Capítulo 4

2013

Erin agradeció que Aaron no volviera a comentar ni preguntar nada, aunque sabía que no duraría mucho tiempo más. De hecho, se había asegurado de volver al hotel en el coche en el que él no viajaba.

Había pasado algo más de una hora desde que habían llegado al hotel, y había hecho las cosas en modo automático. Se había duchado, desmaquillado, la rutina facial de noche, y todo prácticamente sin darse cuenta. Se había puesto unas mallas negras y una camiseta amplia, recogido el pelo en un moño y ahora estaba en la cama, abrazando sus piernas y preguntándose cómo iba a soltar todo lo que llevaba tantos años guardándose dentro.

El golpe en la puerta, aunque bastante suave, la sobresaltó. Cogió aire y lo expulsó lentamente antes de levantarse a abrir la puerta.

Los dos se miraron en silencio unos segundos, y ella se hizo a un lado para que pudiera entrar. Aaron esperó a que cerrara la puerta y ver dónde se sentaba.

Lo hizo donde estaba antes de que él llegara. En la cama, con la espalda apoyada en el cabecero, doblando y sujetándose las piernas. Aaron se sentó al final de la cama, dándole algo de espacio pero al mismo tiempo cerca de ella.

-Lo siento -murmuró apoyando la barbilla en las rodillas, evitando mirarlo.

-Sé que lo sientes, Erin, pero debiste decirlo antes -respondió con suavidad. Ella cerró los ojos y asintió.

-Es que…sólo quería olvidar todo lo que viví aquí. Pensé que no tendría que hablar de ello.

- Lo entiendo, pero necesito que me lo cuentes todo.

Erin levantó la cabeza y asintió muy lentamente.

-No me interrumpas, Aaron, por favor. Si lo haces no sé si seré capaz de terminar -sus ojos se llenaron de lágrimas y la voz se le quebró.

Él se acercó un poco más y cogió su mano izquierda, que había posado sobre el colchón. Acarició despacio sus nudillos, intentando darle ánimos. Ella cerró los ojos brevemente, tomó aire y lo soltó lentamente.

Luego comenzó a hablar.


1983

Era la segunda semana de Octubre y por las noches refrescaba, pero las cuatro chicas habían decidido aceptar la oferta de Liz y se dirigían al bosque. No sabían qué iban a encontrarse allí, pero Liz les había asegurado que era una pequeña reunión con alguno de los jugadores y las chicas del equipo de animadoras.

Al acercarse al sitio donde se iba a celebrar la fiesta, vieron el resplandor de una pequeña hoguera y escucharon risas. Las cuatro se miraron entre sí, y Erin pudo ver la duda en el rostro de sus amigas.

-Todavía podemos irnos. Yo…no estoy segura de querer estar aquí -dijo Jane en voz baja.

-Vamos, chicas. Hemos sido las elegidas. No vamos a hacer nada que no queramos. Estamos un rato y después nos vamos -las animó Erin.

Todas asintieron y continuaron su camino. Unos segundos después, Melissa las vio llegar.

-¡Chicas! ¡Por fin habéis llegado! Estábamos impacientes por vuestra llegada -se acercó a ellas y prácticamente las empujó hacia donde estaban el resto.

Aparte de Melissa y Liz, estaban Jeremy, el quaterback y estrella del equipo, y tres chicos más. Todos llevaban las cazadoras con su nombre y el logo del equipo.

Liz y Tony, uno de los chicos, les pusieron a cada una un vaso en la mano, incitándolas a beber. Ellas se negaron al principio, al probar el líquido y darse cuenta que era alcohol, pero tanto Liz como Melissa las consiguieron camelar.

-Sabéis que es un privilegio que estéis aquí ¿verdad? Es difícil entrar en el equipo de animadoras, y eso conlleva seguir algunas normas -dijo Melissa con voz melosa pero sonando bastante amenazadora.

Erin notó la incomodidad de sus compañeras, pero aún así obedecieron y bebieron, igual que ella. Escuchó en su cabeza su propia voz minutos antes, diciendo que no harían nada que no quisieran, pero se sentían totalmente intimidadas.

La música estaba alta, y el calor del fuego y del alcohol les empezaba a hacer efecto. Se estaban mareando, y cuando Jane dio un paso y George, otro de los chicos la cogió por la cintura, y la miró sonriendo, Erin pensó que era hora de irse.

-No, qué va, no os vais a ningún sitio -Jeremy se interpuso en su camino, impidiéndole el paso. Ella volvió a moverse, pero el chico la agarró con fuerza.

Intentó soltarse, y aunque estaba mareada y apenas tenía fuerzas, fue consciente de lo que ocurría a su alrededor. Alguna de sus amigas gritaba, otra había comenzado a sollozar y uno de los chicos también gritaba enfadado. Por encima de todo eso, escuchó las risas de Melissa y Liz y sus voces lejanas diciéndoles que se divirtieran.

Ella forcejeaba con Jeremy, aunque sabía que de poco iba a servir. Ella tenía catorce años, y aunque estaba en buena forma, él era un chico y le sacaba un par de años. La tiró por fin al suelo, y él se tiró encima de ella, sin darle opción a moverse. Erin cerró los ojos con fuerza y dejó de luchar. Escuchaba a sus amigas, luchar, llorar, gritar, y se sintió culpable por todo lo que les estaba pasando. Nada de eso hubiera pasado si ella no hubiera insistido en quedarse cuando Jane quiso marcharse.

Después de lo que parecieron horas, Jeremy se quitó de encima de ella. Lo escuchó soltar una risa y chocar sus manos con uno de sus amigos. Ella mantenía los ojos cerrados. Un momento después, las voces y risas de los cuatro chicos sonaban lejanas, aunque no antes de amenazarlas con que debían estarse calladas y no decir nada, sino querían arrepentirse.

Erin seguía sin moverse y sin abrir los ojos, y ni siquiera reaccionó cuando Eliza se acostó a su lado y la abrazó. Unos momentos después, sintió también a Sarah y a Jane a su lado. Alguna de ellas seguía sollozando, y Erin, a pesar de todo lo que habían vivido, tuvo ganas de decirle que se callara.

El fuego se había apagado y la temperatura había bajado mucho, así que las cuatro estaban tiritando cuando por fin reaccionaron y se levantaron, mucho tiempo después de que todo había pasado y se hubieran quedado solas.

Erin pudo ver la mirada vacía de sus amigas, igual que supuso que estaría la suya. Esto las cambiaría para siempre, y nunca más serían las mismas.


2013

Aaron se había acercado todavía más a ella mientras hablaba, y finalmente, la estaba abrazando. Ella enterró la cara en su cuello y se relajó en sus brazos.

Lloraba en silencio, con las lágrimas rodando sin descanso por su rostro. Él acariciaba despacio su espalda, ofreciendo consuelo.

-Fue todo por mi culpa -murmuró con la voz rota por el llanto.

Aaron la separó de él para que pudiera mirarlo a la cara y escucharlo bien.

-Erin, no tuviste culpa de nada -limpió sus lágrimas con sus pulgares, con la delicadeza de una caricia-. No fuiste tú quien les hizo daño. Y no me digas que las obligaste a quedarse. Los culpables son ellos. Y nadie más.

Ella asintió, pero sin estar segura del todo. Él siguió acariciando su cara y secando sus lágrimas unos minutos más.

-Mañana le pediré a García que investigue donde están ahora esos hombres. Ahora necesitas descansar.

-Podrías…quedarte. No quiero estar sola ahora mismo -susurró nerviosa.

-Por supuesto. No voy a dejarte sola nunca ¿de acuerdo? -respondió acariciando su barbilla.

Se miraron con intensidad, diciéndose mil cosas en esa mirada. Podían cambiar las cosas en ese momento o seguir como hasta ahora. La mano de Aaron seguía en su cara, trazando suaves patrones en la mejilla y Erin sintió cómo su corazón se aceleraba y se quedaba sin aire. Se levantó bruscamente y se encerró en el cuarto de baño.

Se agarró al lavabo e inspiró varias veces. Habían sido un par de horas muy intensas, después de contarle a Aaron su más personal secreto, y ahora lo que había estado a punto de pasar entre los dos. ¿Quería de verdad que pasara? ¿O sólo necesitaba un poco de consuelo? Sabía la respuesta, pero lo que no sabía es si estaba preparada para las consecuencias.

Le había pedido que se quedara, ¿pero debía decirle ahora, después de su huida, que se marchara? No quería eso, quería que se quedara con ella esa noche, y olvidar todo al menos durante unas horas.

Cuando salió, Aaron había retirado las sábanas y estaba metido en la cama, apoyado en el cabecero. Sonrió ligeramente cuando la vio.

-Me has pedido que me quede, pero puedo irme, si quieres.

-No, por favor. Quédate.

Se acostaron y apagaron la luz. Aaron podía ver la silueta de Erin en la oscuridad, que con la tensión del día, estaba a punto de quedarse dormida. Ella buscó su mano, y él se la cogió.

-Aaron…lo siento mucho -murmuró ya a punto de caer rendida de sueño.

Él apretó su mano, haciéndole saber que entendía a lo que se refería y que todo estaba bien entre ellos.

Continuará….