Parte 18

(Nota aclaratoria: Esto sucede antes de que Samir se encuentre con Cruz en el capítulo anterior).

McMissile revisaba el informe generado de hace unos minutos. Ya estaba al tanto de todo lo sucedido y de la carrera que se llevaría a cabo a fin de año. Con una expresión de cansancio, lanzó los papeles sobre el escritorio y golpeó la superficie de madera con fuerza.

-¡Son unas malditas cucarachas escurridizas! ¿Cómo lograron ser tan sigilosos?.

Holley simplemente lo miraba. Ella tampoco entendía cómo no habían logrado atraparlos.

-¿Qué descubriste sobre la carrera?.

-Se ha estado realizando desde hace un tiempo, pero no siempre en el mismo país. El año pasado fue en México. Siempre es a puerta cerrada, se transmite en vivo y solo es para gente selecta. Por cierto, todo es legal, Finn.

McMissile frunció el ceño.

-Ambos sabemos lo que eso significa, ¿cierto, Holley? Son una ramificación de lo que pensábamos haber detenido.

~§~

-Oye, no tienes por qué molestarte. Si queremos encontrarla, tienes que aprender a confiar y trabajar en equipo. Aunque suene cursi, Cruz es parte de nuestra familia, y estamos tan preocupados por ella como tú.

Storm lo miró con seriedad.

-¿Puedes decirme qué te envió Samir? No puede ser tan malo.

-Eran fotos de ella en lencería.

McQueen abrió los ojos con sorpresa.

-¿Qué?, ¡Maldito cerdo!.

-La incertidumbre me está matando. -Mencionó Storm mientras se pasaba las manos por el cabello, visiblemente frustrado. -Tengo miedo de que haya abusado de ella. -Luego bajó la cabeza, y McQueen notó cómo unas lágrimas descendían por sus mejillas. -Ella no debería estar pasando por esto.

McQueen le puso una mano en el hombro.

-Me siento igual que tú; tengo mucho miedo de que la vaya a lastimar.

Storm se levantó bruscamente de su asiento, limpiándose las lágrimas rebeldes que aún corrían por su rostro.

-Me voy, sentados aquí no hacemos nada.

-¡Oye, espera!.

El rubio no dudó en seguirlo. Mientras avanzaban, se encontraron con Mate, quien los observó salir y, sin pensarlo, decidió unirse a ellos.

-¿A dónde van? ¿Van por comida? ¿Puedo ir?. -Preguntó Mate con entusiasmo.

McQueen ignoró las preguntas de su amigo, concentrado en intentar convencer a Storm de que volviera.

El joven continuó caminando por la calle, enfocado en encontrar su coche. Estaba sumido en sus pensamientos cuando, de pronto, su móvil sonó, y respondió de mala gana.

-¡¿Qué?!

-¿A dónde vas con tanta prisa?.

Storm se sobresaltó al reconocer esa voz. Inmediatamente se puso en alerta y comenzó a buscar con la mirada a quien le hablaba.

-¿Me estás buscando? ¿Acaso me extrañas?.

-Sal, maldito, y arreglemos esto de una vez.

-Vaya, ¿tan ansioso estás por verme? Me halagas. Si es así, solo sigue mis indicaciones y podremos encontrarnos...

La llamada se cortó abruptamente.

-¿Colgó? ¡MALDITO!. -Storm gritó en frustración. De repente, escuchó pasos acercándose y se volteó bruscamente, agarrando del cuello de la camisa a quien fuera que se acercaba. Levantó una ceja al reconocer a Mate.

-¿Qué quieres?.

-Te han estado siguiendo. -Le dijo el ojiverde en voz baja.

"Colgó porque vio a Mate, lo que significa que está cerca", pensó Storm.

En ese momento, McQueen estacionó al lado de ellos y les indicó que subieran. Mate abrió la puerta del copiloto y se subió. Storm se negó a subir y molesto se quejó.

-Oye, no cabemos los tres aquí.

-No seas llorón e intenta acomodarte. -Respondió McQueen, sin darle importancia.

-¿Qué te parece si yo manejo y tú te sientas en sus piernas?

-Si quieres, me siento en tus piernas. -Sugirió Mate.

Storm rodó los ojos, visiblemente fastidiado, y accedió a hacer el cambio de lugar.

-Cómo pesas. -Se quejó Storm mientras se acomodaban. Luego suspiró y pensó para sí mismo "Estar con estos tontos siempre resulta tan vergonzoso".

McQueen empezó a conducir sin rumbo fijo al darse cuenta de que un coche negro los seguía de cerca. Ya había girado en tres calles diferentes, pero el vehículo seguía tras ellos. Al acercarse a un semáforo en rojo, McQueen tomó una decisión impulsiva y aceleró, pasándose la señal. El coche negro hizo lo mismo, iniciando una persecución.

-¡Carajo! Nos están siguiendo. Sabía que era una mala idea salir del complejo. ¡Mate, comunícate con Holley!.

-Eso intento, pero no responde.

-¡Diablos!.

~§~

-¿Dónde se metieron?. -Se preguntaba Holley. Al llegar a su lugar, tomó su móvil para averiguar en dónde estaban y se dio cuenta de las llamadas perdidas de Mate. Levantó una ceja y devolvió la llamada.

-¿Qué sucede, cariño?.

-Hola, amor. Quería saber si has comido algo.

Holley se rió.

-¿Estás preocupado por mí? Qué lindo.

-Y si no es molestia, ¿puedes decirme cómo me deshago de un coche? Corrijo, son dos coches que nos persiguen.

-¿Qué? ¿Dónde estás?.

-En el regazo de Storm.

-¿Qué? Me refiero a qué parte de la ciudad.

-Ah, sí, estamos en... -Se escuchó un choque y la llamada se cortó.

-¡MATE! ¡MATE! ¡RESPÓNDEME!. -Holley comenzó a buscar desesperadamente su ubicación.

McMissile, que estaba tomando su café, vio a Holley alterada y le preguntó qué sucedía.

-¡Finn, ellos están en problemas! ¡Alguien los sigue y creo que han tenido un accidente!

-¿No pueden quedarse quietos?. -Suspiró molesto. -¡Vamos! ¡Démonos prisa!.

~§~

Mate ya había logrado contactar a Holley.

-¡Maldición!, no puedo deshacerme de ellos. -Habló frustrado el rubio.

-Ah sí, estamos en...

McQueen dio un giro brusco en una calle, haciendo que el móvil de Mate saliera volando por la ventana.

-¡Oh, oh!.

-No puede ser, perdiste el maldito móvil. -Gritó Storm. -¡Rayo, dame tu móvil!

-Estoy manejando, usa el tuyo.

-Está sentado sobre mí, ¿cómo carajos esperas que lo saque?.

-Yo te ayudo, amigo. -Dijo Mate.

-¿Qué? ¡No me estés tocando!.

-¡Lo tengo! -Exclamó Mate con orgullo, mientras el móvil comenzaba a sonar. -Diga... Sí, claro, en un momento te lo paso. Es para ti.

-¡Idiota, claro que es para mí, es mi móvil!

-Vaya, si que te lo estás pasando bien.

Storm gruñó.

-Dile a quien maneja que doble a la izquierda. Los veo en la bodega, y no intenten nada estúpido.

-Doble a la izquierda. -Ordenó Storm.

-¿Qué? ¡Claro que no! Si queremos dejar esos vehículos atrás y perderlos, debemos seguir adelante.

-¡He dicho que dobles a la izquierda! -Storm tomó el volante y giró bruscamente, haciendo que el coche chocara contra una reja. McQueen frenó de golpe, y Mate se aferró a Storm para no golpearse.

-¿¡QUÉ TE PASA!? ¿¡NOS QUIERES MATAR!?

-Era Samir. Me dijo que lo viéramos en esta bodega.

-Qué obediente. Y te repito, ¿¡QUIERES QUE NOS MATEN!?

-Quiero a Cruz de vuelta, y solo él puede dármela.

-¡No tenemos ningún maldito plan! ¿Qué tal si nos están esperando varias personas y, "con armas"? -Enfatizó esa última palabra McQueen.

-¡Bien, iré solo! -Storm frunció el ceño y miró a Mate con molestia. -Deja de abrazarme y quítate de encima.

Mate obedeció.

-¡Dios! ¿Por qué eres tan terco?.

Entraron a la bodega y vieron una serie de coches desmantelados.

-Vaya, estamos en un deshuesadero. -Comentó Mate.

-¡Así es, amigo! -Respondió una voz desde algún lugar de la bodega.

-¡Sal de tu escondite, bastardo! -Gritó Storm, muy molesto.

McQueen lo tomó del brazo y le susurró que se tranquilizara.

-Bien, Samir, ¿qué es lo que quieres? Por algo nos condujiste hasta aquí. -Mencionó McQueen con calma.

-Vaya, parece que tenemos al famoso Rayo McQueen presente. Creí que odiabas al idiota de Jackson. Por su culpa ya no estás en las carreras.

-Deja de tirar veneno. ¿Qué quieres? -Cortó tajante McQueen.

Samir salió de su escondite y se dejó caer sobre el capó de un coche antiguo, cruzando los brazos con una sonrisa enigmática.

-Vine a buscar a Jackson para la carrera, y luego pensaba ir por Treadless, pero mis planes han cambiado al encontrarte aquí Rayo. Ahora, serás la cereza del pastel en la carrera de mañana. -Dijo, esbozando una sonrisa de satisfacción

-¿Dónde será la carrera?. -Preguntó McQueen, intentando sacarle información.

-¿Crees que soy estúpido? No les diré nada. Por eso vendrán conmigo. Es obvio que no les enviaría la ubicación por un mensaje o se las diría por teléfono. ¡Yo siempre soy cuidadoso!

De repente, se vieron rodeados por un grupo de hombres. Sus ojos se movieron rápidamente, evaluando la situación, sopesando si debían resistir o someterse sin intercambio silencioso de miradas entre ellos bastó para tomar la decisión.

-Les pondrán unas esposas para evitar que hagan algo estúpido.

Pero cuando intentaron esposarlo, Storm actuó rápido, agarrando al hombre por los hombros y asestándole un rodillazo en el estómago que lo dejó doblado en el suelo. McQueen no perdió el tiempo; aprovechó la distracción del que intentaba esposarlo, y con un movimiento rápido, le lanzó un codazo en la cara, seguido de una patada en el estómago que lo derribó. Mate, sin quedarse atrás, embistió con fuerza al hombre que se encontraba más cerca, derribándolo con un golpe contundente.

-¡Maldita sea!. -Gritó Samir, exasperado.

Antes de que pudieran hacer su siguiente movimiento, el eco de un disparo los detuvo en seco, dejándolos paralizados.

-Si no quieren que le vuele los sesos a su amigo aquí presente y que Cruz salga herida, será mejor que cooperen. -Amenazó, con voz fría y controlada, mientras apuntaba con el arma.

Ellos accedieron, se arrodillaron y colocaron los brazos detrás de la espalda, permitiendo que los secuaces les pusieran las esposas. Luego, los levantaron bruscamente y los obligaron a caminar en dirección a Samir. De pronto, un coche irrumpió en la bodega, chocando violentamente contra una pila de chatarra que se desplomó con estruendo, provocando que varios de los presentes se sobresaltaran.

Dos figuras con porte elegante salieron con calma por los costados del coche recién impactado.

-Perdón por la demora, el tráfico estaba terrible. -Dijo McMissile mientras se acomodaba el traje.

-¿Quiénes son ustedes?. -Preguntó Samir, irritado.

-No es importante. Solo venimos por nuestros amigos, así que, si nos disculpan, nos retiramos.

-Nadie se va de aquí. -Gruñó Samir, furioso. -Chicos, ya saben qué hacer.

Los secuaces de Samir no perdieron tiempo en lanzarse contra los nuevos visitantes.

-¡Así no se trata a los invitados!. -Exclamó Holley, mientras desarmaba al hombre que amenazaba a su novio. Luego, con un disparo preciso, rompió las cadenas que lo mantenían prisionero, liberándolo. La acción dejó a Mate temblando de sorpresa y alivio.

-Lo siento, cariño, no tenía las llaves. -Dijo, dándole un beso en la mejilla antes de volver a unirse a la pelea.

Mate vio las llaves de las esposas en el suelo y las recogió. Rápidamente, ayudó a sus amigos a liberarse, y luego se unieron a la trifulca.

En medio de la pelea, McMissile y Holley desarmaron con rapidez a los secuaces, nivelando la contienda y dando una oportunidad justa a todos.

De pronto, un atacante se lanzó sobre McQueen, arrojándolo al suelo. Se montó sobre él y le descargó varios golpes antes de sujetarle el cuello con una mano, apretando con fuerza y provocando que McQueen forcejeara desesperado por respirar. Antes de que pudiera recibir otro golpe, alguien intervino, arrancó al agresor de encima del rubio y lo arrojó con fuerza hacia una pila de chatarra.

-¡Oye, puedo solo!. -Refunfuñó McQueen, intentando recuperar el aliento.

-No me digas, solo era un contratiempo. -Respondió Storm con una sonrisa, extendiéndole la mano para ayudarle a levantarse. Ambos se dieron una mirada cómplice y se lanzaron de nuevo a la pelea.

McMissile y Holley combatían con una precisión meticulosa, esquivando y asestando golpes certeros como si estuvieran en una coreografía perfectamente ensayada. Su habilidad y coordinación dejaban claro que eran profesionales, algo que Samir no pudo pasar por alto.

En un intento desesperado por cambiar el rumbo de la batalla, Samir apuntó su arma hacia McMissile mientras este se enfrentaba a tres adversarios. Justo en ese momento, Mate lanzó un tapacubos con la intención de golpear a uno de los secuaces, pero el objeto terminó impactando en el arma de Samir, desarmándolo afortunadamente.

Furioso por el fracaso de su plan, Samir sabía que no les quedaba otra opción más que retirarse. Para cubrir su escape, lanzó una bomba de humo, y algunos de sus secuaces lo imitaron, llenando el lugar de una densa niebla que les daría la oportunidad de huir.

-¿Qué demonios?. -Murmuró McMissile, sorprendido.

El adversario con el que Holley estaba luchando replicó la maniobra de sus compañeros, lanzando una bomba de humo. Ella quedó atrapada en la densa nube, comenzó a toser y dijo con urgencia.

-Debemos salir de aquí.

Storm había visto a Samir escapar y decidió seguirlo, moviéndose con sigilo entre las pilas de chatarra en su búsqueda.

-¿Dónde estás, maldito?. -Murmuró, mirando a su alrededor.

De repente, sintió a alguien abalanzarse sobre él, seguido de un pequeño pinchazo en la espalda.

-¡Eres tan predecible!.

Storm empujó a su atacante, levantándose rápidamente, pero al hacerlo, comenzó a sentir una extraña fatiga y mareo.

-¿Te sientes bien?. -Preguntó Samir con una sonrisa mientras se acercaba lentamente.

-Maldición, no otra vez. -Murmuró Storm.

Samir amplió su sonrisa al ver que el sedante comenzaba a hacer efecto rápidamente. Se acercó a su víctima, que ya estaba arrodillada en el suelo, y se agachó a su nivel. Tomándolo por el mentón y obligándolo a mirarlo a los ojos antes de estallar en una risa cruel.

-Eres tan tonto... como guapo.

Storm gruñó, y con un último esfuerzo, lo agarró por el cuello de la camisa.

-¡Qué atrevido!. -Exclamó Samir antes de plantarle un beso apasionado en los labios a Storm. Este no pudo resistirse, ya que el sedante acababa de hacer efecto por completo. Ahora, Storm estaba inconsciente en sus brazos, y Samir no pudo evitar sonreír con satisfacción.

-¡Eres mío!. -Declaró con posesividad.

De repente, una voz a sus espaldas lo hizo girarse con molestia.

-¡SUÉLTALO!

-¡Maldición, McQueen! No te metas en problemas y vete. No querrás dejar a tu futuro hijo sin padre.

El comentario hizo que McQueen se estremeciera, pero mantuvo la calma.

-No vine a detenerte, vine a acompañarte. Necesitas a tres competidores para mañana, ¿cierto?.

Samir levantó una ceja, intrigado.

-Así es, pero puedo conseguir a quien me plazca.

-Pero nadie lo aceptará de buena voluntad como yo. Además, tú mismo lo dijiste, soy un corredor famoso. Eso elevaría las apuestas y, por supuesto, las ganancias, ¿no?.

McQueen estaba ganando tiempo, esperando a que sus amigos llegaran para capturar a Samir.

-Qué amable de tu parte. -Respondió con tono cínico.

Después de unos minutos, un ruido a lo lejos indicó que alguien se acercaba. McQueen sonrió al principio, pero rápidamente borró su expresión al ver que se trataba de uno de los secuaces de Samir.

-¿Esperabas a alguien?. -Preguntó Samir con una sonrisa de regocijo al notar la decepción en el rostro del rubio.

Samir procedió a amordazar y atar las manos del mayor para evitar cualquier incidente, mientras el secuaz corpulento levantaba a Storm como si fuera un saco de papas.

Se movieron rápidamente hacia un coche negro estacionado. Samir empujó a McQueen hacia la parte de atrás del vehículo mientras el secuaz metía a Storm en la cajuela.

Samir sonreía con satisfacción al ver que su plan se desarrollaba según lo previsto. Sin embargo, su rostro se transformó en una mueca de horror al observar cómo alguien sacaba al conductor por la puerta. Con rapidez, él saltó al asiento del conductor, cerró la puerta de un golpe, encendió el motor y aceleró a toda velocidad, dejando atrás todo.

-¡Maldita sea!. -Exclamó el joven entre dientes, apretando la mandíbula y frunciendo el ceño con molestia.

Samir miró por el retrovisor y su furia se intensificó al ver algo que no esperaba, ese maldito tipo elegante tenía en su poder lo que más deseaba. Tenía a Storm.