¡Buenas, buenas! Dejo el siguiente por aquí. Siempre hago revisión de ortografía y gramática, pero se me puede escapar algo. Perdón por eso.

Ranma 1/2 no me pertenece. Y todo lo que escribí en el capítulo anterior.

Mini glosario:

kiai = grito de artes marciales que se usa para sorprender a tu oponente. Se supone que el rugir del tigre tiene un efecto que paraliza a las presas, bueno, la idea del kiai es algo similar. Perdón que no lo puedo explicar bien XD. Pero en fin, es el grito clásico que se escucha de los practicantes de artes marciales.

jiichan = abuelo


Capítulo 10

Siento la alarma de mi celular sonando y despierto con una sensación de calidez en mi pecho, esto debe ser el cielo. Todo mi cuerpo en contacto con el suyo, mi brazo derecho abrazando su cintura mientras que el izquierdo le hace de almohada. Toda su espalda apoyada sobre mi pecho y su trasero apoyado deliciosamente sobre mi virilidad, lo cual hace que se emocione más de lo que ya está. Respira pausadamente, aún está durmiendo. Espío el reloj que tiene de su lado de la cama y veo que son las 7 de la mañana. No quiero levantarme, pero es momento de ir a uno de mis trabajos de medio tiempo. Ayer no le conté al final porque no nos vimos durante la tarde, pero además de salir a pensar fui a buscar oportunidades laborales. Hoy comienzo en un gimnasio de la zona como un instructor, al menos a hacer un reemplazo de uno que tiene licencia. Antes de salir de la cama, beso la piel de su nuca expuesta ante mí mientras acaricio su cadera y bajo por su pierna. Su mano acaricia la mía que está haciendo de almohada.

- ¿Te desperté? Lo siento. Es temprano, vuelve a dormir.

- Tengo que hacerle el desayuno a Ryoma, así que está bien.

- Yo se lo hago si quieres.

- ¿Harías eso por mí?

- Por supuesto.

Mis caricias se vuelven más demandantes, apretando su cadera y sus piernas. Me pago más a ella haciéndola sentir mi excitación. Paso mi nariz por su oreja.

- Ranma… pensé que ibas a hacer el desayuno… - me dice sonriente.

- Y lo voy a hacer. – le muerdo el hombro a modo de frustración de no poder avanzar más con ella a lo que ella contesta con una suave risa. Salgo de la cama con cuidado para no moverla demasiado. – Sigue durmiendo. Hago el desayuno a Ryoma y me voy por un rato. Nos veremos a la tarde. – le comento mientras me calzo los pantalones.

- mmm… - es su única respuesta antes de dormirse nuevamente.

Salgo de la habitación con dirección a la cocina. Preparo el desayuno para los tres y a la media hora ya comienzo a escuchar movimiento de que Ryoma está despierto. Dejo los platos sobre la mesa y me regreso a la cocina a llevar los últimos platillos. Entra a la cocina aún desperezándose. – Mami, buenos dí… Ah, eres tú.

- Buenos días. ¿Cómo es eso de eres tú, eh? – le digo a modo de reclamo.

- Voy a despertarla porque se me va a hacer tarde.

- No, para que siga durmiendo le ofrecí hacer yo el desayuno.

- Ajá – exclama con desconfianza y se va de la cocina.

Lo veo sentado en la mesa engullendo la comida rápido para irse.

- ¿Cuándo es el torneo de artes marciales?

Sin quitar la mirada de la comida y con la boca llena me responde – Y eso a ti qué te importa.

Paciencia Ranma, paciencia. Según Akane son los celos. – Tienes razón, a mí no me importan los torneos. No son la gran cosa. Es seguir un montón de reglas que en un combate real no las hay.

- Si no te importan entonces para qué preguntas. – me dice claramente enojado.

- Ya que somos "rivales" – haciendo énfasis en esa palabra – quiero ver tu destreza para saber qué técnicas aplicar en un combate contra ti. Claro que cuando tengamos ese combate.

- ¿Tener un combate? ¡Cuando quieras! No hace falta esperar al torneo.

- Me parece bien. Nombra un día.

Mi presión hacer flaquear un poco su determinación, así que mejor darle un último empujón. – ¿O eres solo palabras?

- ¡Por supuesto que no! ¿Por qué no hoy mismo?

- Bien por mí. Cuando vuelvas de la escuela tendremos nuestro combate.

- Ya tengo que irme. Nos vemos. – puedo notarlo más alegre cuando se va. Creo que mi desafío encendió una llama en él. Digno hijo de Akane, funciona con la provocación.

- Que te vaya bien.

Mira hacia las escaleras cuando sale – ¡Me voy mamá!

Akane termina de bajar los últimos escalones – Que te vaya bien.

- Buenos días, Ranma.

- Buenos días, princesa.

Me regala una sonrisa maravillosa ante mi halago.

- ¿Dormiste bien?

- De maravilla. – le respondo feliz.

- Gracias por hacer el desayuno. ¿Me dijiste que tenías que irte hoy?

- Sí, ayer no te conté al final. Pero conseguí un trabajo de medio tiempo. Es en un gimnasio de la zona. Estaban buscando a alguien para reemplazar a un entrenador que se tomó licencia por dos meses. Al menos para sumar un poco más a tu economía. Es de martes a viernes durante la tarde temprano.

- Entonces estarías disponible para las clases de la noche y los sábados. Quizás hasta pueda agregar clases los lunes.

- Te dejo mi agenda para que la organices como quieras.

- Eso me ayudará mucho. Gracias, Ranma.

- No es nada. Somos un equipo a partir de ahora – extiendo la mano por encima de la mano para entrelazar nuestros dedos. – Bueno, ya tengo que irme. Volveré como a las 4 de la tarde.

- Que te vaya bien.

Me acompaña a despedirme hasta la puerta y poniéndose en puntas de pie me da un casto beso en los labios. – Mi corazón no puede más de júbilo.


El primer día de trabajo llegó a su fin y me encuentro ya en la puerta del que hace cuatro días es mi hogar. Nunca imaginé que íbamos a llegar hasta este punto tan rápido. Evidentemente la historia que compartimos con Akane es demasiado fuerte. Ingreso a la casa y veo las luces del dojo encendidas además de escuchar voces de kiai al unísono. Entro a la casa y en la sala me encuentro a mi padre tomándose un té. - ¿Viejo? ¿Qué estás haciendo acá?

- Ranma. ¿Qué acaso tu padre no puede venir a visitarlos?

- Akane está ocupada, Ryoma aún no llega… ¿a quién viniste a visitar? – le pregunto con sospecha.

- A Akane no le molesta que venga cada tanto.

- ¿De quién estás escapando esta vez? – lo conozco demasiado.

Se acomoda los lentes en un gesto de superioridad – tu padre no escapa a nada.

- ¿Qué hiciste?

- ¡Tu madre me echó! ¿¡de acuerdo!?

- ¡¿Te echó?!

- Después se le pasará. Mientras se tranquiliza vengo a pasar tiempo aquí.

- O sea que esto es algo habitual. – digo agarrándome la cabeza.

- ¿Y que hay sobre ti? No estabas en la casa, no me extrañaría que Akane también te haya echado.

- ¡A diferencia de ti estaba trabajando!

- ¿Tienes trabajo?

- Por supuesto, no podemos vivir del aire.

- ¡Ranma! ¿están viviendo juntos entonces? ¿Están durmiendo juntos?

- ¡¿Qué con esa pregunta?! ¡Eso es privado!

- Voy a tomar eso como un sí. ¡Ese es mi muchacho! Ese es el encanto Saotome. Vas a hacer muy feliz a tu madre.

- ¡Ni se te ocurra contarle eso!

En nuestra discusión suena el teléfono. Mi padre se para a atender haciéndome un gesto de que se lo encargue.

– Siempre atiendo cuando Akane está ocupada. – Dice mientras toma el auricular.

- Residencia Tendo, habla Genma Saotome

Tapa el auricular y me mira – Hablan desde la escuela de Ryoma.

- Voy a llamar a Akane entonces – me gesticula para que me detenga.

- Ajá. Akane está ocupada ahora. Pero puedo ir en su lugar como su abuelo… Iremos ahora mismo. – y cuelga el teléfono. – Vamos.

- ¿Eh? ¿Pasó algo con Ryoma?

- Parece que hubo una pelea.

- ¿Ryoma está bien?

- Ryoma está bien. Pero la maestra quiere saber lo que pasó antes de llamar a los padres del otro chico.

- Voy a decirle a Akane.

Me jala del brazo y se larga a correr. – No hay tiempo, ya le dije que iremos nosotros.

- ¡Pero! ¡Ahh, espera viejo! – y salgo corriendo junto con él.


Llegamos a la escuela la cual me parece familiar. Mi viejo se acomoda los lentes – Esta era la escuela a la que viniste junto con Akane, ¿la recuerdas?

- No, no la recuerdo…pero hay algo que se me hace familiar.

- Entremos, nos están esperando.

Llegamos a la sala donde está la maestra con Ryoma. Mi padre toca a la puerta y le dan el permiso para entrar.

- Buenas tardes, maestra. Soy Genma Saotome, el abuelo de Ryoma. Y este es mi hijo, Ranma Saotome. Acabamos de hablar por teléfono. ¿Qué sucedió?

Ryoma está sentado cruzado de brazos frente a la maestra, claramente molesto.

- Ryoma se peleó con un niño de otro curso y le estoy preguntado qué pasó pero no quiere decir nada.

Mi padre se acerca a Ryoma y lo obliga a mirarlo. – Ryoma, ¿qué te pasó hijo? Tu no eres así. ¿Qué te hizo ese otro niño?

Pero Ryoma se niega a contestar.

- Ha estado así toda la tarde. – comenta la maestra exhalando sonoramente.

Me atrevo a preguntar - ¿Es un compañero de curso?

- No, es un niño de 6to año.

Tanto mi padre como yo lo miramos con sorpresa. Un niño cinco años mayor a Ryoma. ¿Qué pudo hacer sucedido?

Mi viejo se para y apoya su mano en el hombro de Ryoma. – Maestra, creo que esto es una cosa de hombres. Si nos permite hablar en privado con él.

La maestra mira confundida pero finalmente accede y se va de la sala cerrando la puerta. Nos espera en sala de maestros.

- ¿Qué te dijo ese niño?

Ryoma desvía la mirada de mi padre con vergüenza y la oculta bajo su flequillo. – Dijo algo sobre mamá. – dice por lo bajo pero llego a escucharlo. Escuchar eso hace que me hierva la sangre, a pesar de ser un niño no puedo tolerar que alguien le falte el respeto a Akane.

Trato de no mostrarme alterado pero mi voz sale oscura, amenazante. - ¿Qué dijo específicamente?

Ryoma me mira ceñudo. – Dijo que mi mamá estaba buenísima y que quería casarse con ella. Que él iba a ser mi padre.

Mi viejo se ríe y lo despeina – Me parece bien que quieras defender a tu madre, pero no hace falta llegar a esos extremos, ¿cierto Ranma?

Voltea a verme buscando mi apoyo pero yo estoy rechinando los dientes y los celos me carcomen. Aunque sé que mi padre tiene razón, el pensar que otros fantasean con Akane me saca de quicio, no me importa que sea un niño.

Mi padre carraspea - ¿Cierto, Ranma?

Vuelve a repetir la pregunta pero no me calmo ni un poco. Afirmo con la cabeza pero mi lenguaje corporal dice otra cosa distinta. Igual parece que Ryoma ha accedido a lo que dijo mi padre.

- Perdón, jiichan.

- Esta vez está bien, pero no lo vuelvas a hacer… ¿Lo lastimaste mucho?

- Solo le dejé algunos moretones y se cortó el labio.

- ¿Y a ti, dónde te golpeó?

Se arremanga el pantalón para mostrar sus tobillos. – Me agarró de las piernas para que no pueda patearlo.

- Ya veo. Bueno, no es nada grave. Todos tuvimos nuestras peleas a tu edad. Voy a hablar con la maestra para explicarle y nos vamos.

- ¡No! No le digas lo que dijo de mamá.

- Está bien. Le inventaré algo. No te preocupes. Junta tus cosas que en un rato nos vamos.

Mi padre pasa por mi lado y antes de salir me toca el hombro en un gesto que no acabo de comprender.

- Ryoma.

El niño levantó los ojos hacia mí.

- Ese niño, ¿practica artes marciales?

Él niega con la cabeza. Suspiro y me agacho a su altura para hablarle. – Entonces no estuvo bien lo que hiciste. Los artistas marciales no les pegamos a los más débiles.

- Pero…

- Sin peros. No estás en igualdad de condiciones. Nosotros no debemos atacar nunca, a menos que nosotros o alguien de los nuestros se vea en peligro, o que nos hayan atacado en primer lugar. Pero no somos los que iniciamos las peleas. Y menos con alguien que es más débil que nosotros.

Ryoma baja la cabeza avergonzado. – Mamá se va a enojar entonces.

- No querías contarle a la maestra para que no se entere Akane, ¿verdad?... Yo no diré nada si me prometes no volver a hacerlo.

Levanta la mirada con sorpresa para luego afirmar con su cabeza. – Lo prometo.

- Bien… Así que pudiste darle unos cuantos golpes, ¿eh? Pero que te haya alcanzado agarrándote de las piernas es porque hay que mejorar la defensa.

Se pone colorado y aparta la mirada orgulloso.

- El duelo que teníamos hoy… vamos a dejarlo para más adelante. Hoy te enseñaré cómo defenderte.

Se gira para quejarse y antes de que diga nada agrego – No te confundas. No es para ser tu sensei, es porque como rival yo cuento con ventaja. Y como te dije recién, no peleamos con los débiles. Si quieres tener tu pelea conmigo hay que corregir eso. Es una condición necesaria.

- Está bien. – sonrío al escucharlo aceptar convencido.

Mi padre entra nuevamente a la sala. – Ya podemos irnos. No te suspenden ni van a llamar a tu madre, pero te van a hacer ayudar a tus maestros en lo que necesiten por dos semanas enteras. La sacaste barata.

Nos vamos los tres caminando de regreso al dojo. Mi padre lo toma de la mano y van caminando delante de mí mientras van riendo y charlando. Ver esta escena me trae recuerdos de cuando yo era quien iba de la mano de mi padre de esa manera.

Cuando llegamos Akane está en la puerta esperando preocupada. Se acerca hacia nosotros a trote. - ¿Qué pasó? – Cuando entré no había nadie y ya había pasado la hora de llegar de ambos.

- Perdón Akane-chan, es que quise ir a buscar a mi nieto a la escuela, me encontré con Ranma de camino y aprovechamos a ir a jugar un rato al parque – le levanta los pantalones a Ryoma para mostrar los moretones. – Creo que me pasé un poco con los juegos. Le quedaron marcas, pero está bien. ¿No es verdad, hijo?

Tanto Ryoma como yo contestamos al unísono poniéndonos duros como estatuas -¡Sí! – Mentir nunca fue lo mío, y parece que tampoco se le da bien al enano. ¿Dónde le quedó esa actuación del otro día? Mi padre nos dirige una mirada reprobatoria a los dos que pasa inadvertida por Akane.

- Está bien, pero avísenme la próxima vez. Estaba preocupada. – agradezco la inocencia de esta mujer.

- Perdón, mamá.

- Perdón, Akane.

- Bueno, vamos a entrar. Ya tengo la cena casi lista.

Ambos exhalamos con alivio cuando ella ingresa a la casa con una sonrisa. Y nos miramos de reojo volviendo a establecer nuestro pacto de silencio.

-FIN DEL CAPÍTULO-


Muy agradecida como siempre con los que siguen esta historia.

En este capítulo tocó un poco más el costado familiar de la misma. Y como nos vamos acercando al torneo vamos a seguir leyendo sobre la evolución de la relación entre Ranma y Ryoma. Genma siempre fue un desastre en muchos aspectos de su crianza hacia Ranma, pero es evidente que ama a su hijo, a su forma al menos XD. Y acá quería reflejar ese amor por su nieto del corazón, como se dice.

¡Hasta el próximo!