—¿Y?

—¿Qué?

—¿Cómo te fue con Potter? —preguntó Pansy recostada en el sillón de la habitación, teniendo en manos un libro y Zabini dormido en sus piernas.

—Fue... extrañamente bien —contestó el rubio, desatando el nudo de la corbata y dejando el saco en el respaldo de la silla.

—¿No habrá detalles? —Frunció el ceño disgustada.

—No. —Sonrió ante el puchero de su amiga.

Y con eso, fue el cierre de ese tema.


Hola, Malfoy

Espero que te encuentres bien.

Perdón por no haber enviado una carta esta última semana, he estado demasiado ocupado en el trabajo.

Me la pase increíble la última vez y si no tienes un compromiso me gustaría volver a verte.

Espero tu respuesta.

-Harry.

¿Con qué "increíble"?

Draco tomó pergamino y pluma y se dispuso a escribir.

Potter.

Me encuentro de maravilla, gracias, espero que ese también sea tu caso.

Respecto a la reunión, estaría honrado de volver a conversar con el Salvador del mundo mágico, puedo el miércoles a media tarde. Si tienes un inconveniente con ese horario, hazmelo saber y acordamos otra fecha.

Ten un lindo día, cuatro ojos.

- Malfoy

Releyó su escrito, verificando si había alguna falta ortográfica, letra intendible, o algún comentario que podría ser tómalo a mal. Una vez satisfecho, lo metió a un sobre y lo ató a la pata de su búho.

—Al odioso de Potter, por favor.

Una hora después, le llegó la contestación.

Malfoy.

Ese día estoy libre, nos vemos en el mismo lugar.

Espero con ansias volver a reunirnos.

Hasta el miércoles.

- Harry

Draco sintió los nervios recorrer su espalda. Si bien, había disfrutado de su encuentro, aún la culpa vivía en él. Sabía que no podía recompensar todas las cosas malas que hizo, y temía decepcionar a Harry, defraudar su confianza y perder la última oportunidad de ser amigos, algo que había añorado desde que fue un niño.

Para intentar calmarse, se sentó delante de su lienzo y tomó un pincel.

No tenía planeado qué pintar, así que se dejó guiar por sus instintos.

Plasmó una mancha de pintura verde en el centro, le dió forma de círculo, agregó negro, blanco, más tonalidades de verde y azul hasta que cayó en cuenta que volvía a dibujar los ojos de Potter.

Suspiró frustrado.


Esta vez, optó por una camisa con mangas largas (aunque estas terminaron arremangadas hasta arriba de sus codos) de botones, pantalones y unas botas de tacón negro.

Al llegar a las tres escobas, no vio a Potter ahí, así que se sentó en una mesa pegada a la ventana y esperó mientras observaba a la gente ir y venir, muchos niños cargando los libros que usarían en Hogwarts, un sentimiento de nostalgia se asentó en su pecho. Confiaba en que esos niños tendrían una infancia normal y alegre, fuera de prejuicios y actos que después se arrepentirían.

Absorbo en sus pensamientos, no supo cuando Harry se había sentado frente a él.

—¿Esperaste mucho?

Draco saltó en su asiento y volteo su atención a su acompañante.

—Si ese fuera el caso, ya me habría ido.

—De ahora en adelante tendré más cuidado, siempre me distraigo y no soy consciente de la hora. Suelo llegar tarde —dijo avergonzado, el rubor en sus mejillas tomó acto de presencia.

—Lo recuerdo. Tenías que correr para entrar al salón a tiempo.

—Eso no ha cambiado mucho, supongo —sonrió tímido.

—Es bueno que algunas cosas queden igual.

—Algunas veces el cambio es bueno.

Este cambio es bueno, pensó Draco, manteniendo el contacto visual con el contrario, veía los ojos del otro brillar.

Llegó una mesera a pedir su orden, rompiendo el silencio acogedor que se había extendido entre los chicos, ambos contestaron amablemente a la mujer.

Harry se acomodó en su silla, inquieto, sin saber cómo proceder.

Draco estaba igual de incómodo, no sabiendo qué decir para empezar una conversación. La otra vez fue fácil hablar, pero ahora parecía que había una pared entre los dos que les impedía mantener una plática.

—¿Cómo te ha ido en el trabajo? —Draco se golpeó mentalmente por la tonta pregunta que había lanzado.

Harry, quien había estado bebiendo silenciosamente de su jarra, evitando su mirada, sonrió enternecido.

—Tan cansado como todos los días desde que estoy ahí. Aunque debo admitir que amo la adrenalina que te entrega y saber que estas haciendo lo correcto, mejorando el mundo.

—Tu complejo de héroe sigue tan marcado como un tatuaje, Potter.

Harry se río.

—Bien, ¿y que tal tu trabajo?

—Ha ido bien, he estado practicando hacer pinturas móviles.

—¿Y cómo vas con eso?

—No tan bien, ya domino el hechizo, sin embargo es complicado dibujar encima para que haya movimiento, no sale igual y se ve borroso.

—Estoy seguro de que lo vas a conseguir. Me encantaría tener un cuadro marca Malfoy.

—Si me dices un diseño, tendrás uno.

—¿De verdad? —Los ojos de Potter se iluminaron y una gran sonrisa adornó su rostro, sus mejillas subieron haciendo enchinar sus ojos y creando arrugitas a los lados —. Me gustaría que hicieras cualquier cosa que refleje a Hogwarts. Fue mi primer hogar y... lo extraño.

Draco entendía lo que significaba para Harry ese lugar, para él era igual.

—Bien,te lo daré la próxima vez que nos veamos.

—Hablando de eso, tengo libre el viernes de la próxima semana, ¿crees que podamos reunirnos aquí de nuevo?

—Si mal no recuerdo, no tengo nada programado. Lo más seguro es que sí, pero te confirmaré días antes.

Después de acordar su plan, siguieron hablando de algunas experiencias que vivieron en el colegio, de sus amigos, algunas escapadas, y con quienes tuvieron un lío amoroso.

—Primer beso —preguntó el menor.

—Blaise y Pansy.

—¿Qué?

—Fue en una fiesta de Slytherin, bebimos demasiado y terminamos chapandonos los tres a la vez.

—¿Cómo es posible siquiera hacer eso?

—Yo también me lo pregunto, no recuerdo nada de eso, la única evidencia es una fotografía, si no existiera, nunca hubiera sospechado que hice tal cosa. Vas tú.

—Cédric.

Draco se atragantó con su bebida.

—¿Qué?

—Estábamos, ay Dios. —El color rojo subió por el cuello de Harry hasta sus orejas y se tapó la cara con las manos —. Y-yo entré al baño de prefectos para resolver la segunda prueba, ya sabes, la del huevo, el punto es que él también estaba ahí, y no prácticamente vestido, cuando lo vi (cabe aclarar que de su cintura para abajo estaba cubierto por el agua) me paralice, Cédric me pidió de acercarme, así que lo hice, me jaló del cuello de la camisa y ejem, ya sabes lo demás.

La voz del pelinegro disminuía con cada palabra pronunciada, por lo que fue una suerte cuando el rubio entendió a la perfección su confesión.

—Por Merlin, Pansy y Blaise me deben diez galeones.

Harry descubrió su cara, y lo miró.

—Era un poco obvio que te gustaba.

—¿De verdad lo era?

—Solo si ponías atención.

—¿Y tú me ponías atención?

—Lo sigo haciendo.

Le dió un trago a su bebida, intentando disimular la sonrisita que tenía después de decir eso, aunque no puedo reprimir la burla hacia Harry cuando este se puso más colorado que antes.

A las cinco, se retiraron del local, se despidieron con una sonrisa y movimientos de mano.


Potter.

Espero que la invitación para el viernes siga en pie.

- Malfoy


Malfoy.

Por supuesto.

Te quiero ahí a las tres.

- Harry ;)


Potter.

Más te vale llegar temprano, un minuto de retraso y me iré.

Posdata: ya tengo tu pintura.

- Malfoy.