Paseo por el Centro

25 de Noviembre

La puerta del departamento se abrió y el primero en entrar fue Arthur seguido de Medicham llevando sus cosas y finalmente el tío Leonard. Emocionado, el joven comenzó a contemplar el interior con nostalgia ya que el lugar a primera vista se veía prácticamente igual a la vez anterior que había estado aquí hace muchos años atrás. Cuando ni siquiera había comenzado su entrenamiento en artes marciales.

Inmediatamente tras la entrada principal estaba la sala de estar que incluía una mesa de comedor hecha de madera de tamaño medio y varias sillas del mismo material. Al fondo de la sala a mano derecha había gran sofá junto con dos sillones más pequeños que rodeaban una mesa de té y frente a estos montado sobre la pared había un televisor de pantalla plana de buen tamaño. Más allá de los sillones y del televisor había un ventanal que daba a la terraza del departamento.

Justo al otro lado de la entrada principal tras la mesa de comedor estaba la entrada a la cocina, y entre medio de la mesa y los sillones había una salida a un pasillo en forma de L que daba a un baño de visitas, un despacho y tres habitaciones.

—Hace años que no venías al departamento, pero por lo visto todavía lo recuerdas bien—mencionó Leonard.

Arthur se tornó hacia su tío y asintió mientras Medicham avanzaba y analizaba el sitio en el cual viviría a partir de ahora junto con Arthur.

Al monje guardián le agradaba volver visitar el departamento, pero sobre todo, lo mejor era finalmente estar fuera del hospital y ser libre. Libre de moverse alrededor de la ciudad a donde quisiera.

Leonard metió una mano en un bolsillo de su pantalón, sacó de este unas llaves y se las extendió a su sobrino.

—Ahora mismo tengo cosas que hacer, así que te doy ahora tu copia de las llaves. Este departamento se compró en su época entre Alex, tu padre y yo. Por lo que su parte en este y su antigua habitación ahora te pertenecen. Así que como dije antes, ponte cómodo Arthur ya que a partir de ahora este será tu hogar—le dijo entonces su tío con una sonrisa.

Arthur recibió las llaves.

—Gracias por todo, tío—respondió sonriendo también—. Entonces voy a ordenar mis cosas, que quedé en juntarme con mis amigos en uno de los centros de refugiados más tarde.

De un momento a otro la expresión de Leonard se tornó más seria.

—Una cosa eso sí… y esto va para Medicham también…—dijo dirigiéndose al pokémon también.

Oyendo su nombre, Medicham procedió a acercarse al lado de Arthur.

—Tras el incidente de la Remoción de los Limitadores se aprobó una norma que obliga a todos los pokémon de la ciudad que no sean salvajes a estar registrados con un humano, incluyendo tener asignada una Poké Ball—continuó—. Reitero mis condolencias por lo que ocurrió con tu antiguo maestro de artes marciales, pero si no quieren meterse en problemas con las autoridades, Medicham va a tener que quedar registrado a tu nombre como su dueño. Por lo que lo ideal es que lo discutan antes de salir.

Ante la mención de Batuo, ambos no pudieron evitar entristecerse.

—No era mi intención arruinar el momento, pero era necesario que lo supieran. Tú tienes mi número, Arthur. Por lo que ante cualquier cosa no dudes en llamarme. Que Alex al estar de servicio en las Fuerzas de Defensa tiene mucho menos tiempo libre que yo. Nos vemos más tarde entonces.

Leonard procedió a despedirse de ambos y se fue cerrando la puerta principal.

Tras unos momentos de silencio sepulcral, Medicham fuel el primero en hablar tras soltar un suspiro.

—Tu tío tiene razón, lo mejor será respetar las leyes de este lugar si queremos vivir en paz aquí. Además de que es más conveniente que duerma en el Pokéglov junto con tus demás pokémon.

Arthur metió su mano en sus cosas y de ella extrajo y desplegó una Poké Ball sin usar.

—¿Estás seguro Medicham? Por lo que entiendo tu nunca has estado en una en todos tus años con Batuo…

—Efectivamente. Allá donde vivíamos en Shanxi, las Poké Ball incluyendo los modelos más antiguos no eran comunes de ver. Pero no te preocupes, Arthur. Que muchos de nosotros nos hemos obligado a tener que adaptarnos a este nuevo mundo, y aunque se me haga extraño, tener que estar ahora en una Poké Ball no es nada en comparación a lo que tuve que hacer con Cheng cuando llegamos a Hoenn por primera vez—respondió el pokémon decidido.

El monje guardián miró primero a la Poké Ball, luego a Medicham y finalmente asintió.


Claudia terminó de cambiarse de ropa en el pequeño departamento del centro de refugiados que le había sido asignado en preparación para su salida de la tarde con sus amigos. El cual estaba claramente pensado para ser ocupado por una sola persona y tenía tan sólo dos espacios: baño y zona habitacional. En donde en este último había solamente una cama pequeña, un mueble para guardar la ropa, un escritorio con una silla, un teléfono conectado a la recepción principal del centro y una televisión de pantalla plana pequeña colgada en la pared frente a la cama.

No había cocina ya que en su lugar había un gran comedor comunitario en donde se le daba de comer a los refugiados gratuitamente tres veces al día. Por lo que había averiguado, en el pasado había sido utilizado como salón de eventos, lo que había sido un dato interesante de averiguar y que podía ser útil para ciertos planes…

La comida de aquel sitio no era demasiado interesante o llamativa, pero considerando que no le costaba nada, simplemente no podía quejarse.

Cuando estuvo lista, Claudia procedió a abrir la puerta y a salir al pasillo principal tras asegurarse de dejar la puerta bien cerrada. Entonces procedió a tomar el ascensor, descendió hasta el primer piso y salió hacia el patio.

Claudia miró alrededor suyo pensando que a pesar de que ya llevaba varios días aquí, todavía se sentía como una mera visitante. Lo que tenía sentido considerando que este centro se suponía que era una estancia meramente temporal y que las autoridades le habían dicho que en un tiempo más sería trasladada a un lugar más definitivo.

El centro de refugiados tenía una estructura básica en forma de cuadrado. Dos de sus lados estaban ocupados por un par de edificios de departamentos de seis pisos de altura, el tercero estaba ocupado por el comedor comunitario y en el cuarto se encontraba la salida con la recepción del complejo.

En medio de todo estaba el patio central abierto que tenía unos jardines, bancas para sentarse al aire libre y caminos pavimentados que lo cruzaban. Ahora mismo habían varias personas pasando el rato por los jardines del patio. Siendo la mayoría personas que no conocía personalmente, o sólo por la vista que eran refugiados de afuera de la ciudad al igual que ella.

Probablemente en un tiempo más aparecerían más caras conocidas una vez que llegaran del Reino Espejismo las demás personas de la antigua caravana de Ciudad Petalia. Algunas de las personas presentes en el patio llevaban pokémon con ellos y varias eran incluso familias con hijos. Pudiendo reconocer la vez a varias de las familias rescatadas de Pueblo Rubello.

Claudia soltó un suspiro. No se vivía mal en el centro de refugiados, pero hasta cierto punto era una experiencia solitaria. Ya que casi todos sus amigos o personas con las cuales se llevaba bien por distintas circunstancias habían podido encontrar alojamiento en otros sitios.

De partida, Arthur tenía a sus dos tíos los cuales tenían un departamento en la ciudad. Andrés estaba con su padre y su madre que había llegado ayer. El cual por ser teniente coronel de las Fuerzas de Defensa tenía alojamiento propio. Ángela estaba también con sus milagrosamente reaparecidos padres en el hotel en el cual se alojaban.

Suertuda…—pensó con tristeza y algo de envidia mientras recordaba a los suyos.

Brendan estaba con su padre, el Profesor Birch, que también había llegado a Ciudad LaRousse el día de ayer. El cual debido a su fama y prestigio como Profesor Pokémon le habían asegurado a ambos buenos alojamientos de manera instantánea. Algo similar había ocurrido con Max y Norman, los cuales gracias a la ayuda de los Líderes de Gimnasio supervivientes habían podido influir para que pudiesen irse a vivir fuera dek centro de refugiados también. Jennifer que también tenía familia en LaRousse había podido irse a vivir con ellas.

No debería sorprenderme, uno levanta una piedra en cualquier parte y se encuentra con una Joy…

Sin contar a las seis familias de Rubello, al final entre las pocas caras conocidas en el centro estaban Julie, la ranchera de Numel, y el Profesor Cozmo. Claudia se llevaba bien con Julie desde que la había conocido poco después de haber sido encontrada por el Reino Espejismo en Pueblo Lavacalda, pero no era como si fuese alguien cercana a ella en comparación con la gente de su edad.

También estaba esa doctora experta en masajes con un Delcatty que la expedición de la teniente Reika y Andrés había encontrado… ¿Abby era su nombre? Tampoco podía olvidarse de Nicole, Rita y Natalie. Las tres hermanas que tenían una florería y habían sido rescatadas de unos Slaking por la caravana de Petalia camino a Ciudad Férrica.

También estaban presentes un padre y su hija que ella no conocía personalmente. Los cuales la caravana de Ciudad Petalia había rescatado en Ciudad Portual junto con otra enfermera Joy. Un tal Rick y Stephanie. Además, estaban esos tres niños con los que Ángela se había amistado en su tiempo breve en la Escuela de Entrenadores Pokémon de Ciudad Férrica: Kenny, Tommy y Anita. Los cuales por el momento estaban siendo cuidados por una trabajadora social en el centro de refugiados. Pero lo más probable era que en un tiempo más terminen siendo trasladados al orfanato de Ciudad LaRousse.

La otra persona que sabía que estaba aquí era Alex. Pero por razones más que conocidas por todo el mundo, apenas se lo veía junto a los Mightyena de Katrina y sus Breloom a menos que fuese para ir a comer al comedor comunitario. En donde la mayor parte del tiempo se la pasaba encerrado en su departamento.

Para mayor remate, otra de las caras conocidas era Alyssa que estaba aquí junto con su abuelo y hermano menor. La cual cada vez que por algún motivo terminaban cruzándose, Alyssa a primera vista parecía comportarse de manera amable y educada como solía hacerlo con todo el mundo.

Pero Claudia no era tonta. Ella podía percibir que no lo caía bien a Alyssa y que tras la última conversación que habían tenido en el Reino Espejimo, la pelirroja trataba de interactuar lo menos posible con ella.

Pero ahora la cosa era peor. Sumado a todo lo anterior, desde que habían llegado a Ciudad LaRousse había algo en su mirada que le daba escalofríos. Como si dentro de su cabeza Alyssa tuviese algo en su contra y planease clavarle un cuchillo por la espalda cuando nadie estuviese mirando…

Esta situación hacía que no fuese agradable estar en su presencia y que el deseo de evitarse fuese mutuo. Aunque muy para su pesar, Alyssa estaría presente en el paseo de esta tarde al seguir siendo amiga de Arthur.

Finalmente, la última persona que conocía en el centro de refugiados era Nick. El cual tras la última conversación que habían tenido previa a la batalla en el Instituto Meteorológico, había comenzado a comportarse de manera fría y distante con ella a pesar de que vivían en el mismo complejo. Indiferencia de su parte que le hacía sentirse culpable consigo misma.

Quizás aquello explicaba el motivo por el cual él no iba a reunirse con ellos el día de hoy…

Ella suspiró y sacudió levemente su cabeza como queriendo sacudirse fuera de esta estos asuntos. Se suponía que esta tarde era para ir a pasarla bien con sus amigos, no para darle vuelta a problemas que no tenían solución inmediata.

Claudia retomó su camino, se dirigió hacia la salida del complejo, cruzó la portería y su reja para salir finalmente a la calle. En donde al frente de la entrada habían varias personas esperándola.

Andrés, Brendan y Jennifer procedieron a saludarla.

—¡Hola Claudia! —exclamó Jennifer.

—Hola ¿Ya saben cuál es el plan de hoy? —preguntó ella acercándose.

—La idea es dar una vuelta por el centro primero para ver si es que hay algo interesante que hacer en el camino y por supuesto, considerar ideas para el "plan" —respondió Andrés.

En respuesta ella hizo un ademán de entendimiento. Además, era interesante ver a Andrés vestido de manera más casual en lugar de la típica ropa militar que había utilizado mucho tiempo durante la época del Reino Espejismo y el Groudon. El cual llevaba pantalones grises, camiseta blanca y una chaqueta negra.

Con respecto a ella misma, llevaba básicamente lo mismo de siempre: jeans, camisa simple roja y chaqueta de cuero marrón. Ya que su guardarropa seguía limitado a las mudas de ropa que llevaba cuando estaba de viaje como entrenadora y sinceramente no le había gustado mucho la ropa que le habían dado en el centro de refugiados. La cual provenía de donaciones provenientes de ciudadanos de LaRousse.

—Luego de aquello iremos a visitar el Parque Central—añadió Brendan que también vestía su ropa de entrenador pokémon usual y su gorra antes de mirar a la joven Joy que vestía casualmente de blusa azul y falda amarilla—. Estoy segura de que te va a encantar, Jennifer.

—¿En el parque se puede sacar libremente a los pokémon? ¿No? ¡Me imagino que a ellos les va a encantar también! —contestó emocionada al ser esta su primera visita a Ciudad LaRousse.

—Disculpen la tardanza… ¿No llego tarde? Estaba terminando de ayudar a ordenar en el comedor comunitario tras el almuerzo—dijo otra voz.

Los cuatro se dieron la vuelta y vieron a Alyssa acercarse. Claudia no pudo evitar tensarse visiblemente al verla.

—Descuida, Arthur y Angela todavía no llegan—le respondió Andrés.

—Oh, que bueno. Quizás no tenga tanto tiempo libre como otros—dijo ella mirando sutilmente a Claudia con el rabillo del ojo—. Pero de ninguna forma me perdería esta salida ahora que a Arthur le dieron el alta—sentenció entonces con una sonrisa.

Claudia apretó sus puños molesta por la evidente punzada dirigida hacia ella que estaba intentando hacer pasar disimuladamente. Además de que consideraba aquella sonrisa como tremendamente falsa.

¡Es tú problema si te ofreciste en ayudar de cocinera en el comedor! ¡Que yo no serviría de nada en una cocina! ¡Pero al menos yo si tuve la sensatez de ir a visitar a Arthur en el hospital, maldita presuntuosa!

Gracias a Arceus antes de que la cosa pudiese seguir escalando hizo acto de presencia la figura central de este encuentro.

—¡Hola a todos! ¡Es un gusto volver a verlos! —exclamó Arthur alegre acercándose a ellos.

Desde que Claudia se había reencontrado con él, ella siempre lo había visto llevando su túnica de artes marciales gris debajo de su manto largo color café con capucha o con su traje de infiltración militar negro. Por lo que, aunque no fuese nada particularmente especial, el hecho de que ahora llevase un buzo deportivo negro con detalles amarillos y zapatillas deportivas suponía un cambio de imagen importante.

Pero independiente de cómo se viese, lo importante era que finalmente estuviese de vuelta con ellos. En su memoria, Claudia todavía tenía grabada la imagen de Arthur inconsciente, lleno de heridas y con su traje destrozado tras la batalla en el Instituto Meteorológico siendo cargado en una camilla al interior de uno de los helicópteros de transporte…

—Es un alivio que finalmente estes fuera, Arthur…—expresó Alyssa aliviada.

Ante sus palabras Arthur tornó su mirada hacia la pelirroja y la contempló de manera inusual por algunos instantes. A Claudia le pareció inusual que por lo visto él la observaba con una expresión que le parecía ser de decepción por algún motivo. Pero lo más extraño fue que de manera Alyssa se puso inmediatamente colorada y apartó la mirada hacia un costado como si estuviese tremendamente avergonzada por algo… ¿Qué demonios había pasado entre los dos?

—¿Quién más falta? —preguntó Arthur apartando la mirada de la pelirroja.

—Solo falta Ángela y estaríamos listos—informó Andrés.

Arthur miró alrededor suyo extrañado.

—¿Qué hay de Nick? —preguntó.

Ante aquella pregunta Claudia no pudo evitar hacer una mueca.

—Nick dijo que tenía otros asuntos el día de hoy y que por lo tanto no nos podría acompañar…—contestó Andrés incómodo.

El semblante de Arthur se tornó triste y agachó la mirada. Pero no parecía particularmente sorprendido.

—Ya veo…

—¡Oigan todos! ¡Ya estoy aquí! —exclamó la voz alegre y animada de Ángela a la distancia.

Los presentes procedieron a darse la vuelta en su dirección y la vieron acercarse saludándolos con una mano al aire.

A pesar de ser diciembre, el clima del día de hoy era bastante cálido y soleado dentro de todo teniendo en cuenta lo sureña que era la región de Hoenn en comparación con Kanto, Johto y Sinnoh. Lo que se veía reflejada en su ropa.

Ángela llevaba una blusa azul escotada que Claudia reconoció como la que Andrés le había regalado en el Reino Espejismo y que les había mostrado a ella y a Jennifer en el Groudon. También llevaba pantalones negros ajustados, zapatos abiertos, gafas de sol y una cartera café. Lo que hizo que Andrés quedara considerablemente impresionado.

Ellos se dieron cuenta también de que ella no venía sola y que estaba acompañada de un hombre adulto de cabello rubio corto y de ojos azules bien afeitado, en buen estado físico, bien vestido de traje y corbata y de expresión amigable.

—¡Amigos, les presento a mi papi! —exclamó ella haciendo un gesto con ambas manos hacia él— ¡Algunos lo habrán visto cuando llegamos a LaRousse en la estación e insistió que quería acompañarme un momento para conocerlos!

—Buenas tardes a todos, yo soy Damian. Es un gusto poder conocer a los amigos de mi hija.

Damian dio unos cuantos pasos hacia adelante y se detuvo delante de Arthur.

—Así que este es el famoso Arthur Collins que mi hija hablaba tanto en sus videollamadas durante la Conferencia Colosalia. Y Guardián de Aura por lo que tengo entendido… Interesante…—exclamó intrigado mientras lo examinaba con la mirada por algún motivo.

Aquel comentario hizo que Arthur se incomodara un poco, que Andrés lo mirara con el rabillo del ojo con cierto aire de celos y que Ángela se pusiera muerta de vergüenza. Claudia era consciente de que no había nada entra Arthur y Ángela, pero tampoco pudo evitar incomodarse también.

—¡Papá! ¡Eso fue hace mucho tiempo! ¡No tienes porqué andarlo diciendo! —dijo protestando ruidosamente.

—¡Tranquila mi niña, que tan sólo era una broma! —contestó su padre soltando una carcajada.

Damian dejó de prestarle atención a Arthur y ahora avanzó hacia Andrés.

—Mientras que este es el chico interesado en mi hija…—procedió a musitar el hombre en el mismo tono y con la misma mirada indagadora.

Ahora fue el turno de Andrés de ponerse nervioso. De manera casi instintiva Andrés su puso firme como si estuviese saludando a un superior en el ejército.

—¡Señor!... —exclamó sin pensar.

—No es necesario que estés tan tenso, chico. Que no te voy a comer vivo… ¡Aunque procura no encontrarte a solas con mi esposa! —sentenció antes de largarse a reír de nuevo.

—¡Basta papá! ¡Me estas dejando en vergüenza delante de mis amigos! —chilló Ángela de nuevo.

Si mal no recordaba Claudia, Ángela le había dicho a ella y a Jennifer que a su madre no le agradaban los militares debido a un pasado familiar trágico y que su padre era un hombre de negocios.

Tras reírse la expresión de Damián finalmente se tornó más seria.

—Si realmente estás decidido en seguir con esto seriamente, tarde o temprano tendrás que enfrentarla. Por lo que lo ideal es que te vayas preparando a partir de hoy para aquella ocasión…—le indicó.

Andrés asintió nerviosamente y complacido lo suficiente, Damian procedió a dirigirse a su hija.

—¡No te quito más de tu tiempo con tus amiguitos, mi niña! ¡Pórtate bien, no llegues demasiado tarde y pásenla bien todos!

El padre de Ángela procedió a despedirse de ellos con una mano y otra sonrisa amistosa, se dio la vuelta y se marchó.

Mientras lo veía irse Ángela soltó un bufido.

—A veces mi papi me saca de quicio tratándome aún como una niña…—musitó ella.

Tras aquello Arthur comenzó a mirar a Andrés y a Ángela.

—Un momento… No me digan entonces que ustedes dos…

Ambos procedieron a mirarlo primero a él, luego entre ellos y se sonrojaron antes de volver a tornarse hacia Arthur.

—Este… sí… Tras llegar a Ciudad LaRousse decidimos comenzar a salir…—explicó Andrés rascándose un costado de la cabeza.

Tomando la iniciativa, Ángela se acercó Andrés y lo tomó de la mano.

—Espero que no estés celoso, Arthur… Tuviste tu oportunidad en algún momento, pero esa barco zarpo hace mucho…—le dijo con una sonrisa juguetona, quitándose parcialmente las gafas de sol y mostrado sus ojos azules.

En respuesta Arthur procedió a sonreír cálidamente a ambos.

—Me alegro tanto por ustedes dos…

Tras decir esto procedió a mirar al resto de los presentes que todavía estaban procesando la escena que habían contemplado.

—¿Vamos entonces?

Ante la pregunta Claudia sonrió y asintió inmediatamente.


Mientras caminaban por la acera de una de las avenidas principales de Ciudad LaRousse, Alyssa que caminaba un poco más atrás que el resto no pudo evitar echarle una mirada a Claudia que caminaba a la derecha de Arthur con soltura y confianza mientras comentaban algo sobre una de las tiendas cercanas.

A ella le gustaría estar ocupando ese lugar en vez de esa víbora ladrona, pero ahora mismo no encontraba el valor para tratar de acercarse. No después de la forma que Arthur la había mirado tras llegar.

Él estaba claramente decepcionado con ella. Pero considerando lo desvergonzada que había sido en el Instituto Meteorológico, no podida culparlo por su molestia. De alguna forma u otra ella debía tratar de enmendar su error. Por lo que había decidido dedicar todos sus esfuerzos en ayudar a preparar lo mejor posible la sorpresa que tenían planeada para Arthur.

Apartando la mirada de ambos, Alyssa se fijó ahora en Andrés que estaba a la izquierda de Arthur y acompañada de Ángela. Los cuales caminaban por la calle tomados de la mano.

Los dos podríamos haber estado así ahora mismo también si no hubiese aparecido…—pensó mientras sentía otra punzada de celos— Mujerzuela entrometida…

Alyssa se fijó también en Jennifer y Brendan. Los dos caminaban juntos también, aunque no tomados de la mano. Pero ella sospechaba que lo más probable es que aquella situación no durase demasiado tiempo. Especialmente ahora que Timmy Grimm, que en paz descanse, ya no estaba con ellos de acuerdo a los chismes que se contaban.

Pero entonces se dio cuenta de algo más. Si, los demás caminaban más o menos acompañados de alguien, pero todos iban relativamente juntos y de vez en cuento intercambiaban palabras y comentarios entre ellos. Mientras que ella estaba aquí detrás de todos.

Sola… callada… separada… aislada…

Se dio cuenta de que, con la excepción de Arthur, en realidad no tenía ninguna clase de cercanía con sus demás amigos. Que todas sus relaciones sociales los últimos meses habían girado alrededor de Arthur y en lo que sentía por él.

Y ahora que su posición junto a él comenzaba a ser amenazada Alyssa comenzó a temer que, si lo terminaba perdiendo por culpa de Claudia, corría el riesgo de quedarse completamente sola exceptuando su abuelo y su hermano menor.

¿Qué puedo hacer? Al final no soy más que una simple chica de campo…

—¡Alyssa! —la llamó la voz de Arthur.

—¿Eh?

Escuchar su nombre hizo que finalmente saliera de su estupor. Lo que le hizo darse cuenta de que se había quedado considerablemente atrás del resto del grupo y que Arthur se había dado la vuelta para llamarla.

—¡Alyssa, no te quedes atrás! ¡Si no conoces la ciudad te podrías perder!

Él tenía razón, por lo que rápidamente aceleró el paso para no seguir separándose.

Independiente de los cuestionamientos que tenía sobre sí misma, ahora que finalmente le estaba empezando a prestar atención a lo que había alrededor suyo, era imposible no pensar en lo increíble que era este lugar.

Alyssa había vivido toda su vida en el campo en Villa Brumosa. La primera vez que había visto una ciudad fue cuando la caravana visitó lo que quedaba de Ciudad Malvalona, pero aquella experiencia no era comparable con lo que fue llegar y vivir un par de meses en el Reino Espejismo. Aquel lugar se había sentido como ser transportada a una de las tierras llenas de castillos, princesas y caballeros de los cuentos de hadas que su madre le contaba cuando era pequeña. Pero al menos podía hacerse una idea de las cosas que habían alrededor suyo en el Reino Espejismo gracias a aquellos cuentos.

¿Pero aquí? Nada la había preparado para todas las cosas nuevas y maravillosas presentes en Ciudad LaRousse. Los edificios altos llenos de gigantescos paneles de vidrio que parecían torres que tocaban los cielos… Las calles atiborradas de personas y pokémon que nunca había visto… Las cintas deslizantes que se movían en mitad de la calle para que la gente no tuviese que caminar…

¡Robots de toda clase y forma que vendían o promocionaban toda clases de productos o servicios! ¡Y las tiendas! ¡Tiendas con tantas cosas bellas, inusuales o increíbles que nunca había visto antes! ¡Ropa, joyas, artilugios para el hogar de punta, libros y muchas otras cosas! ¡Si algo existía en el mundo, parecía que podía encontrarse en Ciudad LaRousse!

Lo otro era ver este lugar en la noche a través de las ventanas del departamento del centro de refugiados. Todas esas luces, el ruido lejano de las actividades nocturnas, las calles aún llenas de personas a pesar de la hora, los carteles luminosos y los hologramas en tres dimensiones. Todo rematado por la imponente figura de la Torre de Batalla iluminada en el horizonte.

LaRousse era una ciudad que nunca dormía, y quien sabe qué tanto de su vida le tomaría conocer cada rincón esta. Y eso sin tomar en cuenta de que LaRousse tenía otros barrios ubicados fuera de la isla central, a ambas orillas del estuario en el cual se encontraba esta.

Si el Reino Espejismo se había sentido come llegar a una tierra sacada de un cuento de hadas, Ciudad LaRousse se sentía como algo fuera de este mundo.

Entonces notó que varios de los amigos de Arthur hablaban de las tiendas y otros lugares que habían camino al Parque Central. Los que proponían ideas de lugares que a lo mejor podían visitar más tarde y tomando nota de estos. Esto hizo que Alyssa recordase que ella también debía ayudar a buscar ideas para la sorpresa también

Pero aquello no significaba que no podía entretenerse vitrineando los escaparates al mismo tiempo que lo hacía. Esa joyería y esa tienda de ropa lucían muy interesantes…


Eventualmente el grupo llegó al Parque Central de Ciudad LaRousse. El cual era un gran parque urbano rodeado por los edificios del centro de la ciudad. Este tenía gran cantidad de áreas verdes, diversos senderos para caminar a lo largo de este y sectores con juegos infantiles tales como columpios y toboganes.

Muchas personas se encontraban caminando o trotando por los senderos, reposando sobre el pasto o en las múltiples bancas. Pero sobre todo era en este parque donde se podía ver la mayor concentración de pokémon en la ciudad. Ya sea salvajes reposando apaciblemente por los terrenos del parque o junto a sus entrenadores.

Los pokémon eran más peligrosos que antes, sin duda. Pero tras el fin de los primeros meses caóticos de la Remoción de los Limitadores, cierto aire de normalidad había logrado al fin regresar a la ciudad. En donde los grupos de pokémon salvajes violentos y agresivos habían sido ya expulsados por las Fuerzas de Defensa y tan sólo quedaban los más pacíficos y dispuestos a convivir en paz con la gente.

Aun así, incluso si eran domesticados y con dueño, era evidente que algo había cambiado permanentemente en la relación entre humanos y pokémon. No solamente en las calles de la ciudad habían muchos menos pokémon caminando que antes. Sino que tanto allí como en este paraque, varias personas que no tenían ahora veían tanto a los pokémon como a sus entrenadores con cautela, preocupación o incluso miedo y desprecio. Ya que uno no podía saber cuántas de ellas resultaron heridas o habían perdido a seres queridos esa fatídica noche cuando los poderes de los pokémon se habían descontrolado.

Claramente se había comenzado a formar una clase de tensión entre personas que eran dueñas o no de pokémon. Pero de qué forma esta tensión se materializaría en algo tangible, incluyendo nuevas posibles regulaciones tales como la nueva ordenanza que todo pokémon con dueño debía tener su propia Poké Ball,era algo todavía difícil de predecir.

Una vez en medio del parque, Jennifer y Alyssa que nunca habían estado aquí antes miraban alrededor maravilladas de cómo semejante área verde tan grande podía existir en medio de una ciudad con tantos edificios como LaRousse.

A lo lejos en el parque pudieron notar a un grupo de personas familiar. Eran Max, sus amigos de Ciudad LaRousse incluyendo a los que Arthur y Brendan conocían, y sus pokémon liberados.

—¡Arthur! —exclamó Max tras verlos y comenzó a correr hacia ellos —¡Qué bueno que finalmente te dieron el alta! —continuó tras llegar delante suyo.

Antes de que pudiese responder, una pequeña figura emergió detrás de la cabeza de Max.

—¡Hola Arthur! —exclamó sonriente Jirachi.

—¡Jirachi, ya estás en LaRousse! —exclamó al Guardián de Aura sorprendido.

Inmediatamente el pequeño pokémon legendario se separó de Max y voló hacia Claudia.

—¡Claudia!

—¡Hola Jirachi!

Jirachi se pegó a ella y ambos se dieron un abrazo.

—¿Cómo estás el día de hoy? —le preguntó la chica que ya lo había visto ayer cuando había llegado junto con Nicole, Rita y Natalie que lo habían estado cuidando en el Reino Espejismo.

—¡Bien! ¡El parque es muy divertido!

Ver a ambos juntos de esa manera hizo que Arthur sonriera también. Recordando como los dos se habían vuelto cercanos desde aquella vez en la que Claudia le había cantado esa canción que Jirachi recordaba de la hermana de Max.

—¿Max? —preguntó Arthur dándose cuenta de algo —¿No tienes problemas con las autoridades acerca de Jirachi?

—¿Eh? ¡Ah! Entiendo…—contestó el chico dándose cuenta de lo que se estaba refiriendo— Jirachi tiene estrictamente prohibido dejar el centro de la ciudad. Además, papá debe informar semanalmente a las autoridades cualquier cambio o novedad con respecto a él. Pero no te preocupes, Arthur. No es que queramos visitar otros lugares fuera del centro ahora mismo, por lo que no ha sido un problema hasta ahora.

Arthur asintió comprensivamente. Considerando que Jirachi y el poder que residía en su interior había sido la causa de tantos conflictos, podía entender que las autoridades no quisiesen perder de vista al pokémon legendario.

Detrás de Max se aproximaron Rafe y Sid. Mas atrás podía verse a Rebecca sentada en una banca trabajando en su laptop junto a su equipo pokémon que incluía a su Metagross, Tyranitar, Magnezone, Starmie, Claydol y Mismagius. Mientras que Tory, las hermanas gemelas de Rafe y Thatcher jugaban juntos en una caja de arena acompañados de sus pokémon. Tanto Thatcher como Tory se habían amistado rápidamente ya que ambos tenían como equipo a una dupla de Minum y Plusle. Mientras que Audrey y Kathryn tenían cada una a un Masquerain.

—Hola de nuevo, Brendan. Y Arthur, que bueno que finalmente estés afuera. Hace tiempo que no nos veíamos—saludó Rafe.

—Todavía recuerdo esa batalla doble que tuvimos en la Torre de Batalla ¿Cómo están Audrey y Kathryn? —le respondió Arthur.

—Ellas dos están bien. Gracias a Arceus tengo poco en lo que quejarme salvo la nueva prohibición de realizar combates pokémon dentro de la ciudad debido a los cambios que sufrieron, o si no probablemente te estaría desafiando a un combate ahora mismo. Pero lo importante es que al final tanto mis padres como mis hermanas están a salvo.

Rafe miró alrededor buscando a alguien.

—¿No está Nick con ustedes?

Brendan negó con la cabeza.

—Lamentablemente no pudo venir hoy…—respondió.

—Ya veo, una lástima…

Ante dicha pregunta Claudia no pudo evitar bajar la mirada de nuevo triste. Pero este gesto llamó la atención de Sid.

—Oye tú… ¡Te recuerdo de esa vez en la estación!

—¿Eh?

Claudia vio al chico de cabello oscuro, pantalones cortos, contextura grande y que llevaba una bandana en la cabeza acercarse delante de ella. El cual debía tener la misma edad que Brendan o Rafe.

—Yo soy Sid, amigo de Rafe desde hace muchos años. Por lo que tengo entendido tuvieron que pasar por muchas situaciones difíciles para poder llegar hasta aquí… ¡Pero no te preocupes, que aquí finalmente vas a estar a salvo con tus amigos! Me duele tener que ver a una chica tan linda como tu estar así de triste…

—¿Qué? —expresó Claudia pasmada y aún llevando a Jirachi en brazos.

Las hermanas de Rafe procedieron a aparecer detrás de Sid y cada una lo tomó de un brazo.

—Otra vez lo mismo, Sid… Ven aquí, regresa con nosotras a jugar en la caja de arena…—dijo Audrey agitando la cabeza en tono de reproche.

—¡Espera! ¿Cuál es tu nombre? ¿En cuál centro de refugiados estás? —alcanzó a decir antes de ser arrastrado lejos por ellas y de regreso con su Blastoise, Heracross, Cacturne, Nidoking, Slaking y Glalie.

Claudia se encontraba procesando lo que acababa de ocurrir. En respuesta Rafe, Arthur y Brendan se tomaron sus rostros avergonzados con una mano.

—Perdón por ese espectáculo, que mi amigo Sid tiene una debilidad por las chicas de pelo castaño… Pero no te preocupes, que la chica que en verdad le interesa es la hermana de Max…—explicó Rafe.

—Ya… ya veo…—respondió ella.

Max suspiró reconociendo aquella escena.

—O sea… al final Sid es como Brock pero más selectivo…

Buscando una manera de quitar ese momento bochornoso de encima, Brendan tomó la palabra.

—Oigan, propongo que saquemos a los pokémon para que puedan tomar algo de aire fresco y socializar—propuso Brendan.

—Es una buena idea—respondió Arthur de acuerdo.

Los entrenadores activaron sus Pokéglov y liberaron a sus equipos pokémon sobre la hierba en un gran espectáculo de destellos luminosos. Tras terminar el proceso estos procedieron a observar sus alrededores. Algunos con curiosidad y asombro, mientras que otros con familiaridad nostálgica.

—¿Qué es este lugar, mami? —preguntó uno de los tres pequeños Aron de Aggron y Kaiser.

—¿Qué es todo lo verde, mami?

—¡Es tan grande, papi!

—Lo verde se llama hierba y esto es un parque, niños. Un lugar para relajarse, jugar y pasarla bien—explicó ella.

—¿Jugar? —exclamaron los tres al unísono— ¡Yupi!

Inmediatamente los tres comenzaron a correr alrededor persiguiéndose.

Kaiser se acercó a Aggron soltando una risotada en voz baja.

—Parece que ya les gusta. Vamos, querida. Vigilémoslos para que no empiecen a mordisquear el metal de alguna una de las bancas o algo por el estilo…

La pareja de pokémon fue en dirección de sus crías y los demás comenzaron a separarse también en sus propios grupos.

Mientras ocurría esto, los entrenadores se acercaron a un robot andante que vendía barquillos de helado y cada uno procedió a comprar uno con sus pasaportes. Para el caso de Claudia y Alyssa que estaban en el centro de refugiados, por el momento recibían una mesada semanal en sus pasaportes para que pudiesen ahorrarlo o darse un gusto extra de vez en cuando.

Una vez que los pokémon se dispersaron, una Blaziken hembra comenzó a acercarse a Bruce y a Rose proveniente del grupo de los pokémon de Rafe. El cual además de ella tenía a un Absol, Jolteon, Roserade, Pidgeot y a un Walrein.

—Hasta que finalmente apareciste, Bruce—dijo la recién llegada en un tono firme pero emocionado—. He estado esperando mucho tiempo poder tener mi revancha…

—¿Quién es esta? —preguntó Rose mirándola con cautela.

—Es pokémon de Rafe—comenzó a explicar Bruce—. Cuando Arthur y Nick se enfrentaron en un combate doble contra Rafe y Sid en la Torre de Batalla la última vez que estuvimos aquí, me enfrenté a ella y conseguí la victoria—entonces se dirigió a la otra Blaziken—. Esta de aquí conmigo es Rose.

La recién llegada encaró a Rose.

—No te preocupes, que mi interés en Bruce es meramente profesional—aclaró ella pudiendo percibir la hostilidad que emanaba de su acompañante—. Tras aquella derrota me he estado preparando día y noche para cuando nos volviésemos a ver. Aunque lamentablemente las circunstancias de nuestros poderes han cambiado, por lo que probablemente no sea buena idea enfrentarnos ahora mismo… ¿Pero qué tal una ronda de entrenamiento entre los tres por ahora? Por cierto, Rafe no me ha dado un mote, pero puedes llamarme Ember, Rose…

Cada especie de pokémon tenía sus propias tradiciones de nombres propios, especialmente entre aquellos de origen salvaje. Para el caso de los Blaziken, ellos tenían usualmente un nombre público que podía ser el mote dado por el entrenador y uno más íntimo dado por sus padres.

Tanto Bruce como Rose respondieron al desafío preparándose para entrenar.

—Así que Ember ¿Eh? Si Bruce pudo vencerte en su momento… ¡Entonces no tendrías oportunidad contra mí! —le respondió burlonamente mientras comenzaban una rutina de entrenamiento amistoso.


Más tarde Max y Thatcher se encontraban balanceándose tranquilamente en unos columpios del parque y cerca de ellos Jirachi y los Minum y Plusle de Thatcher se encontraban jugando. Eventualmente el hermano menor de Alyssa detuvo su balanceo y se quedó quieto pensante.

—¿Pasa algo, Thatcher? —preguntó Max preocupado —Te ves muy serio…

—Oye Max… Entiendo que quizás es aún muy pronto … Pero… ¿Qué crees que ocurrirá con nuestro entrenamiento de Guardián de Aura ahora que el señor Batuo no está?

Así que pensaba en eso… Max recordó que Thatcher también le había pedido al señor Batuo que lo entrenase como Monje Guardián antes de que partieran al Reino Espejismo. Ya que al parecer ambos tenían el potencial oculto de poder manipular el aura al igual que como Ash lo había hecho alguna vez.

—No lo sé Thatcher… Aún está Medicham, por lo que quizás él junto con Arthur puedan ayudarnos con eso…

Thatcher soltó un suspiro.

—En caso de que no pudieran por algún motivo, me pregunto si a lo mejor en Ciudad LaRousse hay alguien más que pueda enseñarnos a ser héroes Guardianes de Aura…

De pronto los tres Aron de Aggron y Kaiser se acercaron corriendo hacia los columpios distrayendo a Jirachi, Minum y Plusle. Dos de ellos pasaron debajo de Max y Thatcher, pero el tercero pasó a pegarse contra uno de los soportes de los columpios y se detuvo en seco algo mareado.

—Oye ¿Estás bien? —preguntó Thatcher bajándose del columpio y acercándose al Aron.

—Vaya, es uno de los Aron de la Aggron de Brendan—mencionó Max bajándose del columpio también.

En respuesta a la pregunta de Thatcher, el Aron sacudió su cabeza para espabilarse y lo miró pestañeando.

—¿Quién eres? —preguntó el pokémon antes de fijarse a Max— ¡Oh! ¡A ti si te recuerdo! ¡Tu estabas en la caverna de metal andante! —dijo refiriéndose al Groudon.

—Yo soy Thatcher y él es Max, un gusto en conocerte Aron—respondió el hermano de Alyssa.

—¡Yo soy Jirachi! —informó el pequeño pokémon legendario acercándose junto a los de Thatcher

—¡Y nosotros somos Minum y Plusle! ¡Thatcher es nuestro entrenador! —respondieron ellos.

—¿Entrenador? ¿Qué es eso? —preguntó el Aron confundido.

—¿Cómo explicarlo? —dijo Max pensativo— Un entrenador es un humano como nosotros que es amigo de los pokémon y los ayuda a volverse más fuertes.

—¿Fuertes? ¿Cómo mami y papi?

—¡Exacto! —añadió Thatcher.

—¡Yupi! ¡Yo también quiero volverme fuerte como ellos! —respondió Aron dando saltitos alegres.

Pero entonces el pokémon tipo acero comenzó a mirar a su alrededor.

—¿Dónde están mi hermano y mi hermana?

—Oh, así que estás aquí, cariño—dijo Aggron aproximándose a los columpios junto con Kaiser y agachándose.

—¡Mami! —exclamó Aron saltando en sus brazos.

—Gracias por vigilarlo. Todavía son muy jóvenes, por lo que es de esperar que se accidenten un poco jugando—agradeció el Tyranitar a ambos chicos.

—No hay de que, Kaiser—respondió Max.

Mirando al Aron, Max se preguntaba qué sería de ellos en el futuro. Ahora que eran demasiado peligroso usar a los pokémon en batallas de entrenador, él no sabía si al final los tres terminarían viviendo con Brendan como simples pokémon domésticos. O si en Ciudad LaRousse existiría algo que pudiesen hacer los pokémon pertenecientes a entrenadores en el futuro.


Claudia se había distanciado de los demás para entrar en un grupo de árboles. La última vez que había estado en Ciudad LaRousse durante su primer viaje como entrenadora no le había prestado mucha atención al parque. Pero por lo que había oído, no demasiado lejos de donde estaba mirando había una laguna en donde entrenadores pokémon solían llevar a sus pokémon acuáticos.

Uno de estos días debería llevar a Calipso a nadar ahí, estoy segura de que le gustaría…

Fue entonces que escuchó pisadas detrás. Claudia se dio la vuelta y vio a Alyssa entre los árboles a unos cuantos pasos de ella. La mirada de la pelirroja era fría y sus ojos verdes parecían dagas dirigidas hacia ella llenos de odio.

Pero Claudia se puso firme. Ella tenía una idea acerca de qué se trataba esta visita sorpresa y desde hace varios días sospechaba que tarde o temprano ocurriría una situación como esta.

—Te tomó tu tiempo venir a hablarme cara a cara…—dijo Claudia frunciendo el ceño.

—Aléjate de él…—ordenó Alyssa con una voz fría como el hielo.

—¿Y por qué debería? —respondió Claudia desafiante— He sido su amiga por mucho más tiempo que tú al fin y al cabo ¿O acaso requiere de tu permiso para que pueda juntarse con otras chicas?

—¡Tú sabes a lo que me refiero! ¡No creas que no me he dado cuenta de lo que ocurre entre ustedes dos! —exclamó la pelirroja— ¡Todo iba bien con él hasta que tuviste que interferir!

Era evidente que Alyssa estaba celosa y que la veía como una amenaza. Pero si esto era así… ¿Significaba que Alyssa temía que Arthur la estuviese viendo como más que una simple amiga? ¿O acaso nada más estaba siendo demasiado paranoica? Pero… ¿Y si fuese verdad?

No… Por mucho que le agradara la idea, ahora mismo no tenía tiempo para reflexionar acerca de ese asunto y su prioridad ahora mismo era quitarse a Alyssa de encima.

—¡Nunca fue mi intención interferir entre ustedes dos! ¡Las cosas simplemente se han dado de esta forma! ¡Si tienes algún problema con que Arthur intente reconectar conmigo tras todo este tiempo, entonces deberías resolverlo hablando personalmente con él!

—¡Tan solo hazlo! ¡Aléjate de Arthur!

—¿Y qué vas a hacer entonces? ¿Eh? —Preguntó Claudia sintiéndose cada vez más molesta y procedió a comenzar a acercarse a la otra chica de forma amenazante—¿Qué vas a hacer para obligarme a que me aleje? ¿Acaso tienes las agallas necesarias para hacer lo que tengas que hacer?

Ante esta provocación Claudia pudo percibir por unos instantes que la voluntad de Alyssa titubeó. Pero entonces la mirada llena de celos de Alyssa volvió a reaparecer, avanzó hacia adelante y le dio un empujón. Claudia se tambaleó hacia atrás, pero consiguió mantener el equilibrio.

—¡Bastarda! ¡Le hiciste daño a Arthur, lo abandonaste por muchos años y ahora vienes a quitármelo! ¡Si te hubieras muerto en Pueblo Lavacalda todo habría sido mejor! —le increpó tras empujarla.

—¡Oh! ¡Así que la chica de campo tiene algo de espíritu de lucha! —contestó Claudia burlonamente— ¡Pero ahora te toca asumir las consecuencias!

Claudia se acercó y le propinó su propio empujón a Alyssa. El cual fue considerablemente más fuerte que el de la pelirroja y esta soltando un grito de sorpresa cayó al suelo.

—¡No creas que esto termina aquí, perra inmunda! ¡Que yo tengo la ventaja en muchas cosas sobre ti! —exclamó Alyssa mientras se levantaba algo adolorida y retrocedía unos cuantos con su ropa algo ensuciada con tierra y polvo —Si tan sólo supieres algunas de las cosas en las que te he ganado…—procedió a decir entonces con una sonrisa engreída.

Era posible que Alyssa estuviese mintiendo, pero esa sonrisa tan segura de sí misma parecía genuina… ¿Quizás tenía algo que ver con el motivo de su reacción cuando Arthur le había dirigido la mirada en el centro de refugiados?

Claudia frunció el ceño y apretó los dientes. A pesar de que no tenía ningún derecho de meterse en la vida privada que tenía Arthur con Alyssa. La posibilidad de que a lo mejor hubiese algo más entre los dos que no conociese, más aún ahora que había rechazado los avances de Nick, le hizo sentir una punzada en su interior.

No… mantente firme, Claudia… Esto es lo que ella quiere… Quiere que dudes… Que te cuestiones…

Entonces se dio cuenta de algo. O Alyssa no conocía a Arthur tan bien como ella pensaba, o era tan ciega que era incapaz de ver las cosas más allá de su propia nariz. Lo que le dio las fuerzas necesarias para volver a la carga.

Claudia sonrió confiada.

—¿Realmente estás tan segura de que todo va bien con Arthur? Cuando llegó al centro no parecía muy contento contigo…

Alyssa titubeó.

—No sé a qué te refieres…

—¡No te hagas la tonta ahora! ¡Es obvio que algo pasó entre ustedes que te afectó! ¡Pero sea lo que fuese que haya ocurrido, el motivo por el cual estaba molesto no es el que tú piensas!

Esta afirmación molestó en gran medida a Alyssa.

—¿A qué te refieres?... —ella musitó en un tono que recordaba al de una bestia preparándose para abalanzarse sobre su presa.

—Puede que esté equivocada. Pero hasta donde yo tengo entendido, nunca fuiste a visitar a Arthur al hospital mientras estuvo internado… ¿Verdad? Al menos yo que me considero su amiga tuve la decencia de ir a verlo todos los días, aunque sea un rato mientras estuvo inconsciente. Además… ¿Sabes que estuve presente en el mismo momento en el cual recuperó el conocimiento?

Aprender de esto hizo que Alyssa se estremeciera visiblemente y se le fuese toda su actitud prepotente.

—¿Qué?...

—¿Y sabes otra cosa, Alyssa? ¿Sabes por qué Arthur por muchos años me resintió? Fue justamente porque sentí tanta vergüenza por lo que pasó cuando lo hospitalizaron en aquella ocasión que no sólo no lo fui a visitar, sino que desaparecí de su vida y no lo volví a ver por siete años ¡Exactamente lo mismo que acabas de hacer ahora! Si realmente te consideras más que su amiga… ¡Deberías haberte tragado tu orgullo y haberlo hecho de igual forma! ¿Cómo puedes estar tan segura si es que ahora mismo Arthur no te odia?

Claudia pudo confirmar que evidentemente había dado en el blanco ya que Alyssa empalideció, soltó un quejido de sorpresa y retrocedió algunos pasos claramente afectada por lo que le había dicho.

—No…

—Así que, si estuviese en tu lugar, me aseguraría de saber primero si es que Arthur quiere volver a verte…

La chica de ojos púrpura se dio cuenta demasiado tarda de que quizás se había pasado de la raya con aquél último comentario. Pero ya no había vuelta atrás.

—¡No! —aulló Alyssa mientras rompía en llanto cubriéndose el rostro con ambas manos y caía de rodillas— ¡¿Qué he hecho?! ¡¿Qué he hecho?!

—Adiós Alyssa… Que por lo visto tienes muchas cosas de las cuales reflexionar…

Claudia comenzó a abandonar la escena pasando al lado de Alyssa, la cual continuó llorando desconsolada. Sabía que probablemente no fuese correcto, pero una parte suya no pudo evitar sentirse complacida por esta victoria.

Mientras comenzaba a regresar donde los demás, pudo observar que Arthur estaba corriendo agitado hacia ella. Él se detuvo delante suyo con una expresión de preocupación. Trató de decir algo, pero antes de que pudiese hacerlo Clauida lo interrumpió.

—Si estás buscando a tu "noviecita", la encontrarás más adelante. No te preocupes que está bien…

La chica entonces le frunció el ceño, molesta con él también por lo que había ocurrido.

—¡Pero te advierto una cosa, Arthur! —le dijo inclinándose hacia adelante y señalándolo con un dedo— ¡Si Alyssa vuelve a intentar emboscarme a solas como ahora, me aseguraré para la próxima vez tener a Rose a mi lado! ¡Quiero ver si ahí se atreve a empujarme en su presencia!

Tras decir aquellas palabras ella procedió a retirarse.

—¡Claudia! —le suplicó para que aún no se fuese.

—¡No tengo nada más que decirte!

Viendo que era inútil seguir intentando hablarle, Arthur corrió hacia el grupo de árboles donde se encontró a Alyssa llorando de rodillas el suelo. El monje guardián se agachó a su lado.

—¡Alyssa! ¿Estás bien? ¿Qué fue lo que ocurrió?

Súbitamente la pelirroja se tornó hacia él, se le abalanzó encima y lo abrazó.

—¡Lo siento! ¡Lo siento tanto, Arthur! ¡Perdóname por ser tan estúpida! —comenzó a exclamar entre sollozos— ¡Por favor no me odies!


Tras hacer otra pausa para ordenar sus pensamientos, el maestro monje continuó con su historia desde la flor del tiempo.

Un día, hubo un tema que comenzó a generar gran discusión entre nosotros. Estaba relacionado con algo conocido como la Profecía del Séptimo Avatar…

Cuando Arthur escuchó aquello se le vino a la memoria cuando Batuo había mencionado algo acerca de una profecía en Villa Brumosa. De la cual se había negado entrar en grandes detalles en las ocasiones que le había preguntado al respecto.

Como te dije alguna vez, la profecía tiene que ver con el regreso de los Monjes Guardianes al mundo. Hace muchos siglos, los Monjes Guardianes se movían libremente fuera del Monasterio ayudando a los habitantes de Shanxi. Incluyendo hacer encargos para el mismísimo Emperador. Pero un día, molesto de que los monjes no quisieran someterse de manera completa a su autoridad, decidió perseguirnos hasta que nos vimos obligados a replegarnos de regreso a nuestro monasterio.

»En aquellos días, los Monjes Guardianes eran liderados por el Sexto Avatar. El cual es un monje que ha sido capaz de liberar los siete chakras de nuestros cuerpos y por lo tanto digno de convertirse en receptáculo para el espíritu divino de Paoxi como su avatar. Según nuestras tradiciones, Paoxi es el padre de la humanidad, el que le reveló la doctrina de los Monjes Guardianes a nuestro fundador Shi Yongxin.

»Esto es a diferencia de Arceus, el cual es conocido como Pangu por nosotros y sólo considerado el padre de los pókémon. Paoxi fue el que le receló a nuestro fundador el Ritual de los Siete Sellos. El cual no solo es la fuente de nuestro poder en el chi, sino que su realización completa por un individue le permite volver a caminar entre nosotros a través de este. Ya que a diferencia de Pangu, Paoxi perdió su cuerpo físico durante la época de la creación de la humanidad.

Batuo hizo una pausa en este recordatorio de información para Arthur.

Cuando Paoxi en el Sexto Avatar vio lo que el Emperador había decidido hacer, se entristeció y se sintió decepcionado en gran medida. Más aún ya que según las tradiciones imperiales de Shanxi, la dinastía Imperial reinante gobierna bajo la bendición del propio Paoxi. Un concepto conocido por la gente de mi tierra como el Mandato del Cielo y es por lo tanto la fuente de su legitimidad. Por lo tanto, Paoxi a través de su avatar declaró dos profecías.

»La primera de estas fue declarar la caída de la dinastía imperial ya que por su arrogancia, había perdido el Mandato del Cielo. En donde en pocos años tras múltiples desastres naturales y una sangrienta guerra civil, la dinastía imperial fue derrocada y reemplazada por otra que heredó el Mandato.

»Mientras que la segunda profecía indicaba los signos y señales de la aparición del Séptimo Avatar. El cual junto con el regreso de Paoxi al mundo, indicaría el día en el que los Monjes debían volver a abrir sus puertas y prestar sus servicios de nuevo a Shanxi. Esta profecía se registró en un pergamino de seda, pero su conocimiento quedó reservado únicamente para el Abad de turno y a los integrantes del Consejo de los Ancianos. Ya que según nuestros predecesores, era una medida de seguridad para evitar que alguien pueda abusar de su contenido a menos que sea de total confianza.

El maestro monje se detuvo un momento para concentrarse en sus recuerdos.

Volviendo a lo que estaba diciendo antes y teniendo en cuenta lo que he dicho hasta el momento, hubo una época en el monasterio que se comenzó a hablar otra vez sobre la Profecía del Séptimo Avatar. Específicamente, sobre la necesidad de seguir esperando a que se cumpliese la profecía ya que muchos consideraban que era un desperdicio que los Monjes Guardianes siguieran encerrados en el Monasterio. Decían que lo mejor sería salir de nuevo al mundo exterior a prestar nuestros servicios a Shanxi al igual que lo hacíamos en época dorada. Una de las personas que deseaba esto era Mei Fang. La que en poco tiempo se volvió la líder de la facción que buscaba la apertura temprana del Monasterio. Y yo, como su amigo y admirador, decidí unirme también…

Batuo sacudió la cabeza.

Pero a pesar de la insistencia de este grupo, el Abad y el Consejo de Ancianos fueron firme en su decisión en seguir esperando que los designios de la profecía se cumplieron. Lo que causó en Mei Fang una gran frustración y que comenzara a cuestionar la autoridad de nuestros líderes. Debido a esto, ella finalmente tomó una decisión arriesgada que lo cambiaría todo para siempre…

El monje inhalo aire, como si estuviese preparándose para lo que iba a decir.

Ella se infiltró de manera ilegal en el archivo donde el pergamino con la profecía estaba guardado evadiendo las medidas de seguridad, algo que pudo hacer con mi ayuda…. Una vez que tuvo acceso al pergamino, Mei Fang leyó su contenido y tras escapar a salvo se encontraba alegre y llena de júbilo. Me dijo que de acuerdo con lo que había leído, el regreso del Avatar estaba cerca y que la profecía estaba por cumplirse ¿Por qué? Le pregunté. Y me respondió que según lo que había leído, ella misma era la destinada a ser el Séptimo Avatar…


La historia continuará el próximo mes en el capítulo 4: Reunión de Negocios.