Horror

Disclaimer: Todo pertenece a J. K. Rowling.

Esta historia participa en el Multifandom 5.0 del foro Alas negras, palabras negras con la tabla fantástica y el prompt centauro.

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Dolores nunca ha sido amante de volar, pero en esos momentos desearía más que nada en el mundo tener a mano una escoba. Se elevaría en el aire y dejaría atrás ese espantoso bosque y a las horribles criaturas que lo pueblan y que ahora la persiguen llenas de furia. Son centauros, híbridos repugnantes que si la atrapan le harán pasar por tormentos indescriptibles. Su vida nunca ha estado más en peligro. Está aterrorizada, pero el terror le da fuerzas para seguir corriendo.

Avanza entre los árboles, dividida entre mirar hacia arriba para esquivar las ramas o hacia abajo para no tropezar con las raíces. Al menos cuenta con su varita para poder hacer un lumos y no tener que huir en plena oscuridad. Sabe que la luz atraerá a sus perseguidores, pero no conseguirá salir del bosque corriendo a oscuras.

De todos modos no está segura de ir en la dirección correcta. Llena de miedo piensa que tal vez esté adentrándose cada vez más en la espesura, en el territorio de esos seres. No obstante, intenta mantener la calma. No tiene manera de saber hacia dónde debe ir y correr es lo único que puede hacer. Si la cogen está perdida.

Unos cascos resuenan a su espalda y Dolores hace un esfuerzo para redoblar la velocidad. No obstante, el sonido sigue acercándose y pronto se da cuenta de que hay más de uno de esos bichos a su espalda.

Cuando por fin llega a un claro respira aliviada. Ya no necesita la varita para iluminarse. Podrá usarla para defenderse. Se da la vuelta y espera a que los centauros que la perseguían lleguen al claro. Se van a llevar una buena sorpresa.

Sin embargo, la sorpresa se la lleva ella cuando escucha de nuevo el sonido de los cascos, muchos más de los que había escuchado antes, y en todas direcciones. Entonces los ve llegar. La manada es enorme y rodea el claro impidiéndole escapar. Se da cuenta de que le han tendido una trampa, pero ya es demasiado tarde para hacer nada.

Su cuerpo tiembla como una hoja y la varita se cae de su mano sin que pueda evitarlo. Varios de esos asquerosos seres se adelantan y Dolores sabe lo que va a pasar. Ha oído historias. Uno de los centauros la mira a los ojos. Dolores ve en ellos rabia porque es una humana invadiendo su bosque y porque además atacó e insultó a uno de sus compañeros. Es una emoción con la que puede lidiar. No será el primero que la mira así. Lo que no puede soportar es lo otro, ese brillo en sus ojos que envía un escalofrío por toda su columna vertebral.

Las piernas le fallan y ese es el momento que el ser escoge para saltar sobre ella. Es el final. Dolores cierra los ojos y justo después los abre con un grito del más puro terror que reverbera en la casa vacía. Mira a su alrededor confundida, aferrándose a la sábana como si su vida dependiera de ello. Ha sido un sueño. Suspira y cierra los ojos, llorosa y agotada.

está a salvo, pero hubo una vez en que no lo estuvo. Hubo una vez en que corrió por su vida en ese bosque y por las noches, en sus sueños, es como si nunca hubiera salido de él.