Capítulo 22

La enorme puerta de la muralla comenzó a abrirse lentamente, contrariamente al corazón de Isla, que latía tan apresurado que estaba segura de que desde fuera podrían escucharlo. Pero no solo latía así por temor a lo que pudiera acontecer, sino por el nerviosismo que le producía el hecho de volver a ver a Itachi después de esos días. Inconscientemente, llevó una mano al pelo para peinarlo. Estaba segura de que aspecto era un desastre y además de que su vestido estaba manchado, tendría el rostro con sangre seca, pero solo quería que Itachi mantuviera la calma y no se alterara al verla con ese aspecto tan desastroso.

Su padre aferró su brazo con fuerza y la empujó hacia la salida. A su lado caminaba Sasuke, el cual estaba amenazado por la espada, que mantenía el filo en su cuello para evitar que se moviera. Al otro lado de su padre marchaba Sasori en solitario, lo cual sorprendió a Sakura, ya que pensaba que Logan se uniría a ellos para hablar con los Uchiha. Sin embargo, cuando sus ojos intentaron buscarlo, no lograron encontrarlo.

Sakura fijó su mirada al frente y capturó la imagen que deseaba en cuestión de segundos. Un gran número de guerreros Uchiha los estaba esperando apartados de la muralla, pero listos para entrar en combate si los Haruno movían la primera ficha. Los ojos de Sakura se llenaron de lágrimas que apartó al instante cuando vio a Itachi liderando el grupo. A su lado estaba un sorprendentemente serio Shisui, que tenía la mano sobre la empuñadura de la espada.

Al instante, Itachi la miró y la joven sintió sobre ella el peso de su mirada. A pesar de la distancia que los separaba, lo vio apretar con fuerza la empuñadura de su espada hasta que sus nudillos se pusieron blancos y estuvo segura de que le rechinaron los dientes al ver las heridas de su rostro.

Inconscientemente, Sakura se adelantó un paso hacia él, deseando poder liberarse de su padre y correr hacia él para abrazarlo, pero la mano de Kisashi la sujetó con más fuerza y lo escuchó gruñir entre dientes.

—Si se te ocurre hacer un movimiento en falso, tu querido Uchiha morirá antes de lo que imaginas.

Sakura tragó saliva y tembló. Cuando apenas los separaban veinte metros, Kisashi paró, y junto a él todos los demás. La joven vio de soslayo que el guardia giraba alrededor de Sasuke para colocarse a su lado y ver todo en primera fila, aunque sin bajar ni un solo instante la espada del cuello del guerrero, que volvió a cuadrar los hombros y a adquirir una postura tensa, a la espera de atacar en cuanto tuviera oportunidad. Lo vio clavar la mirada en Itachi y asintió, haciéndole ver que se encontraba bien.

Sakura miró de nuevo al frente y apartó el pelo de su rostro, que se pegaba a su piel debido a la lluvia, que comenzaba a ser más intensa. En ese momento, la voz de su padre rompió el silencio que llenaba el páramo.

—¿Cómo os atrevéis a entrar en mis tierras sin mi permiso? —vociferó para hacerse entender. Sakura vio a Itachi entrecerrar los ojos y dio un paso al frente, adelantándose al resto.

—Esa es la misma pregunta que ronda por mi mente, Haruno, aunque esta vez he cruzado la frontera para recuperar algo que es mío.

La voz de Itachi sonaba diferente para Sakura. Nunca había escuchado en él esa voz tan negra, fiera, ardiente y peligrosa como aquella. Desde la distancia lo vio como si de un león se tratara. Su pelo también se pegaba a la frente y sus ropas parecían estar mojadas, lo cual lo hacían ver aún más violento y amenazador.

En respuesta, Kisashi lanzó una carcajada y sacudió a Sakura.

—¿Te refieres a ella? Te recuerdo que es mi hija, no te pertenece.

—Tanto a Sakura como a mi hermano los habéis traído en contra de su voluntad —vociferó—. Y he venido a reclamarlos. Si no quieres derramamiento de sangre, déjalos libres. En caso contrario, lucharemos a muerte.

Kisashi volvió a reír, secundado por Sasori.

—¿Sabes, Uchiha? Le he dado la oportunidad a mi hija para que podáis vivir o morir. Vuestras vidas han estado en sus manos durante todo el día. ¿Y sabes qué ha elegido? Vuestra muerte.

Sakura lo miró enfurecida y negó con la cabeza al tiempo que dirigía de nuevo la mirada a Itachi.

—Y aunque no quiero que sirva de precedente, volveré a preguntarle para que todos escuchéis el tipo de persona que es. —Las lágrimas de Sakura corrían por sus mejillas, confundiéndose con las gotas de lluvia y sus labios temblaron cuando cerró los ojos con fuerza—. ¡Sakura Haruno! ¿Rompes tu compromiso con Itachi Uchiha para que él y su gente vivan o, por el contrario, quieres que mueran?

A pesar de tener los ojos cerrados, Sakura sentía sobre ella el peso de todas las miradas de los allí presentes. La pregunta de su padre había sido clara, aunque el planteamiento era diferente a las otras veces para intentar convencer a los Uchiha de que ella tenía la culpa de su posible muerte. Al cabo de unos instantes de incertidumbre, la joven abrió los ojos y los fijó en Itachi. Al mirarlo tuvo la sensación de

que todo lo demás desaparecía a su alrededor, como si de repente hubieran dejado de existir. El guerrero la observaba con tranquilidad y cariño, dedicándole otra mirada de aquellas que le había regalado en la intimidad de su dormitorio y en las incontables veces que la había sorprendido y besado. Una mirada completamente diferente a lo que ella había conocido jamás en su vida y que la llenaba de alegría y felicidad.

Un carraspeo por parte de Sasuke llamó su atención, obligándose a volver al presente y al problema que les incumbía en ese instante. Sakura respiró hondo y miró de nuevo fijamente al guerrero.

—¡Jamás rompería mi compromiso con Itachi Uchiha, aunque mi vida dependa de ello!

Para sorpresa de todos, en los labios de Itachi se dibujó una amplia sonrisa, secundada por su hermano Shisui, en cuyo rostro se perfiló una expresión divertida.

—Ya lo has escuchado, Haruno —dijo el joven—. Esta vez has perdido, así que suéltalos.

Los dedos de Kisashi se clavaron en la carne de Sakura, haciendo que la joven torciera el gesto por el dolor y lanzara una exclamación.

—¡Te equivocas, Uchiha! Los sigo teniendo en mis manos, así que ven a por ellos.

Sakura retiró la mirada de Itachi y la dirigió a su hermano, cuyo movimiento extraño llamó su atención. Lo vio moverse con rapidez y tomar el arco que colgaba de su espalda, lo tensó con una flecha y apuntó directamente hacia Itachi. Con horror, comprobó que estaba dispuesto a dispararle, por lo que, armándose de valor, Sakura dio una patada en la espinilla a su padre y se lanzó contra su hermano.

—¡No! —gritó.

—¡Sakura! —La voz de Itachi sonó lejana, pero no hizo caso de ella, sino que aferró las manos de Sasori y, con todas sus fuerzas, levantó sus brazos al tiempo que el guerrero soltaba la flecha.

Sakura siguió con la mirada la trayectoria de la misma, pero gracias al movimiento que le había obligado a hacer a su hermano, la flecha se perdió en el horizonte, logrando salvar así la vida de Itachi. Su iracundo hermano se giró hacia ella y la golpeó con el codo, haciendo que la joven perdiera el equilibrio y cayera a sus pies.

—¡No la toques, desgraciado! —vociferó Itachi al tiempo que sacaba la espada—. ¡Por los Uchiha!

Itachi dirigió una mirada a Sasuke, que asintió seriamente y, con un movimiento rápido, le arrebató la espada al guardia, que lo miró sorprendido antes de que el guerrero clavara su propia espada en él. Para entonces, los Uchiha ya corrían hacia ellos y estaban a punto de alcanzarlos. Sasuke logró sortear a varios Haruno hasta llegar a Sakura. La joven, al ver que casi era pisoteada por los miembros de su propio clan, se había hecho un ovillo sobre la hierba a la espera de que todos la adelantaran y comenzaran a luchar.

—¡Sakura! —vociferó Sasuke mientras la ayudaba a levantarse.

La joven había dado un respingo cuando sintió en su brazo la férrea mano del guerrero, ya que pensaba que se trataba de su padre o su hermano, a los que había perdido de vista en cuanto cayó al suelo.

—¿Estás bien? —le preguntó Sasuke.

Sakura asintió y se dio cuenta de que estaban rodeados de guerreros luchando, tanto Haruno como Uchiha. En su rostro se dibujó una expresión de horror y pánico y miró a Sasuke.

—No te separes de mí —le pidió.

Y sin esperar una respuesta por su parte, el guerrero se giró para cruzar su espada con un Haruno que corría hacia él con la suya en alto. Sakura respiraba con fuerza. Miraba a su alrededor y todo lo que veía era horror, sangre y muerte. Había varios de los hombres de su padre caídos en el suelo y de cuyas bocas salía un borbotón de sangre. Al instante, desvió la mirada, intentando buscar a Itachi entre todos los guerreros, pero no lo encontró cerca de ella, sino muy alejado de ellos. Le habría gustado gritarle o correr hacia él para abrazarlo y sentirse por fin segura, pues en ese momento, aunque Sasuke la estaba protegiendo de varios guerreros de su clan, sabía que cualquiera podría matarlo.

La lluvia caía ahora con más fuerza y le impedía ver con claridad los colores de unos y otros. El pelo se le pegaba a los ojos y necesitaba apartarlo para enfocar la vista a su alrededor. El sonido de las espadas al entrechocar le ponía el bello de punta y notaba la espalda totalmente tensa.

De repente, Shisui entró en su campo de visión. Vio que de su costado salía sangre, aunque seguía luchando como si no sintiera dolor. Desde que lo conoció le había tomado cariño y no quería que le sucediera nada, por ello, cuando lo vio luchar contra Sasori, su hermano, Sakura lanzó una exclamación que tuvo que sofocar con su propia mano para que Sasuke no la escuchara, aunque estaba segura de que no la habría oído jamás, pues el ruido a su alrededor era ensordecedor.

Cuando volvió a buscar a Itachi lo vio sacar la espada del estómago de un Haruno y se giró para recibir al guerrero que menos esperaba la joven. Su padre había corrido hacia Itachi con la única intención de matarlo y estuvo segura de que pudo oír el sonido de ambas espadas al chocar ente sí, además del grito de rabia de su padre. A partir de ese momento comenzó una lucha entre ambos hombres que pareció

cautivar y hechizar a Sakura, impidiéndole ser consciente del peligro que se acercaba por su izquierda.

—¡Maldita seas! —vociferó alguien cerca de ella.

Como saliendo de una ensoñación, Sakura dio un respingo y miró hacia la voz que se dirigía a ella y cuando vio correr a un guerrero de su padre con la espada en alto dispuesto a atacarla, la joven lanzó un grito. Al instante, Sasuke se giró hacia ella.

—¡No! —lo oyó gritar.

Sakura comenzó a caminar hacia atrás sin poder apartar la vista del guerrero, cuyo nombre creía recordar que era Hidan. De soslayo vio que Sasuke acabó con la vida del guerrero que lo mantenía ocupado y justo cuando el joven corrió hacia ella, Sakura tropezó y cayó de espaldas sobre el cuerpo de un Haruno muerto, momento que aprovechó Hidan para levantar su espada con la intención de clavársela, pero cuando inició el movimiento, Sasuke saltó sobre él, lanzándolo lejos de ella.

Sakura entonces soltó el aire que había contenido y respiró hondo de nuevo para calmar sus nervios. Sentía que su estómago estaba tan revuelto que creyó que iba a vomitar, pero el suave olor a tierra mojada logró contenerla y calmarse. Aunque el sosiego le duró poco, ya que tras mirar a Sasuke luchando con Hidan vio que por detrás se acercaba corriendo otro de los hombres de su padre con la intención de atacar al hermano de su prometido por la espalda. Y tomó una decisión rápida. Sabía que no podía avisar a Sasuke, pues perdería la concentración, así que tras mirar al suelo y ver la daga del guerrero muerto junto a ella, la tomó entre sus manos con firmeza y se levantó, tomó la falda con decisión para evitar que se enredara entre sus piernas, y corrió para interceptarlo.

Ni siquiera Sasuke fue consciente del peligro que se le avecinaba, así que cuando se interpuso en el camino del guerrero, sin dudar ni un solo instante, clavó con fuerza la daga en el centro de su pecho. Ambos abrieron los ojos desmesuradamente por la sorpresa. El guerrero porque no la había visto venir y la joven porque no se creía capaz de hacer algo así. Enseguida dio un paso atrás y vio cómo el guerrero se miraba el pecho y dejaba caer la espada al suelo cuando las fuerzas comenzaron a fallarle. Después volvió a levantar los ojos hacia ella y le dedicó una mirada cargada de auténtico odio. Tras esto, las rodillas le fallaron y cayó al suelo, agonizante.

Y cuando su cuerpo cayó de espaldas, muerto, Sakura comenzó a respirar con dificultad, incapaz de creer lo que sus manos habían provocado. La joven las levantó y descubrió que estaban llenas de sangre. Su cuerpo comenzó a temblar y las lágrimas acudieron a sus ojos, nublándole la vista e impidiéndole ver con claridad lo que sucedía a su alrededor. Sentía que en cualquier momento iba a desmayarse por aquella respiración entrecortada, pero cerró los ojos un instante para calmarse y al abrirlos descubrió que Itachi la miró durante unos segundos. Sakura le mostró las manos, como si él pudiera hacer algo por ella, pero cuando dio un paso hacia el guerrero, que seguía estando lejos de ella, algo la aferró por detrás y tapó su boca, sofocando el grito de sorpresa y miedo que iba a salir por su boca.

Itachi, desde su posición, gritó, pero el ruido a su alrededor impidió que Sasuke pudiera escucharlo.

—¡Sakura! —vociferó antes de sentir como algo candente abría una brecha en su costado.

El guerrero gritó y se giró de golpe hacia el causante de su herida. Kisashi Haruno lo miró con una sonrisa en los labios y un porte orgulloso.

—Ya te he dicho, Uchiha, que hoy moriréis. Y mi hija también.

Itachi lo miró con fiereza, como si con tan solo la mirada pudiera matarlo, y aferró con fuerza la empuñadura de la espada.

—Como se atreva a hacerle daño... —amenazó entre dientes— derrumbaré cada piedra de este maldito castillo.

Kisashi rió frente a él y abrió los brazos con ese porte orgulloso que Itachi tanto odiaba.

—Mi hijo Gaara tiene instrucciones, así que espero que estés preparado para el espectáculo.

—Y yo espero que estés preparado para ir al infierno, pues muchos de tus hombres ya te están esperando.

Itachi se lanzó contra él e intentó darle una estocada en el vientre, pero Kisashi fue rápido y se apartó para evitar su espada. Sin darle tregua, Itachi volvió a la carga y, aferrando la espada con ambas manos, intentó hacer un corte en su costado, lográndolo solo a medias. Kisashi estuvo a punto de caer al suelo cuando la hoja de la espada de Itachi se incrustó en su piel. El hombre lanzó un gruñido de dolor, que llamó la atención de su hijo Sasori, que luchaba cerca con Shisui. Ambos eran muy buenos espadachines y tanto a uno como a otro le estaba costando herir a su oponente.

—¡Padre! —vociferó el joven girándose hacia él y cometiendo el mayor error de su vida.

Al darle la espalda a Shisui para mirar a su padre, este aprovechó el momento y clavó la espada en el centro de su espalda. La hoja apareció por el pecho y abrió los ojos con sorpresa. Su cabeza se echó hacia atrás un segundo por la presión que ejerció Shisui con la espada, la cual clavó hasta la empuñadura y después retorció dentro de él para que la herida fuera aún mayor. De la boca de Sasori salió tan solo un

sonido ahogado antes de que un torrente de sangre a modo de tos atravesara su garganta.

El pecho del joven se llenó de sangre y la espada se escurrió de su mano, cayendo al suelo justo antes que él.

—¡No, Sasori! —vociferó Kisashi, que también se había girado hacia él, olvidando luchar por su propia vida

—. ¡Hijo mío! ¡Maldito seas, Uchiha, te voy a arrancar las entrañas!

Kisashi se olvidó por completo de Itachi y se lanzó contra Shisui, que intentaba sacar la espada clavada entre las costillas de Sasori. Y al ver que su hermano tardaría en hacerlo, Itachi corrió tras Kisashi e interponiéndose entre ellos, hizo un círculo en el aire con la espada y antes de que pudiera reaccionar, la cabeza de Kisashi Haruno rodaba por el suelo entre los cuerpos de sus hombres.

Ambos hermanos respiraron con dificultad y se miraron entre sí. En ese momento, la espada de Shisui salió del cuerpo de Sasori y se acercó a Itachi.

—¿Estás bien? —le preguntó a su hermano pequeño. Shisui sonrió y asintió.

—Vaya, ya imaginaba mis tripas sobre la hierba —le respondió antes de abrazarlo levemente—. ¿Y Sasuke?

Ambos se giraron en la dirección donde lo habían visto por última vez, cerca del gran portón de la muralla. Descubrieron que estaba luchando contra dos guerreros tan fornidos como él y los tres estaban manchados con una mezcla de barro y sangre. La lluvia caía ahora con más intensidad, complicando la pelea, ya que se escurrían en el fango.

—¡Por los Uchiha! —vociferó Itachi levantando su espada y lanzándose a luchar contra los Haruno que peleaban contra Sasuke.

Su hermano los recibió con una mueca de agradecimiento, pues estaba tan cansado que creía que en cualquier momento iba a derrumbarse sobre el barro. Entre los tres guerreros lograron reducir a sus contrincantes y los mataron de un tajo en la garganta.

—Gracias, hermanos —les dijo Sasuke antes de lanzarse contra ellos y aplastarlos contra su pecho. Shisui no pudo evitar una carcajada y se separó de él para recomponerse la ropa.

—Sasuke Uchiha dando las gracias y un abrazo... —dijo con una mueca de asco—. Creo que te ha poseído un espíritu...

Para sorpresa de Itachi e Shisui, Sasuke lanzó una carcajada y dio un puñetazo en el hombro de su hermano mientras el mayor de los tres miró con preocupación hacia la muralla. Y fue entonces cuando Sasuke se dio cuenta de que faltaba alguien.

—¿Dónde está Sakura? —preguntó, preocupado.

—La tiene su hermano Gaara. Hemos matado a Kisashi y su sucesor, pero he visto cómo el que queda se la llevaba dentro de los muros —explicó Itachi.

Después el joven miró a su alrededor.

—No podemos esperar a que los demás acaben para cruzar la muralla. No sabemos qué le va a hacer a Sakura.

Sasuke se acercó a él y le puso una mano en el hombro.

—Entonces ¿a qué esperamos? Nos queda una rata por matar.

Itachi asintió, preocupado. Quería deshacerse de las palabras que Kisashi le había dedicado al decirle que su hijo tenía instrucciones para algo. ¿Tal vez para matarla o hacerla desaparecer de alguna manera? Itachi sacudió la cabeza. No podría soportar algo así ahora que tenían vía libre sin el padre de la joven como enemigo. A una señal suya, los tres hermanos aferraron con fuerza sus espadas y caminaron con precaución hacia el interior del castillo Haruno.

Sakura se revolvía entre los brazos de aquel fuerte guerrero. Su mano se encontraba aún en su boca y la joven no podía emitir sonido alguno. Sakura pataleó con fuerza, llegando a darle en la pierna a su secuestrador, que lanzó un gruñido de rabia. Este tiró con más fuerza hacia el interior del patio del castillo, alejándola de todo el tumulto que había fuera con los guerreros de ambos clanes. Dentro no había quedado absolutamente nadie, ya que todos estaban fuera luchando, por lo que había vía libre para llevarla hacia el interior. Sin embargo, Sakura se resistía con fuerza, golpeando con fuerza el musculoso brazo del guerrero que la retenía.

—¡Demonios, Sakura, soy yo! —vociferó cuando la joven abrió la boca para morderle la mano.

El guerrero la soltó y sacudió la mano con fuerza mientras en su rostro se dibujaba una expresión de dolor.

—¡Soy Gaara, joder!

Cuando Sakura se vio libre, se giró hacia él y lo miró con una expresión entre sorprendida y precavida. La joven respiraba con fuerza y se llevó una mano al pecho para intentar calmar los desbocados latidos de su corazón.

—Pero qué... —comenzó la joven sin saber cómo continuar.

Sakura miró hacia atrás, hacia el tumulto que había fuera de los muros del castillo y pensó en la manera que podía haber para huir de allí.

—No puedes salir, Sakura —le dijo su hermano pequeño.

Al instante, la joven volvió a mirarlo y dio un paso atrás.

—¿Qué quieres de mí? ¿Vas a matarme?

Y antes de darle tiempo a su hermano para responder, Sakura giró hacia su izquierda, conocedora de una salida casi escondida por la que podría huir de él, y corrió hacia allí sin pensar en las consecuencias. La joven sujetó la tela de su falda y corrió tanto como pudo, pero apenas logró recorrer unos metros, pues las manos de Gaara volvieron a tomarla de los hombros y la giraron hacia él. Sakura dejó escapar un grito de terror e intentó patearlo de nuevo, pero Gaara estaba preparado y logró apartarse a tiempo para después empujarla con fuerza hacia la pared del castillo, aprisionándola y apretándola para evitar que volviera a huir.

—¡No voy a dejar que me mates, Gaara! —vociferó resistiéndose a sus manos e intentando apartarlo de ella.

El guerrero apretó con fuerza sus hombros hasta que Sakura dejó de resistirse y cedió con la respiración acelerada.

—¡Escúchame! —gritó—. No tenemos tiempo.

—¿Tiempo para qué? —preguntó la joven con el rostro lívido.

Gaara miró hacia el portón abierto y después giró de nuevo la cabeza hacia ella, provocando que la joven diera un respingo. El guerrero la vio desviar la mirada hacia la espada que llevaba en el cinto y luego volvía a mirarlo.

—¿Tiempo para matarme? —le preguntó tras unos segundos de silencio.

—¡No pienso matarte! —vociferó soltándola de golpe.

Sakura se quedó mirándolo, pasmada ante aquella revelación y a pesar de que ya estaba libre de sus manos, se quedó petrificada en el sitio.

—¿Quieres saber lo que padre me había encargado? —le vociferó—. Me pidió que cuando los clanes estuvieran luchando te trajera dentro del castillo, te cortara la cabeza y la mostrara a los Uchiha.

Sakura dibujó en su rostro una expresión de espanto y abrió la boca sin decir nada, tan solo boqueaba.

—¿Qué...? —preguntó en apenas un susurro.

Gaara suspiró con ímpetu y se alejó de ella mientras llevaba una mano a su pelo y lo peinaba hacia atrás con nerviosismo, como siempre solía hacer cuando una situación se le escapaba de las manos.

—¿Padre estaba dispuesto a matarme? ¿De verdad? —preguntó sin poder creerlo aún—. Creía que solo eran amenazas...

—Sí, joder, está loco. ¿O aún no te has dado cuenta? Y ha arrastrado a Sasori a su maldita locura — vociferó con desesperación.

Sakura dio un paso dudoso hacia él.

—¿Y tú, estarías dispuesto a hacerlo?

Gaara la miró fijamente y negó con la cabeza.

—¿De verdad me crees capaz de hacer algo así? Eres mi hermana, por Dios, jamás te haría eso.

—No hiciste nada para liberarme esta mañana... —le reprochó.

—¡No tenía opción, Sakura! Estaba seguro de que los Uchiha aparecerían a por vosotros, así que solo debía fingir durante unas horas más. Nunca he soportado el carácter de padre, y menos a Sasori. Nunca he sido como ellos, ¿de verdad no te habías dado cuenta?

Sakura frunció el ceño sin saber qué responder.

—Yo solo vi que te volviste frío conmigo de un día para otro.

—No tenía otra opción. Era eso o ser despreciado por padre y el clan, como hicieron contigo.

—¿Y por qué me has traído aquí? Si no pretendes cumplir la orden de padre...

—Para sacarte del centro de una batalla, Sakura. He visto cómo Hidan ha intentado matarte. —Gaara

suspiró y bajó los hombros, derrotado.

Sakura se acercó más a él, aunque aún seguía teniendo miedo de sus verdaderos planes.

—¿Y qué vas a hacer ahora?

Gaara la miró y apretó la mandíbula.

—No lo sé, maldición.

—Padre se habrá dado cuenta ya de que no me has... matado.

—Puede que en el infierno se lo hayan dicho ya —dijo una voz conocida cerca de ellos.

Tan metidos estaban en aquella discusión que no se habían dado cuenta de que alguien se había acercado a ellos silenciosamente, por lo que cuando ambos se giraron hacia el lugar de donde procedía la voz, vieron a los hermanos Uchiha frente a ellos con la espada en la mano dispuestos a atacar a Gaara. Itachi mostraba una expresión fiera y oscura e Sakura tuvo la sensación de que parecía un dios vengador con el rostro lleno de sangre, al igual que sus hermanos, cuyos colores del kilt apenas eran distinguibles debido a la cantidad de sangre que manchaba sus ropas.

La joven los vio intentar contener la rabia que sentían y las ansias por matar a Gaara. Itachi dirigió una rápida mirada a Sakura y después volvió a clavar los ojos en el hermano de la joven. Esta se sentía nerviosa, pero a pesar de todo lo ocurrido y la situación que los rodeaba, dio un paso hacia su prometido para poder intervenir y dejar las cosas claras de una vez por todas antes de que los Uchiha hicieran algo a su hermano. Sin embargo, Gaara puso su brazo para impedírselo, provocando la ira de los Uchiha.

—No te atrevas a tocarla —siseó Itachi con voz profunda.

—Lo que quiero es protegerla.

Gaara sacó su espada, aferrándola con las dos manos, y apuntó con ella a los hermanos.

—¿Protegerla de quién, de mí? —preguntó Itachi sin poder creer lo que había escuchado. El hermano de Sakura negó con la cabeza.

—De mi padre y mi hermano —confesó provocando un gesto de sorpresa en los Uchiha—. Pero si vosotros me atacáis, tendré que defenderme.

Itachi dio un paso hacia adelante, haciendo que Gaara levantara más la espada, pero la mano de Sakura aferró su brazo con cariño. La joven entró en su campo de visión y lo miró a los ojos, como lo hacía cuando eran pequeños y jugaban. El guerrero se perdió en la mirada de su hermana y poco a poco bajó las manos, dejando caer la espada al suelo. El joven cerró los ojos un instante y agachó la cabeza con un gesto de dolor dibujado en su rostro, pero más sentido en su corazón.

—Gaara tenía la orden de cortarme la cabeza. Y no lo ha hecho.

—¿Qué? —preguntó Shisui con expresión horrorizada.

Itachi miró a ambos hermanos alternativamente, incapaz de poder hablar tras escuchar aquellas palabras tan atroces, y finalmente posó su mirada en Gaara.

—Mi padre me lo ordenó, pero no puedo matar a mi propia hermana. Yo no soy como él o Sasori —les explicó—. Nunca lo fui, tan solo fingía serlo para no ser desterrado como Sakura. Al sacarla de la batalla solo quería protegerla, Uchiha, no matarla.

Itachi dio otro par de pasos más hacia él, quedándose a un metro escaso de él. Envainó la espada y lo miró fijamente.

—Tu padre y tu hermano ahora están muertos.

Sakura lanzó una exclamación y, aunque se trataba de su propia familia, tenía una extraña sensación de liberación y alivio al conocer su muerte, algo que también sintió Gaara, pues sus músculos de repente dejaron la tensión y se relajaron.

—Ahora eres tú el sucesor de tu padre. ¿Te rindes o prefieres continuar con esta guerra absurda? Gaara le sostuvo la mirada durante unos segundos.

—Si no me hubiera rendido, no habría tirado la espada al suelo, Uchiha —le dijo lentamente—.

Nunca he deseado esta guerra ni el sufrimiento de mi hermana.

Ambos se miraron en completo silencio. Durante unos segundos, lo único que podía escucharse era el ruido de las armas fuera de los muros del castillo, nada más. Pero pasados unos minutos, Itachi fue el primero en romper el mutismo y elevó la mano derecha, algo que Gaara aceptó con seriedad y se la estrechó con fuerza.

Sakura soltó el aire contenido y sonrió con lágrimas en los ojos. Después, se lanzó hacia su prometido y lo abrazó. Por fin todo había acabado. Ya estaba en brazos del hombre al que amaba y del que no quería volver a separarse jamás. El peligro había pasado y después de varios días sin verlo, tembló en sus brazos.

Itachi la recibió con el mismo entusiasmo, levantándola del suelo y alejándose de los allí presentes, que aún seguían mirándose con recelo y cierta antipatía.

—Aún no puedo creer que todo haya acabado —dijo la joven contra su cuello. Itachi sonrió y la apretó con más fuerza.

—Cuando Kisame me contó que Sasuke y tú habíais desaparecido, creí que iba a enloquecer —le dijo depositándola en el suelo.

Llevó las manos a su rostro y la besó con ternura durante un largo rato.

—Y cuando he visto las heridas de tu rostro y lo que te hacía tu padre... Dios, cuando lo he matado he sentido una liberación en mi alma que no había sentido jamás —le dijo contra sus labios—. No vuelvas a separarte de mí, Sakura.

La joven negó con lágrimas en los ojos.

—Jamás, Itachi. Te quiero demasiado, aunque reconozco que durante unos instantes dudé y estuve a punto de romper el compromiso para que mi padre no os matara.

Itachi sonrió y volvió a besarla.

—Los Uchiha no nos dejamos vencer tan fácilmente.

—Eso me dijo Sasuke. Si hubieras muerto...

Sakura se abrazó a él, intentando no tocar la herida que tenía en el costado. No podía acabar la frase, pues no podría imaginar cómo sería su vida si hubiera muerto y su padre hubiera salido ileso del combate. Después de esos días sin él confirmó dentro de ella que lo amaba con toda su alma. Lo que habían hecho por ella él y su clan al ir hasta allí para liberarlos sería algo que no podría olvidar nunca mientras viviera.

Itachi le acarició el pelo y depositó un beso en su cabeza. Después se separó de ella a regañadientes y le sonrió.

—Vamos, aún tenemos cosas que hacer ahora que todo ha terminado.

Sakura asintió y juntos volvieron al grupo, que estaba incómodo y en el más absoluto silencio, aunque se miraban entre sí con cierto rencor.

—Lo primero que debo hacer es liberar a nuestra madre —dijo Gaara cuando los vio llegar—. Mi padre la metió en las mazmorras por liberar a tu hermano.

—¿Y después, qué harás? —le preguntó Sakura.

—Reunir a los que queden con vida y estructurar de nuevo el clan. Padre no ha hecho caso de muchas cosas importantes. —Después fue hacia Sakura y la tomó de las manos—. Te debo una disculpa por todo lo que te he hecho, Sakura. Desde que padre me obligó a comenzar los entrenamientos y a dejarte a un lado, no me he comportado como el hermano que debía ser, y menos cuando me obligaron a ir a por ti a las tierras de los Uchiha.

—Si a partir de ahora vuelves a ser el Gaara que conocí, el pasado no importará.

La joven se acercó a él y lo abrazó con fuerza, sorprendiendo a todos, incluso ella misma, pues hasta hacía unos minutos lo había odiado con toda su alma.

—Puestos a pedir disculpas —intervino Shisui—, a mí también me debes una, Haruno, por el puñetazo que me diste cuando me apresasteis.

Gaara lo miró y vio que sonreía. Se encogió de hombros y le estrechó la mano con fuerza.

—No te emociones tanto, Uchiha. Mi hermana no tenía culpa de nada; en cambio, tú te lo ganaste.

Con una carcajada, Shisui selló la paz con él y la tensión que podía cortarse en el ambiente empezó a desaparecer. Los guerreros del clan Uchiha comenzaron a entrar por el portón, llevando a varios heridos del clan Haruno entre ellos y desarmados que finalmente se habían rendido a ellos.

Con una mano de Itachi en su cintura, Sakura se sintió por fin bien, relajada, con la sensación de que todo había pasado y por fin podría vivir en paz junto a Itachi sin la firme oposición de su padre.

La lluvia había cesado por fin, como si hubiera estado esperando a que la paz entre ambos clanes se sellara y la guerra y el odio terminaran entre ellos. Itachi ordenó a Sasuke que bajara a las mazmorras para liberar a la madre de Sakura, a lo que obedeció al instante. Mientras tanto, el laird informó a sus hombres de que Gaara sería el nuevo jefe del clan Haruno tras la muerte de su padre y su hermano y aunque muchos de ellos pusieron mala cara por no acabar con él, aceptaron la decisión de su laird y callaron.

Sakura deseaba que su madre subiera de las mazmorras para que conociera a Itachi. Estaba segura de que lo aceptaría como un hijo más y se sentiría bien al saber que su marido por fin no la molestaría más como había hecho hasta entonces.

Una sonrisa se dibujó en los labios de Sakura mientras se apartaba de Itachi por primera vez desde que se

habían vuelto a encontrar. Le dio la espalda a los guerreros y caminó hacia un lado del patio. Las lágrimas caían por sus mejillas, perdiéndose entre su ropa, pero no eran lágrimas de infelicidad, sino al contrario. Se sentía radiante, plena, por fin su vida comenzaba a tener un sentido y sin peligros o enemigos de por medio. Su padre ya no sería un estorbo en su vida y, aunque realmente sentía cierta pena por él, no podía dejar de alegrarse por su muerte.

—¿En qué piensas? —preguntó Itachi a su espalda.

Sakura se giró hacia él y vio que le sonreía. Caminó hasta él y lo abrazó de nuevo. Necesitaba sentir otra vez su contacto, su piel, su fortaleza...

—En que mi padre ya no podrá dirigir mi vida. Me siento libre.

Itachi frunció el ceño.

—Bueno, yo no estaría tan seguro de que eres libre...

Sakura lo miró entre sus brazos.

—¿A qué te refieres?

—A que mientras veníamos de camino cruzó por mi mente la idea de atarte a mi cama y no dejarte salir.

Creo que es una buena opción para evitar que vuelvas a desaparecer.

Sakura rio y le dio suavemente en el hombro.

—Encontraría una vía de escape —bromeó. Itachi torció el gesto y negó.

—No lo creo. Te daría tanto placer que las piernas no podrían sostenerte para huir...

La joven sonrió y desvió la mirada, sonrojada, calor que capturó Itachi con sus labios, dejando un reguero de besos desde sus mejillas hasta la base de su cuello.