Tanto Naruto como High School DxD no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto y Ichiei Ishibumi respectivamente.


Raynare abrió los ojos lentamente, su cuerpo entero gritaba de dolor, cortesía de los despiadados golpes de Ingvild, quien la había dejado inconsciente. Al principio, su visión era un mero borrón, pero poco a poco, las formas y colores de la habitación comenzaron a definirse.

"Por fin despiertas, Ray-chan."

El tono burlón de la voz la hizo girar la cabeza hacia su derecha. Meredith estaba cómodamente recostada sobre un lujoso sofá, su único ojo brillando con diversión.

"¡Asqueroso demonio!" escupió Raynare, intentando levantarse para atacar. Sin embargo, un fuerte chirrido metálico resonó en la habitación, deteniéndola en seco. Solo entonces notó las gruesas cadenas que la mantenían anclada al suelo, imposibilitándole cualquier movimiento brusco.

Meredith se incorporó levemente, una sonrisa aún más amplia se dibujó en su rostro al ver la expresión de furia en la expresión de Raynare.

"¿Pensaste que no tomaríamos precauciones?" dijo con evidente diversión. "No eres tan peligrosa como crees, pero no quería arriesgarme a que hicieras una tontería antes de que mi rey se presente."

Raynare reunió algo de coraje y forzó una sonrisa desafiante. "¿Me encadenas por miedo?"

Meredith soltó una carcajada que resonó por toda la habitación. "¿Miedo? Oh, Ray-chan, no. Te encadené para evitar que acabes como una simple mancha en la pared. Mi rey tiene poca paciencia para tonterías."

Meredith se levantó del sofá, acercándose lentamente a Raynare. "Recuerda esto, pequeña cuervo," dijo mientras se inclinaba lo suficiente como para que sus rostros casi se tocaran, "en este lugar, no eres más que una hormiga entre dinosaurios. Así que elige tus palabras con cuidado cuando estés frente a él."

La sonrisa y el coraje abandonaron a Raynare, ella desvío su mirada y frunció el ceño. Sus ojos escudriñaron la sala con más atención, notando por primera vez la cantidad de libros y pergaminos que adornaban las estanterías, y los pocos muebles que ocupaban la biblioteca.

Entonces, algo capturó su atención: las cadenas que la apresaban estaban cubiertas de runas desconocidas, brillando ocasionalmente con cada movimiento que hacía o si intentaba invocar su poder.

"Te daré un último consejo, Ray-chan."

De repente, la cabeza de Raynare fue forzada a levantarse, sus ojos atrapados en la mirada de Meredith.

"Será mejor que cooperes con las preguntas de mi rey," susurró Meredith con una sonrisa que prometía tormento.

Raynare entrecerró los ojos, su tono lleno de desdén cuando replicó, "¿Y qué si no lo hago?"

Meredith esbozó una sonrisa y, por alguna razón, Raynare sintió un escalofrío recorrer su columna.

"Espero que no lo hagas. Me encantaría ver cómo te enfrentas a las consecuencias." Dijo Meredith, volviéndo a sentarse.

Raynare mantuvo la mirada fija en ella, endureciendo su expresión. "No les tengo miedo," declaró. "Y tú deberías preocuparte más, porque acaban de cometer el peor error de sus vidas al atacarnos."

Meredith arqueó una ceja, claramente curiosa por las palabras de Raynare, pero no respondió.

"Mi jefe tiene un poder más allá de lo que cualquiera de ustedes podría soñar con igualar, y cuando—"

Meredith la interrumpió con una risa suave. "¿Hablas de Kokabiel?"

Raynare se quedó atónita, su expresión pasó de la furia a la incredulidad en un instante.

"No pongas esa cara," Meredith continuó, dándole la espalda mientras se acomodaba en el mueble, su tono despreocupado. "Azazel es muy bueno recolectando información. Y Kokabiel... bueno, digamos que la sutileza nunca ha sido su fuerte."

Raynare apretó los labios, dándose cuenta de que estos demonios no solo estaban preparados, sino que también sabían exactamente a qué se enfrentaban, incluso si eso significaba desafiar a uno de los líderes de Grigori.

El silencio en la habitación se hizo pesado, y los minutos pasaron con una tensión palpable. De repente, la puerta se abrió, y una energía opresiva llenó el aire. Raynare sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, un poder tan abrumador que casi la hizo arrodillarse por instinto. Jamás había experimentado algo así, ni siquiera Kokabiel, con toda su arrogancia y fuerza, podía compararse con la presencia que ahora la miraba desde la puerta.

Era como estar en presencia de la misma esencia de la destrucción.

"Ángel caído Raynare," pronunció la figura con voz tranquila, pero cargada de un poder que resonaba como un trueno distante.

Raynare no pudo evitar bajar la cabeza, su boca seca y su mente luchando por procesar el miedo que la envolvía. Sabía, sin lugar a dudas, que este era el "rey" del que Meredith había hablado.

"¡Levanta la cabeza y responde!" Dijo Meredith, sonaba más como una orden que resonó con magia.

De nuevo, Raynare sintió su cabeza levantarse contra su voluntad, obligada a mirar esos ojos azules como el cielo que la observaban con calma.

"Es suficiente, Meredith," dijo el hombre.

Meredith resopló, cruzándose de brazos mientras miraba a su rey con algo que rozaba el reproche. "Eres demasiado suave, mi rey," murmuró, aunque no intentó ocultar su descontento.

El ignoró la queja de Meredith, manteniendo su mirada fija en Raynare.

"Mi nombre es Naruto Gremory," se presentó.

El hijo del Maou Lucifer, pensó Raynare, reconociendo de inmediato el nombre.

"Solo necesito saber algo de ti," continuó Naruto mientras se dirigía al escritorio y se sentaba sobre él, cruzando los brazos. "Luego te enviaré a Grigori para que Azazel se haga cargo de ti."

Raynare lo observó con cautela. "¿Qué tan involucrado está Azazel-sama en esto?" preguntó, tratando de entender la situación.

"Él movió toda esta campaña para arruinar los planes de Kokabiel," respondió Naruto. "Y nosotros somos las personas correctas para el trabajo."

Raynare frunció el ceño, la confusión marcando su rostro. "No entiendo por qué me necesitas," admitió, desconcertada. "Supongo que ya sabes que Omega se ha instalado en Kuoh y cuál es su objetivo."

Meredith, que había permanecido en silencio, observó a Raynare con cierta sorpresa. ¿Siempre ha sido tan sumisa?, pensó, intrigada por la aparente docilidad de la ángel caída.

"Mi pregunta no es sobre Omega," dijo Naruto. "Es sobre Qliphoth."

Raynare lo miró aún más perpleja. "¿Qué es Qliphoth?"

Naruto intercambió una breve mirada con Meredith antes de soltar un suspiro. "Olvídalo," dijo, notando que no valía la pena insistir en el tema. "¿Gadreel está en Kuoh?"

"Gadreel-sama se ha mantenido oculto desde que se enfrentó a Squad Hod," respondió Raynare, encogiéndose de hombros. "Lo más probable es que esté junto a Kokabiel o en algún lugar del mundo."

Meredith se levantó y caminó hacia Raynare, con una chispa de curiosidad en sus ojos. "Yo tengo una pregunta para ti," dijo, volviendo su mirada hacia Naruto en busca de aprobación. "¿Puedo?"

Naruto asintió en silencio.

"¿Has oído hablar de Gha'agsheblah?" preguntó Meredith.

Raynare frunció el ceño, el nombre le resultaba vagamente familiar. "Sí, pero no sé exactamente qué es," respondió, tratando de recordar.

"¿Dónde o de quién lo has escuchado?" presionó Meredith.

"Lord Kokabiel mencionó ese nombre alguna vez mientras hablaba solo," confesó Raynare, su ceño fruncido mientras recordaba la escena. "Parecía murmurar en la oscuridad de una habitación, susurrando cosas que no pude oír con claridad. Lo único que pude distinguir entre sus susurros fue ese nombre, Gha'agsheblah."

Meredith asintió, satisfecha con la respuesta, mientras un círculo mágico de teletransportación comenzaba a formarse bajo Raynare.

"Gracias por tu colaboración," dijo Meredith, una sonrisa de satisfacción cruzando su rostro. "Esperemos no volvernos a encontrar pronto."

Antes de que Raynare pudiera responder, la magia la envolvió, y en un parpadeo, desapareció del lugar, dejando solo un vacío en el espacio que ocupaba.

"Eso fue más fácil de lo que pensé," comentó Meredith con una sonrisa pícara. "Tal vez el hecho de no ocultar tu poder y permitir que Raynare sintiera la inmensidad de tu energía fue lo que la hizo cantar de inmediato."

Naruto asintió ligeramente. "Solo apliqué lo mismo que muchos hicieron conmigo cuando era más joven. Funciona cuando tratas con alguien de mente débil y fácilmente influenciable. Aunque siempre hay personas demasiado tercas para su propio bien."

Meredith se dejó caer de nuevo en el mueble, relajándose mientras dirigía una mirada curiosa a su rey. "¿Y ahora qué? ¿Vamos a Kuoh y salvamos a tu tía y a la pequeña hermana de Sera-chan?"

Naruto estaba a punto de responder cuando su celular vibró en su bolsillo. Sacó el dispositivo y vio que había recibido un mensaje de Azazel. Con una leve inclinación de su cabeza, leyó el mensaje en voz alta para que Meredith pudiera escuchar:

"Información extra. Hay un adolescente en Kuoh que alberga un posible Longinus. Manténlo vigilado lo suficiente hasta que descubras qué tipo de Sacred Gear es. Aumentaré la paga a veinte millones si decides aceptar."

Meredith, al escuchar la noticia, se incorporó rápidamente, su rostro reflejando sorpresa y emoción. "¿Un Longinus en Kuoh?" Su voz denotaba una mezcla de incredulidad y entusiasmo. La oportunidad de encontrar un Longinus siempre era algo que no podian dejar pasar.

Naruto consideró el mensaje de Azazel, sopesando las implicaciones. Azazel había confiado en él para vigilar al posible portador del Longinus, sabiendo que, si resultaba ser uno, Naruto podría reclutarlo para su nobleza, un movimiento estratégico que podría cambiar el equilibrio de poder entre las tres facciones.

"Necesitamos reclutar a esa persona," declaró Meredith. "Si en verdad es un portador de Longinus, sería una gran adición a la nobleza."

"Ve y habla con Grayfia," dijo Naruto. "Nos vamos hoy mismo hacia Japón."


Su nombre es Hyoudou Issei. Para sus padres y amigos, simplemente Ise.

Era un adolescente común y corriente, o al menos, eso es lo que la mayoría creería al verlo, si no lo conocían o habían escuchado de el. Había vivido toda su vida en el tranquilo pueblo de Kuoh, llevando una existencia aparentemente normal, sin mayores inconvenientes.

"¡Issei, ven a desayunar!" La voz de su madre lo sacó del sopor matutino.

Issei abrió los ojos con pereza, la somnolencia todavía lo envolvía, instándole a permanecer bajo las sábanas un rato más. Sin embargo, sabía que tenía que levantarse. Sentía la boca seca, casi como si hubiera estado comiendo arena, y lo único que quería en ese momento era un buen vaso de agua o jugo.

Deslizándose fuera de la cama, Issei se estiró, sintiendo cómo sus músculos cansados crujían y se desperezaban, preparándose lentamente para el día que comenzaba.

Su habitación... bueno, su habitación era un reflejo de su propia personalidad, aunque no necesariamente en el mejor sentido. Para alguien con una moral estricta o un sentido ético más puritano, la habitación de Issei sería motivo de alarma, tal vez incluso una señal de advertencia.

Las paredes estaban tapizadas con pósters de mujeres en bikini, en su mayoría personajes de anime, pero también algunas actrices de la industria para adultos. El suelo estaba sembrado de revistas eróticas, sus páginas mostrando mujeres en poses provocativas, con poca o ninguna ropa. Algunas de esas hojas estaban manchadas con algo pegajoso, dejando en el aire un vago olor a cloro, una marca más de las actividades nocturnas del joven.

Bostezando ruidosamente, Issei se acercó a la ventana, tirando de las persianas y abriéndola de par en par. La luz del sol matutino invadió la habitación, junto con una fresca ráfaga de aire que movió su cabello castaño.

"Espero que Matsuda haya conseguido ese juego eroge..." murmuró, rascándose la cabeza mientras sus pensamientos vagaban por los placeres que lo esperaban.

Con su toalla en mano, se dirigió al baño para una ducha fría. El agua helada golpeó su piel, despejando de inmediato los últimos vestigios de sueño, dejándolo completamente despierto y listo para el día.

Unos minutos más tarde, Issei bajó las escaleras hacia el primer piso, ya vestido con su uniforme escolar. El conjunto consistía en un blazer sobre una camisa de vestir blanca de manga larga con detalles negros, una cinta negra al cuello, pantalones negros y zapatos de vestir marrones.

"¡Buenos días!" saludó al entrar a la cocina.

Su padre, Gorou Hyoudou, estaba sentado a la mesa, absorto en la lectura del periódico. Al escuchar a su hijo, levantó la mirada y le ofreció una sonrisa cálida, devolviéndole el saludo sin palabras.

"Buenos días, cariño", respondió su madre con una sonrisa mientras colocaba un plato de comida en la mesa frente a él.

Issei se relamió, su boca se hizo agua al captar el delicioso aroma que emanaba de su desayuno. "Gracias, mamá."

Se sentó y comenzó a devorar su comida, saboreando cada bocado. La comida de su madre siempre era la mejor, no había duda de ello.

Mientras Issei disfrutaba de su desayuno, Gorou dobló el periódico con cuidado y lo dejó a un lado, centrando su atención en su hijo. Issei, demasiado concentrado en su comida, no se dio cuenta de la mirada pensativa de su padre hasta que este finalmente habló.

"Ise, ¿podemos hablar?" La voz de Gorou, normalmente tranquila, llevaba un matiz de preocupación.

Issei dejó de comer, levantando la vista para encontrarse con la mirada seria de su padre. Estaba sorprendido por el tono inusual en su voz.

"Claro, papá," respondió, dejando los cubiertos a un lado, prestando toda su atención.

Gorou guardó silencio por unos segundos, observando a su hijo como si estuviera evaluando cómo decir lo que tenía en mente. Finalmente, soltó un largo suspiro, sacudiendo la cabeza antes de hablar.

"Tu madre y yo estamos preocupados, Ise," dijo con un tono grave.

Issei notó de inmediato el cambio en el ambiente. Miró a su madre, quien seguía lavando los platos como si no hubiera nada fuera de lo común, aunque él sabía que algo no estaba bien.

"¿Qué pasa, papá?" preguntó Issei, sintiendo cómo la tensión de su padre comenzaba a invadirlo.

Gorou apoyó los codos en la mesa, entrelazando las manos y descansando la barbilla sobre ellas. Su expresión era tan seria que Issei no pudo evitar compararlo mentalmente con Gendo Ikari de Neon Genesis Evangelion.

"¿Cuándo nos vas a dar nietos?" preguntó Gorou, con un tono tan grave que parecía estar discutiendo una cuestión de vida o muerte.

Issei lo miró completamente atónito, incapaz de comprender cómo la situación había dado un giro tan extraño.

"Lo que tu padre quiere decir," intervino su madre, Miki, sentándose junto a Gorou y dirigiéndole a Issei una mirada suave pero llena de preocupación, "es que ya tienes diecisiete años y nunca has traído a una novia a casa." Su voz se quebró un poco mientras continuaba: "Nos preocupa que nunca lleguemos a tener nietos a los que malcriar..."

Issei permaneció inmóvil, su rostro mostrando una mezcla de incredulidad y desconcierto, mientras veía a su padre tratar de consolar a su madre que parecía estar al borde de las lágrimas.

"¿O... eres gay?" soltó Gorou de repente, su expresión tan seria que por un momento Issei pensó que lo decía en serio.

La mandíbula de Issei cayó, sus ojos se abrieron tanto que parecía que iban a salirse de sus órbitas. Las palabras de su padre lo dejaron sin aliento.

"Es una posibilidad interesante, cariño," añadió Miki, llevándose una mano al mentón, como si estuviera evaluando la teoría. "Siempre me ha parecido extraño escuchar esas risas en tu cuarto cuando estás con esos dos amigos tuyos."

Gorou asintió, mirando a su hijo con la misma gravedad de antes. "Es una pena que no vayamos a tener nietos, pero te apoyamos en tu decisión."

La seriedad de sus padres casi hizo que Issei se golpeara la cara con la palma de la mano.

"¡No soy gay!" gritó Issei, poniéndose de pie de un salto. Sus ojos ardían con una mezcla de indignación y fervor. "¡Soy un hombre que ama las oppai y las mujeres, pero sobre todo las oppai!"

Gorou y Miki soltaron un suspiro de alivio, aunque Miki le lanzó una mirada severa por sus palabras.

"Jovencito pervertido," gruñó Miki. "Ya veo por qué nunca has traído a una mujer a esta casa."

"Eres único, hijo mío," añadió Gorou con un tono resignado. "Pero, tristemente, un espanta viejas."

"¡No pongan esas caras!" protestó Issei. "¡Antes de que termine este año, no solo tendré una novia... sino todo un harem!"

"Vete a la escuela, pequeño pervertido," ordenó Miki, dándole una mirada seca mientras le quitaba el plato de comida.

"¡No, mi desayuno!" exclamó Issei, desesperado.


Issei caminaba por el campus de la Academia Kuoh, con su mochila colgando de un hombro y un cubo Rubik en sus manos, girando las piezas con una destreza que indicaba cuentas veces había intentado resolverlo. Estaba absorto en su tarea cuando escuchó un grito familiar.

"¡Issei!"

Levantó la vista justo a tiempo para ver a un adolescente corriendo hacia él, con lágrimas en los ojos. Era Motohama, uno de sus dos mejores amigos, y se notaba que estaba pasando por una crisis emocional, o eso pensó Issei al principio.

Motohama vestía el uniforme escolar de Kuoh, igual que él, y llevaba sus gafas bien ajustadas en su rostro. Su cabello negro y ojos a juego, una expresión "desesperada" marcada en su rostro.

"Motohama, ¿qué pasa?" preguntó Issei, alarmado, guardando el cubo Rubik y preparándose para consolar a su amigo.

Sin decir una palabra, Motohama se lanzó hacia él, abrazándolo con fuerza mientras sollozaba en su hombro. Issei, sin saber cómo reaccionar, simplemente le dio unas palmaditas en la espalda.

"Matsuda-kun… ¡él… lo hizo!" gritó Motohama, su voz temblando por la emoción mientras volvía a abrazar a Issei, pero esta vez con lágrimas de felicidad.

Issei parpadeó, procesando lo que acababa de escuchar. Sus ojos se dirigieron hacia su otro mejor amigo, Matsuda, que se acercaba con una sonrisa orgullosa. Matsuda, el más musculoso del trío, podía parecer un pandillero por su apariencia dura y su cabeza rapada, pero Issei sabía que debajo de esa fachada había un corazón de oro.

Matsuda llevaba el uniforme de la academia, con la chaqueta desabotonada como siempre, y su sonrisa era tan ancha que parecía a punto de partirse la cara. Esa expresión de triunfo hizo que los ojos de Issei comenzaran a llenarse de lágrimas.

"¿Es cierto, Matsuda-kun?" preguntó Issei, acercándose con cautela, su voz temblando de emoción contenida.

Matsuda sonrió aún más, sacando algo del bolsillo de su pantalón con un gesto teatral, mostrándoselo directamente a Issei.

"¿Quién creen que soy?" dijo Matsuda, con un brillo en los ojos. "Les dije que lo conseguiría, y lo hice."

Issei miró el objeto que Matsuda sostenía en su mano y sintió que sus piernas casi cedían. Era un juego raro, hecho por fans para la Playstation 2, uno que era famoso a nivel mundial y casi imposible de conseguir.

"Bulma Adventure... La trilogía completa en un solo disco," susurró Issei, tomando el juego con manos temblorosas, como si fuera una reliquia sagrada.

Matsuda entonces alzó el puño al aire y gritó con una convicción que sacudió el campus entero:

"¡Hoy nos deleitaremos con una obra maestra del eroge! ¡Las pasionales aventuras de Bulma por todo el mundo, mientras alcanzamos la cúspide del pervertido y nos transformamos en super pervertidos!"

El silencio que siguió al grito fue inmediato. Los estudiantes alrededor se quedaron petrificados, como si el tiempo se hubiera detenido por un momento. Luego, la reacción fue explosiva.

"¡Malditos pervertidos!" gritó una de las chicas cercanas, su voz llena de indignación.

"¡El título del trío pervertido les queda perfecto!" añadió otra, mientras los insultos comenzaban a llover sobre ellos desde todas direcciones.

"Y yo que pensaba que eran solo rumores… ¡Ahora veo que son la pura verdad!" exclamó una tercera, su rostro contorsionado por la incredulidad y el desprecio.

Los tres amigos permanecieron de pie, como una roca en medio de una tormenta de acusaciones y miradas despectivas. Pero en lugar de amedrentarse, Issei, Motohama y Matsuda intercambiaron miradas cómplices, una chispa de orgullo brillando en sus ojos. Porque, a pesar de todo, habían conseguido lo imposible.

Y esa noche, sabían que serían más felices que nunca.

"¡Muy bien, todos a clases!" ordenó un joven de cabello corto rubio y ojos grises, su voz resonando con autoridad. Vestía el uniforme masculino de la Academia Kuoh, aunque sin la chaqueta reglamentaria y con las mangas arremangadas.

La multitud comenzó a dispersarse lentamente, pero los murmullos y comentarios despectivos continuaron hasta que el último estudiante se perdió en los pasillos de la academia.

"Siempre causando alborotos, como siempre," comentó el joven con un tono de desdén mientras se acercaba al trío.

Issei, que había estado observando en silencio, levantó una mano en un gesto de despedida sin mucho interés. "Pensé que Souna Shitori o Tsubaki vendrían a calmar la situación, pero solo es Genshirou Saji," dijo Issei con una sonrisa despreocupada.

"¡Basura pervertida!" Saji aceleró el paso hasta quedar frente a Issei, su expresión crispada de ira. "¡No hables tan casualmente de Sona-kaichou y Tsubaki-san! ¡Menos con esa boca sucia tuya!"

Matsuda, al ver la confrontación, dio un paso al frente, interponiéndose entre Saji e Issei. Su mirada, naturalmente intimidante, se volvió aún más amenazante. "¿Te han crecido las pelotas desde que estás en el consejo estudiantil, Genshirou?" gruñó Matsuda.

Issei, asomando la cabeza desde detrás de Matsuda, sacó la lengua en un gesto burlón, mientras Motohama se ajustaba las gafas, tratando de contener una risa.

Saji, sin inmutarse, sonrió con malicia. "Adelante, Matsuda," desafió. "Golpéame."

Matsuda frunció el ceño mientras lo miraba, sabiendo que caer en la provocación solo le traería problemas. Una pelea ahora significaría una suspensión segura.

"No vale la pena, Matsuda-kun," intervino Issei, empujando suavemente a su amigo hacia los pasillos de la academia. Mientras se alejaban, Issei se giró para mirar a Saji por encima del hombro. "Él solo es un pervertido reprimido que no puede ser tan libre como nosotros. Por eso está tan frustrado."

El trío pervertido caminó hacia el edificio principal, dejando a Saji detrás, observando su partida en un silencio cargado de resentimiento. Cuando llegaron a su salón de clases, agradecieron en silencio que, al menos en ese lugar, no tenían que lidiar con los miembros del consejo estudiantil.


Sona Sitri se sentó detrás de su escritorio, su mente llena de pensamientos conflictivos. Su hermana mayor, Serafall, se había comunicado con ella recientemente, pero esta vez no fue para las típicas bromas o para saber cómo iba su día. No, esta vez era un asunto serio: tramitar la transferencia de dos estudiantes demoníacos a la Academia Kuoh, estudiantes que, según su hermana, estaban bajo protección especial.

Fue una petición muy inusual.

"¿Ocurre algo, Sona-san?" preguntó una voz suave y calmada.

Sona levantó la vista, encontrándose con los ojos anaranjados de la joven que estaba sentada frente a su escritorio. Era una chica de una belleza impactante, y el uniforme escolar no lograba disimular su figura esbelta y atractiva. Sin embargo, lo que más preocupaba a Sona era el aura poderosa y densa que emanaba de ella. Aunque la expresión de la joven era tranquila, había una furia latente en sus ojos que hacía que Sona se sintiera en peligro.

Junto a la joven estaba un chico con el cabello corto, peinado en forma de tazón, que sonreía tontamente. Él también vestía el uniforme de la academia y parecía completamente ajeno a la tensión en la sala, dejando que su compañera se encargara de las formalidades.

"Entonces, Ingvild Romanoff y Rock Lee... ¿Qué los trae a la Academia Kuoh?" preguntó Sona, esforzándose por mantener su tono profesional.

Ingvild permaneció en silencio por unos segundos, su mirada fija en Sona. La ira en sus ojos parecía aumentar con cada segundo que pasaba, antes de responder con un tono frío. "Para experimentar la vida humana... y asociarnos mucho más con ellos."

"¡Y hacer muchos amigos con los cuales entrenar y mantener nuestras llamas de juventud encendidas!" interrumpió Lee con entusiasmo, su voz llena de energía.

Sona dirigió una mirada a Tsubaki, su reina, que parecía divertida por la actitud vibrante de Lee. Sona suspiró, tratando de relajarse, y decidió confiar en su hermana, esperando que estos dos no causaran problemas durante su estancia en la academia.

"Ingvild-san, estarás en mi clase," dijo Sona, con un esfuerzo visible para mantener la compostura, antes de volverse hacia Lee. "Rock Lee, estarás en la clase 2-B."

Ingvild apenas contuvo una reacción mientras una ceja temblaba levemente. Ya imaginaba la conversación que tendría con Naruto una vez que regresara junto con Grayfia del encargo que les había dado el Maou Beelzebub. Esa charla sería, sin duda, muy seria.


Bien, este capitulo fue divertido de escribir, especialmente la parte de Issei y sus amigos, fue un enfoque diferente a lo que está por venir una vez sea reencarnado, jugaré con esta dinámica un poco más antes de Naruto regrese.

Saque a Naruto y Grayfia de la ecuación para que no sea tan fácil de solucionar los problemas. En la nobleza ellos dos son los mas fuertes y los antagonistas de esta parte no los obligarian ni a moverse si se presentará una pelea directa (cosa que ocurrirá) y sería muy aburrido si Naruto aparece y los derrota inmediatamente.

Ingvild, Lee y Meredith toman el protagonismo por el momento, Issei también tiene una gran parte del protagonismo. Rias y Sona serán personajes secundarios hasta la reencarnación de Issei donde arrancamos con el míni arco del matrimonio arreglado.

Harem (por el momento): Ingvild Leviathan, Grayfia Lucifuge, Ravel Phenex, Artemis, Gabriel y Koneko.

Sigue la historia y deja tu reseña.

Sin mas que decir, me despido y por si no nos vemos luego, buenos días, buenas tardes y buenas noches.