Dimensional Loud: Llanto en el museo

Nota: El fic se seguirá llamando el poder de las palabras, pero cada serial tiene su propio nombre.

Parte I

—¿Frobisher? ¿Qué es un Frobisher?—dijo sin entender Luan.

Sin hacerle caso el Profesor saltó de vuelta a los controles, presionando un botón para hacer que la maquinaria comenzaría volviera a funcionar en su totalidad. La nave de la imaginación comenzó a hacer varios ruidos extraños, mostrando varias luces rojas.

—¿Qué significa todo eso Profesor?—dijo Luan confundida—Y sobre todo, si no le importa responder, ¡¿Por qué hay un pingüino parlante?!

—Técnicamente soy un Whiferdill, niña humana.—dijo el pingüino levantando la aleta para hacer un punto—¿Redecoraste la Tardis, Doctor?—comenzó a preguntar—¿Y dónde está Peri?

—¡No tengo todas las respuestas!—dijo el Profesor Thalemus dando un golpe en los controles de la máquina a la vez que todo parecía volver a la oscuridad—¡Oh no, no, no, tenemos que rastrear la huella que deja el Doctor por el multiverso, no me falles ahora pequeña!

Hubo una gran sacudida y…

Y…

Y…

—¡Leni no te quedes ahí, cariño!—le gritó su madre a la distancia—Vamos a ver la sección de dinosaurios.

Aquel era un bello día más en la vida de la joven Leni Loud, un domingo que sería como cualquier otro, de no ser porque se encontraba viendo la sección de estatuas renacentistas y romanas en medio de un museo de Royal Woods, normalmente todo sería fácil de entender, la mayoría eran hombre y mujeres que mostraban los atributos de la belleza con miradas vacías, pero aquella estatua era especial.

A pesar de que era bella, artísticamente hablando, no tenía belleza alguna que presumir, era como si se avergonzase de compartir su mirada al mundo, Leni se le había quedado viendo, intentando ver que había detrás de esas manos desde distintos ángulos, parpadeó varias veces incrédula, al darse cuenta que nunca se podía ver detrás de las manos, siempre todo era bloqueado en profunda oscuridad.

Y ahí estaba ella, con los ojos cerrados, intentando imaginar por qué la intriga en aquella estatua, tal vez por su profesora de historia, la señorita Smith. A Leni le gustaba la señorita Smith, era una historiadora bastante popular en Royal Woods, que desde los ochentas no paraba de predecir eventos debido a sus extensos ensayos de la sociedad, como por ejemplo la masificación de los celulares (cosa que casi le ganó un nobel), lo que más le gustaba Leni de ella es que predijo el nacimiento de su hermana Lily cuando fue su primer año en el bachillerato. De eso ya casi habían pasado tres años, y finalmente miraba la famosísima estatua del Ángel Llorón que nunca dejaba ver su rostro.

Nunca nadie supo quién fue el que talló sus lienzos finos y tienen…

—¡Leni, vámonos!—gritó su madre ya molesta.

—¡Lo siento! ¡Voy!—gritó la joven cerrando los ojos y moviendo su cabeza de uno a otro lado—Debo contárselo a la señorita Smith…

Tomó su celular y comenzó a caminar sin voltear de uno a otro lado, de haberlo hecho, hubiera visto finalmente el rostro de aquel "Ángel Llorón". Una mirada fija en ella, viéndola caminar mientras la estatua se quedaba quieta. Solo observaba con su mirada vacía en la dirección de Leni.

Fue repentino cuando Leni sintió algo en su espalda, dio media vuelta, particularmente donde la estatua del Ángel Llorón se encontraba, siempre con su rostro oculto, aunque podría haber jurado durante un segundo que esa estatua la había estado viendo…

—Nah…—descartó Leni comenzando a reír y volviendo la vista a su celular para dar media vuelta despreocupada.

La estatua de nuevo estaba viéndola, con unos ojos perfectamente redondos que no reflejaban vida, sin embargo, cuando Leni salió de aquella sección del museo, la estatua dejó de existir… Al menos de una manera que los humanos pudieran…

… entender. Por eso era que el Profesor no se tomaba la molestia de explicarle a Luan en algunas situaciones, ¿Qué iba a explicarle de todas formas? ¿Qué algo raro había pasado en su preciosa Nave de la Imaginación?

—De acuerdo, llegamos.—dijo el Profesor con seguridad.

—¿Llegamos?—dijo sin entender Luan—¿A dónde? ¡¿Y por qué el pingüino parlante sigue con nosotros?! ¡Dígame que no soy la única que puede verlo!

—No, yo también lo estoy viendo, evidentemente el señor Frobisher cree que yo soy el Doctor y tú eres mi acompañante.—dijo a la vez que lanzaba una risotada al confundido pingüino—¿No es así?

—¿No eres el Doctor? Bueno, el parecido es escaso, y ese cabello tan revuelto sin que tenga estilo, definitivamente te faltan los modales británicos he viajado cientos de años con el Doctor y nunca había hablado de esa manera.—dijo Frobisher con simpleza y una voz raspada—De ser así, ¿Por qué sabes manejar una Tardis? ¿Eres un señor del tiempo?—hablaba con naturalidad con las aletas cruzadas como brazos.

—¡¿Por qué un pingüino habla?!—volvió a gritar Luan furiosa.

—¡Silencio!—ordenó el Profesor Thalemus al mismo tiempo que la Nave de la Imaginación volvían a parpadear las luces—Luan, no es un pingüino, es un alíen, hemos visto cosas más raras.—dijo primero mostrando dos dedos para indicar que bajara el volumen—Y señor Frobisher, alíen o no, está atrapado con nosotros mientras buscamos al Doctor y su compañera.

El pingüino definitivamente no entendió aquello, así que el Profesor Thalemus se tomó la molestia de explicar paso a paso toda la desventura que sufrieron en el anterior universo que visitaron, donde el señor de las palabras casi logra matarlos a todos.

—¿Un señor de las palabras? ¿En la Tierra?—dijo Frobisher negando—Sería muy raro…

—El punto es que lo derrotamos, pero no la Tierra en donde estábamos no era el planeta Tierra de tu universo, sino de un universo paralelo.—explicó con simpleza el Profesor.

—Pero entre universos hay un vacío de tiempo y espacio, literalmente no se puede cruzar…—dijo Frobisher comenzando a abrir los ojos—A menos claro, que… Pero dices que solo son humanos, no son tan listos.

—¡Cuida tu boca!—le dijo Luan ofendida.

—Pico, aunque puedo transformarlo en boca si prefieren.—dijo al mismo tiempo que su pico se deformaba y se convertían en unos labios naranjas que estaban pegados a la cabeza del pingüino—¿Mejor?

Tanto el Profesor como Luan abrieron los ojos de sobremanera y dieron un par de pasos hacia atrás hasta que el pingüino volvió a transformar sus labios en un pico de ave. Fue el turno de Frobisher de explicar que él era el compañero del Doctor, viajaban tanto él como una señorita, así como el mismísimo Doctor.

—¿La señorita Donna?

—¿Quién es ella? Yo hablo de Peri Brown.—dijo Frobisher como si fuera casi un insulto el nombre que sugirió Luan—Aunque conociendo como son los viajes en el tiempo, es hasta probable que me tocara la regeneración equivocada.—dijo dándose golpes en la cabeza.

La conversación iba transformándose en una cada vez más amena a medida que tanto el Profesor Thalemus como Luan se iban acostumbrando a la figura del pingüino parlante. Pero una luz roja se encendió en los mandos de control al centro de la habitación. Los tres personajes corrieron hacia la escena para ver de qué podía tratar aquello.

Vieron por una pantalla holográfica la entrada del Museo de Historia de Royal Woods, todos teniendo diferentes pensamientos:

—Oh no, ¿Un museo? Es el PEOR lugar para estar, no puedes reírte en voz alta.—dijo Luan negando decepcionada.

—Me gustan los museos, sobretodo transformarme en esqueletos de dinosaurios para fingir que estamos peleando.—comenzó a reír Frobisher.

—Ahí dentro está el Doctor.—dijo con simpleza el Profesor Thalemus al mismo tiempo que comenzaba a teclear algo en su pantalla, comenzando a leer huellas de calor en el interior.

Aun había bastante gente en el museo, pero desde una habitación en la parte trasera se comenzó a notar una fuente especialmente grande de calor.

—Son partículas de la Tardis, la Nave de la Imaginación debió de detectarlas en esta dimensión, vaya, no fue tan difícil volver a encontrar al Doctor.—dijo con simpleza el Profesor Thalemus.

—¿Por qué siempre dice eso?—dijo Luan molesta—La última vez que dijo que no iba a ser tan difícil, casi morimos quemados en una alcantarilla.

—Estaba todo controlado.—dijo el Profesor Thalemus con simpleza—Ya casi es hora de empezar a grabar el programa, ¿Te importaría ir Luan?—dijo con simpleza.

—¡No! ¿Y si es peligroso?—dijo Luan aun recordando la última dimensión a la que fue—¿Por qué no vamos los dos?

—Sabes que tengo que cumplir con una agenda televisiva.—le recordó el Profesor—Además, es el Doctor, esa firma de calor son partículas temporales, misma sustancia que tiene Frobisher, y que por eso la nave estuvo sufriendo tantos desvaríos.—dijo el Profesor Thalemus con simpleza tomando una zanahoria de su bolsillo—¿Te sentirías mejor si Zanahoria Loud te acompañase?

—Estoy grandecita para eso.—dijo Luan sonriendo ante el peluche de zanahoria con hojas blancas y pecas al lado de sus dientes de conejo—De acuerdo, usted gana.

Luan tomó a la zanahoria de peluche y la guardó en una pequeña bolsa que llevaba colgando de la cintura.

—Por cierto, llévate a Frobisher.—dijo el Profesor Thalemus al ver al pingüino confundido—Lo presentaremos en el programa la semana que viene, debo hablar con los ejecutivos.

—De acuerdo, nos veremos en una hora Profesor.—dijo Luan confiada.

—En una hora.—respondió el Profesor Thalemus sonriendo.

—¿A dónde me llevas?—dijo Frobisher sin entender—¿Y por qué no tengo un buen presentimiento?

Mientras toda esta escena se desarrollaba en la máquina de la imaginación, dentro del museo se encontraba Leni viendo los huesos de un Tiranosaurio Rex al mismo tiempo que marcaba al teléfono de la señorita Smith. Pero perdió la señal antes del primer pitido.

—Vaya, si que deben mejorar la recepción.—dijo Leni decepcionada al ver su celular muerto.

—Literalmente fue lo primero que pensé.—dijo su hermana Lori—Pero no, ahora tenemos que terminar el recorrido antes de que cierren.

—¿Por qué? ¿Qué pasa si cierran?—dijo Leni llevándose una mano a la boca.

—¿No lo sabes?—se acercó su hermana Luna comenzando a reír.

—Hasta yo lo sé y no soy supersticiosa.—comenzó a reírse su hermana menor Lisa—Vamos Leni, las constantes desapariciones alrededor del museo.—dijo Lisa.

Al momento que ella dijo eso todas las hermanas Loud, antes diseminadas, se juntaron en un pequeño espacio para oír la versión completa:

—No es tan interesante, simplemente mucha gente que desapareció sin dejar rastro.—dijo Lisa acomodando sus lentes.

—Lo estás haciendo ver más interesante.—le reclamó Lola.

—Sí, Lisa, vamos cuéntanos más.—comenzó a saltar Lynn emocionada.

—No hay mucho que contar, sobre todo jóvenes entre los quince y treinta años que intentaron colarse al museo con fines lucrativos o de una índole inapropiada para mencionarlo frente a las menores.—dijo entrecerrando los ojos.

—Lisa, literalmente eres la menor, sin contar a Lily.—dijo Lori negando con su cabeza—Aunque sí he escuchado historias, ¿Recuerdan a mi amiga Carol?

—¿Carol Pingrey?—preguntó Luna—Era linda, pero ¿No se mudó?

—Eso es lo que sus padres hicieron, ella desapareció cuando vino aquí a besuquearse con…—comenzó el chisme Lori riendo.

—¿Enserio desapareció?—preguntó Leni asustada—Era una buena chica.

—Estoy segura que ella y su novio escaparon para ir a un motel y muah muah mauh.—dijo Luan al mismo tiempo que imitaba estar siendo abrazada y daba besos al aire.

—¡Asco!—dijo Lana cerrando sus oídos.

—También se perdió una chica llamada Heidi Chandler, el año pasado.—dijo Lola comenzando su propia versión—Ella era una… Persona no agradable, que vino a este museo con sus amigas una noche como parte de una apuesta y nunca volvieron a verlas.

—¿Una de sus amigas no es Verónica McNamara? Porque estoy segura que es mi compañera de equipo en el resumen de guerra civil.—la contradijo Lana mientras reía por lo exagerada que era Lola—Aunque es cierto, Chandler desapareció.

—Justo iba a decirlo de mi compañero.—dijo Lincoln—Creo que ambos hicieron esa apuesta.

—Mi amiga Haiku vino a una exposición de poemas y nunca volvieron a verla…—dijo entonces Lucy—Pero siempre pensé que era porque Haiku prefería escapar de su madre…

—Y Carol con su novio…—agregó Lori.

Todos se quedaron callados un momento para después comenzar a reír.

—¿Por qué es tan gracioso algo tan terrible?—dijo Leni sin entender.

—Todo es mentira Leni.—explicó Lincoln con paciencia—Chandler y su hermana se enfermaron de varicela.

—No podrá competir contra mí en semanas.—dijo complacida Lola.

—Estoy segura que Carol escapó con su novio, no es la primera vez que lo hace.—dijo Lori minimizando el daño.

—Y Haiku seguramente fue a ocultarse de su madre para preocuparla, supongo que consideró que no debía esperarme para hacer la broma.—dijo Lucy comenzando a reír.

—¿Entonces no era real todo eso?—dijo Leni comenzando a suspirar aliviada.

—Claro que no, bueno, excepto la historia de esta chica rubia…—comenzó a decir Luan al mismo tiempo que se interponía en el andar de su hermana mayor—La solían llamar Leni Loud…

—¡¿YO?!—gritó Leni al mismo tiempo que retrocedía.

—Oh cierto, ella…—dijo Lori fingiendo pésame—¿Alguno puede recordarla chicos?

—No mucho.—admitió Luna riendo—¿Era la que sabía dibujar o la que sabía coser?

—Estoy seguro que era la que dormía mucho.—agregó Lisa riendo por lo bajo.

—Ehhh, chicas ya no es divertido…—comenzó Lynn a mirar de uno a otro lado.

—¡Pero yo estoy aquí! ¡Chicas!—comenzó a saltar Leni asustada.

—Aun puedo oírla en el fondo.—dijo Lucy también riendo.

—Definitivamente ya no es tan divertido…—comenzó a decir Lola.

—Eso mismo iba a decir.—dijo Lincoln decidido.

—Oh vamos, ¿No es divertido recordar a una hermana desaparecida? El humor es lo mejor que existe Lincoln.—dijo Luan ignorando a Leni y viendo directamente a Lincoln.

La chica, a pesar de ser mayor comenzó a sentir algo en el pecho que ya no podía guardar, así que dio medía vuelta, y comenzó a correr mientras lágrimas caían de su rostro y dejaban un rastro.

—Oh bien hecho.—dijo Lincoln molesto—¿Eso es lo que querían?

Tanto Lynn como Lola voltearon a verse decididas y salieron disparadas en la dirección de Leni. Lincoln intentó seguirlas, no sin antes intentar hacer que Luan se sintiera mal por hacer llorar a Leni.

Aquel desastre provocó que muchas personas no prestaran atención cuando en medio de la sala una muchacha de dieciocho años de pelo castaño y un pingüino aparecieran desde el suelo.

—¿Qué fue eso?—dijo Frobisher asustado.

—Simplemente la…—comenzó Luan al mismo tiempo que miraba alrededor y se encontraba con los rostros de su familia entre la multitud—Demonios, Frobisher, tenemos que irnos de esta sala, no preguntes.

Pero antes de irse volvió la mirada una segunda vez, solo para encontrarse cara a cara con ella misma, otra vez, otra Luan de un universo paralelo, solo que aquella era una niña, no mayor de catorce años. En aquel momento la Luan viajera entre dimensiones intentó negar con la cabeza, pero solo logró hacerse más visible entre la multitud.

La Luan que iba de visita al museo se quedó mirando aquella escena, primero pasmada, para finalmente terminar cayendo de espaldas, desmayada.

—Vamos antes de que nos vean Frobisher.—lo tomó Luan de la aleta y juntos cruzaron por la habitación hasta llegar a otra, sin levantar muchas sospechas por todo el escándalo que las Loud estaban haciendo.

Antes de que los Loud pudieran saber que estaban pasando, ya había más de una docena de personas mirando a Luan desmayada, por ningún motivo aparente, al mismo tiempo que Lincoln comenzaba a sentirse mal por lo que le dijo. Fue entonces que entró una mujer con uniforme azul, con muchas canas, pero aun conservando mechones rubios.

—Todos, sepárense, dejen respirar a la niña.—dijo la mujer al mismo tiempo que se acercaba a la escena—Señora, usted también debe apartarse, puede ser peligroso para su hija.

—Luan, cariño…—comenzó la señora Loud—Vamos, vamos…

Rápidamente Lincoln le contó tanto a la señorita de seguridad, como a sus padres, lo que ocurrió, incluyendo en su versión que:

—La insulté y creo que por eso Luan se desmayó…—dijo llevándose una mano al brazo para comenzar a rascarse.

—¿Insultaste a tu hermana?—dijo el señor Loud molesto—Bueno, ella hizo llorar a Leni, pero…—se detuvo un segundo, era demasiada información por procesar—Decidiremos su castigo luego, ¿Puedo llevar a mi hija al…?—iba a comenzar el hombre.

—¿Hospital? Por supuesto.—dijo la guardia de seguridad—¿Pero no dijo que unas de sus hijas habían vuelto por los pasillos?—dijo la mujer con una sonrisa triste.

—¡Oh! Yo puedo ir.—dijo entonces Lana—Encontramos a Leni y vamos con ella a la casa, no está tan lejos.—dijo Lana emocionada.

—Preferiría si fuera Lori…—comenzó la señorita Loud.

—No, será mejor que entre Luna y yo carguemos a Luan, Leni estará bien mamá, además Lynn ya fue y es la que más peso soporta.—dijo rápidamente Lori analizando lo que se podía hacer—Vamos rápido.

Se decidió finalmente que Lana fuera a contarles a sus otras hermanas que iban a ir al hospital, en lo que encontraban a Leni, ella fue emocionada de vuelta para ir en la misión de búsqueda, cuando fue detenida por la guardia de seguridad. Los Loud ya estaban lejos, llevando a Luan entre brazos, pero Lana y la guardia de seguridad se habían quedado solas.

—Solo un segundo jovencita.—dijo tomándola del hombro y arrodillándose, a pesar de la edad—Cuídate, estoy segura que las encontrarás… Aunque tardes en lograrlo.—dijo cerrando los ojos como recordando algo.

—Por supuesto que las encontraré, el museo no es tan grande.—dijo Lana soltándose incomoda—¿Por qué no viene usted? ¿No es su trabajo cuidar a la gente?

—No tengo autoridad en temas del corazón.—dijo ella sonriendo para luego soltar una lágrima—Perdona, me recuerdan… A algo muy viejo…

—Sí, seguro…—dijo Lana ya molesta de esa actitud y dándole la espalda.

La guardia de seguridad la vio alejarse al mismo tiempo que se limpiaba el rostro y tomaba su teléfono celular:

—Está pasando de nuevo, señorita Smith.—dijo al mismo tiempo que iba a su oficina—¿Esta segura que no podemos evitarlo?

Hubo un grito desde el otro lado de la línea.

—Entendido, esperaré sus ordenes.—dijo la guardia de seguridad volviendo a su puesto y mirando las cámaras de seguridad con miedo.

Entre los pasillos del museo divagaban con la luz naranja del crepúsculo tanto Luan, como Frobisher, Lynn y Lola, Lana y finalmente Leni. De todas, Leni tenía los ojos entrecerrados por su llanto. Tanto así que no vio cuando se tropezó porque alguien puso el pie.

—¡Ahhh!—gritó Leni al mismo tiempo que comenzaba a rodar en el suelo.

Hubo un momento en el cual ella volteó para ver quién era el culpable, pero solo se encontró nuevamente la habitación de las estatuas renacentistas, curiosamente notó la del Ángel Llorón, la cual seguía en la misma posición, pero Leni notó algo… Ella se había tropezado con un pie, pero detrás suya no había nada parecido a un pie, era tan raro que volteó un segundo al suelo para asegurarse de que no perdía rastro… Escuchó algo. Volvió a mirar arriba.

Ahí estaba el rostro, inexpresivo como la piedra, mirándola directamente a los ojos, con su vestido detallado movido como si el viento lo hubiera afectado y sus alas en otra posición. A mitad del pasillo, apuntando con una de sus manos hacia Leni en el suelo. Ella entonces negó con la cabeza, aquello era una estatua, no un ser vivo, claramente estaba hecha de piedra, no podía moverse… Y sin embargo estaba ahí, a mitad de pasillo del museo.

Aquello no podía ser real. Leni se talló los ojos un segundo, volvió a escuchar ruido al mismo tiempo que ella comenzaba a arrastrarse instintivamente de espaldas. Al abrir los ojos se encontró con la estatua, que no debería poder moverse, más cerca de ella y con ambos brazos apuntando ahora en su dirección, pero el rostro, dejó de ser inexpresivo. Y Leni deseó jamás haber visto rostro tan horrible en toda su vida, sus dientes afilados sobresalían de su mandíbula.

Lo que antes habían sido unos ojos inexpresivos, ahora estaban casi entrecerrados concentrados en una presa ficticia al mismo tiempo que su nariz y barbilla se alargaban, como si estuviera abriendo mucho la boca para tragar algo grande. Sus manos, antes talladas con mármol frágil y redondeado, se habían transformado en unas garras terribles que podían pasar como cuchillas, a pesar de ser hechas de piedra. Sus cabellos antes lisos parecían rizados, como si algo lo hubiera emocionado de sobre manera.

Leni entonces gritó mientras volvía hacia atrás y abría demasiado los ojos, con mucho miedo de lo que podía pasar, en su camino dobló mal el brazo y cayó de lado, perdiendo solo durante un momento la vista a la estatua, cuando abrió los ojos se encontró con las manos del ángel a menos de un metro de distancia, comenzó a hiperventilar al mismo tiempo que negaba con la cabeza y lágrimas involuntarias escapaban de sus ojos.

Tuvo que cerrar los ojos una milésima de segundo para que sus lágrimas no le afectaran la vista, la estatua a medio metro se había agachado e intentaba acercarse con sus entumecidas manos de piedra y sus ojos, esos ojos llenos de arrugas por culpa de que su boca estaba totalmente abierta, casi se podía ver como el artista se había tomado la molestia de dibujar dentro de la boca un rastro de saliva, sutil detalle que parecía incrementar cada que Leni seguía atrapada en esa pesadilla.

Sus gritos ya eran inhumanos, pero nadie parecía llegar, era como si en esa sala todo el eco hubiese desaparecido. Leni parpadeó sin moverse, pero esta vez la figura del Ángel permaneció quieta, solo que sonrió. Aquella cosa sabía que estaba a punto de ganar.

Leni dejó de gritar y miró a los ojos de la estatua, solo para sentir un miedo tan horrible que le hacían querer correr, pero sabía que, si le daba la espalda, esa cosa la iba a alcanzar, era como estar frente a un león disfrazado de tortuga, no importa cuán convincente sea el disfrazas, el león saltará sobre su presa.

—Por favor…—dijo con un hilo de voz arrastrándose de espalda y chocando contra una puerta, quien sea, por favor…—dijo al borde de las lágrimas—Lo siento…

Cerró los ojos al mismo tiempo que sentía caer hacia atrás y se golpeaba fuertemente la espalda. Al abrir los ojos nuevamente se encontró con su hermana Luan mirándola detenidamente al mismo tiempo que un pingüino parlante comenzaba a saltar de miedo al ver en dirección a los pies de Leni. Para la sorpresa de ella, el monstruoso Ángel Llorón, había intentado saltar sobre ella y se encontraba prácticamente pegado sobre su cuerpo de la cintura para abajo, pero aún no la había tocado.

—Luan, perdóname, perdóname, yo…—decía entre llantos.

—¡Cierra la puerta, niña tonta!—gritó Frobisher tomando a Leni, sin dejar de ver la estatua y cerrándola de golpe—¡Traigan algo para bloquearla!

Al principió Luan iba a preguntar intrigada porqué, pero repentinamente la madera fue empujada fuertemente, y de no ser por Frobisher, la puerta hubiera sido derrumbada. Sin entender qué pasaba, pero sabiendo que no le quedaba tiempo Luan tomó una lanza prehistórica y la colocó entre las agarraderas de la puerta de exhibición. Lo cual, si bien detuvo a las puertas de abrirse, dejó entrever que aquella estatua de piedra terrorífica que antes había estado encima de Leni, había sido la responsable de golpear la puerta con tanta fuerza como para que casi hacer saltar los sujetadores reforzados.

—¡¿Qué están haciendo ustedes dos?! ¡Corran!—gritó Frobisher tomando a Luan y a Leni para llevárselas de las aletas.

La noche finalmente había llegado al museo. Y la guardia de seguridad mayor de edad cerró ventanas y puertas con rejas mientras miraba una fotografía vieja con nostalgia. Escuchó un coche llegar, sabiendo que la señorita Smith había llegado, era entonces o nunca.

Y finalmente, desde la nave de la Imaginación el Profesor Thalemus terminaba su programa de televisión interdimensional felicitando a los niños que participaban en un concurso de ajedrez y dando fuertes aplausos a los padres que daban leche a sus hijos constantemente.

Terminó la transmisión sonriendo, solo cuarenta minutos, en menos de veinte volvería a ver a su queridísima Luan, tanto como al Doctor y Donna, y podría regresarlos a su universo de origen, aunque claro, ¿Qué le aseguraba que haciendo eso no todo iba a salir mal de nuevo? Para su sorpresa, se encontró con el Doctor en una pantalla.

—Hola amigo, ¿Ya llegó mi asistente con usted?—dijo el Profesor con calma.

—Profesor, Profesor, ¿Me escuchá?—dijo el Doctor golpeando la cámara.

—Fuerte y claro Doctor.—dijo el Profesor sonriendo—¿Y dónde está Luan?

—¿Luan? Es lo mismo que me pregunto, ¿Dónde están ustedes dos? He rastreado sus huellas en toda la línea temporal de este universo extraño, ustedes no existen en ningún lugar del espacio, en ningún punto del tiempo…—dijo el Doctor—Pero por algún motivo, parte de mi Tardis quedó en su Nave de la Imaginación.—dijo el Doctor llevándose una mano al mentón—¿Podrá ser que estén comunicados los motores?

—Son máquinas, no personas.—dijo el Profesor sonriendo—Aunque un momento, entonces, si usted no está en la misma dirección donde seguimos su rastro… ¿A quién están viendo Luan y Frobisher?

—¿Frobisher? ¿El pingüino? ¡¿Cómo está con ustedes?!

—Eso querría saber.—dijo el Profesor Thalemus forzado—Cuando ustedes desaparecieron, él apareció dentro de la Tardis.—explicó el Profesor.

—Oh no…—dijo el Doctor negando con la cabeza—No, no, no…

—¿No? ¿No? ¿No?—dijo sin entender el Profesor.

—¿No lo ve Profesor?—dijo entonces el Doctor—Lo que sea que ocasionase que mi Tardis y su nave de la imaginación fueran separadas, debió quedarse con parte de mi pasado…

—No logro entenderlo…—dijo el Profesor arqueando mucho la ceja.

—Cuando intentamos separarnos, los circuitos de su nave y la mía terminaron expulsándonos en el tiempo y entre dimensiones, provocando que… Partes de mi pasado estén dispersas por el multiverso… Como Frobisher, hace siglos que no escucho ese nombre.—dijo el Doctor desde la pantalla llevándose una mano a la cabeza.

—De acuerdo, eso es fácil de entender.—dijo el Profesor Thalemus con calma—Pero si usted y yo no estamos en la misma dimensión, ¡¿CON QUIÉN ESTÁ LUAN?!

—Algo de mi pasado…—dijo el Doctor—¿En dónde aparecieron?

—Cerca de un museo.—contestó el Profesor—Tienen pinturas, esqueletos, maquetas, estatuas…

—¿Estatuas?—dijo preocupado el Doctor—Por favor dígame que ninguna llamada como Ángel Llorón…—dijo el Doctor con los ojos abiertos.

—Solo una.—dijo el Profesor Thalemus sin entender al ver la imagen de la estatua en una fotografía de internet de la página de Royal Woods—¿Qué sucede?

—El Ángel Llorón es una estatua que te mata cuando no ves…—dijo entonces el Doctor al mismo tiempo que su transmisión comenzaba a volverse borrosa.

—¿Cómo? Es solo una estatua.—intentó ignorar los problemas el Profesor.

—Una estatua que te mata cuando cierras los ojos.—dijo el Doctor molesto—¡¿Eso significa que más de mis enemigos están esparcidos por el multiverso?! Mi cabeza…

—Está bien Doctor, Luan podrá proteger a…—iba a intentar decir el Profesor, pero fue interrumpido.

—¡No! ¡No está bien! ¡Escúchame Profesor! ¡Tienes que sacarlos de ahí, no pueden pelear contra los ángeles!—gritó el Doctor asustado desde la pantalla mientras grandes rayas negras comenzaban a cortar la transmisión—Son rápidos, más rápidos que un humano. No les den la espalda, no aparten la mirada y nunca parpadeen… Rescátalos…

La transmisión fue perdida.

Continuara…

Na.— Vuelvo, tenía muchas ganas de escribir esta historia, si les aburre tanta explicación, tranquilos, ya explique todo el contexto de quién es Frobisher y sobre el problema que tendrá que resolver el Profesor Thalemus, ahora que los enemigos del Doctor Who están repartidos por el multiverso… Y sip, el primer enemigo son los ángeles. Esta historia deberían ser 3 partes, y créanme, lo bueno se viene.