8. ¿Eso es lo que piensas?

—¿Desde cuándo te traes a tus amiguitas a entrenar al dojo, Baka? —se escuchó por todo el dojo de forma atronadora, como si hubiera hablado un dios en lugar de una persona. Los rayos de luz que entraban por los grandes ventanales dejaban ver las motas de polvo en suspensión, que se arremolinaban siguiendo las corrientes de aire.

Caminando como la patrona del lugar, Akane se movió despacio, cual depredadora, alrededor de su prometido y la "invitada", apretando y soltando los puños. Su mirada, candente y fija en ellos, los habría convertido en cenizas de haber tenido poderes sobrenaturales.

Ranma bajó la guardia al verla aparecer, no porque fuera una distracción, sino porque sabía que iba a tener que poner toda su atención y paciencia en la escena que venía a continuación.

—Buenos días, Akane. —Sintió como su contrincante le daba una patada en el lateral del brazo izquierdo, cerca del hombro.

«Vaya cara de mala uva trae… Más vale que me vaya preparando», pensó con pesar, aunque sabía que en el fondo no estaba haciendo nada malo, nada que no hubiera hecho otras veces con otros alumnos. «Pero cómo explicarle eso a Akane…».

—¡Siiiiii! ¡Te he dado! —gritó con alegría Sakura, pegando pequeños saltos, asombrada de su capacidad de lucha, ignorante de que su oponente simplemente le había dejado tocarle. Tan centrada había estado en su objetivo que ni se había percatado de que había otra mujer presente—. ¡Ahora tienes que responder a mi pregunta! —demandó apuntándole con el dedo sonriente.

—Sí, Saotome, por favor, no nos tengas en ascuas —comentó Akane burlona, con voz de pito, llevándose las manos entrecruzadas al corazón, fingiendo con la cara expectación, como si su respirar dependiera de ello. No escondió que les había estado escuchando. Ahora le tocaba a ella hacer teatro—. ¿Tienes algún interés sentimental?

Sakura se giró de inmediato una vez pinchada su burbuja, sorprendida al oír aquella otra voz femenina llena de sarcasmo, su sonrisa evaporándose como por arte de magia.

Ranma percibía la tensión de la estancia como si fueran delgadas agujas que se estuvieran clavando por todo su cuerpo. Que Akane le llamara por su apellido era muy mala señal. No recordaba siquiera la última vez que lo había hecho. Pero que además lo aderezara de recochineo era humillante. Una versión más joven de él habría reaccionado gritando de vuelta para que la ofensa no quedara impune. Pero ahora tenía algo más de experiencia. No caería en la trampa de los celos de su prometida, si es que eran celos. «¿Qué se te está pasando por la cabeza, Akane? Si sólo tengo ojos para ti».

—¿Quién es? —preguntó la adolescente mirando a su profesor llena de curiosidad—. ¿Es otra alumna que viene a entrenar ahora después de mí? —quiso saber, pero un momento después se corrigió al recordarlo—. Ah, no, es la del pijama que me abrió la puerta… —Se pudo notar la desilusión en su tono de voz.

«¡Serás bruja, puñetera!», maldijo Tendo con unas ganas tremendas de estrangularle el pescuezo.

—Soy la dueña de este dojo, Bonita —contestó Akane rotunda, no dándole tiempo a Ranma a abrir la boca.

Sakura frunció el ceño al oír el apelativo despectivo.

«¡Toma ya, con dos ovarios!», surcó por la mente del chico de la trenza, impactado ante la dureza de aquella declaración.

—¿En serio? Pensaba que este dojo era tuyo, Ranma —expresó la jovencita con cara de chasco.

—¿Así es como lo vas vendiendo? Eso es lo que te gustaría, ¿verdad? —escupió con veneno Akane, sus ojos de color tierra dos dagas afiladas en contra de su prometido. Todo el dolor y la preocupación del último mes y medio aflorando con toxicidad—. Es lo único que te interesa.

¿No lo había pensado ya en varias ocasiones? ¿Que Ranma por lo único que seguía allí era por la recompensa futura del dojo que podría dirigir y elevar a otro nivel para salvaguardar y honrar el legado en artes marciales de sus familias? «¡Odio que me hagas sufrir de esta manera, Baka!», pulsó en el interior de Akane. «No sé ni cómo te lo permito».

—¿Eso es de verdad lo que crees? —Ranma contestó de pronto cortante, serio y herido de que Akane pudiera pensar así de él—. Déjame decirte que estás muy equivocada. Pensaba que me conocías mejor…

Sus miradas enganchadas en incomprensión durante un momento de silencio infernal rompieron contacto ante la nueva intervención de Sakura.

—Mmm, Ranma, ¿podemos seguir con el entrenamiento? —pidió, deseando que aquella otra chica se marchara. Era un estorbo—. ¡Y tienes que darme mi premio! —Mostró una sonrisa—. Dime si tienes novia.

«¿Tu premio?», pensó de forma vomitiva Akane antes de tomar la palabra:

—Eso, contesta —insistió de mala gana, queriendo forzar a su prometido a que se mojara en la respuesta—. Estamos impacientes por escucharte.

Ranma miró por un instante a la pupila, pero cuando habló, sus ojos azules encuadraron a Akane, pues el mensaje iba para ella.

—No, no tengo pareja, y no porque no quiera —manifestó incómodo.

—¡A Haruka le encantará saberlo, gracias! —exclamó Sakura con alegría dando una palmada con las manos—. ¡Venga, sigamos!

Sakura no engañó a nadie con aquellas palabras, pues quedó patente que la primera interesada en obtener aquel dato de información había sido ella.

Ranma, sin embargo, no había terminado con su prometida, e hizo caso omiso de la demanda de la joven.

—Para tu información, siempre le pido permiso a tu padre antes de traer a un alumno aquí. Ella no es la primera que viene —explicó mirando a Akane severo—, no es una "amiguita" que me he traído —completó haciendo el gesto de los guiños con los dedos—. Tiene un torneo dentro de dos semanas —aclaró—. Y para que te quede claro, no voy vendiendo por ahí nada. El dojo es de tu familia, nunca he dicho que fuera mío.

—Sensei, ¿podemos seguir? —interrumpió adrede Sakura, cansada de que no le estuvieran haciendo caso—. Me tengo que ir dentro de poco. —Se arregló la coleta alta que llevaba puesta.

Akane, al escucharla, cerró los ojos con fuerza, inspiró, y después volvió a abrirlos. Se le estaba agotando la paciencia.

—¿Puedes callarte por un momento? Esta conversación no va contigo —le dijo con desprecio.

Sakura se encaró a ella.

—¿Perdona? —dijo agraviada—. Sí que va conmigo, es mi tiempo de clase. ¡Ponte a la cola!

Akane sonrió con sorna por las comisuras.

—¿Tienes ganas de pelea, mocosa? Porque estoy deseando reventarle la cara a alguien. ¿Quieres ser la candidata?

Ranma dio un paso al frente, no habiendo previsto lo que estaba a punto de ocurrir. «¡Dios, mierda, no! No, no, no, se va a liar parda».

—¡Hey, tranquilizaos las dos! —les gritó a las dos mujeres, extendiendo los brazos para que se detuvieran, pero ambas le ignoraron, entrando el mensaje por un oído y saliendo por el otro.

—¡Kiaaahhh! —bramó Sakura lanzándose al ataque con el puño preparado, lo que provocó que Akane adoptara una postura defensiva.

En un primer asalto, la menor de las Tendo esquivó y desvió los golpes y patadas que empezaron a llover como bolas de granizo. Cuando pudo recuperarse y crear espacio entre ella y su rival, realizó varias fintas de ataque ganando terreno y, en una de ellas, consiguió darle a la adolescente un buen tortazo con el pie en el costado, haciendo que perdiera el equilibrio y tuviera que agacharse en cuclillas para no caerse del todo al suelo. Otra cosa no, pero Akane seguía teniendo una fuerza desmesurada para la delgada complexión que tenía.

La adolescente gruñó con rabia ante tal agresión y se abalanzó aún con más saña de vuelta.

En un primer momento, Ranma se llevó las manos a la cabeza, previendo lo peor. Quiso detenerlas, pero no se atrevió. «No voy a ser yo el tonto que se entrometa y acabe atropellado». Cuando se dio cuenta de que no tenía nada que hacer, se quedó a un lado observando con interés, con los brazos cruzados. Asintió con la cabeza, aprobando el movimiento escogido por su prometida para derribar a su oponente. «Además, tanto Akane como Sakura saben pelear, es mejor dejar que se desahoguen». Atento a cualquier cambio que pudiera producirse, las siguió de cerca por el tatami, juzgando interiormente como artista marcial las decisiones de cada una de ellas en el combate.

Akane tenía dos desventajas significativas frente a su contrincante: la primera, que llevaba mucho tiempo sin entrenar, y la segunda, que no había calentado. Se hizo evidente cuando pasaron unos minutos, y a Ranma no le sorprendió en lo más mínimo. Comenzó a cansarse más rápido y a cometer errores tontos, equivocaciones que le valieron una buena caída sobre el trasero cuando la menor le golpeó con el pie en todo plexo.

Tendo se quejó dejando salir el aire de sus pulmones a borbotones. Se puso de pie todo lo rápido que pudo para detener el próximo embiste, y se vio de nuevo bajo un aguacero de puños y rodillazos. Para quitársela de encima, rechinó los dientes y atacó con una serie de patadas, sacando fuerzas de donde no tenía, finalizando con una patada al aire que le acabó valiendo una buena torcedura de tobillo al caer sobre el tatami. Lamentablemente, no fue capaz siquiera de rozar a Sakura.

Emitió un chillido agudo ante el dolor y, al recomponerse, comenzó a cojear, con sólo un buen punto de apoyo.

«Ya te tengo, pringada. ¡Estás acabada!», pensó Sakura con malicia, preparada para asestar el golpe de jaque mate.

—¡Sakura, no! ¡Para! —chilló Ranma, quién, al ver la intención de su pupila, no dudó en reaccionar para detenerla.

Lamentablemente, el chico de la trenza no llegó a tiempo. Sakura devolvió la patada con igual o más fuerza, dándole a Akane en toda la cara, haciendo que saliera despedida hacia atrás hasta caer sobre el suelo como un saco de patatas.

La adolescente, sumergida en el sabor de la adrenalina y de la victoria, no quiso parar ahí, y se dispuso a dar otro golpe de gracia a la mujer tendida e inmóvil. Agachándose para tirar de la chaqueta de judoka de Akane y levantar su torso del piso, alzó el otro brazo con el puño cerrado, lista para finiquitar la partida.

¡ZAS!

Ranma apareció sin que lo esperara y la cogió fuertemente del brazo, tirando de ella hacia atrás e inmovilizándola.

—¡Aaahhhh! —gritó de dolor Sakura, soltando de inmediato a Akane, quien apenas comenzaba a reaccionar.

Con un movimiento fluido de ambas manos, el instructor la envió lejos hasta que cayó a un par de metros de distancia.

—¿De qué coño vas, Sakura? —le reprendió con enfado Saotome—. Esto no es lo que te he estado enseñando —se quejó con razón—. ¡Se acabó la clase! ¡Vete a casa! —le ordenó en un tono de voz que no admitía réplica—. Ya hablaremos en el gimnasio.

—Pero Sensei… —balbuceó la jovencita acariciando la zona dolorida del antebrazo donde Ranma le había hecho presión con los dedos. Sus ojos empezaron a humedecerse.

—¡Largo! —ladró Ranma señalándole la salida.

Desde que le conociera, Sakura no había visto aquella mirada enojada y de total decepción en su profesor. Con lágrimas cayéndole de los ojos, recogió sus cosas rápidamente y se marchó de allí.

—Akane, ¿estás bien? —El chico de la trenza se arrodilló junto a ella, inspeccionando su cuerpo en busca de heridas graves. Llevó una mano a su rostro, el cual acarició con delicadeza al ver que había un buen rasguño sangrando en la mejilla. A continuación buscó su tobillo con los ojos. Confirmó que se empezaba a apreciar la inflamación.

Su prometida gimoteó un par de veces al intentar moverse.

—¿Ranma? —preguntó confusa, con un gran dolor de cabeza.

—Tranquila, quédate quieta. Ya me encargo yo —le dijo él suavemente.

Satome se agachó lo suficiente como para poder cogerla en brazos y se puso de pie. Con cuidado, y apretándola bien contra su pecho, salió del dojo y entró en casa por el salón. Increíblemente, no había nadie.

—¡Kasumi! —alzó la voz—. Necesito tu ayuda.