No me ames.

Parte 1

Ship: Sanemi x Kanae

Ni los limpia parabrisas ayudaban a despejar un poco la vista del conductor que trataba de estar lo más tranquilo posible a pesar que su esposa necesitaba llegar urgentemente al hospital ya que estaba a punto de dar a luz.

Sus seis hijos iban acomodados como podían en el asiento de atrás, pues justo cuando la tormenta cayo de repente, estaban de camino a una casa en el campo, pero el embarazo de su mujer de la nada se adelantó.

-tranquila, amor, encontraremos un hospital – trata de consolarla agarrando la mano de su mujer, cuya respiración era errática y agitada.

-¿mamá está bien? - cuestiona la menor de las hermanas, la pequeña Teiko de apenas 4 años.

-estará bien – consuela el mayor de los Shinazugawa, Sanemi, de 18 años, quien cargaba en piernas a su pequeña hermana – pronto encontraremos un doctor y conoceremos a nuestro nuevo hermanito – eso rezaba él, pero tenía que disimular en lo posible su angustia por el bien de su madre y de sus demás hermanos.

Pero sus rezos por desgracia no fueron escuchados, pues debido a la poca visibilidad que tenían por la torrencial lluvia, el señor Shinazugawa dio un volanteo por instinto al ver delante suyo un par de luces de otro coche, haciendo que el carro rodara por un barranco al tiempo que el cielo se iluminaba por menos de un segundo debido a un fuerte rayo.

Lo primero que escucha Sanemi al ir abriendo los ojos tras quedar inconsciente fue un inconsolable llanto, sintiendo que un pequeño cuerpo se aferraba con desesperación a su pecho, pidiendo que despertara.

-Teiko... - apenas musita Sanemi recargando con esfuerzos su mano sobre la pequeña cabeza de su hermanita

-Hermano Sanemi, despertaste – grita la pequeña - eres un tonto, me asustaste – le reclama dándole pequeños golpes en su pecho.

-lo siento... - empieza a incorporarse como puede, estaba demasiado aturdido - ¿dónde estamos? ¿qué paso?

-el carro rodo mucho, nos pegamos – dice la pequeña llorando – nadie despierta

Es entonces que Sanemi recuerda que su padre se fue por un barranco y comenzaron a rodar cuesta abajo. Mira rápidamente a sus demás hermanos, estaban inconscientes salvo Teiko que no paraba de llorar, de hecho, ella parece totalmente ilesa salvo por unos golpes. Cae en cuenta también que un líquido caliente corre por su cara, estaba sangrando. Ahora lo recordaba, por instinto, envolvió a Teiko en sus brazos cuando comenzaron a caer, por eso él estaba tan golpeado. Su hermano Genya estaba también inconsciente, pero abrazaba a Hiroshi y a Koto, al igual que él con Teiko, los había protegido, pero tenían lesiones aparentemente graves.

-¿e-están muertos? - pregunta Teiko no pudiendo parar de llorar

-no, tranquila, estaremos bien – trata de consolarla – hay que tratar de despertarlos – sintiendo que tenía mil agujas en el cuerpo, se asoma a donde se padre, quien estaba lleno de sangre de la cara - papá, papá despierta, papá - lo mueve del hombro, observando que el hombre parecía estar reaccionando lentamente - papá, tenemos que movernos, mi mamá y mis hermanos están mal heridos, no despiertan.

Eso, pese a las heridas que el hombre tenía, parece hacerlo reaccionar, yendo primeramente a ver el estado de su esposa a quien empieza a llamar con desesperación, recibiendo apenas unas palabras intangibles mientras entreabría los ojos. Estaba consciente, pero en un estado crítico, sangraba demasiado de la entrepierna.

-tengo que ir a buscar ayuda – dice el hombre haciendo un esfuerzo sobrehumano de moverse – Sanemi, cuida a tus hermanos y a tu madre, tratare de volver lo más pronto posible

-¿qué haces? - se alerta el peli blanco al verlo bajarse del auto aun con tal lluvia torrencial – estas mal herido, y quien sabe cuánto caímos.

-hijo, necesitamos ayuda y los celulares no tienen señal. No podemos quedarnos a esperar que alguien nos ayude – ese hombre era terco y rudo, pero un gran protector con su familia, Sanemi sabía que no habría poder en la tierra para hacerlo desistir de aquel plan suicida – volveré con ayuda, lo prometo – le da una fraternal palmada en la cabeza, desapareciendo luego tras las cortinas de aquella tormenta...

...

Siete años después...

Apenas pudo esquivar la hoja de la navaja que le hizo un corte en vertical en su pecho, pero a pesar del ardor de la herida, Sanemi Shinazugawa arremato con un certero puñetazo a la cara de su oponente, dejándolo por un momento desconcertado, para luego, darle lugar a un rostro lleno de furia para volver a atacar al peli blanco con el par de navajas que tenía en la mano que Sanemi esquivaba con maestría y suma concentración. Estaba más que dispuesto a no perder esta pelea, había mucho dinero en juego y lo necesitaban.

-sigues en guardia pese a las cortadas que te he hecho – se burla su oponente, Gyutaro, con una voz y sonrisa odiosa que estaba irritando bastante a Sanemi – no se si decir que es muy tonto o valiente de tu parte decidir pelear sin un arma ¿acaso es porque quieres incrementar tu nivel de apuesta? - cuestiona rascándose la nuca, haciendo un asqueroso ruido provocado por las irritaciones que tenía.

Pero tenía razón, Sanemi buscaba que el nivel de apuestas a favor de Gyutaro por su aparente ventaja de estar armado fuera mayor, de esa forma al vencerlo ganaría una buena cantidad de dinero. Al ser pelas clandestinas se valía todo, no existían reglas como en los torneos en lo que solía inscribirse. Aun así, él tenía la firme convicción y orgullo de peleas a puño limpio, por lo que, a pesar de que podía acudir a navajas, tubos, sillas o cualquier objeto puesto en aquella arena, Sanemi se valía de sus propias habilidades y no se escondía cobardemente detrás de un arma. Justo por eso solía ganar en cada encuentro que ganaba una buena cantidad, pues los espectadores apostaban por quien elegia un arma. Eso le ayudaba a darle a sus hermanos una vida digna.

Desde que sus padres murieron en aquel accidente hace siete años, Sanemi, al ser ya mayor de edad, pudo tener la tutela. Sin embargo, al no tener algún otro familiar, tuvieron que vérselas por sí mismos, bueno, especialmente Genya y él.

Debía admitir que sin el apoyo de su hermano no hubiese podido solo. Aun, así, eran pocos los ingresos que entre los dos podían aportar a la casa, el trabajo de Genya como cargador y el de Sanemi como repartidor eran muy bajos, además que seguían luchando por terminar sus estudios. Por ello, no le quedo de otra que usar sus entrenamientos en el kick boxing para arriesgar literalmente la vida en esa clase de sucias peleas clandestinas en las que, debido a la regla de no hay reglas, tenía varios rasguños en la cara, brazos y pecho, pues la mayoría de sus oponentes, como tal era el caso en ese momento con Gyutaro, usaban armas de filo que inevitablemente lo dañaban.

Los gritos de la gente tras las rejas gritaban el nombre de su oponente, pero a Sanemi no le importaba en lo absoluto, él estaba en eso por sus hermanos y no por los aplausos o reconocimiento por parte de esos malditos millonarios cuyas vidas eran ya tan aburridas que pagaban cantidades morbosas de dinero por ver a personas de bajos recursos matarse unos a otros.

-supongo que no te importa que te deje sin piel – grita de forma maniático Gyutaro al tiempo que se abalanzaba a él.

Los ataques de ese despreciable tipo eran rápidos, Sanemi no hacía más que esquivarlos tratando de buscar una apertura. Gyutaro ante eso solo se burlaba y reía con locura, pero justo ese frenesí descoordinado es lo que Sanemi ve como oportunidad al momento en que arremata a un costado suyo, haciéndole una profunda herida en su costado izquierdo en cual Gyutaro ve como signo de victoria al ver que se quedó inmóvil por unos segundos.

-que débil, no pudiste si quiera darme un golpe, que débil - por supuesto, no pierde oportunidad de alardear, aunque toda risa se esfuma cuando observa de reojo a Sanemi mostrando una extensa sonrisa colérica.

-eres demasiado irritante, tu maldita voz de mierda me fastidia demasiado – dice en voz baja, casi de ultratumba – pero está bien, estoy tan molesto que ahora no me podré contener en darte una paliza – grita con furia al tiempo que le da un puñetazo directo en la quijada a Gyutaro, haciéndolo retroceder.

Era de verdad cuando dijo estar tan irritado por la forma de hablar de su oponente que no se contendría, pues Sanemi comenzó a dar desenfrenados golpes y patadas de forma tan salvaje que él peli verde no venía venir, mucho menos detener. Ni si quiera ante las heridas que lograba asestarle con sus navajas parecía detenerlo, no daba signo alguno de dolor, tan solo hacia una leve mueca al hacerle una cortada en su pecho y al segundo siguiente arremataba con un golpe tan fuerte en su cara que le abrió el labio inferior.

La confianza inicial ee Gyutaro se desvaneció al ver la sonrisa asesina de Sanemi, especialmente cuando con una serie de hábiles golpes le quito las navajas de las manos, rompiéndole en el proceso la muñeca izquierda, pero no se detuvo ahí, pues el peliblanco siguió con golpes en su cara, en su pecho al darle con la rodilla y, para asestar el golpe final que lo dejaría inconsciente en el suelo, le dio una fuerte patada en el costado.

-Oni-chan, levántate – grita con aguda voz Daki, la hermana de Gyutaro que siempre iba con él a esas peleas.

-si no quieres ver que tu hermana te vea morir, será mejor que te quedes en el suelo – amenaza Sanemi.

En esa clase de peleas podías seguir hasta morir, o, rebajarte a quedar como un peleador exonerado y quedarte en el suelo. Gyutaro no quería perder su cobarde vida, así se quedó en el suelo, dándole la victoria a su rival a quien el público ovaciono con fuertes gritos, aunque eso al hombre poco le importaba, pues salió de la jaula directo a cobrar su recompensa a Muzan, un miserable millonario que organizaba esas pelas y se encontraba tras un vidrio de vinil en una lujosa oficina en el último piso donde podía ver todo el espectáculo sin ser él visto por la gente, así que se mantenía siempre en anonimato excepto ante sus peleadores.

Sanemi iba en el elevador que daba directo al lugar donde estaba Muzan, siendo resguardado por dos de sus hombres que iban armados para protegerlo.

El sitio era exageradamente ostentoso, muebles hechos a mano, alfombras lujosas, aparatos de última tecnología. El desgraciado lo tenía todo y por eso no tenía más diversión que hacer a gente de bajos recursos pelear entre ellos como animales por dinero, poniéndolos como espectáculo ante otros hombres ricos para que hicieran apuestas.

-como siempre Shinazugawa, diste un gran espectáculo - dice Muzan petulante sentado tras su lujoso escritorio mientras separaba varios fajos de billetes – los ilusos creen que el que elije pelear con armas tiene más probabilidades de ganar.

-solo dame lo que gane – exige Sanemi, no soportaba estar mucho tiempo delante de ese tipo.

-aquí tienes, lo justo es justo – extiende ante el un grueso fajo de billetes que Sanemi toma de forma brusca. Era una persona de los más miserable, pero por lo menos tenía el honor suficiente para pagar lo merecido – deberías pasar con nuestro doctor a que te revisé esas heridas – por supuesto que no lo decía por estar preocupado, era, sobre todo, por cuidar su mejor inversión.

No era tonto, para que la policía no investigara del porque llegaban heridos a los hospitales, él tenía su propio médico al que le pagaba exageradamente para curar a sus peleadores o, en su caso, hacer un falso documento de defunción inventando algún accidente.

–estoy bien, yo mismo llegare a tratarme– concluye dándose la media vuelta.

-la próxima semana habrá otra pelea – lo detiene Muzan al hablar – espero tu participación - asegura mientras volvía a contar las ganancias de ese día.

Sanemi no responde nada cuando se va por donde llego, y no es como que Muzan necesitara confirmación, pues sabía que ahí estaría.

Llega a donde dejo estacionada su moto, subiéndose en ella y poniéndola en marcha rumbo a su casa que quedaba a unas dos horas del lugar, lo que era una fortuna ya que como estaba lejos no arriesgaba a que sus hermanos vieran a lo que se dedicaba para ganar el dinero suficiente para mantenerlos, y como solía ser de noche solo algunas veces a la semana podía salirse sin que lo vieran, y cuando llegaba ya era de madrugada. Sus hermanos seguían creyendo que trabajaba de repartidor, de hecho, seguía saliendo a eso durante la semana para mantener su cortada. Por supuesto que sus heridas eran muy notorias, quizá podía ocultar las de sus brazos y pecho, pero no las de su cara, a eso tan solo les decía que se había caído de la moto y le creían, bueno, al menos los más pequeños, pues Genya empezaba a sospechar.

El trayecto fue duro, pues debido a la fricción del aire las heridas en sus brazos le ardían, pero resistió hasta llegar a su hogar, una casa modesta pero lo suficiente para vivir los seis, mucho mejor que el cuarto al que se tuvieron que ir cuando ya no pudieron seguir manteniendo la casa donde vivían antes de que sus padres muriesen.

Eran alrededor de las 5 de la mañana, por lo que entro con un sigilo digno de un ladrón, no quería que sus hermanos pequeños despertaran y lo cuestionaran. Bueno, ya no tan pequeños, pues los más chicos ya tenían once, trece y dieciséis años respectivamente, pero especialmente no quería que Hiroshi se enterara que ganaba dinero peleando en un lugar clandestino, sería un mal ejemplo para el adolescente que de por si estaba en una etapa de rebeldía, aunque no estaba metido en nada peligroso por lo que se ha enterado, simplemente parecía molesto por todo, lo lógico al no tener a sus padres en esa etapa de su vida.

Entro directo al baño, poniendo agua tibia en la tina y descansando su adolorido y herido cuerpo en el agua con las sales curativas que Shuya le consiguió. Su hermano ya tenía 18 años, estaba a punto de graduarse de la preparatoria y sabía que quería dedicarse a la medicina. También ya tenía sospechas de que Shuya ya se imaginaba que andaba en algo, pero era menos entrometido que Genya, de hecho, el curaba las heridas con las que muchas veces llegaba sin preguntar y aparentar creerse que fue un accidente en su moto.

Sus hermanos tenían grandes aspiraciones, lo cual lo llenaba de orgullo y era una mayor motivación para seguir haciendo lo que hacía a sus espaldas.

Genya había logrado entrar a la escuela de policías, pronto empezaría a ejercer. Especialmente con él sentía una enorme culpa de andar en esa clase de negocios, pero debía seguir por un tiempo pues la escuela de medicina de Shuya no era barata y todavía sus otros tres hermanos estaban en primaria y secundaria.

-solo un poco más - se decía a si mismo mientras sacaba su adolorido cuerpo la bañera para ir a su habitación, donde se puso el ungüento de siempre para curar sus heridas.

-¿otro accidente de moto? - pregunta Genya con escepticismo, recargado en el umbral de la puerta.

-sí, un idiota hizo que me fuera a estrellar contra un matorral – contesta Sanemi sin molestarse en asegurarse que Genya le haya creído, sabía que no.

-ttss hermano, sigo sin poder averiguar en que estas metido, pero sé que no es bueno – lo encara de nuevo Genya, pero Sanemi ni se inmuta - sé que fueron tiempos difíciles desde que papá y mamá murieron, pasamos por hambre y vivíamos en un pequeño cuarto en el que apenas cabíamos, pero ya es hora de que nos permitas ayudarte – le ruega, de nuevo – podemos vivir con modestia, pero estar bien si todos cooperamos, ya deja que cargar con todos nosotros.

-deja de entrometerte, Genya – le evade sin mirarlo – tu único deber es cuidar de nuestros hermanos y superarte, lo que hago para sacarlos adelante no te incumbe.

Genya no dice más, ya había perdido la cuenta de cuantas veces le suplicaba a su hermano mayor el dejarse de ponerse en peligro en lo que sea que estuviese metido para conseguir dinero, por lo que, con todo el dolor de su corazón, lo obedecía y se encargaba de cuidar a sus hermanos menores y seguir trabajando duro para entrar a la escuela de policía.

-solo, por favor, piénsalo, sé que podrías hacer algo más y no ponerte en peligro – arroja un periódico a sus pies para luego irse.

Sanemi se inclinó para tomarlo, viendo que estaba señalado un anuncio de que se buscaba un maestro sustituto de matemáticas en una preparatoria. Además del kick boxing, siempre tuvo facilidad para las matemáticas, tenía las mejores calificaciones y los maestros solían pedirle que asesorara a sus compañeros. Podría dar clases, pero ¿cuánto tiempo duraría? ¿cuánto podría ganar? ¿sería suficiente para seguir ayudando a sus hermanos?

Debía admitir que las peleas clandestinas no le aseguraban del todo poder seguir cuidando a sus hermanos, un par de veces lo golpearon gravemente y si no se quedó hospitalizado en el lugar que tenía Muzan fue porque no quiso preocupar a sus hermanos si no lo veían llegar en días, por lo que, haciendo tremenda fuerza de voluntad, se regresó y se quedó en cama alegando que estaba enfermo. Confiaba en que Genya cuidaría de ellos, pero esos días estuvo al borde de la muerte, con golpes graves y temperatura.

Llevaba cinco años en eso, se había vuelto de los mejores peleadores y gracias a eso pudieron mudarse a una casa más grande, pero ¿cuánto tiempo la habilidad y la suerte seguirían estando a su favor? Muchos morían en esas pelas ¿cuándo seria su turno de caer muerto ante ese doctor y que dictara que su muerte fue por algún accidente?

Aquellas preguntas no lo dejaron dormir del todo, pues, más que el temor de perder su vida era más que, si el moría, posiblemente Genya o Shuya tuviesen que abandonar sus sueños y dedicarse a la misma vida que él para poder sacar adelante a sus hermanos menores, si no es que se dedicaban a algo peor.

El sonido de la comida preparándose junto con algunas voces infantiles ya se escuchaban en la cocina cuando Sanemi se levantó, encontrándose con sus dos hermanos más pequeños Teiko y Koto. La única de sus hermanas, y la más pequeña, podría tener apenas once años, pero ya era bastante auto eficiente desde hace dos años, y ella, junto a Koto, a quien se la pasaba dando órdenes, preparaban la comida y mantenían limpia la casa.

-buenos días, hermanote – saluda Teiko al verlo entrar, pero este solo le responde con un gruñido, lo típico que hacía cuando estaba desvelado.

-otra vez te dormiste tarde – reprende Koto cuando Sanemi tomo asiento a la mesa – deberías ver a alguien para hablar sobre tu insomnio – aquello era verdad, Sanemi no dormía mucho desde el accidente donde perdieron a sus padres.

-ttsss recuérdenme quien es el mayor – bufa cruzándose de brazos ante los regaños de sus hermanos más pequeños.

-toma tu café hermanote – dice la más pequeña, colocando una taza frente al mayor.

-gracias – sonríe despeinándola

-hoy estas muy elegante – comenta al notar que esa mañana usaba un pantalón negro de vestir, camisa blanca de manga larga y un chaleco a juego con el pantalón - ¿tienes una cita? - ante la pregunta inocente por parte de Teiko, Sanemi escupe un poco del café que tomaba.

-claro que no, voy a ver un trabajo que hay como profesor sustituto – aclara de inmediato, sorprendiendo en buena manera a todos, especialmente a Genya

-¿de verdad? Eso es genial hermano, estoy seguro de que te lo darán - anima Shuya

-en poco tiempo te estarán llamando akuma sensei – molesta Hiroshi, pues con ellos era bastante estricto cuando les explicaba.

-pues sabre de donde se originó ese apodo porque el trabajo es en tu preparatoria – se galardona con una extensa sonrisa maniaca, haciendo que a su hermano se le pusiera la cara azul – y ya vámonos, quiero llegar temprano y tú ya no puedes tener más retrasos.

De mala gana, Hiroshi sube por su mochila mientras Sanemi se comía en dos bocados la tostada que le sirvieron y se tomaba de un sorbo su café, dirigiéndose luego a la salida para esperar a Hiroshi.

-Hermano – le teniente Genya – gracias

-aun no agradezcas, difícilmente querrán darle trabajo de docente a esta cara – se refiere a las cicatrices que cinco años de peleas le han dejado – asegúrate que lleguen a tiempo a la escuela – le encarga a su hermano, saliendo junto a Hiroshi que regresaba ya con la mochila en su espalda.

Posiblemente tenga razón, había personas que prejuzgaban con solo la apariencia. Sin embargo, conocía al amable director de esa escuela, pues él fue a esa preparatoria y confiaba en que le daría a su hermano una oportunidad y lo sacaría de lo que sea que le estuviese provocando tantas heridas y poniéndolo en peligro.

...

Aquella escuela era bastante grande, se notaba que era de las mejores academias de la ciudad, además, entre tanto alboroto de alumnos corriendo de un lado para otro no era capaz de ubicar a donde debía ir para la entrevista de maestro sustituto.

-oye – llama a una mujer de cabello negro y largo que estaba frente a lo que ubica como la pizarra de informaciones - ¿trabajas aquí? - le pregunta a la mujer.

-sí, me llamo Kocho Kanae, soy maestra de biología – se presenta de forma encantadora, mostrando una amable y cálida sonrisa que lo desconcertó por unos segundos al recordarle quizá a su madre - ¿puedo ayudarte en algo? -

-sí, gracias – voltea a otro lado, frunciendo el gesto – vengo por lo del trabajo de maestro sustituto de matemáticas, pero no se ha donde debo ir.

-oh que coincidencia, justo yo voy para allá, sígueme - y mostrándose asombrosamente animada y amable, lo encamina – precisamente estaba viendo en que aula aplicaría los exámenes para los que vienen por el trabajo.

-¿que? ¿tenemos que hacer un examen? -

-sí, está diseñado para ver si el interesado conoce el nivel de enseñanza de preparatoria – explica Kanae, en todo ese tiempo jamás dejo de mostrarse de lo más amable, lo cual extraño a Sanemi pues las veces que iba a pedir un empleo la gente no disimulaba su desconfianza ante las marcas de cicatrices en su cara.

-no tienes que disimular – dice Sanemi de forma dura, mirando al frente - sé que no doy buena apariencia con estas marcas – siente la mirada de la profesora sobre él, pero no se molesta en verla de vuelta.

-es verdad que llaman la atención, pero hay muchas razones por las que probablemente tienes esas marcas y no precisamente porque eres una mala persona – eso lo hizo voltear a verla, pues se escuchaba sincera - además, si fueras un asesino en serie ya estaría tu foto fichada por todas partes – bromea, lo que incluso a él le hizo sonreír levemente – es aquí, adelante – le señala el salón a lado suyo.

-después de ti – dice él, a lo que Kanae da la gracias con una gentil sonrisa.

Había bastantes candidatos en esa prueba y seguramente irían llegando más. Las probabilidades de que el quedara eran bajas, pero no perdería nada con intentarlo, por lo que, siguiendo las encantadoras instrucciones de Kanae, comenzaron a hacer la prueba, que, en realidad, era pan comido para él.

Al cabo de un poco más de una hora, todos habían terminado la prueba y fueron saliendo del salón conforme le dejaban los exámenes a aquella profesora, a quien se le notaba que realmente disfrutaba su trabajo, pues los despedía a todos con sumo encanto.

-entonces, no estaremos viendo por aquí, Shinazugawa – le dice al leer su nombre en el papel que le entregaba.

-es poco probable que consiga el trabajo, había bastantes candidatos -

-estoy segura de que lo conseguirás, tengo un buen presentimiento -

Esa mujer le causaba algo, una especie de cobijo y calidez en su pecho. No se lo podía explicar, pero es como si calmara su corazón. En fin, solo le dio las gracias y se retiró, tal como dijo, era poco probable que consiguiera el trabajo, solo lo intento para confirmarle a Genya y más que nada, así mismo, que su rostro no era de fiar y que tendría que seguir en aquellas peleas clandestinas hasta que su habilidad en el kick boxing ya no le favoreciera más.

...

Esa semana se dedicó a repartir pedidos en su moto. No era un trabajo demasiado lucrativo, a veces no había mucho, pero por lo menos lo ayudaba a despejarse y tener un pequeño ingreso extra, además que podía estar al pendiente de sus hermanos.

No tuvo noticias de su aplicación a docente sustituto, por lo que ese día se estaba preparando mentalmente para de nuevo salir a hurtadillas en la noche e ir a la pelea que le dijo Muzan que tendrían. Sin embargo, justo en ese momento en que estaba en la cochera entrenando sus golpes en el saco de box, su celular sonó con un numero desconocido. Al atender, escuchó una amable voz de un hombre, diciéndole que era Ubuyashiki Kagaya, el director de Kimetsu Academy, y que era un placer informarle que el trabajo como profesor sustito de matemáticas era suyo.

-¿puede empezar hoy? - pregunta el director – principalmente para que conozca la escuela y explicarle algunas cosas.

-yo, si claro, no hay problema – estaba bastante escéptico, de verdad no creía que fueran a darle el empleo.

-de acuerdo, lo veremos aquí en la tarde – con eso, se finaliza la llamada, aunque Sanemi seguía viendo la pantalla de su celular como si aún no procesara la llamada que acababa de recibir.

-¿qué pasa, hermano? - pregunta Genya que había llegado cuando su hermano colgó el teléfono y al ver que seguía viendo tan fijamente la pantalla, pensó que había recibido malas noticias.

-me dieron el empleo – habla Sanemi mirando a la nada, pues ya había bajado el celular

-¿el de profesor sustituto? - ve a su hermano asentir una vez – eso es genial, hermano – a él especialmente le daba mucho gusto, pues teniendo un empleo estable ya no se pondría en tanto peligro - ¿cuándo inicias?

-quieren que vaya hoy -

-pues date un baño y ponte más presentable, parece que te esfuerzas en querer dar la apariencia de criminal – ante eso, se gana un duro sape por parte de Sanemi, aunque aún así lo ve mostrar una pequeña sonrisa socarrona.

...

Al igual que cuando fue a presentar el examen para docentes, se viste con camisa blanca de manga larga, chaleco, pantalones y zapatos a juego, solo con la diferencia que estos eran de verde militar. Todos estos conjuntos le habían pertenecido a su padre, quien siempre solía vestir de traje debido a su trabajo cómo contador, quizá de ahí su afición a los números.

Nuevamente al ir a la academia se perdió un poco en ubicar la oficina del director, ni siquiera pidiéndoles indicaciones a los mocosos que pasaban pudo encontrarla. Pero de nuevo, y mirando el mismo pizarrón de anuncios, se encontró con aquella mujer de cabello negro y largo, tal cual, como la semana pasada, aunque tenía un atuendo distinto.

-¿qué tanto es lo que miras ahí? - su abrupta pregunta al acercarse sobresalta un poco a la maestra.

-oh, Shinazugawa ¿verdad? - una vez pasada la sorpresa, lo saluda con la amabilidad de siempre. El peliblanco voltea a otro lado al asentir, sintiéndose un poco azorado de ver que recordaba su apellido – es el calendario de actividades diarias, los alumnos no todos los días tienen las mismas materias así que aquí veo en que salón me toca dar clases - señala su nombre en la lista de docentes – como hoy no tengo programada una clase me pusieron a que le diera el recorrido al nuevo profesor, que supongo que eres tú - Sanemi vuelve a asentir sin mirarla, tanta cordialidad lo estaba incomodando – ¿vez? Te dije que nos volveríamos a ver – siente como el calor se le acumula en sus mejillas, no atreviéndose a mirar a la mujer de frente –vamos, primero tienes que presentarse con el director – concluye encaminándolo a dicho lugar mientras caminaba con las manos detrás de su espalda.

El director Ubuyashiki era alguien que aparentaba ser bastante joven debido a su calma y serenidad, no se notaba que ya anduviera rondando por lo cuarenta años. Sus ojos eran de un peculiar color violeta y en la frente tenía lo que parecía cicatrices de quemaduras.

Con suma amabilidad le explico que los resultados del examen demostraron que dominaba matemáticas de nivel preparatoria y que, además de eso, sabía perfectamente como explicarlas. La prueba que presento no solo eran resolver problemas difíciles, si no también se les pedía detallar sus respuestas y explicar cómo llegaron a esos resultados, siendo Sanemi quien más destaco en ello.

-¿ha dado clases antes? - le cuestiona el director

-no, bueno, al menos no en una escuela. Pero suelo ayudar a mis hermanos menores en sus tareas – aclara Sanemi

-sé nota que se le facilita – la voz del director era suave, trasmitía mucha calma – pues con gusto le doy la bienvenida, señor Shinazugawa. La señorita Kocho me hará el favor de mostrarle la escuela – esta asiente, poniéndose de pie, seguida de Sanemi.

-se lo agradezco mucho – da una leve reverencia hacia el director antes de seguir a la maestra Kocho. Aquel hombre provocaba un sentimiento de lealtad y respeto.

No era tan difícil ubicarse en las instalaciones una vez que comprendías el orden alfabético de cada piso y el orden de los salones, aunque en verdad era una academia bastante grande. Genya llego a venir a esa escuela, pero rara vez lo acompañaba ya que en eso entonces sus padres recién habían fallecido y él estaba más preocupado en trabajar todo lo posible para sacarlos adelante.

Kanae, con una amabilidad y encanto que era raro ver en alguien, (o al menos era raro para Sanemi) le fue indicando cuales eran los salones designados para cada materia, los cuales todos estaban bastante bien equipados. El salón de arte contaba con bastante espacio y diversos materiales a disposición tanto para los alumnos como la maestra, que era una mujer de cabello rosado y ojos verdes. Excesivamente animada a opinión de primera vista de Sanemi.

-ella es Kanroji Mitsuri, somos buenas amigas, solemos comer juntas en los descansos – le explica Kanae mientras saludaba a la mencionada tras la ventana.

-también a ella parece gustarle bastante su trabajo – comenta por la excesiva felicidad que se le notaba al dar sus clases.

-sí, a ambas nos hace muy felices ser maestras, es una gran labor – expresa Kanae con una cálida sonrisa mientras guiaba a Sanemi por el resto de la escuela – a ti también te gustara. Te llevaras bien con el resto de los docentes y los alumnos, se nota que eres una persona amable.

Sanemi se queda parado en su lugar viendo a aquella mujer seguir caminando sin él.

Lo que le dijo bajo sus defensas pues él mismo sabía que la vida a la que se ha tenido que someter lo hizo ser muchas cosas, menos una persona amable. ¿cuántos trabajos lo rechazaron por las cicatrices de su cara creyendo un criminal? Es decir, lo era en cierta manera, pero dedicarse a las peleas clandestinas no significaba que fuera a cometer una atrocidad contra alguien.

Aquella mujer podría ser amable y muy encantadora, pero era muy mala juzgando a las personas.

-¿vienes Shinazugawa? - le pregunta a una corta distancia volteando hacia él mientras en su rostro mostraba tal encantadora sonrisa que hace que por un momento el calor se le acumule en las mejillas.

-sí, ya voy – dice tras emitir un carraspeo, tratando de ignorar aquel momentáneo sonrojo y fingiendo su ya tan dominada rudeza mientras continuaba siguiendo los pasos de la maestra de biología que le explicaba a detalle cada parte de la escuela en la que, a partir de ese día, trabajaría.