Notas: Hola! Espero que disfruten esta historia, está algo OOC pero conserva ciertas características originales. Mi parte favorita es que personajes que ya no estaban tienen participación porque es imaginar cómo hubiera sido su vida y sus relaciones, en otro mundo y en otra línea de tiempo...
Disfruten, comenten y espero continuar pronto!
The Rise
Mayo, Tokio, 1967.
Estoy a punto de abordar mi avión, sentada con mi carry on y mi mochila con sólo 4 cosas: un libro de Truman Capote que tomé de la casa de Byakuya, el LP de You Belong to Me de Dottie Evans y Audrey Marsh y el diario que él me regaló, además de una pluma que tomé de último momento. Tengo el corazón latiendo en la garganta y no puedo tragar saliva, me obligan a dejar todo otra vez. ¿Qué puedo hacer para alejar este sentimiento?
Saco el diario y empiezo a escribir. ¿Título? No sé, es una carta que le estoy escribiendo a él porque es a quién más voy a extrañar y es quién me preocupa...
1era carta:
Me tengo que despedir y no hay manera en la que no duela. Hace unas horas miré por la ventana y vi sus rostros, y aún así entre ellos no estaba el tuyo, en cuanto el auto aceleró, se volvieron borrosos.
De haber sabido cómo terminarían las cosas, lo único que hubiera hecho diferente sería el haberte dicho lo que sentía y no haber estado ahí esa fatídica noche.
En retrospectiva, la familia es una parte elemental de quién eres y hacia dónde vas. En mayo sólo podía pensar en que mi hermana se casaría y que dejaría el hogar familiar, sólo podía pensar en que me dejaría sola y eso era algo que no estaba lista para afrontar. Jamás me pasó por la cabeza conocerlos para después extrañarlos y ahora lo único que sé es que tú aún no has despertado y que no estaré ahí cuando lo hagas (espero que suceda).
Llegar a otro país a vivir no es fácil, hay costumbres que no siempre vas a entender, pero entiendas o no, la ley es la ley.
Cierre de carta, ya es hora de abordar el avión, guardo todo y empiezo a avanzar en automático con pasaporte en mano y un nuevo dolor de estómago recordando que la última vez que estuve aquí, tú y yo no nos conocíamos pero estabas esperando por mí y yo por ti.
Mayo, California, 1966.
¡ZAZ! Se abre una puerta estruendosamente, era mi mamá.
- Deberías empezar a empacar, te vas por un año completo y no te veo en lo más mínimo interesada. Pensé que te emocionaría ir con tu hermana y ser más independiente. - dijo la ruidosa señora, al tiempo que entraba azotando mi puerta, aventando la ropa del piso hacia mi cama y abriendo las cortinas casi arrancándolas.
- Ay mamá, en esta casa no dejan descansar. Recuerda que no voy sólo con ella, también va a estar Byakuya… - contesté cubriéndome la cara con mi almohada.
- Pero él te agrada, ¿no? - Mi madre siempre buscaba ser conciliadora en todo, en ese momento me parecía enfadosa su costumbre de buscarle el lado positivo a las cosas. - Lo mejor es que acompañes a tu hermana, ya sabes… cambiar de aires para ver si así terminas la preparatoria con mejores calificaciones, no será fácil colocarte en una buena universidad si continúas con tu actitud errática y malas compañías.
- Ya, mamá, yo veré cómo lo resuelvo… y no tengo malas compañías.
- ¡Eres irremediable! Te vas a ir con ellos y más vale que lo aproveches. - me quita la almohada, me da un almohadazo y se va diciendo un escueto "Kaien te espera en la terraza".
Ya tomé mi asiento en el avión, la cereza del pastel, me tocó en medio, pero creo que es mejor así, no quiero ver por la ventana cómo me alejo de este país donde dejo a mi hermana, algunos amigos y medio corazón…
Continuo escribiendo:
Cuando iba camino a este país recuerdo que me permití llorar de enojo, mis padres no quisieron escucharme, simplemente tomaron una decisión y ahora tuve un extenuante viaje en avión (12 horas aplanándome el trasero entre vuelo y vuelo). No quería quedarme en casa, no quería estar sola, no quería estar en ningún lugar… en realidad me ponía muy difícil, me sentía el bicho más raro.
No quería crecer, pero tampoco quería estar en casa. No quería ir a la escuela pero también quería hacer algo de mi vida. Ya no podía más con mi mal humor y estar insoportable incluso conmigo.
Cierre de carta
Mayo, Tokio, 1966.
Fuimos una visión fuera de lo común en el barrio de Shinjuku. Dos chicas muy parecidas en scooter dress bajaban de un Thunderbird 1965 azul con un hombre mucho más alto que ellas vistiendo una camisa a franjas y pantalones acampanados blancos, los tres con lentes de sol circulares. Una completa caricatura del youthquake de los años 60's.
- Será un verano muy caluroso. - Comentó Byakuya mientras bajábamos el equipaje de su auto, nos condujo a la casa de su familia. Podíamos escuchar a las cigarras y sentir la brisa tibia que se colaba entre nuestro cabello.
Hisana y su prometido hablaban y yo sólo observaba la casa, era una increíble copia del diseño de Lloyd Wright para la casa William Fricke.
- Estoy seguro de que te va a gustar aquí, como amante del arte vas a encontrar mucho que hacer. - Me dijo Byakuya sacándome de mis pensamientos y abriendo la puerta para dejarnos entrar primero.
- Puede ser… - he de admitirlo, la casa era increíble, el calor durísimo y la biblioteca enorme.
La primera semana en casa de la familia Kuchiki había sido para desempacar y explorar hasta el último rincón de aquella casa llena de recuerdos que no eran míos.
Mi casa en Los Ángeles era la clásica casa campirana en medio de los suburbios de clase media alta, con un jardín enorme donde me solía reunir con Kaien y sus amigos. La pasábamos bien, hasta que un día la mucama encontró una bolsita de mariguana que habían guardado en el bolsillo de uno de mis vestidos… claro que no era mío, ni de Kaien, pero mis padres se preocuparon muchísimo y consideraron alejarme de ellos.
Me hice una nota mental, no hacer estupideces que me puedan afectar… nota que sirvió para dos cosas: nada y nada, pero esa era una lección que yo aún no aprendía del todo.
- ¿Qué ha hecho hoy Rukia?- Preguntó Hisana a una de las mucamas mientras recogían la mesa de la cena.
- Pasear por entre los cuartos, revisar la biblioteca y escuchar LP's todo el día…
No había salido hasta la segunda semana. Me inscribieron en la preparatoria metropolitana de Tokio, empezaba clases hasta septiembre…
- Vas a tener mucho tiempo libre, ¿qué harás hasta septiembre? - Preguntó Byakuya un sábado mientras los tres, Hisana, él y yo, tomábamos el sol en el jardín trasero, eran considerados al hacer cosas que eran de mi agrado, la verdad es que los quiero mucho, pero no siempre se los digo.
- No lo sé, pensaba salir a conocer la ciudad… conseguir un trabajo… estudiar… lo que sea mientras no sea dentro de esta casa, ya me la sé de memoria.
- ¿No te diviertes aquí que puedes haraganear a gusto sin que nuestros padres te regañen? - Preguntó Hisana con algo de sarcasmo y algo de verdad.
- Uff, eres insoportable. Pues sí, me gusta haraganear, - le enseño la lengua a mi hermana y ella me regresa el gesto.- pero no cuando me dejan todo el día sola en la casa.- Fin de la discusión. Era cierto, Byakuya se iba a trabajar y llevaba a Hisana con él pues a ella le parecía apasionante el mundo de la industria automotriz.
