Dimensional Loud: Llanto en el museo
Parte III
En el ducto de ventilación Leni lideraba al grupo moviéndose a muy duras penas debido a que su cuerpo era bastante grande para estar ahí dentro, la seguía una Lynn demasiado ansiosa que empujaba a Leni para que esta se apresurara. Detrás de la deportista iba Lola, quien estaba hiperventilando y limpiando sus lágrimas susurraba una y otra vez el nombre de su hermana desaparecida. Para cerrar la fila se encontraban tanto Luan como un Frobisher transformado en un pingüino miniatura que se colgaba del hombro, aun así, con sus pequeños ojos abiertos.
Terminaron su recorrido cuando encontraron el final del camino, Leni intentó abrir la rendija, pero no pudo, Lynn rápidamente pasó al lado de ella y de una patada mandó a volar aquella rejilla. Ahora estaban en el segundo piso del museo, la sección de nativos americanos.
—¿No es un poco racista que aun existan nativos americanos con labios grandes?—preguntó Luan incomoda por la exhibición.
—Creo que tenemos problemas más grandes que una mala interpretación de la historia Luan.—dijo el pingüino sin apartar las miradas de la tubería.
—No puedo evitar bromear cuando estoy nerviosa…—dijo Luan intentando contener unas risas desesperadas.
—¡Mi hermana acaba de desaparecer!—gritó Lynn molesta.
Tomó a esa Luan, que le sacaba casi 20 centímetros por el cuello de su camiseta y la alzó en el aire.
—Todas mis hermanas murieron de dónde vengo.—dijo con simpleza Luan sabiendo que eso es lo que siempre calmaba a Lynn.
Tal cual había pasado incontables veces en el pasado Lynn la soltó, volteando a otro lado y llevando ambas manos a su cabeza. Luan entonces se permitió soltar una sonrisa leve con ambas cejas separadas, para ellas perder a una hermana era un sentimiento nuevo, aunque para ella era algo de una y otra vez a lo largo de las diferentes dimensiones solo era una Lana más entre infinitas.
Miró a su alrededor y vio las exhibiciones del museo, de donde ella venía Royal Woods nunca tuvo un museo, pero ahí estaban, diferentes murales con grotescas figuras retrogradas.
—¿Desde cuándo se fundó este museo?—dijo Luan sin entender.
Escucharon más truenos desde la parte de fuera, mientras se oía el metal golpeándose en distintas partes de la habitación.
—Nos está acechando.—dijo rápidamente Frobisher con sus pequeñas patas temblando.
—Cuando el Profesor llegue, nos salvara, no se preocupen, el Profesor ha podido con cosas peores…—dijo Luan sin saber si era humanamente posible hacer algo.
Todos los presentes pegaron espaldas para evitar que el ángel las tomase, Leni y Lola tenían los ojos llorosos, pero el miedo en aquel momento era demasiado poderoso como para sentir algo más.
—Ahí están.—se escuchó una voz femenina salir desde la puerta del pasillo—Vengan conmigo si quieren vivir.
—¿Señorita Smith?—dijo Leni rompiendo la formación y corriendo desesperada.
—¡Leni!—gritó Lynn siendo la segunda en romper la formación.
—¡No podemos quedarnos aquí! ¡Corre!—continuó Frobisher viendo hacia todos los lados mientras tomaba de la mano a Luan.
Luan llevaba de la mano a Lola. Un nuevo relámpago alumbró la habitación provocando que en medio del camino de los tres la figura del Ángel llorando se interpusiera entre ellos y la salida.
—¡Rayos!—dijo Luan intentando no cerrar los ojos al frenar tan bruscamente.
Los tres se quedaron viendo aquella imponente figura, sabiendo que el más mínimo error podía ser el final.
—Calle Mapple, la huérfana Smith, no dolerá, lo prometo.—dijo la voz femenina desde la puerta.
Tanto Luan como Frobisher no dejaron de ver al Ángel Llorón, pero Lola lo perdió de vista un segundo para ver la silueta de aquella tal señorita Smith, sintiendo algo latiendo muy fuerte dentro de ella. Leni desde la puerta hacía amanes para volver, pero era detenida por Lynn y la guardia de seguridad.
Tenían que rodear al Ángel, no había otra opción razonable, pero sabían al mismo tiempo que como otro relámpago cayese, ellos estaban acabados.
—Caminen lentamente para rodearlo.—sugirió Frobisher apretando más fuertemente la mano de Luan con su aleta—No parpadeen.
Los ojos de Luan comenzaron a arder, pero luchaba contra la tentación sabiendo que de hacerlo todo podía terminar antes de darse cuenta, sus viajes con el Profesor Thalemus, el legado de ser la única persona viva de su universo, proteger a sus hermanas cada que pudiese. Respiró hondo y comenzó a caminar al mismo ritmo que Frobisher mientras sus ojos comenzaban a irritarle, ella luchaba contra su instinto.
Un nuevo relámpago cegó a todos un segundo, el suficiente tiempo para que la figura del Ángel casi los alcanzase y se quedara completamente inmóvil frente a ellos con una mirada demoniaca y vacía, unas garras de arpía listas para atrapar y colmillos en lugar de dientes.
—¡Sigan!—gritó la voz femenina con la puerta a medio cerrar.
Frobisher comenzó a correr con dos de sus ojos siempre abiertos, Luan hizo lo mismo y Lola no pudo evitar cerrar la mirada por una lágrima que luchaba por salir, esa cosa había desaparecido a Lana… Si ella era capaz de extender su mano entonces…
Cuando llegaron al borde de la puerta Luan notó como Lola tropezó por estirarse en dirección de la estatua, despegó la vista del Ángel y se agachó para ayudarla.
—¿Qué haces?—gritó Frobisher volteando un segundo a ver a Luan antes de que un nuevo relámpago se escuchase.
La sala se iluminó en su totalidad, Lola vio un gran destello de luz blanca rodeándola antes de finalmente poder mirar a su alrededor, estaba oscuro, pero las viejas exhibiciones detrás de ella ya no estaban, solo había a su alrededor un edificio vacío con algunas paredes sin terminar.
Ella volteó a todos lados, intentando encontrar a Luan, el pingüino o incluso el Ángel Llorón, pero no encontró nada.
—¡Hey mocosa! ¡Es una zona de construcción, no un parque!—le gritó un hombre grande y musculoso con un casco en su cabeza—¿Niña?
Lola volteó atrás de ella, esperando encontrar alguna pista de qué había pasado, las palabras Mapple Street y huérfana Smith resonaron en su cabeza.
Treinta y cinco años en el futuro Luan levantó la mirada donde antes había estado Lola, encontrándose con la figura de aquel espantoso ser, mirando directamente a ella, relamiendo con una lengua alargada sus labios. La chica no pudo evitar caer en lágrimas mientras era arrastrada por las aletas del pingüino hasta que la puerta fue cerrada.
Un metal corredizo se bajó y aunque el ángel intentó golpear la puerta no tuvo éxito al abrirla. Luan limpiaba sus lágrimas porque Lola estuvo en sus manos y pudo sentirla desaparecer de la existencia. Frobisher regresaba a su forma original de un pingüino normal tras que la puerta fue bloqueada y Lynn se acercaba a ellos.
—Lola…
—No pude hacer nada para evitarlo.—dijo Luan esperando el puñetazo.
—No hubieras podido hacer nada.—dijo la mujer que los había salvado—No puedes cambiar el flujo de la historia, lo aprendimos a la mala.
—¿Quién eres?—dijo Lynn molesta intentando lanzarle un golpe a esa mujer, siendo detenida en su espalda por otra señora mayor de edad que la agarró de los brazos.
La señora frente a ellos era una mujer, tal vez en sus cincuenta y poco usando lentes, falda y un suéter rosado largo que miraba con añoranza aquella puerta.
—¿No me reconoces Lynn?—dijo la mujer levantando mucho la ceja.
—Ella no la conoce señorita Smith.—dijo Leni mirando fijamente a la puerta, sin una emoción perceptible—Ella es mi maestra de historia, sabe bastante sobre Royal Woods.
—Oh, soy mucho más que eso.—dijo la mujer sonriendo y ayudando a Luan a levantarse.
La otra mujer que había sujetado a Lynn la soltó y mostró su placa, demostrando que era la guardia de seguridad del museo que llevaba encima del traje azul. Tambien era rubia, pero se veía bastante mayor que su compañera.
—¿Quiénes son ustedes?—preguntó Luan cautelosa.
—¡Regrésenme a Lola y Lana!—gritó Lynn poniéndose de rodillas, inmediatamente comenzó a golpear el suelo.
Pero cuando Luan volteó a ver a Leni, se encontró con que la chica se encontraba perdida, sus ojos divagaban de un lado a otro, buscando algún elemento irreal que la despertase de esa pesadilla. La puerta del Ángel volvió a sacudirse violentamente y todas decidieron alejarse de aquel lugar.
—Vigilen la ventilación.—dijo entonces Luan quien apoyaba a Leni a caminar.
—No te pasará nada.—dijo la guardia de seguridad mirando con un espejo antes de doblar una esquina—Está bien, la pesadilla está a punto de acabar, todas podremos ir a casa.
—¡Digan quienes son!—gritó Lynn enfurecida, pero manteniendo sus distancias.
—Las salvamos del Ángel.—dijo la señorita Smith sonriendo—No te preocupes, lo entenderás, pero es que no podemos cambiar el pasado.
Entraron en un corredor de distintas pinturas artísticas, en el cual había figuras de ambos lados de la pared, hasta que la guardia de seguridad presionó uno de los cuadros, provocando que la pintura de cuerpo completo más cercana activara una cerradura y se abriera unas escaleras en caracol estrechas.
—¿A dónde nos llevan?—preguntó Luan.
—Soy una maestra de historia, los llevo a ver historia.—dijo con simpleza la señorita Smith caminando cuesta abajo con una linterna que apenas alumbraba los escalones de enfrente.
Todas se sumergieron en la oscuridad antes de que la pintura volviera a sellarse, esta vez una figura humanoide terminó en el final del pasillo, sin poder ver aquellas personas bajando.
El Profesor Thalemus se encontraba nervioso, mirando en todas direcciones, incluida unos espejos especiales que tenía en sus lentes para cubrir sus espaldas, de igual manera era preocupante porque el Doctor había insistido que los Ángeles Llorones eran unas criaturas extremadamente veloces, pero no se había encontrado con ninguno, lo único que se escuchaban eran los constantes bramidos de la tormenta externa con varios relámpagos azotando a una distancia lo suficientemente cercana como para que alumbraran totalmente zonas oscuras.
Escuchó algo moverse por las paredes con un sonido metálico, y entonces lo supo, Luan no se encontraba entre los pasillos, claro que no, ella era una chica lista, sabría reconocer una amenaza, iría por los ductos de ventilación.
—Luan, Luan.—dijo el Profesor acercándose a una pared y golpeando con el puño para que lo escucharan en unos ductos, efectivamente dejaron de oírse ruidos desde el interior—Luan, estoy aquí, soy yo, sé que estás asustada por el Ángel Llorón, lo sé todo, por favor sal y…—intentó pensar en palabras para convencerla, pero le sorprendió escuchar que Luan continuó andando por los ductos de ventilación a alta velocidad—¡Luan!
El Profesor cerró la boca cuando escuchó dentro de los ductos de ventilación como lo que estuviera ahí dentro raptaba con facilidad hasta el techo y comenzaba a golpear con violencia distintas partes de los ductos, aquello no era Luan.
—Si el efecto Doppler no me falla, puede alcanzar el kilómetro por segundo de proponérselo, pero está encerrado.—susurró mientras se alejaba en silencio hacia la parte baja del museo.
En la sala donde se encontraban Luan y Frobisher se encendió una lámpara que iluminaba una mesa humilde con varias carpetas abiertas y llenas de anotaciones, había un calendario con el día presenta marcado con recordatorios y una hora específica.
—¿Qué es todo esto?—preguntó Lynn tentada a destrozar todo—¿Cuándo recuperaré a mis hermanas?
—Nunca.—dijo con simpleza Frobisher.
Fue la primera vez que Lynn veía directamente a ese pingüino parlante de una manera que no fuera extrañada, la mirada de odio era tal que podía matar al contacto, el propio Frobisher cambió de colores debido al miedo, adoptando tonos rojos, azules y morados en toda su piel, hasta volver a detenerse en el clásico negro y blanco de los pingüinos.
—Lo que Frobisher dice es que ellas se fueron Lynn, lo siento.—dijo Luan bastante triste.
—¡Ellas no murieron!—gritó Lynn golpeando una de las paredes, lastimando su mano, pero ni se inmutó.
—En eso tienes razón.—dijo la señorita Smith—Hemos investigado a los Ángeles durante años, no matan, solo te envían al pasado.
—Ya lo dijo el pingüino parlante.—dijo Lynn molesta.
—Bueno, pero él seguramente no les dijo que la gente en el pasado vuelve a hacer su vida.—añadió la guardia de seguridad provocando que tanto Lynn como Leni voltearan a ver a ambas.
—No…—dijo Leni negando fuertemente—Señorita Smith, pero… Y aunque… Tendría sentido pero como que…
—¡Leni!—dijo alegre la señorita Smith abrazándola—Soy yo, Lola…
—¿Qué?—se quedó sin palabras Lynn antes de ser abrazada por la guardia de seguridad.
—Lana Loud a su servicio.—dijo la mujer con una voz cansada.
Tanto Lynn como Leni abrieron los ojos de par en par mientras intentaban alejarse de los abrazos, esas dos extrañas, decían ser sus tiernas hermanas de seis años que acababan de desaparecer.
Luan se permitió abrir los ojos de par en par, no era normal aquella situación para ella, y eso que viajaba entre universos paralelos. Era tan extraño ver a sus hermanas envejecidas, ciertamente el viaje entre universos por algún motivo prefería a los Loud como versiones jóvenes de sí mismos, y raras veces encontraba versiones crecidas de sus hermanas, mucho más extraño era ver alguien tan mayor como esas dos.
—¿Ustedes sabían que esto iba a pasar?—preguntó entonces Frobisher—Eso explicaría porqué sabían dónde estaríamos en el pasado.
—Sí.—dijo la señorita Smith dejando de abrazar a Leni y moviéndose hacia las carpetas.
—¡Ustedes pudieron evitar que atraparan a mis hermanas!—gritó Lynn molesta al entender aquello.
—No realmente.—dijo rápidamente Lola sabiendo a donde llevaba todo aquello—No es tan sencillo.
—Ella dice la verdad, crearía una paradoja temporal.—dijo Frobisher como si fuera lo más natural, todas se le quedaron viendo—Digo, si evitas que el Ángel te atrape, entonces nunca fuiste al pasado y nunca pudiste salvarte de ser atrapada.
—Ese robot sabe demasiado.—dijo la guardia apuntando con su linterna, aún incomoda del animal parlante.
—Momento, si ustedes dos están aquí, eso significa que solamente las atrapó a ustedes.—dijo rápidamente Luan contenta—Digo, mal por las dos, enserio, pero se acabó, ¿No es así? ¿Todo acabó bien?
Fue entonces que ambas señoras voltearon a verse consternadas, no necesitaron palabras para comunicar a Luan que todo estaba bastante lejos de acabar, pero igualmente Lana dio un paso al frente tomando su gorra policial para ponerla entre sus manos.
—Ninguna de nosotras se salvó esta noche.—dijo Lana como si estuviera condenando a alguien de muerte.
—Pero… El Profesor, yo…—dijo Luan con su corazón latiendo en un puño.
—No hablo de ti.—dijo Lana viendo directamente hacia sus hermanas.
—¡¿Qué?!—gritó Lynn sin entender, casi se podía sentir como su cabeza echaba humo mientras intentaba entender toda la situación—No lo entiendo.
—Leni, Lynn lo siento mucho, mucho, mucho.—dijo la señorita Lola tomando un pañuelo en el escritorio, sabiendo que tenía que dar las noticias.
Sin saber que el Ángel seguía moviéndose cada vez más cerca de los ductos de ventilación, arrastrándose entre aquellos estrechos lugares mientras no tenía una forma física.
La tormenta volvió a soltar otro relámpago provocando que la luz en el hospital se atenuara, Lincoln le dio miedo, no quería imaginarse lo terrible que podía ser un hospital sin electricidad. Hubo varios gritos de protesta, pero aquella mujer seguía mirando al techo como si hubiese hecho el descubrimiento más importante del siglo ahí mismo. Ni siquiera notó su presencia, pero aun así ella sabía su nombre.
—Soy Lincoln.—dijo el chico tartamudeando demasiado.
—Lo sé.—contestó la mujer mayor—Nunca fuiste tan bueno para pasar desapercibido como Lucy.
Ahí estaba nuevamente, una mujer anciana sabiendo acerca de él y su familia sin razón aparente, un escalofrío recorrió su espalda.
—¿Cómo sabe de nosotros?—preguntó Lincoln desconcertado.
—El Ángel Llorón, me atrapó…—sin dejar de voltear al techo lágrimas recorrieron por su rostro, la anciana intentó mover su mano, pero una correa le impidió—No pude cambiar la historia, no pude salvarlas, no pude…
Tomó la mano de Lincoln y lanzó un grito al mismo tiempo que otro relámpago entraba por la ventana.
—¡Me niego a que esa cosa me toque!—gritó Lynn—No puedes obligarme.
El grito de Lincoln llamó la atención de todas sus hermanas que rápidamente llegaron para ver como la anciana enloquecida intentaba apuñalar a Lincoln con la intravenosa que se había arrancado de golpe.
—¡Tienen que llevarme al museo! ¡Debo salvarlas!
En la sala con las gemelas de edades distintas la señorita Smith tomó una carta y se la mostró a Leni, la chica leyó en voz alta:
—Queridas Lana y Lola, como que aún me cuesta trabajo entender lo que pasó esa noche, solo sé que la señorita Smith me dijo que les enviara al doscientos de la calle Mapple esta carta en el año 1978, me duele mucho saber que no estaré viva para verlas crecer, el herrero del pueblo me dijo que el año es 1890 y creo que el pingüino gracioso dijo que no había manera de volver…
Leni se detuvo llevándose una mano a la boca mientras temblaba de pies a cabeza, Luan quiso que se detuviera, pero Leni continuó aun con la voz cortada.
—Perdónenme por no haber sido valiente, pero prometo que haré todo lo posible para asegurarme que sepan esto, las quiero mucho, hermanitas, y siempre las querré. Me aseguraré de que el museo se construya, pero quiero que una vez nos atrape a todas, ustedes lo destruyan junto al Ángel que nos separó, sé que ustedes, Luan y el pingüinito gracioso sabrán cómo hacerlo, no dejen que nadie más salga lastimado. Suya por siempre, Leni Loud.
Las lágrimas caían por el rostro de la chica, viendo como el pasado gritaba en todo momento que ella debía estar ahí, su destino era morir intentando fundar el museo que el ángel usaría para llevarla al pasado.
—¡NO!—dijo Leni asustada.
—Lo siento.—fue lo único que pudo decir la señorita Smith—Lo siento tanto Leni, no pude resistirme, cuando te vi entrar al salón de clases por primera vez, no pude evitar hablar contigo, conocerte y ayudarte, porque en el fondo sabía que ibas a ocupar mucha ayuda.
—¡¿Están locas?! ¡¿Acaso creen que nos dejaremos atrapar?!—gritó entonces Lynn tomando a Leni del brazo y alejándola de las gemelas.
—Tienen que, plante dinamita por todos los cimientos, una vez los atrape, haré volar todo y el Angel Llorón dejará de existir.—dijo Lana molesta.
—¡Si puedes matarlo en cualquier momento haslo!—le exigió Lynn.
—Si lo hago, cosas horribles pasarán.—dijo la guardia de seguridad.
—¡¿Cómo qué?!—quiso saber indignada Lynn.
—A ti te regresó a los años cuarenta, en este momento tienes 90 años y estás hospitalizada porque no parabas de meterte con la línea del tiempo.—dijo severa la señorita Smith—Cada que lo hacías creabas una paradoja que te lanzaba volando a otra dirección y hacía que perdieras tu cordura, intentamos detenerte cuando interviniste que quiso atrapar a esa chica Carol y novio, o a esa niña Haiku y los hermanos Chandler, pero cuando visitabas nuestra vieja casa lo intentaste tantas veces hablar con ellos para que no vinieran al museo que perdiste todo rastro de quien eras.
—Nunca aceptaste que podías vivir en el pasado, a diferencia de nosotras y de Leni…—dijo rendida la guardia de seguridad.
—¡Claro que jamás lo aceptaré! ¡¿Cómo pueden rendirse?! ¡Ustedes no son las gemelas que yo quiero! ¡Yo protegeré a mi familia y no me importan sus paradojas y cosas temporales!
Dicho esto, Lynn tomó de la mano a una aterrorizada Leni y salió corriendo hacia la puerta más cercana, dando una patada y liberando el seguro para salir corriendo por el pasillo.
—¡Lynn!—gritaron las gemelas mayores.
—¡Hay que seguirlas!—dijo Luan a Frobisher y ambos salieron corriendo a toda velocidad por el pasillo.
Las dos gemelas siguieron con menor intensidad debido a la edad, pero sin perder el ojo de la vista, aunque Lynn debía ser muy veloz, no podía moverse tan rapido por llevar detrás suya a Leni.
—¡Tenemos que salir de aquí!—dijo Lynn molesta subiendo las escaleras y doblando una esquina.
—¡AHH!—escuchó el grito de un hombre al mismo tiempo que escuchaba algo siendo cargado.
—¡LYNN!—gritó Leni saltando encima de ella y ambas rodaron en el suelo esquivando por poco un rayo de energía doble que terminó creando una fina capa de escombros—¿Estás bien?
—Sí, sí.—dijo la chica confundida empezando a levantarse—¿Leni? ¿Dónde estás?—dijo Lynn analizando su alrededor e incapaz de ver nada que no fueran los escombros.
—Aquí.—dijo la voz de Leni enfrente suya.
Lynn rápidamente siguió adelante la voz de su hermana para alejarse de aquel manicomio.
—¿Dónde?—dijo confundida al salir de la neblina y notando como la lluvia cada vez se escuchaba más distante.
—Detrás de ti.—dijo Leni casi en un tono feliz, cosa que extrañó tanto a Lynn que volteó rápidamente.
Detrás de ella se encontraba una figura endemoniada con cuernos y alas que extendía sus garras filosas encima de ella, pero lo más preocupante, su brazo ya estaba agarrado, esa cosa solo quería que lo viera a los ojos para que ella supiera quién la había matado.
—Mami…—dijo como si fuera una niña pequeña al mismo tiempo que veía como el rayo de energía se dirigía a su dirección a toda velocidad.
Cerró los ojos instintivamente y cayó de bruces contra el césped, miró de uno a otro lado sorprendida, esperando encontrar a Leni, a las gemelas, a Luan, o incluso al estúpido pingüino.
Pero no había nada más que naturaleza, lo único que encontró interesante fue a un tipo que parecía estar excavando a unos cuantos metros de distancia un hueso grande y largo.
—¿Es un hueso de dinosaurio?—preguntó aun en el trance de no creer lo que acababa de pasar.
El chico evidentemente se asustó de sobremanera y luego volteó a ver.
—¿Se puede saber quién es usted? ¿Y por qué se encuentra en traje de baño a mitad del bosque?—preguntó el hombre joven.
—Ehhh… Lynn… Smith.—mintió la chica antes de darse cuenta de algo.
Lola había adoptado el apellido Smith y claramente se habían encontrado en la calle Mapple… Ella iba a ser la encargada de cuidar a las gemelas.
Cayó de rodillas y empezó a llorar.
—Disculpe, disculpe, no quise ser tan grosero, es que usted me sorprendió señorita.—dijo el hombre tomando de su mochila de campo un pañuelo y ofreciéndoselo a Lynn—Tras la guerra, no he sido el mismo de antes.
Claro, volvió a los cuarenta. Justo como Lola le había dicho.
—Perdone, es que… Me gustan los dinosaurios y no pensé al hablar que lo molestaría, ¿Qué especie es esa?—dijo fingiendo interés.
—¿Esta preciosura fósil?—dijo ya el hombre más calmado—Es un ejemplar digno de Tiranosaurio Rex, la vieja costurera del pueblo siempre dijo que aquí habría grandes riquezas de historia, pero nadie le creyó.
—¿La vieja costurera? ¿Leni?—dijo sin saberlo.
—¿La conociste? Te ves demasiado linda y joven.—dijo confundido el hombre.
Lynn rio por lo bajo antes de decir:
—Sí, mi mamá me contó de ella.—dijo Lynn sin dejar de mirar al suelo.
—Su madre es muy culta, esa mujer era una genio.—dijo sin pelos en la lengua el hombre—Adelantada a su época.
Lynn sintió un gran peso caer encima suyo, no solo estaba en el pasado, ahora también había descubierto que Leni había muerto, y que no vería a sus hermanas hasta dentro de treinta años.
—¿Usted la conoció?—preguntó la chica.
—Antes de golpear traseros nazis, ella hizo nuestros uniformes de todos los chicos.—dijo con orgullo y nostalgia.
—¿Traseros nazis? Pero solo tienes como… Diecisiete años.—dijo la chica intentando calcular la edad del chico.
—Quince y el secreto es enlistarse joven para que te entrenen y volverte veterano joven.—dijo el tipo guiñándole un ojo.
Lynn sonrió, tal vez no tenía nada que hacer en ese momento de la historia, pero sabía perfectamente qué es lo que debía hacer para impedir que esta tragedia ocurriera.
Por lo que, tras casi ochenta años de espera, finalmente la estaban llevando al museo en el carro familiar Loud, había olvidado por completo el rostro de la mayoría de las chicas, no le importaba ni siquiera que la policía la siguiese de cerca.
Probablemente aun podía salvarlas, aun había tiempo, Leni no iba a morir antes que ella.
Pero en el museo, y ya sin los escombros bloqueando su visión, Leni levantó la mirada y encontró al final del pasillo la figura del Ángel Llorón apuntando a su dirección y sonriendo con esos colmillos gigantes que hacía pasar como humanos, pero que eran más una imitación.
—No parpadees.—le aconsejó un hombre a su espalda—Si lo hacemos, nos matará…
—¡Profesor Thalemus!—gritó Luan a lo lejos.
—Toma mi mano.—dijo el hombre con tranquilidad al mismo tiempo que Leni confiaba en él y lo hacía—A la cuenta de tres, le dispararé, y correremos hacia Luan, ¿Entendido?
—Sí…—dijo una paralizada Leni parpadeando sin querer y viendo como el ángel se acercó rápidamente casi tres metros—¡AHHH!
—Una.—dijo el Profesor sabiendo que no tenían tiempo—Dos… Y…
Las puertas del museo fueron abiertas de golpe mostrando a la familia Loud guiadas por la loca amenazando a Lincoln justo antes de que se escuchara el estallido.
—¡No es demasiado tarde!—gritó la mujer soltando la aguja y corriendo por el pasillo.
El disparo de energía al chocar con el ángel llorón fue tan tremendo que durante un momento el museo entero tembló y todos cayeron al suelo, incluida la Lynn mayor.
Pero al levantar la mirada el Profesor se encontró con una estatua con la mitad del rostro y el hombro derecho desintegrados mientras que toda la parte rota brillaba de un azul fuerte, se veía claramente el rostro horrorizado, antes de que de nuevo resplandeciera un relámpago y el ángel con la mitad derecha quemada apareciera varios metros cerca suya.
Un nuevo rayo dio contra la red eléctrica y todas las bombillas comenzaron a estallar al mismo tiempo que el Profesor veía ese rostro infernal, acercándose, con su mitad desfigurada queriendo solo una cosa.
Venganza contra aquellos que lo habían dañado.
Continuara…
Notas—Debí haber escrito esto hace rato jajaja, bueno ya se va a acabar, disfruten.
