlo, los recuerdos del joven prometedor que tuvo alguna vez como hijo adoptivo y pupilo hacían complicada la situación, más aun luego de observarlo dejándose la vida en el trono.
"Drogar al Zent, incluso uno sin sabiduría, es una falta grave cómo ustedes bien saben, Zent Ferdinand, Reina Rozemyne. A pesar de ello, solo puedo solicitar que el castigo sea el más leve posible dadas las circunstancias de servicio y sacrificio."
"Tomaremos en consideración sus palabras, Lord Comandante" respondí con solemnidad.
Al menos una semana después tuvimos que asistir a una de las salas de té de Hauchletze para poder entrevistar a Nahelache.
Cuando salimos del circulo de teletransporte, nos recibió Constance y su esposo, disculpándose en nombre de la joven reina, antes de guiarnos al salón. Una sensación incomoda comenzó a envolverme conforme nos acercábamos, una sensación que, hasta hace pocas semanas, me era desconocida.
Antes de que la puerta se abriera, ya sabia que Nahelache estaba esperándonos en el salón… y por alguna razón tenia a dos pequeños sentados junto con ella, los cuales fueron retirados de la sala casi de inmediato, dos niños de cabello azul media noche.
Me miró con sorpresa por unos instantes, antes de mirar a mi esposa. Los dos años que estuve en el pasado, no comprimí casi nada por temor a sobrepasar a Rozemyne, por lo que mi esposa aun tenia más maná que yo, por lo que, incluso si ambos podíamos sentir a Galtero, solo yo era capaz de sentir a la mujer frente a nosotros.
"No pensé que llegaría tan lejos." Murmuró sobre su taza, sin embargo logré escuchar su voz. El año cuidando a la versión escapista de mi esposa me hizo mejorar en el uso instintivo de la magia de mejora.
La expresión de sorpresa se oculto con rapidez mientras la mujer se ponía de pie. "Zent Ferdinand, Reina Rozemyne, me honra que Dregarnuhr tuviera a bien juntar nuestros hilos aquí en las alturas." Dijo Nahelache una vez terminó con los saludos nobles.
"Esos pequeños de hace un momento, ¿son tus hijos?" preguntó Rozemyne.
"Y de Galtero, mi reina. Espero que comprendan que, como Wiegenmilch, debo asegurar el bienestar de mis pequeños. En este momento no hay lugar más seguro para ellos que a mi lado. La regencia de Galtero me ha enseñado una o dos cosas sobre política y porque Wiegenmilch debe pedir las bendiciones de Angrief y Seheweit con fervor."
Nahelache sonreía para nosotros, una sonrisa social en toda regla conforme los asistentes colocaban té y algunos pocos dulces en la mesa. La observamos hacer las correspondientes pruebas de veneno y luego nos embarcamos en una breve conversación de lo más trivial.
Nahelache nos deleitó con algunas observaciones sobre las últimas modas, mínimas en realidad, y los reajustes sociales en Hauchletze luego de convertirse en un Gran Ducado en toda regla, dejándonos comentarios bastante sutiles sobre cómo su familia volvió a aceptarla tras casarse de nuevo con Galtero un año luego de nuestra partida y algunos problemas acarreados a su propia familia luego de la unificación de los ducados de la puerta del agua.
"La vida cómo una de las hijas del agua suele ser más… complaciente. El camino de Efflorelume y Wiegenmilch no suelen estar empedrados o ir cuesta arriba."
Luego de eso, ordené que se erigiera la barrera antiescuchas de rango específico, permitiendo que Justus, Margareth y una mujer del séquito de Nahelache se mantuvieran dentro, igual que cuando entrevistamos a Trauerquel.
"Comprendo que ha pasado por mucho, Lady Nahelache" dijo Rozemyne llevando la taza de té a sus labios, deteniéndose a escasos centímetros, cómo si estuviera apreciando el aroma de su té "y aunque le estoy agradecida de que apoyara a Galtero en lugar de dejarlo desmoronarse solo, supongo que sabe porqué estamos aquí, así que le agradeceremos que deje el baile de Gramarature de lado, de modo que su testimonio sea lo más comprensible posible y sus palabras nos guíen a una condena justa."
"Lo entiendo bien, mi reina. Es sobre los estimulantes que mi esposo se atrevió a darme durante nuestro cortejo, ¿no es así?"
"¡Milady…!" exclamó la mujer al servicio de Nahelache, recibiendo por toda respuesta una señal de guardar silencio y una sonrisa un poco descompuesta.
"Él mismo admitió haberlos usado para coaccionarme a ser más complaciente, lo confesó frente a los Aubs de todo el país en su primera conferencia. Además la verdadera pareja reinante me ha solicitado dejar de lado toda forma de noble eufemismos. Ser sincera y directa son, en este caso, el mejor curso de acción."
Nosotros asentimos a sus palabras y la joven que acababa de interrumpir volvió a retomar su lugar, un paso por detrás de su señora.
"Le agradeceremos mucho que nos explique cada situación en que recuerde haber sido sometida a tan viles tácticas." Le recomendé con cautela, sintiéndome todavía un poco extraño de poder sentirla.
"¡Por supuesto, Zent Ferdinand! Lo primero que debo decir, entonces, es que a pesar de seguir comprometida con el príncipe Galtero tras la fatídica y trágica muerte de mi prometido original, el príncipe Sigiswald, yo me encontraba un poco… renuente a dejar de lado el luto existente en mi corazón.
"Sé que el recuerdo de mi antiguo prometido fue un tanto empañado por su desempeño escolar. Comentarios acerca de cómo Yurgensmith se salvó de tener un pelele en el trono llegaron a mis oídos en más de una ocasión. Comprenderán que cuando mi padre me informó que seguiría comprometida con la Familia Real, mi ánimo no era el mejor.
"Al principio no estaba muy segura de cómo relacionarme con el príncipe Galtero. Su corte de cabello, el estilo de sus ropas, las palabras y el tono usado para hablarme durante nuestras fiestas de té y los breves encuentros que llegamos a tener durante la clase se giros de dedicación… era cómo tener de vuelta a Sigiswald, solo que más joven y con cabello y ojos de otro color… claro que la ilusión no duró demasiado.
"Conforme el tiempo fue pasando, el príncipe empezó a poner más y más de manifiesto que yo sería solo una segunda esposa. Que él estaba destinado a la grandeza junto a otra diosa de la luz… Ahí noté que de verdad había perdido a mi futuro Dios Oscuro. No había palabras dulces o enternecedoras ni poesías sobre mi belleza o mi persona. No había promesas de coronarme o proteger a mis hijos. Juro que intenté mostrar interés en el príncipe Galtero, pero con el corazón roto por lo que perdí antes de tenerlo del todo y mi propia falta de madurez, mi desempeño y entusiasmo por nuestro compromiso era… lamentable, por llamarlo de algún modo. Galtero debió notar que ni la diosa que su corazón anhelaba, ni yo, estábamos interesadas en él. No sé si fue para probar los efectos de la droga o para sentirse mejor de que al menos una de las dos mostraba interés, lo cierto es que tras la primer fiesta de té en que fui drogada… pedí más."
Nahelache tomó un ligero sorbo a su té en tanto Rozemyne y yo volteamos a vernos incrédulos. Era una confesión que cambiaba bastante las cosas. De pronto teníamos más opciones.
"Ahm, Nahelache… ¿Por qué le pedirías más de esa droga a Galtero?"
Nahelache bajó su taza, sonriendo de forma triste sin dejar de mirar el contenido.
"Mi padre fue informado de mi… maravilloso y radical cambio de actitud frente a mi prometido. '¡Encántalo y asegura ese matrimonio!' fueron las palabras de mi padre. Yo habría pedido más de todos modos. Sin importar el tema, sentía cómo si lo amara. Cómo si todas esas alabanzas y palabras bonitas fueran pasa mí y no para…" Nahelache levantó la vista una sola vez, mirando a Rozemyne antes de bajar de nuevo la mirada "No importa, supongo. Lo que sea que puso en mi té no solo me hacía sentir feliz y amada, bajo sus efectos me sentía deseada y deseosa. Intercambie maná con él. Algunos besos y un par de caricias subidas de tono, por supuesto. Mis recuerdos de sus palabras exactas de ese entonces son vagos, la sensación de estar profundamente enamorada, por otro lado, son más nítidas que los recuerdos de lo que sentía por el príncipe Sigiswald.
"Temo admitir que, el día de nuestro enlace estelar, pedí una doble porción. Polvos mágicos en mi té de la mañana para convertirme en la dulce y feliz novia que todos vieron. Polvos mágicos en mi té de la tarde para convertirse en una amante dispuesta y receptiva."
Miro un momento su té y a su asistente antes de continuar su narrativa.
"No estoy segura de esto, ya que nunca me atreví a preguntarlo, pero creo que Galtero se olvido de que yo tomaba esas drogas con tanta frecuencia, o de forma voluntaria… tras la primera dosis y mi propia petición, sus asistentes fueron responsables de proporcionarlos, y mis asistentes quienes lo preparaban para mí. Al inicio todos se negaron." Agrego mirando a la joven que estaba con ella. "Sin embargo, los nobles de Klassengberg aseguraron que no era dañino, que era una poción recreativa, algo que usaban todos desde el momento en que comenzaban a buscar un cortejo, y que seguían usando durante el matrimonio, que era una poción que hacia más llevadero el matrimonio, después descubrí que es usado principalmente en las novias extranjeras." Añadió con una sonrisa incomoda.
Suspire tomando también un sorbo de mi té, era claro, las hijas se quejarían con sus padres sobre la cultura de flores dentro del ducado, muchas incluso podrían solicitar divorcios aun si eso les daba un defecto, alegando que los beneficios no eran suficientes para la humillación que vivían.
"No me arrepiento." Declaro la mujer con voz firme devolviéndome al presente. A la conversación que estábamos teniendo.
"Hice lo que tenía que hacer. Hice lo que se me ordenó. Aseguré un heredero con sangre de Hauchletzte sin siquiera resistirme o pensar en el hombre que debía llevarme a su lecho entre palabras zalameras y caricias pensadas para mí y no para otra. Me convertí en una feliz substituta con tal de engendrar un príncipe de sangre real a cambio de algunos favores para mí ducado en cuanto a políticas y comercio de los cuales comprendía muy poco. Los polvos me convirtieron incluso en un juguete complaciente con nada más que halagos en los labios… al menos hasta que se confirmó que llevaba la carga de Geduldh. Luego de eso, Galtero solo me enviaba piedras con su maná. Me dolió al principio, luego, conforme me fui desintoxicando comencé a entusiasmarme con ser Wiegenmichte."
No estaba seguro de que era más terrible. Que admitiera todo con una sonrisa y la mirada todavía en su té o que de verdad estuviera convencida de no arrepentirse.
A mi lado, Rozemyne me tenia sujetó de un muslo, dejándome sentir la angustia en su maná arremolinándose contra el mío. Estaba seguro de que ella estaba considerando las consecuencias si Gloria no la hubiese vuelto inmune a los afrodisíacos.
De no ser por los despreciables castigos de esa maldita Chaocipher, Rozemyne habría sucumbido también a los efectos de la droga, intercambiado maná con Galtero, aceptando sus avances y casándose con él. El hijo en su vientre no sería mío y yo no habría tenido modo alguno de recuperarla una vez mancillada por Galtero. No antes de matarlo.
La certeza de ello, de ver cuál era el plan detrás de los intentos de drogarla me llenaron de náuseas e ira. '¡Rozemyne es mía! ¡De nadie más!' pensé mientras la cólera de lo que pudo pasar me enfriaba la cabeza. '¡Si Galtero se hubiera salido con la suya, lo habría matado sin contemplación alguna!'
Su sangre sería la que tendrían mis manos y mi consciencia manchada con su muerte…
Con la mente ahora despejada, agradecí en silencio al rencor, odio y lealtad mal intencionada de Gloria a su señora. Agradecí su sentido de justicia trastocado que la llevó a herir a una niña inocente. No, no estaba feliz con todo lo que la hizo sufrir, aun la odiaba por eso, pero agradecía el resultado.
Si matar a dos extraños que intentaron acabar con mi esposa apenas nacer todavía me pesaba, no quería ni imaginar lo que matar a Galtero me habría supuesto al recibir a la fuerza los recuerdos del execrable tejido original.
El maldito sentimiento filial aún seguía allí, pero las dudas ya no. Galtero debía ser castigado. Sus crímenes no eran algo pequeño como una ligera malversación de fondos, sobornos o asesinato a plebeyos, sus crímenes iban más allá, eran crímenes que merecían la muerte. Crímenes que yo no conocía.
Cuando lo nombré Zent, si lo hice en parte para castigarlo, pero también porque sabía que podría llevar a cabo la labor para la que fue entrenado. Sus crímenes fueron destapados por él mismo. Los crímenes que él mismo confesó eran todos motivo de ejecución. Sin embargo, no podíamos simplemente ejecutarlo por todo lo que hizo.
Ahora que podía pensar con claridad. Sin la culpa entrometiéndose podía elegir un castigo adecuado. No un castigo suavizado por nepotismo, o un castigo impulsado por la ira. Yo era Zent, tenía que ser justo. Sabía lo que tenía que hacer y lo haría, ya no dudaba.
Nahelache suspiró de pronto, levantando el rostro con su sonrisa social casi deshecha. Su voz un poco más baja que un momento atrás.
"Cuando me divorcié de él creí que podría volver a casa con mi bebé. Pensé que sería libre de dedicarme sólo a mi hijo… pero mi padre me rechazó, por supuesto. Me felicitó por cortar con un príncipe sin más posibilidades, pero se negó a dejarme quedar en casa con mi hijo. Si la Reina Rozemyne no me hubiera ofrecido su ayuda, habría terminado como la concubina de algún archinobles de Hauchletze o de algún otro ducado luego de despedirme de mi pequeño."
La angustia en su voz, el desafío en sus ojos, la crudeza que tomaron sus rasgos de pronto. Nahelache de verdad ya no era la joven e inocente prometida con la Familia Real. Ese primer golpe de realidad debió ser crítico para ella. No solo tenia algo de resentimiento y dolor en su interior, también estaba bastante consciente de cómo la cambió ese hecho en su vida.
"Nahelache, si no es muy inoportuno… ¿Por qué te casaste de nuevo con Galtero?" preguntó Rozemyne con un tono de voz dulce y amistoso, dejando asomar un poco de curiosidad.
Nuestra entrevistada sonrió entonces, mirando un momento en la dirección en que sus hijos salieron y luego a nosotros.
"¿No es obvio? Mi hijo necesitaba a su padre y Galtero se estaba rehabilitando luego de convertirse en esa… esa cáscara vacía que solo deambulaba de vez en cuando por la Soberanía.
"Cuando ustedes desaparecieron, Galtero no tardó en proteger a los sacerdotes, a todos ellos, incluyéndonos a mi hijo y a mí. A veces se las arreglaba para tomar alguna comida conmigo para preguntar por nuestro hijo cada semana, hubo un mes que no pudimos verlo debido a toda la… conmoción creada por sus reformas. Luego se hizo un horario semanal para asegurarse de que estábamos bien. Yo trataba de ayudarlo a relajarse en esos momentos, en especial cuando me enteré que aisló a todos los sacerdotes y doncellas soberanos para mantenernos protegidos bajo el manto de Verbenger a mi hijo y a mí. Cuando la profesora Hirschur habló conmigo buscando mi ayuda para hacer lo posible por proteger la salud de Galtero, bueno… admito que comencé a seducirlo poco a poco hasta convencerlo de tomarme de nuevo cómo esposa.
"Siendo la primera reina me dí cuenta de muchas cosas. Los cambios políticos y comerciales, las consecuencias de cada decisión tomada por mi esposo e incluso por mí. Las repercusiones en mi familia y mi hijo a raíz de cada acción tomada… Cuando noté que mi bebé y yo ya no éramos suficiente para mantener a Galtero anclado… me volví a embarazar. Fue difícil. Él me dejó atrás comprimiendo, yo apenas podía sentirlo, así que le rogué que me enseñara su método. Me habría relajado pero, notaba cómo él se alejaba más y más, así que, cuando me dí cuenta, estaba comprimiendo de manera inconsciente tras el nacimiento de nuestro segundo hijo. De eso hace ya dos años."
"Tras mi segunda ceremonia de obtención de bendición divina también me enseñó como evitar perder el control de mi maná, ya que estaba lastimando a mis hijos, combinando eso con el nacimiento de mi segundo hijo, Galtero se ablandó lo suficiente para mantener un poco de carne entre sus huesos y su piel. Galtero llegó a convertirse en un cadáver andante que solo funcionaba a base de pociones. Amenazarlo con no dejarle ver a nuestros hijos es lo que lo obligó a dormir y comer de manera regular… y a permitir que le hicieran de nuevo pruebas de veneno a su comida, estoy segura de que otro intento exitoso de envenenamiento le habría hecho subir la imponente escalera."
Nahelache volvió a bajar la mirada y a sonreír con tristeza, tomando su taza de té para poder beber de ella despacio.
Rozemyne me pellizcó la pierna y luego me señaló un brillo plateado dentro de la manga de Nahelache. Yo solo miré a mi esposa desconcertado. ¡No tenía sentido! Quizás esa fue la razón de que Rozemyne tomara la palabra en cuanto Nahelache bajó su taza de té.
"Lady Nahelache, debo preguntar. ¿Está usted embarazada?"
"Lo estoy" respondió sin rodeos, con un leve sonrojo pintando sus pómulos y una repentina mirada soñadora.
"Lady Nahelache, entiendo que su primer hijo fue por obligación y el segundo un intento por controlar la salud de Galtero, ¿por qué está embarazada de nuevo?"
"Eso… bueno, yo…" la mujer se sonrojó de repente, con una sonrisa boba en los labios y ojos de colegiala enamorada. De verdad que no daba crédito a mis ojos.
Por si eso no fuera suficientemente desconcertante, Rozemyne cubrió su boca, dejando escapar algunas risitas cómo si estuviera chismorreando con una vieja amiga.
'¿Pero qué les pasa a las mujeres de este planeta? ¡Primero Rozemyne y ahora Nahelache!'
Tragando mi fastidio ante el temible apetito que parecía provocar en las mujeres nobles de Yurgensmith el estar enamoradas, procedí a toser un poco dentro de mi puño para traer algo de calma y sentido común de vuelta, poniendo mi mejor cara seria para proseguir.
"Antes de tomar una decisión junto a mi esposa, hay algo que quiero verificar con usted, Lady Nahelache. De su respuesta depende a qué dioses encuentre Galtero en un futuro cercano."
Ella asintió y yo pedí que los pocos asistentes dentro de la barrera salieran de inmediato y ordenaran a los otros girarse hacia la pared. Nadie debía enterarse de mi propuesta. Nadie debía conocer la respuesta de Nahelache. Rozemyne se mostró bastante sorprendida y Nahelache respondió tal y cómo esperaba de una mujer enamorada y además una madre.
Con nuestra respuesta y una resolución, Rozemyne y yo volvimos a nuestros aposentos temporales, prohibiendo el paso a nuestros séquitos el resto del día.
Quizás por el estrés de lo que tendríamos que hacer dentro de poco, tal vez por las decisiones tomadas y los secretos revelados, puede que solo fuera por saber que Rozemyne llevaba a mi bebé en su vientre, lo cierto es que esa tarde me rehusé a separarme de ella o permitir que otros la tocaran, relajándonos juntos en una bañera por una larga campanada antes de guiarla al lecho para hacerle el amor antes de cenar, confesando al fin en la intimidad de nuestra alcoba con ella en mis brazos antes de dormirnos, que había tomado dos vidas por ella y que por mucho que me desagradara, estaba dispuesto a tomar todas las que fueran necesarias con tal de protegerla y mantenerlos a salvo a ella y a nuestro bebé.
No debió sorprenderme que ella pasara de consolarme y agradecerme a despojarme de mis ropas y pasar una buena parte de la noche complaciéndome en todas las formas que se le ocurrieron, lo que nos llevó a tener una noche pacífica y un sueño reparador.
