Capítulo 15: " Exámenes y Encantamientos"
Hermione había comenzado su mañana con una rutina que había perfeccionado desde el inicio del curso. Se despertaba antes que la mayoría de sus compañeros, revisaba sus notas y se aseguraba de que todo estuviera en orden antes de bajar al Gran Comedor para el desayuno. A diferencia de Harry y Ron, que a menudo dejaban todo para el último minuto, Hermione prefería la preparación meticulosa. Sabía que los exámenes se acercaban, y no iba a permitir que algo tan trivial como el cansancio le restara puntos en Encantamientos, su clase favorita.
Ese día, sin embargo, algo en el aire era diferente. Había una energía que Hermione no lograba identificar, una especie de expectación que la seguía mientras recorría los pasillos hacia la clase de Encantamientos. Aunque había memorizado cada hechizo que el profesor Flitwick les había enseñado hasta ahora, sentía una inquietud inexplicable. Al entrar al aula, se encontró con que la mayoría de los estudiantes ya estaban allí, algunos repitiendo en voz baja los movimientos de varita, otros hojeando sus libros con rapidez.
El profesor Flitwick, un diminuto y enérgico mago, se subió a su habitual pila de libros para alcanzar la altura necesaria en su escritorio. Hoy iba a repasar los encantamientos que serían evaluados en el examen. Sus ojos brillaban de entusiasmo al explicar la importancia de la precisión en los movimientos de varita y la pronunciación correcta.
—Hoy, revisaremos algunos de los encantamientos más esenciales que hemos aprendido este trimestre —anunció Flitwick, su voz aguda resonando en la clase—. El hechizo de levitación, el encantamiento Lumos, y un par de otros hechizos básicos, pero fundamentales.
Hermione no podía evitar sonreír para sí misma. Había practicado estos hechizos una y otra vez, hasta el punto de que podía lanzarlos en su sueño. Pero cuando Flitwick comenzó a pedir voluntarios para demostrar los encantamientos, algo inusual sucedió. Su mano se levantó casi por reflejo, y cuando fue su turno, sintió una conexión nueva y más profunda con su varita, como si el instrumento respondiera con una sensibilidad inusitada.
—Señorita Granger, adelante, por favor —dijo Flitwick con su habitual tono cortés.
Hermione se colocó frente a la clase y levantó su varita, apuntando a una pluma en la mesa frente a ella. Normalmente, la levitación de objetos pequeños era una tarea sencilla, pero esa vez, cuando pronunció el encantamiento, "Wingardium Leviosa", algo extraordinario ocurrió. La pluma no solo se levantó en el aire; flotó con tal gracia y control que Hermione misma quedó asombrada. La pluma comenzó a girar lentamente, como si estuviera bajo el control más preciso, y luego se movió con suavidad hacia el lado opuesto de la sala, respondiendo a cada sutil movimiento de la varita de Hermione.
El resto de la clase observaba con asombro. Nadie había visto un encantamiento de levitación ejecutado con tanta perfección. Incluso Flitwick, un experto en el campo, parecía impresionado. Hermione no pudo evitar notar la expresión de aprobación en el rostro del profesor.
—Excelente, señorita Granger —dijo Flitwick, sus ojos brillando de orgullo—. Creo que esto merece cinco puntos para Gryffindor. Es uno de los mejores ejemplos de control de varita que he visto en un estudiante de primer año.
Hermione, aunque satisfecha, se sentía extrañamente inquieta. No era solo su habilidad para el encantamiento lo que había mejorado. Había algo más, algo que resonaba dentro de ella cuando lanzaba un hechizo. Era como si la magia respondiera a una fuerza interna que ella apenas comenzaba a comprender.
Cuando regresó a su asiento, sus compañeros la felicitaron, pero Hermione apenas podía concentrarse en sus palabras. Seguía reflexionando sobre lo que acababa de experimentar. Sabía que algo había cambiado, pero no sabía qué era, ni si debía mencionarlo a alguien. Su mente, siempre analítica, comenzó a repasar cada detalle, buscando una explicación lógica, mientras una sensación de anticipación crecía en su interior.
Al final de la clase, Flitwick la llamó aparte, una sonrisa cálida en su rostro.
—Hermione, tengo que decir que tu control de la magia es excepcional para alguien de tu edad. Si sigues así, estoy seguro de que tendrás un futuro brillante en la magia.
Hermione asintió con humildad, pero no pudo evitar preguntarse si el profesor había notado algo más, algo que no se atrevía a mencionar. Salió del aula con una mezcla de orgullo y confusión, decidida a descubrir qué era lo que realmente estaba sucediendo dentro de ella.
Mientras Hermione regresaba a su asiento, todavía reflexionando sobre la sensación inusual que había experimentado al realizar el encantamiento, no pudo evitar notar a Ron y Neville en el fondo del aula. Ambos estaban luchando con la práctica de los encantamientos básicos.
Ron, a pesar de su confianza en Defensa Contra las Artes Oscuras, tenía problemas con la delicadeza requerida para los encantamientos. Intentó realizar el encantamiento de levitación, pero la pluma apenas se elevó unos centímetros antes de caer al suelo con un plop sordo. Frustrado, murmuró algo por lo bajo y lanzó una mirada de resignación a Hermione.
Neville, por su parte, estaba visiblemente nervioso. Su mano temblaba ligeramente mientras intentaba realizar el hechizo Lumos, pero en lugar de una luz clara y constante, su varita producía solo un destello débil antes de apagarse. A pesar de sus recientes progresos en Herbología, la confianza de Neville en otras materias seguía siendo frágil, y su desempeño en los encantamientos dejaba mucho que desear.
El profesor Flitwick, siempre paciente, se acercó a ambos para ofrecerles palabras de aliento.
—No se desanimen, muchachos. Los encantamientos requieren práctica y precisión, pero estoy seguro de que, con tiempo y esfuerzo, lograrán dominarlos.
Ron asintió con un suspiro, mientras Neville le dedicaba a Flitwick una sonrisa nerviosa. Sin embargo, Hermione no pudo evitar sentir una punzada de preocupación por sus amigos. Sabía lo frustrante que podía ser luchar con la magia, especialmente cuando todo parecía salirle bien a los demás. Mientras observaba sus intentos, la idea de ayudarles después de clases se le pasó por la mente, aunque también comprendía que ambos necesitaban algo más que simple práctica.
A medida que la clase llegaba a su fin, y los estudiantes comenzaban a recoger sus cosas, Hermione decidió que hablaría con Ron y Neville más tarde. Quería asegurarse de que no se sintieran desanimados y de que supieran que no estaban solos en sus dificultades. Sin embargo, una parte de ella ya intuía que la clave para mejorar no solo estaba en la práctica, sino en algo más profundo que cada uno de ellos aún tenía que descubrir.
Con esta inquietud en mente, Hermione salió del aula junto a sus amigos, sabiendo que las dificultades de Ron y Neville en Encantamientos podrían ser un indicio de algo más grande que todos tendrían que enfrentar juntos.
La clase de Defensa Contra las Artes Oscuras era una de las más esperadas de la semana. Aunque el profesor Quirrell no inspiraba precisamente confianza con su nerviosismo constante y su tartamudeo, la materia en sí era fascinante para la mayoría de los estudiantes. Harry y Ron, en particular, sentían una extraña conexión con esta asignatura, como si algo dentro de ellos se activara al practicar los hechizos defensivos y de ataque.
Ese día, la clase estaba enfocada en el uso del hechizo Rictusempra, un encantamiento que provocaba risa incontrolable en el objetivo, y cómo contrarrestarlo con un escudo protector. Quirrell explicó, con su habitual vacilación, la importancia de mantener la concentración y la calma al lanzar y defenderse de este hechizo, lo cual requería una mente clara y un enfoque preciso.
—Hoy trabajaremos en parejas —anunció Quirrell, su voz temblorosa—. Uno de ustedes lanzará el Rictusempra, y el otro intentará detenerlo con un hechizo protector. Recuerden, la clave es la concentración.
Harry y Ron se emparejaron rápidamente, ambos intercambiando miradas de determinación. Aunque siempre habían sido amigos inseparables, últimamente habían notado un cambio en la forma en que enfrentaban esta clase. Había una especie de conexión subterránea, una fuerza que ambos sentían pero no comprendían del todo.
—Listo, Harry? —preguntó Ron con una sonrisa confiada, levantando su varita.
—Listo, Ron —respondió Harry, con una chispa de emoción en sus ojos.
Ron fue el primero en lanzar el hechizo. Al pronunciar "Rictusempra," sintió una oleada de energía fluir por su brazo hasta la punta de su varita. El hechizo salió disparado con una fuerza que sorprendió incluso a Ron, dirigiéndose hacia Harry con velocidad.
Harry, reaccionando instintivamente, levantó su varita y pronunció el hechizo protector que Quirrell les había enseñado. Una barrera invisible se formó frente a él, deteniendo el hechizo de Ron en seco. Sin embargo, algo en la fuerza del impacto hizo que Harry retrocediera un paso, sorprendido por la potencia que Ron había puesto en el hechizo.
—¡Wow, Ron! Eso fue impresionante —dijo Harry, todavía sintiendo el hormigueo en su brazo por el impacto—. No esperaba que fuera tan fuerte.
Ron, aunque orgulloso, también estaba sorprendido. Nunca antes había lanzado un hechizo con tanta precisión y fuerza.
—No sé qué pasó —admitió, bajando la varita con una mezcla de confusión y satisfacción—. Simplemente… salió así.
A lo largo de la clase, Ron continuó destacando. Cada vez que lanzaba un hechizo, la fuerza y la precisión eran evidentes, tanto en los ataques como en las defensas. Harry también notó que su propio rendimiento en los hechizos defensivos había mejorado. Aunque siempre había sido bueno en esta asignatura, la facilidad con la que levantaba escudos protectores ahora era sorprendente.
Al final de la clase, el profesor Quirrell se acercó a ellos, aún mostrando señales de nerviosismo pero también con una expresión de reconocimiento.
—Buen trabajo, Potter, Weasley —murmuró, evitando hacer contacto visual—. Ambos han demostrado… un notable progreso.
Los chicos agradecieron las palabras de Quirrell, pero una vez que el profesor se alejó, no pudieron evitar mirarse con asombro.
—¿No sentiste algo raro hoy? —preguntó Ron mientras recogía sus cosas—. Es como si los hechizos salieran más… potentes.
—Sí, lo noté —respondió Harry—. Especialmente en tu Rictusempra. Casi me tiras al suelo.
Comenzaron a caminar hacia la salida del aula, reflexionando sobre lo ocurrido.
—¿Crees que tiene algo que ver con lo que hemos estado practicando? —preguntó Ron en voz baja, refiriéndose a los experimentos que habían estado haciendo con la magia arcana.
Harry frunció el ceño, pensativo.
—Podría ser. No entiendo completamente cómo funciona, pero es como si… como si nos estuviera ayudando de alguna manera.
—¿Crees que deberíamos decírselo a Hermione? —preguntó Ron, con una mezcla de preocupación y curiosidad.
—Tal vez. Pero primero, creo que deberíamos intentar entenderlo nosotros mismos —respondió Harry—. No quiero preocuparla más de lo necesario.
La clase de Herbología siempre había sido el lugar donde Neville Longbottom se sentía más a gusto. Desde el primer día en los invernaderos, había mostrado una afinidad natural por las plantas y su cuidado, algo que no pasó desapercibido para la profesora Sprout, quien veía en él un talento innato que pocos de sus compañeros poseían. Sin embargo, en el pasado, su torpeza general a menudo interfería con su capacidad para destacar de manera constante. Pero ahora, algo había cambiado.
Ese día, la profesora Sprout había preparado una clase especial en la que enseñaría a los alumnos algunos hechizos que les ayudarían en el cuidado de las plantas mágicas más delicadas. Era una oportunidad rara, ya que la mayor parte de las lecciones de Herbología se centraban en el manejo práctico de las plantas, pero Sprout había decidido que era hora de que sus estudiantes aprendieran a combinar la magia con la botánica.
—Hoy, vamos a aprender un hechizo muy útil para la Herbología —anunció Sprout, sonriendo ampliamente mientras los estudiantes se reunían alrededor de una mesa llena de plantas mágicas—. Se llama Herbivivus y es un encantamiento de crecimiento que ayuda a las plantas a florecer más rápido y a recuperarse de daños leves. Es un hechizo delicado, pero estoy segura de que, con práctica, todos podrán dominarlo.
Neville sintió una mezcla de emoción y nerviosismo. Sabía que esta era su materia, su área de especialidad, pero el uso de la magia a menudo lo ponía en una posición incómoda. Sin embargo, en las últimas semanas, había notado que algo dentro de él parecía haberse desbloqueado. No solo se sentía más confiado, sino que también había notado que sus hechizos eran más efectivos cuando estaban relacionados con las plantas.
Sprout comenzó a mostrarles el hechizo, moviendo su varita con gracia y pronunciando el encantamiento en voz clara: "Herbivivus." Una pequeña planta frente a ella comenzó a crecer y florecer rápidamente, llenando el aire con un suave aroma floral. Los estudiantes la miraron con admiración, y pronto se dispersaron para intentar replicar el hechizo en sus propias plantas.
Neville se dirigió a su mesa con una calma inusual. Frente a él había una pequeña planta de tentácula venenosa, una especie que requería mucho cuidado debido a su naturaleza agresiva. Mientras sus compañeros murmuraban el hechizo, Neville se tomó un momento para concentrarse, sintiendo la conexión que siempre había sentido con las plantas, pero ahora amplificada por su reciente experiencia con la magia arcana.
—Herbivivus —pronunció Neville con firmeza, moviendo su varita en el patrón que Sprout les había enseñado.
Para su asombro, la planta no solo respondió al hechizo, sino que lo hizo con una rapidez y vitalidad que sorprendió a todos los que estaban cerca. Las hojas de la tentácula venenosa se extendieron y crecieron en cuestión de segundos, sus espinas brillando con un tono verde intenso. La planta parecía más sana y fuerte que nunca, y lo más sorprendente fue que, a pesar de la agresividad natural de la especie, las espinas no se dirigieron hacia Neville, sino que se inclinaron ligeramente, como si lo reconocieran y respetaran.
Los ojos de la profesora Sprout se abrieron con sorpresa y admiración.
—¡Excelente trabajo, Longbottom! —exclamó, acercándose a Neville para examinar de cerca su planta—. Nunca había visto una tentácula venenosa responder tan bien a un hechizo de crecimiento. Tienes un verdadero don para la Herbología, muchacho.
Neville sonrió, sintiendo un calor de orgullo que pocas veces había experimentado en su vida. La clase continuó, pero mientras sus compañeros luchaban por conseguir resultados similares, Neville descubrió que cada vez que utilizaba el hechizo, sus plantas florecían de manera espectacular. No era solo un éxito ocasional; ahora era una constante.
Al final de la clase, cuando todos estaban recogiendo sus cosas, Harry y Hermione se acercaron a Neville. Ambos habían estado observando su desempeño y no pudieron evitar comentar lo que habían visto.
—Neville, eso fue increíble —dijo Harry, admirando la tentácula venenosa que Neville había hecho florecer—. Nunca había visto algo así.
—¿Cómo lo hiciste? —preguntó Hermione, claramente impresionada—. Fue como si la planta respondiera directamente a ti, más allá del hechizo.
Neville, aunque tímido, no pudo evitar sonreír con orgullo.
—No lo sé exactamente —admitió—. Es como si… como si pudiera sentir lo que la planta necesitaba. Como si supiera cómo ayudarla a crecer.
Harry y Hermione intercambiaron una mirada significativa.
—¿Crees que tiene algo que ver con la magia arcana? —preguntó Harry en voz baja.
Neville frunció el ceño, pensativo.
—Tal vez. Nunca me había sentido tan conectado con las plantas antes. Es como si, en las últimas semanas, hubiera algo más dentro de mí, algo que me ayuda a entender mejor a las plantas.
Hermione asintió, reconociendo que lo que Neville decía tenía sentido.
—Podría ser. Parece que nuestras afinidades están empezando a influir en cómo hacemos magia, incluso en clases como esta.
La conversación dejó a los tres chicos reflexionando mientras se dirigían a su próxima clase. Aunque aún no entendían completamente cómo funcionaba la magia arcana, estaba claro que estaba comenzando a tener un impacto real en sus habilidades, y con ello, en sus vidas en Hogwarts.
En la clase de Pociones, el ambiente era siempre tenso, y la actitud de Snape hacia Harry no ayudaba en absoluto. Desde el primer día, el profesor de Slytherin había dejado claro que no esperaba nada bueno de él, y Harry había sentido la presión de cumplir, o al menos, no destacar por los motivos equivocados.
Sin embargo, últimamente, algo había cambiado. Harry no podía explicar cómo, pero se había vuelto increíblemente preciso al preparar las pociones. Era como si, al mover su varita o al medir los ingredientes, una parte de su mente le susurrara exactamente lo que debía hacer para que todo saliera perfecto. Incluso podía sentir cuando algo no iba bien y corregirlo antes de que fuera un problema.
Ese día, estaban trabajando en una poción de desinflado, un brebaje que requería una precisión absoluta para que no se convirtiera en un desastre. Harry, quien solía preocuparse por mezclar los ingredientes en el orden correcto, ahora se movía con una confianza que sorprendía incluso a sus amigos.
Mientras cortaba finamente las raíces de malva, sintió una mirada fija en él. Levantó la vista y vio a Malfoy, Crabbe y Goyle, quienes murmuraban entre ellos mientras lanzaban miradas furtivas hacia su caldero. Harry volvió a concentrarse en su trabajo, pero mantuvo un ojo vigilante sobre los tres Slytherin.
No pasó mucho tiempo antes de que ocurriera. Mientras Harry vertía un poco de bilis de armadillo en su caldero, sintió un pequeño empujón en su codo. Se dio cuenta de que Goyle había intentado pasar demasiado cerca de él, causando que un poco de su bilis se derramara fuera de la poción. Un accidente común, pero con Snape observando, cualquier error podría convertirse en un desastre.
Sin embargo, antes de que Harry pudiera siquiera preocuparse, algo dentro de él reaccionó. Sin pensarlo, Harry extendió su mano hacia los ingredientes y añadió unas pocas escamas de serpiente más de lo necesario, balanceando la poción de manera instintiva. El caldero emitió un suave silbido, pero la mezcla se mantuvo estable.
Snape, que había estado observando desde su escritorio con su habitual mirada crítica, se levantó y caminó lentamente hacia el caldero de Harry, con la expectativa de encontrar un error que le permitiera humillar al chico una vez más.
—Potter, ¿qué es esto? —preguntó Snape, mirando la poción con su característica expresión de desdén.
Harry mantuvo la calma y miró a Snape directamente a los ojos.
—Es una poción de desinflado, profesor —respondió con firmeza—. Creo que está lista.
Snape se inclinó sobre el caldero, oliendo la mezcla y observando su color. Para su evidente sorpresa, la poción estaba perfectamente hecha, con el color y la consistencia exactos.
—Hmm —murmuró, sin poder encontrar ninguna falla aparente.
Harry intercambió una mirada rápida con Ron, quien levantó los pulgares disimuladamente desde su caldero. Hermione, que estaba en la mesa frente a ellos, sonrió con satisfacción.
Sin embargo, Malfoy, que había visto el intento de sabotaje de Goyle, no estaba dispuesto a dejar que Harry se saliera con la suya. Con un movimiento rápido, dejó caer un pequeño trozo de cuero de sapo en el caldero de Harry, un ingrediente que no formaba parte de la receta y que, si no se neutralizaba, haría que la poción burbujeara de forma peligrosa.
Pero antes de que el cuero tocara la superficie de la poción, Harry, sin saber cómo, extendió su varita y murmuró un encantamiento simple que lo desvió al instante. El trozo de cuero se quemó en el aire y cayó inofensivamente al suelo, mientras la poción continuaba burbujeando con normalidad.
Snape, que había girado justo a tiempo para ver el final del movimiento de Harry, frunció el ceño, pero no pudo encontrar ningún motivo para restarle puntos a Gryffindor.
—Parece que… lo has hecho bien esta vez, Potter —admitió con evidente disgusto—. Pero no bajes la guardia.
Mientras Snape se alejaba, Harry sintió una mezcla de alivio y sorpresa. No tenía idea de cómo había logrado evitar el desastre, pero algo en su interior le decía que estaba relacionado con la magia arcana que había comenzado a explorar con sus amigos.
Ron no pudo contener una sonrisa mientras le daba un golpe amistoso en el hombro.
—¡Eso fue increíble, Harry! —exclamó en un susurro—. Nunca había visto a Snape tan frustrado.
Hermione, aunque estaba contenta por Harry, lo miró con una mezcla de admiración y curiosidad.
—Harry, eso fue… impresionante —admitió—. Pero, ¿cómo lo hiciste? Sabías exactamente qué hacer, incluso cuando Malfoy intentó arruinar tu poción.
Harry se encogió de hombros, todavía tratando de procesar lo que había sucedido.
—No lo sé —respondió honestamente—. Simplemente… lo sentí. Como si supiera lo que tenía que hacer para arreglarlo.
Los tres amigos intercambiaron miradas significativas. La magia arcana estaba comenzando a mostrar su influencia de maneras inesperadas, y aunque aún quedaba mucho por aprender, una cosa estaba clara: estaban en el camino correcto.
Durante los exámenes, la atmósfera en Hogwarts estaba cargada de nerviosismo. Los pasillos se llenaban de susurros y caras preocupadas, mientras los estudiantes se dirigían a sus aulas para enfrentar las pruebas que determinarían su progreso en el segundo trimestre.
La primera prueba importante del día era Defensa Contra las Artes Oscuras. Los estudiantes entraron en la clase de Quirrell con cierta tensión, conscientes de que los exámenes prácticos siempre eran un desafío mayor que los teóricos. En esta ocasión, Quirrell había preparado un circuito de pruebas que incluía hechizos de protección y contraataques, simulando situaciones de peligro moderado con criaturas oscuras falsas.
Harry y Ron, que habían estado practicando con su magia arcana, se sintieron extrañamente confiados al enfrentar las pruebas. Ron, especialmente, se sorprendió a sí mismo cuando logró conjurar un hechizo defensivo con una potencia que nunca había experimentado antes. La barrera de fuego que invocó con su varita no solo detuvo la amenaza ilusoria, sino que la disolvió en una nube de humo.
—¡Bien hecho, Ron! —exclamó Harry, mientras su propia barrera de agua se alzaba con fluidez para bloquear un hechizo ofensivo que se dirigía hacia él. La unión de sus defensas elementales, fuego y agua, fue sorprendentemente efectiva.
Quirrell, quien observaba desde una esquina, no pudo evitar notar el progreso de los chicos. Aunque aún se veía nervioso, su mirada reflejaba un reconocimiento silencioso hacia sus habilidades.
Hermione, por su parte, manejó los encantamientos de defensa con una precisión quirúrgica. Su escudo protector era tan sólido y brillante que parecía casi palpable. Aunque no tenía la misma afinidad elemental que Harry y Ron en esta área, su dominio técnico de la magia compensaba cualquier desventaja.
Neville, sin embargo, se enfrentaba a una situación diferente. Aunque su afinidad con la tierra lo hacía fuerte y confiado en Herbología, en Defensa Contra las Artes Oscuras se encontraba fuera de su elemento. Su hechizo defensivo fue débil, y su varita temblaba en su mano mientras intentaba controlar la magia. A pesar de sus esfuerzos, la criatura oscura ilusoria logró atravesar su barrera, dejándolo visiblemente afectado.
Después de la prueba, Quirrell se acercó a Neville con una sonrisa alentadora, pero su aliento tembloroso y la forma en que jugaba con su turbante solo aumentaban la incomodidad de Neville.
—No te preocupes, Longbottom —dijo Quirrell, con voz apenas audible—. Todos tienen sus fortalezas y debilidades. La práctica… es clave.
Neville asintió, aunque su mirada seguía reflejando inseguridad.
Cuando llegó el turno del examen de Encantamientos, los estudiantes de primer año se encontraron con una serie de pruebas que requerían un control preciso de la magia cotidiana. El profesor Flitwick, con su habitual entusiasmo, les explicó que este examen del segundo trimestre se centraría en hechizos prácticos que podrían ser útiles en la vida diaria.
La primera parte del examen consistía en utilizar el hechizo Scourgify para limpiar objetos encantados que parecían resistir cualquier intento de limpieza normal. Los estudiantes se alinearon frente a una mesa llena de copas de estaño que estaban cubiertas de una sustancia pegajosa y resistente. Hermione, con su afinidad por la magia de la luz, realizó el hechizo con una precisión impecable, logrando que su copa brillara como nueva en cuestión de segundos.
Ron, por otro lado, tuvo algunas dificultades. Aunque logró limpiar su copa, le tomó varios intentos, y Flitwick le aconsejó que trabajara en su pronunciación y concentración.
La segunda prueba implicaba usar el hechizo Aguamenti para llenar un caldero con la cantidad exacta de agua, seguido por el hechizo Incendio para encender una llama controlada debajo del caldero. Este ejercicio no sólo evaluaba la precisión de los estudiantes, sino también su capacidad para gestionar múltiples hechizos en secuencia.
Harry, con su afinidad con el agua, realizó la tarea con facilidad, llenando el caldero con la cantidad exacta de agua en el primer intento. Luego encendió la llama con un control perfecto, lo que impresionó a Flitwick. Hermione también completó la tarea con habilidad, aunque su enfoque meticuloso le llevó un poco más de tiempo.
Neville tuvo algunos problemas con la llama, al principio la encendió demasiado fuerte, lo que hizo que Flitwick tuviera que intervenir rápidamente para evitar un desastre. Aunque finalmente lo logró, su desempeño no fue tan fluido como el de los demás.
La prueba final consistía en utilizar el hechizo Accio para localizar y atraer objetos escondidos en la habitación. Cada estudiante recibía el nombre de un objeto en particular, y tenían que encontrarlo entre una colección de otros objetos dispuestos en el aula.
Hermione, con su acostumbrada destreza, encontró su objeto en cuestión de segundos, y lo hizo levitar hacia ella con un simple movimiento de varita. Ron, aunque al principio parecía frustrado, logró atraer su objeto después de un par de intentos fallidos. Harry, por su parte, sintió que el hechizo requería más esfuerzo del habitual, pero finalmente lo ejecutó correctamente.
Al final del examen, el profesor Flitwick los felicitó por su esfuerzo y dedicación, aunque no dejó de notar que algunos estudiantes necesitaban trabajar más en su control y precisión. Hermione, como era de esperar, recibió elogios por su habilidad, mientras que Ron y Neville se dieron cuenta de que necesitarían practicar más si querían mejorar en las próximas pruebas.
La conversación posterior al examen dejó a los chicos reflexionando sobre cómo sus afinidades arcanas parecían influir en su rendimiento, especialmente en tareas prácticas como estas. Aunque Hermione había demostrado ser excepcional, Ron y Neville aún tenían dificultades, lo que les hizo pensar en la advertencia de McGonagall y en lo mucho que tendrían que trabajar para ponerse al día.
La clase de Pociones con Snape era la más temida por muchos. Snape tenía la habilidad de crear un ambiente de terror con solo su presencia, y su favoritismo hacia los estudiantes de Slytherin solo empeoraba la situación. Sin embargo, Harry había notado recientemente un cambio en su capacidad para manejar las pociones.
El examen consistía en preparar una Poción Restauradora, una mezcla complicada que requería una atención meticulosa a los detalles. Los ingredientes tenían que ser preparados con exactitud, y el tiempo de cocción debía ser perfecto.
Mientras los estudiantes comenzaban a trabajar, Snape se movía entre ellos como una sombra amenazante, listo para señalar cualquier error. Harry, por alguna razón desconocida, se sentía más en sintonía con los ingredientes. Sabía exactamente cómo cortarlos, en qué orden mezclarlos y cuánto tiempo dejarlos en el caldero. Era casi como si la poción le hablara, guiando sus movimientos.
En medio de su trabajo, sintió una leve presión en su espalda. Giró la cabeza y vio a Malfoy, quien, con una sonrisa maliciosa, dejaba caer una pequeña cantidad de polvo de piedra lunar adicional en su caldero. Harry reaccionó instintivamente, agregando una pizca de raíz de mandrágora para contrarrestar el efecto.
Para su sorpresa, la poción no solo no falló, sino que su color y consistencia eran perfectos. El caldero burbujeaba suavemente, emitiendo el aroma exacto que Snape había descrito al inicio de la clase.
Cuando Snape llegó a su mesa, se inclinó sobre el caldero de Harry con su habitual mirada de desdén. Sin embargo, al observar el contenido, sus ojos se estrecharon, y por un momento, no dijo nada.
—Hmm… parece que alguien ha estado practicando —murmuró Snape con su tono usualmente sarcástico, pero Harry notó la falta de críticas directas, lo cual era inusual—. Diez puntos para Gryffindor —agregó finalmente, como si le costara pronunciar las palabras.
Ron, que estaba a su lado, no podía ocultar su asombro.
—¿Snape acaba de… darte puntos? —susurró, atónito.
Harry asintió, todavía procesando lo que había sucedido.
Neville, en cambio, no tuvo tanta suerte. Su poción se había vuelto de un color púrpura oscuro en lugar del verde pálido esperado. Snape, al notar esto, no perdió la oportunidad de reprenderlo.
—Longbottom, me sorprende que aún no hayas logrado volar esta clase en pedazos —dijo Snape con una sonrisa irónica—. Menos diez puntos para Gryffindor.
Neville bajó la cabeza, sintiéndose completamente derrotado.
La última prueba importante del día era en la clase de Transfiguración, una asignatura que requería tanto habilidad como concentración. La profesora McGonagall había preparado un examen que consistía en transformar un objeto pequeño en otro diferente, y luego revertir la transformación con la misma precisión.
Harry y Hermione, aunque nerviosos, lograron realizar las transfiguraciones con relativa facilidad. Harry, en particular, notó que su control sobre la transformación del agua en hielo y viceversa había mejorado drásticamente. Era como si su afinidad con el agua le diera una ventaja en la comprensión de las transiciones entre estados de la materia.
Hermione, por su parte, demostró una vez más su dominio en la teoría y la práctica, transformando un escarabajo en un botón y luego devolviéndolo a su forma original sin problemas.
Ron, sin embargo, tuvo problemas. Aunque logró realizar la transformación inicial, cuando intentó revertirla, el objeto resultante quedó a medio camino entre las dos formas, provocando una mueca de preocupación en McGonagall.
Neville, que ya venía con una racha de mala suerte en los exámenes, falló en su intento de transformar una piedra en un erizo. En lugar de un erizo, lo que apareció fue una extraña mezcla de roca y espinas, un resultado que dejó a McGonagall claramente preocupada.
Después de que todos hubieron terminado, la profesora McGonagall se acercó a los cuatro amigos. Con una mirada severa, pero no sin cierta preocupación, les habló en un tono bajo para no avergonzarlos frente a los demás.
—Señor Weasley, señor Longbottom —comenzó, mirando a ambos con seriedad—. He notado que han tenido dificultades con las transfiguraciones y otras áreas prácticas durante estos exámenes del segundo trimestre. Esto no es algo que deba tomarse a la ligera. Les recomiendo que se esfuercen más y busquen ayuda adicional si es necesario. Aún tienen tiempo para mejorar antes de los exámenes finales.
Neville asintió en silencio, mientras Ron, visiblemente incómodo, se mordió el labio antes de hablar.
—Profesora McGonagall... —empezó Ron, vacilando un poco—. Yo... he estado pensando, y... bueno, tal vez parte del problema sea... mi varita. Es la varita de mi hermano Charlie. Es... es heredada.
McGonagall frunció el ceño, pero había una suave comprensión en sus ojos.
—Una varita heredada, señor Weasley, puede no estar completamente alineada con su propia magia. Las varitas son muy personales, y aunque es común que las familias compartan varitas por cuestiones económicas, no siempre es lo ideal. Su teoría podría tener fundamento, y es algo que deberá tener en cuenta a medida que avanza en sus estudios.
Neville, al escuchar esto, pareció reflexionar sobre su propia varita, que había pertenecido a su padre. Harry y Hermione intercambiaron miradas, comprendiendo que esto podría ser una razón significativa detrás de las dificultades de sus amigos.
—Hagan lo mejor que puedan con lo que tienen por ahora —continuó McGonagall—. Pero no duden en buscar mi ayuda si sienten que están estancados. Es importante que trabajen duro, pero también que comprendan que la magia requiere de las herramientas adecuadas.
La advertencia de McGonagall dejó a Ron y Neville un poco abatidos, pero también les dio la determinación de trabajar más duro en las semanas siguientes. Aunque ahora entendían que sus varitas podían estar jugando un papel en sus dificultades, sabían que tendrían que encontrar la manera de superar esos obstáculos hasta que pudieran obtener varitas nuevas.
Los días en Hogwarts se habían vuelto fríos y nublados, pero eso no detenía a los equipos de Quidditch de continuar con sus entrenamientos. Harry, como parte del equipo de Gryffindor, pasaba varias horas en el campo, perfeccionando sus habilidades junto a sus compañeros. Mientras tanto, Hermione, Ron y Neville, que no formaban parte del equipo, decidieron observar el entrenamiento desde las gradas.
Desde su asiento, Hermione no podía evitar admirar la coordinación y el esfuerzo del equipo de Gryffindor. Aunque no era una gran fanática del Quidditch, empezaba a comprender por qué tantos estudiantes se apasionaban por el juego.
—Parece que todos están realmente concentrados —comentó Hermione, con un tono algo impresionado.
—Sí, Fred y George siempre están buscando nuevas tácticas para desconcertar a los otros equipos —respondió Ron, con una sonrisa de orgullo.
Neville asintió, aunque su atención estaba dividida. Había notado algo extraño unos momentos antes. Quirrell, con su habitual aire nervioso, se dirigía hacia el Bosque Prohibido, y para su sorpresa, Snape lo seguía a cierta distancia, con pasos rápidos y decididos.
—Oye, creo que Snape y Quirrell están tramando algo —dijo Neville, señalando disimuladamente hacia el bosque.
Hermione y Ron se giraron para ver lo que Neville señalaba, y al percatarse de la escena inusual, sintieron una mezcla de curiosidad y preocupación.
—Esto no es normal —murmuró Ron, frunciendo el ceño—. ¿Por qué Snape estaría siguiendo a Quirrell al Bosque Prohibido?
Hermione, que siempre había sido cautelosa, sintió un impulso de actuar.
—Tenemos que averiguar qué está pasando —dijo, tomando la iniciativa—. Sigámoslos, pero con cuidado.
Los tres amigos se levantaron de las gradas, tratando de no llamar la atención, y comenzaron a seguir a los dos profesores desde una distancia segura. Al llegar al borde del Bosque Prohibido, vieron a Snape confrontar a Quirrell de manera agresiva.
—Sabes lo que está en juego —le espetó Snape, acercándose a Quirrell con una expresión de furia contenida—. No puedes fallar.
Quirrell, con su característico tartamudeo, trató de mantener su fachada nerviosa, pero había algo en su actitud que sugería un conflicto interno.
—Y-yo... no sé de qué estás hablando... p-p-por favor, déjame en paz...
—No intentes engañarme —interrumpió Snape con un tono cortante—. Si piensas que puedes jugar a dos bandas, te equivocas.
Hermione, Ron y Neville se quedaron petrificados, observando la confrontación desde la espesura de los árboles. Pero de repente, Snape pareció sentir que los estaban observando. Sus ojos se entrecerraron, y su mano se dirigió instintivamente hacia su varita.
—¿Estamos siendo seguidos? —preguntó Snape, girando la cabeza para mirar alrededor.
Justo en ese momento, Hermione, impulsada por el miedo, sintió un súbito brote de energía dentro de ella. De manera instintiva, agitó su mano y un suave resplandor envolvió a los tres amigos, ocultándolos de la vista.
—Debe haber sido tu imaginación —respondió Quirrell, mirando nerviosamente en la misma dirección.
—Espero que así sea —replicó Snape, alejándose de Quirrell—. De lo contrario, habrá consecuencias.
Con eso, los dos profesores se dirigieron de regreso al castillo, y Hermione, Ron y Neville se quedaron en silencio, recuperando el aliento después de lo que acababan de presenciar.
Más tarde, esa noche, los cuatro amigos se reunieron en la sala común de Gryffindor. Harry, que acababa de salir de las duchas después del entrenamiento, se encontró con sus amigos en un estado de agitación.
—¿Qué pasa? —preguntó, al ver las expresiones tensas de Ron, Hermione y Neville.
Ron tomó la palabra y les relató lo que había sucedido, detallando la confrontación entre Snape y Quirrell.
—Definitivamente hay algo más entre esos dos —concluyó Ron—. Y estoy empezando a pensar que Snape podría estar detrás de la Piedra Filosofal.
Harry frunció el ceño, recordando las extrañas interacciones que había tenido con Snape.
—Entonces, Snape quiere la piedra... —murmuró Harry, pensativo—. Pero, ¿por qué?
Hermione, que había estado absorta en sus pensamientos, de repente pareció recordar algo.
—Quizás... quizás sea por la magia arcana —dijo, tomando uno de los libros que habían robado de la sección prohibida durante las vacaciones—. He estado investigando sobre esto, y creo que encontré algo que podría estar relacionado.
Abrió el libro con cuidado, pasando las páginas hasta que encontró lo que buscaba. En una sección dedicada a las leyendas antiguas, había una referencia a una "roca" que se decía tenía el poder de otorgar afinidad con todas las ramas de la magia arcana a cualquier mago que la poseyera.
—No puede ser una coincidencia —dijo Hermione—. Si la Piedra Filosofal tiene ese tipo de poder, entonces es mucho más peligrosa de lo que pensábamos.
Los cuatro se miraron, conscientes de que estaban en medio de algo mucho más grande y peligroso de lo que habían imaginado. Sabían que debían ser cautelosos, pero también estaban decididos a descubrir la verdad, sin importar el riesgo.
Después de los exámenes, el ambiente en Hogwarts se volvió mucho más relajado. Los estudiantes de primer año, ahora libres de la presión académica, comenzaron a disfrutar de su tiempo libre. Harry, Ron, Hermione y Neville se relajaron en la sala común de Gryffindor, comentando lo aliviados que se sentían al haber terminado las pruebas.
Una tarde, mientras estaban en la sala común, Ron sugirió con una chispa traviesa en los ojos:
—¿Qué te parece si gastamos una broma a Malfoy? Ya es hora de devolverle algunas de las que nos ha hecho.
Harry sonrió ante la idea. Después de todo lo que había pasado con Draco, un poco de diversión no estaría mal.
—¿Qué tienes en mente? —preguntó, interesado.
—Podríamos hacer algo relacionado con el agua, ya que te está yendo tan bien con eso últimamente —respondió Ron, mientras susurraba para que los otros estudiantes no los escucharan.
Neville, que hasta ese momento había estado escuchando en silencio, frunció el ceño con preocupación.
—No sé, chicos. ¿Y si nos pillan?
Hermione, que estaba sentada cerca, levantó la vista de su libro y frunció el ceño al escuchar la conversación.
—¿En serio, chicos? ¿Justo después de los exámenes? No deberíamos arriesgarnos a meternos en problemas.
—Vamos, Hermione —dijo Ron, rodando los ojos—. Un poco de diversión no nos vendría mal. Además, Malfoy se lo merece.
Hermione vaciló, mordiéndose el labio. Aunque sabía que no era correcto, no podía negar que la idea de dar a Draco una lección era tentadora. Finalmente, suspiró y cerró su libro.
—Está bien, pero que conste que no me parece una buena idea —dijo, aunque había un destello en sus ojos que sugería que no estaba completamente en contra.
Neville seguía inseguro, pero al ver que Hermione se unía al plan, decidió que no quería quedarse fuera. Aunque era más reacio a meterse en problemas, la idea de participar en algo que uniera más al grupo lo motivó.
La planificación fue rápida. Decidieron actuar en uno de los pasillos menos transitados cerca de la torre de Gryffindor, donde sabían que Malfoy pasaba de vez en cuando. Utilizarían la afinidad de Harry con el agua para crear un pequeño charco en el suelo, lo suficientemente resbaladizo como para hacer que Malfoy se caiga de manera cómica, pero sin causarle daño.
Esa misma noche, después de asegurarse de que Filch no estaba cerca, los chicos se dirigieron al lugar escogido. Harry, con una concentración que casi lo hizo reír, movió su mano discretamente y, utilizando la magia arcana que había estado practicando, comenzó a manipular la humedad del aire. En cuestión de segundos, un charco de agua apareció en el suelo, extendiéndose justo donde Malfoy pasaría.
—¿Seguro que esto es una buena idea? —susurró Neville, mirando nerviosamente a su alrededor.
—Será divertido, ya verás —le aseguró Ron, con una sonrisa traviesa.
No tuvieron que esperar mucho. Draco apareció acompañado por Crabbe y Goyle, hablando en voz alta y con arrogancia, como de costumbre. Cuando Draco puso un pie en el charco, lo siguiente que supieron fue que había perdido el equilibrio y resbalado dramáticamente, aterrizando con un ruido sordo en el suelo. Sus seguidores intentaron ayudarlo, pero solo empeoraron la situación al resbalarse también.
—¡Malditos Gryffindors! —gritó Draco, mientras intentaba ponerse de pie, empapado y furioso.
Desde su escondite, Harry, Ron, Hermione y Neville luchaban por no reírse demasiado alto. El plan había funcionado a la perfección. Sin embargo, su risa fue interrumpida por el repentino sonido de pasos. Filch, alertado por el ruido, llegó corriendo con su gato, Mrs. Norris, justo detrás de él.
—¡¿Qué está pasando aquí?! —gritó Filch, mientras veía a Malfoy y sus amigos empapados y furiosos.
Harry, Ron, Hermione y Neville se escabulleron lo más rápido que pudieron, pero no fueron lo suficientemente rápidos. Filch había visto un destello de sus túnicas mientras corrían por el pasillo.
Al día siguiente, los cuatro fueron convocados al despacho del profesor McGonagall. Aunque la profesora tenía una expresión severa, Harry notó que había un brillo divertido en sus ojos mientras los reprendía.
—Sabéis que no tolero este tipo de comportamiento en Hogwarts —dijo McGonagall, con su tono habitual de autoridad—. Sin embargo, dado que no causaron ningún daño real y porque estamos al final del trimestre, su castigo será una pequeña detención.
Harry, Ron, Hermione y Neville intercambiaron miradas cómplices. Una pequeña detención no era un precio demasiado alto para pagar por la satisfacción de haber dejado en ridículo a Malfoy.
—¿Valió la pena? —susurró Hermione, mientras salían del despacho de McGonagall.
Ron sonrió ampliamente.
—Totalmente.
Neville, aunque aún un poco nervioso por haber sido parte de la broma, sonrió tímidamente.
—Nunca pensé que me reiría tanto viendo a Malfoy caer de esa manera —admitió.
El día terminó con los cuatro riéndose de la broma mientras se dirigían a la sala común de Gryffindor. Aunque sabían que tenían que ser más cuidadosos en el futuro, la experiencia había reforzado el vínculo entre ellos, y la diversión había sido un alivio bienvenido después de la tensión de los exámenes.
