- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ½", (a excepción de algunos que son de mi invención, y que se irán incorporando durante el transcurso del relato en una especie de "actores secundarios"). Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.
Strangers on a train
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Capítulo IX
"Sorpresas"
Desde que había llegado a casa de sus padres ese día domingo a visitarlos que no podía concentrarse del todo en la conversación que su padre había querido entablar con él, puesto que su mente se encontraba en otra parte, específicamente recordando la noche anterior, cuando había ido a buscar a su novia para acompañarla a su casa sin esperarse que nada más verle de pie afuera de la tienda, ella había corrido a su brazos, emocionadísima porque el dueño de la tienda en donde trabajaba les había informado que les aumentaría el salario, con lo cual, ella calculaba que su meta de estudiar estaba mucho más cerca de concretarse; así que para celebrar habían decido pasar a la misma cafetería a la que ella solía ir con sus amigas y allí disfrutaron comiendo dulces bocadillos. Cada vez que él recordaba la expresión de satisfacción que se instalaba en el rostro de su novia cuando se llevaba una cucharada de su dulce pastel a los labios, una sonrisa soñadora se instalaba en su rostro. Era cierto y él no podía negarlo, esa chica lo tenía en las nubes y ciertamente él no quería bajar de allí.
-Ranma, ¿me estás escuchando?
-Eh, sí, te escucho, papá.
-Pues no lo parece porque te pregunté si tienes todo arreglado en tu trabajo para que me acompañes a ese viaje y no me contestaste –dijo su padre con un tono de reproche.
-Sí, ya hablé con todos los administradores y dueños de los recintos en donde trabajo y no tendré problemas para tomarme los días que me pediste.
-Me alegro –asintió con un movimiento de cabeza-. No sé para qué trabajas en todos esos gimnasios y dojos si sabes que no tienes necesidad de hacerlo –acotó ajustándose las gafas.
-Me ayuda a mantenerme ocupado y a solventar mis gastos por mí mismo, lo sabes y no discutiré eso contigo nuevamente –contestó de mala gana.
-Pero al menos podrías pensarlo, trabajar conmigo, volver a casa y…
-Olvídalo, papá. Ya lo hemos discutido lo suficiente para que una vez más insistas en lo mismo.
-Pero…
-¡Ranma, hijo!, ¿puedes venir?
-Iré a ver qué necesita mamá, permiso –se disculpó.
El joven sonrió al verse salvado por el llamado de su oportuna madre y se dirigió raudo hasta el lugar desde donde había llegado la voz.
-Dime, mamá.
-No es nada importante –dijo la mujer sonriéndole amablemente mientras arreglaba unas flores en un recipiente sentada a la mesa del comedor-, sólo te quise evitar la eterna discusión que a tu padre tanto le gusta mantener contigo, pero también quiero que me cuentes qué es lo que te tiene tan feliz –terminó de decir la mujer mirando directamente a su hijo quien se sorprendió ante las palabras de su madre.
-Yo no estoy…
-Ranma, te conozco –le interrumpió-. Soy tu madre y soy la única a quien no puedes engañar. Algo te está pasando desde hace un tiempo a esta parte que te tiene muy feliz y no puedes ocultarlo. ¿Es una chica?
-Mamá, no empieces –contestó esquivando la mirada de su madre.
-Es una chica –afirmó sonriendo ampliamente-, y dime, ¿la conozco?
-Mamá… -el joven se sintió intimidado por la profunda mirada que le dedicaba su madre y finalmente decidió ceder-. Está bien, sí, es una chica –reconoció.
Su madre aplaudió alegremente antes de seguir interrogando a su abatido hijo.
-¿La conozco o no?
-No mamá, no la conoces aunque tenía pensado presentárselas después del viaje que realizaremos con papá a China.
-Eso será en más de tres semanas –dijo decepcionada.
-Mamá, ¿podrías guardar el secreto hasta que pueda presentárselas a ti y a papá?
-Algo te preocupa, ¿verdad?
-No es que me preocupe –negó con un movimiento de cabeza-, es sólo que… la vi en un vagón de metro –comenzó a relatarle esbozando una sonrisa al recordar aquellos días que le parecían tan lejanos ahora-. Fue una atracción inmediata y luego, cuando nuestros encuentros se fueron haciendo frecuentes, me decidí a llamar su atención y… funcionó.
-Entonces, ella te correspondió también.
-Sí, al principio sólo entablamos algunas conversaciones triviales, nada importante, pero luego, todo fluyó entre nosotros y… lo que quiero decir es que… -se interrumpió nuevamente y observó a su madre totalmente sonrojado y con un brillo especial en sus ojos- Mamá, creo que por primera vez en mi vida estoy enamorado de alguien y… quiero que resulte porque ella es muy especial para mí –reconoció-. No quiero que todo lo lindo que he construido junto a ella se estropee.
-Hijo, ¿en verdad la quieres? –dijo su madre totalmente ilusionada.
-Mucho, mamá. Llevamos casi dos meses de relación y poco más de tres meses de conocernos y puedo decirte que cada día que pasa este sentimiento se hace más fuerte.
-Entiendo.
-La conocerás, mamá; prometo que se las presentaré a ti y a papá, pero dame tiempo… debo preparar el camino, sabes que hay una persona en nuestro entorno que no reaccionará nada bien cuando sepa que ella existe.
-Te refieres a la chica Kuonji –acotó su madre con más seriedad de la que él se hubiera esperado.
-Sí.
-Pero ella no tiene porqué entrometerse en tu vida amorosa. Es cierto que son amigos desde niños porque tu padre y el de ella también lo son, pero eso no significa que ella…
-Mamá, sabes que ella creció pensando en que algún día nosotros formalizaríamos una relación que sólo existe en su cabeza –le interrumpió-. Ustedes y el padre de Ukyo también tuvieron mucho que ver en eso y no te lo estoy reprochando pero, ella se hizo ilusiones con algo que yo nunca le prometí y tampoco quise aceptar, y ahora… tengo miedo de que ella reaccione mal ante una noticia que no espera.
-Pero tú has tenido otras relaciones, Ranma, y ella nunca se ha interpuesto.
-Eso es porque sabía que eran relaciones pasajeras, pero lo que tengo con Akane es diferente.
-Realmente la amas –dijo su madre sonriendo tiernamente.
-Sí. Por eso te pido que me ayudes a mantener el secreto.
-Pierde cuidado –le tranquilizó dándole unos golpecitos en el brazo-. No diré nada a nadie, pero quiero conocerla.
-Ya te dije que quiero presentárselas y había pensado hacerlo en la fiesta en honor al abuelo.
-¡Sí! –exclamó su madre totalmente feliz-. Ese sería un buen momento.
-¿Un buen momento para qué? –se escuchó al padre de Ranma preguntar mientras avanzaba hasta dónde se encontraban sentados su esposa y su hijo.
-Decidí que la fiesta en honor a mi padre sería un buen momento para presentarles a todos mi nuevo talento confeccionando estos hermosos arreglos, ¿no lo crees, Genma?
-Sí –contestó su esposo mirando con apatía el arreglo florar a medio terminar-. Si es lo que quieres no le veo el problema.
-Me estoy convirtiendo en una experta en este asunto de los ikebanas y tengo en mente sorprender con una flor especial para el evento. Te aseguro que todos quedarán asombrados cuando vean la hermosa y extraordinaria flor que conocerán ese día –dijo su esposa mirando de forma significativa a su hijo-. Haré mi mejor esfuerzo, ya lo verás.
-Si tú lo dices.
-¿Volverán para la fiesta, verdad? –preguntó de pronto alarmada.
-Sí, sólo es un viaje de tres días, Nodoka, lo sabes. Estaremos aquí el martes antes de la anhelada celebración y espero que con buenas noticias para compartir.
-Bueno, creo que es hora de irme –dijo Ranma poniéndose en pie.
-¿No vas a cenar con nosotros? –inquirió su padre.
-No, yo… tengo algo que hacer –contestó mirando a su madre con complicidad.
-Ve, hijo –contestó su sonriente madre mientras tomaba de la superficie de la mesa tres hermosas flores y las ataba con un lazo de seda-. Lleva esto a tu casa, quizá te sirva para decorarla.
-Gracias, mamá –contestó sonriendo dulcemente al entender la intención de su madre al darle aquellas flores.
-Si tuvieras una novia que te esperara en ese apartamento frío y solitario te aseguro que estaría feliz de recibirlas, pero allí se estropearán y nadie las apreciará –rezongó su padre-. Podrías pasar por casa de la linda Ukyo y llevárselas de regalo.
-Se quedarán en mi casa –sentenció mirando duramente a su padre-. Nos vemos papá –terminó de decir avanzando hacia la puerta de la amplia casa.
Su madre lo siguió de cerca sin dejar de sonreír y cuando ambos estuvieron lo bastante lejos de su esposo para que éste no les escuchara, ella volvió a hablar en un susurro.
-Tres flores de peonía o botón de oro, como se les conoce –acotó-, dos totalmente blancas que simbolizan la pureza e inocencia y una rosada que simboliza el amor. Llévaselas de mi parte a esa chica que tiene la virtud de hacer feliz a quien yo más quiero.
-Lo haré, gracias, mamá. Nos vemos pronto.
-Nos vemos, hijo –se despidió su madre abrazándolo para luego abrir la puerta y verlo marchar.
Él suspiró audiblemente y comenzó a avanzar por el gran jardín hacia la puerta de salida, mirando las tres flores de peonía que le había entregado su madre. ¿Serían del gusto de Akane?, esperaba que sí, puesto que él nunca antes había regalado flores. Con convicción se alejó de la casa de sus padres rumbo al centro de la ciudad, calculaba que tenía el tiempo justo para llegar a la tienda en la que su novia trabajaba minutos antes de que cerraran para, como ya se le había hecho un hábito, acompañarla hasta su casa.
Los días que siguieron a la confesión que le había hecho a su madre fueron bastante tranquilos para el artista marcial. Sospechosamente sus dos acosadoras se habían comportado mucho más tranquilas durante esos días, hostigándolo menos y dándole espacio. No quería pensar en que su madre había tenido algo que ver, pero eso era algo que no descartaba porque bien sabía que Nodoka Saotome era una mujer de armas tomar.
En el ámbito laboral también le estaba yendo bien pues de los diez seleccionados que habían participado en la última competición a la que se habían tenido que presentar representando a la institución que comandaba su padre, seis habían pasado a las rondas finales y cuatro habían ganado en sus respectivas categorías. Por otro lado, había decidido que dejaría de dar clases las tardes de los días martes y viernes, y así estaría en condiciones de empezar a cumplir con el acuerdo al que había llegado con el padre de Akane. Por supuesto, los dueños de los gimnasios a los que se había visto en la obligación de comunicarles su decisión habían reaccionado muy mal, tratando de convencerlo de que reconsiderara su decisión, pero él había sido tajante puesto que después de todo le había dado su palabra al padre de su novia.
Y la relación con Akane seguía dándole sólo satisfacciones y buenos momentos. Ella era una chica amorosa, preocupada y amable, y aunque él aun sentía que ella tenía algunos temores, eso no había sido impedimento para avanzar de la mano como lo habían prometido. Tenía claro que debía contarle muchas cosas respecto a su familia y su verdadera situación antes de presentarla con sus padres pero, con o sin intención, todavía no podía abordar ese asunto con la calma y seriedad que requería, así que simplemente se había dedicado a disfrutar de todos esos momentos que podía pasar junto a Akane; ya vería el mejor momento para sincerarse con su novia.
Ahora se encontraba sentado en la sala de la casona Tendo, conversando amenamente con el padre y la hermana mayor de su novia mientras la esperaba para acompañarla a la fiesta de celebración por el cumpleaños de su amiga Sayuri. Cuando ella lo había invitado a dicha celebración, él había estado tentado a excusarse porque no le gustaban las fiestas y mucho menos las fiestas en las que no conocía a nadie, pero al ver su entusiasmo y su rostro adornado con una alegre sonrisa esperando por una respuesta, no pudo hacer otra cosa que aceptar, después de todo le había dicho que bajaría inclusive al infierno para estar a su lado y por todos los dioses que lo haría si ella así se lo pidiera.
-Estoy lista –escuchó que decía a su espalda.
Para el artista marcial fue sólo voltear y quedar pasmado. Akane se veía realmente hermosa enfundada en un vestido que le llegaba a mitad de muslo, con un pronunciado escote en la espalda y en un tono azulino que la hacía ver como una diosa. Se puso inmediatamente de pie y la observó con intensidad, sólo percatándose que estaba a punto de hacer algo inapropiado cuando escuchó la voz de la hermana de la chica justo tras él.
-Te ves preciosa, Akane.
-Gracias –dijo ella esperando su reacción, pero simplemente él no podía reaccionar-. ¿Nos vamos? –dijo finalmente jugueteando con un pequeño bolso que llevaba en sus manos.
-Sí –fue el monosílabo con el que pudo contestar.
-Hija, ¿te quedarás en casa de Sayuri? –preguntó su padre.
-Sí, papá, pero si decido regresar no lo haré tan tarde.
-Llámame si decides volver a casa para esperarte –dijo su hermana.
-Lo haré, no te preocupes, Kasumi. Nos vemos.
-Que lo pasen muy bien –contestó la mayor de las hermanas.
-Nos vemos, Akane y saluda a Sayuri de mi parte.
-Lo haré.
Él sencillamente hizo una reverencia y se despidió del padre y de la hermana de Akane con un simple adiós que fue replicado por ambos. Cuando finalmente salieron de la casona y se instalaron afuera del gran portón a esperar el vehículo de aplicación que los llevaría hasta la casa de Sayuri fue cuando pudo hablar.
-Akane, quiero que sepas que estás preciosa.
-¿En verdad lo crees? –dijo fingiéndose ofendida-. Creí que no te había gustado mi atuendo… como no dijiste nada.
-Al contrario –se defendió-, te ves hermosa pero frente a tu padre y tu hermana yo…
-Lo sé –le interrumpió soltando una risita malévola-. Sabía que no ibas a saber cómo reaccionar porque todavía le temes a papá.
-Eres mala –rebatió-, ¿te vestiste así sólo para hacerme pasar un mal rato enfrente de tu familia?
-No, me vestí así porque me gustó el color del vestido. Combina con el color de tus ojos –dijo levantando su rostro para regalarle una sonrisa coqueta.
-Insisto en que eres mala –contestó acercándose a ella para apoyar su frente en la de ella.
-Creo haberte dicho hace un tiempo que quizás era un diablillo disfrazado de ángel –le escuchó susurrar apenas conteniendo la risa.
-Diablillo o ángel, eres lo mejor que me pudo haber pasado.
Se acercó para depositar un beso en sus sonrosados labios, pero no pudo concretar su propósito puesto que el sonido de un motor se dejó escuchar avanzando por la calle. Soltó un improperio y la escuchó reír alegremente para luego entrelazar sus manos y conducirlo hasta el automóvil que se había detenido a un par de metros de donde estaban.
El camino lo realizaron casi en silencio hacia la casa de la festejada. No era una distancia tan extensa y cuando finalmente llegaron, él galantemente bajó del automóvil para abrir la puerta del lado en donde iba ella y ayudarla a bajar. Con ese gesto se ganó una dulce sonrisa y un beso en la mejilla por parte de su novia que lo hizo suspirar.
Sayuri los recibió con su alegría e indiscreción de siempre, haciendo bromas y comentarios que hicieron sonrojar a su amiga y le sacaron unas cuantas carcajadas a Ranma. Lo cierto es que el cumpleaños de la chica había sido hacía tres días atrás, pero ella y su novio habían querido celebrarlo con una fiesta el sábado junto a todos, o gran parte de sus amigos y familia. Fue así que la chica había conseguido con sus padres que le prestaran por ese día la gran casona en donde ellos vivían y ahora, esa casa estaba repleta de gente disfrutando de una entretenida reunión donde no faltaba la comida, la bebida y por supuesto, la música. Sayuri cumplía veinticinco años y quería celebrarlo en grande.
Para Ranma, que siempre había sido una persona bastante serena que no disfrutaba de las grandes celebraciones estaba resultando un poco incómodo el interactuar con esas personas. La mayoría se sorprendía de que Akane lo presentara formalmente como su novio, pero pasada la primera impresión, ambos tenían que contestar las típicas preguntas de cómo se conocieron, dónde, cuánto tiempo llevaban juntos y un interminable etcétera que sólo acababa cuando alguien más captaba la atención de esas personas.
Fue manteniendo una de esas conversaciones cuando Ranma entró en pánico, porque Yuka, la otra amiga y compañera de trabajo de Akane se presentó de improviso y se la llevó, so pretexto de que la ayudara con una sorpresa que el novio de Sayuri le tenía preparada a la cumpleañera. Su novia lo miró como si quisiera disculparse con él y luego de decirle un "en seguida vuelvo" lo dejó solo a merced de las preguntas de una pareja de jóvenes un poco menores que él, quienes resultaron ser primos de la cumpleañera y también resultaron ser tan curiosos como lo era la misma Sayuri.
Habían pasado aproximadamente diez minutos desde que su novia había sido raptada por Yuka cuando Ranma decidió excusarse con los parlanchines primos de Sayuri e ir en busca de su novia. Si no la encontraba, por lo menos se libraría de las constantes preguntas de esos dos y buscaría un lugar solitario para esperarla, sin embargo, el comentario de uno de ellos logró detenerlo por un momento.
-Nos vemos después, Ranma, fue un gusto conocerte –dijo la muchacha.
-Sí, aunque el que tú estés aquí arruinará todos los planes que había elaborado mi primo Shinnosuke –comentó el joven que había conversado con él, llevándose el vaso que mantenía en su mano a los labios.
Ranma volteó rápidamente para observarlo de forma interrogante y se percató cómo la muchacha retiraba su codo rápidamente y el joven se llevaba la mano a su costado.
-¿De quién arruinaré los planes? –preguntó calmadamente.
Ellos lo miraron y ambos negaron con un movimiento de cabeza.
-Mi hermano… -trató de justificarse la joven-, debe haber bebido de más y ahora está diciendo tonterías.
-Pero tu hermano dijo que yo arruinaría los planes de alguien.
-No me hagas caso –se excusó el joven haciendo un gesto con su mano-, siempre hablo de más.
Ranma los miró con suspicacia y luego de hacer un saludo con su cabeza se retiró del lugar en dirección a la casa, pero no le pasó desapercibido el cuchicheo de los hermanos y los golpes que le propinó la chica a su hermano en la cabeza. Ahora tenía clara una sola cosa, había alguien en esa fiesta que tenía planes y seguramente esos planes involucraban a su novia porque el joven había dicho que el que él estuviera allí alteraba todo el asunto. Tenía que darse prisa y encontrar a Akane pronto si quería tranquilizarse, porque ya comenzaba a sentir ese nudo en el estómago y ese calor en el pecho que había sentido cuando se había percatado que el guardia del metro estaba interesado en su novia.
Caminó raudo observando a todos lados para tratar de divisar a su novia pero sólo veía a gente y más gente desconocida hasta que pudo atisbar a Yuka conversando animadamente con el novio de Sayuri, así que se acercó.
-Yuka, ¿dónde está Akane? –preguntó a la chica sin tomar en cuenta al joven que estaba con ella.
-La dejé en la cocina hace un momento, dijo que iría a buscarte, Ranma –contestó observándolo con extrañeza.
-¿Por dónde llego a la cocina?
-Entra por esa puerta y luego dobla a la izquierda –contestó el joven que acompañaba a Yuka.
-Gracias –contestó.
-Ranma, si encuentras a Akane, ¿le puedes decir que en quince minutos daremos la sorpresa?
-Se lo diré.
Avanzó siguiendo las indicaciones que le habían dado, esquivando a personas que iban y venían, rogando internamente para encontrarla sola, pero cuando llegó al lugar sintió que todo su mundo se comenzaba a desmoronar.
Su primera reacción fue la de plantarse frente al sujeto que tenía una de sus manos sobre el hombro de su novia. Con el ceño fruncido y la mano empuñada quiso dar un paso, pero la voz demandante de Akane y el movimiento brusco con el que se zafó del tipo le hicieron detenerse y esperar.
-Te pido que no te tomes tantas familiaridades conmigo, Shinnosuke.
-Pero si fuimos novios –escuchó que le contestaba el joven.
Así que ese era el tal Shinnosuke y había sido novio de Akane. Entonces, podía suponer que el fabuloso plan de ese chico era acercarse a Akane para tratar de reconquistarla; era eso o él había sacado conclusiones equivocadas. Frunció aún más el ceño y empuñó ambas manos.
-Eso es –escuchó que decía Akane-, lo fuimos y ahora no somos nada, por lo tanto, no quiero que te tomes esas licencias conmigo.
-Pensé que podrías darme una oportunidad para recuperar lo que tuvimos, Akane… yo, me arrepiento de haberte pedido que termináramos y…
-Hace más de un año que terminamos nuestra corta e insignificante relación, como tú mismo la describiste, y te recuerdo que no fue decisión mía. Confieso que después de eso no pensé que encontraría a alguien que me hiciera feliz, pero te puedo decir que finalmente lo encontré y no sólo soy feliz a su lado, sino que también descubrí que nunca antes había querido a alguien de la forma en que lo quiero a él.
Fue como si toda la tensión que había sentido hasta ese momento se esfumara de golpe al escuchar esa declaración. Su corazón comenzó a latir con fuerza y buscó apoyo en la pared, escondiéndose para seguir escuchando aquella conversación, pero la angustia que había sentido hasta ese momento se evaporó y en su lugar quedó un grato sentimiento de ternura.
-Sí, lo sé –escuchó que decía el sujeto con un tono socarrón-. Sayuri me habló de tu noviecito del metro. ¿No es poco tiempo para que digas que le quieres tanto?
-No, porque ahora sí estoy segura de lo que siento y también sé que lo que sienten por mí es igual de intenso.
-Akane Tendo y su sentimental sermón. ¿Por qué nunca me dijiste algo así?
-Porque no lo merecías –sentenció haciendo que Ranma abriera mucho los ojos. Escuchando esa conversación creía empezar a entender el porqué de todos los temores que había manifestado su novia al entregarse a una relación-. Tú nunca me quisiste de la misma forma que yo lo hice, Shinnosuke, y aun así puedo decir que lo que siento por mi novio es muchísimo más intenso que lo que alguna vez llegué a sentir por ti. Ahora, si me disculpas, debo ir a ver a Yuka para terminar de ayudarles. Tu prima merece tener una linda sorpresa hoy.
Ranma escuchó los pasos acercándose y se apresuró en alejarse de aquel lugar para luego fingir que se encontraba buscando a alguien en la sala. Vio que Akane sonreía y se acercaba casi corriendo a darle un abrazo. Sonrió y por fin pudo respirar con tranquilidad.
-¿Me extrañabas? –la escuchó preguntar de forma ahogada por la posición en la que ella tenía apoyada su cabeza en su pecho.
-Un poco –mintió ganándose un pellizco en las costillas-. Además de diablillo eres violenta –terminó de decir soltando una risita al tiempo que le devolvía el abrazo.
No pasó mucho tiempo para que sus ojos enfocaran la figura parsimoniosa del ex novio de Akane acercándose al lugar en donde ellos se encontraban. Sonrió de medio lado y acercó todavía más el cuerpo de la menuda mujer hacia sí al mismo tiempo que acariciaba sus cortos cabellos, comprobando que el tipo observaba la escena con el ceño totalmente fruncido.
-Debo ir a ver a Yuka y al novio de Sayuri –dijo ella arrastrando las palabras, como si no quisiera separarse de él-. ¿Me acompañas?
-Adonde tú quieras.
Ella se separó y él pudo observar el brillo en sus ojos y su enorme y dulce sonrisa. Estaba enamorada, no había duda, ella lo amaba al igual que él la amaba a ella. Podía verlo en sus ojos y sentirlo con cada acción que ella realizaba; no importaba que ella no se lo hubiera dicho y tampoco importaba que hubiera evitado que él se lo dijera a ella, para Ranma había quedado claro que ella compartía sus sentimientos y eso lo hacía el hombre más feliz sobre la faz de la tierra.
-Vamos –le dijo entrelazando su mano con la de él y guiándolo hacia el jardín en donde la esperaban sus amigos.
Minutos después, Ranma fue testigo de cómo su novia se acercaba a su amiga Sayuri y tapándole los ojos con sus manos la hacía avanzar hacia el centro del jardín, mientras Yuka hacía apagar la música y les indicaba a todos que debían entonar la canción de cumpleaños a la cuenta de tres. Todos obedecieron; Sayuri le exigía a su amiga una explicación de porqué debía permanecer con los ojos tapados mientras cantaban su canción de cumpleaños y aunque la mayoría esperaba que saliera alguien desde la casa cargando un pastel con velas encendidas, lo único que vieron fue al novio de Sayuri acercarse a la chica hasta quedar frente a ella. Cuando terminaron de cantar la canción nadie entendía nada, hasta que Akane apartó sus manos de los ojos de su amiga y ésta se encontró de frente con su novio quien sostenía algo pequeño en sus manos. Ranma no logró escuchar las palabras que el joven dijo, pero dio un salto al igual que la mayoría de quienes presenciaban la escena cuando Sayuri soltó un chillido de felicidad y gritando un ¡sí!, que se repitió por lo menos cinco veces, se arrojó a los brazos de su novio quien la recibió haciéndola girar en el lugar.
El joven de trenzados cabellos sonrió y aplaudió como lo hicieron los demás, luego vio cómo muchas personas se fueron acercando a la pareja para felicitarles, entre ellos los padres de la chica, quien, con evidente emoción, recibió los abrazos y buenos deseos de sus cercanos. Estaba a punto de ir a reunirse con su novia quien se encontraba dichosa cerca de Sayuri cuando sintió que alguien le daba un leve empujón al detenerse a su lado.
-Es una cursilería pedir matrimonio cuando se celebra un cumpleaños, ¿no te parece?
-¿Me hablas a mí? –contestó observando suspicazmente al individuo de ojos azules que se encontraba a su lado.
-¡Qué torpe soy!, no nos han presentado –dijo chasqueando la lengua-. Me llamo Shinnosuke y soy primo de Sayuri, la cumpleañera que acaba de aceptar la remilgada propuesta de matrimonio de su novio.
-Mucho gusto –se obligó a decir-, soy Ranma.
-Sé quién eres y con quién viniste –contestó el joven asintiendo mientras se llevaba un vaso a los labios.
-Si sabes eso, entonces puedo presumir que quieres decirme algo.
Lo vio sonreír de medio lado y dedicarle una mirada desdeñosa.
-Akane fue mi novia.
-Lo sé.
-¿Ella te lo dijo? –preguntó asombrado.
-No, lo averigüé gracias a unos primos tuyos y de Sayuri. Akane jamás te ha mencionado.
-Puede que sea porque aún no te tiene tanta confianza.
-O puede que sea porque ni siquiera te recuerda –rebatió, sonriendo en su mente al ver que el tipo esbozaba una mueca de desagrado.
-Como sea, sólo quiero darte un consejo.
Ranma se cruzó de brazos y frunció el entrecejo. Había tenido bastante paciencia con el sujeto porque sabía que se encontraba en una celebración en donde no conocía prácticamente a nadie y no era prudente prestarse para formar un escándalo; además, el famoso ex novio parecía haber bebido más de lo recomendado y a él no le apetecía enfrentarse a alguien pasado de copas. Lo que menos quería escuchar el artista marcial era a un dolido y despechado ex novio diciéndole cosas como "cuídala mucho" o "te estaré vigilando por si llegas a dañarla".
-No necesito tus consejos, gracias –se obligó a decir-. Y no tienes que preocuparte porque cuidaré de ella como… -se interrumpió cuando escuchó la estruendosa carcajada que salió de labios de su interlocutor.
-Perdón –consiguió articular dando un par de pasos para lograr estabilizarse-. No –continuó alargando la sílaba-, el que tiene que cuidarse de ella eres tú. Apuesto a que te ha mostrado su lado más dulce y amoroso, pero ten mucho cuidado, esa mujer es un témpano de hielo en cuanto a sentimientos se trata, jamás te hará feliz.
-Eso es algo que debo decidir yo –sentenció tratando de disimular su molestia al escuchar las palabras del sujeto-. No puedo decir que fue un gusto, pero debo retirarme.
-Te hará sufrir. Esa mujer tiene rostro de niña buena pero en realidad es una arpía que juega con los sentimientos de los demás, pero si tú quieres arriesgarte…
-Quiero arriesgarme, pero lo que no quiero es volver a recibir un consejo tuyo y mucho menos escucharte hablar mal de Akane, porque la próxima vez que lo hagas no me contendré y te enseñaré que aunque te sientas despechado, eso no te da derecho para expresarte mal de quien fue tu novia.
-Habló el galán enamorado.
-Eres patético.
-Ranma.
Volteó su rostro y le dedicó una tierna mirada a la chica que lo había llamado, transmitiéndole seguridad.
-¿Todo bien? –la escuchó preguntar con temor mal disimulado.
-Mejor que nunca. Justo iba a buscarte –dijo tomándola de la mano para comenzar a alejarse de ese lugar-. Que estés bien, Shinnosuke.
No esperó a escuchar su respuesta, avanzó a grandes zancadas seguido con dificultad por Akane hasta que encontró un lugar más tranquilo.
-¿Qué te dijo? –escuchó que preguntaba ella en un susurro.
-Nada importante.
-Es mi ex novio y no se caracteriza por ser una persona muy sociable, por lo que intuyo que pudo decirte algo desagradable y…
-Lo que me haya dicho no tiene ninguna relevancia, Akane, y no cambiará en nada lo que siento por ti.
-Estaba tratando de pedirme que reconsiderara volver con él. Le dije que no porque ya tengo a alguien que me hace completamente feliz y creo que se molestó, por eso me preocupa lo que pudo haberte dicho.
-No te aflijas –contestó acunando el rostro femenino entre sus manos-. El tipo es un idiota y ni siquiera merece que hablemos de él o que tú te preocupes por lo que dijo o dejó de decir. Sólo me importa lo que tú opines o digas de nuestra relación, lo que opinen o digan los demás no influirá jamás en lo que siento por ti.
La vio sonreír y abrazarse fuertemente a él, así que él la recibió y la cobijó entre sus brazos permaneciendo en aquella posición por un par de minutos hasta que ella volvió a hablar.
-¿Nos vamos, Ranma?
-Creí que te quedaría con Sayuri.
-Creí lo mismo, pero las cosas cambiaron con eso de la petición de matrimonio. Seguramente ella tiene planes con su novio y yo no voy a estorbarle.
-Está bien, pero, ¿de verdad no quieres quedarte un rato más?
-¿Tú quieres quedarte? –preguntó mirándolo directamente.
-No –reconoció un poco incómodo-, me hubiera ido hace horas.
-¿Y por qué no lo dijiste?, ¿lo pasaste mal?
-No, estando a tu lado no hay forma de pasarlo mal, pero, no me gustan muchos las reuniones sociales.
-Viniste sólo para acompañarme –afirmó.
-Ya te dije que iría contigo hasta el infierno.
-Bueno, por ahora quiero que me acompañes a despedirme de mis amigas y salgamos de aquí.
-¿Quieres que pida un automóvil?
-No, lo pediré yo –contestó tomándolo de la mano para hacerlo avanzar tras ella.
Luego de despedirse de las personas más cercanas a Akane y de que Sayuri la llamara al interior de la casa, él le dijo que la esperaría en la puerta de entrada para ver si llegaba el vehículo que habían solicitado. Akane salió justo en el momento en que llegaba el automóvil que los trasladaría. Ambos subieron acomodándose en el asiento y cuando ya habían recorrido unas cuantas cuadras fue cuando Ranma se percató que no iban por el camino que los llevaría a la casa de Akane.
-¿Diste la dirección correcta? –le susurró a la chica.
-Sí.
-Pero este no es el camino a tu casa.
-No –confirmó-. No lo es porque le di tú dirección –dijo bajando lo que más pudo el tono de su voz-. Pretendo pasar el resto del fin de semana a tu lado… a menos que tú no quieras –terminó de decir muy suavemente.
La confesión lo tomó por sorpresa y la vio bajar el rostro un tanto azorada. Se acercó hasta su oído y le habló en susurros.
-Por supuesto que quiero –dijo acariciando la punta de los cortos cabellos con los dedos de su mano-. Pasaría el resto de mi vida a tu lado.
-De momento será sólo un día –contestó sonriendo y acurrucándose en sus brazos.
Cerró los ojos y la envolvió en un abrazo, no pudiendo hacer nada para borrar la sonrisa que se instaló en sus labios.
Era extraño para Ranma ingresar a su apartamento de la mano de su novia. No es que fuera la primera vez que ella lo visitaba y tampoco era la primera vez que se iba a quedar con él, pero la expectativa de permanecer juntos durante el resto del fin de semana había logrado alterarlo un poco. Sería la primera vez que estarían juntos por tanto tiempo y ciertamente quería causar una buena impresión, por lo demás, la única vez que ella se había quedado en su casa, había terminado durmiéndose en sus brazos, por lo que él le había cedido su cama, sintiéndose un poco frustrado al comprobar que sus planes se habían visto malogrados, sin embargo, ahora… ¿qué debía esperar para esa noche?, ¿sucedería igual que la otra vez y tendría que conformarse con verla dormir?; tragó saliva justo antes de sacar sus llaves para abrir la puerta. Lo mejor sería esperar, dejar que ella marcara el ritmo de cómo quería que siguieran las cosas entre ellos.
Cuando cruzaron la puerta del apartamento y él encendió la luz, ella soltó su mano y avanzó hacia el sillón en donde se había quedado dormida la única vez que había pasado la noche allí. La vio dejar sobre el sillón un bolso pequeño que hasta ese momento no había notado y luego darse la vuelta para mirarlo, apoyando su cuerpo en el respaldo del sillón.
-No saliste con eso de tu casa –comentó indicando el bolso.
-Lo tenía en casa de los padres de Sayuri –contestó encogiéndose de hombros-. No esperarás que pase el resto del fin de semana enfundada en un vestido de fiesta y con zapatos de tacón.
La vio llamarlo a su lado con un movimiento de su mano y se acercó pausadamente hasta quedar de frente, rodeando su cintura antes de contestar.
-Tenías todo esto planeado ¿no? –la vio asentir al tiempo que subía ambas manos por su torso en una suave y parsimoniosa caricia que le hizo estremecer-. De haber sabido que pensabas quedarte conmigo te hubiera prestado una de mis camisas para que estuvieras más cómoda.
-Podría decidir utilizar una de tus camisas y dejar lo que traje sólo para regresar a casa si eso te hace ilusión –contestó sonriéndole coquetamente mientras se alzaba en la punta de sus pies para acercarse a sus labios y con sus manos acariciar los cabellos de su nuca en una clara invitación.
-Eres malvada –dijo acortando la distancia para arrebatarle un demandante beso que ella no tardó en corresponder-, y me tienes totalmente hechizado –terminó de decir alzándola para sentarla en el respaldo del sillón.
Sintió como ella alzaba sus piernas y las cruzaba tras su espalda, logrando así que la separación entre sus cuerpos fuera mínima. Luego de una sesión de besos que se prolongó por minutos y durante la cual sus manos se deleitaron acariciando la tersa piel expuesta de piernas, brazos y espalda, tuvo que detenerse porque sentía que debía preguntar, así que, haciendo a un lado el incontenible deseo de seguir recorriendo ese cuerpo que lo cautivaba, se obligó a levantar la mirada y llamar la atención de su novia acariciando dulcemente su mejilla.
-Akane –dijo apenas controlando el impulso de seguir besándola cuando la vio con sus cabellos revueltos, sus mejillas sonrosadas, sus labios levemente hinchados y esa mirada de profundo deseo-, tú quieres… estás segura que…
La vio asentir con un movimiento de cabeza y sonreírle dulcemente mientras con su mano derecha posicionada en su nuca lo instaba a acercarse a su rostro.
-Nunca he estado más segura de lo que quiero, Ranma –susurró por respuesta cerca de su oído haciéndole estremecer-. Llévame a tu habitación.
La separó un poco de sí y sonrió dulcemente al tiempo que se acercaba y depositaba un suave beso en su frente, luego la cargó en sus brazos con delicadeza, como si se tratara de la pieza de porcelana más frágil que existiera en el mundo. La escuchó exhalar un suspiro y acomodarse en su pecho al tiempo que le acariciaba el rostro.
-Creo que soy una chica muy afortunada –musitó-, tengo al novio más dulce que pueda desear.
-Podrías sorprenderte al descubrir que suelo ser muy apasionado –contestó dejándola en al piso puesto que ya habían ingresado en su habitación-, pero quiero que esta noche sea especial para ambos –se interrumpió para tomar una de las manos de ella y llevársela a los labios para depositar un dulce beso en la palma-. No quiero que nos entreguemos solamente para saciar el deseo abrasador que me domina cuando te tengo entre mis brazos, esta noche yo quiero amarte de verdad, Akane.
Pudo apreciar la emoción en sus ojos y la sonrisa soñadora con la que adornó sus labios hasta que le fue imposible resistir por más tiempo y reclamó los labios de su novia con un suave y delicado beso.
Para ambos fue como si cayeran en una especie de ensoñación largamente esperada. Lentamente, sin prisas y casi tímidamente fueron despojándose de sus ropas, prodigándose caricias pausadas y dulces besos en cada parte que iba quedando descubierta de sus cuerpos y sin darse cuenta fueron cayendo en una sensual danza de seducción que concluyó sólo cuando terminaron desnudos sobre la espaciosa cama. Casi como si fueran víctimas de un embrujo permanecieron observándose con ternura, besándose con suavidad, acariciándose entre temblores al reconocer sus cuerpos con sutiles caricias que quemaban su piel y les hacían estremecer. Era como si ya hubieran compartido aquel momento en otra época, sus cuerpos se reconocieron como si en el pasado ya se hubieran amado y ahora simplemente se hubieran vuelto a encontrar. Fue así como se entregaron mutuamente y fue así como compartieron esa primera vez juntos en una noche que para ambos fue maravillosa… Hasta que llegó la mañana con su luminosidad.
Su primera reacción al abrir los ojos esa mañana fue la de buscarla, porque no quería imaginar que todo lo que había vivido la noche anterior se tratase de un simple sueño, así que volteó su rostro a su izquierda y ahí la vio, acurrucada en posición fetal, con sus cortos cabellos en desorden y una dulce expresión en el rostro. Sonrió y volteó su cuerpo para quedar de frente a ella; apoyó su cabeza en su brazo y con su mano libre comenzó a trazar suaves caricias por el brazo descubierto de su novia, rememorando todo lo que había sucedido entre ellos la noche anterior. Su sonrisa se hizo más amplia al recordar cómo después de haberse concretado su primera entrega mutua, habían terminado sucumbiendo a la pasión sin pudores ni recelos de ningún tipo, haciendo que esa noche fuera simplemente extraordinaria.
Su corazón aumentó las pulsaciones cuando fue testigo del despertar de su ángel del metro. La vio estirar sus piernas que hasta ese momento permanecían flexionadas, la vio parpadear un par de veces y la vio llevarse una mano a sus labios reprimiendo un bostezo, luego le regaló una espléndida sonrisa que pareció iluminar toda la habitación.
-Mi ángel sonríe –murmuró-, señal de que ya salió el sol.
-Tonto –contestó acariciándole la mejilla.
-Buenos días, Ranma, ¿cómo dormiste? –dijo de forma burlona-. Así esperaba que me saludaras hoy –terminó de decir acariciando sus cabellos y su mejilla.
-Y yo pensé que esperabas que te saludara con un beso.
-Esa es una mejor idea –sonrió, acercándose un poco más hacia ella para plantarle un repentino beso en los labios-. Buenos días, ángel.
-Buenos días, diablillo –contestó desordenándole el flequillo.
-¿Diablillo?
-Anoche demostraste ser tan travieso y revoltoso como un diablillo –dijo totalmente sonrojada al recordar ciertas escenas vividas con su novio.
-Anoche fue la noche más maravillosa que he tenido oportunidad de vivir.
-¿Tanto así? –él asintió en silencio-. Exageras.
-No puedo exagerar algo que es totalmente verdad. Akane, yo nunca me había sentido así con nadie.
-Tampoco yo –la escuchó susurrar escondiendo la mirada.
-Creo que sabes por qué –la vio negar suavemente y sonrió. Al parecer, ella ahora estaba dispuesta a escuchar las palabras que le había impedido decirle hacía semanas atrás-. Bueno, deberías saberlo.
-¿El qué?
-Que este diablillo tonto está completamente enamorado de ti –susurró-. Te amo, Akane, y te amo con tanta intensidad que hace que todo lo que experimento a tu lado sea simplemente maravilloso, incluyendo nuestra primera noche juntos.
-Tú eres maravilloso –la escuchó musitar acercándose más hacia él hasta que quedó casi tocando su nariz con la de ella-. También te amo –continuó visiblemente emocionada-. Te amo tanto que me asusta, porque jamás pensé llegar a amar a alguien tan profundamente y…
Robándole un beso logró que no siguiera hablando, ya que ciertamente él también se sentía asustado de sus propios sentimientos, porque si su relación no funcionaba en un futuro, tenía muy claro que ambos terminarían sufriendo como quizá nunca lo habían hecho, pero se negaba a pensar en ello porque lo que estaba viviendo era tan maravilloso que creía que nada lo podría destruir.
-No pensemos en esas cosas –dijo acariciando su mejilla cuando logró separarse de sus labios.
Sintió como ella se acurrucaba en su abrazo y exhalaba un suspiro acomodando mejor su cabeza en su pecho desnudo.
-Me gustaría amanecer todos los días así, a tu lado –le escuchó decir.
-Podríamos hacerlo si tu quisieras –contestó sonriendo ante la idea-. No digo que sea ahora, pero quizá más adelante, cuando ingreses a la universidad sería una buena idea que pudiéramos vivir más cerca del centro, en un apartamento compartido.
-¿Vivir juntos?
-Sí.
-Pero cómo lo haríamos.
-Faltan meses para eso pero… Mira, éste apartamento es mío, yo podría venderlo y comprar otro que estuviera cerca de donde vayas a estudiar. Además, para esa fecha estaré trabajando junto a tu padre y en otros lugares también, y déjame decirte que no me va nada mal, así que con mis ganancias y el aporte de tu trabajo no tendríamos porqué pasar zozobras económicas y…
-Es un proyecto ambicioso –le interrumpió.
-No te gusta la idea –dijo algo abatido.
-¡Por supuesto que me gusta la idea! –exclamó alzándose de pronto, dejando todo su torso al descubierto-. Me parece algo apresurado porque falta mucho tiempo, pero creo que sería fantástico que pudiéramos… ¿Ranma? –la vio voltearse rápidamente, totalmente sonrojada cuando se dio cuenta que él ya no la escuchaba porque se encontraba concentrado única y exclusivamente en deleitarse con la vista que ella le regalaba de sus redondeados y apetecibles senos desnudos.
-¿Qué pasó? -dijo asustado, acercándose rápidamente a ella.
-Me estabas mirando -dijo con su voz amortiguada al tener su boca cubierta por el cobertor.
-Por supuesto que lo hacía, ¿hice mal?
-No, pero… me da algo de pudor que lo hagas.
-Anoche hice algo más que sólo mirar -susurró en su oído al tiempo que acariciaba su brazo expuesto.
-Anoche casi no había luz -rebatió girando su cuerpo para quedar frente a él.
-Akane, eres bellísima, no tienes porqué avergonzarte de que yo admire tu cuerpo, que lo desee y que anhele hacerte el amor.
La vio sonreír tenuemente para luego acariciarle los cabellos que caían por su frente, bajando por su mejilla hasta llegar a depositar su delicada mano sobre su hombro.
-Tendré que acostumbrarme -susurró-. Es la primera vez que alguien me observa con tanta intensidad y me transmite sólo con mirarme que no sólo quiere calmar su pasión, sino que también quiere amarme y quizá pertenecerme… como yo quiero pertenecerle a él.
-Es exactamente eso. No sé cómo lo hiciste, pero lograste hacerme dependiente de ti -contestó acercándose para depositar un suave beso en sus labios-, pero si te incomoda algo como lo que acaba de pasar, sólo tienes que decírmelo y no lo volveré a hacer.
-No me incomoda -dijo negando con un movimiento de su cabeza-, sólo se sintió extraño e intenso.
-Bueno, entonces…
Lo que iba a decir murió en sus labios al escuchar el sonido de su teléfono móvil. Frunció el ceño y comenzó a buscar con la mirada dónde podía encontrarse el aparato hasta que lo vio vibrar en el suelo a un costado de la cama. Se estiró para levantarlo y al ver el nombre en la pantalla desvió la llamada y dejó el aparato en la mesita de noche.
-Nada importante -dijo para justificar su acción.
-¿Qué hora es?
-Las nueve.
-Creo que deberíamos levantarnos -dijo sentándose en la cama al tiempo que se cubría con la sabana.
-Es temprano.
-¿No piensas invitarme a desayunar? -preguntó burlonamente.
Ranma soltó una sonora carcajada y asintió al tiempo que se acercaba a ella dándole un beso en la mejilla.
-Prepararé el desayuno -dijo acercándose nuevamente a la orilla de la cama para tomar su ropa interior, vestirse y dirigirse hacia el armario desde donde sacó una muda de ropa completa-. Usaré el baño de visitas y tú puedes quedarte con el principal -terminó de decir avanzando hacia la puerta de la habitación, sin embargo, sonrió al ver la mirada asombrada que le dedicaba su novia al verlo avanzar semidesnudo por la habitación. El evidente sonrojo de la chica tampoco pasó desapercibido para el artista marcial, por lo que en una acción malévola se devolvió exhibiendo así su bien torneado cuerpo y tomó desde la mesita de noche su teléfono el cual movió en su mano frente a su novia y luego desanduvo sus pasos para salir de la habitación con una sonrisa triunfal en los labios.
Luego de salir de su habitación se dio una ducha rápida y salió del pequeño baño de visitas vistiendo sólo un pantalón deportivo y con la camiseta de tirantes en una de sus manos, mientras secaba con su otra mano sus largos cabellos con la ayuda de una toalla. Cuando llegó a la cocina ya había terminado de trenzar sus azabaches cabellos y se encontraba pensando qué podía preparar para desayunar cuando escuchó que llamaban a la puerta.
Se extrañó que un domingo alguien fuera a su casa tan temprano porque ciertamente, la única que se le ocurría que podía hacer algo así era su madre. Salió de la cocina y sonrió al escuchar el sonido que emitía el agua de la ducha al pasar por el pasillo que conectaba con su habitación, hizo un movimiento con su cabeza para alejar las imágenes que lo asaltaron de pronto y avanzó hacia la puerta rogando a todos los dioses que no se tratara de su madre. Llegó a la puerta terminando de ponerse su camiseta y justo cuando se dejaban escuchar nuevos golpes. Su sorpresa fue enorme cuando abrió la puerta y la vio de pie frente a él, vestida como si se hubiera escapado de un escaparate de una tienda dedicada al running. Frunció el ceño y se cruzó de brazos.
-¿Qué haces aquí, Ukyo? -dijo con un molesto tono de voz.
-Vine a ver si quieres acompañarme a correr. Te conté que me inscribí para una maratón que se realizará en un par de meses y necesito entrenar.
-Sabes que no me gusta correr y sabes que me gusta menos el que te presentes en mi casa sin avisar.
-Pero es domingo y no tienes nada mejor que hacer, Ranma.
-¿Cómo sabes qué es lo que tengo que hacer y lo que no?
-Bueno, tu padre ayer me dijo que…
-Mi padre no sabe prácticamente nada de mi vida y antes que insistas, estoy ocupado. No puedo ir contigo a correr, lo siento.
-Vamos, Ranma, no seas gruñón y acompáñame -dijo esbozando su mejor sonrisa-. Hace un lindo día y te hará bien correr un poco.
-Ya te dije que estoy ocupado. No puedo, no insistas.
-¿Ocupado haciendo qué?, ¿viendo alguna serie en streaming?
-No te interesa. Ahora, gracias por la invitación, pero si me disculpas, debo volver adentro.
-¡Eres insoportable! -exclamó furiosa-. Agradece que somos amigos desde niños porque de lo contrario te abofetearía aquí mismo por desatento.
-Pues para otra vez asegúrate de invitarme con antelación.
-Aun si así lo hiciera te negarías -le acusó.
-Probablemente -contestó con una media sonrisa en los labios-. Nos vemos mañana, Ukyo.
La vio darse la vuelta sin contestarle, totalmente ofendida ante su negativa de ir con ella. Suspiró y cerró la puerta cuando la vio desaparecer por el pasillo contiguo.
¡Cómo era de insistente esa chica!, debía hablar pronto con ella, contarle de su relación con Akane y ponerla en su lugar antes de que fuera demasiado tarde. No quería hacerla sufrir, pero…
Todo pensamiento coherente se esfumó de su cerebro cuando vio a su novia de pie mirando por el ventanal hacia el exterior, con los cortos cabellos húmedos y vistiendo únicamente una de sus rojas camisas chinas, la cual le llegaba hasta la mitad de sus muslos. Sonrió de medio lado y se apoyó en la pared.
-Te queda mejor a ti que a mí -dijo sacándola de sus pensamientos.
-Gracias -contestó sonriéndole para luego acercarse a él-. Espero que no te moleste, pero como ayer te mostraste tan ilusionado, quise darte una sorpresa.
-Por supuesto que no me molesta -dijo rodeándola por la cintura con uno de sus brazos mientras hacía un recorrido descendente con su mano libre desde sus cabellos hasta posar su mano en la primera amarra que mantenía la camisa cerrada-. El color rojo te sienta muy bien, pero… -se interrumpió y con delicadeza soltó la primera amarra dejando expuesta la piel desde su clavícula hasta el inicio de sus senos-, así está mejor.
-¡Eres un pervertido! -dijo riendo a carcajadas con esa risa cantarina que a él tanto le gustaba.
-Pervertido o no, tú me quieres -sentenció riendo junto a ella.
-Te amo -susurró cuando lograron parar de reír.
-Y yo a ti -contestó besándola dulcemente.
Continuaron en su mundo particular, sin saber que afuera del apartamento había alguien que, si bien no había escuchado la corta conversación, sí había logrado distinguir la voz de una mujer, había logrado distinguir la risa de una mujer y había comprendido qué era lo que mantenía ocupado al joven artista marcial del cual ella se sentía enamorada, sin embargo, no hizo nada, simplemente se retiró cabizbaja y totalmente abatida del lugar.
El dueño del apartamento nunca sabría que su amiga de la infancia se había enterado ese día y de la peor forma que él mantenía una relación con alguien más. Tampoco advertiría que la despechada chica comenzaría a indagar a escondidas para así idear un plan con el cual lograr recuperar lo que consideraba suyo por derecho. No, él no tenía cómo saber lo que comenzaba a planear su amiga de la infancia, porque se encontraba demasiado obnubilado por ese amor compartido que le hacía tan feliz.
-¿Me ayudas a preparar el desayuno? -preguntó separándose escasos centímetros del rostro de su novia.
-Si quieres morir intoxicado, yo no tengo problema -bromeó.
-¿En serio eres tan mala en la cocina? -dijo sonriendo.
-Un poco, sí… no te voy a mentir, en realidad soy muy mala.
-Entonces, yo lo prepararé y tú sólo observarás, pero luego quiero una recompensa.
-De acuerdo, te recompensaré con lo que tú quieras.
-¿Con lo que yo quiera? -contestó burlonamente mientras la hacía avanzar de la mano hacia la cocina-. Eso puede ser peligroso.
-No le temo al peligro.
-Bien, te cobraré la palabra.
-Cumpliré mi parte del trato -contestó poniéndose de puntillas para darle un beso en la mejilla.
La observó fascinado antes de comenzar a preparar la comida. ¿Era posible que tuviera tanta suerte para haber encontrado justo a su mujer ideal en un vagón de metro? La verdad, no sabía si había sido suerte o el destino había intervenido, lo cierto es que desde que la había encontrado su mundo había dado un vuelco favorable y ahora era inmensamente feliz. Si de él dependía nunca dejaría que ella se apartara de su lado, porque ahora comprendía que no sólo estaba enamorado de esa menuda mujer, sino que también la necesitaba a su lado para ser feliz y él no estaba dispuesto a renunciar a todo lo bueno que había encontrado junto a ella… pero el destino a veces suele ser traicionero y no faltaba mucho para que el artista marcial así lo descubriera.
Notas finales:
1.- Hola, con un capítulo un poquito más extenso de lo habitual, esta historia sigue avanzando para quien quiera leer. Y bueno, aparecen las nubes negras materializadas en forma de mujer para una historia que se ha caracterizado por ser demasiado romanticona (al menos para mi gusto)… cómo seguirá esto, ya veremos.
2.- Muchísimas gracias a quienes siguen comentando lo que escribo, no sólo en esta historia, sino también en otros proyectos. Lo que se escribe, se escribe con mucho cariño y es bueno saber que todavía hay personitas que me regalan un poquito de su tiempo al leer y sobre todo para comentar aunque sea con una palabra esta historia, así que muchas gracias por hacerlo. Esta vez quiero agradecer especialmente a: luceritoorozco07, chimiusa y a Benani0125, de verdad, muchas, muchas gracias por comentar.
Será hasta una próxima actualización.
Un abrazo y que estén muy bien.
Madame…
