Despertar fue doloroso. Realmente doloroso.
No era que simplemente dolieran sus músculos, o las heridas aun abiertas de su última batalla.
Su propia alma dolía, como si hubiese sido desgarrada y reformada varias veces en un corto periodo de tiempo.
El moverse dolía, respirar dolía. Parecía que hasta el latir de su corazón dolía.
Supuso que eso significaba que seguía vivo, lo cual era extraño, estaba seguro de que había muerto junto a Rukia.
Rukia…
Ya no la sentía en sus brazos, y eso no encajaba en sus recuerdos, el la había estado abrazando con la poca fuerza que le quedaba, en un esfuerzo por no estar solo al morir, pero ahora no había nadie.
Obligó a sus ojos a abrirse y, después de parpadear un par de veces para acostumbrarse al dolor y despejar la niebla de sus ojos, mirar a su alrededor.
Lo que veía no tenía sentido.
Estaba acostado sobre hierba verde, a la sombra de un frondoso sauce, ahora también era capaz de darse cuenta de que el sonido que escuchaba no era el sonido hueco y casi aullante que hacía el viento al soplar a través del páramo vacío en el que se había convertido la sociedad de almas, sino el calmante sonido del viento a mecer las hojas de los árboles y el sonido del roce del follaje, si se concentraba lo suficiente, incluso podía escuchar los ruidos que hacían las pequeñas criaturas que correteaban entre el follaje.
Ignorando la protesta de su cuerpo se obligó a enderezarse a una posición sentada, y eso fue todo lo que pudo hacer, el mareo que se apoderó de su cabeza casi lo hace caer de vuelta a la tierra y solo su fuerza de voluntad (terquedad de idiota suicida como lo llamaba Rukia) lo hizo mantener su posición sentada.
No tenía sentido. Nada de esto lo tenía.
Después de unos segundos de desconcierto al borde del pánico, sintió un tirón en su interior. Zangetsu.
No estaba solo. El inmenso alivio que sintió al darse cuenta de que su zampakuto estaba con él, le dio algo que no había experimentado en mucho tiempo; esperanza.
Cerró los ojos y se deslizó fácilmente en su mundo interior, solo para ser recibido por una vista bastante extraña. Shiro y O`san estaban parados uno frente al otro viéndose como si fuera la primera vez. Sin embargo, apenas lo vislumbraron en el campo de edificios se volvieron hacia él de forma simultánea, y sucedió algo que lo desequilibró tanto como el despertar.
Shiro le sonrió.
Y no fue una de sus sonrisas psicópatas que podían asustar la mierda de sus enemigos, si no una sonrisa real, una que apenas levantaba las comisuras de sus labios, pero en sus ojos se mostraba que claramente era genuina.
Ichigo la podía reconocer fácilmente, después de todo Shiro era una imagen espejo de él mismo.
El que Shiro le sonriera y que el viejo solo lo mirara le hizo pensar por un momento que el que estuviera vivo tenía que ver con ellos, pero las palabras que salieron de la boca de Shiro descartaron esa opción.
─No sé qué es lo que está pasando, pero me alegra que estemos vivos ─, luego su sonrisa creció hasta convertirse en aquella que era más conocida para Ichigo. Puede que fuera más escalofriante, pero que su Zampakuto la mostrara le decía que estaba menos en shock y más dispuesto a averiguar qué estaba pasando.
O más dispuesto a cortar las gargantas de quienes se cruzaran en su camino, lo que fuera más necesario en ese momento.
─Ichigo ─ dijo O'san llamando la atención de los otros dos ─ algo extraño ha pasado…
─Si no lo dices, no me entero ─ lo interrumpió Shiro con un bufido.
─… Morimos, pero aun así estamos vivos ─ continuó el viejo como si nadie hubiese dicho nada ─. No es solo que estábamos muriendo, no existimos durante algunos momentos, y eso solo sucede si nuestro portador muere.
La garganta de Ichigo se cerró de golpe. De alguna manera el que sus espíritus zampakuto murieran le dolía y aterraba aún más que su propia muerte. No había forma de que el pudiera volver a soportar el dolor de sentirse vació por dentro y la soledad que eso conllevaba.
─Algo o alguien nos trajo de vuelta, king ─ dijo Shiro ─. Pero nada de esto tiene sentido. Se supone que nosotros éramos los únicos seres que quedaban vivos, y ahora hay un montón de mierda verde rodeándonos ─ terminó el peliblanco gruñendo, luciendo frustrado, aunque extrañamente contento. Era obvio que a Shiro le gustaba estar vivo, pero odiaba no saber el por qué estaba vivo.
─¿Y Rukia? ─ no pudo evitar preguntar Ichigo, al mirar a los rostros de Shiro y O'san solo recibió miradas en blanco, lo que destruyó la pequeña esperanza de que alguno de ellos supiera qué paso con ella.
─Sabemos lo mismo que tú, Ichigo ─ le contestó O'san ─. En un momento estamos muriendo junto a ella y al siguiente estamos reapareciendo aquí.
─La única razón por la que estamos seguros de que no estamos dentro de una ilusión de mierda es porque podemos sentir el reiatsu de Aizen fluyendo a uno par de cientos de kilómetros de aquí ─ continuó explicando Shiro ─. Y sólo puedo reconocerlo vagamente de la primera vez que nos encontramos con él, Ya no tiene toda esa contaminación del Hyokyoku.
Para Shiro era molesto, por decir lo menos, que Aizen hubiese descartado tan fácilmente a su zampaku-to a favor de la supuesta "evolución" que le otorgó la piedra.
A Ichigo, Shiro y O'San llegar a un entendimiento que los llevara al equilibrio y esto a su vez a alcanzar su máximo potencial, aunque los tres estaban dispuestos a seguir fortaleciéndose les costó lagrimas y sangre, pero es algo que no cambiarían por nada, el sentirse completos y, más allá de todo, comprendidos, era un sentimiento que todos agradecían y atesoraban.
Cada vez que Ichigo recordaba el tiempo en el que había tratado a Shiro como si fuera un monstruo la culpa hacía sentirse que no era digno de ser el portador de su Zampaku-to. Sin embargo, era el mismo Shiro quien siempre lo hacía salir de su agujero, aunque a su propia manera, lo que significaba peleas hasta casi la muerte en las que a golpes hacía entender a Ichigo que la culpa era una emoción inútil, que lo haría débil y que si seguía siendo su caballo era porque era digno, porque se había ganado el derecho a ser su rey, a ser quien lo portara y que ya habían aceptado el hecho de que no eran dos entes, sino que un ser separado en tres partes, pues aunque lo había engañado toda su vida, O'san también era parte de ellos y ya se había remendado.
Pero lo que le importaba ahora a Ichigo es que no sabía la razón por la que estaba en una sociedad de alma intacta, aunque de alguna manera diferente a cómo Ichigo la recordaba de antes. Antes de que Aisen matara a tantos, antes de que Juhabach destruyera todos los mundos, y eso tenía aun menos sentido de que estuvieran vivos.
Necesitaba a Rukia, ella siempre era su centro, quién lo ayudaba a concentrarse en lo que era importante y buscar la verdad detrás de todo, pero ella no estaba, y eso lo hacía sentir solo y adolorido.
Sus fuerzas desaparecían lentamente, por lo que supuso que las voces y los gritos que escuchaba eran parte de su imaginación, o quizás de su pesadilla por venir, porque sentía cómo su conciencia se desvanecía rápidamente.
Lo último de lo que es consiente es de la sensación conocida pero extraña de reiatsu entrando a su sistema. Era la misma que sintió cuando Hanatarou lo sanaba, pero este no era el pequeño chico que lo había ayudado hace tantos años, ni de nadie a quién conociera, pero no tenía fuerzas para abrir los ojos y mucho menos para defenderse en caso de que fuera algún enemigo, ni siquiera tenía las fuerzas para abrir los ojos, lo último que creyó ver antes de caer inconsciente fueron manchas negras que podrían ser consideradas humanas, o quizás Visards, o arrancar…
El negro lo consumió todo e Ichigo dejó de pensar.
