Contiua la historia, gracias por leer y no olviden comentar!
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The Rise II
Junio, Tokio, 1966.
Una mañana decidí salir, caminé a la avenida principal y me perdí. Preguntando y caminando más aprendí a moverme en la ciudad. Disfrutaba muchísimo este barrio, pasaba mi tiempo en las galerías de arte y en el cine. Aunque no tenía amigos con quienes pasar el tiempo y aún me costaba un poco la cuestión del idioma, me divertía. Y bueno, sí tenía a una conocida/amiga que trabajaba en la dulcería del cine, una chica pelinaranja, alta y muy guapa..., ella era muy amable y la veía en su trabajo donde siempre conversábamos. Un día decidimos ir a tomar algo, ahí me presentó a su novio, un chico también muy alto, guapo (se parecía mucho a Kaien) y extrañamente pelinaranja como ella, él trabajaba en la clínica de su padre.
- ¡Parece que compartiremos curso en septiembre! - mencionó Orihime, la pelinaranja, con genuino buen humor. Ese día nos encontrábamos tomando malteadas en un café cerca del cine donde ella trabajaba, la pasábamos muy bien hasta que su novio pelinaranja pasó su brazo sobre el hombro de Orihime para después dirigirse a mí mientras yo batallaba con no sentirme el mal tercio.
- Quizá deberíamos presentarte a los demás, te van a caer bien y así practicas más tu japonés, tienes muchos errores de formalidad.
- Mira quién lo dice, "señor tuteo al heredero Kuchiki"... - los tres reímos al recordar lo incómodo que fue para Byakuya cuando me llevó al café e Ichigo lo saludó con su personalidad de adolescente pelado y de vez en cuando soez. - Además aquí todo es muy diferente, en casa tenía un novio y un auto… aquí siento que todos son muy formales y el día a día no se parece a lo que yo hacía.
Continuación de carta:
No es que la barrera del idioma me alejara de la sociedad, por supuesto que no, viniendo de una familia multicultural (padre japonés y madre americana), pero prefería estar sola, era cansado (y a veces frustrante) equivocarme tanto con las convenciones sociales, ya me daba pena entrar a la tienda de autoservicio que estaban cerca de casa.
Estaba feliz de haber encontrado a Orihime y a Ichigo, son personas muy amigables, honestas y congeniamos muy bien. Me daba mucha ternura cómo se comportaban el uno con el otro, después de 6 meses de relación, seguía pareciendo el primer día. No eran como tú y yo, que tuvimos casi 1 año juntos pero cautelosos, me arrepiento de todas las veces que te rechacé y aún me duelen las veces en las que tú me lastimaste sin saber que lo hacías. Nos hubiéramos ahorrado todo eso y pasar a los besos desde el principio.
Después conocí al resto, era claro el porqué de su amistad, lo que los unía era lo genuinos que eran y el peso que le daban a la confianza entre ellos. El día que te conocí fue un día muy extraño, pero sé que algo había ahí… no lo sé describir, pero de una u otra forma me recordaste al día en que conocí a Kaien en la escuela, era amigo de Hisana y fue instantáneo pero complicado, él es más grande que yo. Mientras yo empezaba la preparatoria, él la estaba terminando, pero eso no nos detuvo para vivir una relación un controversial pero muy buena.
En cambio tú y yo, aunque somos de la misma edad podemos ser muy diferentes. Tu familia trabaja duro y con rogullo para conseguir las cosas, tú admiras a mi cuñado y eres muy tímido pero ruidoso, voy a extrañar tu sonrojo y tu risa. Eres tan valiente, dulce, amable, torpe, alto y tantas cosas que yo también quiero ser.
Lamento lo que te pasó por mi culpa, te pido perdón, me siento terrible por lo egoísta que soy. Yo te voy a extrañar, pero las personas que te quieren y que se quedan contigo… no puedo ni imaginar la tristeza que sienten. Siempre fuiste muy popular y amable (digno de amor).
Cierre de carta.
Junio, Tokio, 1966.
Una noche, por fin salimos los 3, Hisana, Byakuya y yo, a decir verdad no fue nada divertida esa parte, pero sí la siguiente.
Fuimos a Shibuya, a un bar muy elegante y claro que a los adultos les gustó, ¿pero yo qué? No fumo y no puedo beber nada, al menos no delante de los adultos. ¿Qué chiste tiene ir a un bar si sólo voy a estar sentada viendo como mi hermana y su prometido beben y conversan con otros adultos en el lugar? Se agradece la buena intención, pero de buenas intenciones no se vive. Suspiré por décima vez, me levanté y dije:
- Saldré un momento, necesito aire fresco. - Le dije a Hisana, ella me sonrió y asintió para después seguir conversando.
Ya afuera, inhalé profundamente, me senté en la banqueta y recargando los codos en mis rodillas para ahí acomodar el mentón entre las manos exhalé el aire que estaba conteniendo.
Al día siguiente, estábamos en el cine conversando como siempre, le conté a la pareja pelinaranja sobre el lugar al que había ido anteriormente con Hisana y su prometido.
- ¡Qué aburrida estuve! Es lindo que me lleven a todos lados, pero agradecería más que vayan a sus citas sin mí de chaperona.
- Más que chaperona, eres su mal tercio. - me dijo Ichigo picándome el orgullo donde más me duele, no tuve más remedio que patear su espinilla. - ¡Auch! La más feral, por eso no te dejan sola en casa.
- Hoy es viernes, podemos salir después de mi trabajo, ¿qué opinas, Rukia? ¿Tú puedes, Ichigo? - dijo Orihime alegre mientras Ichigo esquivaba el servilletero que le lancé.
Ambos asentimos e incluso yo propuse pasar por ellos a casa de Ichigo. La pareja acordó en llevarme a su bar favorito, Chat Noir, y presentarme al resto de sus amigos.
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Última parte de la 1era carta
No puedo dejar de llorar, de dolor por cómo me fui y de alegría por haber coincidido contigo en esta vida. El día que te conocí fue una serie de tonterías y sin sentidos.
Byakuya me prestó su auto, conduje a la clínica Kurosaki, conocí a la inusual (?) familia de Ichigo y nos dirigimos a un antro que me hizo dudar el dejar el auto de mi cuñado en esa calle.
Nombres y presentaciones, Uryu, Chad y tú. Me hiciste muchas preguntas, me invitaste una cerveza (que después me vaciaste sin querer en el regazo) y te quedaste con las ganas de sacarme a bailar.
Me la pasé muy raro, bien pero con algo de remordimiento porque pensé mucho en Kaien y lo que sucedió es que me hiciste sentir como cuando estaba con él, pero a tu forma.
Ojalá hubiera hecho las cosas diferente, ojalá las hubiera hecho mejor, pero eso es lo lindo (y terrorífico) de vivir: aprender de todo lo que hacemos.
Reitero, me hubiera gustado decirte las cosas, haber hecho más y haberme quedado, pero no es nuestra realidad, sólo me queda decirte 2 cosas: gracias y te quiero para siempre, Renji.
Con cariño y buenos deseos,
R.K.
Cierre de mi carta para él
Después de esa noche, fuimos varias veces más al Chat Noir, y puedo decir que fueron las suficientes como para darme cuenta de que no se parecía en nada a los lugares que le recomendan a mi hermana, la música era más como la que escuchaba en mis LP's estadounidenses, la gente bebía cervezas y no whisky y muchas de esas personas se veían menores de edad... se veía bastante ilegal, en especial una mesa de jóvenes que se veían como graduados de preparatoria o ya en la universidad... Todos vestidos de blanco, raro...
Y bueno, al final algo muy lindo de los amigos hechos es que eran muy respetuosos de mi pasado, por lo que nunca tuve que explicarles qué hacía en Japón, lo único que me dijo Renji al conocerme fue la frase cliché: "¿qué hace alguien como tú en un lugar como este?"
