Capítulo 4: Es solo un beso
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Sabía lo que estaba a punto de pasar, sucedió ante sus ojos como si fuera en cámara lenta pero aún así no estaba preparado para la explosión de sensaciones. Kagome soltó su mano para posar una en su pecho y otra detrás de su cuello, con un movimiento firme lo guío hacia su rostro donde sus labios se tocaron de la manera más delicada posible por unos segundos. No pudo evitar cerrar los ojos, fue prácticamente instintivo, sus labios eran suaves y dulces, soltó un suspiro que no sabía que estaba reteniendo y mientras se movían en completa sincronización como si fuera nato entre ellos. Algo paso en segundos, la mujer en sus brazos abrió los labios y lamió brevemente su labio inferior, fue como una descarga electrica, con mente propia sus manos viajaron de inmediato para sostener su rostro y profundizar el beso. Todo era suspiros, deslizamientos húmedos y apremiante necesidad.
Hasta que las risitas de sus acompañantes les recordaría que no estaban solos.
Inuyasha la soltó de inmediato completamente mortificado por lo que había hecho con su asistente, se supone que este era un compromiso falso, no tenía que tomarse tantas libertades con ella. Kagome estaba de igual forma con la expresión mortificada y completamente sonrojada abanicándose el rostro con las dos manos.
— Vaya eso fue intenso, necesitan una habitación chicos— una de las trillizas guiño un ojo.
— Yo… yo tengo que…— Inuyasha señaló rumbo al santuario – les dare un momento.
Sabía que estaba huyendo, pero necesitaba espacio, este viaje y todo el plan estaba comenzando a salirse de su cause, si no tenían cuidado todo podría al final salirse de las manos de ambos. Y apenas habían llegado, faltaban dos días más de convivencia. Por primera vez se preguntó si en realidad serían capaces de hacerlo.
Mientras se alejaba de Kagome y sus amigas, se encontró con la señora Higurashi que al parecer había salido a buscarlos por fin. Estaba a punto de indicar la ubicación general de Kagome en voz alta cuando la escuchó trotar para alcanzarlos.
— Lo siento mamá me encontré con las chicas.
— Oh ¿enserio? Me imagino que conocieron a Inuyasha. Me alegra mucho de que hayan tenido un momento para ponerse al día, deberías invitarlas a tomar el té.
— No creo que sea buena idea— Kagome parecía incómoda — solo estaremos dos días. Quisiera mostrale el pueblo a Inuyasha y pasarlo con ustedes lo más que se pueda.
Su madre sonrió pero no agregó nada más. Ellos ni siquiera se habían mirado, prevalecía una nube de incomodad en ambos.
Al entrar en la casa la mesa ya estaba servida, una cena tradicional con pescado, arroz y algunos acompañantes, a Inuyasha se le hizo agua la boca, hacia demasiado tiempo que no comía comida casera. Se sentaron en la mesa a esperar al abuelo y Souta. No tardaron mucho en unirse también a la mesa. La cena fue un asunto cómodo y relajante, preguntaron sobre el trabajo, sus impresiones iniciales sobre lo poco que había visto del pueblo y hablaron un poco sobre ellos a cambio, información que le servía para conocerlos mejor. Justo al terminar de levantar la mesa la señora Higurashi sirvió una taza de té para todos y el anciano decidió romper la paz que reinaba.
— Es la primera vez que Kagome trae un chico a casa. Ni siquiera ese novio que tuviste, Hojo, entró a comer con nosotros, ¿Qué tienes de especial muchacho?
¿Quien mierda era Hojo?
— Abuelo no lo molestes.— se quejó la chica.
— Estoy de acuerdo con el abuelo. Duraste años con Hojo, todos en el pueblo pensaron que se casarían al final, pero aún así nunca lo invitaste a entrar a la casa — agregó Souta con una sonrisa socarrona.
¡¿Quien jodida mierda era Hojo?!
Miró a Kagome para que lo iluminara al respecto pero ella solo miraba a su abuelo y hermano con el ceño fruncido.
— Por favor, no queremos poner incómodo a Inuyasha — la señora Higurashi salió en su defensa para romper la tensión que estaba comenzando a caer sobre él.
— ¡Nos casaremos!
Inuyasha estaba dando el último trago a su té cuando la declaración de Kagome salió a la luz de forma tan poco sutil, lo que lo hizo casi atragantarse y comenzar a toser sin control. Esta mujer no tenía tacto, y pensó que el del problema era él. Mientras seguía tosiendo para salvar su vida, Kagome le dió palmadas en la espalda y lo miró con preocupación. Su familia también los miraban atentamente y se percató cuando la madre de Kagome cayó en cuenta del anillo que ella tenia en su dedo anular. Su primera reacción fue de muda sorpresa antes de lanzar al aire un grito feliz y comenzar a aplaudir exactamente como había hecho Kagome cuando llegaron. Su tos se había detenido pero la chica seguía pasando la mano por su espalda de forma reconfortante, no sabía si para tranquilizarse ella o tranquilizarlo a él. Los otros dos hombres en la mesa no habían dejado escapar ningún sonido, seguían igual de sorprendidos. Hasta que Souta plasmó en su rostro juvenil una sonrisa perversa.
— Vaya, vaya. Cuñado he escuchado que eres rico.
— Callate niño, no seas interesado. — el abuelo le dió una palmada en la parte posterior de la cabeza al joven y después lo miro directamente a los ojos— Bienvenido a la familia Higurashi muchacho.
— ¡Oh Dios mío Kagome!, ¡Estoy tan feliz por ustedes! — exclamó la mujer mayor.
Fueron abrazados en turnos por su madre que irradiaba una felicidad que si fuera luz de seguro los dejaría ciegos a todos. Comenzaba a sentise mal de que todo esto fuera falso… Solo un poquito.
Todo transcurrió en una ráfaga de gritos felices de toda su familia, aceptaron la noticia con completa naturalidad. Hasta que notó la hora en el reloj de la pared, vió que se estaba haciendo cada vez más tarde por lo que le preguntó a Kagome si había hecho su reservación en algún hotel del pueblo para ir a descansar.
— ¡¿Qué?! — la cara de horror de su madre lo dejó sin palabras.— ¿Un hotel? ¡Por supuesto que no!, la habitación de Kagome es amplia y tiene una cama tamaño King, ahí pueden dormir los dos.
—¡Yoko! – protestó el anciano.
— Basta abuelo, son dos adultos que viven solos en la ciudad, pasan practicamente todo su tiempo juntos, no esperes que no hayan dormido juntos en varias ocasiones. Pronto se van a casar por lo que pueden compartir una habitación sin problemas.
El abuelo parecía indignado, la sonrisa comemierda de Souta prometía muchas burlas en su futuro y Kagome había escondido su rostro entre sus manos mientras se encogía sobre si misma ocultando su vergüenza por lo que todo recayó sobre él, haciendo una mueca que esperaba fuera algo parecido a una sonrisa acepto la invitación a quedarse. La señora Higurashi lucía completamente complacida por lo que ánimo a que trajera también sus maletas del auto y los llevo juntos a la habitación de la infancia de Kagome.
Todo era rosa, muy rosa, con muebles sencillos y básicos en una habitación que se notaba que ya no se usaba mucho. Pero tenian razón, la cama de Kagome era amplia, fácilmente podrían caber los dos. No es como si en realidad planeara que durmieran juntos. El piso estaba bien para él, no era lo ideal pero tendría que adaptarse. Le indicaron donde estaba el baño y después de darse una ducha muy necesaria se sentó en un sofá individual que estaba en una esquina de la habitación mientras ojeaba un viejo álbum de fotos de Kagome, esperando que dicha chica regresara después de darse una ducha también.
Cuando ella regresó a su habitación vestida con un diminuto pijama satinado acaparó toda su atención. La mujer tenía un cuerpo hermoso, él eso lo sabia de sobra al verla vestida con faldas ajustadas por tres años, pero vestida así con unos pantaloncillos diminutos y una blusa de tirantes que dejaban sus hombros al descubierto era definitivamente una vista maravillosa de contemplar. Le sonrió absorbiendo con avidez toda esa tez blanca e impecable, su cabello negro suelto y ondulado, salvaje y hermoso al igual que esos ojos tan luminosos, esos ojos que le transmitían todo, para él era fácil leer los cambios en el animo de Kagome. La mujer le sacó la lengua y se fue rápidamente a su cama donde se acurrucó debajo de las mantas.
— ¿Qué lado prefieres?, si no te importa me gusta dormir a la derecha.— le dijo desde su lugar en la cama.
— El piso esta bien no te preocupes.
— No digas tonterías – puso los ojos en blanco— la cama es lo suficiente amplía para los dos, si te sientes más comodo puedo poner almohadas y crear una barrera entre ambos.
— ¿Estas segura?
— ¿Vas a dormir en ropa interior?
Inuyasha se levantó del sofa y la dejo ver que de hecho traía pantalones de franela y una camiseta acanalada con la que planeaba dormir. Ella sonrió al verlo y palmeo el lugar a su lado. Cuando estuvo acomodado debajo de las mantas al igual que ella pusieron un par de almohadas para dividir el espacio y evitar tocarse durante la noche. Nadie habló de lo que había sucedido más temprano entre ellos. Deseándose buenas noches se fueron a dormir.
Otra actualización como disculpa por la tardanza con el capítulo anterior.
Los comentarios siempre son agradecidos de corazon!
