Maestro de la Oscuridad
Capítulo 3
El aire estaba frío y pesado cuando Harry y Sirius llegaron a Grimmauld Place. La antigua casa de los Black permanecía tan sombría y enigmática como la última vez que Harry la había visto. Sirius, con una expresión de seriedad, guió a Harry por el pasillo y lo condujo hasta una habitación al final del corredor.
—Te quedarás aquí, en la habitación de mi hermano, Regulus —dijo Sirius mientras abría la puerta. La habitación estaba cubierta de polvo, pero aún conservaba un aura de nobleza, con muebles de madera oscura y una gran cama de dosel—. Descansa, Harry. Mañana hablaremos de todo.
Harry asintió, sintiendo el agotamiento de la jornada. Apenas había procesado la cantidad de información y emociones que lo habían asaltado en las últimas horas. Sirius le dio una palmada en el hombro antes de salir de la habitación, dejándolo solo en la penumbra.
Harry se dejó caer en la cama, sus ojos recorriendo la habitación. Aunque no conocía mucho a Regulus, había escuchado lo suficiente para saber que había sido un joven complicado, atrapado entre la lealtad a su familia y las oscuras ideologías que le impusieron. "¿Qué pensaría de mí ahora?", se preguntó Harry antes de que el cansancio lo venciera, sumiéndolo en un sueño profundo y sin sueños.
A la mañana siguiente, la luz pálida del amanecer se filtró por las cortinas. Harry se despertó sintiéndose extrañamente renovado. Después de vestirse rápidamente, decidió revisar los pergaminos y libros que habían traído de la bóveda Peverell. Se sentó en un viejo escritorio y comenzó a leer.
Uno de los pergaminos, en particular, capturó su atención. Estaba escrito en una caligrafía elegante y oscura, describiendo una jerarquía compleja conocida como el Círculo de la Oscuridad. A medida que leía, una sensación de asombro y temor lo envolvió.
En la cúspide del círculo estaba el Maestro Oscuro, el líder indiscutible. Debajo de él, los Señores Oscuros, poderosos magos con influencia y habilidades excepcionales. Más abajo se encontraban los Especialistas, divididos en varias ramas como venenos, espionaje, cooperación y reclutamiento. Y finalmente, en la base del círculo, estaban las Sombras, magos y brujas de menor rango que servían como soldados y ejecutores de la voluntad del Maestro y los Señores Oscuros.
Harry sintió un escalofrío recorrer su columna al darse cuenta de lo que aquello significaba. Ser un Maestro Oscuro lo colocaba automáticamente en la cima de esta estructura, por encima incluso de Voldemort. Sin embargo, el poder venía con un costo: todos los miembros del Círculo debían someterse a una iniciación, jurando lealtad a la oscuridad y al Maestro Oscuro, o en ausencia de este, a los Señores Oscuros.
De repente, la puerta de la habitación se abrió, y Sirius asomó la cabeza.
—Harry, es hora de desayunar. Kreacher nos ha preparado algo —dijo, pero se detuvo al ver la expresión en el rostro de Harry—. ¿Todo bien?
Harry levantó la vista, aún asimilando lo que había leído.
—Sirius, encontré algo en los pergaminos —dijo Harry, sosteniendo el documento—. Existe un Círculo de la Oscuridad. Y parece que... que soy el Maestro de ese círculo.
Sirius soltó un suspiro, como si una pesada carga que había estado esperando caer finalmente lo hubiera hecho.
—Lo sé, Harry. Mi hermano y mi familia fueron parte de ese círculo. Regulus... él intentó luchar contra la oscuridad desde dentro hacia al final de su vida, pero no lo logró. Y yo... me escapé antes de que intentaran iniciarme. No quería ser un peón bajo las órdenes de un loco como Voldemort.
Harry asintió, comprendiendo la gravedad de las palabras de Sirius. A pesar del poder que había heredado, había un peligro real en todo aquello. Jurar lealtad a la oscuridad, tener el control de aquellos que alguna vez sirvieron a Voldemort... Era un camino lleno de incertidumbres.
Descendieron juntos las escaleras hacia la cocina, donde Kreacher ya estaba sirviendo el desayuno. El viejo elfo refunfuñaba mientras colocaba los platos en la mesa, murmurando palabras que apenas se entendían pero que estaban cargadas de desdén.
—Mestizos... Deshonras a la familia Black...
Harry, que ya había escuchado más que suficiente, sintió un calor creciente en su pecho. La oscuridad que había descubierto parecía despertar en su interior, y antes de darse cuenta, su poder se manifestó de una manera inesperada. Sombras surgieron de las esquinas de la habitación, y la atmósfera se llenó de una opresión mágica tan fuerte que Kreacher dejó caer los platos al suelo, aterrorizado.
El elfo se arrodilló, temblando, sus grandes ojos llenos de pavor.
—Perdóneme, Maestro. No sabía... No sabía quién era usted...
Sirius miró a Harry con sorpresa y algo de orgullo, mientras Harry miraba al elfo, sintiendo que una nueva realidad se había impuesto en su vida. Kreacher, en su fanatismo por la familia Black, había reconocido el poder que ahora Harry poseía.
—Está bien, Kreacher —dijo Harry, su voz firme aunque aún sorprendido por la magnitud de su poder—. Pero ten cuidado con lo que dices. No voy a tolerar faltas de respeto.
El elfo asintió vigorosamente antes de desaparecer con un chasquido, dejando a Harry y Sirius solos en la cocina. Sirius sonrió, aunque la preocupación no desaparecía de sus ojos.
—Parece que te estás acostumbrando rápido a tu nuevo rol, Harry.
Harry, que aún sentía las sombras arremolinándose en su interior, solo pudo asentir.
Harry y Sirius terminaron de desayunar en silencio, con el peso de las recientes revelaciones aún colgando en el aire. El episodio con Kreacher había dejado claro que el poder de Harry como Maestro Oscuro no era algo que pudiera ignorar, y ambos sabían que tenían que discutir sus próximos pasos.
—Harry —dijo Sirius mientras se levantaba de la mesa—, hay algo que quiero mostrarte. La biblioteca de los Black tiene muchos libros que podrían ayudarnos a entender más sobre el Círculo de la Oscuridad y tu rol en él. Creo que es hora de que veamos qué más podemos aprender.
Harry asintió, sintiendo la importancia del momento. Sabía que los Black habían sido una familia influyente en las artes oscuras, y que los libros que poseían probablemente contenían conocimientos que pocos magos tenían acceso.
Sirius lo guió a través de los oscuros y polvorientos pasillos de Grimmauld Place hasta llegar a una puerta de madera pesada al final del pasillo. Al abrirla, Harry se encontró en una sala vasta, cuyas paredes estaban cubiertas de estanterías llenas de libros antiguos y pergaminos. La biblioteca Black era todo lo que había imaginado y más. Había un aire de misterio y peligro en el ambiente, como si los libros mismos guardaran secretos oscuros.
Sirius movió su varita e inmediatamente el lugar se iluminó con una luz cálida y parpadeante.
—Aquí hay conocimiento acumulado durante siglos —dijo Sirius, caminando hacia una de las estanterías y sacando un grueso tomo cubierto de polvo—. Mi familia guardaba muchos secretos, y estoy seguro de que aquí hay algo que te ayudará a entender mejor lo que eres... y lo que puedes hacer.
Se sentaron en una mesa de roble en el centro de la biblioteca, y Sirius comenzó a hojear el libro que había sacado. Harry, por su parte, tomó un pergamino cercano y lo desenrolló. Las palabras en él describían antiguos rituales de poder, algunos de los cuales le resultaban vagamente familiares por lo que había leído en la bóveda Peverell.
—Harry, tenemos que hablar seriamente sobre lo que deseas hacer a continuación —dijo Sirius finalmente, levantando la vista del libro—. Como Maestro Oscuro, tienes un poder que pocos han tenido. Eso te pone en una posición única. Podrías ponerte en contacto con el Círculo de la Oscuridad... y podrías acabar con esta guerra sin sentido si quisieras.
Harry frunció el ceño, procesando lo que Sirius estaba sugiriendo.
—¿Quieres decir... que podría obligar a los que sirven a Voldemort a seguirme a mí? —preguntó, su voz baja pero firme.
—Exactamente —respondió Sirius—. Voldemort es poderoso, pero al final del día, eres el Maestro y él está obligado por juramentos a la oscuridad a servirte. Claro, eso no sería fácil porque aunque eres el Maestro la lealtad que le profesan a Voldemort le da un poco de ventaja. Podrías disolver el Círculo por completo si lo desearas, o usarlo para otro propósito, incluso podrías ofrecer una alianza a Voldemort, y él la tendría que aceptar. La guerra podría terminar, Harry. No tendrías que enfrentarte a Voldemort de la manera en que todos esperan. Podrías cambiar las reglas del juego.
Harry bajó la vista al pergamino en sus manos. La idea de terminar la guerra de una manera tan definitiva era tentadora, pero también sabía que tomar esa decisión no sería fácil. El Círculo de la Oscuridad era un poder que había existido por generaciones, y aunque podría usarlo para el bien, también podría corromperlo todo si no tenía cuidado.
—Pero... —Harry dudó por un momento—, ¿y si no soy capaz de controlarlo? ¿Y si al intentar cambiar las cosas, termino siendo igual que Voldemort?
Sirius negó con la cabeza, su expresión seria pero llena de confianza.
—Harry, tú no eres Voldemort. Nunca lo serás. Has demostrado más coraje y bondad en tus dieciséis años que la mayoría de los magos en toda su vida. Si decides ponerte en contacto con el Círculo, lo harás desde un lugar de compasión y justicia, no de odio. Pero la decisión es tuya. Solo tú puedes decidir qué hacer con este poder.
Harry cerró los ojos por un momento, tratando de imaginar el futuro. Podía ver un mundo donde Voldemort no existiera, donde los mortífagos fueran forzados a renunciar a su lealtad al mal, donde la guerra terminara sin necesidad de más muertes. Pero también podía ver los riesgos, los desafíos que vendrían con tomar el control de un poder tan vasto.
Finalmente, abrió los ojos y miró a Sirius.
—Primero, necesito saber más. Necesito entender completamente lo que significa ser el Maestro Oscuro antes de tomar cualquier decisión. Si hay una manera de cambiar las cosas, lo haré, pero lo haré a mi manera.
Sirius sonrió, una chispa de orgullo brillando en sus ojos.
—Esa es la respuesta que esperaba escuchar.
Con esa determinación renovada, ambos continuaron explorando la vasta biblioteca, buscando las respuestas que necesitarían para enfrentar el futuro incierto que les esperaba.
