Naruto Shorts
POV Naruto
28 Febrero
Recuerdo aquella vez que me lastimé el brazo; la fractura fue a tal punto que quedé inmovilizado hasta el hombro. A la mañana siguiente del accidente, mi maestro me visitó para llevarme algunas verduras frescas, y por la tarde mis dos mejores amigos llegaron para jugar cartas y comer frituras juntos. Yo estaba en clara desventaja dado que no podía sostener bien las cartas, dejándolas caer más de una vez y revelando mi mano a mis contrincantes, por lo que, naturalmente, perdí todas las partidas.
Sentía un cansancio anormal, el doctor dijo que se debía a los analgésicos y que lo mejor sería pasarla descansando en casa y yo, que ni soy perezoso, me pasaba durmiendo casi todo el día. Me encontraba fuera del juego sin poder ir a misiones a diferencia de mis amigos, los días se pasaban lentos y solitarios, ya sólo me quedaba leer historietas y ver el día pasar por la ventana. Qué aburrimiento.
Al cabo de unos días llegaste tú, y fue una absoluta sorpresa. Llevabas en tus brazos contenedores con comida preparada y lo primero que hiciste fue burlarte del hedor emanando de mi camisa. En un comienzo levanté mi guardia, sin embargo, fue cuando me miraste tranquilo y sin prejuicio que me dejé auxiliar por ti. Me ayudaste a quitarme la playera apestosa y juntos buscamos entre mis cajones una que no oliera tan mal; después me llevaste a la regadera y ahí, sentado sobre un banquito de plástico, agaché la cabeza para que pudieras lavarme el cabello. Sentí tus dedos enjabonados deslizarse suavemente entre mis cabellos y tus palmas tallando mi nuca con dedicación. Permanecimos en silencio concentrados en la tarea, luego reímos tímidamente intentando ser discretos. Me secaste el cabello con una toalla y al levantar mi cabeza nuestras miradas se encontraron, con tu mano aún enjabonada tallaste mi mejilla, «así que no te los pintas», te referías a los bigotes tatuados en mi rostro. Con tu mirada serena y amable, me sonreíste ligeramente y yo me sonrojé.
Más tarde te reté a un juego de cartas y me obliteraste en cada partida. Así fue como terminamos de limar asperezas, cenando juntos y charlando de banalidades. Desde el otro lado de la mesa percibí el aroma de tu camisa, y quise tenerte más cerca. Al anochecer te fuiste a casa, dejándome en el portón suspirando por ti.
