¡Hola otra vez!

Aquí va el Capítulo 4 que es uno de los más cortos.

Agradezco a todos los que están comentando, a quienes están siguiendo esta historia, y que incluso algunos la han puesto entre sus favoritas a pesar de no haberla subido completa aún.

Capítulo 4

Después de pasarme una tarde entera viendo fotos de los distintos momentos y personajes que participaron de mi vida esos tres años que viví con los Tendo, pude entender que mi vida siempre fue bastante caótica. Pero a su vez sentía como si estuviera viendo una vida que me es ajena. Lamentablemente no pude recordar nada de todo lo de las fotografías. Pero al menos pude tener un panorama de algunos actores que podrían llegar a reaparecer mientras me quede en Nerima. Tengo que reconocer que varios de los sueños que tuve sobre Akane estaban ilustrados en las fotos confirmándome que no fueron simplemente sueños. Algunas fotos podía encontrar una relación con algunos sueños pero no eran completamente fieles, por lo que pude concluir que no todo lo que soñé hasta ahora es un recuerdo puramente.

La familia se retira diciendo que volverá pronto y que tenemos que hacer estas reuniones más seguido.

– Se que no lo recuerdas, pero siempre fueron así. Se metieron en nuestras vidas en todo lo que pudieron y tomaron decisiones por nosotros – me dice Akane agitando la mano despidiendo a sus hermanas mientras se alejan.

- Imagino que eso nos molestaba – acoto recordando varias peleas que tuve con Akane.

- Nos molestaba muchísimo. La mayoría de nuestras peleas tenían que ver con que ellos se metían… Pero también es cierto que siempre estuvieron para nosotros. Es una familia ruidosa, entrometida, asfixiante la mayoría del tiempo, pero es una familia hermosa. – la veo sonreír feliz. Su tono de voz se torna un poco serio. - Todos dan por sentado que vas a quedarte – Y ahora me mira fijo - ¿Qué es lo que tú quieres? ¿Quieres quedarte? – siento como su voz tiembla levemente al hacerme esa pregunta.

Intento controlar los nervios y no bajar la mirada – Yo… yo quisiera quedarme. Siempre que tú quieras que me quede.

- Bien – me dice mientras mira hacia adelante con determinación.

Su corta respuesta se parece a las que da un médico cuando te hacen las preguntas de rutina, ¿hace ejercicio a diario? ¿fuma? ¿tiene alguna enfermedad crónica?, que a una conversación de índole romántica. La paso por alto y pregunto una duda que me carcome - ¿Pero qué hay de Ryoma?

- ¿Qué hay con Ryoma?

- Es claro que no le caigo muy simpático.

- No te preocupes por Ryoma. Es normal cómo se siente.

- ¿Es normal? No te entiendo.

- Está celoso.

- ¿Celoso? ¿¡De mí!?

- Y de quién más. Ya se le pasará – y se voltea para entrar a la casa mientras yo la sigo.

- Quizás el hecho de que yo está acá lo haga pensar que quiero reemplazar a Shinichi…

- ¿Y cómo se supone que vas a reemplazar a Shinichi si no lo conocías? ¿Y además quieres reemplazar a Shinichi?

- No, no me refería a eso…

- Nunca podrás reemplazar a Shinichi, ni tu ni nadie.

Sé que es cierto, pero sus palabras me duelen. Seguramente lo amó como a nadie. Nunca podré igualarme a él. Alguien que no la dejó como hice yo. Más allá de que no lo hice intencionalmente - ¿Puedo preguntarte algo?

- ¿Qué cosa?

- Ryoma usa tu apellido. ¿Por qué no usa el apellido de Shinichi?

- Eso es porque Shinichi tomó mi apellido. Como te conté, él no se dedicaba a las artes marciales, era médico. Si yo tomaba su apellido el dojo iba a tener el nombre de alguien que no viene de familia marcial. No le molestó tomar mi apellido. Y es por eso que nunca cambió el nombre del dojo ni de Ryoma. A él no le interesaba demasiado el tema de que su apellido perdure, además de que uno de sus hermanos, que vive en Nagoya es un médico muy reconocido allá. Así que no había necesidad de que él tuviera que pasar su apellido.

- Vaya…

- Sus restos descansan ahora junto a los de mi madre.

- ¿Cómo era?

- Uhmm, creo que fue la persona más amable y pura que conocí. Muy parecido a mi hermana Kasumi. Siempre sonriente, siempre positivo, siempre calmo y paciente. Con él aprendí a ser más honesta con los demás y conmigo misma. Muchos nos veían como la pareja perfecta. Pero la verdad es que él era el transmitía eso. La mayor parte del tiempo yo era un desastre. Él fue siempre mi lugar de calma y de reflexión.

Por un lado realmente me alegra que haya habido alguien como él en su vida, que haya velado por su seguridad y que le diera estabilidad. Pero por el otro me genera celos no haber sido yo quien ocupara ese lugar, todo resultado de mi egoísmo - Imagino que debe haber sido un buen padre.

- Fue un padre excelente. Ryoma lo adoraba, por supuesto que aún lo hace. Siempre lo escuchó y nunca le llevó la contraria. Muy diferente a como es conmigo, que tengo que vivir gritándole y llamándole la atención. Shinichi lo nombraba sonriente y eso era suficiente.

A pesar de la conversación triste ella puede recordarlo con una sonrisa en los labios – Ayer me preguntaste qué eras para mí. Yo… quisiera preguntarte lo mismo.

Ella ahora me mira con los ojos bien abiertos, seguramente no esperaba mi pregunta – Yo siento que no puedo ser como Shinichi... - Fui sincero cuando dije que quisiera quedarme, pero tengo muchas fallas, quizás demasiadas.

- Ya sé que nunca vas a ser como Shinichi. Pero me dijiste que no querías ser su reemplazo.

- Y no estoy diciendo que quiera serlo. Pero… qué es lo que yo puedo ofrecerte…

Empieza a sonar molesta – No sé. Dime, ¿qué puede ofrecerme Ranma Saotome?

Me siento acorralado, después de escuchar lo maravilloso de Shinichi ella pretende que le diga lo supuestamente bueno que soy. Jamás podré estar a los talones de un tipo como él. De alguien que incluso dejó su ego de lado para tomar el nombre de ella. Escapo de su mirada, pero puedo sentir sus ojos clavados en mí. Las palabras se quedan atoradas en mi garganta. No tengo una respuesta. Acabo de caer en cuenta lo pequeño que soy. Ella es mi todo para mí y yo soy quizás la nada misma. Voltea molesta y me ordena. – Al dojo, ahora.

La miro atónito - ¿Qué…?

- ¿Eres sordo? Dije que al dojo ahora. – Y sale hecha una furia hacia el dojo. La sigo sin entender nada como estoy desde ayer. Llego y ella está esperándome en el medio del mismo. Cuando me ve se pone en posición de pelea y me hace un gesto indicándome que me ponga en posición frente a ella.

- No entiendo nada, Akane. ¿Podemos hablar?

- Si logras darme un golpe voy a responder a tu pregunta – es su promesa.

- Ya te dije que no le pego a mujeres – le contesto algo molesto.

- ¿Quieres quedarte? La nueva regla será que vengas aquí y ahora a pelear.

- No digas tonterías. Yo no quiero pelear.

- ¡Me importa un rábano! Esta es mi casa, mi casa, mis reglas.

Me empieza a sacar de mis casillas su actitud – Si las cosas van a ser así, entonces quizás es mejor que me vaya.

- Ya sabes dónde está la puerta. Si la cruzas no te molestes en volver nunca más.

-FIN DEL CAPÍTULO-

¡Ahora sí! Hasta la semana que viene. Ya falta poquito ;)