Diálogo
22 de abril
S: ¿Por qué vas tan lejos a por mí?
N: Porque eres mi amigo, eres mi lazo. No puedo pensar en dejarte atrás siendo consumido por la oscuridad, quiero ahogarte en todo este amor que estalla de mi pecho. No podré soportar si volviera a perderte.
S: Esta obsesión es enfermiza. Tú fuiste alguna vez mi amigo y ni yo iría tan lejos por ti, jamás me dejaría caer por salvarte a ti.
N: Te equivocas, ya los has hecho por mí antes. ¿Recuerdas aquella vez cuando caíste en coma tras haberme protegido de los ninjas de la niebla? Me hiciste prometer que jamás olvidaría mi propio sueño.
S: Aquello fue hace mucho, cuando perdí de vista mi objetivo y-
N: ¡Te equivocas! Ese día mantenías en tu mente perfectamente bien tu objetivo, e incluso me lo hiciste saber cuando posaste tu mano en mi mejilla y me hablaste de ''ese hombre''. Aún lo sueño, aún lo pienso.
S: ¿Todavía lo piensas? Han pasado años. ¿Qué es lo que te pasa, cabeza hueca? Creo que estás encaprichado de mí, a este punto no hay ninguna otra razón lógica por la que sigas buscándome.
N: ¿Encaprichado? Eres mi amigo, ¡te amo, joder! -silencio y realización- Joder, joder, joder, joder. ¡Te amo! Y me destruye el no verte, el no saberte más, el que quise seguir conociéndote pues finalmente, finalmente, tenía una excusa para soportarte, para conversar, para estar frente a frente contigo.
S: Yo también estaba contento, en algún momento mi envidia se tornó en admiración y poco a poco en un trágico capricho de amor. Es por eso que este lazo es tan importante y el recuerdo de una farsa en la que pude haber existido, una mentira, una utopía.
N: ¿Por qué no regresas, entonces? ¿Por qué tuviste que irte sin siquiera despedirte?
S: Lo hice, aquella noche que partí, subí por tu ventana y me despedí con un beso en tu frente.
