El Ascenso de un Científico Loco

¡Descubriré cómo Funciona el Mundo!

Visita agraz a Klassenberg

Debido a que Galtero intentaba eliminar el rumor sobre mi siendo la otra figura, mi viaje quedó establecido para el mismo día que ellos, aun si intenté retrasarlo alegando que había cosas que hacer antes de poder viajar.

No entendía muy bien como funcionaban mis viajes hasta ahora, pero tenía la impresión de que la única razón por la que había podido ayudar a Rozemyne era por el hecho de que partía del jardín del inicio a las puertas fronterizas. Airvenmeen debía estar ayudándome de alguna manera.

'Él parece el único interesado en volverme Zent.'

De cualquier modo, el viaje a Klassenberg se retrasó casi una semana, de modo que «pudiese acompañarlos sin preocupaciones» o eso fue lo que dejó entender Galtero cuando Zent preguntó por el retraso.

Entretanto, Rozemyne y yo estuvimos reuniéndonos a diferentes horas en nuestras habitaciones ocultas a lo largo de esa semana para poder prepararnos a lo que parecía un curioso plan para desacreditarme y a saber que más.

"¿Tinta? No estoy muy segura de que funcione Ferdi."

"¿Qué otra opción tenemos? No podemos bordar un círculo de teletransporte, no hay suficiente tiempo y, en todo caso, no estoy seguro de que sea útil en Klassenberg."

"…tienes un punto."

La idea era preparar tinta de alta calidad y modificar el color para poder camuflarla con la tela de modo que no fuese visible a primera o segunda vista, pero por alguna razón, la tinta termino desapareciendo al secarse, al revisarlo notamos que seguía funcionando y que brillaba ligeramente al entrar en contacto con el maná del creador.

Lo cual lo volvió ridículamente útil.

Usando tinta invisible fue que recreamos los círculos de transporte que enlazaban nuestras habitaciones ocultas. En caso necesario, podríamos huir a la habitación del otro con solo pararnos en aquellos tapetes circulares sin que nadie notara lo que eran en realidad. Eran tapetes que ambos teníamos de antes en nuestras habitaciones y a los cuales les dibujamos los complicados círculos por la parte de abajo para mantenerlos por completo ocultos.

Ambos hicimos algunas pruebas con ellos, transportándonos primero de un extremo al otro de mi habitación oculta, luego entre las dos habitaciones ocultas y al final, desde la biblioteca subterránea hasta la habitación oculta de Rozemyne.

Ya fuera que las utilizáramos o no, saber que funcionaban bien me hizo sentir mucho más tranquilo. La realidad era que no me fiaba para nada de los nobles de Klassenberg, así qué, sin que ninguno se diera cuenta, la insistencia de Galtero en llevarme con ellos luego de intentar lo contrario y conseguirlo me tenía más ligero. Ewigeliebe o no, en definitiva no quería a Rozemyne con ese pelmazo dentro de ese Ducado de espejismos.

Para cuando al fin fue hora de retirarnos, Galtero ya había enviado sus cosas por delante, Rozemyne envío sus cosas después de él y yo al último. Antes de irnos, nuestros asistentes personales se transportaron juntos, luego nuestros jefes de eruditos, después nos fuimos nosotros tres y por último nuestros guardias de confianza.

Ver la cara horrorizada de Galtero cuando subimos al círculo de transportación, debido a que Rozemyne se de él para tomarme de la mano fue apenas una pequeña alegría, efímera e infantil en comparación con lo que nos esperaba en el supuesto Ducado de la tierra.

Estaba preocupado, la cena de bienvenida se estaba alargado más de lo que esperaba.

Los bailes y cantos servían para entretener en lugar de la charla ociosa, pero también significaba que tardaba más en finalizar.

Rozemyne tenía su sonrisa de dama pegada al rostro, sus hombros tensos y sus manos aferrando su falda cada vez que no estaba comiendo o bebiendo algo de té, notándose incómoda. En Klassenberg las mujeres y las flores estaban divididas por una fina línea, tan fina que las damas en este ducado…

'Es como ver a Rozemyne cuando pensaba que era una flor.'

Todas ellas se veían exactamente igual. Sonrisas de dama con miradas vacías. La incomodidad de Rozemyne, sin embargo, no parecía proceder del entrenamiento proporcionado a esas jóvenes flores nobles. No. El Aub había tenido a bien sentarla junto a Galtero, quien aprovechaba cada momento para tocar su cabello o su piel. Controlar mi mamá en este punto era una verdadera odisea. Por si fuera poco, me habían sentado entre dos chicas en edad escolar demasiado similares en sus rasgos, una de mis alumnas y su hermana de tercer año, según entendí. No le estaba prestando atención, la charla de mi alumna me resultaba insulsa y aburrida en tanto su pequeña hermana no paraba de sonreírme de forma tímida, luchando por controlar el sonrojo que tenía sus orejas y sus mejillas cada vez que volteaba a verme sin atreverse a hablar.

La cena parecía a punto de terminar. Acababan de servirnos lo que parecía un postre a pesar de no mostrar nada de té todavía cuando sentí un escalofrío recorrer mi brazo.

Mi mano sujetó con fuerza la pequeña mano de mi alumna en el preciso momento en que un golpe sordo se escuchó a dos lugares de dónde yo estaba sentado, interrumpiendo la música y el ambiente festivo dentro de la habitación. Justo donde Galtero estaba sentado.

"Lady Azucena. Espero que tenga una buena explicación para lo que acaba de hacer. No solo soy su profesor, soy el primer príncipe y usted es una candidata a archiduquesa del sexto ducado."

No sabía que cara estaba poniendo, pero la joven temblaba de forma patética.

Por el rabillo del ojo vi a como Rozemyne salía del salón de actos, furiosa, al tiempo que luces azules, verdes y negras caían sobre Galtero. Al mismo tiempo, la hermana menor de Azucena se ponía en pie, como buscando alejarse de su vecino sin dejar de temblar y la joven cuya muñeca aún mantenía sujeta y en lo alto me miraba con la boca abierta y la cara tan pálida como la de un cadáver.

"Aub Klassenberg, espero que tenga una buena explicación para esta falta de respeto por parte de su hija." El hombre miró de la chica a mi confundido.

"Tenga por seguro que mi padre se enterará de esto." Dije sin miramientos y con una voz fría y baja, con los dientes casi apretados para no maldecir ahí mismo en japonés.

Salí del salón de actos seguido por mi séquito. Los eruditos qué presenciaron lo sucedido comenzaron a escribir el informe en sus dípticos. Por el rabillo del ojo vi como los asistentes se movían para tratar a Galtero, el sonido que escuche debió ser de una muy merecida bofetada contra su mejilla.

Un asistente me señaló entonces que se había puesto algo en nuestras bebidas, lo que me hizo agradecer haber comenzado mi proceso de inmunización.

Entré en mi habitación asegurándome de dejar a mi sequito atrás, solté mi capa y sentí unos brazos delgados envolverse en mi cintura momentos antes de ver a Rozemyne. Si había llegado o no a su habitación, no lo sabía, no me importaba. No mucho, excepto que sus asistentes podrían estarla buscando.

"No hay tiempo." Murmuró ella cómo si pudiera escuchar la pregunta atorada en la punta de mi lengua.

Habíamos preparado círculos de teletransporte y otras medidas para que pudiese llegar a ella y a la puerta fronteriza. Pero Rozemyne ahora estaba aquí.

La jalé al frente y la envolví con fuerza entre mis brazos, sintiendo su maná cubrirme ahí donde Azucena me tocó, casi como si de un washen se tratara.

Las luces doradas y negras estallaron a mi alrededor, llevándonos de mi habitación a la puerta fronteriza. Aun entre mis brazos, su sabiduría apareció ante nosotros mientras comenzábamos a ofrecer nuestro maná.

No quería que este momento terminara. No quería soltarla. Me aseguré de hacer fluir mi maná con más calma, mas lento, apretándola contra mí. Abrazándola mientras ambos seguíamos ofreciendo nuestro maná a la puerta fronteriza con calma, la última de las seis.

Al menos por este año.

"¿Lo abofeteaste?"

"¡Ese idiota se lo buscó! ¿Quién se cree para intentar besarme?"

"Pues lo pagó bastante barato. Tus labios son míos y de nadie más."

Rozemyne giró su rostro recargándose contra mi hombro. Yo me asegure de elevarla un poco para salvar la creciente diferencia de estatura y poder besarla, dejando escapar un poco de maná con el cual limpiar la zona afectada por el insecto que teníamos por hermano adoptivo.

"¿Algún otro lugar que deba sanitizar?" le pregunté con humor, notándola arrugar el ceño antes de mirar de nuevo al frente y despegar su cabeza de mí.

"Sólo mis brazos, gracias. ¿Debería hacer algo con esa… chica de hace un rato?"

Que preguntara lo último con la mandíbula tensa me hizo reír un poco. Estaba furiosa.

"No es necesario. Debo haberle dejado los dedos tan pintados de la muñeca cómo tú a Galtero."

Ella se relajó en ese momento y yo solo afiancé mi agarre, hundiendo mi nariz entre sus cabellos antes de tomar una respiración profunda y cargada de su rinsham. La idea de que ya no quería crecer más para que hacer esto no le pasara factura a mi espalda destelló por un segundo o dos… era nostálgico, casi parecía que volvíamos a nuestro primer año juntos en el Templo de Eisenreich.

Demasiado pronto fue momento de volver a nuestra habitación. La cara de Galtero cuándo aparecimos aún abrazados, porque por algún motivo él estaba en mis habitaciones, fue un verdadero poema. El idiota estaba pálido, con la boca abriendo y cerrándose como un pez fuera del agua y en apariencia, sin lograr respirar.

Rozemyne me miró conforme yo la soltaba, una sonrisa pequeña y una mirada divertida.

"No creo que nos dé problemas o diga algo." Murmuró en japonés antes de besar mi mejilla y desaparecer, no entre luces doradas y negras, si no con el amuleto de Verbergen. Por mi parte, sonreí sin poder evitarlo antes de devolver mi atención al tipo plantado frente a mí.

No sabía cómo Rozemyne había llegado a mi habitación, pero conociéndola, podría llegar a la suya sin problemas.

Justus y Laurenz me miraban con los ojos bien abiertos y una mirada que decía claramente «Nos debes una explicación» yo solo sonreí en respuesta, pidiendo a mis asistentes me ayudaran para cambiarme y dormir, ignorando al intruso que de pronto pareció reaccionar, poniendo una cara amarga y saliendo a paso veloz y con los puños blancos a ambos lados de sí. En la puerta, los asistentes, asistentes que no eran ni míos ni de Galtero, se estaban moviendo, haciéndome notar que, de hecho, Aub Klassenberg estaba inconsciente en el suelo.

"No puedo decirles, ni explicarles nada." Confesé cuándo ambos terminaron de ayudarme a cambiarme sin dejar de lanzarme miradas cargadas de preguntas en el cuarto del baño, al asilo de un aparato anti escuchas de rango específico.

"Ten y dime," respondió Justus sin titubear colocando algo sólido, duro y pequeño en mi mano.

Al abrirla me encontré con una piedra verde claro que lucía el nombre de mi hermano mayor como si estuviera esculpido en ella.

"¿Qué…?" no pude producir el resto de mi pregunta. Mi mente estaba en blanco, mis ojos muy abiertos y todo parecía haberse detenido, cómo si fuéramos solo una de esas canvas de paisajes congelados en el tiempo para toda la eternidad.

Justus me miró a los ojos con el rostro serio cómo pocas veces lo había visto, dando un paso atrás y provocando con ello que notara que yo había dejado de respirar.

"Solo debes ordenarme por mi nombre no decir nada y no diré nada." Explicó cómo explicación antes de dedicar una minúscula mirada a Laurenz, recordándome que estaba con nosotros antes de volver a enfocar su en mí. "Realmente eres el maestro al que siempre quise servir Ferdinand. Que seas mi hermano solo lo hace mejor. Mi vida solo se pondrá más y más interesante siempre que me mantenga a tu lado. Vaya, hasta podríamos renacer en algún otro mundo como personas cercanas si lo que has dicho de ese mundo que recuerdas es en verdad los recuerdos de otra vida."

Miré de uno a otro sin poderlo creer del todo. Laurenz miraba a Justus con una cara rara que no pude leer y yo, soltando un suspiro pesado, bajé la cabeza para mirar la piedra en mi mano, apretando el puente de mi nariz con mi mano libre.

"¿Estás seguro de esto? ¿No preferirías darle tu nombre a Margareth?"

Cuando levanté la mirada me encontré con una sonrisa sincera y una mirada cargada de determinación en esos ojos de párpados caídos.

"No diría que amo a Margareth. Ella es una gran compañera en toda regla… pero si solo puedo seguir a una persona y obedecerla con mi vida, entonces te elijo a ti. Has madurado, Ferdinand. Has demostrado que puedes controlarte y estoy seguro de que serás un gran Zent… y es por eso por lo que necesitarás el apoyo de sirvientes confiables y leales."

No era algo que hubiera esperado o anticipado. Justus era un asistente de primera. Un erudito capaz. Un espía que había mostrado su valía en más de una ocasión… pero por sobretodo, él conocía bien mi origen y aún así, me trataba como si en verdad fuéramos hermanos de sangre. Él era mi hermano mayor en toda regla. Incluso luego de volverse mi asistente, jamás dudó en cuestionarme cuando mi comportamiento no era adecuado o en aleccionarme cuando parecía que había cometido un error terrible… de la misma manera en que no estaba dudando en este momento.

'Supongo que tiene razón. Hay cosas que no puedo, ni podré contarle a Rozemyne… o a Laurenz. Y siendo realistas, cargar con todo un país implica que necesito gente de mi absoluta confianza que no revele información relevante a otros… información que puede ser una carga pesada o que podría no saber cómo manejar al tener sólo mi perspectiva de los hechos.'

Mi mano soltó mi nariz y mis ojos pasaron a buscar a mi hermano mayor. Él pareció darse cuenta porque no tardó en arrodillarse frente a mí, sonriendo y preguntándome si sabía cómo llevar a cabo el ritual.

Yo solo me lamenté por estar aceptando su nombre dentro de un cuarto de baño en un territorio hostil para luego solicitar a Laurenz que fungiera como testigo.

Para cuando el nombre de Justus se volvió un capullo de piedra blanca en la jaula de mi cadera y mi hermano logró recomponerse, despedí a Laurenz y expliqué a Justus lo que estaba pasando con las puertas. Lo que, pensaba, volvería a pasar los próximos años.

"Así que los rumores son todos ciertos", suspiró él sin su típico tono divertido o burlón. En su lugar, su mirada estaba cargada de comprensión y cierto nivel de concentración, "que ambos desaparecieran y reaparecieron a la vista de todos es favorable en realidad."

"¿A sí? Porque me preocupa explicar que hacía Rozemyne en mi habitación o cómo fue que desapareció de pronto."

Justus sonrió de forma conspirativa, con un brillo especial en su mirada.

"Si el príncipe Galtero, Aub Klassenberg o cualquiera de los asistentes o caballeros presentes dice algo al respecto, sería como admitir que los dioses te reconocen a ti, el primer príncipe, como la persona adecuada para hacerse cargo del país junto a la princesa. El principito perdería el poco respaldo que tiene en su reclamo al trono."

"¿Qué hay de quienes no tengan la suficiente bendición de Seheweit y decidan señalar que Rozemyne estaba en mi habitación y que incluso me besó frente a todos?"

Eso era lo que más me preocupaba. Rozemyne no necesitaba que se le señalara o se dudara de su honor. El nivel de intimidad existente entre nosotros era algo que solo debería importarnos a nosotros.

"Hablaré con Margareth si eso es lo que te preocupa. No le diré lo que pasó, solo le pediré que me ayude a averiguar lo que las jóvenes que los vieron desaparecer pudieran estar a punto de decir."

"No maten a nadie." Dije con cuidado de no ordenar. Ya había visto en Margareth los efectos de una orden sobre un juramentado. No me parecía necesario hacerle algo así a Justus.

Él por su parte solo se cruzó de brazos y me dedicó una reverencia profunda diciendo un "Entendido" antes de que saliéramos de vuelta a la recámara que tenía asignada. Así terminó mi primer día en Klassenberg, dejándome tan exhausto que dormí sin soñar nada en absoluto.

Los siguientes dos días fueron un auténtico suplicio. Si bien tomábamos el desayuno con las esposas y los hijos del Aub, el hombre se negó a vernos o recibirnos alegando tener demasiado trabajo urgente que atender.

Por otro lado, mientras Galtero escoltaba a Rozemyne a la Biblioteca y al día siguiente al Templo para una inspección y mejora, Azucena y su hermanita Clavelina fueron mis guías al magro edificio de investigación donde se desarrollaban cosméticos, artefactos mágicos luminosos, se estudiaban algunos pocos venenos con sus antídotos, algunas fragancias y poco más el primer día y al distrito noble el segundo.

A pesar de lo ridículo que me parecía aquello, tenía que admitir que poder ver la ciudad oculta al interior de la montaña era un espectáculo digno de ver, al grado que Laurenz estaba batallando para ocultar su salivación extrema y sus ojos de fanático descarriado.

"¡Me trajiste a Minas Tirith! ¡No puedes culparme por sentirme excitado!" fue lo que dijo más tarde, cuando volvimos al castillo.

"¿Qué es un Minas Tirith y porqué es tan impactante?" preguntó Justus mientras me preparaban para ir a cenar.

"En serio, voy a hablar con la princesa Rozemyne. Necesitamos que alguno de los chicos escriba El Señor de los Anillos aquí. ¡Eso es buena literatura!"

"Eso es pura fantasía y no estés molestando a Rozemyne con nimiedades mientras estamos aquí." Le regañé de inmediato, haciendo lo posible por contener mi frustración.

Si bien mi padre se había enterado de que intentaron drogarnos durante la cena de bienvenida y que tanto Galtero como Azucena se estuvieron tomando demasiadas libertades esa noche, también era cierto que ninguno de esos dos había intentado tocarnos de nuevo y que padre no tardó en enviar a un erudito a que colocara círculos mágicos adicionales a nuestras vajillas para purificar afrodisíacos y dar un mensaje a Aub Klassenberg que, estaba seguro, era la razón real detrás de sus ausencias.

Según sabia, el Aub afirmo que todos tomaron lo mismo, que era un relajante. Algo llamado 'la bendición de Geduldh' que se comparte en la primera bebida y ayuda a los jóvenes que buscan un cortejo a encontrarlo.

'Aunque a mi me suena a una de esas drogas que usaban en las discos'

"¡Oh, vamos! No dije que le pediría que lo escriban de inmediato, Ferdinand." Exclamo Laurenz trayéndome de nuevo al presente.

Apreté los dientes y traté de masajearme el puente de la nariz ante la terrible jaqueca que mi idiota hermano y mejor amigo me estaba generando, así que luego de tomar aire y contar hasta treinta lo miré con una exagerada y brillante sonrisa para no matarlo ahí mismo.

"¿Por qué no le dices a Alerah que salga contigo a ver la ciudad y luego se quedan a dormir en algún hostal de la ciudad baja? Quizás con eso puedas controlarte el resto de la semana."

El rostro de Laurenz pasó de un fantasmal blanco a un rosado sonrojado conforme hablaba, sus ojos brillantes y una sonrisa boba para cuando terminé.

"¿Hablas en serio, Ferdinand?"

"Si no dejas de decir estupideces, voy a terminar averiguando si los hechizos imperdonables de Harry Potter pueden reproducirse en Yurgensmith… así que ¡Fuera de mi vista, ahora!"

La sonrisa desapareció y sus ojos se abrieron con miedo, pero desapareció de inmediato, dejándome solo con Justus dentro del cuarto de aseo.

"¿Estás seguro de dejarlo rondar libre por ahí con su esposa? Necesitas a un guardia de confianza, después de todo."

"Llama a Eckhart. Tendremos que usar aparatos antiescuchas mientras él esté de guardia con nosotros, pero es lo de menos."

Justus se rio un poco sin dejar de mirarme una vez que estuve listo.

"¿No ver a la princesa es lo que te tiene tan intolerante con nuestro hermano o es que el principito la esté escoltando?"

"Ambas y que me lancen un par de niñas como guías. ¿Es mi imaginación o los Klassenberginos tienen la errónea suposición de que me gustan las niñas?"

"¿Niñas? Estamos hablando de jóvenes en edad de comprometerse, pero si lo vez desde ese lado y si tomamos en cuenta que has estado al lado de la princesa desde antes de ingresar a la Academia Real y la diferencia de edades…"

"¡No soy un maldito pedófilo!"

"¿Shoni… qué? No sé qué es esa palabra, aunque imagino el contexto." Me respondió Justus con una sonrisa cansada antes de mirarme con burla, "Diría que solo sientes atracción por la princesa si Alerah no nos hubiera compartido un par de anécdotas hace tiempo."

"¿Qué anécdotas?" pregunté espantado, viendo como mi hermano mayor se hacía el occiso, saliendo de inmediato por los pasillos de la servidumbre "¡Justus!"

Estaba demasiado tentado a tomar su piedra del nombre y ordenarle regresar y exigirle una explicación cuando tocaron a mi puerta y el rostro de Ekchart apareció de inmediato.

"Príncipe Ferdinand, Sir Laurenz me informó que lo estaré relevando esta noche. ¿Está listo para salir?"

"Lo estoy?" dije en un suspiro derrotado, sintiendo de pronto que mis dos hermanos se habían puesto de acuerdo para jugar conmigo y salirse con la suya "solo dame un momento."

Mi mano voló a la piedra de nombre de Justus, tocándola apenas con las yemas de mis dedos y colocando un poco de maná en él para luego susurrar una orden.

"Tienes prohibido hablar con tu esposa o tocarla de modo alguno las próximas dos semanas."

Justus podía no amar a Margareth, pero estaba bastante consciente de que esos dos solían juntarse al terminar sus turnos para charlar y beber alcohol… 'A ver cómo le va si no puede dirigirle la palabra por quince días.'

"No me gusta hacer esto y que los dioses me perdonen, pero como la primera princesa de Yurgensmith EXIJO que me acompañen ambos príncipes o ninguno."

"Pero… Princesa Rozemyne, el príncipe Galtero…"

"El segundo príncipe ha estado siendo bastante irrespetuoso cómo escolta. No puedo comprender cómo es que la profesora Primevere lo dejó pasar sus clases cuando ella es tan estricta."

Rozemyne estaba de verdad molesta para el cuarto día. Tan molesta que había exigido una audiencia con el Aub. No tenía idea de que pasó el día anterior con ella, pero luego de ver la cara pálida del Archiduque y escucharlo disculparse con más eufemismos de los necesarios…

Rozemyne entonces fue acompañada por Azucena y Clavelina a una fiesta de té en uno de los jardines, luego de lo cual sería guiada a un baño de Efflorelume donde las ayudarían a relajarse y algo sobre nutrirles el cabello y la piel en tanto yo… terminé atrapado con Galtero en una sala distinta con un tablero de gweginen de por medio.

"Esto NO debería estar pasando." Se lamentó el idiota entre dientes.

"Por una vez estoy de acuerdo contigo. Yo debería estar en la Soberanía haciendo algunos ajustes a ciertas investigaciones de importancia y estudiando que territorios han sido más afectados por la guerra civil de hace unos años."

"Príncipe Ferdinand, Príncipe Galtero" nos interrumpió el Archiduque en ese momento, limpiando con muy poca sutileza el sudor en su frente "luego de… considerar las… circunstancias de su estadía aquí y después de considerarlo con apoyo del Zent… bueno… ustedes dos pasarán la próxima campanada arreglando sus diferencias con un… dos… ahm, varios juegos de gweginen cómo los nobles que son mientras la princesa se toma un tiempo para relajarse. Después de eso… bueno, espero que estén abiertos a mostrar sus habilidades en beneficio del duc…país. Ahem. En beneficio del país. Sus Altezas."

Dicho eso, el hombre procedió a encerrarnos con un par de nuestros guardias y varios de los guardias del Ducado.

"¡Yo no hice nada malo para que me castiguen así!" gritó Galtero cuando logró comprender la situación, lanzando una de las piezas del tablero a la puerta cerrada.

"Tengo mis dudas al respecto. En cuanto a si esto va acorde o no a honrar a Gebotornung… lo veo más como una de las tantas pruebas que Glückität le gusta ponerme en el camino, así que deja de comportarte como un niño prebautismal, levanta esa pieza y ven a qué limpie el tablero contigo."

Una especie de estornudo diminuto se escuchó a mi espalda. No tuve que voltear para saber que los malos hábitos de Justus se le estaban pegando a Laurenz. Galtero solo nos vió con muy mala cara a Laurenz y luego a mí antes de mirar a uno de sus propios guardias y señalar la pieza. El joven se apresuró a levantar la ficha y colocarla en su sitio antes de volver a su puesto en tanto Galtero se sentaba en su lugar designado.

"Bueno, si iban a tenernos aquí en contra de nuestra voluntad, al menos podrían habernos dejado algunos asistentes para traernos algo de comer o de beber."

"¿Cómo? ¿El segundo príncipe es incapaz de jugar un par de juegos de mesa sin llevarse nada a la boca?" pregunté tratando de controlar mi tono para sonar cómo el mismísimo Schneast "No sé si ofenderme de que no planees tomarme en serio o sentirme decepcionado de que ya estés buscando excusas para justificar la derrota."

"¿Y tú de qué lado estás?" preguntó Galtero perdiendo por completo el control de sus rasgos faciales y golpeando a ambos lados del tablero con los puños como para hacer énfasis en la última palabra.

"Del mío, por supuesto. No voy a entregarte la victoria ni de esta serie de partidas ni de ninguna otra competencia. Claro que no me opongo a aceptar tu rendición… cualquiera que está sea."

No tenía idea de que lo estaba molestando más, si mis palabras o mi tono aburrido, lo cierto es que justo cuando Galtero parecía a punto de lanzarme el tablero con todo y fichas, uno de los guardias de Klassenberg se aclaró la garganta y la actitud de Galtero cambió.

Su rostro antes contorsionado por la furia y la incredulidad ahora lucía una sonrisa afable y una mirada que parecía comprensiva… solo en el exterior. Si ponía atención podía notar el dejó de repugnancia y fastidio al fondo de sus ojos.

"Supongo que si son órdenes de nuestro honorable padre…"

"Te dejaré que hagas el primer movimiento. Hasta me lo tomaré como calma si te comportas como un hombre adulto." Me burle sin poder contenerme. Estaba más que seguro de que estábamos aquí por su culpa y por los idiotas de Klassenberg tratando de apuntalarlo a cambio de volver a la cima del ranking.

Ver como su cara se contorsionaba como su acabara de ingerir un insecto justo un par de segundos antes de recomponerse fue de lo más placentero. Después de eso tuvimos un primer juego bastante rápido que terminé por ganar sin mayor esfuerzo. Decepcionante sería darle más crédito del que merecía.

Para el siguiente juego lo volví a dejar hacer el movimiento de apertura, sin embargo, Galtero comenzó a poner más resistencia… perdiendo de nuevo aún si la partida fue más larga. La idea de que debería acorralarlo despacio la siguiente vez y quizás torturarlo un poco solo por diversión se esfumó de pronto, después de mi tercer movimiento.

"¿Cómo lograste que ella te besara?"

"¿Disculpa?"

Su pregunta me sorprendió. Por fortuna estaba terminando de hacer mi jugada. Mi mente comenzó a buscar hasta recordar que la primera noche aquí, justo después de llenar la puerta con maná, Rozemyne me había besado en la mejilla frente a Galtero y todos los que estaban dentro de mi habitación o en el pasillo, junto a la puerta, haciéndome sonreír.

"Viví para servirla y justo ahora compito contra ella. Le doy su espacio y no trato de forzarla a nada. Jamás le faltaría al respeto de esa manera."

"Pero no tiene sentido. Yo estaba ahí cuando ella llegó a Eisenreich. Yo la traté antes que tú. Fui su igual ANTES que tú. Nosotros somos iguales, es nuestro destino estar juntos." Afirmo mirándome apenas un momento. "Sin importar que haga o cuánto me esfuerce ella nunca me ve." Se quejó Galtero.

"¿Eso piensas?" respondí con calma, observando las fichas en el tablero y seleccionando una de tantas jugadas para plantarle un par de trampas "Ella te ve. Siempre lo ha hecho, justo igual que a tu hermana."

No me estaba mirando a mi, sino a su juego, tomándoselo en serio por fin.

Lo observé cubrir su boca con el índice doblado sin dejar de observar las piezas, examinando el tablero y cavilando su siguiente jugada.

"Sabes a lo que me refiero. No sé cómo lo hiciste, no sé en qué momento la convenciste, pero los dos sabemos que ella merece algo más que un… Sacerdote ennoblecido."

Sonreí bastante divertido ahora. Si ese era su modo de molestarme, estaba fallando de forma miserable.

"Es cierto. Soy un sacerdote ennoblecido. Mis padres me dejaron ahí por mi poco maná, después de todo."

Él terminó su jugada y yo comencé a hacer la mía sin dejar de sonreír.

"Claro que empecé a comprimir de forma accidental y mi maná aumentó. Empecé a aprender sobre cómo funcionan las empresas y el dinero de los comerciantes de la ciudad baja y pronto tenía mis propias industrias, justo después de comenzar a ayudar a Rozemyne a administrar las suyas. Trabajé muy duro para poder serle de utilidad. Trabajé aún más cuando acepté lo que valgo… igual que ella."

Mi jugada terminó y Galtero se apresuró a hacer la suya, perdiendo un par de piezas en mi siguiente jugada.

"La he amado desde que la vi por primera vez", confesó entonces, "decidí que me volvería Zent como dictaba mi destino. Cómo mi verdadero padre quería y de ese modo, haría feliz a Rozemyne. La sacaría de ese sucio Templo y la protegería de los dioses."

Ambos hicimos un par de jugadas más en silencio.

"No puedes forzar a Bluanfah a danzar y esperar que Geduldh te acepte siendo un Ewigeliebe aconsejado por Chaocipher." Dije sin poder contenerme.

"Y la Diosa de la Luz nunca yacerá con un dios menor como Vulcaniff o Erwachleren."

Suspiré un poco cansado de pronto, aprovechando mi siguiente turno para dejarme de rodeos y atacar con fuerza.

"Rozemyne es una persona bastante trabajadora. Ella siempre se está esforzando en beneficio del jardín porque se ha puesto a disposición de los dioses. Si no puedes comprender eso y ponerte a su nivel, no esperes que ella te vea de un modo distinto."

"¿Por qué no solo te haces a un lado y nos dejas alcanzar nuestro destino? Dregarnuhr…"

"Temo que ni Dregarnuhr ni Ventuhite forjan solas nuestros destinos. Ellas enredan nuestros hilos, es cierto, pero somos nosotros los que guiamos nuestros hilos, así que, por el bien de Rozemyne y del jardín mismo, no voy a hacerme a un lado. No voy a condenarla a un matrimonio blanco."

En ese momento gané el juego y Galtero me dedicó una mirada cargada de desprecio en tanto su sonrisa se desvanecía por completo.

"No sé a qué te refieres, Sacerdote. He estado comprimiendo, asique no voy a tardar en alcanzarla."

Evitar reírme a carcajadas fue demasiado difícil. Constatar que tanto Laurenz como Eckhart parecían tener el mismo problema que yo me hizo tomar aire y enderezar mi espalda para recobrar la compostura de inmediato.

"Tiene más maná que yo todavía y no puedo sentirte ni un poco, hermano. Pero no te preocupes, estamos trabajando en una herramienta de medición precisa que nos diga que tan atrás te estamos dejando. Quizás deberías prepararte para fungir como ministro o algo así… de hecho, deberías esforzarte por serle útil al menos a tus aliados. Quizás así podríamos tenerte en mente cuando comencemos a depurar y recontratar eruditos soberanos… o asistentes, no lo sé."

"¡Tú...!"

Lo que fuera que Galtero planeaba decirme murió cuando la puerta se abrió y nuestros asistentes ingresaron seguidos por un carrito lleno de postres, bebidas y algunos tentempies salados. Después de eso no hubo más charla de ningún tipo, solo el sonido de mis fichas haciendo añicos las jugadas de Galtero una y otra vez con diferentes métodos. Al menos eso hizo más pasable esa campanada larguísima.

Ese día, justo después de humillar a Galtero en gweginen una y otra vez, accedí a darle un breve vistazo a las granjas subterráneas de abejas para dar algunas recomendaciones para incrementar el rendimiento, así como proponer un par de rutas comerciales que podrían ser benéficas para la económica del Ducado. Si bien tomé nota de muchas otras formas de aprovechar las producciones comerciales de la ciudad y recaudé información valiosa con ayuda de Justus y Laurenz, preferí guardarme dichos descubrimientos e ideas para cuándo accediera al trono.

No importaba lo que fuera a pasar con este Ducado o con su familia archinobles actual, lo único cierto era que Rozemyne querría asegurarse de que su gente, ya fueran nobles o plebeyos, pudieran subsistir y de todos modos, parte del bienestar de estas tierras sería mi responsabilidad en un par de años. Necesitaría estos apuntes para sacarlos a flote del fondo al cual se dirigían y hacerme con la lealtad de algunos.

Al final, ni Galtero ni yo pasamos más tiempo con Rozemyne además los desayunos hasta que fue momento de partir de nuevo. Según Laurenz, Rozemyne logró reformar el Templo de manera satisfactoria y convencer a algunos no les eruditos de comenzar a guardar transcripciones de los guiones teatrales en la biblioteca del Ducado, la cual, por supuesto, reorganizó a su gusto. Quizás por eso cuando nos estábamos despidiendo pude verla sonreír con sinceridad. Solo esperaba que nadie más la exasperara de nuevo. Si volvían a encerrarme con Galtero a jugar juegos de mesa, me encargaría de acabar del todo con su poco orgullo y su sanidad mental.

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SS Zent: La caótica llamada desde Klassenberg

Trauerquel se había levantado antes incluso que la diosa de la luz cómo de costumbre, siendo solo uno de sus asistentes de confianza el único en ayudarlo a vestirse para ir a donar maná a la fundación.

Estaba exhausto cuando tomó su segunda poción de recuperación pero era lo de menos. El país necesitaba de su maná con desesperación luego de la guerra. En su corazón, Trauerquel esperaba que los dos Ducados recién creados lograrán aligerar su pesada carga y que Ferdinand o bien Rozemyne pudieran preparar un proyecto benéfico para ellos aún a costa de dejar entrar a los Lanzenavianos. No era algo que deseara, sus hermanos mayores habían tenido una relación complicada con el vecino país de la puerta de la oscuridad y que ahora existiera una segunda puerta abierta lo tenía demasiado nervioso.

Muchas cosas podrían salir mal.

Cuando llegó a su despacho, sin embargo, pudo respirar tranquilo. No había ninguna carta urgente de la asistente de Rozemyne esperando por él para que su desayuno de nuevo cayera de nuevo en la fosa de slimes como los últimos tres días. Si al menos la cultura en Klassenberg fuera menos invasiva en cuanto a sus formas de cortejo… ¿cómo su consorte klassenbergina no le advirtió de ello antes? Habría insistido en enviar a Rozemyne sin la compañía de sus otros dos hijos adoptivos para evitar todo este…

"¡Oh, no!" Un escalofrío demasiado conocido le recorrió la espalda, llevándolo a ponerse en pie, excusándose con sus ministros y haciendo una seña a su médico particular de tenerle preparada una poción para el estómago. Con algo de suerte no sería una llamada de Klassenberg, sino algún otro asunto.

"¿Rozemyne?"

Era como si Chaocipher, la diosa misma del caos, hubiera decidido estirar su hilo un poco más para desgastarle algunas hebras y divertirse en tanto Glückität hacía lo posible porque no muriera a pesar de todo.

Luego de dar un suspiro resignado, el Zent notó a Aub Klassenberg detrás de su hija adoptiva con el rostro pálido y la sonrisa más falsa y artificial que hubiera visto en toda su vida

"Padre, quiero volver a la Soberanía AHORA. Entiendo que acordé venir aquí a tratar de ayudarlos a limpiar y reformar el Templo, además de averiguar si hay algún modo en que pueda ser de apoyo para el Aub, pero en verdad, Glückität parece estarme dando más de lo que puedo tolerar. Tengo la temible idea de que mi honor y mi virtud están en juego aquí."

Otro suspiro cansado. Trauerquel estaba bastante seguro de que moriría pocos años después de que Rozemyne alcanzará la mayoría de edad a este paso.

Fastidiado por los incesantes informes de Lady Margareth y la desfachatez de su tercera esposa para desvalorizarlas, Trauerquel ni siquiera se tomó la molestia de poner una sonrisa noble, optando por dejar que Angriff y Schneast tomaran control de sus gestos.

"Rozemyne, sal de la habitación por favor mientras hablo con Aub Klassenberg. Estoy más que seguro de que está consciente de todas las formas en que ha estado poniéndote en riesgo. Yo estoy al tanto. He leído cada uno de los minuciosos informes de tu sombra."

"Lo agradezco mucho, padre. Esperaré por su veredicto afuera."

Zent se sintió bastante agradecido en ese momento de que tanto Rozemyne como Ferdinand estuvieran bendecidos con paciencia y buenos modales… una de las razones para aprobar que sus hijas con su consorte de Hauchletze comenzaran a residir en Eisenreich bajo la tutela de Lady Verónica. Galtero, estaba seguro, se habría y negado a abandonar la sala, limitándose a pararse un metro o dos detrás del Aub con los brazos cruzados y un gesto amargo y hostil.

"Aub Klassenberg…"

"Zent, ¡Le ruego me perdone y me escuche, por favor! Yo solo intentaba ayudar."

"¿Evitando que mi hija pasara tiempo de forma equitativa con Galtero y Ferdinand como se le indico? Debería dar gracias a los dioses de que mis hijos son tan distintos entre sí o Ferdinand habría enviado muchos más informes al respecto, sin olvidar que alguna de sus hijas habría sufrido un accidente fatal."

El Aub pareció tener dificultad para tragar, tensándose antes de retomar la palabra con menos arrogancia.

"Solo intentaba ofrecer algunas opciones más de matrimonio al príncipe Ferdinand, Alteza. Escuché que, a pesar de haber sido esculpido por la misma Kuntzeal, no parece muy dispuesto a permitir que Liebeskuhilfe guíe su hilo a más de las damas disponibles y…"

"Voy a fingir que te creo y deseabas jugar a ser Liebeskuhilfe para Ferdinand…" suspiró Trauerquel más que harto de estar solapando a este Archiduque que cada vez parecía más y más un fracaso, decidiendo que está era, de hecho, la última vez que lo perdonaba por la vieja gloria de Klassenberg y todo el apoyo brindado durante la guerra civil.

Zent sabia que su consideración hacia ese ducado debió terminar mucho antes. En el momento en que rozaron la traición. Si lo hubiese hecho. El Aub no se hubiese tomado tantas libertades hacia su zent.

"Lo que me lleva a preguntarme ¿Por qué solo para él?"

Aub Klassenberg puso una cara rara en el espejo antes de volver a sonreír de forma zalamera "Bueno, ahm… El príncipe Galtero ya tiene una esposa, y dado que la princesa Rozemyne será la consorte de uno de ellos…"

"¿Cuándo decrete que mi hija sería relegada a consorte?" interrumpió el Zent sin poder creer lo corto que estaba Aún Klassenberg de las bendiciones de Seheweit "¡Ella ya estaba en la carrera de zent! Existe la posibilidad de que mi heredera sea Rozemyne… Entonces, mejor que dejes de jugar a ser Liebeskuhilfe, no sea que mi hija te dé una bendición caótica. Yo no la seguiría molestando si fuera tú."

De verdad esperaba que su sugerencia no cayera en sacó roto. Rozemyne era la más amada por los dioses de entre todos los nacidos en Yurgensmith en los últimos quinientos años. Estaba más que seguro de que si su hija decidía hundir a un Ducado, los dioses estarían de su lado. Que el ducado no se hubiese convertido ya en arena blanca era un verdadero milagro.

"¡Lo tendré en cuenta, Zent! De hecho, ¿hay algo con lo que pueda ser de ayuda para enmendar este…?"

"Aleja a mi hija de mis hijos, asegúrate de que vuelva contenta y procura que Ferdinand y Galtero se lleven mejor. Si lo logras, tal vez está no sea tu última oportunidad para que tú Ducado no caiga al puesto número diez o más abajo incluso y tu familia no sea removida como familia archiducal."

"¡Cómo su majestad ordene!"

La llamada terminó, Trauerquel estaba sobándose las sienes, doblado sobre el artefacto mágico en un intento desesperado por mantener el desayuno en su estómago y respirar.

"Ahora entiendo porque los comprometieron en primer lugar, aunque estaban compitiendo." Dijo con un suspiro a su reflejo, dejando que el silencio de su oficina fuese la única respuesta que recibió, redoblando su determinación decidió corregir sus errores del pasado.

Ferdinand que debía ser un consorte o familia colateral estaba recibiendo más apoyo que Galtero, la gente confiaba en él. Ayanando su. No cometería el error de dejarlo fuera. El país no estaba en condiciones de dejarse guiar por la sangre. Y si aun la exigían…

No era su juego, nunca lo había sido.

Sin embargo, ahora era el momento de iniciar un partido propio. Haría su trabajo como Zent y guiaría las piezas del partido a las posiciones certeras. Acomodaría el tablero de ajedrez.

Usaría su mente estratégica e ignoraría todo lo demás.

"Dejemos todo cómo funciona y que compitan entre si. Tendré que hablar con Magdalena para ver cómo le daré la noticia a Galtero de que está fuera de la competencia." Murmuró el hombre para sí antes de enderezarse y suspirar "Algo me dice que ni él ni su madre se van a tomar esto a bien."

La imagen de hijo destello en su mente un segundo o dos. Sintiéndose amargado por un mero momento.

"Si tan solo hubiese apoyado a Anastasio no habría sellado su destino. Tendré que divorciarme de ella primero y mantenerla como una mera concubina tal y cómo se me aconsejó hace poco. No es un apoyo, es una carga. Cuando él se vaya, ya no tendré motivos para mantenerla a mi lado. No hay nada de Realeza en ella."

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Notas de una de las Autoras:

La semana pasada tuve algunos problemas con mi cuenta de fanfiction net y por eso no pude subir la actualización junto con Anemolti, sin embargo, he aquí el capítulo y el SS de la semana pasada. Espero los hayan disfrutado.