Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada. Los personajes extras sí son de mi pertenencia (no son ni adoptables ni prestables), así como la trama del fanfic. Disfruten el fic.
#Si leíste y te gustó vota, si te gustó y no votas no lo leas, no aproveches el esfuerzo de otros y te olvides de la gratitud, las cosas se regresan.
Té… cuento mi historia?
Te invito al Fika: galletas, bebida y amistad
Dos semanas después…
Todo había vuelto a la normalidad. Las guardias estaban regularizadas, Afrodita había vuelto a su casa y se había incorporado de nuevo a sus funciones, y la vida en el santuario había vuelto a su normalidad. Mascara no había ido ni por asomo a robarle comida porque sabía que su hermano debía alimentarse bien y al contrario de saquearlo, subía con comida italiana de lo más sustanciosa, pues decía que para un enclenque mal alimentado nada como las grasas del queso y la proteína de las carnes.
Hoy era viernes y tendría que asistir otra vez a las cenas doradas, se había escapado la semana pasada argumentando sentirse algo indispuesto aún pero ya tenía que presentarse otra vez. Por eso hoy no había comido por la tarde, para hacer espacio en su panza, como él decía, pues a últimas fechas se le iba el apetito con mucha facilidad, no era la primera vez que le pasaba. En la época de Arles tenía periodos en los que el hambre decidía irse de paseo y él sólo comía una o máximo dos veces al día. Luego su estómago retomaba una apetencia saludable y volvía a comer de forma normal, por eso no le preocupó, pensó que se le pasaría. Así que para no desairar los platos de esta noche sólo había desayunado ligero pero no tenía nada en el estómago desde la mañana.
Nada más que no se enteraran ni Shion ni Aristófanes o lo iban a regañar, por lo que él consideraba cosas sin importancia. Misión realmente fácil pues Afrodita era demasiado astuto desde niño, se daba sus mañas y cuando no quería que alguien se enterara de algo, nunca se enteraba, habilidad que se vio obligado a perfeccionar en la época de Arles.
Estaba echado en el suelo a la salida de su templo sobre las rosas que crecían al lado de los escalones de la casa y las cuales lo dejaban semi oculto, cuando alguien en la puerta frontal del Templo de Piscis le llamó vía cosmos pidiendo permiso para pasar. Afro dio su permiso y permaneció ahí echado, creyendo que Mu iba a ver a Shion. Sin embargo se sorprendió de ver a Mu salir de su templo con una gran bandeja de galletas recién horneadas así que le salió al paso sorprendiendo al carnero que miraba para todos lados como buscando a alguien.
- Buenas tardes Mu. ¿Son para el maestro Shion? –preguntó curioso levantándose de entre sus rosas.
- Oh así que estabas ahí abajo, con razón no te hallaba por la casa. No, estas galletas, son para ti. Te las manda Aldebarán.
- ¿Aldebarán… me las mandó?... ¿Por qué? –preguntó desconcertado.
- Porque saliste de la fuente hace poco y pensó que te harían bien. Son de nuez, ya que Aristófanes mencionó que te haría bien comerlas a Aldebarán se le ocurrió. Manda decir que desea que ya estés mejor de salud.
- Oh… que considerado. Gracias –dijo tomando la bandeja tan agradecido como perplejo. –Creo que… por favor dile que muchas gracias –estuvo a punto de decir "Creo que bajaré a agradecerle" pero entonces recordó que según su percepción, él no le caía bien a Aldebarán así que no quería molestar, por eso mejor encargó a Mu le diera su mensaje.
Sin embargo le intrigaba. Si él no le agradaba a Aldebarán ¿por qué se había tomado la molestia de enviarle estas galletas?... Con la duda, quiso indagar de forma sutil.
- ¿Por qué no vino él también? Me hubiera gustado agradecerle en persona. Supongo que estará muy ocupado.
- Sí –dijo Mu con una amable sonrisa –es que le encargué a Kiki, por eso no pudo venir.
Era cierto que le había encargado a Kiki, pero eso fue porque Aldebarán había estado dando vueltas y vueltas como Toro en corral decidiendo si subir o no hasta piscis con él, tanto que cuando decidió que mejor no subiría, Kiki llegó de un entrenamiento con otros aprendices buscando a su maestro, y al ver toda la pastisseria que había preparado Aldebarán, Kiki se había quedado en el templo de Tauro a comer con el gran toro.
Antes que llegara Kiki, Mu había intentado convencerlo de subir pero Alde estaba inquieto con la idea. Y Mu constató que al parecer sí que a Afro lo precedía su leyenda de muchos modos. Aldebarán no le tenía miedo al cruel asesino de la doceava casa. Le tenía miedo al aristócrata elegante con modales y porte de noble que cuidaba el Royal Hall de Piscis… Alde se sentía un joven de pueblo, quizá demasiado simple "¿Qué le voy a decir si me hace platica Mu?"
Y no es que Aldebarán fuera un común sin educación ni preparación, al contrario todos los dorados habían tenido una educación privilegiada, hasta el cascarrabias de Mascara Mortal, sólo que el porte natural de Afrodita le imponía bastante. "Al él le impone más tu estatura Alde" le dijo Mu entre risas tratando de animarlo pues sabía que no sólo a Afrodita sino a todo mundo ahí, la mole que era Aldebarán les imponía bastante. Pero Alde negó y pidió que le hiciera el favor.
A pesar de que Mu se esforzó en hacerle entender que Afro no era ningún snob estirado y que no debía esforzarse demasiado para hablar con él, Aldebarán se sintió intimidado por esa fama mal fundada de pretensioso engreído y despectivo que lo precedía. Incluso dijo que aunque Afrodita no fuera nada de eso… ¿de qué iba a hablar con él? ¿De cocina? No creía que fuera un tema de conversación para el sueco.
Aldebarán además de con los de siempre MM, Shura o Saga, sólo había visto a Afrodita conversar largamente con Camus, Camus…. ¿Necesitaba decir más? Ese francés era una tumba en sí y la única forma de hacerle hablar más de dos palabras era que la plática fuera de su interés, a niveles que el mismo Milo no sabía manejar. Milo llegó a confesar que si bien Camus no era afectivo en sus demostraciones, el simple hecho de que le escuchara sus barrabasadas y banalidades ya demostraba bastante su amor filial, pues el francés a nadie más le tenía paciencia para eso.
También había escuchado a Milo decir que Camus, e incluso lo había oído del propio Camus, que la única persona con la que podía tener una plática productiva y filosófica en ese santuario era con Afrodita. Aldebarán ya había escuchado a Camus exponer algunos temas en las raras veces que se ponía a debatir con ellos y siempre terminaba intimidado por la aplastante retórica del francés, que siempre dejaba a todo mundo callado sin capacidad de réplica y de paso haciéndoles sentir como niños de Kinder que discutían con el universitario…
Si Afrodita era el único con la facundia suficiente para llevarle el paso al francés… Aldebarán prefería no meterse a las grandes ligas. ¿Qué iba a pensar de él?
"Estoy seguro que a Afrodita le gustaría que tú mismo le llevaras esto" había dicho Mu pero Aldebarán rascó su cabeza sonrojado y negó "Sólo son unas galletas, no es la gran cosa" Pese a los esfuerzos del carnero, al final Aldebarán pidió que mejor Mu lo llevara y que le mandara sus parabienes. Así que Mu prefirió omitir todo eso y culpar a su trabajo de niñero de Kiki la ausencia de Aldebarán.
- Ya veo. Pues agradece el gesto por favor. Son bastantes galletas –dijo el sueco viendo la gran bandeja.
- Aldebarán quería que comieras bien.
- Últimamente todo mundo quiere eso –dijo resignado pues Saga, MM, Shion y el sanador le insistían en su alimentación. –Pero creo que son demasiadas para mí sólo. Es suficiente para un fika.
- ¿Fika?
- ¿Eh? Oh es una costumbre de mi tierra. Fika es… vaya cómo traducirlo al griego… podemos decir que no tiene traducción pero, es pasar un rato ameno entre amigos o familiares, disfrutando de la tranquilidad mientras bebes buen café o malteada y disfrutas de buena repostería, tomándote tu tiempo para saborear y relajarte. Es algo muy muy sueco.
- Es interesante. Sabes, no conozco mucho de las tradiciones de sus países, pero me gusta saber, ahora que tenemos internet en el santuario me gusta ver documentales. Me causan mucha curiosidad las diferentes culturas del mundo.
- A mí igual. Por cierto… bien, viendo las galletas asumo que no, pero de todos modos pregunto. ¿Viniste sólo a traerme esto? O ¿Venías a ver al maestro Shion también?
- De hecho sólo venía a traerte esto.
- Pues agradezco el gesto, son muchos escalones. Ya que estás aquí… ¿quieres quedarte al fika? –dijo recuperando el apetito de pronto.
- ¿Al fika? ¿La costumbre que mencionaste?
- Sí. Te invito, si no tienes nada más que hacer. ¿O estás ocupado?
- La verdad no, y creo que me gustaría.
- Entonces ven conmigo.
El sueco entró y por alguna razón, se sintió con la misma tranquilidad que se había sentido en Barbados. No sintió a Mu tan ajeno y de hecho, le hizo la invitación con bastante honestidad. No era común que se sintiera tan cómodo con sus otros compañeros.
Mu era honesto cuando decía que quería hermanarse con todos de nuevo, más era cierto también que con algunos como Afrodita se sentía ajeno y fuera de lugar pero en Barbados esa sensación rápidamente se había desvanecido y la verdad, se daba cuenta que el sueco le caía bien.
La verdad era que esa orden dorada estaba tan quebrada que los mismos dorados no sabían ni con cuál de sus pares se sentirían realmente cómodos y con cuales no, era una duda, una incógnita que varios tenían. Quizá si se dieran un tiempo para conocerse… esa generación llegaría a ser una de las más fuertes y unidas.
Afrodita lo guio al segundo piso de la casa y lo condujo a una terraza donde había una mesa y unas sillas, le pidió que tomara asiento y le pidió que le esperara un momento, bajó a su cocina y al poco rato volvió con una bandeja con un bonito juego de Té de estilo europeo que se veía bastante fino.
El sueco sirvió dos tazas de té, pero para sorpresa del tibetano, lo que sirvió en ellas no parecía té, es que… era de un color ambarino lechoso. ¿Era… café con crema?
Afrodita le entregó su taza y Mu la tomó con cuidado –Gracias.
Mu agradeció pero miró con algo de extrañeza su taza, es que… él no era muy afecto al café, claro que podía tomarlo de vez en cuando, pero en general su estómago lo toleraba sólo en épocas de mucho frio y si es que tenía el antojo, lo cual era muy raro.
- Pruébalo por favor, tiene azúcar pero no mucha –dijo acercándole un tazoncito que contenía terrones de azúcar –para que puedas endulzarlo a tu gusto. Espero que te guste.
Mu asintió y tomó con cuidado la fina tacita por el asa dorada. No se sentía caliente, al contrario la porcelana se sentía fresca, como si tuviera un líquido frio dentro. Quizá Afrodita había servido algo frio debido al calor de este día pero… No le gustaba mucho el café, y mucho menos el café tan frio… sin embargo no quería hacerle el desaire a Afrodita así que le dio el primer sorbo, pero para su sorpresa, esa bebida resultó deliciosa, algo que no había probado antes y… al mismo tiempo le pareció que conocía el sabor.
- Oye –dijo abriendo más sus ojos verdes –esto está muy bueno ¿qué es?
- Manzanilla con leche.
- ¿Manzanilla con leche? ¿Es un té a la inglesa?
- No, es té de manzanilla en leche, es una receta de mi maestro. ¿Sabes? tenía un amigo al que le gustaba el té a la inglesa, y gracias a él mi maestro descubrió su gusto por el té en leche. Y cito, té EN leche, no con leche. Aunque el té a la inglesa no le desagradaba, un día se preguntó cómo sabría un té hecho enteramente con leche, y descubrió que le gustaba más, y a partir de ahí fue creando sus propias recetas. Porque por ejemplo –dijo sentándose –para hacer una sola taza de leche con manzanilla, se necesitan de tres a cuatro bolsitas de té, de lo contrario el sabor de la manzanilla se pierde totalmente. Además debes retirar la leche del fuego antes que rompa el hervor, apenas se forma una delgada capa de nata, o arruinarás el sabor.
- Vaya no sabía que tenía su técnica, de ser yo seguramente sólo hubiera agregado leche caliente sin fijarme en los grados de calor.
- Mi maestro fue descubriéndolo conforme experimentaba con su nuevo gusto. Se puede tomar en frio o a temperatura ambiente, es una ventaja que tiene sobre el té común, la temperatura no cambia su gusto una vez bien hecho. Se puede mantener listo en el refrigerador para cuando se necesite. Me pareció que sería adecuado para el Fika, ya que hoy hace algo de calor. Aquella mañana en tu casa hacía algo de fresco, por lo alto que está el santuario así que la temperatura que dejaste en el té era idónea, pero hoy a estas horas cuando el sol nos pega de lleno y con rigor, me pareció que no te apetecería mucho algo caliente y se supone que el Fika se trata de disfrutar los alimentos y la compañía de tus amigos, pero incluso si los alimentos no son apetecibles por cualquier razón, se considera que se arruina el concepto del Fika.
- Ya veo. Pues está delicioso, incluso no creo que necesite más azúcar. Y si voy a acompañarlo con estas galletas creo que está perfecto.
- Me alegro. Por cierto –dijo mirándolo con sentida honestidad –quiero agradecerte el gesto que tuviste cuando estaba enfermo. Tu té me ayudó bastante, llevaba horas muriéndome de frio. Lo aprecio mucho de verdad. Para ustedes puede ser una tontería, pero a mí la gripa me mata –dijo con una risilla irónica. –Porque… bueno, la medicina que quita los síntomas no me hace efecto.
- Me alegra haber sido de utilidad. La verdad no me imagino teniendo que aguantar los síntomas de la gripa sin un paliativo, a mí me desespera bastante. Debe ser difícil… me refiero… el que la mayoría de las medicinas no te ayuden y las que sí, te sean perjudiciales.
- Ah, se aprende a vivir con eso. Cada caballero de Piscis tiene sus peculiaridades biológicas, pero no siempre perjudican, aunque algunos estamos algo jodidos. –dijo mirando despreocupado al horizonte.
Mu rio por lo bajo tomó una galleta y la mojó un poco en su leche de manzanilla mientras escuchaba al sueco.
- Yo soy inmune al veneno de la plantas –dijo tomando una galleta –cuando lo descubrí siendo un niño lo vi como un súper poder, hasta que un día me enfermé de una de las enfermedades más patéticas e inofensivas del mundo… Es una ironía, puedo rasgar el cielo con los puños, enfrentar a Dioses y Titanes, comerme un pastel con relleno de belladona y no sentiré ni cosquillas, pero… que no me atrape un jodido bicho microscópico y comercial porque me tira a la lona. –Afrodita se tomó un momento para morder su galleta -¡Hey, esto está muy bueno! – pasó bocado, tomó de su manzanilla y prosiguió –Siendo honesto aún con gripa puedo pelear de ser necesario y ser un caballero dorado en toda función haciendo arder mi cosmos tan alto sea necesario en combate, pero… luego de todo eso, queda un simple mortal adolorido y apaleado… Para serte honesto prefiero enfrentarme a los ciento ocho espectros de Hades que al microbio de la gripa.
- Creo que me lo puedo imaginar.
- ¿Y qué me dices Mu? ¿La gripa también es tu criptonita?
- Para serte franco, creo que lo es para cualquier hombre, he oído que las amazonas dicen que un hombre con gripa se vuelve un bebé.
- Eso mismo he escuchado decir a las doncellas de Milo… -dijo y ambos soltaron una risilla maliciosa.
- Algo de eso oí en una cena.
- Así que te llegó también el rumor. En este santuario las paredes susurran.
La plática tan sencilla como era, hacía sentir muy cómodos a ambos caballeros que sin darse cuenta se estaban ganando confianza. A veces era verdad que las cosas simples de la vida eran las mejores.
–Afrodita, hablando de rumores ¿Puedo hacerte una pregunta? –se animó el curioso tibetano aprovechando la buena disposición y comodidad que mostraba el piscis.
- Dime. –dijo el otro con su timbre elegante y mordiendo otra galleta. Estaban realmente muy buenas…
– ¿Es verdad que hay un lago en la casa de piscis? siempre he escuchado sobre la belleza del jardín de la doceava casa, pero, sólo conocía la parte con vegetación que crecía a la salida de la casa y la procesión fúnebre de rosas que pones de la escalinata al templo principal en tiempo de asedio, yo creía que ese era el famoso jardín de piscis, pero escuché rumores que decían que era incluso más grande que el jardín secreto de los Sales Gemelos en Virgo, lo suficiente para tener un lago. Escuché decir también cuando era un niño, que había ruinas y estatuas muy bellas en las que se enredaban las rosas, que eran las ruinas de lo que fue un bello jardín en el que se llegó a deleitar la mismísima Diosa Afrodita en la era del mito. ¿Es eso cierto? O sólo un rumor como el que decía que había un corral de vacas sagradas en el jardín de los Sales Gemelos.
- ….JAJAJAJAJA ¿QUÉ? ¿VACAS? JAJAJAJA
- ¿Nunca lo habías escuchado? Es lo que decían los que sabían sobre el jardín de Shaka –aclaró con una sonrisa.
- Jajaja no jajaja no lo sabía jajaja.
- Bueno, pues hablando de no saber algunas cosas del santuario, me alegra saber que no soy el único.
- ¿Y qué dice Shaka? –preguntó aun riendo.
- No le hizo la más mínima gracia.
- Me lo imagino jajaja –Afrodita se veía tan distinto cuando no reía cruelmente, cuando lo hacía de corazón, hasta parecía un chico bastante inocente. Claro también se decía que la belleza e inocencia del rostro aniñado del doceavo guardián eran parte de sus armas letales y nada más que una trampa más de su arsenal. Que tras esa inocencia se escondía una profunda maldad. ¿Se podía confiar en una sonrisa así?
La mayoría le diría que no, y con su pasado, el propio Mu lo dudaría, pero luego de esa misión en Barbados y con lo poco que lo había conocido hasta ahora, había cambiado muchas dudas y percepciones hacia su antiguo hermano de crianza.
- ¿Algo más que se diga de mi jardín?
- Pues, los menores, los aspirantes, dicen que tienes enormes plantas carnívoras, y que las alimentas con los aprendices que se portan mal.
- Ah… eso me suena a algo que se inventó el sínico de Mascara Mortal.
- En efecto –dijo Mu sonriendo –es lo que él les dice. Y entre sus dichos y las invenciones de los chiquillos dicen que tienes un lago lleno de pirañas que trajo Aldebarán del Amazonas. Creo que ninguno estamos a salvo de la fértil mente infantil de los impresionables aprendices.
- ¿Y también alimento a esas pirañas con aprendices? –preguntó divertido.
- No, de hecho ellos creen que es otra trampa natural de la casa de piscis para atrapar a los enemigos del santuario, aunque no veo por qué algún enemigo que pasara por tu casa se metería a nadar.
- Lógica infantil Mu. Pues… -dijo listo a contestar la pregunta de Mu –lago sí hay, pero te aseguro que Aldebarán nunca me ha regalado ni un pez beta. Aunque el lago sí tiene peces de colores, y la verdad tiene una buena profundidad, nada abismal pero suficiente para nadar, sumergirte y refrescarse en el calor griego. En cuanto a las ruinas y el tamaño también es cierto, el jardín de piscis en realidad es tan grande que incluso hay un laberinto de rosales.
- ¡¿De verdad?! –preguntó emocionado. El lago y las maravillosas ruinas sonaban a un simple rumor, una visión romantizada del letal camino de rosas, pero al obtener respuesta afirmativa sobre su existencia su curiosidad aumentó. -¡¿Cómo es posible?! La casa de Piscis al igual que la mayoría está flanqueada por la montaña.
- Es que el verdadero jardín está oculto en el mismo monte.
- ¡¿En el monte?! –dijo el carnero sorprendido como un niño. - ¡Pensé que eso del enorme jardín de la casa era una leyenda, o un mal entendido con la procesión fúnebre de rosas!
-¿Quieres verlo? –ofreció sinceramente ante la sorpresa e interés de Mu.
Mu lo miró desconcertado ante la repentina y honesta propuesta y respetuoso preguntó - ¿Se puede?
- Claro, ¿no eres un enemigo del santuario o sí? –preguntó en juego.
- No lo creo –le sonrió.
- Ven –dijo el de piscis invitándolo a seguirlo y tomando la bandeja con la tetera y ambas tazas y Mu llevó la bandeja de las galletas.
Se decía que Afro era muy celoso de su jardín, incluso el propio Mascara Mortal había salido corrido de ahí por no saber comportarse, así que, que lo invitara a conocer algo que era sagrado para los caballeros de esa casa, era un honor y una buena señal.
Lo condujo por la casa hasta uno de los tantos y misteriosos portales conopiales de la casa, por donde ambos caballeros se perdieron de la vista hacia unas profundas escaleras…
…Mu no creía a sus ojos, el lugar era maravilloso, superaba lo que había escuchado decir y a simple vista ya podía decir que era mucho más grande que el jardín secreto de la casa de Virgo.
- ¡¿Pero… cómo… desde cuándo… por qué nadie…?! -el carnero no atinaba a expresar toda su sorpresa en una frase coherente.
- ¿Cómo? las maravillas que guarda la madre naturaleza en su inmensidad, desde cuándo, desde la era del mito, por qué nadie te había dicho, porque es uno de los secretos mejor guardados de la casa de piscis. Todo mundo cree que el verdadero jardín de la doceava casa o es un mito, o el jardín interno de la casa con las cientos de enredaderas que la envuelven, o que es mi procesión de rosas fúnebre en la escalera, o también llegan a creer que es la parte con vegetación que crece a la salida de la casa, pero como ves, sí existe un gran jardín en la casa de piscis, y este es el auténtico del que se hablaba desde la era del mito. Aunque agradecería que continuara como un mito, no quiero visitantes indeseados, y por visitantes me refiero al conjunto de cerebros de pollo que conforman la orden dorada. Ya he tenido que correr a Angello de aquí muchas veces y lo que menos quiero es que Milo encuentre otro escondite para sus desenfrenos en mi sagrado jardín, y de paso nos meta en líos de nuevo. En especial a ese descarriado, si pregunta, dile que es la procesión de las escaleras.
Mu reparó en las palabras del pisciano y sonrió con calidez. Afro parecía muy afecto a su jardín, y lo cuidaba con el celo esperado de un caballero de la doceava casa, quería mantenerlo en secreto para preservar su sacra belleza de profanos, así que, que le hubiera revelado este secreto sin pensarlo dos veces, quería decir que Afro confiaba en él, quizá más de lo que Mu había supuesto y eso lo hacía muy feliz.
- No te preocupes, juró que si alguien pregunta negaré que este lugar existe. Gracias por la confianza –finalizó con una mirada que además de gratitud por primera vez revelaba cariño, algo que sorprendió al sueco quien no sabiendo cómo reaccionar ante eso, desvió la mirada y fingió desinterés. ¿Por qué tendría Mu que tenerle algún cariño si casi ni habían tratado en su vida?
Lo que para el sueco era una interrogante, para Mu tenía sentido, pues él, sí que recordaba su infancia al lado de los otros dorados.
- De nada. ¿Qu-quieres ver el lago? Está por aquí. –sin esperar respuesta de Mu, avanzó primero seguido a los pocos segundos por el carnero.
Caminaron entre hermosas ruinas de mármol blanco bañadas por el sol que las enormes grietas formadas por la madre naturaleza en la montaña dejaba entrar a sus anchas iluminando y resaltando los colores del lugar entre ese juego de luces y sombras, las ruinas eran hermosas y Mu notó que varias de ellas todavía conservaban viejas y un poco dañadas incrustaciones de nácar, que simulaban las hojas y flores de bellas enredaderas a lo largo de las columnas, que ahora eran substituidas por enredaderas de rosas de verdad.
Este lugar debía haber gozado de un gran lujo y esplendor en sus mejores tiempos.
Mu sin poder evitar su curiosidad natural se acercó a una columna y levantó un dedo de la bandeja para tocar esas viejas incrustaciones de nácar. Con que razón los materiales naturales eran tan preciados, estos vestigios de nácar debían tener miles de años y seguían hermosos y relucientes.
- Esto debió ser como el templo de Zeus en sus mejores tiempos. Me recuerdan a la gran mezquita blanca de Abu Dabi.
- ¿Has estado ahí?
- Sí, en una misión, aunque –sonrió con travesura –no del santuario, era cuando yo, era de los "rebeldes". Visité los emiratos por encargo del maestro Dohko para recuperar una reliquia que fue robada de las ruinas del templo de Artemisa en Éfeso durante la guerra Persa-Otomana, y terminó en nuestros días como un tesoro de la casa real de Al Qasimi. Buscando entre las familias reales tuve oportunidad de visitar Abu Dabi y pude conocer esa magnífica obra arquitectónica. Los humanos son capaces de crear maravillas, si sólo usaran sus capacidades sólo para eso…
- ¿Cuál era aquella reliquia?
- El yelmo de Hades.
- ¡¿Cómo?! ¡Pero… cómo terminó ahí?
- Al parecer el Shah Tahmasp lo tomó como botín en uno de sus tantos enfrentamientos contra la casa de Osman. Sabes cómo son las familias poderosas de este mundo, acuñan y codician más de lo que deberían. Muchas veces terminan con objetos poderosos que no saben manejar, y otras veces…
- Lamentablemente sí averiguan como usarlos… La verdad estando como está el mundo me pregunto ¿Qué pintamos nosotros? No veo ninguna mejora.
- No somos Dioses Afrodita, hacemos lo que podemos.
- Ah…
- ¿Y tú? ¿Conoces la mezquita?
- Sí, tuve oportunidad de visitarla, cuando Arles me envió a… bueno, no importa, la conozco. Y tienes razón, sus columnas me recordaron mucho a mi jardín.
Mu notó la incomodidad del sueco y prefirió ser prudente y fingir demencia.
- Bueno, llévame a conocer ese famoso lago, me gustan los peces, y prometiste de colores.
-Ok.
Afro agradeció que Mu no preguntara más, no era ningún tonto, Mu seguro tendría preguntas sobre esa visita a Abu Dabi pero fue lo suficientemente prudente de no mencionar nada. Así que Afro también fingió que no había comentado nada.
Entonces luego de caminar un largo trecho llegaron a un amplísimo lugar donde la montaña no hacía bóveda en el jardín y el cielo y el sol se exponían en todo su apogeo y ahí rodeado de árboles y flores había un cristalino lago de generoso radio. Mu se adelantó unos pasos a Afrodita y no disimuló su asombro y admiración por el lugar. Esto era simplemente hermoso, como sacado de un cuento de hadas.
Un rato después…
Sorpresivamente, sentados en el pasto frente al lago, Afrodita de Piscis y Mu de Aries disfrutaban del Fika, conversando amenamente, de nada realmente relevante, todo había comenzado cuando Mu descubrió unas hermosas carpas Koi en el lago de piscis, y Mu interesado en los peces, le había terminado contando un par de leyendas del Tibet y China relacionadas con estos animalitos.
- Y esa es la leyenda china del pez koi que se transformó en dragón en el rio amarillo. –finalizó mientras ambos daban fin a las galletas y la manzanilla y miraban a uno de los exóticos Koi del lago.
- Que interesante, pensé que los peces koi eran un asunto de leyendas meramente japonesas.
- La verdad es que aunque son originarias del extremo oriente y China, se dieron a conocer posteriormente a través de Japón, donde son nombrados como el "pez nacional", pero hay leyendas sobre ellos en toda Asia y son altamente valorados en el continente. Además de muy costosos. –aseguró riendo.
- Así que los japoneses resultaron ser unos plagiarios… Y respecto al precio, dímelo a mí, sé que estos pequeños no son baratos. Son como el tesoro pirata de este lago, miles de dólares chapoteando aquí cada día. Nada menos ese bribón gordito de ahí está cotizado en sesenta mil dólares en el mercado.
- ¿Tú los compraste?
- No, fueron un regalo de los Kido hace mucho tiempo. Al parecer Mitsumasa tenía muchos koi en su mansión y le habían dado bastantes crías. Así que envió unas al santuario como obsequio, Arles de inmediato pensó en mi maestro Artemis y las envió a este lugar. Eran buenos amigos.
- Ya veo. No sabía que te gustaban tanto los peces.
- No me gustan. Bueno, sí me gustan, me refiero a que no tengo predilección por este animal en particular, pero creo que es un estereotipo que me achacan por mi signo. En general me agradan mucho todos los hijos de la madre naturaleza, plantas, animales… menos los humanos…
Aseguró con un desdén que le sacó a Mu una sonrisa.
- Me alegro de no ser uno entonces.
- … -Afro lo miró sin comprender.
- Verás, técnicamente los lemurianos somos otra raza. Sólo técnicamente.
- Cierto –dijo con una ligera sonrisa y ambos miraron al lago donde los peces iban y venían.
Hubo silencio entre ambos, y luego de un rato Mu tomó la palabra de nuevo.
- Veo que tienes diferentes tipos de Koi. ¿De cuales hay en tu lago?
- Pues… -dijo viendo al lago cristalino –Este por ejemplo es un Koi Utsuri, y… ¡ese de allá es un Showa!...
-¿El tricolor?
- Sí… mmm también tengo Doitsu, Kumonryu, Kawarimono, -decía mientras veía al cielo tratando de recordar –también tengo un tacho, aunque es algo tímido, yo lo llamo "bandera".
- ¿Bandera?
- Es que parece la bandera de Japón.
- ¿Y dónde está?
- Seguro que al fondo, a veces no se aparece ni cuando los alimento, sólo lo hace hasta que me voy, estos peces son algo tímidos.
- Comprendo. Verás a mí sí me gustan mucho los peces, pero no puedo tenerlos porque en Aries no tengo lagos ni fuentes con condiciones, y no tengo tiempo para cuidar de una pecera, con la reparación de armaduras y Kiki no me doy abasto y además Kiki es algo travieso para dejarlo solo con las mascotas, es muy ocurrente y quien sabe qué haría con esos pobres peces.
- Espero no pecar de ignorante y definitivamente no es un comentario racista pero, tengo algo de curiosidad, ¿por qué en Asia les gustan tanto los peces? Al menos en occidente tenemos la percepción de que les agradan demasiado a los asiáticos.
- Pues, es algo cultural, son símbolos de la prosperidad y buena suerte, también son símbolo de amor y amistad, de la tenacidad, la perseverancia y la fortaleza por el hecho de nadar a contra corriente. Además invitan a la meditación la limpieza mental y la relajación, dime que no te has distraído del mundo entero en más de una ocasión viendo nadar a estos amigos.
- La verdad –Afro sonrió –muchas veces. Vengo aquí cuando quiero despejarme y olvidarme de todo un rato, y si termino viendo el lago, me puedo quedar más de una hora simplemente viendo nadar a los peces, es tan hipnótico como ver la televisión. Es una ironía que en occidente representen a los pensamientos, porque cuando yo los veo me quedo en blanco.
- Son creaturas fascinantes. Siempre perseveran hasta alcanzar.
- Como el pez de tu leyenda.
- Espero no haberte aburrido con ella.
- No –dijo sonriendo –al contrario, siempre me ha gustado escuchar las distintas leyendas que existen en el mundo, aprendes algo nuevo y comprendes mejor otras culturas a través de ellas… ¿Sabes? –dijo poniéndose melancólico –mi padre solía contarme y leerme cuentos y leyendas de todo el mundo, era de mis momentos favoritos del día. Era un hombre muy culto.
- ¿Tu padre biológico? ¿Ya recuerdas algo de tu infancia?
- ¿Eh? No, verás me refiero a mi maestro Artemis, él era como mi padre, el me crio, de él aprendí lo que sé y me dio el amor de un verdadero padre, por eso, no puedo evitar referirme a él como mi padre, más que como mi maestro.
- Sí, el gran Artemis, creo que todos aquí tenemos excelentes recuerdos de él.
- Creo que algunos piensan que soy el único mal recuerdo que dejó en este santuario. –aseguró con una sonrisa juguetona mientras miraba al lago.
- No digas eso Afrodita, tú no eres ningún mal recuerdo.
- ¿No? Pregúntale a la mitad de la orden, te aseguro que ninguno te dirá nada bueno –dijo con una risa sínica.
- Antes de señalar quizá deberían indagar, y ver sus propios errores.
- Nah, tienen sus razones para no gustar de mi presencia. Francamente me da igual, si viviera del qué dirán no viviría.
Mu miró a Afro detenidamente, el otro sumido en sus pensamientos y con la mirada clavada en el lago no lo notó, y esto le dio oportunidad a Mu de ver como detrás de esa mirada de desinterés se anidaba una de profunda tristeza, pero no por lo que otros pensaran de él, parecía algo personal algo que ya traía cargando desde hacía mucho ¿quizá…desde antes de llegar al santuario?. Y recordó que un momento similar se dio cuando tomaban el té en su casa. Al parecer Afro se retraía en sus propios demonios y terminaba por alejarse… Mu de verdad no comprendía que pasaba exactamente por la mente y corazón del sueco en estos momentos, y no quería suponer nada, le encantaría preguntar pero no quería que ocurriera lo de la última vez, y Afro se escurriera como buen pez, rompiendo la buena convivencia que llevaban hasta el momento. Así que no ahondó en el tema.
- Mi maestro Shion también me contaba historias, sobre la era del mito y las creaturas mágicas de Grecia. Me hablaba de las ninfas. Se dice que les gustan los jardines como estos. ¿Has visto alguna por aquí?
- Sí. Cuando era niño, a veces visitaban este jardín. –dijo el otro ensimismado.
- ¡¿De verdad?! –Mu lo había comentado para romper el hielo que de seguro se formaría de nuevo entre los dos en cualquier segundo, pero no esperaba esa respuesta.
- Sí, yo las veía, mi maestro no podía, pero nunca dudó de mi palabra, yo no comprendía como siendo un caballero dorado él no podía verlas, pero me dijo, que las ninfas tenían el poder de hacerse invisibles a quien querían, pero que pese a su magia, las personas más inocentes sí podían verlas, pero… despues de que mi maestro murió, por alguna razón, nunca más volví a verlas. No sé si aún siguen visitando este jardín, o si, simplemente se alejaron luego de todo lo que pasó en el santuario.
- ¿Qué edad tenías cuando las veías?
- Cuatro… o cinco años, no recuerdo bien… -al decir esto último parpadeó sorprendido y sintió como si volviera a la realidad. Eso… ¿era un recuerdo de su infancia?
-¿Recuerdas algo más?
- Yo… no… no lo sé… eso, la verdad… no sé si eso fue un recuerdo o… sólo un sueño? –se preguntó a sí mismo.
-¡MUUU VEN A CONTROLAR A KIKIIII! –El atronador cosmos de un desesperado Toro llegó hasta el carnero fuerte y claro, en realidad más fuerte que claro, y hasta Afrodita pudo sentirlo aunque no escuchó el apremiante mensaje.
- ¡¿Qué le pasa al toro?! –dijo con sorpresa el de piscis.
- Ay… a eso me refería con no poder tener mascotas en Aries. ¿Qué hizo este niño está vez?...
- ¡MUUUUU! ¡ES EN SERIO, AYUDA!
- Una disculpa Afrodita pero tengo que retirarme.
-¿Pasa algo malo?
- No -suspiró –es sólo Kiki que ya se le salió de control a Aldebarán.
- Ah comprendo –dijo sonriendo. –Entonces vamos, ese llamado sonó a emergencia.
Ambos se llevaron las bandejas ahora vacías y la tetera y Mu siguió a Afrodita hacia la casa. Afrodita dejó las bandejas y la tetera en la cocina y acompaño a Mu hasta la entrada en Piscis.
Mu que ya salía a prisa hizo un alto y se giró para ver a Afrodita.
- Disculpa por favor mi abrupta salida, te agradezco mucho tu tiempo y que me hayas invitado a… cómo se dice… ¿fikar?
Afrodita sonrió –Bueno no es un verbo, pero es una buena forma de decirlo. Por favor agradece las galletas a Aldebarán de mi parte. Dile que estuvieron realmente deliciosas.
- ¡MUUU SI NO ESTÁS AQUÍ EN CINCO SEGUNDOS TE VAS BUSCANDO OTRO APRENDIZ!
Aunque Afrodita no oyó el mensaje pues no era dirigido a él, sí que sintió su alteración cósmica, y el cosmos de Aldebarán no se percibía paciente…
- ¡Muchas gracias por todo! ¡Nos vemos esta noche en la cena! –dijo el de Aries levantando la mano en despedida mientras emprendía carrera a su casa.
Y en un segundo Mu había desaparecido de la vista. Afro sonrió comprendiendo muy bien el apuro del ariano, ¿qué habría hecho Kiki esta vez? Tenía una gran fama de travieso y metelios.
Afro sonrió y dio la media vuelta mientras su capa y cabello ondeaban con la brisa de la tarde.
- Gracias por la visita... –dijo con amabilidad a la nada mientras entraba a su casa.
No había sido tan malo. Quizá… quizá las cosas podrían mejorar como Mu decía. Quizá…
Por la noche poco antes de la cena, sentados frente al portón de Aries…
Maestro y alumno se relajaban luego de una tarde larga… una tarde larga arreglando lo que Kiki había provocado en la casa de Tauro.
Sin embargo al pasar toda la tarde ahí, Mu recordó lo que le había dicho Afrodita hacia un tiempo y tuvo oportunidad de preguntar a Aldebarán sobre el asunto de la casa de Libra, y el toro, dejando a kiki barriendo el gran patio como castigo, entró con Mu y le contó las dos versiones de la historia, el chisme malintencionado, y la verdad sobre los valerosos actos de Shun. Dejando al carnero con la boca abierta. Con razón cuando mencionaban a la casa de Libra lo hacían con sonrisillas maliciosas y el maestro Dohko se ofuscaba.
Ya en el apacible silencio de su casa, Mu recordó también las advertencias que le hizo Afrodita sobre su alumno, y preguntó.
- ¿Kiki? ¿Sabes tú algo de lo que pasó en la casa de libra? –preguntó aún con la fe en que su alumno no sabría nada, era un niño inocente.
- ¿Lo de Shun y Hyoga?
Mu se sobresaltó pero le dio el beneficio de la duda, quizá hablaba de la valerosa acción de Shun.
- Sí, lo que Shun hizo con Hyoga.
- No crea nada maestro, Shun sólo le salvó la vida, eso de que se aprovechó de Hyoga y jugaron a la abejita –en ese momento el chiquillo que se sentía todo un adulto dándole catedra a su maestro, cayó en cuenta y se tapó la boca.
Mu abrió grandes los ojos, Afrodita no estaba errado en creer que debía prestar más atención a su alumno.
- ¿¡Cuál abejita Kiki?! -¿¡quién carajos le había contado a Kiki el cuento de la abejita que regala su semillita?! ¡Kiki no debía saber de esas cosas a esa edad!
- ¡N-no, e-este! ¡¿Ya vio la hora?! ¡Como dice el Patriarca yo ya me tengo que ir a dormir! ¡Y a usted se le hace tarde para llegar a su cena! ¡Salúdeme al patriarca! –el chiquillo emprendió carrera dentro de la casa.
- ¡Kiki ven acá! –exigió Mu poniéndose de pie y entrando tras su alumno. Nada más que descubriera al grandísimo… que le había hablado de esos temas a su alumno…
Dos días después…
Mu salía rumbo a Rodorio para comprar unas cosas que le hacían falta en la lacena y al cruzar el puente atirantado que separaba al santuario del mundo de los mortales, se encontró con una encapuchada silueta que ya bajaba por el largo camino pedregoso que daba al pueblo. Le pareció extraño que con ese calor alguien fuera cubierto de pies a cabeza con una capa gris. A Mu le pareció sospechoso un sujeto así tan cerca del santuario así que sigiloso lo fue siguiendo hasta que estuvieron a sólo unos metros de la entrada al pueblo. Si venía bajando desde el santuario, no sería un humano normal. ¿Sería un soldado o caballero de bronce? ¿Por qué entonces tanta incógnita?. No… ¿¡no sería el cusco de Milo a punto de meterlos en otro problema!? Mu se acercó hasta quedar a su lado, pero entonces antes que Mu siquiera alcanzara a tocar su hombro, el desconocido volteó y reconociéndole le saludó.
- Hey, hola Mu.
- ¿Afrodita?
-Sí –dijo este descubriendo por unos instantes su capucha, al menos lo suficiente para Mu le viera el rostro.
- Pero eras tú ¿qué haces vestido así?
- Así me visto para bajar al pueblo.
- Pero está haciendo un calor insoportable.
- Sí, pero tenía que bajar a comprar algo. Así que no me quedó de otra.
- Ya… veo –dijo sin comprender realmente para qué ponerse esa pesada capa en semejante clima.
- Y tú ¿qué te trae por aquí? ¿También vienes a comprar algo?
- De hecho sí, me faltan algunas cosas en la cocina.
- A mí también ¿Qué te parece si vamos juntos?
- Bueno –el carnero asintió con una sonrisa y ambos entraron juntos al pueblo.
Rato después en las calles de Rodorio…
Desde aquella épica intervención del único Santo que abandonó su casa para proteger al pueblo, Piscis era considerado el santo del pueblo. Artemis había sido muy querido por la gente de Rodorio, y solía llevar a Afrodita con él cuando era niño, todos parecían adorar a su maestro, quien estaba siempre pendiente de ellos, y todos habían adorado al pequeño querubín que Artemis presentaba como su hijo y sucesor, pero luego de Arles… las visitas de un santo de piscis al pueblo se erradicaron por completo. Lo que había entristecido bastante a los pueblerinos, jamás habían sabido por qué el nuevo Santo de Piscis los había abandonado así, ellos esperaban que hiciera lo mismo que Artemis y Albafica pero, no lo juzgaban, despues de todo, comprendían que tenía deberes para con el santuario. Ni siquiera lo conocían ya, la última vez que habían visto al querubín, fue cuando el niño tenía cuatro años.
Y había otra cosa… En esta generación de Santos Dorados, parecía ser que el Santo del pueblo sería el caballero de Géminis, Saga, el joven adolecente a quien todos adoraban casi como a un benévolo Dios, de pureza inmaculada y noble corazón, y que siempre bajaba a velar por ellos. Pero… él también los había dejado, aunque en su caso y en su momento, se dijo que había desaparecido en combate, lo cual todo Rodorio lamentó mucho. Y actualmente no estaban muy enterados de lo que pasaba en el santuario.
Actualmente sólo sabían que no había Santo de Oro que se considerara el Santo del Pueblo. Todos los habitantes admiraban a todos los dorados por igual, pero… se sentían algo solitarios sin su presencia.
En esta la actual generación de santos dorados, cuando los dorados bajaban al pueblo, en general lo hacían de incognito, como el prostitutisimo de Milo*, así que la gente rara la vez se daba cuenta de su presencia. Está generación de dorados se había alejado del todo del pueblo desde la infancia. Así que por desgracia, si estos no portaban sus armaduras, ya no los reconocerían. Apenas si algunos pocos afortunados se los habían topado por las vírgenes palayas que estaban bajando Rodorio, pero estos sólo pasaban altivos en sus relucientes armaduras, muy enfrascados
en lo suyo, así que no los conocían bien. Fue en uno de esos paseos que una chica había conocido al Gran Toro y emocionada no queriendo perder la grandiosa oportunidad, le había regalado una flor.
Por eso, Afrodita traía puesta una capa con capucha, cosa que no era poco común ver por las calles, pues con la cercanía del Santuario, los habitantes estaban acostumbrados a ver gente excéntrica por sus calles y solían respetar el espacio de esos extravagantes desconocidos.
- ¿No te da calor Afro? –preguntó Mu quien iba vestido con un simple cheongsam y un pantalón holgado.
- Sí.
- Pues quítatela.
- No.
- ¿Por qué?
- Ah… me incomoda un poco como me mira la gente.
- ¿Y cómo te mira? –preguntó el lemuriano desconcertado.
- Con insistencia…
- Oh, ya veo, pero es normal, tu belleza debe llamarles demasiado la atención.
- Por lo que sea –dijo sin darle importancia a su hermosa apariencia. –El que te miren de forma tan insistente es… muy incómodo.
- ¿Y cómo haces cuando sales a las grandes ciudades?
- Aguantarme…-Mu soltó la carcajada -… además, la gente de ciudad es diferente. La gente de pueblo es… bueno, son más inocentes e impresionables, y no saben ni les interesa disimular… Y no tienen empacho en acercarse a lo que llama demasiado su atención e invadir su espacio.
- Entiendo. ¿Casi no bajas?
- Casi no… me veo obligado por culpa de Mascara de la Muerte. Y cada que bajo lo hago así, de incognito.
- Comprendo –dijo Mu comprendiendo finalmente esa necesidad por usar esa capa pesada -¿Qué es lo que querías comprar?
- Harinas, aceite, almendras, algo de manteca vegetal y unas esencias de cocina. Entre otras cosas ¿Y tú?
- Pues unos cereales, miel y amaranto. Mucho de lo que ambos queremos se vende en las semillerias, y otras cosas en la despensa de Don Giorgo ¿A dónde quieres ir primero?
- Vamos por tus cereales –dijo cediéndole la prioridad a Mu.
- De acuerdo, vamos. ¿Conoces la semilleria "La que espera desespera"?
- ¿Cuál? –dijo el otro sorprendidísimo pues él sólo compraba en una que se llamaba "Flor de café"
Mu medio contuvo su risilla recordando y le dijo -¿Recuerdas la muchacha loca que quería abusar de mi maestro?
- Aaah… ¿La del ataque zombie?*
- Esa misma. Poco antes de morir le había cambiado el nombre a su local, antes se llamaba "Flor de café"
- Oh, así que le cambiaron el nombre. En honor a nuestro patriarca ¿no es así?
- Exactamente. Ahora la atiende su hermana menor, es muy amable y nunca le ha faltado al respeto a mi maestro Shion.
- ¿Y qué tal a ti? –preguntó el sueco riendo a lo que Mu suspirando cansado respondió.
- Eso es otra historia… pero al menos no pasa de sus coqueteos.
- Comparten el gusto por los lemurianos.
Cuando llegaron a la semilleria, la muchacha los despachaba y no perdía ocasión de insinuar coqueterías al pelilia mientras Afro disimulaba su risa. La joven fue al fondo a traer unas cosas y Afro preguntó.
- ¿Y sabe que eres un caballero dorado?
- No. Llegó aquí poco despues de la muerte de su hermana y no conoce mucho del santuario.
Luego de salir del lugar fueron a comprar otras cosas que Afrodita necesitaba y luego de varias compras, ambos caballeros subían los solitarios caminos que iban al santuario, y ya estando a suficiente distancia del pueblo Afro se deshizo de su capa con expresión de sofoco.
- Debías estarte ahogando ahí dentro.
- Sí –dijo el otro suspirando y disfrutando el aire fresco.
- ¿Te incomoda mucho que te miren?
- La gente siempre mira, pero cuando lo hacen todos al mismo tiempo y sin disimulo, llega a ser agobiante y estresante. La gente de las grandes ciudades al menos disimula y luego de mirar un momento se distrae fácilmente, han visto cosas extravagantes toda su vida, pero las personas de Rodorio… Con lo apartado que está de la civilización, llevan una vida demasiado simple… Entenderás que el culto a la Diosa y las viejas costumbres, aunadas a su inocencia las vuelve gente un poco peculiar. Cuando ven algo diferente… parece que, estuvieran viendo a un Dios o algo, y ni que decir de las chicas, muchas se me quedan viendo como si fuera una aparición y algunas hasta se ponen a llorar como si estuvieran en una iglesia cristiana ante una aparición o algo así. La verdad paso, ser adorado no es lo que busco. Te puede parecer tonto, mucho más en este mundo moderno donde todas las personas mueren por atención y popularidad, pero cuando tienes demasiado de eso, es casi una maldición. Preferiría pasar desapercibido como cualquier humano normal. Incluso cuando mi maestro me traía, la atención que generaba mi persona me estresaba bastante, por eso luego de un tiempo mi maestro dejó de traerme. Pero él sí bajaba a ver como se encontraba la gente. No entiendo como manejaba la adoración con que admiraban y alababan su belleza, ni tanto cariño y atención desmedida de la gente.
- Creo que comprendo un poco a qué te refieres. Mi maestro me contaba que eso siempre había sido un problema para los santos de Piscis.
- No sé… por qué la gente vanagloria tanto la apariencia física –dijo hastiado. –Eso no es lo que de verdad importa. –afirmó convencido.
- ¿Y qué lo es?
- Lo que eres de verdad, por dentro, como guerrero, como persona, como profesionista, ama de casa, estudiante. Lo que uno sea, la belleza de una persona no está realmente en su apariencia, sino en la fuerza que yace detrás de cada cosa. Por ejemplo muchos no pueden ver la belleza en una tormenta o en un huracán, para ellos es sólo un monstruo horrible y destructor, pero para mí es una de las manifestaciones más hermosas de la naturaleza, su poder, su fiereza, esencia pura y sin apariencia, esa salvaje y potente libertad con la que cruza los cielos en un rugiente viento, es de una belleza incomparable. Pero, en general, todos piensan que estoy loco cuando lo menciono. Supongo que tú también.
- Para nada –negó suavemente –la verdad es que… durante una tormenta de nieve en Jamir, estábamos atrapados en casa esperando a que pasara, Kiki estaba escondido bajo las cobijas mientras los vientos aullaban como almas en pena entre las montañas, pero yo tenía curiosidad y me quedé viendo por la ventana, quería dilucidar que vientos hacían esos aullidos y entonces puede ver el poder de la tormenta, y me quede reflexionando cuan poderosa era la madre naturaleza, y cuan pequeños éramos nosotros, y por extraño que te parezca puede ver belleza en ello. Cuando ves la inmensidad de las montañas en Jamir, te das cuenta del poderío y la belleza de la madre tierra, creo que sólo puedes comprenderlo cuando estás ante su majestuosa presencia, lejos de las grandes ciudades.
Afro lo miró con interés, era la primera vez que alguien estaba de acuerdo con él.
- Parece que eres de los pocos que tienen ojos para ver –dijo con una sonrisa mirando hacia el frente.
Durante el trayecto se distrajeron por un comentario que hizo Mu sobre la vegetación y la plática derivó a cosas entretenidas pero triviales.
Cuando llegaron al santuario Afrodita se despidió de Mu en Aries y siguió su trayecto a su casa.
Ya cerca del ocaso Aldebarán subía a su templo, venía de hacer un poco de ejercicio en el coliseo, podría hacerlo también en su enorme casa, pero el torito era una persona sociable, le gustaba interactuar con la gente y de paso ayudar, y eso era el plus que le daba el coliseo. Combatir cuerpo a cuerpo con otros integrantes de la orden le permitía mantener su cuerpo activo mientras ayudaba a fortalecer a otros. Ciertamente combatía muy por debajo de su nivel o haría puré de caballeros en el coliseo, pero eso era una actividad integral que no sólo le motivaba al cuerpo sino la mente. El Maestro Aldebarán era muy querido y respetado por todos en la orden de Athena, podía incluso llegar a ser severo si creía que lo ameritaba pero tenía don de gente y los guerreros se sentían muy cómodos en su presencia. A diferencia de otros como Kanon que seguían causando desconfianza, Mascara de la Muerte que causaba pánico, Saga quien era respetado y temido a partes iguales, o Shaka que era prácticamente una aparición, como mezclar a Dios y al Diablo en un solo ente. Francamente cuando Shaka llegaba a bajar al coliseo solo, todo mundo ponía pies en polvorosa, pero de la forma más silenciosa posible, porque ¿qué si un sonido le causaba curiosidad y abría los ojos para ver?… ¡Por las tres gorgonas! ¡Ni Zeus lo mande! Al parecer, Shaka era la medusa personal del santuario de Athena, porque todos temían a su mirada. Sólo sus pares dorados no le daban la menor importancia y al contrario estaban expectantes con cámara en mano a que Shaka abriera los ojos, o Camus les sonriera.
Aldebarán llegó a su casa contento y hambriento y al llegar a su sala se detuvo sorprendido al ver una bandeja de galletas sobre su mesa de centro con biscochos de diferentes sabores y rellenos, y un enorme vaso de cristal con algo como una malteada, Aldebarán miró a todos lados. ¿Quién…? ¿De dónde…? ¿Por qué…?
- ¿Hola?... ¿Hay algún visitante?...
Al no recibir respuesta y no ver a nadie en su templo volvió su vista a la bandeja y se acercó a ella, ya de cerca el olor le sedujo el estómago. Parecía pan recién hecho. ¿Quién habría tenido la amabilidad? Quizá las doncellas del aseo… tomó una galleta con relleno de mermelada y cuando iba a morderla notó una rosa roja en la bandeja junto a una pequeña tarjeta… ¿Una rosa? ¿Sería otra admiradora secreta? Con curiosidad tomó la tarjeta, la hermosa caligrafía llamó su atención antes que el propio mensaje escrito en ella y cuando leyó…
"Muchas gracias por las galletas Aldebarán, de verdad te agradezco mucho el gesto. Disculpa que no te devolviera tu bandeja hasta ahora, pero no quería devolverla vacía, espero que sea de tu agrado.
Afrodita de Piscis"
Al leer esto Aldebarán dejó la galleta a medio camino de su boca. ¿Esto se lo había dejado Afrodita? Miró la bandeja y constató que no era una bandeja ajena sino una de sus bandejas, era la que le habían enviado al doceavo caballero con sus galletas para que comiera algo nutritivo pero que le pasara al estómago. Y es que en uno de esos días de convalecencia Aldebarán había oído a MM quejarse con Saga que Afrodita no estaba comiendo bien y que la comida difícilmente le entraba. Oyó comentar también a Mu que Aristófanes recomendaba que comiera nueces y Aldebarán en su gran corazón y preocupado por su esquivo compañero decidido que quizá si se le ofrecía algo apetitoso el enfermo comería más. Por eso las preparó en cuanto Afrodita estuvo recuperado pues en plena gripa con la garganta inflamada le sería imposible comerlas, y ahora debía recuperar fuerzas.
Lo había hecho de corazón, sin esperar nada a cambio. Esperaba que estuvieran a la altura pues… pues… ¿qué cosas estaría acostumbrado a comer Afrodita?
Con Aioria y Milo siempre se imaginaba una mesa alborotada llena de Giros y cualquier otro antojito griego, dispuestos en montones y abundancia. Pero con compañeros como Camus o Afrodita… al toro se le venían a la mente imágenes con servilletas de tela blancas, platillos dispuestos como obra de arte, copas y manteles y aperitivos por tiempos, ah sí y una que otra espigada vela mientras su mente solita ponía un soundtrack de violines de fondo.
Era verdad que jamás los había visto comportarse así pero tampoco podía evitar imaginárselos de esa forma.
Miró su galleta y luego a la nota. Si Aioria hubiera estado ahí seguramente le diría que no comiera nada de esa bandeja porque nada bueno podía esperarse de ese traicionero pez. Pero Aldebarán no lo veía así. Él sólo estaba desconcertado por el amable gesto de su compañero. "Amable" ¡Eso! Seguramente por sus modales Afrodita se había sentido obligado a corresponder y por eso había devuelto su bandeja con comida, además claro, en las reglas de etiqueta se decía que jamás se debía de devolver un recipiente prestado vacío.
Se echó la galleta a la boca y abrió sus ojos con deleite, ¡estaba deliciosa! Y ¿de qué era esta mermelada? Sabía realmente buena y sobretodo real, es decir no sabía sintética como los rellenos de las pastelerías comerciales, parecía casera.
El Toro le dio un sorbo a su malteada ¿napolitano? ¡Deliciosa!
El Torito muy feliz se sentó en el suelo sobre su alfombra y comenzó a dar cuenta de todo lo ofrendado.
Y mientras el toro saboreaba con gula cristiana todo aquello, Afrodita en su templo se preguntaba si Aldebarán ya habría visto su bandeja. Sólo esperaba que Kiki no anduviera de paseo por Tauro. Afrodita había bajado en persona a entregar la bandeja con las galletas y la malteada, pero al llegar a Tauro la había encontrado vacía. Esperó a Aldebarán unos momentos pero como no llegaba decidió dejar una nota y una rosa roja normal.
En general era la forma en que este santo demostraba gratitud, interés o buena voluntad a alguien. Sus rosas no eran para cualquier idiota.
Le hubiera gustado agradecer personalmente a Aldebarán pero cuando bajó a Tauro había dejado unas cocciones en su estufa, confiado a que debían estar media hora en el fuego, tiempo suficiente para entregar aquello y dar un rápido gracias, pero no contaba con que Aldebarán estaría fuera de su templo más de lo imaginado por él. ¿Será que a Alde se le había pegado lo escapista de Mu?
Afró sonrió con resignación al ver la bandeja sola en la sala de Tauro y fue cuando se decidió a volver a su casa. Lo que tenía en el fuego, eran bases para medicinas de la fuente y si no se devolvía ya a su templo se le pasaría el tiempo y arruinaría la medicina. Además "Quizá fue mejor así" se dijo al pensar que Aldebarán no gustaba mucho de su persona. No había podido saber el por qué del amable gesto pero asumió que, definitivamente era el gran corazón del que todo el santuario se hacía eco poseía el segundo guardián, que pese a no gustar de él, quizá, al considerarlo parte del equipo había pensado en ayudar.
Le hubiera encantado pensar que eso significaba que podría tener un acercamiento con Aldebarán pero, como ya lo había dicho, ni creía en cuentos de Hadas ni hacia castillos en el aire, era mejor usar la lógica al sentimentalismo. Para ser un Piscis… a veces actuaba más como un acuario, y no es que tuviera su luna en ese signo, era que tenía el corazón demasiado lastimado.
Tiempo después…
- Te lo dije. Creo que deberías tratar de acercarte.
- No sé Mu… seguro se aburre.
- Realmente es muy fácil hablar con él Aldebarán, tengo que confesarte que yo también creí que tendría que mantener un nivel alto de conversación con él, y su apariencia es algo intimidante, tanto por esa belleza que es difícil de admirar por tanto rato al principio, como por esa pinta de aristócrata que tiene, pero, es una persona muy fácil de conectar. Una vez lo escuchas su apariencia poco importa. Créeme, es una persona sencilla. Me sentí mucho más cómodo hablando con el de lo que hubiera imaginado. La verdad cada vez compruebo más que ciertas famas que lo preceden son injustificadas.
Aldebarán rascaba su cabeza indeciso, desde aquella vez había querido subir a agradecer el gesto pero siempre se quedaba a media escalera de Tauro a Géminis cuando se regresaba. Ya hasta Kanon lo traía a carilla diciendo que los espiaba.
- No tienes que ir hasta piscis, por qué no hablas con él aquí en el coliseo.
- Sí lo he pensado…
- Pues esta sería una buena oportunidad, mira, allá viene con Mascara Mortal.
El torito dio un salto en su lugar. Miró al santo de piscis entrando al coliseo a la distancia.
Mientras el despatarrado de Mascara de la Muerte entraba sin capa y a sancadas con raros y divertidos movimientos pues al parecer venia bailando una canción de su celular, Afrodita a su lado con una rosa en la boca, sonreía suavemente mientras negaba con la cabeza viendo a su loco compañero. El elegante sueco venía con su casco bajo el brazo, su pulcra capa ondeaba junto su chispeante cabello a ritmo de su paso, con la levedad de las olas, sus pasos elegantes y su postura corporal hacía pensar que entraba un capitán de la guardia real.
Esos dos no podían verse más disparejos pero a Afrodita parecía no molestarle el Show que venía dando el cangrejo, al contrario, parecía que le divertía bastante. Es curioso, uno pensaría que alguien con la fama de Afrodita vendría muriéndose de vergüenza con semejante compañía.
I got you moonlight, you're my starlight
I need you all night, come and dance with me
I'm levitating
Conforme se acercaba Aldebarán pudo escuchar la melodía, y cuando llegaban comenzó el estribillo central y el cangrejo se desbarató aún más si importar quién lo miraba, haciendo caras raras y moviendo su cabeza de forma tal que quizá solo un Indio podría hacerle competencia. Shaka no por su puesto.
Había que darle crédito al italiano, tenía buenos movimientos, parecía hacer algo similar al "robot" pero con mayor fluidez y ritmo y con su dosis personal de locura y espontaneidad, que volvía aquel bailecito digno de ver. Él lo llamaba su "free style"
- ¿Shaka quieres ver algo raro en verdad? abre los ojos –le tentó el escorpión a su compañero arribando juntos donde Mu y Aldebarán estaban sentados viendo al cangrejo que ya casi llegaba donde ellos.
- ¿A qué te refieres Milo?
- A eso –el descarado escorpión se paró tras Shaka y le abrió los parpados cual pediatra a niño pequeño y en el acto el pobre italiano que estaba de frente a la mirada zafiro justo en lo mejor de su baile, quedó rostizado por una fugaz pero potente llamarada de cosmos que lo dejó tieso ennegrecido y con el cabello humeante en el acto.
- ¡Milo! –lo reprendió Shaka.
- Brösh… ¿Estás bien bröshan? –el sueco le miraba con preocupación mientras el otro tenía los ojos bien abiertos preguntándose que acababa de pasar. Afrodita preocupado le apagó la punta de los cabellos que estaba hecha una pequeña braza.
- Shaka… -dijo Milo sin podérselo creer y viendo al indio como si tuviera la rabia –no sabía que teníamos a Ciclops en el santuario…. ¿Has considerado usar unos lentes negros? –preguntó de pronto con ese adorable descaro escorpino.
- Es peligroso hacer eso Milo –le riñó el indio –pude haber lastimado a un inocente.
- Ah por eso ni te apures que este cangrejo descarriado de inocente no tiene nada ¿verdad jaiba? –le dijo bailándole las cejas.
- Hijo de la… -en segundos el italiano se le fue encima a Milo y comenzó su guerra de los mil trompones mientras Milo trataba de quitárselo de encima.
- ¡No, espera!... ¡No sabía!... ¡lo juro!… ¡Sólo quería gastarle una bromita a Shaka!
- ¡Gástale bromitas a la más vieja de tu casa!
- ¡Hey de qué nos perdimos? ¿Por qué pelean este par? Y… ¿qué le pasó a Mascara de la Muerte?
- Jajajaja que se enfrentó a la mirada de Shiva, Kanon, jajajaja
Dijo Aioria que se acercaba junto con Marin quien por fuera venía muy estoica y saludó de inmediato a sus superiores con el saludo militar. Pero debajo de la máscara estaba que se atacaba en muecas de risa. Si sólo Shaina lo hubiera visto, esa sí se hubiera burlado del cuarto caballero en su cara. Despues de todo si le había pateado las bolas a todos los dorados incluyendo al mismísimo patriarca* no se iba a aguantar una buena carcajada aunque terminara encuartelada.
- ¡Saga sirve de algo quítamelo de encima!
-Ah… a ver… Kanon ayúdame.
Mientras Saga contenía a MM, Kanon ayudó a Milo a ponerse de pie y alejarse del cangrejo.
- Y luego dicen que Saga y yo somos los revoltosos –decía Kanon una con sonrisa taimada.
- ¿Estás bien compañero? Te pido una disculpa la verdad no era mi intensión.
- ¿Y tú por qué te disculpas Buda? –dijo MM zafándose de Saga y sacudiendo su cabello y armadura que tenía algo parecido a tizne de chimenea. – El culpable ese ese cucaracho de cocina.
- Arácnido, a-rac-ni-do. Los escorpiones somos arácnidos, no bichos rastreros de cocina.
- Para el caso da igual, plaga bíblica –dijo el italiano arreglando un poco su aspecto. –Caray Shaka… Y uno aquí matándose por defender cada casa del santuario. Hemos muerto por nada. Mejor deberíamos poner a Shaka en el puente atirantado en calidad de Esfinge. Y al que no resuelva sus acertijos, que lo mire.
Todo mundo se echó a reír menos Shaka quien frunció un poco el ceño no encontrándole gracia al asunto.
- No te enojes Shaka –dijo Aldebarán dándole una de sus palmaditas en la espalda, la cual casi lo manda de boca –es una broma entre hermanos.
Shaka recobrando su equilibro frunció el ceño pero no en molestia esta vez, sino extrañado ¿hermanos había dicho? El indio lo pensó y sonrió un poco ante la idea, más no ante el chistecito que no terminaba de gustarle.
- Eh cangrejo ¿te quemaste con tus llamas fatuas? –se burló Shura quien venía llegando con Aioros y Camus.
- No. Es que vi a medusa de frente. –aseguró con su risita de medio lado y taimados ademanes el italiano
Los presentes volvieron a reír y los recién llegados se quedaron con cara de "what" mientras que a Shaka que no estaba acostumbrado a las bromas a costa de su persona le dieron ganar de volver a abrir los ojos para mirarlos a todos, pero respiró hondo, la paciencia era una virtud…
- ¿Medusa? –preguntó Aioros.
Mientras tanto en el palacio del patriarca…
- Me alegra saber que los muchachos se llevan cada vez mejor.
- Mejor es ser muy optimista Shion.
- Yo no dije que se llevaran de maravilla Dohko. Pero a como estaban las cosas creo que hemos logrado un gran avance, en especial con esta generación. En nuestros tiempos desde los soldados rasos hasta los caballeros dorados teníamos disciplina orden respeto y compañerismo. Pero esta generación… no puedo creer que unos simples soldados rasos se hayan atrevido a humillar e intentar darle una paliza a Seiya de Pegaso, era un caballero de bronce, podrá ser el rango menor entre los tres principales, pero está por encima de cualquiera bajo ese nivel, en nuestros tiempos esa falta de respeto hubiera ameritado la deposición inmediata de esos soldados si no es que una pena peor. Y que Shaina menospreciara a Marin y abusara de ella con la complicidad de los subordinados y Mysty sólo por su nacionalidad... Ah… inconcebible.
- ¿Qué querías Shion? Es lo que Saga les enseñó.
- ¿Ya vas a comenzar Dohko?
- Es la verdad Shion. Ese muchacho hizo una papirola con el orden en este santísimo lugar.
- Era muy joven cuando asumió el trono.
- ¿Asumió? Querrás decir usurpó.
- No era él.
- Sé que criaste a los gemelos casi solito cual papá soltero, matronas y nanas aparte, pero ese padre en ti no te deja ver las cosas de forma objetiva. Y la mamá menopaúsica que llevas dentro menos.
- Y a ti la suegra jodona y el abuelo cascarrabias que ya eres tras esa apariencia tampoco.
- ¡¿Qué?¡ ¡¿Suegra jodona?! ¡Sólo estoy diciendo lo que no ves! Tienes miopía maternal de la peor. Te lo digo yo Shion tienes que volver a imponer disciplina en este lugar, como en nuestros tiempos ¿qué no has oído eso de que "con sangre las letras entran"?
- ¿Y tú no te enteraste de en qué siglo estamos?
- La vieja escuela siempre es lo mejor. En breve vas a tener un conflicto de proporciones olímpicas. Entiendo que la orden dorada tiene que hermanarse, PERO no mientras tengamos descarriados en el grupo. Esos rebeldes merecen un castigo ejemplar, algo que deje en claro al resto de los integrantes de esta orden que no se va a tolerar la traición o la indisciplina. De lo contrario a los otros integrantes se les hará fácil replicar las acciones de esos descarriados. Eso sin mencionar que te van a corromper al grupito de los que se portan bien.
- ¿Y qué pretendes? ¿Qué los eche de la orden?
- Sabe Athena que si yo fuera el patriarca eso hubiera hecho ya, pero, ella misma les otorgó el perdón y la nueva vida y les permitió conservar su puesto. Pero sigo creyendo que mínimo un castigo ejemplar les hace buena falta. Shion, Athena antes de ser sellada nos encomendó mucho todo esto, no podemos cometer más errores.
- Dohko desde que volvieron a la vida no me han dado motivos para hacer tal cosa. Si nuestra señora les otorgó una nueva vida en lugar de traer a una nueva generación de caballeros quiere decir que ella cree que precisamente ellos merecen una segunda oportunidad. ¿Por qué vamos a negárselas?
- Pues ya te lo dije, yo creo que juntar a los descarriados con los buenos nos va a traer problemas, vas a ver que en menos de un mes Shaka va a estar fumando opio en la tercera casa, Mu va andar robando frituras y cerveza en las tiendas, Aioros moteleando y Aldebarán… no sé quizá termine tiñéndose el cabello rubio en aras de ser más hermoso.*
Shion le dedicó una mirada con ceño bien acentuado -¿Qué insinúas, que Aldebarán es feo?
- ¿Eh? ¡No claro que no! Pero quién sabe que mañas se les vayan a pegar de la bandita de delincuentes que conforman los "pandilleros del zodiaco".
- Dohko… un día de estos te voy a volver a mandar hasta Rozan y no a cuidar el sello –dijo conteniendo las ganas de darle una buena patada que lo mandara de vuelta a China. Shion suspiró para calmarse pues su amigo a veces lo sacaba de quicio.
- Mira Shion –dijo el chino poniéndose muy serio –qué más quisiera yo que comenzar de nuevo. Pero… esos muchachos están muy maleados, lo lamento de verdad, no creas que no, pero lo que vives en la infancia y juventud forja tu persona, y esos pobres muchachos… digamos que fueron víctimas de las circunstancias, aunque en algunos casos creo que esa frase ni aplica, pero veámoslo así. El punto es que hicieron lo que hicieron, no se puede cambiar. Tienen sangre en las manos y esa ya no se borra, sabes que eso daña la cabeza y el corazón. Mu, Shaka, Aioria y Aioros, Milo, Camus y sobretodo Aldebarán tienen el alma limpia, incluso creo que aún hay inocencia en ellos. Pero los otros… Shion… la sangre inocente mata la inocencia del alma tú y yo lo sabemos muy bien, lo vimos… Está bien, quieres darles una oportunidad pero, no es que sea un abuelo cascarrabias, mucho menos que sea un desgraciado insensible. Sólo me preocupo por los muchachos que no tienen el alma salpicada de sangre, ya… ya no puedo hacer nada por los que sí. Pero al menos, me gustaría tener la seguridad de que esos cinco no van a ser una mala influencia para los demás.
- ¿Y cómo quieres que te demuestre que no lo serán?
- Eso no lo sé Shion.
- Ah… dos guerras santas destruyeron tu fe y capacidad de volver a confiar. Y no te lo reprocho, pero si yo creo que esto tiene solución, ¿Por qué no me das un voto de confianza?
- Shion… a veces eres demasiado compasivo y esa compasividad que te hace dudar nos metió en muchos problemas en el pasado.
- Y no tienes que recordármelo Dohko yo mismo no puedo evitar reprochármelo cada días desde que volví a la vida –dijo Shion dándole la espalda y caminando al trono. Acercándose al trono acarició el reposabrazos y dijo – Cada que miro a esos cinco a los ojos, su alma quebrada me recuerda lo que ocasionó mi debilidad.
- Shion… Shion amigo, yo no-
- Tienes razón cuando dices que hay ciertas cosas en las que no hay vuelta atrás pero si el alma de esos cinco está manchada por las circunstancias entonces la mía ya está condenada por haber sido la causa primaria de la caída de este santuario y las almas que cayeron con él. Si yo… no hubiera dudado cuando me pediste matar a aquel bebé….
- Shion…
- Pero porque yo fui la causa, ahora que tengo una nueva oportunidad quiero enmendar las cosas, sanar las heridas de mis niños, y si yo como Patriarca cuya responsabilidad era ir un paso delante de los Dioses fallé aquella noche, y aun así recibí una nueva oportunidad, ¿por qué no dársela a ellos también? –finalizó volteando y posando su serena y dolida mirada en su amigo.
Dohko lo miro sin saber que responder.
- Una nueva vida. La vida es en sí misma un abanico de posibilidades, y hay que tomar las buenas. Creo de verdad en mis muchachos pero no porque sea un padre sentimental, sino porque he visto de lo que son capaces. Tanto en esta última guerra santa, como… cuando llegaron aquí. Tú no estuviste en el santuario por aquel entonces así que no podrás recordar lo que había en aquellos ojos infantiles. No los llegaste a conocer… pero yo sí. –Shion se viro del todo hacia su amigo y con determinación dijo –Y estoy más que convencido que hay todo que rescatar, aquí ya no hay héroes ni villanos Dohko, aquí ya sólo hay doce que demostraron su lealtad a la Diosa y a la humanidad cuando el momento lo requirió de verdad, esas almas son valiosas y si están manchadas estoy dispuesto a lavarlas, y si están heridas haré todo por sanarlas. Así me ayudes o no.-dijo severamente.
El chino bajó la vista, odiaba pelear así con el terco tibetano.
- Aunque –el tono cálido de Shion lo hizo mirarlo de nuevo –me gustaría contar con mi mejor amigo para esto.
El chino quien odiaba pelear en serio con Shion, sintió que su espíritu se llenaba de energías.
- Jum –sonrió sínico –será como en los viejos tiempos Shion, tú y yo contra la peor cruzada –dijo acercándose y echándole el brazo al hombro –aunque te lo advierto –dijo con su risilla –esto de enderezar a esta orden dorada será peor que una guerra santa. En serio –bromeó -¿No prefieres que mejor peleemos contra Hades de nuevo?
- Jum –Shion también le sonrió –creo que estará muy cansado de vernos la cara. Se volverá a morir de un coraje.
- Quiera Zeus que todo sea tan sencillo como eso jajaja
- Anda –dijo sonriéndole –vayamos a ver qué hacen esos "descarriados" en el coliseo, hoy yo personalmente voy a supervisar su entrenamiento. Deben estarme esperando para comenzar. Ah y cuando digo "descarriados" me refiero a los doce.
- Shion, no puedo creer que cuentes también a Mu. ¿Dónde quedó tu sentido del nepotismo?
- Allá donde Mu se pierde dejando la casa de Aries sola. –le reviró con sonrisa sínica mientras se adelantaba rumbo al coliseo.
A Dohko sólo de dio risa y siguió a su amigo.
En el coliseo…
Mientras esperaban a Shion, Saga miraba a los alrededores con una cara de disgusto y extrañeza.
- ¿Qué ocurre Saga?
- Ah –bufó el griego –ya no hay disciplina en este santuario. Mira Aioros, a esta hora se supone que todavía algunos caballeros y aspirantes estuvieran entrenando también, llegamos temprano, pero somos los únicos aquí.
- Culpa a Shaka, Saguita –dijo Milo llegando por su espalda –cuando Siddhartha de los nueve infiernos abrió sus ojitos y rostizó al cangrejo, los aspirantes y caballeros que estaban aquí emprendieron graciosa huida. Y no los culpo –dijo con sonrisa sínica y recargándose en la hombrera de la armadura del gemelo –si le hizo eso a un dorado, pues… asumo que nadie quiere convertirse en ceniza de zapatos.
- Oh ya veo… no me percaté de eso.
- Ni se van a acercar mientras él siga aquí –sentenció Aioros –lo temen como a Medusa.
- Buenos días mis caballeros.
Al ver ingresar al Patriarca todo mundo se formó en orden zodiacal en una sola hilera y le dieron al patriarca el saludo de respeto.
Shion pasó frente a ellos con esa elegancia y porte digno del Santo Patriarca pero… nada más pasar frente al cuarto guardián se detuvo un momento.
- Mascara de la Muerte… ¿te parece correcto ese aspecto para un ilustre caballero dorado?
- Mil perdones santidad, es que tuve un pequeño accidente sin importancia.
- Pues la próxima vez te aseas antes de presentarte al coliseo. Que no se repita muchacho –dijo prosiguiendo su camino y sermoneando a todo mundo con ese tono tan pero tan suyo que al mismo tiempo que amable era severo y se hacía obedecer sin rudezas. –Los caballeros dorados debemos de dar el buen ejemplo a toda la orden de Athena. No solo en nuestro comportamiento ejemplar sino en nuestra apariencia y aseo. ¿Queda entendido?
- Sí su santidad –respondieron todos.
- Bien –dijo mirando a sus muchachos –que comience el entrenamiento -dijo entornando esos felinos ojos.
Shion había dado órdenes estrictas, este día para las tres de la tarde, el coliseo debía estar completamente sólo (pero gracias a Shaka a las 2:35 ya se había despejado) y todos los otros integrantes de la orden tenían estrictamente prohibido acercarse. Esto era realmente por su propia seguridad, pues Shion formaría pares de caballeros dorados y habrían de combatir en un mano a mano como la parte ofensora y la defensora, es decir un nivel de poder y peligro muy considerable, y Shion como Patriarca debía prever responsablemente que no hubiera daños colaterales ni heridos. Cualquier mirón o curioso podía salir gravemente herido.
Porque… ¡Claro que Shion no estaba esperando la mejor de las cooperaciones o comportamientos!
Shion había organizado estos entrenamientos con una sola intención: Ver hasta dónde podía confiar en que sus rencillas personales no iban a afectarlos como grupo, equipo de pelea o en una misión.
Así que el Patriarca lo que realmente estaba esperando era que estallara el primer problema pero, eso era precisamente lo quería saber, qué tan fragmentada había quedado esa orden de guerreros y por donde comenzar a enmendarla.
Despues de todo, no se puede arreglar un problema si antes no se sabe cuál es.
Este primer entrenamiento había salido bien.
En general, cada pareja se comportó a la altura, combatieron limpiamente y a Shion le agradó sobremanera ver lo mucho que habían progresado aquellos hombres que tuvo que dejar siendo unos niños.
Nada había pasado. Pero él era un hombre paciente… y esperaría con su serenidad y una sonrisa al primer par que se tumbara los dientes.
Días después en el coliseo…
Aldebarán animado por las palabras de Mu, se dirigía hacia arriba por las graderías del coliseo hacia donde Afrodita se acomodaba su capa para marcharse luego de un entrenamiento. Al acercarse se detuvo unas gradas abajo paralizado por la imagen frente a sí. Con la armadura y los celestes cabellos chispeando a los últimos rayos del sol poniente estaba el que se decía era el más hermoso de los ochenta y ocho, y vaya que lo era.
Aldebarán entonces notó como era verdad que la belleza de los piscis era parte de su arsenal, Aldebarán nunca había tenido tan presente este detalle hasta ahora, porque no convivía casi nada con él, sabía que era un compañero y de una forma u otra estaba acostumbrado a su existencia y la habladurías sobre su compañero y su endemoniada belleza, pero ahora viéndolo de frente, pensó que ciertamente cualquiera ajeno al santuario se quedaría paralizado al encontrarse con semejante creatura. Afrodita imponía, no sólo por su belleza sino por su porte, pero también era terriblemente engañoso, pues al mismo tiempo que imponente, era una creatura tan elegante y bella, que por estas virtudes llegaba a parecer delicada frágil y por ende inofensiva.
Aldebarán iba a llamar su atención pero justo en ese momento el guardián de piscis se giró para irse descubriendo al enorme toro a su lado.
- Hey… -saludó algo inseguro el enorme moreno.
- Oh caballero de Tauro. ¿En qué puedo ayudarte?
- Eh… pues –dijo con sonrisa nerviosa –yo sólo… -Afrodita lo miraba un poco hacia abajo debido a sus posiciones en las graderías pero ese simple gesto no intencional no ayudaba mucho a la soltura de Aldebarán –sólo…
Afrodita le miraba con interés pues era obvio que Aldebarán necesitaba pedir algo pero esa penetrante mirada azul resultaba perturbadora para el guardián.
- Yo… yo que-quería agradecerte.
- ¿Agradecerme? –preguntó confundido.
- Por-por el presente que dejaste en Tauro.
- Oh pero si no hay nada que agradecer, soy yo quien te da las gracias –dijo bajando las gradas que los separaban y mirando ahora hacia arriba para ver los ojos del enorme guardián de Tauro –Quería agradecerte en persona por el detalle que tuviste para con mi persona, pero ese día al bajar a Tauro no te encontré, espero no haya sido muy rudo de mi parte sólo dejar una nota, sé que debí aguardar tu llegada pero mis deberes me lo impidieron en aquel momento. Te ofrezco una disculpa por eso.
- No-no hace falta, está bien –dijo nervioso ante la apariencia y hablar elegante y formal de Afrodita. –Todos tenemos ocupaciones –dijo sin atreverse a despegar los ojos del nórdico.
Su belleza era hipnótica, y no es que se sintiera atraído sexualmente o sentimentalmente hacia él. Era solo que el santo de Piscis parecía haber sido bendecido con todas las gracias de la mismísima Diosa de la Belleza y esa fuerte aura aunada a su apariencia sobrenatural era como escuchar el canto de una sirena.
- Bien –dijo sacando a Aldebarán de su ensimismamiento –pues nuevamente gracias por las galletas, estuvieron deliciosas. Tu fama de ser el mejor cocinero de la orden está bien justificada.
- ¿Mi fama?
- Eres famoso por eso ¿no lo sabías?
- Eh bueno –dijo algo apenado –algo he oído pero, exageran.
- Yo no lo creo –dijo ladeando un poco su cabeza con una sonrisa –creo que apenas si dicen la verdad.
- No podrías saberlo con tal sólo unas galletas.
- Pues no me quedaron dudas. Bien me retiro caballero, tengo que ir a preparar mi almuerzo.
Afrodita se despidió con un educado asentimiento y bajaba por las gradas, Aldebarán dudó unos segundos pero al final se animó y llamó su atención de nuevo –Oye por qué no vienes… digo –se corrigió –si no estás muy ocupado ahora, te invito a comer a mi casa.
- ¿A tu casa?
- Claro.
- No creo que sea apropiado –dijo el santo desanimando un poco a Aldebarán.
- ¿Por qué? –preguntó alicaído.
- Porque es una falta de cortesía llegar de improviso a comer a una casa ajena. No podría ponerte a cocinar para dos.
- Oh jajaja, si es por eso no hay problema –dijo animado con las razones del santo para negarse –no se necesitan tantas formalidades entre familia, vamos ven conmigo –decía animado y luego recordando sus recelos con la supuesta actitud snob del santo volteó preocupado –aunque si no lo deseas e-está bien, ya-ya será en otra ocasión. –Finalizó con una risa apenada pensando en que quizá Afrodita sólo se quería zafar de su invitación con un pretexto educado.
Pero Afrodita estaba desconcertado ¿familia dijo Aldebarán? Familia… Estaba cavilando cuando notó la mirada acongojada del de Tauro clavada en él.
- Eh ¡No, no, está bien por mí! –dijo saliendo de su asombro y apresurándose a responder pues no quería malinterpretaciones. –Es sólo que no quería molestar, pero si crees que no te causa problemas, acepto tu amabilidad con mucho gusto.
Aldebarán sonrió y ambos comenzaron a bajar caminando lado a lado.
A la distancia Dohko los veía marchar juntos y alcanzaba a escuchar el vocerron del moreno.
- ¡Ya verás, la comida brasileña te encantará! ¡Espero tu estomago no sea muy sensible a las especias, te aseguro que jamás has comido un filete tan delicioso JAJAJAJA!
- ¿De cuándo acá este muchacho hace amistad con otros? Si es el más arisco de los doce... –se dijo a sí mismo refiriéndose al sueco -¿Comida dijo Aldebarán? ¿Acaso lo invitó a comer?... Ah… este es como el agua, se va metiendo… espero no de problemas. Diga lo que diga Shion sigo pensando que esos cinco serán una mala influencia para los demás hasta que no los haga escarmentar.
Por la noche en Tauro…
- Que sorpresas se lleva uno –decía Aldebarán con una sonrisa mientras condimentaba su cena.
Al pasar de los días…
Pese a que ciertas personas no estaban de acuerdo, Mu insistía en acercarse al doceavo guardián en lo posible y ahora no era poco común ver a Aldebarán tratar de hacer lo mismo, no se podría decir que eran los grandes amigos pero, era evidente que estaban logrando acercarse a Afrodita cada vez más. El santo de piscis era esquivo y no amistaba más que con los de siempre, pero parecía ser que los esfuerzos de Alde y Mu comenzaban a dar frutos.
Esa tarde se vio subir a Aldebarán y Mu juntos por las doce casas. Cuando pasaron por Sagitario fueron recibidos por Aioros y Aioria y cuando el menor de los hermanos preguntó curioso si iban a ver a Shion, estos respondieron que en realidad iban a ver a Afrodita quien hacía poco había vuelto a salir de otra gripa, aunque no tan severa como la última.
¿Iban a ver a… Afrodita? Pensó Aioria extrañado ¿Qué asuntos podían tener con aquel estirado del doceavo templo dos almas tan amables y sencillas? "Será una cortesía porque estuvo enfermo" se dijo el león.
Aioros curioso preguntó por el asunto y la respuesta del enorme Toro fue "Vamos a Fikar" Aioros les sonrió y les deseo que se divirtieran y ambos caballeros partieron escalera arriba.
- ¿Ficar? –preguntó Aioria a su hermano.
- Creo que Ficar es portugués y significa "quedar" o "quedar con" supongo que esos dos van a "quedar" con Afrodita para algo.*
- ¿Quedar? ¿Quedar en qué?
- Quizá quedar para salir. –dijo animado el arquero, idea ante la cual Aioria sintió una chispa crepitar dentro.
Celos… celos de hermano y celos de amigo. Resulta que ahora salían a pasear con esa piraña.
…
Entre comentarios en el coliseo esos "paseos" llegaron a oídos de Dohko.
Ahora al parecer Mu y Aldebarán salían de paseo con el del doceavo templo. ¿Salían a pasear juntos fuera del santuario? Y a qué horas si jamás pedían permiso ¿será que estaban saliendo sin autorizaron? Vaya seguro el "malvado" del trio los estaba sonsacando.
Gracias a la mala traducción del inocente Aioros, los rumores de los chismosos del santuario fueron acrecentándose y volviéndose más y más mentirosos.
…
- Te lo digo yo Shion, esos cinco necesitan un castigo ejemplar para que vuelvan al redil.
- No he tenido quejas de ellos Dohko.
- ¿Qué no sabes lo que se rumora en el coliseo? ¡Ese pez de agua helada está sonsacando a Mu y a Aldebarán a brincarse las normas! ¿Acaso te han pedido permiso para salir?
- No, pero tampoco tengo conocimiento que hayan salido.
- Pues eso se dice por el santuario.
- Si lo escuchaste de los de plata también habrás oído del corral de vacas sagradas de virgo…
- ¡No Shion yo digo… ¿Vacas… dijiste?
- Sí, y también se dice que… Que Mu es en realidad el fruto de uno de mis "deslices". ¡Deslices! ¡Cuando yo ya era un anciano! ¡¿Acaso no ven la edad que tiene Mu?!
- Bueno… ese –dijo aguantando la risa –ese chisme habla bien de tu hombría.
- ¡Me pinta como un hombre cebolla Dohko!.
- ¿Cebolla?
- Claro con la cabeza blanca y el rabo verde…
Dohko soltó la carcajada.
- También se dice que Kiki es mi nieto, que Hyoga ya no debería vestir de blanco, que Saga vende Marihuana, que Arles era mi gemelo usaba peluca y éramos la rencarnación de Sage y Hakurei, que Aldebarán es realmente quien cuida Aries, que Aioria y Marin tienen una relación amorosa, que Shaka en realidad no es virgen, que Shura es un ofensor sexual*, que Orfeo y Misty tienen un secreto en la montaña*, que hay un lago de pirañas carnívoras en piscis, que Seiya fue un frenzoneado, ja sobre todo… que Kanon se hace pasar por Saga para acostarse con sus exnovias -lo cual sí me dejó una duda- y que tú eres quien interpretó a Yoda. Así que dime ¿cuál de estas "verdades" debería tomar en cuenta?
- Eh… Shi… Shion… entre… chisme y chisme… -dijo sorprendido –creo que sí hay algunas verdades…
- Ya lo sé, pero si presto atención a todo lo que ellos se inventan moriré primero de un susto o un coraje antes que en una batalla. ¿No recuerdas el asunto de Princesa? Que Shura había deshonrado a Marin… Si un teléfono descompuesto les queda pequeño. Debería darles más tareas porque tienen demasiado tiempo libre.
- Pues no lo sé Shion, a veces sí hay que prestar atención, porque cuando el rio suena…
- Cuando vea el agua correr Dohko, entonces haré caso de ese murmullo.
- Espero sea agua lo que corra y no otra cosa.
- ¿Por qué te molesta tanto que quieran amistar con ellos?
- Porque esas malas influencias están muy seguros de sus fechorías, NADIE les ha impuesto un castigo por sus acciones pasadas. Se les puede hacer fácil repetirlas. Disciplina Shion, eso hace falta aquí, como en nuestros tiempos.
- Dohko ya no estamos en nuestros tiempos.
- El tiempo y la disciplina no están peleados.
- De acuerdo, voy a castigarlos.
- Al fin.
- A la primera falta que cometan.
- ¡¿Qué?!
- El pasado quedó atrás.
- Pero-
- Asunto olvidado Dohko. Tengo presente lo que hicieron y claro que los tengo en la mira por si desvían el camino de nuevo, pero no por eso voy a negarles la oportunidad que les dio la Diosa misma y mucho menos a estarles restregando en la cara día tras día sus errores pasados.
*…*…*…*…*
*De mi fanfic el pecado de Shura.
*También por mi fanfic El pecado de Shura XD
*Este Dohko es definitivamente el Dohko de mis fanfics del arco de comedia, alarmista, escandaloso, quejumbroso, un poco atorado entre el pasado el presente su vejez y su juventud, es la parte cómica, no es que él los odie de verdad, sólo está de remilgoso, recuerden que este fanfic es un intermedio entre los de drama y los de comedia.
*"Fikar" de Fika es el "verbo" que se inventó Mu a la tradición sueca, pero como suena igual que el verbo portugués "Ficar" Aioros lo confundió creando un gran malentendido.
*De mi fanfic "La curiosidad mata al gato"
Gracias por leer y comentar, gracias por los favs y deseo es siga gustando el fic.
