—Potter, algo ha estado rondando por mi mente y no me ha dejado dormir —dijo Draco cuando Harry había tomado asiento.

—¿Qué es?

—Te besaste con Diggory —las mejillas de Potter tomaron un ligero color rojizo —, pero él fue con Chang al baile de Navidad, después en quinto año tú saliste con ella.

Harry se quedó mudo.

—S-sí, bueno, sucede que a mí en tercero me gusto Cho, físicamente era bellísima, y muy buena jugando Quidditch, pero nunca hable con ella. En el torneo, admiraba a Cédric, y lo empecé a conocer al punto que me empezó a atraer. Nos besamos, sin embargo nunca volvimos a comentar el incidente, ya que a él le gustaba Cho, y yo solo fui, eh... ¿su manera de confirmar su sexualidad? Hablamos de eso en el laberinto, me pidió perdón y me confesó que yo le gustaba, pero que ya estaba en una relación y tenía miedo de como iban a reaccionar los demás. Así que, dejamos las cosas como buenos amigos, antes de que... Bueno, ya sabes.

Draco sintió una puñalada en el corazón al ver el semblante triste de Potter, como bajó la mirada, como se mordió su labio y jugó con sus manos de manera nerviosa.

—Tú tienes un verdadero problema con los buscadores de Quidditch.

Harry empezó a reír por el comentario, despejando su mente de los recuerdos.

Después de un rato hablando, de haber contado anécdotas de su trabajo o infancia, beber varias jarras de cerveza de mantequilla, Draco le entregó su pintura.

En ella se mostraba a Harry de trece años vestido con su uniforme de Gryffindor, a las orillas del lago negro. Montaba su saeta de fuego, la snitch volaba libre entre los follajes de los árboles, el cielo estaba en tonos naranjas por la puesta del sol, Hermione y Ron estaban a lo lejos jugando ajedrez y rodeados de libros, el castillo se veía a la distancia, pero el agua reflejaba como se veía Harry actualmente, usando su traje de auror y con algunas cicatrices que había ganado en su trabajo de campo.

El pelinegro tomó el cuadro, lo examinó por tanto tiempo que Draco temió que no le gustara. Había decidido pintarlo al óleo y usó la técnica del impresionismo, aunque realista.

—Sí dices "revelio" la imagen se mueve.

Harry al hacerlo, vio como su yo pequeño pasaba volando hasta conectar la mirada con su yo del presente, debía de admitir que se veía apuesto, el mayor le saludó con la mano, y tuvo de respuesta una sonrisa, también se apreciaba a sus amigos jugar y platicar, luego volvió de nuevo a su forma original.

—Tiene otra versión, donde atrapas la snitch, solo debes apuntar a la pelotita antes de decir el hechizo.

Draco, esto es hermoso.

El nombrado se quedó plasmado al escuchar su nombre salir de los labios ajenos, aunque rápidamente adoptó un gesto altivo.

—Por supuesto, lo hice yo. Sí pensará que fuera un asco, no te lo hubiera dado, además, los Malfoy todo lo hacen bien.

Harry lo miró con un brillo en sus ojos.

—Gracias. ¿Cuánto te debo?

—Tómalo como un regalo. Te lo mereces.

—¿Por qué?

—Sigues sonriendo aunque la vida te haya tratado como la mierda, eres valiente, estúpido también, aunque tienes valor y eso se admira.

El ojigris sintió un calor apoderarse de su cara, así que cambió de tema antes de que se expusiera más de lo debido. Potter solo sonrió.

—Quiero que vengas conmigo.

—Vaya, Potter, sé que soy irresistible, pero no pensaba qué tanto.

—Ja, ja, muy gracioso. Acompañame a la mundial de Quidditch, será en Bulgaria. Yo te compro el pasaje, tu hospedaje, transporte, alimento, todo.

Draco alzó una ceja divertido.

—Sí que me quieres ahí. Sin embargo, no debes preocuparte por nada de eso, mi familia tiene propiedad allá, y Víktor ya me envió un boleto.

—¿Sigues en contacto con él?

—Por supuesto, voy a verlo en todos sus partidos. Ahora, tú deberías acompañarme, tengo acceso directo a su estudio por los polvos flu, luego te quedas en mi casa, hay una habitación de invitados.

—Eso sería abusar de tu amabilidad.

—Yo te lo estoy proponiendo, me encantaría que vinieras conmigo.

—Yo quería invitarte a algo.

Draco, sufrió por retener su risa ante el puchero de Potter.

—Habrá otras oportunidades. Te enviaré el boleto del juego y la dirección de mi hogar para vernos allá.

—Ya cuento con una entrada.

—Pero no de primera clase.

Harry sonrió, como hacia últimamente al reunirse con Malfoy.

—Me convenciste.

—Claro, porque convencer a alguien de ir a un partido en los mejores asientos, es muy difícil. Tengo trabajo acumulado, nos vemos después.

—¿Cuándo? El juego no es dentro de un mes, quiero vernos antes.

—¿El domingo te parece bien?

—¿A la una?

—De acuerdo. Adiós.

—Adiós.

Harry se quedó viendo embalsamado la figura de Draco al salir del establecimiento después de pagar la cuenta.

—No me digas que tu obsesión con el hurón volvió. —Se burló Ron, llegando de quién sabe dónde. —Uy, ¿qué tienes ahí? —preguntó refiriéndose a la pintura, aunque no le dió tiempo para contestar, ya que la tomó sin previo aviso, y se sentó en el lugar que antes ocupaba el rubio —. Tiene talento. Bueno, ¿quieres decirme por qué estabas con el oxigenado y yo que soy tu mejor amigo desde los once años no estaba enterado?

—Eh... ¿qué dirías si te digo que iré a casa de Malfoy en Bulgaria para ver el mundial?

—Diría que espero de ti lo que sea... —Ron tomó su bebida, antes de procesar todo. — ¿¡Qué tú harás qué?!