Capítulo 16: Un Viaje Inesperado a Londres
La atmósfera en la Sala Común de Gryffindor estaba cargada de nerviosismo y anticipación. Era el momento que todos los estudiantes de primer año habían estado esperando y temiendo a partes iguales: la entrega de los resultados de los exámenes del segundo trimestre. La profesora McGonagall había decidido hacer la entrega personalmente, lo que solo añadía un peso adicional al ambiente. Con su rostro severo pero justo, entró en la sala con un fajo de pergaminos en la mano, cada uno con los nombres de los estudiantes cuidadosamente escritos en la parte superior.
"Bien," comenzó McGonagall, su voz firme resonando en la sala común. "Voy a entregarles sus resultados. Quiero recordarles que estos reflejan tanto su esfuerzo como sus áreas de mejora. No deben desanimarse si no alcanzaron lo que esperaban. En cambio, deben ver esto como una oportunidad para aprender y crecer."
El silencio en la sala era total mientras los estudiantes esperaban sus pergaminos. Hermione, sentada al frente, recibió el suyo primero. Sus ojos recorrieron rápidamente las notas, y una sonrisa satisfecha se dibujó en su rostro. "Encantamientos, Defensa, Transformaciones... todo sobresaliente," murmuró, más para sí misma que para los demás. Aunque era predecible, sus compañeros no pudieron evitar admirar su constancia.
Luego, McGonagall entregó el pergamino de Harry. Dudoso, lo desenrolló, sintiendo un nudo en el estómago. Sus ojos recorrieron las calificaciones: en Defensa Contra las Artes Oscuras, había obtenido una nota alta, lo cual no le sorprendió tanto. Lo que lo dejó atónito fue su calificación en Pociones. "No entiendo," dijo en voz baja, mostrando su pergamino a Ron. "¿Cómo pude obtener esto en Pociones? Snape me odia."
Ron le echó un vistazo y asintió, tan desconcertado como Harry. "Debe ser la magia arcana," sugirió Ron, aunque en su interior también se preguntaba cómo había sucedido.
Neville, que había estado mordiéndose el labio nerviosamente, recibió su pergamino con manos temblorosas. Lo abrió y suspiró de alivio al ver que en Herbología había obtenido una calificación excelente. "Al menos en Herbología no tuve problemas," dijo con una sonrisa tímida. Sin embargo, sus notas en otras materias como Transformaciones y Pociones eran notablemente más bajas. Historia de la Magia también mostraba una calificación apenas aprobatoria, lo que no era una sorpresa, ya que Neville a menudo se quedaba dormido en esas clases. "Mi abuela esperaba más de mí," confesó, mirando las calificaciones.
Ron recibió su pergamino con una mezcla de resignación y esperanza. Al abrirlo, su cara se iluminó al ver que había mejorado en Defensa Contra las Artes Oscuras, pero se oscureció al ver sus notas en Transformaciones y Encantamientos. "Sabía que no lo haría bien, pero esto... es peor de lo que pensaba," murmuró, aunque había una chispa de alivio al notar que, al menos, no había fallado en todo.
McGonagall, tras entregar los pergaminos a Harry, Ron, Neville y Hermione, giró sobre sus talones y se dirigió a los otros estudiantes de primer año de Gryffindor que estaban en la sala común. Parvati Patil, Seamus Finnigan y Dean Thomas recibieron sus calificaciones con variadas expresiones de alivio y preocupación. Parvati, siempre dedicada en Encantamientos, sonrió al ver su excelente desempeño, mientras que Seamus frunció el ceño al ver sus notas en Pociones, donde un caldero volcado había arruinado su examen. Dean, aunque generalmente despreocupado, no pudo evitar un suspiro al ver sus notas en Historia de la Magia.
Mientras los estudiantes murmuraban entre ellos, compartiendo sus éxitos y fracasos, McGonagall volvió a centrar su atención en Ron y Neville, quienes aún examinaban sus calificaciones con expresiones de preocupación.
"Señor Weasley, señor Longbottom," comenzó McGonagall, su voz tranquila pero firme. "He revisado sus exámenes, y aunque veo que han demostrado dedicación, es evidente que hay áreas que necesitan atención."
Ron, siempre un poco cohibido ante figuras de autoridad, levantó la mirada y confesó: "Creo que... es por las varitas, profesora. Las nuestras no parecen... adecuadas."
McGonagall asintió, como si ya hubiera considerado esta posibilidad. "Las varitas son una extensión de uno mismo, señor Weasley. Una varita heredada puede tener una conexión emocional, pero eso no siempre se traduce en efectividad."
Neville, con su varita aún temblando ligeramente en su mano, asintió enérgicamente. "Mi varita era de mi padre... pero siempre he tenido problemas para usarla," admitió en voz baja.
"Una varita que no elige a su dueño rara vez funciona como debería," continuó McGonagall. "Voy a contactar a sus familias para discutir la situación. Considero que sería lo mejor para ustedes visitar a Ollivanders en Londres durante el fin de semana. Tal vez encontrar una varita que realmente los elija haga una gran diferencia en su desempeño."
Los ojos de Ron se iluminaron con una mezcla de esperanza y nerviosismo. "¿Cree que eso podría ayudar, profesora?"
"Estoy segura de que lo hará, señor Weasley," respondió McGonagall, con una pequeña sonrisa alentadora. Luego, dirigiéndose al resto de la sala común, añadió: "Recuerden que estos exámenes son solo una parte de su aprendizaje. Tienen la capacidad de mejorar y crecer en cada trimestre que les queda en Hogwarts. No olviden eso."
Mientras McGonagall se marchaba, los estudiantes continuaron hablando entre ellos, compartiendo sus pensamientos sobre las notas y lo que significaban para el futuro. Ron y Neville, aunque aún preocupados, sintieron un pequeño rayo de esperanza al pensar en la posibilidad de obtener varitas que realmente fueran adecuadas para ellos.
Después de la conversación con McGonagall, Ron y Neville no pudieron evitar sentirse ansiosos por lo que vendría a continuación. Sabían que McGonagall estaba en lo correcto al sugerir que necesitarían varitas nuevas, pero la realidad de lo que eso significaba aún no había terminado de asentarse en sus mentes. Ambos sabían que sus familias no nadaban precisamente en oro, y la posibilidad de gastar dinero en nuevas varitas no era algo que tomaran a la ligera.
Al día siguiente, después del desayuno, Ron fue el primero en recibir una carta de su madre. Se la entregó Errol, su vieja y cansada lechuza familiar, que aterrizó pesadamente en la mesa de Gryffindor. Con un suspiro, Ron recogió la carta y comenzó a leerla mientras Harry, Hermione y Neville lo observaban en silencio.
La Sra. Weasley, como siempre, había llenado la carta con amor y preocupación. "Querido Ron," comenzaba la carta, "me ha llegado la noticia de que estás teniendo algunos problemas en la escuela. La profesora McGonagall me ha sugerido que podrías beneficiarte de tener una varita propia en lugar de la de Charlie. Sé que no siempre es fácil para nosotros, pero tu futuro es muy importante para tu padre y para mí."
Ron tragó saliva al leer esas palabras. Aunque sabía que su madre haría cualquier cosa por él, también sabía cuánto le costaba a la familia Weasley hacer frente a los gastos. La carta continuaba: "Tu padre y yo hemos hablado, y creemos que es lo mejor para ti. Iremos a Ollivanders en cuanto tengamos la oportunidad. Te quiero mucho, Ron. Haznos sentir orgullosos. Con cariño, Mamá."
Ron dobló la carta cuidadosamente y la guardó en su bolsillo, sintiéndose a partes iguales agradecido y culpable. No quería ser una carga para su familia, pero sabía que no podía seguir adelante sin una varita que realmente funcionara para él.
Mientras Ron terminaba de leer su carta, Neville recibió la suya, entregada por la lechuza marrón de la familia Longbottom. Aunque la carta de su abuela, Augusta Longbottom, era menos emotiva que la de la Sra. Weasley, estaba cargada de una firmeza característica.
"Querido Neville," comenzaba la carta, "me ha sorprendido saber que la varita de tu padre no está funcionando bien para ti. Esta varita ha estado en la familia durante mucho tiempo y tiene un gran valor sentimental para mí. Sin embargo, entiendo que para que puedas tener éxito en Hogwarts, necesitas una varita que se adapte a ti. Aunque me duele decirlo, estoy de acuerdo en que es hora de que tengas tu propia varita."
Neville sintió un nudo en la garganta mientras leía esas palabras. Sabía cuánto significaba esa varita para su abuela y lo que representaba para su familia. La carta continuaba: "Iremos a Ollivanders lo antes posible para que te hagan una varita a medida. Recuerda, Neville, que lo más importante es que seas el mejor mago que puedas ser, y para eso, necesitas las herramientas adecuadas. Estoy orgullosa de ti y sé que harás lo correcto. Con cariño, Abuela."
Neville guardó la carta con manos temblorosas, sintiendo una mezcla de alivio y tristeza. Por un lado, estaba emocionado ante la perspectiva de tener una varita propia, una que realmente le funcionara. Pero por otro lado, sentía que estaba dejando atrás una parte importante de su familia.
Los dos chicos intercambiaron miradas de comprensión y apoyo. Sus familias, aunque diferentes en muchos aspectos, estaban dispuestas a hacer sacrificios por ellos, y eso era algo que no tomaban a la ligera.
"Bueno," dijo Ron finalmente, rompiendo el silencio, "supongo que vamos a tener varitas nuevas."
"Sí," coincidió Neville, con una pequeña sonrisa. "Supongo que sí."
Harry y Hermione sonrieron en apoyo, sabiendo lo que significaba para sus amigos. Aunque los próximos días serían cruciales para Ron y Neville, el hecho de que tuvieran el respaldo de sus familias les daba una nueva esperanza.
Con el permiso de sus familias y la ayuda de la profesora McGonagall para coordinar los detalles, Ron y Neville se prepararon para un viaje a Londres que cambiaría el curso de su educación en Hogwarts. Ambos estaban nerviosos, pero también emocionados por la perspectiva de tener varitas que realmente se adecuaran a ellos.
El fin de semana llegó rápidamente, y con él, el viaje. El Sr. Weasley, con su entusiasmo característico por todo lo relacionado con los muggles, acompañó a Ron, mientras que la imponente figura de Augusta Longbottom acompañó a Neville. Harry y Hermione, aunque les hubiera gustado acompañarlos, sabían que era un asunto familiar y decidieron esperar pacientemente en Hogwarts.
El viaje a Londres fue tranquilo, pero los chicos no pudieron evitar sentirse ansiosos. Para Ron, la perspectiva de dejar atrás la varita de Charlie, que había sido su compañera de hechizos desde su primer día en Hogwarts, era extraña. Para Neville, la idea de tener que decir adiós a la varita de su padre, un héroe para él, era aún más difícil. Sin embargo, ambos sabían que era necesario.
Al llegar a Diagon Alley, se dirigieron directamente a la pequeña y polvorienta tienda de Ollivanders, donde las varitas más finas del mundo mágico esperaban a sus futuros dueños. El Sr. Ollivander, un hombre de apariencia frágil pero con ojos que parecían ver a través del alma, los recibió con su acostumbrada mezcla de misterio y cordialidad.
"Ah, Ronald Weasley," dijo Ollivander en su tono suave y susurrante mientras estudiaba a Ron con detenimiento. "Recuerdo a cada miembro de su familia que ha pasado por aquí. La varita de su hermano Charlie, ¿no es así? Una buena varita, pero no su varita, estoy seguro de que encontraremos algo más adecuado para usted."
Ron asintió nerviosamente mientras Ollivander comenzaba a sacar varitas de las estanterías. La primera que le ofreció, una varita de madera de fresno con núcleo de pelo de unicornio, no mostró más que una pequeña chispa al ser sostenida por Ron. La segunda, de abeto con núcleo de fibra de corazón de dragón, reaccionó aún menos. Fue la tercera varita, una pieza de sauce con núcleo de pluma de fénix, la que finalmente provocó una chispa dorada que iluminó brevemente la tienda. Ron sintió una calidez en sus dedos, como si la varita fuera una extensión natural de su mano.
"Curiosa combinación," murmuró Ollivander, observando la varita con interés. "El sauce es una madera protectora, y la pluma de fénix... muy rara. Parece que esta varita encontrará en usted un compañero digno, señor Weasley."
Ron sonrió al sentir la conexión inmediata. Sabía, sin necesidad de palabras, que esta varita era suya.
Neville fue el siguiente, y Ollivander lo miró con un reconocimiento silencioso. "Neville Longbottom," dijo suavemente. "La varita de su padre fue una de mis creaciones. Un gran mago, su padre. Pero una varita debe ser leal a su dueño, y parece que es hora de que tenga una propia."
Neville probó varias varitas, con diversos resultados. Algunas no respondieron en absoluto, mientras que otras reaccionaron de manera descontrolada, enviando chispas o vibrando en sus manos. Finalmente, después de varios intentos, Ollivander le ofreció una varita de cerezo con núcleo de nervio de dragón. Al sostenerla, Neville sintió una vibración en su brazo, como si la varita estuviera viva. Una ráfaga de aire cálido pasó por la tienda, y la punta de la varita brilló suavemente.
"Perfecto," dijo Ollivander con una sonrisa tenue. "El cerezo es una madera poderosa, especialmente en manos de alguien con un fuerte sentido de propósito. Y el núcleo de nervio de dragón le dará el coraje que necesita para enfrentar cualquier desafío."
Neville, que había estado nervioso hasta ese momento, sintió una ola de confianza al sostener la varita. Sabía que, finalmente, tenía una varita que le permitiría demostrar de lo que era capaz.
El Sr. Weasley y la Sra. Longbottom observaron con orgullo a los chicos mientras pagaban por las varitas. Ambos adultos sabían lo importantes que eran estos momentos para Ron y Neville, y se sintieron aliviados de ver que sus preocupaciones se habían disipado al encontrar las varitas adecuadas.
Mientras salían de la tienda, Ron y Neville intercambiaron una mirada de comprensión. Habían dado un paso importante, y aunque el viaje de regreso a Hogwarts aún estaba por delante, ambos sentían que su futuro en el colegio ahora se veía mucho más brillante.
De regreso en Hogwarts, Ron y Neville apenas podían contener su emoción por probar sus nuevas varitas. Después de un viaje que había sido tanto emocionante como revelador, ambos estaban ansiosos por ver si las varitas que habían elegido en la tienda de Ollivanders realmente harían una diferencia en su desempeño mágico.
Al llegar a la torre de Gryffindor, se reunieron con Harry y Hermione en la sala común. La tarde estaba tranquila, con la mayoría de los estudiantes aún absortos en sus propias actividades, lo que les dio la oportunidad perfecta para hacer algunas pruebas sin llamar demasiado la atención.
"Vamos a ver qué tan bien funcionan," dijo Ron, su tono a la vez entusiasta y un poco nervioso. Había elegido el hechizo Lumos como su primera prueba, uno que siempre había funcionado de manera inconsistente con la varita de Charlie.
Ron respiró hondo y apuntó con su nueva varita de sauce hacia el aire. "Lumos," pronunció con confianza.
Al instante, la punta de la varita se iluminó con una luz cálida y constante. Ron sonrió ampliamente, sorprendido por la facilidad con la que había logrado el hechizo. La luz era más brillante y estable de lo que había conseguido antes, y por primera vez, sintió una verdadera conexión con su varita.
"¡Mira eso!" exclamó, volviendo la varita hacia Hermione y Harry, quienes observaban con satisfacción.
"¡Funciona mucho mejor, Ron!" dijo Hermione, claramente contenta por su amigo. "La diferencia es notable."
Neville, sintiéndose más seguro después de ver el éxito de Ron, decidió probar el encantamiento Leviosa, un hechizo que le había dado problemas durante sus clases. Con la varita de cerezo firmemente en su mano, se concentró en una pluma que había tomado prestada del escritorio de Hermione.
"Leviosa," dijo Neville, su voz firme.
Para su asombro y el de sus amigos, la pluma se elevó suavemente en el aire, flotando con estabilidad frente a él. Neville soltó un pequeño suspiro de alivio, sonriendo tímidamente mientras dirigía la pluma a la izquierda y a la derecha, controlando sus movimientos con más facilidad que nunca.
"¡Increíble, Neville!" dijo Harry, dándole una palmada en la espalda. "Parece que esa varita realmente es la adecuada para ti."
Neville, que normalmente era modesto, no pudo evitar sentirse un poco orgulloso. "Sí, definitivamente se siente mejor," admitió. "Es como si respondiera a lo que quiero hacer sin tanto esfuerzo."
"Eso es lo que debería ser una varita," añadió Hermione, observando cómo Neville bajaba la pluma con suavidad. "Una extensión de ti mismo."
Ron, animado por el éxito de su Lumos, decidió probar un hechizo más complicado, uno que le había causado más de un dolor de cabeza en sus clases de Encantamientos: el encantamiento de apertura, Alohomora. A pesar de que había intentado el hechizo docenas de veces con la varita de Charlie, raramente había logrado abrir una cerradura.
"¿Quieres intentarlo con la puerta de la sala común?" sugirió Harry, levantando una ceja con una sonrisa.
"Sí, veamos qué pasa," respondió Ron, mientras los cuatro se acercaban a la puerta.
Con una concentración renovada, Ron apuntó la varita hacia la cerradura. "Alohomora," dijo, su voz clara y decidida.
Para su sorpresa, y el asombro de todos, la cerradura hizo un clic audible, y la puerta de la sala común se abrió ligeramente. Ron se quedó mirando la puerta abierta por un segundo antes de girarse hacia sus amigos con una expresión de incredulidad y triunfo.
"¡Funcionó!" exclamó, riendo. "¡Finalmente funcionó!"
"¡Esto es genial, Ron!" dijo Harry, compartiendo la risa de su amigo. "Definitivamente vas a tener mucho más éxito en tus clases ahora."
Neville, sintiéndose inspirado, decidió probar un hechizo de Herbología que le había dado problemas con su varita anterior. Usando su nueva varita, convocó una pequeña planta desde la maceta cercana para que creciera y floreciera. Para su deleite, la planta respondió de inmediato, sus hojas se expandieron y un capullo se abrió en una flor vibrante.
"Esto va a hacer una gran diferencia en las clases de Herbología," comentó Neville, más seguro de sí mismo que nunca. "No puedo esperar a la próxima clase."
Hermione sonrió al ver la transformación en sus amigos. "Creo que todos hemos aprendido algo importante hoy," dijo. "La varita realmente marca la diferencia."
Con sus nuevas varitas en mano y la confianza renovada, Ron y Neville sabían que estaban mejor preparados para enfrentar lo que el resto del año en Hogwarts les deparara. Para Harry y Hermione, ver a sus amigos finalmente encontrar sus propias fuerzas fue una motivación adicional para seguir adelante con sus propios estudios y descubrimientos.
La noche avanzó mientras los cuatro amigos continuaban practicando, riendo y experimentando con diferentes hechizos. Para Ron y Neville, este fue el comienzo de una nueva etapa en su vida en Hogwarts, una en la que finalmente sentían que podían estar a la altura de sus compañeros.
A medida que se acercaba la medianoche, los chicos guardaron sus varitas, contentos con los progresos logrados. Sabían que la verdadera prueba llegaría en las próximas clases, pero por ahora, disfrutaron del éxito de su primera prueba.
La primera clase de Transfiguraciones después de las vacaciones de primavera tenía un aire de anticipación. Harry, Ron, Hermione y Neville se dirigieron al aula, aún entusiasmados por la reciente mejora en las habilidades de Ron y Neville con sus nuevas varitas. Se sentían más confiados y listos para enfrentar cualquier desafío que la profesora McGonagall pudiera tener preparado.
Al entrar al aula, notaron que McGonagall había dispuesto sobre cada mesa un pequeño tronco. Harry levantó una ceja al observar el suyo. Estaba claro que esta clase no iba a ser fácil.
McGonagall, con su característica expresión severa pero justa, comenzó la clase sin preámbulos. "Hoy vamos a trabajar en un ejercicio de Transfiguración avanzado," anunció. "Cada uno de ustedes tiene un tronco frente a sí. Su tarea es transformarlo en la figura que prefieran. Puede ser un animal, un objeto, lo que deseen, pero debe ser detallado y completo. Este es un ejercicio que pondrá a prueba su control y creatividad."
Ron y Neville intercambiaron miradas. Ambos sabían que antes de recibir sus nuevas varitas, esta tarea habría sido una pesadilla. Pero ahora, con la confianza renovada, se sentían listos para enfrentar el desafío.
McGonagall dio la señal para comenzar, y la sala se llenó del sonido de murmullos mientras los estudiantes comenzaban a concentrarse en sus troncos. Harry decidió que intentaría transformar el suyo en una pequeña escultura de un dragón. Hermione, siempre buscando un reto, optó por un grifo, mientras que Ron, inspirado por su amor por el ajedrez, decidió intentar hacer una torre de ajedrez. Neville, por su parte, pensó en una flor en plena floración, una que había visto en uno de los invernaderos.
Las varitas comenzaron a moverse, y poco a poco, los troncos empezaron a cambiar de forma. Ron, quien antes habría luchado por siquiera hacer que el tronco cambiara de color, se sorprendió al ver cómo la madera comenzaba a moldearse bajo su varita, formando lentamente una torre de ajedrez casi perfecta. La base era sólida, y aunque los detalles aún eran rudimentarios, era un avance significativo para él.
Neville, quien había tenido una relación tensa con la Transfiguración, se encontró sorprendido al ver cómo el tronco comenzaba a convertirse en una hermosa flor de pétalos suaves y detallados. Se sentía más conectado con su varita, y esto le permitía canalizar mejor su magia en la tarea.
McGonagall caminaba entre los estudiantes, observando sus progresos. Cuando llegó a la mesa de Ron y Neville, se detuvo por un momento. Observó las creaciones de ambos y, por primera vez, les dirigió una leve sonrisa de aprobación.
"Bien hecho, señor Weasley, señor Longbottom," dijo con un tono que, aunque no era abiertamente elogioso, contenía una nota de satisfacción. "Puedo ver una mejora considerable en su trabajo. Continúen así."
Ron y Neville intercambiaron miradas de triunfo. La aprobación de McGonagall no se obtenía fácilmente, y esto les dio un impulso de confianza.
Mientras la clase continuaba, McGonagall se dirigió a algunos de los estudiantes de Ravenclaw, que también compartían la clase con Gryffindor. Padma Patil estaba concentrada en transformar su tronco en una grácil bailarina, y lo hacía con una habilidad que impresionó a muchos de sus compañeros. Sus movimientos eran precisos, y la figura que emergía de la madera era elegante y detallada.
Terry Boot, por otro lado, había decidido hacer un intrincado rompecabezas tridimensional. Su enfoque era meticuloso, y aunque progresaba lentamente, cada pieza del rompecabezas estaba perfectamente formada, encajando con las demás sin esfuerzo. Se podía ver la intensidad de su concentración en su rostro, mientras sus compañeros lo observaban con admiración.
La interacción entre los estudiantes de Gryffindor y Ravenclaw era amistosa pero competitiva. Algunos intercambiaban comentarios sobre quién estaba haciendo un mejor trabajo, lo que añadía un aire de camaradería y desafío a la clase. Harry, siempre competitivo, intentaba no dejarse superar por Padma, mientras que Hermione, aunque impresionada por el trabajo de Terry, se concentraba en mejorar los detalles de su grifo.
Al final de la clase, McGonagall pidió a los estudiantes que dejaran sus creaciones en sus mesas para una evaluación posterior. Mientras recogían sus cosas, Ron y Neville no podían dejar de sonreír. Habían superado un desafío importante y lo habían hecho con éxito.
Harry, Hermione, Ron y Neville salieron del aula de Transfiguraciones con la sensación de haber dado un gran paso adelante.
