El Ascenso de un Científico Loco
¡Descubriré cómo Funciona el Mundo!
Selección
No estaba muy seguro del motivo por el cual Seradina debía tomar la clase de giros, lo que si sabía es que era la única materia de toda la currícula escolar que le faltaba aprobar.
Los giros de dedicación eran obligados para todos los candidatos a archiduque y la realeza, motivo por el que la mujer debía aprobar la clase, aunque personalmente no le encontrara sentido.
Sin embargo, aquí estaba.
A estas alturas del invierno, la mayor parte de los alumnos ya había aprobado la clase, así que solo se encontraban presentes los rezagados y el grupo de sexto que fue seleccionado para girar. Mis hermanos menores, Eglantine y Anastasio tenían los roles de la pareja suprema y ambos eran excelentes. No teníamos correcciones que hacerles por lo que nos concentramos en los demás que giraban y después del descanso, veíamos a los que faltaban por aprobar.
Lady Seradina estaba entre ellos. Rozemyne, que ya estaba de vuelta de la ceremonia de dedicación, se encontraba a su lado. Parecía estar dándole algunos consejos de último momento mientras esperaba su turno para buscar el aprobado.
El giro de Lady Seradina fue hermoso, con la belleza que transmitía su devoción a los dioses, y como si necesitase una confirmación, luces de bendición escaparon de ella, mucho más pequeñas que las que escaparon de Rozemyne en su primer año y que no hacían más que aumentar con cada año.
Si juzgaba de un modo más objetivo, el giro de Eglantine era más precisó y elegante que el de la mujer, sin embargo… tenía que admitir que el de Seradina era más hermoso. Como si la devoción fuese parte de la belleza.
"Hermoso giro, princesa Seradina." La alabó Primevere. "Ha aprobado."
"Estoy feliz de que mi oración llegara a los dioses y los conmoviera."
"Si lo desea, podríamos darle un lugar en la danza." Comentó Christine, diciendo en voz alta lo que todos deseaban, pero no se atrevían.
"Oh, no podría…"
"Puede tomar mi lugar." Dijo Imiza, una archinoble que cargaba con el peso de no tener un candidato a Archiduque de su ducado en su año. "Estoy girando porque no había nadie que lo hiciera o que quisiera en todo caso. Pero solo soy una archinoble. Seré su remplazo."
Esa fue la primera vez que vi a la mujer perder la compostura. Tuve que toser en mi mano para disimular la risa que amenazaba con escapar, encontrándome con los ojos de mi novia, quien parecía morder su mejilla para no reír.
Sacerdotes y doncellas del templo terminamos girando en contra de nuestra voluntad, cómo si fuera una maldición o una encomienda de los mismos dioses.
Lady Imiza tenía el papel de Gedulh, sin embargo, cuando cedió su lugar a la madre de Rozemyne, no fue el de la diosa de la tierra, sino el de Schutzaria el que le dieron a Seradina, irónicamente, adecuado para ella.
Más tarde me enteré que Lady Seradina retrasó su examinación de esta clase para evitar ser seleccionada como una danzante, sin estar al tanto de que Glückität se encargaría de ponerla sobre el escenario, lo deseara o no.
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El tiempo pasó vertiginoso y antes de darme cuenta, el torneo interducados estaba iniciando.
El lado positivo era que los rumores sobre mi comprometiéndome con Seradina al fin desaparecieron y, aunque aún existían algunos partidarios de Galtero que se esforzaban por afirmarlo, no conseguían convencer a nadie.
Por desgracia este año no participaría de forma activa.
Muchos me observaban queriendo confirmar que yo era uno de los emisarios, por lo que estaba evitando a las personas. A pesar de ello, no me perdería las exposiciones de Rozemyne. O la oportunidad de reafirmar mis posibles pilares.
En el espacio que se había colocado para la soberanía, junto a las exposiciones de mi novia, encontré el trabajo de Anastasio, 'Armas de maná.' Distintas armas de maná, cuya base era la misma que las manablade, centrada en ayudar a los caballeros que no eran tan diestros con la espada como con otras armas, se desplegaba en un lugar visible donde no fueran opacadas por la exposición de Rozemyne.
Eglantine, por su parte, tenía una exposición llamada 'Mejoras en el rendimiento.' Un círculo mágico que, al incluirse dentro de las herramientas, ayudaba con eficiencia y reducía en un 15 % el uso del maná. Esa investigación parecía más centrada en los eruditos.
Ambos parecían haber salido de su área de confort para enfocarse en algo que sirviera a su prometido.
Antes, cuando conocí a Anastasio, temía que fuese como su hermano mayor, Sigiswald. El difunto primer príncipe era tan arrogante como Galtero, por lo que había creído que todos en la familia real eran así.
Ahora entendía que no era un rasgo característico de la realeza, sino más bien, arrogancia sin fundamentos de aquellos que no entendieron que sus posiciones eran fruto de la suerte de haber sobrevivido a una guerra sin sentido.
Volví a la realidad cuando el partido de ditter de velocidad de la soberanía empezó, viendo como las highbeast se dirigían a la arena.
El partido de velocidad terminó bastante rápido. Menos de diez segundos.
Dunkelfelger y Eisenreich fueron igualmente veloces. Kaltmeer y Waldjagd también tuvieron un gran desempeño.
Tras el almuerzo inició la ceremonia de premiación. De alguna manera Seradina logró hacerse con el primer lugar del curso de candidatos, pasando sobre Eglantine y Anastasio. Mi hermana consiguió el mejor durante su cuarto año y mi hermano durante su tercer y quinto año, pero la madre de mi novia los dejo atrás este invierno.
'Aunque no es algo que me sorprenda en realidad.'
Tanto Rozemyne como yo la instruimos en todos los temas y clases, ya fueran prácticas o teóricas.
Como siempre, Rozemyne consiguió el mejor en sus tres cursos y el mejor del curso general.
Sus hermanos menores habían obtenido el mejor en sus cursos. Y, por otro lado, Melisa se había unido a los miembros de la realeza que obtenían el mejor.
Con la ceremonia concluida el día finalizó sin problemas.
Por la noche tuvimos una cena familiar. Eglantine, Anastasio y Seradina se graduaban, por lo que Rozemyne se aseguró de preparar un verdadero banquete para ellos tres.
Galtero no estuvo muy involucrado y Ralfreida se ausentó debido a que se encontraba enferma, olvidando o ignorando la graduación de su hijo menor, a quien no felicito.
Esa mujer no hacía más que desilusionarme.
Esa noche no vi a Rozemyne. Estaba seguro de que se quedó junto a su madre para compartir tiempo antes de que volviesen a separarse.
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Ya que Seradina fue seleccionada muy tarde en el invierno, el traje que usaría se confeccionó con premura. Debido a esto, las costureras se encontraban en la habitación haciendo los ajustes pertinentes de último momento.
Lady Seradina entró escoltada del brazo de Aub Adelbert justo detrás de Eglantine y Anastasio.
El tío era muy mayor para tomar una tercera esposa, de hecho, era el mayor de los presentes, sin embargo, se suponía que Seradina ya era algo similar a una esposa, que él la escoltara y no mi padre solo reafirmó lo que ya se sabía.
La danza de dedicación fue memorable. Eglantina y Anastasio fueron perfectos y, aunque Seradina estaba un poco por debajo de su nivel, la devoción con la que danzó se transmitía en sus giros, tanto que me sorprendió un poco qué no lanzara una bendición al finalizar.
Ver a Rozemyne dando la bendición a los nuevos adultos me hizo pensar por un momento en cómo sería el próximo año. Ella se estaría graduando.
'Quizás deba volver a los hábitos para ese momento.' Pensé mientras las luces caían sobre los nuevos adultos. 'Después de todo, el primer Zent era el Sumo Obispo de Yurgensmith.'
La bendición que nuestros hermanos y su madre recibieron era un poco mayor que la del resto, aunque la diferencia no era tanta como para que fuese desconsiderada con los demás.
Casi sin darme cuenta, el año más caótico que me había tocado cómo profesor y noble llegó a su fin. Mientras volvía a mi habitación comencé a trazar un plan. Debía hacerme con el mayor número de respaldos este año, ya que Rozemyne se graduaría el próximo invierno y algo me decía que el tiempo se me estaba agotando.
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Antes de que Rozemyne partiera hacia la oración de primavera, mi padre adoptivo nos citó para tres días después. Teníamos algunas cosas que resolver antes de la conferencia de archiduques. La primera de todas era el matrimonio de Eglantine con Anastasio.
La familia real aun era muy pequeña, por lo que esta era la última oportunidad de padre de convencer a mi hermana menor para quedarse como princesa.
"¡Por supuesto que no!" se rio ella. "Sin mi hermano y sin Rozemyne en Eisenreich hay mucho por hacer y, ya le prometí al tío que intentaré convertirme en archiduquesa."
"¿Eglantine?" tanto padre como madre la miraron confundidos y sorprendidos. Ella solo sonrío, tomando un poco de té antes de explicar.
"Mi primo no está feliz con la situación actual, así que competiré contra él de ahora en adelante y hasta que se elija un heredero." Explicó antes de mirar a mi novia, levantarse de su asiento y llegar a su lado para tomar sus manos, "Sylvester me lleva ventaja, pero mi estatus como princesa puede ayudarme a acortarla y, actualmente hay muy pocas mujeres archiduquesas. Si mi hermanita se vuelve Zent, yo la ayudaré como Aub."
Rozemyne se sonrojó de una forma preciosa antes de apretar sus manos, "¡Esforcémonos juntas!", ella dijo con una amplia sonrisa, dejando que su emoción se filtrara.
Por alguna razón me sentí un tanto amargado.
"Muy bien, si es lo que deseas", sonrió padre. "Puedes retirarte entonces, hija mía. En tres días cancelaremos tu adopción. Tu habitación en el edificio de candidatos está lista, por lo que puedes usarla con libertad."
"Le agradezco su atención." Dijo poniéndose de pie, lista para irse.
"Anastasio, lo mismo para ti. Tan pronto como te cases, dejarás de ser un príncipe."
"Lo sé, padre. Que los dioses les bendigan y ayuden en el camino turbulento que enfrentaran." Se despidió antes de salir escoltando a su prometida.
"Rozemyne, a partir de ahora usarás la villa de Eglantine, al menos hasta tu enlace," continuo ahora mirando a mi novia, y luego a mí. "Ferdinand usará la de Anastasio. Entenderán porque ya no pueden vivir en la misma villa ni durante el invierno." Comentó nuestro padre sin dejar de mostrar una sonrisa noble que apenas y le llegaba a los ojos. "Después de tu graduación, tú y Ferdinand se mudarán al palacio de Zent."
"¡¿Padre?!"
Mi voz se superpuso con la de Galtero ante la implicación de sus palabras. Solo mi novia no parecía asombrada, ella tenia una sonrisa noble en el rostro y se miraba muy tranquila. Esta debía ser la noticia de la que me habló antes de que el invierno iniciara.
"YO soy el heredero. ¡Es mi derecho de nacimiento!" bramó Galtero mirando a padre.
"Galtero no puedes ser Zent. No tienes una facción. Tu único respaldo es un ducado medio. Tú maná es muy bajo para Zent, aun puedo sentirte. En la situación actual, tu sangre no es suficiente para volverte el heredero." Declaró Trauerquel con firmeza. "Después de su enlace, Ferdinand y Rozemyne adoptaran a tu hijo y lo educaran como candidato a heredero si tiene el nivel y maná adecuado", continuó explicando.
"¡Pero…!"
"¿Quieres ser Zent?" lo interrumpió. "Encuentra el Grutrissheit. Demuestra que estás por encontrarlo, como aseguraste."
El peliazul se giró, fulminándome con la mirada antes de salir del salón de té. La reina Ralfreida intentó correr tras de él, pero los guardias la detuvieron.
"Ralfreida, temo que tus intrigas y la decepción que ha resultado tu Ducado han sido una dura prueba de Glückität para todos en la Soberanía, no solo para mí."
"Pero, mi Dios Oscuro…"
"¡Cómo esto siga así, tendré que abandonar la bendición de Sterrat, Ralfreida! Y tú sabes muy bien cuáles serían tus opciones si eso pasa."
La reina se puso pálida, con sus ojos llorosos y sus labios desapareciendo de su rostro por estarlos mordiendo ahora.
"Por respeto al tiempo que hemos vivido juntos bajo la bendición de Sterrat y las que nos ha dado Entrinduge, es que permaneces cómo tercera reina. Ralfreida. Has perdido todo valor político. Si no te comportas me vas a dejar sin opciones. Puedes vivir bajo arresto domiciliario en tu villa por el resto de mi mandato como mi esposa, como mi concubina o ser encerrada en la torre blanca de Eisenreich por traición. Tú decides."
Vi a mi madrastra todavía pálida temblar debido a la ira. Era claro que quería protestar, gritar, pero se contuvo y salió de ahí escoltada por los caballeros. Ahora era esencialmente una prisionera.
Esposa de adorno, concubina, o la torre blanca.
Cómo hija de Klassenberg lo lógico sería que eligiese convertirse en una mera flor o una esposa encerrada en su jaula dorada, pero el orgullo de esa mujer era enorme.
No sabía bien lo que podría pasar.
Solo cuando la paz volvió a la sala, padre soltó el aire tomando un poco de té para calmarse, entonces nos miró.
"Los nobles no están dispuestos a seguir a un Zent sin sabiduría durante un mandato más. Nadie aceptará a Galtero, pero nadie se quejará si es uno de ustedes quien asume. Los Aubs están convencidos de que ambos tienen la posibilidad de encontrar la sabiduría perdida."
"Esto… yo, ¿padre?"
Las palabras no salieron de mi boca. Decidí volverme Zent, pero no esperaba que se me permitiera competir de manera abierta. Hasta ahora me había movido tratando de ganar apoyo para que los Aubs exigieran mi candidatura y se me nombrara heredero pese a no tener sangre real.
Mi confusión casi me hizo perder el momento en que nos entregaron papeles con información que me apresuré a revisar. Según veía, de ser necesario se lavaría mi identidad otra vez, hasta el punto de fingir que Maximiliano, mi supuesto padre biológico, era en realidad un primo de Seradina, enviado con ella a Eisenreich para cuidarla como su escolta. Él ya había sido bautizado cuando Seradina decidió no ser una noble por lo que se mantuvo en el ducado para protegerla.
"Ésta es mi estrategia. Las piezas que colocaste en mi tablero me permitieron jugar una hermosa partida de gweginen, hija mía." Comentó padre con una mueca divertida, mirando a Rozemyne a mi lado que estaba sufriendo un error de procesamiento, el cual empeoró después de las siguientes palabras de padre. "Elegiré a mi heredero después de que nazca su primer hijo."
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"Mamá pregunta si debe empezar a seleccionar telas y bordar círculos mágicos en ropa de bebé, Ferdinand." Bromeó Laurenz esa noche sin dejar de cepillar mi cabello.
"¿Por qué debería…?"
"Zent les acaba de dar carta abierta a ustedes dos" explicó Justus "Margareth y yo lo estuvimos comentando durante la tarde. Vamos a dejar que la princesa haga lo que quiera contigo. Si termina embarazada antes de su nudo estelar, sería cómo cederte el trono."
Me tensé ante eso, mirando incrédulo de uno a otro.
"¡¿Qué?!"
"Alerah estaba muy emocionada cuando le dije lo que estuvieron comentando en esa reunión. Ya sabes que mi esposa no aprendió a leer los labios, y está dispuesta a terminar de hacer nuestra investigación…"
"¿Qué investigación?"
La forma en que Laurenz me miró, o cómo Justus estaba riendo a pierna suelta me hicieron preguntarme si era una broma de mal gusto o estaban hablando en serio.
"¡¿Qué, en el nombre de los dioses, les dieron de cenar a ustedes dos?!"
Ambos me miraron de forma malévola y luego volvieron a reír a carcajadas, fastidiándome por completo.
"Alguien nos ha estado torturando con ayuda de nuestras esposas" dijo Laurenz más calmado.
"Había que desquitarse un poco, Ferdinand" dijo Justus, mirándome de forma malévola "aunque es verdad que Margareth y yo ya no vamos a vigilarlos tanto. Tú sabes si quieres entrar en competencia deshonestas y robarte el trono de la peor forma posible."
Me atraganté e intenté disimular, más que seguro de que Justus y Margareth todavía recordaban habernos encontrado desnudos en mi cama.
"Sólo me están diciendo esto a mí, ¿cierto?... ¡¿Cierto?!"
Mis hermanos terminaron de vestirme y salieron de inmediato, justo después de chocar las palmas sin dejar de sonreír de forma perversa.
Esa noche no pude dormir esperando una visita que nunca llegó, cerrando los ojos a la segunda campanada, cuando estaba más que seguro de que Rozemyne no volvería a caer en malos hábitos solo porque ahora tenía el camino libre.
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Los días que siguieron fueron pesados. Realmente difíciles.
Mi novia partió hacia la ceremonia de oración como de costumbre, sin embargo, cinco días después me llamó diciendo que tardaría más de lo normal debido a que Klassenberg solicitó sacerdotes para su ceremonia ya que estaban faltos de gente, lo que la obligaría a volver a ese ducado para cuidar a sus azules.
El lado amable era que no tenía que tratar con el Aub ya que era una solicitud del templo. Aun si había sido el mismo archiduque quien lo ordenara como una excusa para llevarla de vuelta, quizás con la esperanza de llevar a Galtero y darle una oportunidad con ella, no debería preocuparme demasiado.
Lo cierto era que en ese ducado no sabían cuando rendirse.
La desventaja era que, al no ser una solicitud ducal, no se permitió el uso del círculo de teletransporte, y se vieron obligados a usar el camino largo, aunque con las bestias altas qué usaban no fue un viaje tan largo como se esperaba.
Por mi parte me vi atrapado con mi padre adoptivo, día tras día, aprendiendo cosas que ya debería saber o vigilando la mudanza de mi habitación en el edificio de candidatos a la villa que usaría el resto del año. Seradina vigiló la mudanza de mi novia a la villa de Eglantine debido a que no habría tiempo para que ella lo hiciera cuando regresara.
Dos días antes del inicio de la conferencia Rozemyne al fin regresó. Lo supe en cuanto pude percibir su maná y lo confirmé hasta que recibí una carta de ella, pidiéndome la piedra de compromiso qué antes había hecho para mí.
«No tengo tiempo para crear una nueva, pero al final pienso que volvería a hacer una igual.»
Le pedí a Damuel que esperara un momento y le di la piedra. Desde que la mudanza dio inicio, comencé a llevarla conmigo, ya que no quería perderla y se lo di. También le escribí a Rozemyne pidiéndole el collar qué le había confeccionado.
Hasta ahora cada momento libre que tuve para hacer el collar de compromiso terminó conmigo diseñando el que le hice antes. Una y otra vez.
La verdad era que todas mis esperanzas y deseos con Rozemyne estaban en esa pieza. Crear otra se sentía como mentir.
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"¡Dejen de reírse!"
La conferencia de archiduques iniciaba mañana y mi compromiso con Rozemyne se celebraría durante el segundo día.
Debido al poco tiempo que tuvimos no pudimos encargar trajes nuevos para el compromiso y nos vimos obligados a usar lo que ya teníamos. El traje de Rozemyne sería el mismo que usara durante nuestro compromiso ya que ya estaba ajustado para su apariencia real. Aun si seguía usando el amuleto de bloqueo cognitivo, nadie notaría cómo lo estaba utilizando. Se vería natural en su supuesto cuerpo de apariencia adolescente.
Por mi parte, nada de mi ropa me quedaba. La ropa elegante al menos. Ni siquiera el traje que usé durante mi propia graduación. O lo que comencé a usar tras mi adopción.
Mi madre adoptiva, quien sabía que volvería a comprometerme durante la conferencia, tuvo a bien encargar algunas prendas para mi durante el invierno, junto a las que yo mismo solicité debido a que mi crecimiento no se detenía, pero incluso esas no me quedaban bien, motivo por el cual Laurenz, Justus y Eckhart se encontraban conmigo en mi habitación, dos de ellos riéndose a pierna suelta y el otro tratando de no reír.
"Si te quedasen grandes los sastres podrían ajustarlas", dijo Justus cuando por fin se calmó, aunque aún podía verlo temblando por la risa debido a lo ridículo que lucía
"O si necesitaran ajustar la altura. Podrían agregar algún diseño a los puños o la bastilla del pantalón." Señaló Laurenz.
Dejé salir el aire mientras comenzaba a retirarme la camisa.
La ropa noble era holgada. No se ceñía al cuerpo. Sin embargo, me quedaba justa, como si fuera uno de esos atuendos modernos que se ajustaban a la figura de uno. Y ya que no estaba diseñada como la ropa plebeya o la ropa moderna en la Tierra, no lucia bien. No había modo de que luciera siquiera adecuada.
"Mi señor. ¿Por qué no comprobamos su atuendo antes?"
"Lo hicimos. Hace un mes." Respondí a Eckart quien al fin pudo tratarse la risa que de manera obstinada se negó a dejar salir. "Recibí estas prendas la semana posterior a la graduación de invierno y éstas," continúe señalando lo que me acababa de quitar, "tras la notificación de mi compromiso. Yo…"
La puerta de mi habitación oculta se abrió, interrumpiéndome, dando paso a Rozemyne quien se detuvo en seco al notar que no estaba solo. Traía un paquete en las manos qué solo apretó a su pecho mientras un rubor comenzaba a aparecer en su rostro.
Mis hermanos voltearon a verme con malos ojos. Si bien ellos dijeron que nos dejarían hacer lo que quisiéramos, parecía que ninguno esperaba que de verdad pasara algo ahora que vivíamos en villas diferentes.
"Lo lamento… creía que estabas solo."
El murmullo de Rozemyne acababa de complicar las cosas. Solo respiré y fingí ignorancia, acercándome a ella para cubrirla de la vista de los otros tres, cambiando de idea al momento siguiente y ordenándoles que se dieran la vuelta.
"No te esperaba. ¿Qué haces aquí?" pregunté entregándole de inmediato una herramienta anti escuchas.
"Pensé que tu ropa no te quedaría bien y vine a traerte algo." Me explicó dándome el paquete que llevaba en manos. "Cuando Alerah y yo comenzamos a diseñar ropa, hicimos este primero. Es de primera calidad… queríamos ver bien todos los detalles así que es algo grande, pero creo que podría quedarte. O al menos, sería más fácil de arreglar."
"Gracias, pero pudiste dármelo mañana o enviarlo."
"Si, bueno. Debo volver al templo para purificarme, ya que celebraré en unas cuantas campanadas los enlaces, después habrá mucho que hacer, y… bueno, olvidé que lo tenía. Lo encontré mientras terminaba de ordenar mi habitación oculta y vine aquí."
Sonreí sin poder evitarlo, agachándome un poco para besarla, recordando en ese momento que no llevaba camisa.
Sabía que tenía una sonrisa socarrona en el rostro porque mi novia se sonrojó aún más en el momento en que la abracé. Ella solía ser muy liberal cuando estábamos solos, pero suponía que el público la tenía abochornada.
Le robé un último beso antes de decirle que volviese a su habitación y pedirle a mis hermanos que me ayudaran a probarme el atuendo, ignorando monumentalmente las preguntas sobre Rozemyne y su aparición en mi habitación.
Margareth y Alerah dirían que la habían dejado en su habitación en el templo y que nunca salió.
Los círculos que enlazaban nuestras habitaciones eran un secreto entre nosotros después de todo.
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Las costureras llegaron temprano en la mañana para hacer los últimos ajustes, aunque estaban confundidas ya que no era uno de los trajes que se hicieron durante el invierno. Mis madres estaban presentes, revisando los últimos detalles de mi ropa.
"No esperaba verte usar algo como esto de nuevo, Ferdinand." Comentó madre Rihyarda con una sonrisa un tanto divertida que le respondí.
El atuendo que Rozemyne me dio fue nostálgico. Eran los diseños en los que estuvo trabajando cuando me di cuenta de mis sentimientos hacia ella. Mi ropa se confeccionó desde ese día para mantener el estilo, aunque a algo más adecuado. Desde mi adopción en la realeza, no había vuelto a usarlo.
"Mi ropa no me queda. Cuando Rozemyne se enteró me lo ofreció. Por lo que me dijo, esto fue su primer prototipo."
"Si, recuerdo que Alerah contó que hacían la ropa más grande para ver bien los detalles." Recordó.
"Oh, no sabía que Rozemyne tenía conocimientos de costura." Comentó mi madre adoptiva dejando ver un poco de su sorpresa.
"Mi sobrina sabe muchas cosas. Mi hijo y ella siempre parecían competir." Recordó mi madre.
"Bueno, en eso no han cambiado."
Las vi intercambiar una sonrisa divertida antes de terminar de dar indicaciones a las costureras. Me cambié la ropa a uno de los pocos trajes que aún me quedaban y fui a la soberanía. Debía preparar el altar para la ceremonia y, de paso, rezaría a Arnvax para dejar de crecer.
Era ridículo la velocidad a la que debía cambiar mi guardarropa.
La conferencia de archiduques comenzó como de costumbre o casi, las solicitudes de matrimonio de los candidatos fueron aprobados o rechazados. Aquellos que unirían sus estrellas entraron, pero la ceremonia no inició de inmediato.
Eglantine sonreía, radiante y llena de dicha en el momento en que mi padre adoptivo se despidió de ella, anunciando el final de su tiempo como princesa soberana. Gudrun retiró la capa negra que ostentaba y le colocó la capa ocre del ducado.
La ceremonia Starbind continuó con normalidad desde ahí.
Rozemyne parecía en verdad emocionada. Sus ojos brillando con afecto y antelación mientras sus padres firmaban el contrato. Seradina tomaría el lugar de la segunda esposa. No estaba seguro del motivo, pero ese era el trato al que habían llegado.
Pronto fue el momento del debut de mi pequeña hermana adoptiva, Ludmila. Era la cuarta princesa ahora que Eglantine dejó de serlo, pero su sonrisa, porte y ejecución superaron con creces la actuación de Melisa y la de Meryem. Tuve que reconocer que la educación de Lady Verónica, aunque barbárica en mi opinión, daba muy buenos resultados. Las tres princesas se pulieron mucho durante su estadía en Eisenreich, siendo la más joven de las tres hermanas la que mayores resultados presentaba, posiblemente debido a que aún era muy joven. Meryem estaba cumpliendo diez años y entraría a la academia en el invierno.
Decir que mis hermanas estaban frustradas era quedarse corto. Ambas comenzaron a presionarse cada vez más, al punto de que solicitaron transferirse a Eisenreich durante la temporada baja, deseando pulirse un poco más. Ludmila no planeaba dejarse vencer así que solicitó volver al ducado.
Ya que era consciente de lo difícil que es cambiar el sentido con el que uno crecía, les pedí a ambas que no se forzaran a cambiar, que no hicieran más de lo que podían y fuesen conscientes de sus propios límites.
Solo así serían capaces de superarse.
Esa tarde mis eruditos se encargaron de recibir las invitaciones y programar las reuniones para los siguientes días, lo primero era terminar de ajustar la ropa para mañana
Y de paso, volver al templo para rezar a Arnvax otra vez para detener mi crecimiento.
'A este paso me volveré un gigante'
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SS: El sufrimiento de ser sus asistentes."¿Pero estás seguro de que...?"
Justus soltó un sonoro suspiro que interrumpió a su mujer sin darle ocasión a seguir con su pregunta, mirándola con un rostro algo amargo al saber que no le estaban creyendo ni un poco.
"¡Por la diosa de la luz! ¡La vi salir de la habitación oculta de mi señor! ¡Y todavía dijo al vernos que pensó que estaba solo!"
Ambos guardaron silencio, mirándose el uno al otro desde sus lugares que ahora eran usuales cuando pasaban la noche en la villa de Rozemyne. Al final, y luego de dar cada quien un pequeño trago a sus copas, Margareth fue la primera en romper el silencio.
"¿No habrá usado Lord Ferdinand el extraño aparato que muestra espejismos? Quizás decidió jugarles una broma."
Justus la miró con mala cara y una sonrisa sarcástica, como si Margareth hubiera afirmado que Ferdinand tenía tres ojos y cuernos creciendo a cada lado de su cabeza.
"¡Claaaaro! Como él y Laurenz son taaaaan parecidos."
Margareth le dio un trago a su vize antes de rellenar las dos copas. Sus ojos a medio cerrar y su semblante poco impresionado. Justus sabía que ella se sentía tan jodida como él en ese preciso momento porque él no pudiera concederle que su teoría fuera correcta.
"Bien, bien. Prometo que voy a revisar la habitación oculta de mi señora en busca de un pasadizo secreto o algo... Pero en serio, dudo que tal cosa exista."
"Gracias" suspiró Justus antes de darle un gran trago a su vize, dejando su copa medio vacía, sintiéndose un poco más tranquilo. La sola idea de que esos dos hubieran encontrado un modo de crear un túnel subterráneo para unir las habitaciones ocultas o alguna manera de enlazarlas lo tenía bastante preocupado. Permiso o no, si la princesa se hacía con la carga de Geduclh demasiado pronto, no solo hablarían mal de su hermano pequeño a sus espaldas.
"Aunque bien pudo ser una broma de parte de Alerah y de mi señora..." insistió Margareth sin dejar de mirar el líquido en su copa, misma que estaba girando de manera un tanto desinteresada "Quizás capturaron su imagen y voz hace tiempo saliendo de la habitación oculta de mi señora y encargaron a Laurenz que preparara todo."
Justus tuvo que considerarlo, dando otro sorbo que casi termina con su trago para luego golpear su cabeza contra la mesa.
"No considero a Laurenz tan inteligente, pero..."
"Deja de estar refunfuñando y mejor ven a mi habitación." Le regañó Margareth con un tono repentinamente sugerente que lo hizo mover el rostro lo suficiente para ver esa sonrisa confiada y sensual que solo ponía para él "Necesito ejercitarme."
Una sonrisa socarrona se plasmó en su rostro además de una tener de pronto verdadera motivación para sacar de su cabeza todos los problemas políticos que los juegos de su hermano y su prometida pudieran causarle. Margareth era hermosa. Era ágil. Demasiado flexible si le preguntaban. Y sabía como hacerlo dar vueltas alrededor de su dedo meñique si estaba de humor, lo cual no era algo usual.
"¿De qué manera quieres que te ayude, querida?" ronroneó la última palabra.
"Solo obedece y prometo no lastimarte demasiado." Respondió su esposa dejando su copa ya vacía sobre la mesa, poniéndose en pie seguida por el de manera inmediata. "Espero que trajeras pociones para recuperar fuerza física."
"Siempre, Maggie." Aseguró Justus antes de dar dos pequeñas palmadas a los viales en su cintura porque era cierto. Nunca sabía cuándo podría pasar la noche con su esposa… o cuando ella le dejaría hacer algo más que conversar y la joven era más que exigente cuando estaba de humor. "Guía el camino, por favor."
Margareth dejó escapar una risilla divertida y comenzó a contonearse un poco delante de él, que caminó como hipnotizado y contento, dejando todo problema, urgente o no, en el completo olvido.
"¿Seguro que no fue una broma de Justus o de Ferdinand?" preguntó Alerah en una villa distinta a la de su compañera. Era su turno de pasar la noche en la villa de Ferdinand para estar con Laurenz, quien ahora se encontraba afanado en masajearle los hombros luego de ayudarla a ponerse su ropa de dormir "¡Prometo que dejé a mi señora en su habitación!"
Laurenz sonrió con cansancio. Si bien la semana había sido divertida, también lo habían tenido corriendo de un lado para el otro y esa era la primera noche que tenía ocasión de pasar más de cinco minutos en compañía de su esposa.
"Ferdinand estaba muy avergonzado como para que fuera una broma querida. Y Justus no tiene tanta imaginación."
Una mano lo hizo detenerse y pronto los ojos de su esposa se encontraron con los de él, cargados de preocupación y de una nota de incredulidad.
"Pero..."
"Te digo que aquí hay algo raro" sentenció Laurenz, ayudando a Alerah a ponerse en pie y escoltándola a la cama, levantándola en brazos para depositarla en el lecho y subir detrás de ella, más que dispuesto a solo dormir "Digo, si tienen una forma de ir a la habitación del otro, ¡¿porque no compartirla?! Así no tendríamos que pasar todas las noches separados."
Alerah dejó escapar una risita divertida antes de darle un manazo en el hombro a Laurenz, sentándose en su regazo de inmediato para poder besarlo, todavía sonriendo divertida.
"Laurenz, tienes las bendiciones de Brëmwarmë y Beischmacht demasiado subidas en la cabeza."
Ambos se rieron por eso último antes de meterse bajo las cobijas para poder abrazarse y dormir. Laurenz no iba a negarlo… así cómo no negaría que ahora atesoraba demasiado el tiempo que podían pasar solos en compañía del otro.
