"Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi…"
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CAPÍTULO 9
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"Resentimiento"
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Me detuve un segundo y me giré al escuchar mi nombre. —¿Akane? ¿Eres tú Tendo Akane? — una chica de cabello castaño, largo, con los ojos azules me observó de arriba a abajo.
Me enjugué las lágrimas con rapidez —Sí, soy yo.
—Así que, eres tú —mencionó la chica, con tono de burla.
—¿Qué se te ofrece?
—Necesito hablar contigo.
—No sé quién eres y no tengo nada qué hablar contigo— recalqué con molestia.
—Oh, pero claro que sí. Incluso, tú y yo tenemos algo en común.
Fruncí el ceño, esa desconocida no me estaba agradando para nada— ¿Quién eres?
—Soy Kuonji Ukyo, ex prometida de Ranma.
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A unos cuantos metros del Nekohanten, estaba un pequeño café a donde la tal Ukyo me forzó a ir. Insistió en que teníamos que hablar de Ranma, y no me quedó más que aceptar y ver qué quería.
Pidió unos vasos con agua al negarme a su oferta de un té verde. Ahora no sólo estaba preocupada por la chica del Nekohanten, sino por esta nueva mujer, que se veía muy impaciente por conocerme.
—Ahora dime ¿qué quieres? —solté, después de que el mesero se había retirado al colocar los vasos en la mesa.
—Quería conocerte, y ahora que lo he hecho, tengo más dudas.
—¿Por qué?
—Bueno, no eres muy alta, eres delgada, llevas el cabello corto, el color de tus ojos no es nada llamativo, eres demasiado…común —la mujer se expresaba como si describiera a un insecto con aspecto viscoso, al tiempo que me volvía a observar de arriba a abajo.
—¿Y eso qué? ¿es que quieres insultarme?
—¿Insultarte? no he dicho nada que no sea verdad.
—Pareces estar molesta con mi aspecto.
—¡Para nada! solo algo curiosa, eso sí.
La mujer no me daba nada de confianza, seguía sin entender lo que quería de mí, así que la obligaría a ir al grano— Dijiste que teníamos en común a Ranma, ¿cuál es tu asunto con él?
—Más bien, quiero saber cuál es el tuyo.
—¿Qué no eres su ex prometida? ¿por qué te compete lo que haga Ranma?
La mujer se echó el largo cabello castaño hacia atrás y sonrió, sabía cuál era su atractivo y era obvio que quería demostrarlo como objeto de superioridad. —No es que me importe en realidad, solo que las cosas no son como antes y tú eres la causante.
—¿Cómo antes? ¿de qué hablas?
—Iré al punto, porque por lo visto, Ranma no te habló de mí, a todas las mujeres con las que sale les habla de mí, soy el amor de su vida.
Esa mujer era un fastidio, quise reírme— ¿Y por qué no estás con él si dices ser el amor de su vida?
—Por eso, porque me asfixiaba,me quería demasiado y era insoportable, fue cuando lo dejé. Aun así, me seguía llamando, yo ya estaba con otro y él seguía ahí.
—¿Por qué no lo alejaste?
—¿Crees que no lo hice? también su madre lo convenció de dejarme en paz, y lo hizo, pero me di cuenta de que me gustaba que él siempre estuviera cerca, no importaba si lo quería o no. Si discutía con mi novio, Ranma estaba siempre disponible…y la verdad es que él y yo siempre tuvimos buena química en la cama…
Me estaba hartando y me revolví incómoda en mi silla, me dieron ganas de abofetearla a la muy boba. Continuó con su retahíla de tonterías:
—...por supuesto había momentos en los que volvía a cansarme, pero esto no es algo que pueda borrarse de un día para otro ¡hasta salió con mi mejor amiga! pero le fue imposible olvidarme. Ranma me llamaba tres veces por semana, sin falta. Estuvimos juntos mucho tiempo, así que sé todo lo que pasa en su vida ¡todo! pero entonces, apareciste tú.
—¿Qué tengo que ver yo? —dije, molesta.
—Eres bastante ingenua ¿no te diste cuenta? miren a la tonta con quien se ha liado Ranma— lo dijo en voz alta y yo me levanté de mi asiento y me dirigí hacia la puerta, la mujer corrió detrás de mí. —¡Espera, no he terminado!
—¡Me has traído aquí para insultarme!¡y además para hablarme mal de Ranma! ¡Qué poca decencia tienes! — Estaba a punto de abrir la puerta, cuando me detuvo.
—Perdona, es que ¡no puedo contenerme! es que, debes terminar de escucharme.
—No lo creo —en cuanto salí del lugar, la mujer corrió tras de mí, sin dejar de hablar.
—¡Él dejó de buscarme! y sé que fue por ti.
Me detuve, no sabía si creer o no lo que me estaba diciendo— ¿Cómo?
—Hace varios meses. Me dijo que su madre había aceptado una inquilina en su casa y que estaba preocupado. Al principio solo creí que te tenía desconfianza, pero cuando hablaba de ti, no lo decía todo, eso me pareció extraño, a duras penas pude sacarle tu nombre. Después, ya no me llamaba, tenía que hacerlo yo, pero me decía que estaba muy ocupado, fue cuando intenté sacar una cita con él en ese ridículo trabajo que tiene, y era una chica quién ahora respondía las llamadas. De nuevo traté de interrogar a Ranma, pero solo le saqué que había contratado una asistente. Me desesperé, al punto que rompí con mi novio y busqué a Ranma, pero él ¡había bloqueado mi número! estaba tan alterada que tuve que llamar a Shampoo.
—¿Shampoo?
—¡Mi mejor amiga!¡ex-mejor amiga! ella se enredó con él cuando recién lo dejé. Le pedí que hiciera una cita urgente con Ranma, le dije que se lo dejaría para ella esta vez ¡pero sólo lo hice para poder verlo! Y como imaginé, el muy canalla aceptó verse con ella.
Me sentí muy decepcionada de Ranma en ese momento, no imaginaba que él fuera así. Ukyo siguió hablando y me sorprendió mucho más lo que me dijo después.
—Cuando Shampoo logró comunicarse con él, fue la única manera en la que Ranma y yo pudimos hablar por teléfono después de mucho tiempo. La única condición de Shampoo fue tener la cita y yo estuve de acuerdo, porque no me importaba ella. Yo tenía qué saber quién eras y qué significabas para Ranma.
—Ya lo has visto entonces, no significo nada para él, puesto que se ha ido con la tal Shampoo.
La mujer de cabello castaño volvió a burlarse— ¡Boba! ¿es que no lo has entendido? ¡Ranma se arrastra por ti! me dijo que tú no le correspondes, pero que aun así quería tenerte cerca.
El corazón me dio un vuelco ¿de verdad Ranma sentía algo por mí? — ¿Lo estás inventando?
Ukyo Kuonji hizo una mueca, mirándome con disgusto— ¿Qué ganaría con inventarlo?
—¿Qué es lo que ganas con decírmelo? — continuaba sin entender qué quería esa mujer de mí.
—¡Quiero que lo dejes! ¡Quiero que Ranma vuelva a ser mío!
—¡Has dicho que no lo soportas!
—¡Pero quiero que esté por mí, como antes!
—¡No puedes tratar a las personas como si fueran objetos! —espeté.
—¿Y lo dices tú?¡mosca muerta! más vale que lo dejes o todo el mundo sabrá la verdad.
—¿Pretendes asustarme? Ahora mismo te digo que no te tengo miedo y defenderé a Ranma a como dé lugar.
—¿Estás segura? —se mofó la mujer—hay algo en lo que estás en desventaja.
—No me importa lo que sea —apunté.
—Para tu información, resulta que mi familia conoce a la señora Ono, madre del doctor Tofú, ¿no es Tendo Kasumi tu hermana?
Me quedé fría, y, aun así, intenté no demostrar temor—No te atreverías…
—¿Qué no me atrevería? ¿Crees que me importa lo que pase cuando todo el mundo se entere de las hermanas prostitutas que tiene la intachable Kasumi Ono?
—Si tú lo sabes es porque la señora Ono se lo ha dicho a mucha gente ¡así que no trates de amenazarme con eso!
—¡Por supuesto que no! ha sido un secreto que la señora Ono contó a mi padre con toda su confianza y que él prometió guardar…pero para su mala suerte, yo estaba escuchando…y yo no hice ninguna promesa.
—¡¿Echarías de cabeza a tu padre solo porque quieres que me aleje de Ranma?! ¡Cínica!
—Mi padre se alegrará en cuanto sepa que lo que hice ha sido para recuperar a Ranma, para él es el hijo que siempre deseó tener. Ahora ¡dime que lo dejarás!
Si Nabiki hubiera estado presente, me habría dicho que permitiera que Ukyo hablara lo que quisiera de Kasumi, puesto que ella nos había abandonado. Pero Kasumi fue como una madre para mí, y por más mala que hubiera sido, no sería capaz de hacerle ese daño.
—No tendrás que hacer eso, porque no estoy con Ranma —solté, con una dolorosa pena. Me había acostumbrado a estar cerca de él…demasiado.
—Deberás alejarte de él, si no quieres que diga todo lo que sé —dijo Ukyo, amenazante.
—¿Qué es lo que sabes U-chan? —Ranma había aparecido de pronto, cosa que me sorprendió. Ukyo no se lo esperaba, se puso nerviosa de inmediato.
—¡Ranma! ¿Qué haces aquí? ¿no estabas con Shampoo?
—He terminado el asunto que tenía con ella, me dijo que estarías aquí. ¿Vas a decirme ahora qué es lo que sabes?
La mujer de cabellos castaños entornó los ojos— El pasado de Akane y su hermana, lo sé todo. No le conviene que todo el mundo lo sepa.
—¿Puedes probarlo, Ukyo? —preguntó Ranma con serenidad.
—¡Lo sé de muy buena fuente!
—¿Quién? ¿la madre del doctor Tofú? — al parecer, Ranma había escuchado gran parte de la conversación que habíamos tenido Ukyo y yo— ¿la mujer que dicen que espantaba a todas las posibles prometidas de su hijo? ¿no te parece lógico que una suegra celosa dijera lo peor de la mujer de su primogénito? No pensé que cayeras tan bajo, U-chan…aunque, después de las cosas que han pasado entre tú y yo, tal vez quien debería cuidarse de habladurías deberías ser tú.
Ukyo se puso furiosa— ¡Ran-chan! ¿no has entendido que estoy haciendo todo esto por ti? ¿porque quiero que estemos juntos otra vez? ¡Esa Akane es una cualquiera!
—No tienes ninguna prueba de ello, en cambio, yo sí tengo pruebas tuyas ¿Crees que a tu padre y a los familiares de tu prometido les convenga saber lo que hacíamos hace tiempo, justo cuando anunciaste tu compromiso con Konatsu?
Los ojos de Ukyo parecían dos enormes platos, no se imaginaba lo que Ranma estaba diciendo—¡No te atreverías a hacerme eso, Ran-chan! ¡Tú me amas a mí!
—Cometí muchos errores gracias a ti…también me porté como una persona que no soy.
Ukyo no daba crédito a lo que escuchaba, y yo me sentía cada vez más admirada de lo que Ranma decía. —Ran-chan ¡no vas a hacerlo! ¡no puedes hacerme eso!
—Puedo hacerlo, también me hiciste daño, sería un excelente pago de deudas, quedaríamos a mano, a menos que…
—¿Qué?
—Nos dejes en paz a Akane y a mí, y no vuelvas a aparecerte nunca en nuestras vidas.
Ukyo respiraba agitadamente— ¿Estás haciendo esto por ella? ¡dímelo!
—Es muy diferente a ti, U-chan.
La mujer parecía estar a punto de reventar de coraje—¿Así que te vas por lo fácil? Te creía un hombre de otro nivel, pero ¡has caído en lo más bajo!
—¿Quieres aceptar el trato de una vez, U-chan?
Ukyo bufó, antes de hablar— ¡Está bien! pero no creas que las cosas van a quedarse así. Cuando esta mujerzuela encuentre a otro, va a dejarte como un trapo ¡y volverás a mí arrastrándote!
—No es la primera vez que me sucede algo así— respondió Ranma con una media sonrisa. Ukyo dio un respingo, y se fue, maldiciendo en voz alta.
—¡Ranma! —dije. Una vez más, Ranma me había protegido, no me quedaba duda que era un gran hombre. Se acercó a mí y me miró fijo, su semblante cambió en un segundo, volviendo a portarse serio y cortante conmigo como esta mañana.
—¿No tenías una cita?
—¡De eso quiero hablarte! Lo de la cita con Ryoga fue una mentira, no iba a salir con él.
Ranma enarcó una ceja—¿Entonces?
Me sonrojé al instante—Solo te lo dije porque tú ibas a tener una cita con la mujer china, Shampoo.
—¿Y?
Mi voz tembló cuando le respondí: —Y no me gustó que lo hicieras.
Me había confesado, prácticamente le había dicho a Ranma que me gustaba, aunque no de una manera tácita. Él se había quedado mudo, se había sonrojado también, pero la reacción que tomó después no la entendí. Miró hacia otro lado, tomó el puente de su nariz y resopló— Volvamos a casa. —fue lo único que dijo.
Esperaba algo durante el trayecto en el tren, pero ni siquiera me miraba; cuando hacía el intento por decirle algo, miraba su móvil o se giraba hacia otro lado dándome la espalda.
Llegamos a casa y no había nadie. Ranma subió las escaleras, dirigiéndose hacia su habitación. Lo perseguí y lo alcancé justo en el último escalón.
—¡Espera, Ranma!
—¿Qué pasa? —soltó de nuevo, cortante.
—¿No vas a decirme nada?
—¿Sobre qué?
Sentí mucha confusión y al mismo tiempo me dio rabia— ¿Y lo preguntas? ¿Es que tengo qué decirlo de nuevo? ¡Prácticamente te he confesado mis sentimientos y has decidido ignorarlo!
—¿Qué es lo que esperas de mí? —soltó de repente— ¿qué te tome por la cintura y te levante dando vueltas como en una película?
—P-pues…
—¿¡Dime qué es lo que esperas!? Todo lo que dices y haces es una mentira ¿cómo buscas que te crea?
—¡Me gustas! ¿cómo quieres que te lo diga?
—¡Qué importa cómo lo hagas! Tal vez sea cierto, ¡pero todo el tiempo cambias de parecer! Te quedaste fría en cuanto ese Ryoga te llamó y fingiste que tenías una cita con él. Luego te pusiste celosa por mi cita con Shampoo y fuiste a perseguirme ¡no sé para qué! — Ranma hablaba alterado, alzando la voz.
—¡Porque me gustas! ¡siento algo por ti! ¿No es suficiente?
—¿Te es suficiente a ti? ¿Sabes lo que tuve qué hacer para sacarte del embrollo en el que me metiste?
—¿En el que yo te metí…? ¡Te recuerdo que tu exnovia me amenazó para que te dejara, cuando ni siquiera estamos juntos!
—¡No estoy hablando de eso!
—¡¿Cuál es el problema?! Es que no te gusto ¿verdad?
—¡Deja de decir estupideces! — Ranma se pasó la mano por la cara, estaba desesperado.
—¡¿Por qué no me dices lo que pasa?! sigues pensando mal de mí, ¿verdad? ¡le crees más a Ukyo! ¡es que quieres volver con ella!
—¡No voy a volver con Ukyo! ¿no lo entiendes? es que pareciera que cuando tú y yo estamos cerca, algo sucede…
—¿Qué cosa? Ranma, dime qué pasa.
Ranma suspiró, no me daba la cara. —Tengo una cita esta noche.
—¿Con quién? ¿con Ukyo?
—No. Con Shampoo.
—¿Con Shampoo? ¿no habías tenido la cita esta mañana?
—Esa no fue la cita, solo acepté verla.
—¡¿Vas a salir con ella?! —grité, enfadada.
—¡Tengo qué hacerlo! Vi cuando U-chan te interceptó en la calle, sabía que iba a hacerte algo. Cuando traté de irme, Shampoo me amenazó, así que le ofrecí salir con ella a cambio de ir a ayudarte.
Exploté ante su ridícula respuesta—¡¿Qué eres?!¿un pusilánime? ¿no pudiste simplemente largarte de ahí? ¿cómo pudo timarte?
—Amenazó con decirle sobre mi trabajo a mi madre.
—¡¿Y qué con eso?!
—¡No quiero que se entere!
—¡Ella sabe que no eres un mensajero! ¡Piensa otra cosa de tí!
—¡No lo entiendes, Akane! ¡Eso la mataría!
—¡Nadie se muere por saber algo como eso!
—¡Mi padre hacía lo mismo!
—¿Qué?
—Bueno, no así, algo parecido. Hacía favores que parecían inocentes y cobraba por ellos, hasta que un día cayó con el clan de los yakuza…y nunca salió de ahí. A mamá le dio un infarto cuando se enteró, estuvo a punto de morir.
Fue entonces que entendí por qué Ranma parecía tener tanto miedo. No tenía miedo a su madre, sentía miedo por ella, y no quería verla sufrir de nuevo. ¿Qué derecho tenía yo a decirle nada? Había hecho todo por mí.
Al ver que no decía más, Ranma estaba por retirarse, pero me ganó la curiosidad.
—¿A dónde la vas a llevar?
Ranma se giró hacia mí, apenas y me miró— ¿Recuerdas aquellas entradas para la cena en el hotel de lujo? Antes de la llamada de Ryoga, había decidido invitarte a ti…decidí usarlas solo para que Shampoo quedara satisfecha. Lo lamento.
Levanté el rostro y lo miré; la vida era demasiado injusta. Gracias a mi orgullo había evitado que Ranma se acercara a mí, siendo que él pensaba en nosotros dos en todo momento. Eso sólo demostraba que los sentimientos de Ranma eran recíprocos. Y tal vez, pudiera hacer algo para cambiar las cosas y estar juntos.
—¿Y si no vas?
—Debo hacerlo. Shampoo está loca, es capaz de todo.
—Puedo hablar con tu madre…
—Prefiero dejarlo así.
—Ranma…
—¡Por favor, Akane! no lo hagas más difícil.
Ranma pasó de mí y se dirigió a su habitación, no me quedó más remedio que entrar a la mía y acostarme un rato. La cabeza me daba vueltas de tanta confusión que sentía. Pensé mil veces en lo que podía pasar entre ellos, Ukyo dijo que habían tenido algo que ver.
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Había oscurecido demasiado pronto. En cuanto escuché algo de movimiento en la habitación de Ranma, ni siquiera pensé. Salí de mi habitación y me dirigí a la de él.
Abrí la puerta y la cerré detrás de mí. Ranma se giró, se abotonaba la camisa, su corbata caía sin anudar sobre sus hombros. Me miró primero con sorpresa, y después con decepción, se volvió para terminar de abotonarse— ¿Qué pasa, Akane?
—Ranma, yo… —los nervios comenzaban a apoderarse de mí, y debía contenerlos lo suficiente.
Él volvió a mirarme, yo me había colocado justo a un par de pasos de su sitio. Aproveché la posición de su corbata para sujetarlo y lograr que se inclinara hacia mí. Lo besé en los labios, pero el beso solo duró tres segundos, porque él se alejó.
—¿Por qué lo haces? —su mirada era melancólica, sabía que se estaba resistiendo. No me importó, lo besé otra vez y él permitió que yo siguiera, no trató de frenar hasta que lo empujé hacia la cama y quedó sentado. Iba a acercarme a él, cuando se alejó unos cuantos centímetros —No tienes que hacer esto. —lo había dicho con resentimiento, me miraba fijo, estaba esperando a que yo me retractara. No lo hice.
—Yo quiero. —respondí, antes de volver a tocar sus labios y buscar profundizar el beso, hundiendo mi lengua en su boca.
Me coloqué a horcajadas sobre él y continuamos besándonos apasionadamente. Le saqué la camisa lo más rápido que pude y Ranma hizo lo mismo con la mía, había tomado la precaución de quitarme la ropa interior antes de llegar a su habitación.
Él tomó de inmediato mis pechos y me acarició con vehemencia. Pasé mis manos por su torso, sintiendo su piel y sus definidos músculos. Ambos jadeábamos excitados, besándonos y tocándonos cada vez, hasta que Ranma pasó sus manos entre mis piernas y acarició mi centro. Temblé y emití un gemido tan fuerte que me fue imposible ahogar; agradecí que la casa estuviera sola, puesto que Ranma prolongó su labor con deliciosa persistencia hasta que sentí que en mi vientre se multiplicaba una fuerte descarga eléctrica. Introdujo lentamente los dedos dentro de mí e intenté detenerlo de manera inconsciente. Él se detuvo preocupado— ¿Estás bien? ¿te lastimé?
—Estoy bien — susurré apenas.
—¿Quieres parar?
—¡No!
Volví a besarlo con intensidad, como forma de aprobación a lo que estaba a punto de suceder entre los dos de manera inminente. Ni siquiera me di cuenta de cuando Ranma se había quitado los pantalones, solo lo sentí palparme nuevamente volviendo a acariciarme percibiendo la humedad que emanaba de mí. El juego entre los dos era un deleite que deseaba que fuese interminable. Las cosas cambiaron un poco cuando trató de introducir su duro miembro dentro de mí.
—Tranquila. —musitó.
Decidí confiar en él, aunque el dolor fuera terrible al principio. Lo hizo despacio, y mientras soportaba el suplicio, lo abracé con fuerza. Me besó el cuello y me pidió que me relajara, en cuanto lo hice, pudimos continuar, la molestia iba cediendo poco a poco. Nuevamente comencé a sentir aquel fuego arrebatador, despertando desde lo más profundo de mi ser entre cada espasmo. Mi cuerpo se movía involuntariamente, solo anhelaba que nos mantuviéramos así el mayor tiempo posible. No quería separarme de Ranma nunca más, así tuviera que pelear contra quien fuera. Estaba a su completa merced, yo era suya por entera y podía hacer de mí lo que en su voluntad estuviera.
—Ranma… —le dije al oído, en voz baja. Esto hizo que acelerara sus movimientos, provocando mi total satisfacción. Conociendo mi nuevo poder, lo hice otra vez—Ranma… — Esta vez lo escuché gruñir, situación que me excitaba sobremanera, mientras él se hundía cada vez más dentro de mí, haciéndome gritar de placer.
Intuí que estaba terminando cuando restregó con fuerza sus dedos en mis muslos y eso me instó a gemir mucho más.
Cuando nos detuvimos nos mantuvimos abrazados, algo fatigados pero extasiados por lo que acababa de pasar. Nos miramos a los ojos y rozamos nuestros labios, dándonos besos cortos, culminando así nuestro primer encuentro.
La puerta se abrió en ese instante: —¡Ranma, hijo! ¿Qué es lo que…? ¡POR KAMI! — gritó la mujer, cerrando con rapidez. La señora Nodoka nos vio, y ambos volteamos a verla, sorprendidos. El tiempo nos había pasado encima y no medimos las consecuencias; la señora Nodoka llegaba puntualmente a las 9 de la noche después de ir al bingo.
De inmediato, Ranma y yo nos separamos. Me coloqué la blusa y me subí la falda como pude. Ranma se puso el pantalón más veloz que un bólido y lo único que se me ocurrió fue hacer todo por salir del lugar. —¡Hey, Akane! ¿a dónde vas? —preguntó, antes de que abriera la puerta.
—¡A mi habitación!
—Quédate aquí.
—¡Tu madre acaba de vernos! ¡Qué vergüenza!
—Es mejor que te quedes… —Ranma me tomó del brazo y sentí como si el fuego otra vez me invadiera.
—¡No podemos hacer eso! ¿qué va a pensar tu madre?
—Lo que tenía que pensar, ya lo hizo, créeme.
Yo estaba muy nerviosa—¡No puedo! ¡Lo siento!
—¡Akane!
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No lo dejé decir más y salí corriendo para entrar en mi cuarto y cerrar de un portazo. Apenas terminaba de exhalar cuando solté un gritito— ¡AHH! ¡Señora Nodoka! —mi primera reacción fue cubrirme el rostro, la mujer estaba ahí dentro y se acercó, con una sonrisa en los labios.
—Akane, querida ¡lo has hecho! ¡Has convencido a mi hijo para tener relaciones! ¡Estoy tan feliz!
—Lamento que nos haya visto, señora Nodoka, no era mi intención… ¡y tampoco convencí a Ranma de nada! Esta fue una decisión tomada entre ambos.
La señora parecía no escucharme— Si iban a hacerlo dentro de la casa debiste avisarme, me hubiera demorado un poco más, — guiñó un ojo— supongo que si sucede de nuevo me avisarás con tiempo… ¡podemos hacer un calendario! puedo agendar actividades en ciertas horas, o quedarme en el jardín, si es muy urgente.
Yo me cubría la boca con las manos ¿qué se pensaba esta mujer? — Señora Nodoka, yo…
Ella no paraba de hablar— Seguramente estarás exhausta, Ranma siempre ha tenido mucha energía. No me extrañaría que se apareciera por aquí cuando yo me haya ido. Descuida, usaré tapones en los oídos y tomaré un par de píldoras para dormir. Mientras tanto te dejaré afuera de la habitación una jarra con agua y bebidas energizantes para ti y para Ranma. ¡Voy a por ello!
Trata de descansar, que después de subir las cosas ya no los molestaré más. ¡Los veo en el desayuno! Después saldré un rato al mercado y a visitar a unas conocidas. Les deseo que tengan una muy buena noche.
—...
La señora Nodoka salió de la habitación con una gran sonrisa. Yo sólo quería esconderme bajo mi edredón, sentía muchísima vergüenza, pero también estaba muy impresionada por lo que acababa de pasar. Algo me quedaba claro y era que Ranma y yo sentíamos lo mismo el uno por el otro.
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Tal y como la señora Nodoka lo había predicho, la puerta de mi habitación se abrió un rato después. Ranma y yo repetimos la hazaña varias veces más, hasta terminar exhaustos en la madrugada. Cuando salimos de la habitación, casi daban las 10.30 de la mañana y nuestro desayuno estaba afuera de la puerta con una nota que decía: Volveré por la tarde, a la hora del té [subrayado]. Con cariño, mamá.
De más está decir que Ranma y yo aprovechamos todo ese día. La señora Nodoka nos trajo pastelitos y dulces para la hora del té. Sobre la cita de Ranma con Shampoo, fue obviamente cancelada. Envió a la señora Nodoka varios mensajes, que afortunadamente ignoró, puesto que estaba muy feliz de saber que su hijo no era un "desviado".
A pesar de que Ranma devolvió el dinero a la china, supimos que buscó a la señora Nodoka y le dijo la verdad sobre el empleo de Ranma. Esto la señora tampoco lo creyó y pensó que era una ridícula treta de Shampoo para intentar volver con su hijo. A pesar de su insistencia, no había evidencia alguna del trabajo de Ranma, por lo que sus argumentos no tenían validez alguna. Ukyo tampoco se había pronunciado después de la advertencia, más bien, amenaza que Ranma le hizo, por lo que todo se mantuvo en orden.
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La semana transcurrió bien. De lo mejor, podría decirse; sentía que en mucho tiempo no había podido sentirme feliz, y ahora era el momento. El caso de Nabiki parecía ir mejor, la abogada nos dijo que el caso estaba avanzando más rápido de lo que creía.
Ranma y yo comenzamos a pasar más tiempo juntos; por iniciativa de él, fueron canceladas todas las citas que tenía y, la señora Nodoka, advirtiendo nuestra permanencia en casa por la "falta de trabajo en la mensajería", salía todas las tardes para tomar el té con sus amigas y regresaba puntual a las diez de la noche.
Durante este tiempo solos en casa, Ranma y yo dábamos rienda suelta a nuestros instintos y lo hacíamos hasta que se nos terminaban los preservativos. Cuando esto sucedía, corríamos a conseguir más, antes de que llegara la madre de Ranma. Después de cenar, descansábamos un rato y veíamos la televisión, llegaba la señora Nodoka y charlábamos con ella, hasta que todos decidíamos ir a dormir a nuestras respectivas habitaciones.
En cuanto dejábamos de escuchar ruido en la parte baja de la casa, era porque seguramente la señora se había ya dormido, y yo me colaba a hurtadillas a la habitación de Ranma o viceversa. Éramos adictos el uno al otro y cada vez era más difícil pretender que respetábamos la presencia de la señora y "no hacíamos nada" mientras ella estuviera en casa.
Parecía algo tonto, ya que ella sabía lo que sucedía entre nosotros, pero no dejaba de ser incómodo que nos encontrara en la cama del otro por la mañana, cuando quedábamos exhaustos después de tanta actividad.
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Un día habló con nosotros durante el desayuno, después de que tuvo que ir a despertarnos después de las once de la mañana y nos levantó a regañadientes. Nos vestimos de prisa y cuando bajamos, nos dio a beber un cargado café negro.
—Deben saber algo: —comenzó la señora a decir, después de beber su café caliente, de un solo trago. Tenía unas visibles ojeras y aunque yo no lo percibí, Ranma me dijo que su madre estaba de muy mal humor, y eso no era bueno. —Su juventud les permite hacer muchas cosas, lo cual es considerable, sabiendo que son personas sanas. Pero también deben tomar en cuenta que se están excediendo de los horarios establecidos y que no puedo estar ingiriendo más fármacos de los prescritos para no escuchar su jaleo.
—Lo siento, mamá —pudo apenas musitar Ranma, mirándola y bajando la vista, cuando la señora observaba a su retoño con severidad— No sabía que no estabas durmiendo bien.
—Ha sido como cuando eras un bebé, no me dejabas dormir, te mantenías despierto durante horas…pero ya no soy tan joven como antes para soportar el desvelo.
Yo solo podía estar con la cabeza baja, escondiendo mi cara todo lo que podía. Estaba roja de la vergüenza, puesto que era más culpa mía que de Ranma, era yo quien no podía dejar de gritar por la intensidad con la que Ranma me hacía llegar al clímax. —Lo lamento, señora Nodoka —dije. Casi no me salía la voz.
—Te aseguro que no volverá a pasar —se disculpó Ranma.
—Oh, hijo. También fui joven, por eso comprendo lo que sienten ahora mismo, y también sé que, aunque digas que no, esto volverá a suceder. Así que he decidido establecer nuevas reglas en casa.
—¿Nuevas reglas? —preguntó Ranma. Ambos nos miramos con curiosidad, no sabíamos a qué se refería.
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—¡SLAM! — La puerta de ingreso se cerró en nuestras narices. La señora Nodoka nos echó de la casa, no para siempre, pero sí por las mañanas y el resto de la tarde.
La mujer no nos permitiría la entrada, a menos que fuera la hora de la comida o hasta después de las diez de la noche, y por supuesto, solo si ella se encontraba dentro de la casa. La regla era que cuando ella estuviera, Ranma y yo no podríamos estar juntos, más que cuando ella estuviera presente. Otra de las reglas fue que mudaría mi habitación al piso de abajo y ella tomaría la recámara contigua a la de Ranma. Ambos deberíamos dormir con la puerta cerrada y cualquier evasión de estas nuevas normas sería acreedora a un castigo. La señora Nodoka no dijo exactamente la penitencia, pero Ranma se puso pálido y me hizo una seña para que no me atreviera a preguntarle.
—¿Quién la entiende? Casi me suplicó que me metiera a tu cama y ahora se ha hartado de eso. —dije, mientras Ranma y yo caminábamos por la calle, sin rumbo alguno, o por lo menos, eso pensé.
—Tal vez no debimos hacer tanto ruido anoche —Ranma miraba hacia el frente, con el rostro adusto.
Me molesté y le respondí de mala gana— ¿Anoche? Llevas toda la semana sacándome de mi habitación para meterme a la tuya.
—En todo caso, es tu culpa —soltó— estabas usando esa falda corta y solo podía imaginarme lo que había debajo de ella.
—¡No usé la misma falda toda la semana! ¿Cuál es tu excusa para culparme el resto de los días? —dije en voz alta, por fortuna no pasaba nadie por la calle en ese momento.
—Un escote en tu blusa, un gesto, tu sonrisa ¡me provocas! —Ranma iba frunciendo el ceño y mirándome de reojo.
—¿Y qué? ¿no tienes autocontrol? —pregunté, deteniéndome en la acera y cruzándome de brazos. Cuando Ranma se dio cuenta que ya no iba junto a él, regresó a donde yo estaba.
—¿Y tú lo tienes? ¡No sé qué rayos has hecho conmigo! —ahora Ranma me miraba fijamente y después, lo hacía a los lados, cuidando de que alguien pudiera escucharnos.
Me sonrojé, puesto que él tenía razón, no podía contenerme al tenerlo cerca, lo habría besado en ese momento si un autobús no hubiera pasado por la calle de enfrente.
Ranma me acomodó el flequillo colocando un poco de cabello hacia un lado. Me sonrió con levedad y luego se metió las manos a los bolsillos.
—¿Qué vamos a hacer ahora? —pregunté.
—Hay que salir del vecindario —propuso, echándose a andar.
—¿Y, después?
—Busquemos un lugar, tenemos hasta mediodía para avisar a mamá si iremos a comer o bien, podemos regresar a las diez.
Ambos nos miramos y nos sonreímos, nos tomamos de la mano y nos dimos prisa para llegar a la estación.
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Salimos de la zona de Kabukicho a las 21.30, con rumbo a casa. Nabiki tenía razón, a esa hora estaba lleno de turistas y cualquiera podía pasar desapercibido al salir del motel.
Ranma dijo que sería temporal, ya que no podíamos exponernos de ese modo, pero que lo planearíamos más adelante.
Cuando llegamos a casa, la señora Nodoka nos recibió con su amabilidad característica y nos sirvió la cena. Omitió preguntar dónde habíamos estado y nosotros tampoco tuvimos intención de decir nada.
Esa primera noche fue difícil para ambos, ya que la señora se dio a la tarea de poner candado a las ventanas por fuera, e hizo lo mismo con la puerta de la habitación de Ranma. Solo ella tendría la llave y ante cualquier excusa de su retoño por salir de emergencia, le puso dentro de la habitación un orinal.
Me había acostumbrado demasiado a dormir junto a Ranma, y lo extrañaba mucho, pero con el pasar de los días, me conformé, ya que sabía que al día siguiente lo tendría solo para mí.
Ranma quería estar al pendiente de su madre, así que era por eso que regresábamos siempre.
Estuvimos así varios días, preferíamos pedir comida desde el motel y estar juntos el resto de la tarde. En una ocasión, estábamos acostados en la cama y Ranma comenzó a hablar de algo que le inquietaba: —Estaba pensando que no deberíamos seguir aquí.
—¿Quieres que cambiemos de sitio? —pregunté.
—No me gusta que los empleados nos reconozcan. He estado buscando lugares más cercanos al vecindario de la casa.
—Pero dijiste que era mejor que no nos ubicaran los vecinos.
—Sí, pero no es lo mismo tener un apartamento, algo privado, solo para nosotros.
—¿Crees que tu madre esté de acuerdo en que nos vean juntos?
—Soy mayor de edad y tú también, no debe ser un problema.
Ranma estaba proponiendo indirectamente que viviéramos juntos. No era una mala idea, pero yo también pensaba en Nabiki, no podía dejarla vivir sola, no si después de su juicio ella tenía dificultad para conseguir un buen empleo, no dejaría que volviera a vivir en un sitio como en el que Ranma y yo nos encontrábamos. Había luchado mucho por darnos lo mejor que podía, de una manera no muy digna, pero cumplió cuando nos fuimos a vivir a un apartamento de buena categoría. Mi hermana se había esforzado para que, precisamente, yo no terminara en la cama de un motel, con un hombre, entregando mi cuerpo. Amaba a Ranma, pero al pensar en aquello, fue inevitable sentir pudor por lo que estaba haciendo.
Me cubrí con la sábana hasta el pecho y me levanté— Voy a ducharme —dije, antes de encerrarme en el baño y llorar, evitando que él me escuchara.
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Ese día, le dije a Ranma que quería regresar a casa temprano, porque necesitaba ordenar algunas cosas para buscar a mi hermana al día siguiente. A Ranma le extrañó, ya que era yo la que siempre insistía en quedarse hasta entrada la noche, pero esta vez, quería pensar qué iba a decirle a Nabiki y qué respuesta le daría a Ranma. No quería que mi hermana pensara que la estaba abandonando por un hombre, tal y como había hecho Kasumi con nosotras.
La relación entre Ranma y yo estaba implícita después de que comenzamos a estar juntos, pero es que él daba por sentado que yo lo seguiría sin siquiera preguntarme. ¿Y si solamente quería tener sexo conmigo? ¿si se cansaba un día? ¿Me echaría a la calle? Todas esas preguntas retumbaban en mi cabeza y me impedían pensar, no sabía bien qué era lo que iba a hacer.
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Llegamos a casa de Ranma justo a la hora del té. Curiosamente, la señora Nodoka no salió a recibirnos cuando Ranma anunció desde el genkan, que habíamos llegado.
Ambos nos dirigimos a la sala de estar, que era el lugar donde por lo regular siempre se encontraba la señora. Y efectivamente, ahí estaba, sentada frente a la mesa, y dándonos la espalda, una persona que la acompañaba. Era un hombre.
En cuanto éste se giró, lo primero que hizo fue mirarme y sonreír.
—Hola, Akane.
Ahogué un grito, no lo podía creer— ¿Qué haces aquí?
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¡HOLA! Gracias por continuar leyendo la historia. Mis gracias infinitas a mi beta reader Sailordancer7 por apoyarme con este fic y mis ideas.
También a mis queridas Locas por el dios griego, por estar siempre ahí cuando las necesito, por darme siempre ánimos.
Les agradezco la espera para este capítulo, es el que más me ha costado, porque había que escribir el lemon y fue donde se me enredó un poco la historia y no estaba muy segura. Pero mi beta me ha hecho revisiones hasta que ha salido.
Esperen muy pronto el final de este fic, que iba a ser shot, y finalmente terminó en fic de capítulos cortitos. Estaré preparando otra historia que también supongo que será corta, pero de esa no prometo cuando sale, puesto que he comenzado a trabajar de nuevo y debo organizarme bastante para darme tiempo para escribir, pero la voluntad ha vuelto a mí, así que ya les diré, por mi página.
Estoy leyendo la historia de mi amiga Juany Nodoka: "Entre compromisos y razones", está justamente publicado el último capítulo, así que les recomiendo que vayan a leerlo y dejen review porque está muy linda la historia.
A todos los que han dejado un review, o señal de que han pasado a leer mi fic, se los agradezco de corazón. Gracias a los que recomiendan la historia de boca en boca.
Los leo muy pronto.
Susy Chantilly.
