¡Buenas noches, os traigo un nuevo capítulo! Debo decir que tengo la mayor parte de la historia ya acabada, solo que estoy algo indecisa con el desenlace. De momento estoy tratando de ver si este fic obtiene seguimiento y buenas reseñas, para poder editarlo en caso de que sea necesario. ¡No os molesto más, como siempre os pido que si mis saltos temporales son confusos, hacedmelo saber, por favor!
Disclaimer: Este capítulo tiene contenido sensible y +18, con referencias sexuales y temática fuerte. Si eso te causa malestar, te recomiendo no seguir con la lectura.
Cuando él la dejó, Bella cayó de rodillas al húmedo suelo cubierto por hojas otoñales.
"Entonces... ¿No me quieres?"- recordó haber susurrado.
"¿Quererte?- su fría voz congeló su corazón- "Nunca."
Y la dejó allí, sola. Edward la dejó sola en el bosque y se marchó de su vida. Los Cullen se marcharon de Forks tras el incidente en el cumpleaños de Bella, donde Jasper se abalanzó a por ella tras haberse cortado con un papel de envoltorio.
Pasaron los meses, y Bella se sumió en una profunda oscuridad desgarradora. Dejó de hablar con sus antiguos amigos. Mike, al principio, preocupado por aquella chica de la que estaba secretamente enamorado, trató de hablar con ella. Pero era como hablar con una pared. También dejó de lado a Jessica Stanley y Angela Weaber. Al principio, ellos se molestaron por su distancia. Al llegar Enero supieron que Isabella Swan se había ido por completo de sus vidas.
-Dicen los rumores- se atrevió una vez a suponer Angela en la cafetería- Que Bella chilla por las noches como una poseída, que se despierta tras terribles pesadillas, y que la han visto juntándose con Jacob Black.
-¿Jacob Black? ¿Ese niñato que vimos en la quedada en las playas de La Push?- preguntó Jessica. Mike parecía irritado.
- Ese mismo. También dicen que ahora conduce su moto e incluso que se ha tirado del acantilado con él y sus hermanos.
-Pues me parece muy bien- Jessica se apoyó en el respaldo de su silla- Ella prefiere su compañía a la nuestra. Que le vaya fenomenal.
-Qué tajante, Stanley- dijo Angela sorprendida.
-No puedo tener una buena opinión de una tía que le da la espalda a todo el mundo porque su novio la deja tirada. Simplemente no puedo creer que en este siglo aún existan tías tan dependientes de sus parejas- espetó duramente.
Cuando acabaron de comer, Jessica se escabulló en el parking del instituto.
-Kyle- llamó a aquel chico que la pretendía. Se contorneó con sensualidad hacia él- ¿Me darías una vuelta en tu coche?
Él asintió embobado. Subieron a su coche, y pronto Jessica divisó la vieja camioneta de la castaña.
-¿Ves esa camioneta roja?- señaló- Quiero que la sigas.
El pobre Kyle la miró con sorpresa.
-Pensé que nosotros... Ya sabes...
-¡Rápido, que se va!
La siguieron durante un buen rato a la distancia, hasta que vieron que Bella aparcaba en su casa, para salir disparada a adentrarse al bosque.
-Déjame aquí- ordenó- A unos metros de distancia de la casa de los Swan.
Pero Kyle apretó su mano con enfado.
-Eres una guarra, Stanley- clavó sus ojos en los azulados de Jessica.
Ella se inclinó hacia él y le guiñó un ojo con diversión.
-Lo siento pero no lo siento- rió divertida- Tengo algo pendiente con una chica complicada...
⁂ ⁂ ⁂
Victoria todavía seguía de caza. Laurent ya se había abandonado totalmente a los recuerdos;
Se recordó a sí mismo tras los abetos. La nieve ese día caía sobre la hierba, creando prados que parecían algodón.
"Iré a por ella en cuanto oiga como cierra la puerta de su habitación"-recordó que pensó, justo al llegar a Forks.
Y Laurent esperó un buen rato, hasta que oyó el traqueteo de una vieja camioneta que se acercaba por la carretera. Alzó la vista y vio la castaña cabellera de Bella salir del vehículo dando un portazo.
Laurent se sintió, por primera vez en medio siglo, expectante.
"¿Acaso no va a ir directamente a su casa?- se preguntó- "¿Acaso su padre no era el jefe de policía en aquella asquerosa ciudad? ¿Se atrevía ella a desafiarle? ¿Tanto había afectado a la humana el abandono de Edward que incluso ahora desobedecía a su padre?"
Observó atónito como la humana que veía desde las alturas avanzaba poco a poco entre los senderos del bosque.
-Que pequeña, que frágil...-dijo en voz alta, sin darse cuenta- Voy a matarte sin complicación alguna.
Una imagen grotesca de Bella, ahora convertida en un pequeño pajarillo muerto sobre su regazo, cruzó su mente.
"Basta, Laurent. Baja ahora mismo y acaba con su vida. Victoria lo ordena."
Bajó lentamente cada rama, sigilosamente. Bella estaba ahora frente al claro, sentada sobre unas lilas. La poca luz que llegaba iluminaba su pálida piel. Tan pálida que sus venas azuladas se dejaban ver en sus sienes. Sus ojos chocolate estaban enmarcados por unas profundas ojeras, y su cabello se encontraba sin brillo alguno. Aún así, las salvajes formas que sus ondas tomaban la hacían ver atractiva. Y prohibida.
-Qué irónico. Me estás prohibida porque eres una humana y yo un vampiro- avanzó entre las sombras y se posicionó a unos pocos metros de ella. Bella alzó la mirada. Laurent oyó cómo su corazón dejó de latir, observó cómo sus pupilas se empequeñecieron hasta la inexistencia, y olió su adrenalina disparándose por cada poro de su cuerpo- Hace siglos, cuando era humano, tampoco habrías podido ser mía, aunque supongo que los motivos dan igual. Nada ha cambiado.
Isabella reaccionó por fin. Apoyó una mano en la hierba y, torpemente, se levantó y dio un paso para atrás.
-¿Laurent?- preguntó tartamudeando. Lo miró directamente a los ojos. Sentía sus piernas temblando.
-Yo mismo- se acercó un poco más a ella. El corazón de ella comenzó a latir entonces demasiado rápido.- Está bien, está bien- le dijo con suavidad, y volvió a retroceder un poco- No quiero asustarte.
-No sabía que estabas aquí- su voz era casi inaudible. Parecía que le faltaba el aire- Yo...Estaba dando una vuelta, antes de que Edward y su familia me pasaran a recoger para dar un tumbo por Seattle, ya sabes.
La humana se horrorizó al ver los perfectos dientes del vampiro asomarse en una curva sonrisa.
-¿Seguro que están ellos aquí?- dijo, sorprendiéndose demasiado a si mismo. Su voz sonaba grave y aterciopelada- ¿Mintiéndome a mi, Isabella?
Ella sintió escalofríos al oír su nombre completo de parte de ese hombre. Parpadeó con desesperación, quizá con la falsa ilusión de despertar en su habitación tras una de sus muchas pesadillas, y al abrirlos se encontró con un par de ojos rojos.
Gritó como nunca antes había gritado.
Laurent apresó sus muñecas usando tan solo una milésima parte de su fuerza, impidiendo que se pudiera mover.
-Victoria me manda a matarte- se sinceró sin remordimientos. Sus ojos oscuros se tiñeron de miedo y desesperación, y pronto cayeron lágrimas.
Laurent contempló como estas caían por sus mejillas de porcelana. Sus pestañas ocultaban sus preciosas gemas, y él, que se sabía más poderoso y fuerte, se vio con el derecho a exigir que los abriera.
-Mírame a los ojos, humana. Esta será la última cara que vas a ver en tu vida- sacudió delicadamente a la humana, ahora cogiéndola por los brazos. Ella negó con la cabeza. Sus latidos frenéticos alteraban a Laurent.
"¿Cómo puede ella alterarme como si yo tuviese también corazón?"- se preguntó a sí mismo. "Es más, ¿cómo se atreve ella a desobedecerme? Ella es tan solo una humana, y yo un vampiro. "-se intentó convencer.
-¡Mírame!-le exigió elevando el tono de voz.
"¿Por qué le has chillado? ¿Este es el dominio que tienes sobre ti mismo?"
Sus cavilaciones fueron interrumpidas cuando se vio inmerso en unos ojos almendrados.
Laurent se quedó sin aliento, y sin pensarlo dos veces, cerró los ojos y con rapidez dirigió sus labios al cuello de su víctima. Ella suspiró aterrada y lloró en voz alta. Los sollozos se mezclaban con los sonidos de los arrendajos grises. Aspiró su dulce olor. El inconfundible aroma del gel de fresa le hizo recordar que ella era todavía muy joven. Sintió el fuego del deseo avivarse dentro suyo. Allí estaba, recorriendo a besos el cuello de su víctima, su rehén, su cautiva: Porque la vida de Isabella Swan estaba en manos de Laurent Revin, y este las tenía ahora mismo en sus caderas.
Notaba el aliento caliente de Bella en sus oídos. Laurent deseó que de su boca salieran gemidos.
-Para-clamó ella. Laurent recorría el cuerpo de la joven con sus ágiles manos: Las caderas, blandas y redondas, eran un manjar a su tacto. El vampiro recorrió enteramente la espalda de Bella, hasta parar sus manos en el comienzo de tan ansiada curva. Laurent introdució las yemas de sus dedos por debajo de los vaqueros de Bella.
-Laurent, no- dijo horrorizada. Pero Laurent no respondía, y ella no podía defenderse de un hombre de raza vampírica.
-Déjame tocar tu piel-exigió, mordiéndole el lóbulo de la oreja. Bella vibró bajo el afilado mordisco, no tan fuerte como para hacerla sangrar. Laurent besó entonces por sorpresa el escote de Bella, y por fin sus manos exploraron la suavidad de sus piernas, la blandeza de sus nalgas, el calor de su piel. Isabella estaba totalmente roja, y su sangre parecía lava. Saberse indefensa y expuesta ante ese hombre le estaba ocasionando un gran calor en su bajo vientre.
Un calor que Edward jamás había querido hacerle sentir.
Bella gimió sin darse cuenta, pero antes de que Laurent pudiese mirarla sorprendido ella recondució la situación.
-¡PARA!- un fuerte chillido lo aturdió. Antes de poder retirar sus manos de ella, sintió una bofetada en su mejilla. Por supuesto, esta carecía de fuerza alguna para hacerle daño, pero aún así se separó de ella.
Vio sus lágrimas caer incontrolables por sus ojos, su cuerpo temblar sin descanso, su deletérea mirada.
" ¿Qué es esto que estoy sintiendo? ¿Por qué estoy tardando tanto en matarla? Ella no es nada. Es una simple y débil humana. Tú eres un vampiro, eres una raza superior. No debes tener compasión por ella."
-Sé que hoy voy a morir- hipó ella, con un hilo de voz- Pero no quiero hacerlo de esta manera. Nadie me toca donde yo no quiero ser tocada- sintió las lágrimas gruesas cegar la visión del hombre amenazante- Ningún hombre hará suyo el cuerpo que me pertenece.
Laurent estaba mudo. ¿Por qué no la mataba ya? ¿Por qué era tan cobarde como para no continuar lo empezado? ¿Qué más daba si la humana no quería? Él era un vampiro, y ella una humana. Ella debía agradecer que él la viera atractiva.
-Victoria busca vengarse de tu novio- le susurró al oído- Él mató a James. Y yo, que soy su subordinado, he sido a quién le ha tocado la carga de matarte a ti- le confesó. Él sintió vibraciones en su cuerpo, debido a los temblores que Bella tenía, y se pegó más a ella. No supo por qué- Aunque si te soy sincero, estar contigo aquí no es ningún tipo de castigo.
Laurent buscaba sin saber que ella se tranquilizara, pero fue consciente de en qué situación se encontraba.
-No beberé tu sangre- espetó sin pensárselo. Abandonó el cuello de la chica resignado- No lo haré. Puedes responderme. ¿Ves?- levantó las palmas de sus manos- Me estoy alejando. No voy a hacerte daño.
Pero Bella se había quedado paralizada en el lugar, sin parar de llorar amargamente con ansiedad.
- Humana estúpida- murmuró con una frustración creciente. Los acontecimientos le estaban sobrepasando cada vez más. Había venido a matarla en la soledad de su habitación una vez entrada medianoche, pero ella lo había sorprendido en el bosque. Un bosque que debía estar encantado, tal como los de las fábulas, porque si no el vampiro no se explicaba de dónde le venía ese hechizo que le estaba aturdiendo los sentidos e impidiéndole acabar con su vida- Una humana estúpida que no se entera de cuanto poder tiene sobre los vampiros. Una humana tan estúpida que se queda allí, parada como una tonta, mientras un vampiro sediento de ella la deja escapar.
Las nubes parecieron dispersarse, y el rayo de luz que iluminaba el claro se amplió. Como si de un camino se tratara, el rayo de luz se abrió paso hasta la carretera.
Laurent oyó dos voces a unos quinientos metros y se puso alerta.
-Eres una guarra, Stanley- se oyó una voz masculina.
-¡Kyle!- exclamó Bella cogiéndose la mano temblorosa. Sentía sus ojos hinchados de tanto llorar.
-Lo siento pero no lo siento- se oyó otra voz femenina y burlesca- Tengo algo pendiente con una chica complicada...
-Dios mío, Jessica- se tapó la boca con las manos. Lágrimas buscaron el exilio en sus labios- Jessica- se lamentó amargamente- Jessica, por favor- pareció rogarle a Dios, ignorando al atónito vampiro delante suyo- No vengas. No decidas morir.
-Te he dicho que no vas a...-calló cuando Jessica llamó en voz alta a Bella. Cada vez se la oía más cerca. Laurent supo que no tenía mucho tiempo- Bella, no voy a matarte. Buscaremos una manera de engañar a Victoria. Esta noche te haré una visita.
Y sin más desapareció entre la densidad de los abetos. Bella alzó la vista y vio su figura entre las hojas. Esta le sonrió intentando calmarla, pero sus afilados colmillos solo hicieron que Bella estallara en llanto, desconsolada.
¡Pues hasta aquí el capítulo de hoy! No os olvidéis de votar y dejar una reseña
