Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra es escrita sin fines de lucro. One-shot para participar en el Sextember #5 de la página Fanfics y Fanarts de Ranma Latino. Advertencia: Relaciones sexuales entre mujeres, lenguaje explícito, alguno que otro fetiche. Si el tema no es del agrado, recomiendo no leer el siguiente escrito.


Espectro de humo.

Recibió una estocada que parecía ser profunda y devastadora. Era una pena que no la sintiera de ese modo. En realidad, era una pena entera lo que estaba pasando en el dormitorio en este momento, porque el fuego que antes encendían juntos ya no estaba ahí.

Ranma trataba de moverse de la mejor manera, pero le estaba costando horrores poder llegar al clímax. Y al menos, el presentía que no era el único. Akane no estaba gimiendo como antes solía hacerlo. No había peticiones, no existían mimos ni palabras de amor en ese momento. Ni las luces tenues de la habitación, ni el suave aroma del incienso aromático que habían decidido encender, y ni siquiera la suave música de fondo podía ayudarles a sentirse como antes, con vida.

Y eso, oh diablos, como dolía.

El de trenza gruñó, tratando de lograr que ella explotara. Pero Akane simplemente no lo hacía, se le notaba incómoda, con su ceño fruncido y la mirada desviada. No sabía que le estaba doliendo más, si el hecho de forzar algo que claramente no podían sentir en ese momento, o que Akane no dijera nada. Con frustración trató de aumentar las estocadas, pero la suave mano de ella lo detuvo, tocándolo en el pecho.

—Ranma.— Pronunció su nombre con una mezcla entre cansancio y melancolía. —Estoy cansada.

Un golpe de ella dolería menos que aquello. Frustrado decidió hacerle caso. Para que fingía, ni él podía lograr llegar a ese punto. Se apartó suavemente, y se sentó en la orilla de la cama. La quietud de la noche era el contraste perfecto para su mente inquieta, que no dejaba de dar vueltas a todo lo que estaba pasando entre ambos. Sintió como ella se movía, y le tocaba la espalda con cuidado. No podía enojarse con Akane. La miró, notando una pequeña sonrisa triste en su rostro. No, definitivamente no podía. Le acarició suavemente la cara, y le dio un pequeño beso en la mejilla.

—Lo entiendo.— Pronunció, tratando de sonar conciliador. —Iré al baño a refrescarme un poco.

Cuando él salió de la habitación, Akane soltó un par de lágrimas. El beso no había sido tan cálido, más bien, fue frío. ¿A donde se estaba yendo el deseo? ¿Por qué parecía que estaban distanciados? Con la tristeza perforando su corazón, se colocó rápidamente su pijama, se levantó a apagar el estéreo con el casete sonando, y luego de aquello, se acostó en su cama, de lado, como un ovillo. No se pudo contener más, y sollozó tenuemente. Sabía que se había ido a meter mano para calmarse, porque ella no había sido capaz de satisfacerlo como antes, y ni que decir de él, que también se le notaba agotado. Sollozó un rato más, sin esperar a que Ranma llegara a la habitación, hasta que se quedó dormida entre lágrimas y lamentos quedos.

Y cuando el entró, notó los rastros de las lagrimas en las suaves mejillas. Un camino triste de diamantes que habían caído por culpa de... ¿De que exactamente? Ni siquiera había una causa tangible.

Se acomodó en la cama, dándole la espalda, brindando el espacio que ambos necesitaban. El espacio que estaba marcado desde hacía un tiempo entre ambos.

—¡Chicos, escuchen!— Akane gritó con atención a los contados estudiantes que no paraban de hablar con emoción. —Como verán, ya tenemos las inscripciones para el torneo a nivel nacional. En esta ocasión, la sede es en Kyoto, así que necesitaré sus documentos completos para inscribirlos. Igual deberán llenar las hojas del seguro que les entregaré mañana. ¿Está claro?

—¡Si, sensei Saotome!— Gritaron en coro.

Akane sonrió. Aunque haya pasado una noche tormentosa, la felicidad que necesitaba para sobrellevar ese hueco estaba en ese dojo. Su padre, desde que terminó su educación universitaria, decidió darles las riendas de ese lugar, confiando en que tomarían las mejores decisiones. Y vaya que lo habían logrado, pues a pesar de muchos contratiempos el dojo se perfilaba como uno de los mejores de todo Japón. Y claro, ambos, sobretodo Ranma, estaban coronados como los mejores artistas marciales de su generación.

—Me alegra escuchar su entusiasmo. Es todo por hoy. Nos vemos la siguiente clase.

Uno a uno se fueron retirando del espacio hasta dejar a Akane completamente sola. Dio un suspiro, y salió del lugar. Caminó hacia el patio, dónde yacía el montón de bloques de concreto que normalmente compraba para practicar su fuerza en los golpes.

Acomodó el montón de bloques, de forma que pudiesen estar en pirámide. Se posicionó frente a ellos, y con todas sus energías gritó para luego romper el bloque que estaba arriba. Los trozos de concreto salieron volando por varios metros, salpicando todo el suelo de finos trozos del material. Esa era una de las cosas que no había cambiado. Seguía desahogando su furia con aquellos objetos. Incluso, conservaba al muñeco que había adaptado para parecerse a su ahora esposo. Y aunque en otra ocasión quisiera golpearlo para romperlo en pedacitos, está vez no quería lastimar al "Señor idiota."

Resopló arrodillándose en el suelo, cuidando no recargarse en alguna pequeña piedrita. Una lágrima traicionera salió de sus orbes avellanas, pero esta fue detenida rápidamente con el dorso de su brazo. Ni siquiera al tener ya veintiséis años de edad era inmune a los sentimientos de frustración que antes solían ser el pan de cada día para ella desde que era una adolescente.

Llevaban meses intentando tener sexo como se debía, pero lo que pasaba es que a cada oportunidad que tenían algo se presentaba. Primero, el extremo cansancio después de la jornada de clases en el dojo. Pasaron de dar clases los fines de semana a ahora impartir a niveles avanzados todos los días, desde niños pequeños hasta jóvenes adultos como ellos. Después de la rutina lo que más deseaban era dormir, y poco a poco las noches de pasión se fueron yendo al carajo. Esto, por supuesto, los hundió en la más jodida de las monotonías. Ahora para ellos el sexo solo significaba meter, sacar, unos cuantos toques por allí y listo. Bendito orgasmo. Se habían olvidado de darse el tiempo para poder satisfacerse mutuamente.

Otro gran problema era el hecho de estar de torneo en torneo compitiendo. Habían trabajado arduamente para poder avanzar a las nacionales, dedicando horas extra a los entrenamientos con sus alumnos más pródigos. Y este dilema encapsulaba las finanzas. Ranma había estado planificando, en conjunto con Nabiki todo lo referente a los gastos de viáticos, promociones, comidas, entre otras cosas. Akane había querido participar en ello, pero su esposo le encargó la misión de organizar y diseñar las mejores katas y estrategias de ataque y defensa. Akane apreciaba mucho que él le dejara en sus manos la tarea tan ardua, pero claro, todo desequilibró sus libidos porque ella tenía la presión constante de ser meticulosa al no fallar en su misión.

Por último lugar estaba la presión constante de mantener el estatus de la escuela de combate. Ellos, de forma individual tenían una carrera como artistas marciales experimentados que debía ser cuidada generosamente. ¿A qué se refería esto? Simple. Nadie, absolutamente nadie del comité de artes marciales sabía sobre la maldición de Ranma.

Ese era uno de los meollos del asunto. El comité estaba formado por viejos tradicionalistas que, para estos momentos plenos de los años noventa, aún tenían la mentalidad retrógrada de antaño. Cuando Ranma pasó a semifinales en el torneo varonil como novato, los del comité lo tenían al escrutinio. Cualquier paso en falso que él cometiera con respecto a la moralidad podría significar un bache en su camino. Sonaba estúpido, pero así eran esos vejestorios. Es por ello que nunca mencionó nada sobre su maldición, incluso hizo esfuerzos extra por evitar el agua fría mientras estuviese con ellos. Ni a sus estudiantes les había confiado tal secreto, solo los más allegados lo sabían.

Trató de inhalar y exhalar tranquilamente. Se levantó, acomodó el cinturón de su gi y se dirigió hacia el interior de la casa.

Ranma analizaba los papeles que estaban sobre la mesa, mientras que Nabiki tecleaba a toda velocidad en su calculadora. La ventaja de tener una contadora en la familia era que agilizaba el trabajo, liberando las tantas cargas que él ni siquiera quería tocar.

—La parte buena del concurso es que el comité les dará el hospedaje e indumentarias de entrenamiento, así que lo único por lo que deben preocuparse son las comidas y los gastos de emergencia. Ah, y obviamente los patrocinios.

Colocó los codos sobre la mesa, y con sus manos acunó su cabeza, un poco cansado. —Nabiki, me duele la cabeza, ¿Crees que podríamos parar?

Ella resopló. —Cuñado, esto es importante. Estamos a pocos días del evento.— Al mirar que no había reacción volvió a resoplar. —¿Discutieron?

—¿De que hablas?

Nabiki rodó los ojos. —De que más va a ser. De mi hermana, tu esposa.

Con los ojos un poco nublados por la melancolía miró a su cuñada. Ella siempre tenía el don de ver lo que los demás no, tal vez por eso siempre evitaba quedarse a solas con Nabiki. Lastimosamente eso no fue posible ese día, porque Akane debía atender las clases.

—No. No discutimos.— Mencionó aparentado seguridad.

No le creyó. Y aún así, decidió respetar su privacidad. Ya no era la misma niña interesada por el dinero, había aprendido que las cosas de dos son de dos solamente. Tomó los papeles y comenzó a examinar de nueva cuenta todo, hasta que vio como su hermana pasaba por el pasillo, dirigiéndose hacia la cocina. Algo no estaba bien, juraba que la de pelo corto podía parecer un fantasma con ese aspecto tan sombrío. Mejor que no se entere su padre, o podría pegar el grito en el cielo.

Akane se metió a la bañera, disfrutando del relajante líquido caliente que destensaba sus músculos atrofiados por el arduo entrenamiento. Durante el resto del día decidió entrenar hasta morir de cansancio en el dojo, después de todo Ranma estuvo entretenido con las finanzas todo el tiempo. Suspiró mientras se estiraba con calma.

De pronto, su cerebro le ordenó probar algo. Con sus dedos índice y medio intentó tocarse. Bajó la mano hacia su intimidad, y comenzó a trazar círculos por todos sus pliegues. Cerró los ojos y recargó su cabeza en el descanso de la bañera. Sintió su clítoris, y comenzó lentamente a pellizcarlo con ambos dedos. Trató de pensar en Ranma, en como podría tocarla, en como la lengua juguetona de él podía causarle estragos en todo su ser. Jugueteó por unos cuantos minutos de esa forma, tratando de estimularse, pero fallidamente abandonó la tarea.

No lograba sentir chispas con ese simple acto, por más que lo intentara. Abrió los ojos, y bajó apenada su mirada. Estaba demasiado cansada, física y mentalmente como para lograr siquiera tener un mísero estímulo. Recordó que al día siguiente hablaría con los tutores de los más chicos para ultimar detalles del torneo, por lo que debía tratar de dormir no tan tarde. Con pesar en el cuerpo, decidió quedarse cinco minutos más antes de salir.

Ranma entró a la habitación que compartía con Akane. El aroma del perfume de ella seguía impregnado en cada rincón, y eso le encantaba. Sabía que la amaba, aún sentía que ella era su alma gemela, su todo. Y era por ello mismo que le dolía no poder seguir encendiendo ese fuego de la pasión entre ellos.

Se acercó hacia los cajones de la ropa y sacó su pijama clásica. La cena solo fue sobre el torneo y el prestigio del dojo. Solo eso, y es que tal vez a Soun Tendo le preocupaba mucho el seguir manteniendo la escuela de combate tal y como estaba siendo en ese momento, con la fama y el reconocimiento adquiridos.

Pero, había algo más en el fondo. Y ambos sabían que es lo que el patriarca Tendo quería.

Un nieto. Un sucesor al cual debían procrear. Y para lograrlo, debían llegar a la cima juntos.

Pero eso sonaba como una utopía bastante lejana. No habían tenido un heredero antes porque se enfrascaron en mejorar sus habilidades de combate, en hacer prosperar al dojo. Después de que terminaron de cursar en Furinkan, ambos comenzaron a estudiar en la universidad. La verdad, fue un martirio para él. Si antes el instituto había resultado la peor de las torturas, ahora podía asegurar que la universidad solamente le había supuesto jaquecas tras jaqueca. Y cuando se casaron al terminar la educación superior, a pesar de ya haberse dicho las cosas claramente, fue que tuvieron su primera vez. Torpes y llenos de dudas y prejuicios, pero lograron terminar en esa ocasión llenos de éxtasis puro. ¿Cuál era el problema ahora? ¿Por qué esa vitalidad de la juventud había desaparecido como una nube de humo?

Se quedó parado, observando por un momento hacia el suelo. Cerró los ojos, inhalando profundamente. Dirigió su mano hacia su miembro, tratando de estimularlo por encima de la pijama. Intentó pensar en Akane, en como se veía cada vez que solían tener relaciones. En sus sonrojos, sus besos tímidos pero llenos de fulgor. En su boca, su lengua traviesa y su cuerpo entero.

Y luego, recordó que, al día siguiente, debía comprar los boletos para abordar el vuelo a Kyoto. Con pesar abandonó su misión, sentándose en la orilla de la cama.

Ni siquiera podía sentir una pizca de excitación. No estaba siendo un hombre.

Soltó una risa sarcástica. Desde que el comité había dejado en claro sus posturas conservadoras, el miedo y la inseguridad le habían regresado por completo. Si, seguía siendo un hombre, pero por ratos la mujer solía aparecer aunque el no quisiera. Cómo la semana pasada, cuando, en mitad de arreglar la tubería sin necesidad de llamar a un plomero terminó siendo salpicado por el chorro de agua fría. O las veces en las que, innecesariamente, sus padres iban de visita a la residencia y terminaba discutiendo con Genma, siendo lanzado al estanque cada vez que podía. O cuando salía a algún lugar y no llevaba paraguas.

Y si bien en un inicio había terminado por aceptar su maldición, todo dio un retroceso gigante cuando esos idiotas le dejaron en claro que nada de obscenidades ni degeneres, o así como ganaron el prestigio se los quitarían.

Si, no era un hombre completo. Cómo escocía en su alma, y lo peor, es que eso liberó el miedo que hacía años lo dominaba: el miedo a que Akane se cansara de él y le dejara.

Estaba a nada de soltar unas cuantas lágrimas, pero se contuvo al escuchar los pasos de ella acercándose. Decidió levantarse y acomodarse en aquel mueble que desde hacía mucho solo servía para abandonarse a los brazos de Morfeo.

—Luces cansado.— Dijo Akane mientras cerraba la puerta. Había terminado de organizar los documentos para la autorización de los tutores y el seguro que habían contratado en caso de lesiones.

—Lo estoy.— Bostezó, enfatizando que realmente lo estaba. —Pensé que te quedarías más tarde a trabajar.

—Yo pensé lo mismo. Pero he tratado de terminar lo más rápido posible para poder descansar.

Miró como con parsimonia ella tomaba los extremos de la sabana y se acomodaba en el colchón. Le encantaba su pelo corto, su cuello fino, su piel lechosa y sus facciones delicadas. Seguía estando enamorado, eso era un hecho. Seguía sintiendo como le robaba el aliento cada vez que sonreía, aún causaba estragos fuertes su sola presencia. Seguía siendo su adoración su tesoro más codiciado. Como le hería todo lo que estaba sucediendo entre los dos.

Akane, en vez de quedar volteada de lado, se giró hacia Ranma. Aún le amaba. Le parecía la mejor de las esculturas griegas. El pelo negro, largo que caía en cascada gracias a su desatada trenza era hipnótico, su perfil masculino le parecía un deleite visual, su trabajado y fuerte cuerpo que la protegía siempre lo amaba. Y sus ojos azules, cuánto apreciaba esos mares que a veces estaban llenos de amor, y en ocasiones anteriores, de deseo. Seguía clavado en su corazón, y por ello le dolía el triple.

—Ranma, ¿Todo está bien?— Preguntó ella con voz delicada. No sabía si la pregunta era para él, para ella o para ambos. Pero necesitaba decirla.

Una nota de desesperación adornaba la voz de su esposa. Pero como podía consolarla, si ni siquiera el sabía si todo estaba bien. Sentía que tenía que ser fuerte aún cuando se encontraba herido, todo por ella. Sonrió, tratando de tranquilizarla, y con fuerza la estrujó entre sus brazos. Luego, le dio un besito en la coronilla de su cabeza, y suspiró dejando salir todo el aire que había retenido.

—Si, todo está bien.

La peor mentira del mundo.

Akane se encontraba recibiendo los documentos de los seis participantes para el torneo en la categoría de adultos jóvenes. Cada uno había leído y firmado los documentos correspondientes, por lo que ahora simplemente debían descansar.

—Gracias, chicos. Recuerden que partimos en dos días, por favor, lleven lo necesario.

—Si, sensei.— Respondieron en coro, para irse retirando, hablando sobre lo emocionados que estaban por el torneo.

La chica también debía admitir que la intranquilidad la carcomía- Había descuidado su desayuno ese día por los nervios que la atacaban, pero era normal. Cada vez que tenían competencias grandes solía saltarse los desayunos días antes. Ya la habían regañado por eso, aún así era una costumbre no tan sencilla de evitar. Pero, de cualquier forma, siempre trataba de compensarlo comiendo algo pequeño después. Con una pequeña sonrisa guardó los papeles en un sobre destinado, y finalmente se dirigió hacia su casa en búsqueda de unos pedazos de fruta.

Soun Tendo se encontraba leyendo el periódico mientras estaba sentado enfrente del estanque, como siempre hacía cada mañana. Dos de sus hijas habían partido a diferentes casas, sin mencionar que el matrimonio conformado por Genma y Nodoka habían restablecido su casa y por lo tanto ahora no compartían techo. Los únicos que quedaban en ese hogar eran el nuevo matrimonio Saotome-Tendo. Y aunque les daba toda la privacidad del mundo para ellos, no podía evitar ser el padre preocupado por el bienestar de su hija. No era tonto ni ciego, sabía que algo malo estaba sucediendo en la relación de su hija con Ranma, no podían engañarlo a él, quien estuvo casado por un tiempo. Y le preocupaba el destino del linaje de la escuela. Habían estado postergando el tener un hijo, cuando él tuvo a Kasumi tenía tan solo veintidós años, no podía creer que a la edad que tenían siguieran sin tener descendencia.

Akane llegó de la cocina con un plato lleno de trozos de frutas. El verano estaba siendo sofocante, y ni se diga de como estaría en Kyoto. Por ello habían decidido contratar un seguro para todos, porque sería un torneo difícil en un clima hostil. La chica se sentó en la mesa, y comenzó a comer trozos de sandía. Escuchó y observó como su padre se acercaba a ella, con un gesto preocupado.

—Parece que tuviste una visión fantasmal.— Se burló Akane mientras sostenía los palillos con sus trozos de sandía.

Soun dejó el periódico en la mesa, con un poco de delicadeza. No sabía cómo se desarrollaría la plática que quería iniciar, pero se aseguraría de hacer que su hija tomara en serio sus preocupaciones. —Akane, las cosas no van bien con Ranma, ¿Cierto?

Siguió sonriendo, tomando otro pedazo de la fruta que devoraba. Antes de meter la sandía a su boca, sonrió aún más amplio. En ningún momento despegó la mirada de sus palillos, como si fueran lo más interesante del mundo. —¡Todo va bien! No debes preocuparte.

—Akane, te conozco. Soy tu padre, sé lo que te pasa, no me puedes engañar a mi.

Ella dejó de sonreír. Soltó el pedazo de sandía en el plato, y sus palillos los acomodó a un lado. Tragó saliva, con su mirada temblando un poco, reflejando el pesar que cargaba desde hacía un tiempo. Miraba a la nada, sin enfrentarse a su padre, pero decidió hablar con la voz cargada de cierto resentimiento que quizá no debía descargar con Soun. —Lo dice quien me comprometió sin consultarme.— No es que no se sintiera agradecida por tener a Ranma en su vida, pero que Soun dijera que la conociera le desató una ira grande.

Esa frase no pasó desapercibida para el hombre de bigote. Ciertamente no podía culpar a su hija, ella tenía la razón en reprocharle, y aún así pensaba que no estaba siendo justa con él, porque claro, aún si había sido un compromiso arreglado funcionó y ambos estaban enamorados. —Aunque no me quieras escuchar, lo vas a hacer.— Muy pocas veces salía a relucir su autoridad, contadas fueron las veces en que se atrevió a alzar la voz a alguna de sus hijas, pero quería dejar en claro lo que, como padre, le aquejaba. —He notado cierta tensión entre ambos. Akane, debes hacer que funcione tu matrimonio, o de lo contrario fallará y el prestigio de la escuela se verá en riesgo. Además, no me han dado la alegría de ser abuelo, ¿Cuándo piensan hacerlo?

Apretó los puños, con rabia, y luego está vez miró a su padre directamente. Siempre sacaba a relucir la carta de la descendencia. ¿Qué esperaba? Ambos tenían como prioridad el dojo, incluso él en un inicio estuvo de acuerdo con ello. Pero claro, ahora lo único que pensaba era en tener nietos. —¿Y el dojo? Pensé que era tu prioridad.— Dijo con la voz seca, árida como su corazón lo estaba.

—Lo es, pero hija, entiende. Si no tienen un heredero, ¿Cómo piensan seguir con el linaje?

"Hasta que a Ranma y a mi nos den las suficientes ganas de follar, en vez de trabajar arduamente." Pensó con rabia hasta el tope. Pero no lo diría. —Ya lo veremos después.

—Pero, hija...

—Basta.— Susurró agachando la cabeza.

—No, hija. Es que no lo entiendes. Un divorcio es como un fracaso. Si fracasas en este matrimonio, el dojo fracasará, y entonces...

—¡Ya basta!— Exclamó, azotando las palmas en la mesa de madera, mientras su cabeza se agachaba más. Sentía los ojos escocerle, y su alma se rompía en pequeños cristales. —Estoy cansada. Iré a recostarme un rato.— Susurró, dejando su fruta en la mesa. Se levantó y salió corriendo a la que ahora era su alcoba matrimonial.

Cuando Akane llegó a la habitación cerró la puerta con fuerza, y se dejó caer en la cama. No quería llorar, pero aún así, sus ojos difícilmente contuvieron unas pequeñas lágrimas traicioneras. Sollozó tenue, en silencio, dejando que el dolor y la frustración la encapsularan en un cascarón triste.

Nabiki conducía su auto, mientras que Ranma estaba sentado en el asiento del copiloto. Habían ido a hacer la compra de los boletos para el vuelo, y regresaban a la residencia de los Tendo. Cuando llegaron y estacionaron el transporte se dirigieron a la casa, con Nabiki adelantándose queriendo ver a Akane. El de ojos zafiro se sentía en continuo escrutinio al lado de su cuñada, tal como cuando tenían dieciséis y diecisiete años. Sabía que era suspicaz, como un águila que está atenta a los movimientos de las presas pequeñas, y por lo tanto ella había podido ver más allá de lo que su matrimonio aparentaba. Tal vez esa fue la razón por la que ella decidió que quería ver a Akane. Suspiró, agotado, dejando sus zapatos en la entrada.

—Papá.— Saludó la mediana de las tres hermanas a su progenitor, quien simplemente estaba sentado, viendo hacia el patio.

—Hija. Tu hermana está en su cuarto.

Para Nabiki Tendo eso solo significaba una sola cosa: Akane estaba molesta con su padre. Y la entendía, porque durante un tiempo a ella también la estuvo presionando para tener hijos, o peor aún, casarse en vez de vivir en unión libre, tal como lo estaba haciendo ahora mismo. —Papá, no puedo creer que lo volvieras a hacer.— Reprendió sin sonar tan severa, pero lo suficientemente fuerte como para que Ranma escuchara atentamente desde el recibidor.

—Me preocupo por su bienestar. No es posible que aún no tengan hijos. Incluso Kasumi recién está esperando uno.

Bufó. —Papá, ya son otros años, y como mujeres estamos aprendiendo a ser más funcionales. No todo es cocinar, limpiar y criar niños. Además, recuerda que ellos son la imagen del dojo, y necesitan priorizar la gestión y todas esas cuestiones.

—No. Aquí el único que debe ver todo eso es Ranma. Él es el que ahora lleva la delantera en el dojo.

Cuando escuchó lo que Soun dijo, no pudo evitar que la presión regresara a él. ¿Por qué diantres creían que el debía de llevar las riendas solo? Cuando, en realidad, él y Akane son un equipo, y sin ella él no sería capaz de manejar el dojo a la perfección. —¿Qué sucede?— Preguntó Ranma mientras entraba a la estancia, con cara de pocos amigos.

Soun iba a hablar, cuando escucharon como alguien bajaba las escaleras. Era Akane, quien ahora se veía bastante tranquila y compuesta. Llevaba un ligero vestido color azul cielo, y su bolso en la mano. —Ah, vaya. Llegaron temprano.

Ranma sintió escalofríos. La conocía tanto, como para deducir que estaba afectada. La entendía. —Si, es que no fue tan complicada la compra de los boletos.

—Me alegro.— Sonrió. —Nabiki, te estaba esperando. Quería pedirte de favor que fuéramos a comer con Kasumi.

Nabiki entendió que Akane buscaba salir de la casa con cualquier excusa. La ayudaría, después de todo, eran hermanas. —Si, claro. Nos vemos padre, cuñado.

Akane se adelantó a Ranma, y le dio un suave beso en la mejilla. Luego, sin siquiera despedirse de su padre, salió junto a su hermana.

Cuando estuvieron solos, el de trenza se dirigió a Soun con furia. —Espero que se disculpe con Akane por lo que dijo.— Y es que no lo podía creer. Después de tantos años de enseñarle a Akane sobre la escuela, después de tanto tiempo confiando en ella, ahora resultaba que no era así.

—Ya deberían tener un hijo, y lo sabes. Se están tardando.

—Tío. Estamos muy ocupados con el dojo. Ahora mismo tenemos las nacionales en categoría adulta, y Akane es una pieza fundamental en todo esto.

—¿Qué acaso tú no lo deseas?— Preguntó desesperado Soun. No entendía por qué no se decidían a tener un niño.

—Claro que sí. Pero estamos en un momento donde no es posible. Además, cuando Akane se sienta lista para tenerlo, lo haremos. No pienso presionarla, no como usted lo está haciendo.— Se dio la vuelta, dispuesto a irse, pero antes de ello unas palabras se le clavaron como estacas al corazón.

—Si mi hija así lo desea, entonces están condenados al divorcio. Es una pena.

Quedó en silencio por unos segundos, para luego romperlo severamente. —Discúlpese con Akane, o perderá mi respeto también.

Y luego, se marchó, mientras en su cabeza se sentía la presión martillarle el cerebro.

Nabiki, Kasumi y Akane mantenían una conversación tranquila mientras consumían una comida casera hecha por la mayor de las hermanas. Se le veía radiante con su vestido de maternidad y su coleta baja, tal como una buena esposa y futura madre de familia. A todos les había sorprendido que ella decidiera tener un hijo a sus veintinueve años, porque creían que lo haría antes. Pero incluso se casó tardíamente, teniendo ya cuatro años de relación con él ya renombrado doctor Tofú.

—Ono me dijo que es más que seguro que el bebé nacerá en el tiempo que corresponde. Dice que soy una mujer muy sana, y por lo mismo el bebé estará bien.— Comentó la mayor de las hermanas, sonriendo alegre.

—Me alegro mucho, Kasumi.— Dijo Akane mientras no podía evitar sentir frustración por dentro.

Kasumi detectó el amargo tono de voz de su hermana, por lo que decidió preguntar que sucedía. —Akane, ¿Qué pasa?

Se dio cuenta de la forma en la que estaba desahogando su pesar con Kasumi, quien no estaba involucrada en ello. Sintió culpa por dirigirse de manera tan grosera hacia ella, por lo que agachó la mirada, abatida. —Perdona, es solo que...

Nabiki suspiró. —Papá la presiona para que tenga un bebé, con el dojo estando más activo que nunca.

—Oh.— Kasumi tomó la mano de su hermana, con delicadeza. —¿Es eso?

—No. No es solo eso.— Admitió con pena. A pesar de que todas eran adultas y ya habían sobrepasado las barreras del sexo, seguía sintiendo su cara arder ante la idea de hablar con ellas respecto a su problema de intimidad con Ranma. Pero sabía que si no lo decía, no podía encontrar tal vez una solución a su problema. Tomó su vaso de agua, bebiendo tranquilamente el liquido, y luego de ello habló. —La pasión con Ranma está muriendo.

Un silencio corto se instaló entre las hermanas, y luego, Kasumi sintió sus mejillas enrojecerse. Su hermana pequeña ya no era una niña, estaba segura de eso. Pero era la primera vez en la que se abría con ellas sobre sus asuntos íntimos. —Ah, ya veo.

—Sabía que algo estaba pasando entre ambos. Cuando estábamos viendo lo de las finanzas del dojo, Ranma no dejaba de estar ido todo el tiempo.— Comentó Nabiki mientras cruzaba sus brazos con seriedad. —¿Cuál es el problema con ello? ¿No me digas que no te hace el suficiente sexo oral? ¿O tú no se la comes a él? Oh, ya sé. Se corre antes de tiempo. Ah, o quizá...

Akane se escandalizó. —¡N-Nabiki!

Kasumi tomó un trozo de comida y lo dirigió a sus labios, con demasiada timidez y el sonrojo cubriendo sus facciones. Iba a tener un bebé, pero seguía cohibiéndose con ese tipo de temas. Nabiki solo comenzó a reír, dado que sus hermanas eran, en extremo, reservadas, debería de seguir hablando más abiertamente sobre ello. —¿Entonces cuál es el problema?

—Es que... p-pareciera que ninguno de los dos podemos... ya saben...

—¿Correrse?— Dijo Nabiki divertida.

Akane asintió. —En estos últimos meses nos hemos vuelto monótonos con respecto a ello. Por una parte, las competiciones y las finanzas del dojo nos tienen ocupados y cansados. Luego, papá diciendo que quiere un nieto. Y, lo último...— Tomó otro trago de agua. —Nos hemos vuelto monótonos, y ya no sentimos el mismo deseo que antes.

—¡Ah! Entonces tiene solución el problema.— Afirmó la mediana de las tres hermanas.

—¿Que?— Preguntó la de pelo corto, interesada en lo que su hermana afirmaba.

—No hay mucha ciencia. Han perdido la chispa para intentar algo más fuera de lo convencional, y eso es lo que está provocando la presión de papá. Sobre el dojo, créeme que a pesar de ello ambos deberían de poder tener por lo menos una oportunidad de follar, así que más bien la niebla mental y la monotonía los han hecho perder el hilo.

—No entiendo, ¿Qué tiene que ver eso con lo que papá dice?

Nabiki comenzó a carcajear. Todo este asunto le estaba pareciendo divertido. —Akane, es notorio que no te han cogido. Tu mal humor y tu aura negativa lo dice. Estás frustrada y eso lo nota papá. No te estaría molestando con lo de tener un bebé si no se diera cuenta de que no han follado.

—Nabiki, creo que deberías usar un lenguaje más apropiado.— Corrigió Kasumi, con el sonrojo aún marcado en sus mejillas.

—Veamos. Dinos las cosas que han hecho en el sexo durante tantos años. Y sin pena, a menos que prefieras divorciarte o serle infiel.

—¡No sería capaz de serle infiel!— Se alteró, pensando en que lo último era una estupidez. Tomó aire antes de hablar. —Bien. Cuando hemos tenido relaciones... Nos h-hemos estimulado. Si hemos tenido sexo oral, y si hemos probado al menos otras dos posiciones aparte de la clásica. Pero últimamente esto no nos ha agradado. Y no lo entiendo. Es decir, sigue s-siendo bueno mientras me toca y me besa, pero siento un vació cada vez que lo hace.

Otra vez un silencio se instaló en todas. Finalmente, Nabiki sonrió enigmática, levantando la inquietud en sus hermanas. —¿Tienes alguna fantasía que quieras cumplir con él?

—¿Fantasía?

—Si. Como la que Kasumi quería compartir con Tofú.— Miró a su hermana mayor divertida.

Akane también dirigió su mirada hacia su hermana Kasumi, dándose cuenta de que algo se había perdido al estar enfrascada en los asuntos del dojo. Kasumi, al observar que no tenía escapatoria, decidió hablar. —Antes de que me embarazara, tuve una pequeña crisis como la que tu tienes. No nos estábamos sintiendo bien, hasta que Nabiki me recomendó experimentar con algo que me gustara. Y, bueno, lo hicimos. Con un fetiche, el sadismo.

La de ojos canela enrojeció y se sorprendió a partes iguales. No se esperaba esa declaración de Kasumi, ni mucho menos hubiera pensado que ella y el doctor Tofú, dos personas que eran demasiado dulces y bondadosas hubieran optado por algo de ese calibre.

—Por mi parte, con Kinnosuke hemos intentado el fetiche de juego de roles. Pero para empezar, deberías intentar descubrir que fantasía te gustaría cumplir con Ranma.

Se quedó pensativa. Recordaba que cuando empezaron la universidad había uno que otro sueño húmedo que le daba escalofríos, más nunca se atrevió a expresarlos. Y es que después de su luna de miel con Ranma dio por hecho que no necesitaría una fantasía, después de todo si esa primera vez había sido tan mágica, supuso que así sería el resto de su vida sexual con él. Un destello de luz se encendió en su mente, mostrándole la fantasía más alocada que recordaba haber visualizado con anterioridad. Con pena, decidió hablar. —Había una.

—¿Cual?— Preguntaron las dos hermanas, interesadas de repente.

Carraspeó. —H-hacerlo con sus dos formas. E-es decir... t-tal vez... ¡Argh! ¡De acuerdo! Me gustaría tener sexo con él como mujer y como hombre.

Nabiki gritó entusiasmada. —¿Sabes que es lo mejor? Que es una fantasía que muchas personas desean, pero tú tienes la oportunidad de cumplirla.

—¡Pero a Ranma no le gustaría! Es decir, ¡Aún odia su maldición!

—¿Y ya lo has hablado con él?— Al ver que Akane negó, ella sonrió. —Debes conversarlo con él. Deja la pena a un lado y propón tus ideas. Ahora, aprovechando que te saqué de esa cueva llena de negatividad en casa, vamos a hablar largo y tendido sobre fantasías y fetiches, ¿De acuerdo? Tal vez de aquí salgan algunas cosas que podrían inspirarte.

Akane miró los ojos de sus dos hermanas, quienes se veían dispuestas a ayudarle. Resignada a una tarde llena de vergüenza y descaro, asintió.

Ranma se cambió de ropa, pensando en lo que Soun le había dicho. Condenados al divorcio. ¡No lo iba a permitir! Además, ¿Cómo se atrevía a asumir que él no quería un bebe? Claro que lo anhelaba, pero también sabía que eso podría truncar la carrera y los sueños de Akane. La amaba tanto que consideraba mucho su opinión y posturas, por lo tanto nunca la presionó sobre el tema. Aunque tampoco estaba seguro de lo que ella quería. De igual forma, ese comentario le afectó aún más a su atrofiada autoestima. Si ella le dejaba se sentiría terrible. No era capaz de olvidarse de Akane, ni de enamorarse de alguien más. Para él, esa inseguridad jamás se había ido, ni siquiera al estar casado con ella, y el pensar que podría irse de su vida por no ser un hombre completo le carcomía. Escuchó la puerta del cuarto abrirse, develando la silueta de Akane, llegando con su bolso en la mano y cansada.

—Pensé que estabas dormido.— Dijo ella con sorpresa.

—Ah, no.— La observaba mientras ella se desvestía sin prisas, bajando la cremallera del vestido, develando la suave piel de su esposa. —Akane... necesito preguntarte algo.

—Dime.— Pronunció ella mientras colocaba el pequeño short de la pijama sobre su cuerpo.

—Yo sé que lograste escuchar lo que tu padre dijo sobre ti.— Cuando mencionó esto notó la tensión instalarse en Akane. —Sabes que para mi eres importante, ¿No es así?— Preguntó con la inseguridad invadiendo su voz por completo. No quería sonar desesperado, pero lo estaba.

Akane terminó de colocarse el pijama, y se acercó a la cama. Luego de ello, se sentó al lado de él, tomando su mano, tratando de infundirle ánimo. —Lo sé.

—Es solo que no quiero que te sientas presionada por tener un bebé, ni por tener que abandonar el compromiso con el dojo. Además...

—Tranquilo.— Sonrió conciliadora. Después de la larga charla con sus hermanas se sintió más tranquila y segura. Ya vería la forma de solucionar el detalle de la intimidad con él. —Debemos descansar. Ya solo nos queda el día de mañana para preparar nuestras cosas. Aún así, te agradezco por preocuparte.

Con esto dicho, los dos se acomodaron en la cama, abrazándose y aferrados a querer mejorar su situación. Sea como sea.

La tenue luz de las velas iluminaba la estancia, y la suave fragancia exótica les inundaba las fosas nasales, mareándoles con el intenso olor a frutos rojos. No dejaba de besar esos labios tan seductores, tan atrayentes, como el néctar de las flores que era codiciado por las abejas. La lengua se abría paso en ella, explorando y degustando el más exquisito manjar jamás creado.

No perdió más el tiempo. Con demasiada decisión y firmeza dirigió su dedo índice hacia la parte de su prometido que más oculta se encontraba para ella. Tocó los labios vaginales, esparciendo la humedad por toda la zona. Y luego, presionó ese suave clítoris, obteniendo un quejido de placer de la femenina voz. Entonces, un dedo más se añadió a la ecuación, el medio. Comenzó a girar los dedos en círculos, presionando y pellizcando, tal como ella solía satisfacerse. Mientras tanto, la dulce muchacha debajo de ella se retorcía, temblando y sucumbiendo al más puro subidón de placer que jamás haya podido experimentar.

Luego de juguetear con ella por un rato, decidió que era suficiente. Se posicionó de forma en la que quedara su propia zona íntima en el rostro de esa mujer. Se agachó para poder hacer su trabajo mejor, y en cuanto ella posó su boca en la intimidad de su pareja, una sensación de electricidad le recorrió entera.

¡Ah!Gimieron al unísono.

Comenzaron con suaves lamidas, tímidas y demasiado lentas. Pero tan pronto como se olvidaron de la cordura sus lenguas se volvieron maestras en conocerse. Sabían deliciosas, como el mejor de los platillos. Y sus gemidos ahogados en su garganta aumentaban las vibraciones que recibían mutuamente. Esa posición, formando un número sesenta y nueve les estaba enloqueciendo. Hasta que ya no aguantaron más. Terminaron estallando en un intenso y candente clímax, sintiendo sus músculos contraerse con gusto.

Ya se encontraban en Kyoto, esperando por sus habitaciones para poder hospedarse en el lujoso hotel que el comité había reservado generosamente para los dojos más importantes. Akane no dejaba de pensar en el sueño húmedo que tuvo hace dos noches, el cual le dejó las bragas bastante húmedas. Por fin lo había entendido, encontró una pequeña chispa de emoción ante la idea de tener una fantasía que resurgió de las cenizas de su mente. Esa misma mañana había terminado tocándose en el baño, alcanzando por fin el anhelado orgasmo, aun si solo era con sus dedos. Al inicio se sintió sucia y descarada, pero al final su corazón volvió a latir con fuerza. No es que tuviera otra preferencia sexual, sino que amaba a Ranma tal y como era. Con sus dos lados.

Ahora, el siguiente paso era comunicarle a su esposo sobre la epifanía que había tenido. Y esperaba que el lo entendiera.

—Oye, Ranma...— Susurró mientras estaban parados cerca del recibidor en la recepción. Sus alumnos se mantenían un poco alejados, hablando entre ellos, por lo que podría comenzar a tantear terreno con él.

—¿Sucede algo?— Preguntó intrigado por el tono de voz tan cauteloso en ella.

—B-bueno, verás, necesitamos hablar sobre algo... importante.

Por alguna razón las alarmas en la cabeza de Ranma se encendieron. Tragó saliva con dificultad, pero intentó aparentar tranquilidad. Su pie derecho comenzó a moverse de arriba a abajo, demostrando cierto nerviosismo. —Ah... ¿S-sobre que?

Akane sabía que estaba intranquilo, lo conocía bien. No por nada habían pasado ya diez años conviviendo juntos. —V-verás, es que...

—¡Atención, por favor!— Anunció uno de los miembros del comité de artes marciales.

Era nada más y nada menos que el señor Tatsuichi Kawashima. Un señor bastante conservador y que siempre va en contra de los nuevos estándares modernos. Era conocido por ser alguien chapado a la antigua. Le costó trabajo aceptar a Akane como una igual. En realidad, a las pocas mujeres que estaban inscritas como parte de las cabezas de los dojos no solía verlas con buenos ojos. Creía que ellas no deberían estar liderando escuelas de combate, sino que deberían estar ejerciendo el rol de amas de casa, tal como su esposa lo hacía. Siempre renegaba de la juventud actual y de como la sociedad les permitía ser degenerados. Era un caso perdido de pudor.

—En esta ocasión, entre los miembros del comité hemos decidido separar las habitaciones de los conyugues. Hombres y mujeres dormirán separados, sin importar si están casados. Es una medida de prevención contra la inmoralidad. Recordemos que estamos aquí para competir, no para hacer orgías y otras cosas degeneradas.

Este anuncio impactó a todos los presentes. Akane no era la excepción. Miró a Ranma, quien se mostraba algo abatido frente al aviso de ese señor tan recto y aguafiestas. ¿Y ahora como haría para hablar con su esposo?

Mientras todos recibían sus habitaciones de manera resignada, el señor Kawashima se dirigió al matrimonio Saotome. Desde que los conoció hubo algo que no le agradó. Tal vez el hecho de que Akane estuviera dando clases con tanta soltura y con confianza de su esposo le causaba cierto malestar, porque claro, una mujer no debía ser cabeza, más bien, debía servir. O tal vez era porque había escuchado rumores de que ese hombre no era un hombre completo. Y es que, aunque ellos nunca lo habían aceptado ni él lo hubiese comprobado, al escuchar que estuvo momentáneamente en ese lugar llamado Jusenkyo supuso que tal vez no era alguien normal. Detestaba con todas sus fuerzas las nuevas ideologías que estaban surgiendo, y si él resultaba ser así de anormal podría manchar la reputación del comité. Estaba más que dispuesto a averiguar ese detalle durante este viaje, a como diera lugar.

—Señor y señora Saotome. Espero que esta decisión no les moleste.— Mencionó con voz socarrona aquél vejestorio.

Ranma negó. —No hay por qué llegar a esos extremos, señor Kawamura. Lo entendería con los alumnos, pero, ¿Cómo maestros de dojo y encima conyugues?

—Entiendan que es para evitar que se pierda el objetivo de estar aquí. Precisamente como maestros deben dar un buen ejemplo de rectitud y sentido del honor.

El de ojos azules iba a replicar, pero su esposa se le adelantó. —Entendemos bien, señor Kawashima. Y descuide, como el dojo más prestigioso cuidaremos la reputación.

Kawashima sonrió complacido. —Al menos me ha hecho caso. Me alegra ver que las mujeres aún obedecen a los hombres. Y recuerden, estamos vigilando el comportamiento. Si rompen las reglas, habrán consecuencias.

Cuando ese sujeto se dio la vuelta y se alejó, Ranma tenía deseos de golpearlo. Si algo aprendió de casarse con Akane, era que ni la mujer ni el hombre estaban en diferentes niveles. Ambos eran iguales, así que el hecho de que ese imbécil dijera eso sobre Akane le enfurecía. —Es un idiota.— Murmuró furioso.

Akane le tomó del brazo, tratando de calmarlo. —Ranma déjalo, no tiene importancia. Necesitamos hablar, así que debemos vernos esta noche.

—Akane, es imposible. Si desobedecemos podrían sancionarnos.

—Escucha, tengo un plan.

El de trenza terminó de acomodar sus cosas en el cuarto que compartía con dos de sus alumnos. La preocupación no lo había abandonado desde hacía un buen rato, y es que estaba nervioso por lo que iba a hacer esa noche. Entre él y Akane acordaron que había un asunto pendiente por hablar, así que aprovecharían que a ella le habían asignado una habitación exclusiva para ella y poder conversar. Eso sí, para evitar que lo descubrieran debía transformarse en la misma mujer de siempre y escabullirse en el hotel. Y eso como lo estaba odiando.

Esperó a que sus dos alumnos se durmieran, y cuando se aseguró de que no despertarían se dirigió al sanitario. Encendió momentáneamente la regadera y se metió en el chorro de agua fría, convirtiéndose en la mujer a la que estaba condenado a ser desde hacía años. Cerró la llave y finalmente se miró en el espejo. Mientras se secaba y se colocaba su pijama repasaba sus facciones. Seguía conservando ciertos rasgos de la juventud, pero aún así el paso de la edad se veía reflejado en ese femenino rostro. Y aunque podría parecer mujer, no se sentía como una. Pero tampoco se sentía como un hombre. Estaba en una eterna dualidad que lo desconcertaba, porque por más que se dijera a si mismo lo varonil que era, sabía que no era así. Suspiró, saliendo del baño y después de su recamara compartida.

Caminó por los pasillos hasta lograr ubicar la habitación de su esposa. Se posicionó frente a ella, pensando en que debían ser cuidadosos. Con cautela tocó suavemente, y esperó un poco. En cuanto la puerta se abrió fue arrastrado por su esposa hacia adentro de la estancia.

—¿Cómo estás?— Preguntó Ranma tratando de disipar la evidente preocupación que estaba albergada en su sistema.

—Bien, gracias. ¿Y tú?

—Me encuentro bien.

Quedaron en silencio. Para Akane resultaba más difícil de lo que pensaba, pero también estaba consciente de que si no lo hacía su matrimonio podía estar en juego. Y ella no quería eso.

—Ranma.— Respiró profundo para darse ánimos. —Tu y yo sabemos que nada está bien.

Se tensó al escuchar el "nada está bien." Debió suponer que la plática sería complicada, y por lo mismo se sentó en la orilla de la cama de Akane. —Si. Lo sé.— Declaró con su voz aguda, detestándola ahora más que nunca.

—Lo que está pasando en la intimidad no está funcionando.

Esto solo terminó por impacientarlo. —No es necesario que lo recalques. Es evidente.— Contestó con resentimiento.

Akane no lo notó de lo nerviosa que se encontraba. —Y no es que no me agrade lo que hacemos, pero...— Miró al suelo con algo de pena. —Creo que me he cansado un poco de aquello.

Oh no. Eso no sonaba bastante bien. —¿A qué te... refieres?— Preguntó Ranma, sintiendo el miedo aferrarse a su alma. No estaba listo para escuchar alguna respuesta negativa, y rezaba con todas sus fuerzas que no lo fuera.

—M-me refiero a que... deberíamos p-probar otras cosas en el s-sexo...

Al escuchar esto su gesto se tornó entre sorprendido y aliviado. —Ah, eso.— Pensó en que tendría sentido lo que ella decía. Que tonto había sido él, por adelantarse a hechos absurdos. Aún así, enrojeció bastante. Hablar de este tipo de cosas tan abiertamente con ella le causaba cierta incomodidad y vergüenza. Las pocas veces que habían acordado probar otras posiciones o incluso el sexo oral fueron un poco incómodas, pero salieron bien. —Si ese es el problema podemos intentar algo que quieras. Creo que yo también estaba un poco harto.

Aliviada, Akane sonrió y suspiró. Una parte de la conversación había salido bien, así que esperaba que el resto fuera de maravilla. —¿A ti que te gustaría probar?

Ranma pensó. Ciertamente nunca se había puesto a pensar que otras cosas le gustaría experimentar en la intimidad. Cuando era un adolescente si que tenía un poco sus hormonas alborotadas, sobretodo después de declararse frente a Akane. Pero esas fantasías extrañas habían quedado fuera de su mente, quizá porque se había visto obligado a madurar para llevar las tiendas del dojo. Algo así les había sucedido a Hiroshi y Daisuke. Sus dos amigos solían ser una bomba llena de testosterona, no paraban de hablar solo sobre chicas. Pero cuando los volvió a ver, después de la universidad, habían cambiado drásticamente. No solo se volvieron más apáticos con respecto al tema sexual, sino que también parecía como si les hubieran hecho esclavos de un sistema en el que te ves obligado a sobrevivir con lo que te pagaban solamente. Habían crecido y se convirtieron en adultos que no tenían tiempo para fantasías ni ideas eróticas. Quizá es lo que le pasaba a él.

—La verdad es que no sé que quiero.— Decirlo le supuso un poco de libertad. Había encontrado, por fin, la razón principal por la que no había llegado al punto máximo. Se olvidó de lo que querían, no se dio el tiempo de juguetear, de probar cosas nuevas.

Akane pudo comprender un poco más la plática que había sostenido con Nabiki. La monotonía de esa vida adulta los sumergió en un mar lleno de frustración, y para lograr salir flotando de ahí debían hablar y acordar lo que les gustaría hacer. Se sentó en la cama, a su lado, y con ternura tocó la mejilla de Ranma. Mordió un poco sus labios inferiores, recordando el sueño húmedo de hace dos noches. Le atraía la imagen de Ranma en ese momento. Cuando eran jóvenes él solía alardear sobre su forma femenina, diciendo que era muy atractiva, con curvas peligrosas que podrían asombrar a quien sea. Antes no le había llamado la atención, pero ahora, verlo con su ya tan acostumbrada camiseta sin mangas negra y los bóxers que tanto le caracterizaban le llamaba a cometer la más sucia de las travesuras. Sin embargo, no podía avanzar hasta saber que es lo que él opinaba.

—Hay muchas cosas que podemos probar. Por ejemplo... el s-sadomasoquismo, o los juegos de roles. O tal vez...

—Espeta un momento. ¿Acaso quieres que yo te golpee y te maltrate?

—¡No se trata de eso! Es algo consensuado.

—¿Pero tu lo deseas?

—Pues...no.

—Menos mal. No me creo capaz de hacerte pasar por el dolor físico.— Lo decía sinceramente. Cuando tuvieron su primera vez y Akane amaneció adolorida al día siguiente, él terminó por disculparse insistente durante el resto de la semana. La mimó y consintió, aún si no le había hecho algo malo.

Akane sonrió un poco conmovida ante esto. —Bien, hay algo que yo quisiera intentar.

Ranma la miró interrogante. —¿De que se trata?

—Es que... verás...

El pescó las manos de Akane con firmeza. —Akane, por favor, dímelo. No puedo soportar que estemos en esta crisis matrimonial por mucho tiempo más. Lo que sea, dilo.

Sonaba muy desesperado, tanto que Akane decidió que era suficiente. Lo acercó aún más a ella, tratando de juntar sus labios lo más que pudiese con los de él. Ranma, atónito, solo observaba como ella le miraba con ojos llenos de pasión, una pasión que hacía meses no lograba ver en sus iris canela.

—Quiero hacerlo con tus dos formas. Quiero follarte en tu forma femenina, y quiero que me folles siendo un hombre.— Susurró valientemente sobre los labios de la mujer frente a ella. Al no ver respuesta en su rostro se adelantó aún más a sus labios, con un suave y dulce beso. Pero tan pronto como se tocaron, la distancia se hizo realidad.

Ranma retrocedió, levantándose de la cama, con el rostro lleno de miedo, confusión, vergüenza y tal vez, solo tal vez, un poco de enojo. —Debes estar bromeando.

Lúgubre. Esa era la tonalidad con la que le habló. Sus alertas se iluminaron, haciendo que ella misma se pusiera de pie. —No. No es ninguna broma. Ranma, hace unos días recordé que había una fantasía que me inundaba la cabeza por completo. Cuando estábamos en la universidad, mi cuerpo comenzó a querer experimentar con el tuyo. Y había olvidado todo por las presiones de la vida diaria, hasta ahora que lo recordé. Incluso, tuve un sueño húmedo hace dos días.— Rió. —Ranma, yo quiero...

—No lo digas.— Susurró mientras se daba la vuelta.

—Pero, Ranma... de verdad quiero...

—¡Basta ya!

Cuando él se giró, Akane pudo apreciar algo diferente en él.

Dolor.

En sus ojos había dolor, tristeza y confusión.

—Ranma...—Susurró, acercándose temerosa a él. Pero su esposo fue más rápido. Se apartó, haciéndose hacia atrás.

—¿Qué insinúas? ¿Qué no soy lo suficientemente hombre como para satisfacerte en mi forma original?

Lo estaba malinterpretando todo. —¡No! Escucha, no se trata de eso. Tú eres hombre, y eso nunca va a cambiar. A lo que yo me refiero es a...

—Soy mitad hombre. Todos lo piensan, lo sé. Hasta el imbécil del viejo Kawashima, que sospecha de mi maldición lo intuye.— Declaró, desatando la frustración que le estaba carcomiendo las entrañas. —Y ahora tú también lo piensas, ¡Después de tantos años en los que decías que eso no te importaba!.

Akane se enojó, ¿Cómo demonios se atrevía a suponer cosas que ella no pensaba? —Creí que me tenías confianza. ¡Sabes que en todo este tiempo nunca te he dicho nada malo con respecto a tú maldición!

—¡¿Puedes dejar de fingir?! ¡Joder! ¡Hasta tu padre lo piensa!— Sus puños estaban demasiado tensos, y claro, a pesar de que no debía gritarle a Akane, lo hacía porque no encontraba otra forma de dirigirse a ella. Estaban regresando a las épocas de su adolescencia, donde las discusiones escalaban de modos escabrosos.

—¡¿Que mierdas te dijo?!

—¡Que estamos condenados al divorcio! Y claro, es lógico. No soy lo suficientemente hombre. Ni siquiera para ti.

—¡Basta ya! ¡Deja de decir cosas que yo no pienso!

—Kawashima tiene razón en sospechar de mí y en creer que no soy normal. No soy varonil. Y por lo mismo, no me merezco a una esposa como tú, porque ni siquiera hago que explotes en orgasmos con mi verdadera forma.

—Ranma, no es lo que piensas...— Trató de aferrar su mano, sin embargo, él de trenza la apartó sin cuidado.

—Lo mejor será el divorcio. Tu padre tenía razón, estamos condenados a ello.

Akane tenía el orgullo al tope. —Bien. Si es lo que piensas, adelante. ¡Condénanos al divorcio solo porque no puedes follar conmigo en ese estado!

Esa frase le lastimó aún más. —Me voy a mi habitación.

Se dirigió a la puerta, abriéndola por completo. Akane intentó seguirle, pero cuando el salió, simplemente se quedó plantada, en mitad de la habitación. Las cosas se habían jodido.

—¡Vamos, Sato!

El joven Sato Iwamura competía con ferocidad contra uno de los oponentes de otro dojo. Las patadas que propinaba eran magistralmente ejecutadas. Y con mayor razón, si sus mentores lo habían orientado correctamente, infundiéndole fortaleza y determinación. Con firmeza terminó repartiendo una serie de golpes que finalizaron con su rival pisando la orilla del tatami de pelea.

—¡El primer lugar de esta categoría es para Iwamura Sato, del dojo Tendo-Saotome!

El chico se dirigió hacia todo su equipo, festejando y riendo alegremente por la victoria obtenida. Todos estaban en aparente alegría.

Todos, salvo el matrimonio Saotome, quienes no se dirigieron la palabra más que para lo necesario en los días posteriores a su discusión.

Se encontraban cenando en el restaurante del hotel. Sato presumía su trofeo ante sus compañeros, los cuales no dejaban de mirar el oro reluciente de la medalla. Él había sido el ganador de la categoría masculina, y aunque sus compañeros fueron eliminados antes, la realidad es que eran un equipo que nunca de los nunca se pondría el pie, o se amargaría por los triunfos del otro. Al contrario, estaban deseosos de seguir compitiendo para poder alcanzar un buen desempeño juntos.

—¡Yo no soy el único a quien hay que felicitar!— Declaró el chico lleno de euforia. Señaló a su compañera sentada frente a él. —Atsuko también es campeona nuevamente.

Los aplausos se hicieron eco, y todos reían ante las victorias acumuladas en el transcurso del torneo. Ya había llegado a su fin todo, por lo que les restaban dos días de descanso infinito y ocio divertido.

En la mesa, Ranma estaba con cara de pocos amigos. Seguía enfadado y triste, por lo que nada de lo que estaba pasando le alegraba del todo. Si, su dojo estaba cosechando, una vez más, los frutos del éxito. Pero el costo era su matrimonio. Y ahora veía cada vez más cerca un derrumbe en esa cumbre de felicidad que había construido con ella.

Akane observó durante todo ese tiempo a su esposo, intentando encontrar la forma en la que pudiese hacerle entender que su fantasía no tenía nada de malo. No quería que todo colapsara, que todo se fuera al garete. Deseaba volver a tener a Ranma cerca de ella, pero no podía culparlo. Después de todo, ella no había sido comprensiva esa noche.

—Entrenadores, iremos a un bar a festejar y a beber, ¿No quieren acompañarnos?— Declaró Mako, la otra chica del equipo.

Ranma negó. —Gracias, pero estoy cansado.— Se levantó de su asiento ante las miradas un poco curiosas de sus alumnos. —Me retiro. Que pasen buena noche, y disfruten su triunfo.

El de trenza abandonó la mesa, dejando desconcertados a todos sus alumnos. No eran despistados. Sabían que algo malo estaba ocurriendo en su matrimonio, y más aún al darse cuenta de que su maestra Akane se levantó también, disculpándose torpemente con ellos y retirándose en dirección al hotel. En fin, ellos no podían interferir en sus problemas, pero confiaban en que los resolverían, después de todo, eran el dúo dinámico.

Ranma caminaba hacia el hotel con la esperanza de dormir hasta el día siguiente. Y mientras lo hacía, recordaba la conversación que había tenido con el idiota de Kawashima horas antes de su salida al restaurante.

Entonces, eran ciertos los rumores.

Ranma, quien ahora estaba transformado en una mujer, miraba a ese hijo de puta como un caracal feroz, con los ojos nublados en inminente resentimiento. Ese sujeto lo había acorralado. Si no le confesaba el secreto que tanto guardaba, Akane corría el riesgo de ser expulsada del comité. Él no permitiría que a ella le hicieran esa injusticia, por lo que había optado por revelar su propia identidad, aún a costa de su dignidad.

¿Contento? Ahora, no expulse a Akane del comité y déjela en paz.

El viejo se levantó de su silla, rodeando en círculos a Ranma, examinándolo por completo. El asco en sus facciones se hizo presente, porque claro, odiaba a un mitad hombre como él. Tomó su bastón de metal y golpeó la espalda de Ranma con furia y fuerza. Esto no afectó al joven, sin embargo, el anciano volvió a repetir una y otra vez ese castigo, marcando a esa menuda mujer con moratones, señal de un sacrificio que realizó por amor a Akane. Luego, se hizo hacia atrás, contemplando la golpiza que le propinó. Sonrió orgulloso por ello, no toleraría a alguien tan anormal con el.

En diez días presentarás tu renuncia al comité. Asqueroso adefesio mutante. Poco hombre.

Caminaba con las lagrimas saliendo de su escondite, apartándolas con el antebrazo. Estaba haciendo un último sacrificio por ella, por su Akane. Si estaba dispuesta a divorciarse de él porque no lo consideraba un hombre, lo entendía. Si ella ya no sentía nada por él, lo aceptaba. Y aún así, nunca dejaría de amarla.

—¡Ranma! ¡Espera!

La suave voz femenina corría tras de él, y con desesperación gritaba su nombre. Tenía suerte de que no hubiera nadie más cerca de ahí, porque si eso llamaba la atención del viejo, entonces no habría valido la pena lo que hizo. Sintió la delicada mano posarse en su brazo, dándole la vuelta con ansiedad. Ella estaba con los ojos vidriosos, al igual que él.

—¿Qué quieres?— Preguntó con la voz fría. Helada.

Akane sollozó un poco, temiendo decir las cosas equivocadas. —Lo que pasó en el dormitorio hace unos días... Ranma, es un malentendido. No me desagrada tu forma original. Ni quiero divorciarme de ti, pero...

—Nos estamos haciendo daño.

—No, claro que no. Ranma...

Apartó con fiereza su brazo. Una pequeña mueca de dolor se instaló en su rostro, recordándole la paliza que ese hombre le había propinado. Le dolía, pero necesitaba que ella se alejara de él. Tal vez lo suyo siempre había sido un error. Tal vez ella sería más feliz si él no se hubiera entrometido en su camino. Ella estaría con un hombre completo.

—No te mereces a alguien como yo. Machorra.

Machorra. Escuchar ese insulto nuevamente le hirió.

Ranma iba en serio. Quería separarse de ella y por lo mismo estaba haciendo lo posible por apartarla.

Era un cobarde que no luchaba por su amor.

Una cachetada recibió al de trenza, seguido de un grito doloroso llamándolo idiota. Y luego, ella desapareció de su vista, deshecha en lagrimas y desilusiones.

Ranma ya estaba acostado en su cama. Daba vueltas y vueltas, pero le era imposible conciliar el sueño, en parte por el dolor de las heridas provocadas por Kawashima, y por un lado mucho más grande, su corazón perforado gracias a la estaca del amor. La había herido, y es que necesitaba alejarla de él lo más que pudiera, o ambos saldrían más lastimados de lo que ya estaban. Y aún así su mente no dejaba de pensar en ella. En su voz, en su sonrisa, en sus arranques de enojos y celos, y en su dulzura.

Se estaba lamentando el haber hecho todo aquello.

Gruñó, frustrado. Pataleó deshaciéndose de su sábana que le cubría el cuerpo. El verano en Kyoto resultaba más sofocante que en Nerima, mucho más intenso. El bochorno en su cara se debía a las grandes ganas de llorar y, por supuesto, a la vergüenza de haber actuado impulsivamente con ella. Nuevamente había resurgido el Ranma Saotome de dieciséis años, el niñato que solo ponía su orgullo antes que sus sentimientos. No le había dado la oportunidad a Akane de expresarse, ni él había querido conocer sus razones detrás de lo que le comentó.

Ya estaba harto de todo.

Abandonó la cama y se dirigió al sanitario. Se mojó, transformándose de nuevo en Ranko. Esa noche sería la decisiva. Akane y él pactarían su salvación o su sentencia.

Salió de su cuarto con el corazón pendiendo de un hilo y con las esperanzas remojadas en incertidumbre. No sabía que hacer o que decir, y ni siquiera estaba seguro de salir ileso de todo ello. Pero necesitaba urgentemente pedirle perdón por todo. Por herirla, por no ser lo suficientemente bueno para ella. Por atarla a una vida con alguien que no la merecía. Por ser anormal, por no establecerse en los estándares que la sociedad marcaba.

Pasaba cerca de una de las habitaciones de lujo de ese hotel, cuando un ruido extraño lo alertó. Escuchó un grito femenino un tanto inusual. Curioso, se acercó a la puerta, tratando de dilucidar lo que pasaba adentro.

Gemidos.

Y luego, más gemidos y gritos.

Hubiera pasado de largo al pensar que era una pareja cualquiera teniendo sexo, de no ser porque escuchó a la fémina protagonista gritar con demasiada lujuria el nombre del anciano que detestaba incluso más que a Happosai.

Kawashima-sama.

Con furia abrió la puerta, captando una imagen no tan grata para él. El viejo estaba con los pantalones abajo, sometiendo a una de las mujeres del personal de limpieza. Su pequeño y arrugado amigo era asqueroso, y la pobre mujer seguramente estaba siendo usada por un idiota que se hacía el santo solo para encubrir sus verdaderos bajos instintos. Una macabra idea le cruzó por la mente, porque esto no se iba a quedar así. Si antes usaba su maldición para salirse con la suya, entonces era hora de volver a usar su as bajo la manga.

—¡¿Como te atreves, bastardo?!— Le acusó, mirando con satisfacción como ese idiota se ponía el pantalón apresurado. —¡Estás casado y me vienes a engañar con otra!

—¿Otra? ¿Casado?— Preguntó la muchacha del servicio con confusión, colocándose torpemente su falda.

—N-no es lo que piensas... ella es...

—¡Soy su amante! ¡Y si, está casado! ¡Me prometió que la abandonaría, pero no lo ha hecho!

Kawashima recibió una cachetada de parte de la chica del servicio, quien abandonó el cuarto con la dignidad mancillada. Y en cuanto Kawashima se recuperó del golpe, miró furibundo a Ranma. —Eres un...

—¿Anormal? ¿Pervertido? Bueno, creo que aquí los papeles están invertidos, ¿No es así, señor ética falsa?

—¡Me las vas a pagar! ¡Voy a hacer que tu esposa abandone el comité al igual que tú!

—Hágalo.— Sonrió aún más profundo, con soberbia. —Y yo le diré a todos que el correcto Tatsuichi Kawashima resultó ser un infiel y manipulador, además de acosador.

Tembló ante la seguridad que demostraba Saotome. Si lo hacía, sería su fin. —No te atreverías.

—Créame que soy capaz. Pero, si no quiere eso, hagamos un trato.

—¿Qué clase de trato?

—No dirá nada sobre mi maldición ni nos expulsará a ambos del comité. Y yo no hablo de esto, es más, haré como si no hubiese visto algo. ¿Está de acuerdo?

Ante situaciones desesperadas, había medidas desesperadas. Esta vez perdió el juego que él mismo construyó. —De acuerdo. Tu ganas.

Akane lloraba mientras estaba hecha un ovillo en su triste cama de hotel. Le amaba tanto que lo odiaba al mismo tiempo, y no era justo. Él no estaba siendo justo con ella. No le dio la oportunidad de explicarse, de decir las cosas que sentía. Aunque, por otro lado, ella tampoco había considerado sus sentimientos de él. Se dio cuenta, mientras lloraba como una magdalena, de que Ranma estaba con la autoestima hasta abajo.

El problema en la intimidad no solo era la monotonía de la vida adulta.

La autoestima de Ranma estaba mal. La presión constante de demostrar ser el hombre de la casa le estaba machacando su seguridad en mil pedazos.

Y ella no podía notarlo por estar enfrascada en su propia infelicidad.

Con los diamantes transparentes quemando sus mejillas se abrazó más, buscando el confort en la vieja camisa de Ranma que usaba en ese momento. Cada vez que peleaban solía usarla. ¿Por que lo hacia? Quizá se debía a que era lo más cercana que podía estar de él. Sollozó más fuerte al sentir el aroma de su esposo en ella. Como lo extrañaba. Como anhelaba decirle que, para ella, no importaba su maldición. Necesitaba hacerle saber que el bache en el que había caído nuevamente era solo pasajero, que él no debía sentirse presionado por ser el hombre que todos querían que fuera. Porque para empezar, ¿Qué era la hombría?

Escuchó golpes desesperados en su puerta, poniéndola en un estado de defensa absoluta. Con cautela se acercó y tomó el pomo.

En cuanto abrió la puerta se vio envuelta en un abrazo asfixiante, pero que le devolvió el alma al cuerpo. Los finos brazos se pegaron a su espalda, acariciando suavemente y con cautela su nuca. Sintió las lagrimas humedeciendo esa vieja camisa china que usaba. Estaba llorando, al igual que ella.

—Perdona.— Declaró su esposo con la voz femenina a la que se había acostumbrado ya. Cerró, con total habilidad, la puerta detrás de él para tener la privacidad que necesitaban.—Perdona por herirte.

Lo separó para mirarle. Y con dulzura limpió las lagrimas que caían de esos ojos tan especiales. —Ranma, te amo por como eres y por quien eres. Yo soy quien lamenta no haberme dado cuenta de lo que estabas sufriendo. Te presionabas por demostrar que eres varonil, que eras suficiente, y yo simplemente me enfoqué en que nos habíamos aburrido del sexo que teníamos. No supe ver más allá de lo que te pasaba.

—Akane...— La abrazó nuevamente. Sin embargo, un quejido salió de sus labios cuando su esposa le tocó la espalda.

—¿Ranma?— Tocó nuevamente la espalda, notando como él se encogía levemente. Miró la espalda de su esposo, la cual tenía moratones esparcidos por los omóplatos y, posiblemente, la columna vertebral. —¡¿Que te sucedió?!

—Kawashima.

—¡¿Que?!— Estaba incrédula. ¿Había mencionado a Tatsuichi?

Para tranquilizarla, la sentó en la cama. Y luego tomó lugar junto a ella. Estaba feliz, porque todo lo que pasó con el vejestorio le hizo entender que la moralidad y ética no significaba disfrutar libremente de la sexualidad. Ni tampoco significaba cumplir los estándares que los roles de genero establecían. Ser mujer no implicaba dejar de dar clases en el dojo, ni tampoco que no fueras femenina. Y ser hombre no era simplemente hacerte cargo de todo, ni ser autoritario con tu esposa, y mucho menos intentar ser fuerte, cuando lo único que deseas es derrumbarte en lamentos. El hecho de que él tuviera una maldición no lo hacia menos hombre, porque para empezar, ¿Qué era ser un hombre? ¿Qué era ser mujer?

Su maldición no era algo que quisiera, pero se había convertido en su sello personal. Y eso no lo hacía menos "normal" que el resto de las personas. Gracias a dicha maldición tenía a Akane en su vida, y gracias a esa chica en la que se convertía es que pudo salvar a su esposa en muchas ocasiones. Volvía a aceptar y a abrazar lo que significaba Ranko para él, esta vez con más fuerza que antes.

—Se ha enterado de todo.

—¿Q-qué? ¿Pero cómo?

Suspiró. —Me citó horas antes de ir a comer al restaurante con los chicos. Me obligó a decirle todo, a cambio de que no te expulsara del comité. Y cuando lo hice, se acercó a golpearme con su bastón. Por eso mi espalda está llena de moratones.

Akane, preocupada, acarició la mano de su esposo. —Es un idiota.

—Pero yo le descubrí teniendo sexo con una de las chicas del servicio. Así que, hicimos un trato. No digo nada, y él nos deja en paz.

—¡Por dios! ¡Está casado! ¡Tremendo cabrón!— Akane comenzaba a hervir de furia. Decía ser el señor correcto andante y engañaba a su esposa.

—Ahora lo entiendo.— Llamó la atención de Akane. Miró sus orbes avellana con cariño. —Akane, no soy anormal. Y la moralidad solo es subjetiva. Para ese hijo de puta, yo no encajo en sus estándares de ética. Pero, para mi, la verdadera inmoralidad es engañar a la persona que amas. Yo no sería capaz de hacerte eso. Y siendo sincero, tampoco quiero divorciarme de ti.

Sus ojos brillaron nuevamente. Y sin dudarlo, le dio un tierno beso en los labios. Era él mismo de quien se enamoró, a pesar de poseer una extraña maldición en él. Y estaba alegre de volver a tenerlo en sus brazos. Esa pequeña demostración de afecto no duró más que unos pocos segundos, porque su esposo se separó de ella. Lo observó, mirando como su sonrojo aparecía de la nada.

—¿Ranma? ¿Todo bien?

Carraspeó para poder hablar claramente. —P-podemos intentarlo.

—¿Eh?

Se levantó de la cama, quedando frente a frente con su esposa. Con lentitud y un poco de pena se quitó la camiseta negra, quedando con sus firmes pechos al descubierto. De la misma forma tomó la parte inferior de su improvisada pijama y se la bajó hasta el suelo. Con poco cuidado la arrimó a un rincón de la cama.

—Vamos a experimentar tu fantasía.

Akane enrojeció de golpe. No esperaba tal acto de valentía por parte de Ranma, y lo cierto es que ella tampoco imaginó llegar tan lejos. Se levantó, y tomó entre sus manos los hombros de la figura pequeña delante de si. —Ranma, no debes sentirte presionado por cumplir lo que yo imaginé. Podemos intentar algo más y...

—No. Estoy dispuesto a hacer las paces conmigo mismo. Y... a-además...— Su tono de voz cambió un poco, demostrando cierta vulnerabilidad frente a ella. —T-también tengo curiosidad sobre como se... se sentirá siendo mujer.

Tembló ante la sinceridad de sus palabras. Estaban a punto de cumplir con un espejismo que ella visualizó en el desierto de su relación. Su corazón comenzó a latir con fuerza desmedida, y su boca se secó un poco. Osada se dirigió al baño y abrió la llave del agua caliente. Encontró encima del pequeño lavabo un jarrón de flores falsas decorativas. Vació ese objeto de fina cerámica y lo llenó del liquido hirviente. Cuando estuvo listo, cerró la llave y regresó hacia donde estaba su esposo mirando todo con intriga.

—He llenado esto con agua hirviendo. Si quieres detenerte, te puedes verter el agua, ¿De acuerdo?

—Cómo un semáforo.

Asintió. —Siéntate en la orilla de la c-cama. Pero con cuidado, no quiero que te lastimes más la espalda de lo que ya está.

Ranma obedeció. Se sentó, observando el delicado cuerpo de su esposa. No lo había notado hasta ese momento, pero Akane estaba usando una vieja camisa china de él como pijama. Este gesto lo embelesó, y lo llenó de dicha y emoción. Akane lo amaba tanto como él a ella, y por lo tanto debía confiar en su esposa. —No me había percatado, pero llevas mi vieja camisa.

La de pelo corto asintió un poco tímida, mientras se desabrochaba esa pijama improvisada. —Cuando discutimos y tu estás de viaje, la uso porque quiero sentirte cerca de mi. Ya sabes, siempre he sido tuya.— Sus pechos quedaron al descubierto, sin embargo, no se iba a sacar la camisa. Recordó lo que Nabiki le había contado: "Cuando estés en la intimidad con él, puedes intentar usar una de sus ropas. He oído que a algunos hombres les excita verte haciéndolo con su propia ropa puesta. Y conociendo lo posesivo que es mi cuñado, le va a fascinar saber que eres suya con este gesto tan sutil."

—No... no lo s-sabia...— Dijo él, comenzando a sentir un pequeño burbujeo en su vientre.

Sonrió mientras se colocaba a horcajadas de Ranma. Este la recibió sin saber que hacer, porque estaba en su forma femenina. Si estuviera siendo el mismo muchacho de siempre estaba más que seguro que su amigo comenzaría a despertarse ante el atrevimiento de su esposa.

—Akane... ¿Qué debo hacer?

Acarició con su dedo fino los labios de Ranma. Lo amaba tanto, deseaba probar este tipo de práctica con él. Tan excitada se encontraba que comenzaba a sentir su humedad naciendo en ella. —Solo relájate. Conozco el cuerpo femenino mucho más que tú, y sé dónde tocarte.

—Ah...¿S-si?— Se estremeció por escucharla con ese tono tan seductor que tanto le gustaba. Tragó duro al sentir la uña jugando con su barbilla y labios.

—Si. Se dónde puedo tocarte para llegar a tu blanco.

Jadeó. —¿M-mi b-blanco?

—Ujum.— Relamió sus labios, y luego volvió a besar a Ranma.

Sus bocas se enredaron en un beso bastante húmedo y candente que hizo que Ranma se incendiara por dentro. Akane tomó la nuca de su esposo, y ahondó el beso, mientras que su otra mano descendió por el fino cuello hasta llegar a uno de los senos de Ranma. Posó con calma la palma en la cúspide, notando como la piel de Ranma se erizaba por el contacto. No habían dejado de comerse sus labios, y eso estaba comenzando a encender los motores de Akane. Ranma se sentía diferente. Ya había besado con anterioridad a Akane de este modo, siendo chica, pero ahora era totalmente distinto. No lo sabía hasta este momento, pero siendo mujer la excitación que se podía experimentar era mayor. ¿Así era como se sentía su esposa cuando él la tocaba?

Akane se separó de él, con la respiración bastante afectada. Ranma no estaba mejor, ya que sus jadeos podían escucharse fuertes, imponentes, como quien atraviesa un desierto lleno de obstáculos para sobrevivir.

—Akane...— Suspiró profundo con su vocecita aguda.

Sonrió complacida. Su mano no había dejado de tocar el pecho de Ranma, por lo que aprovechó y apretujó la cúspide, notando un respingo en su esposo. Volvió a repetir la acción, imitando el tacto que ella muchas veces había recibido de parte de él. Sintió como el pezón rosado se imponía recto, producto de los roces fieros que le proporcionaba. Luego, bajó su otra extremidad, y con los dedos índice y medio separó los labios vaginales de Ranma, rozando el pequeño botón que tantas veces conocía en ella. Comenzó con un movimiento circular suave, mientras que magistralmente dedicaba pellizcos y golpecitos con las yemas. La garganta de la mujercita de trenza quería soltar ciertos sonidos que ni siquiera eran quejidos. No sentía dolor, más bien, le estaba encantando que Akane le tocará esa parte con insistencia. Su zona comenzó a humedecerse, y aunque en un inicio se sobresaltó por ser algo nuevo para él, la realidad es que le estaban encantando las sensaciones.

—¿Quieres gemir?— Preguntó la de pelo corto con voz ronca.

Ranma negó con la cabeza, mintiendo. Estaba deseando maldecir y soltar gemidos y suspiros, pero una parte de él se oponía a hacerlo porque le daba miedo y vergüenza escucharse con distinta voz.

Akane pudo notarlo, por lo que decidió que era suficiente. Se separó del cuerpo de la de trenza, y caminó hacia donde estaba su equipaje. A su mente volvió a acudir lo que Nabiki le había dicho: "¿Ya intentaste con un juguete sexual? Últimamente han sacado modelos interesantes. Tal vez él no quiera que se lo introduzcan, pero si tú te autocomplaces mientras le haces sexo oral, tus vibraciones le van a encantar".

De la maleta sacó un aparato que guardaba celosamente para todos. Nabiki se lo había regalado, y ella ya lo había probado por lo menos una vez antes de llegar a Kyoto. Se dio la vuelta con el objeto en la mano, balanceándolo juguetona. Ranma enfocó mejor la vista, dándose cuenta de que era un dildo de un tamaño bastante decente, con un color rosa neón. Enrojeció y su nerviosismo aumentó.

—Akane, e-espera... no quiero que me... ya sabes...

—No es para ti.

Ante eso, suspiró aliviado. Sin embargo, su corazón volvió a acelerarse al notar algo bastante inusual. Akane se quitó sus ya humedecidas bragas, y luego de ello, colocó el juguete en sus labios, como si fuera un perrito sosteniendo un hueso. Se agachó hasta quedar de rodillas en el suelo, y comenzó a gatear, tal como un depredador acechando a su comida. Lo hizo lentamente, tratando de resaltar sus caderas y trasero mientras avanzaba hacia él, con los ojos encendidos de picardía y deseo. Ranma jamás la había visto actuando así, y esa imagen le estaba dando escalofríos. Akane con su camisa china puesta, un juguete sexual en la boca, mirándolo con ardiente fervor y resaltando sus peligrosas curvas era algo que nunca volvería a ver en la vida. Trago duro nuevamente, y sus labios se entreabrieron. Un suave gemido se escapó de sus labios, dandole la fuerza a Akane para llegar hasta donde las piernas de él se encontraban temblando. Cuando llegó, tomó las suaves rodillas y las separó obscenamente, dejando a la vista aquella vagina tan deliciosa que le aguardaba. Luego, tomó el juguete con una de sus manos, y para provocarlo lo lamió de la punta, simulando que se la comía a él.

—A-Aka...ne...— Suspiró con un hilo de voz.

—Está igual de húmeda que la mía.— Pronunció tocando el interior de los suaves muslos. —Ranma, dime, ¿Te gusta lo que estás viendo?

—S-si...— Dirigió su mano hacia el pelo suave y sedoso de su esposa, dando mimos, acariciando impaciente.

Akane dirigió la punta de aquel artefacto hacia el interior del muslo de Ranma. Lo restregó lento por toda esa nívea superficie, empapándolo de la humedad incipiente. Y luego, dirigió el objeto hacia su boca, lamiendo nuevamente como un helado de fresa. Porque claro, a Ranma le encantaban los helados de fresa, y todo él le recordaba a las dulces frutillas.

"Puedes adoptar una pizca de dominación y sumisión. No necesariamente debes de usar látigos ni cuero para ello. Prueba siendo tú quien marca el ritmo. Sedúcelo con todo lo que puedas, hazle saber que todo lo que tú le haces es lo que esperas que te haga a ti."

Ranma... sabes delicioso. Dime una cosa, ¿No te gustaría comérmela a mi?

—Oh dios... si...— Jadeó fuerte.

Akane se metió nuevamente la punta del dildo a la boca, y situó la base en medio de la entrepierna de su esposo. Comenzó a simular que le hacía sexo oral, queriendo demostrarle cuanto amaba sus dos formas. Solo lo hizo durante un par de minutos, y luego de ello, se acercó aún más a la zona íntima de Ranma, lamiendo sus labios, preparándose para la mueva experiencia que quería probar.

—Tienes que gemir. No dejaré de hacerte lo que quiero hasta que lo hagas en voz alta. Y si lo reprimes, recibirás un pequeño castigo.

—¿A-Akane? ¿Q-que estás diciendo...? ¡Ah!

La pelicorto no espero su respuesta. Adelantó su cabeza, y comenzó a lamer tímidamente los labios vaginales. Fue un movimiento lento y delicado, queriendo tantear el terreno que estaba frente a ella. Empezaba a explorar con total devoción aquel dulce manjar, estudiando las reacciones de su acompañante. Y luego, pasó de las lamidas a los besos llenos de lujuria y deseo. Una de sus manos aferraba el jugoso muslo, mientras que la otra escaló hacia el pecho de Ranma. Con insistencia estrujó aquella cúspide, rozando el pezón en círculos sincronizados con la celeridad de su lengua.

Ranma se estremecía bajo esas ardientes travesuras, sin embargo, se resistía a gemir. Sus sentidos comenzaban a florecer, y la razón a desaparecer gradualmente. Lo ético estaba cediendo ante la inclemencia de la desfachatez, deshaciendo en arena el delgado cristal de lo correcto. ¿Estaba bien que le fascinara lo que estaba haciendo? Porque si no era así, que le dieran al santo que profesaba lo correcto. Él no quería ser correcto. Deseaba arder en fuego bajo, y luego, combustionar.

—Ngh... Ah...— Se oponía a decir algo, pero claro, Akane le había advertido que le castigaría. ¿Con qué? No lo sabía. Pero, ¡Demonios! Quería ser sentenciado.

Akane se separó de esa zona, limpiándose los labios con su dorso y apartando su flequillo pegado. —Te dije que debías gemir.

Tenía el aliento agotado. Carraspeó un poco, tratando de disipar sus intensas emociones. —¿Me vas a... castigar? Después de todo, no... he sido bueno...

"Un poco de dolor no hace daño. Es obvio que no le vas a pegar como cuando tenían dieciséis. Este tipo de dolor debe ser certero, debe hacer que se mantenga en el limbo de la excitación. Tal vez unas pequeñas mordidas en alguna zona erógena puedan ayudar."

No dijo nada. Regresó hacia abajo, volviendo a atacar la zona con la poderosa lengua. Sentía los pequeños sobresaltos de la de trenza, pero aún no escuchaba lo que quería. Sonrió maquiavélica.

—¡Ah!

Una mordida en el clítoris. Esa jugada provocó un chispazo en Ranma, quien apretó fuertemente la sábana detrás de él. Desde ahora, se aseguraría de practicar lo mismo con el cuerpo de Akane. No solo estaba disfrutando el placer, sino que, también, estaba instruyéndose en el arte del sexo. Otra mordida le hizo abrir su boca, sorprendido porque le gustara el dolor que le estaba provocando.

—Gime,— Ordenó posesiva.

—N-no...

Akane levantó su tronco superior, tomando la trenza bruscamente. Estampó fuerte los labios con los de su esposo, dándole un beso lleno de autoridad. —Gime.— Y en cuanto lo dijo, pellizcó el botón rosado con sus dedos, sin miramientos. Sin piedad.

—Ah... Akane...— Soltó por fin con un destello de verdadera pasión.

La voz se le antojaba seductora, cubierta de hipnotismo. Era tan dulce, como él mismo podía ser. Lo volvió a besar, desatando la trenza, liberando la maraña de cabellos de su esposo, mientras que con sus dedos volvía a infundir dolor en ese botón tan sagrado.

—Akane...— Gimió agudamente, liberando el espíritu salvaje que yacía dentro de él.

Regresó a su labor, comiendo la vagina de Ranma, saboreando la saladez y la dulzura, casi como un postre ansiado. El cunnilingus que Akane practicaba estaba aumentando de nivel. Y lo hizo escalar hasta la estratósfera cuando decidió introducir el dildo en ella misma, logrando que sus cuerdas vocales produjeran una vibración placentera para la otra mujer.

—Ranma...— Gimió Akane, interrumpiendo su tarea.

—Demonios... Aka...ne... — Arqueó su espalda sin tener cuidado con sus moratones. Se estaba mareando con aquellas sensaciones potenciadas por la lujuria.

—Me gustas tanto...— Susurró, devorando la intimidad, mientras que se introducía suavemente el objeto.

Estaba llegando hasta el séptimo circulo del infierno. Pero como lo amaba. Esa sensación de sentirse poderosa le estaba agradando, y claro, se estaba volviendo adicta a ello. Lamió, mordisqueó, hizo y deshizo todo lo que quisiera. Marcaba a su esposo con amor, con deseo. Le estaba haciendo saber que, sea como sea, era su todo.

Finalmente, comenzó a sentir las paredes de Ranma contraerse. Y luego, lo escuchó. El más dulce sonido que jamás había escuchado.

—Akane... Te amo... Aka...neeeeeee

Se apartó, mirando lo que había provocado. Ranma Saotome estaba ahí, frente a ella, transformado en una linda y dulce chica que jadeaba y temblaba después de haber llegado al orgasmo. Lo miró tratando de jalar aire con su boca, arqueando su tronco posterior. Sus pechos subían y bajaban presos de la agitación, y el sudor le cubría cada extensión de piel.

Ranma se sintió como en el cielo. A partir de este momento se retractaba de renegar sobre su cuerpo. ¿Acaso eso es lo que Akane llegaba a sentir cuando él le hacia el amor? Esperaba que si, porque era algo sensacional. Conforme pasaron los segundos abrió los ojos, encontrando la visión más espectacular que jamás haya visto. En el piso, Akane estaba jugueteando con el dildo, metiéndolo y sacándolo con parsimonia, mientras lo fulminaba de deseo con esas iris avellana que tanto apreciaba.

—T-tú... ¿Tú no llegaste?— Preguntó él.

Akane sacó su lengua, lamiendose a si misma. —No... Porque te estoy esperando...

—¿Que?

—Ah... mierda...— Se arqueó, mordiendo un pedazo de la tela de la camisa china. —Esto ni siquiera se siente como cuando tu lo haces...

Su rostro se incendió. —Akane... t-tú... ¿Es lo que creo que quieres?

—Te... te necesito dentro de mi...

Ni corto ni perezoso, Ranma se levantó de la cama, tomando el jarrón con el agua caliente. Lo vació encima de él, esta vez dejando que apareciera el hombre que era. Akane lo miró con deseo, con fulgor, aumentando un poco los movimientos con el dildo, mientras que el dedo índice de su otra mano estaba acariciando su clítoris de forma constante. Su esposo tomó asiento en la cama, mirando como ella ardía en la fiebre de la pasión.

Estaba hipnotizado por lo que veía. Akane estaba hermosa, aún siendo ese pequeño desastre de placer y gemidos. Su pelo corto se le pegaba a la frente por el sudor que escurría en cascada, y ¡Mierda! Su camisa china le calzaba espectacular. Su respiración se agitó, y osadamente, llevó su mano a su boca, humedeciendo la palma.

—¿T-te vas a tocar?— Preguntó ella en un susurro.

—Si...— Respondió ronco. Comenzó a mover su mano de arriba a abajo, recordando como se sintió el orgasmo de su cuerpo anterior. —Akane... no s-sabes cuanto te adoro...

—Y -y-yo a tí... ¡Hmmm!— Gimió audible. Ya estaba tan húmeda que el juguete entraba y salía con facilidad, produciendo el mismo ruido jugoso que cuando se acostaba con su esposo. —Te amo tanto...

—Akane... —Jadeó, ansioso. Se estaba excitando demasiado rápido, como si estuviera en una autopista manejando a alta velocidad. Sus manos callosas no eran el interior de ella, pero estaba siendo delicioso hacer esto de igual forma. —Dime algo... ¿D-de donde sacaste ese dildo?

—Nabiki... m-me lo d-dioooo... ¡Ah!

Tembló deliciosamente ante su propia fricción. —¿Y que... tal... se siente...?

—No es como t-tu...

—Akane...— Gimió con su voz masculina, ronco, ávido de deseo.

—¡Hmmmm!

Aumentó un poco más rápido el meneo de sus manos en su pene. Rápidamente estaba erecto nuevamente, algo inusual y difícil de creer para él. Había estado dormido todo este tiempo, y ahora, con todo esto es como si regresara de ese sueño en el que se había sumido. —Sé que... ¡Mierda! Q-que q-quieres correrte... hazlo...

—N-nooooo...

—Por mí, cariño... hazlo...

Akane sacó el juguete de su interior, extrañando la invasión de su cavidad. Pero tan pronto como lo hizo se levantó, caminando presurosa hacia su esposo. Miró la virilidad ya hinchada nuevamente, roja y palpitante.

—No... quiero correrme junto a ti...

—Entonces móntame.

Ranma apartó sus manos, dejando que Akane se sentara encima de él. Sin esperar más ella bajó, introduciendo el pene del de ojos azules en su cavidad húmeda. Ambos gimieron de placer, ansiosos por volver a amarse como antes hacían. Se miraron por segundos, estudiando sus rostros, volviéndose a decantar por sus facciones. Se miraron con el amor en sus iris, deseosos de sentirse cerca nuevamente.

Y entonces, la magia comenzó.

Akane subía de arriba a abajo, abarcando toda la extensión de él, brincando tenaz. Y mientras lo hacia, le besó con furia. Se mordieron los labios tan salvajes, tan demandantes, haciéndose sangrar. Y sus lenguas se enfrascaron en un exquisito beso francés, húmedo, intrépido, lleno de picos altos que les devastaban conforme pasaban los segundos.

—Akane...— Gimió mientras besaba el cuello fino de su esposa. —Te había e-extrañado tanto...

—Y y-yo a ti...— Declaró mientras jugueteaba con los cabellos sueltos de Ranma.

Frotó sus pechos en los pectorales de él, recibiendo descargas en sus pezones ya erectos. Ranma tomó su trasero, pellizcándolo como ella lo había hecho con su clítoris. Y luego, su boca se dirigió hacia esas cúspides rosáceas. Mordisqueo, lamio, devoró aquellos dulces pechos firmes, rememorando como se lo hicieron a él. La habitación ardía como el infierno, esa cama estaba convirtiéndose en su lugar favorito. Era el escondite donde las normas no existían, donde la moralidad se perdía para dar paso a la locura del sexo. Dio una pequeña nalgada, y subió hasta el cuello de Akane, marcándolo con un chupetón.

—Ranma...

—Me prendes tanto...

—Follame como nunca lo has hecho...

Apartó a Akane de él, ganándose un reproche por parte de ella. Sin embargo, la empujó bruscamente al colchón. Se situó encima de su esposa, abriendo sus piernas de par en par. Tomó una de ellas, estirándola hasta tocar su hombro, y luego de ello entró nuevamente en la vagina húmeda de Akane.

—¡Oh dios!

—¿Así te gusta?— Preguntó en un bufido mientras la embestía rudamente.

—¡Más rápido!

Obedeció sus órdenes.

Las estocadas estaban siendo certeras, profundas y demandantes. La elongación de ella lograba surtir el efecto deseado, potenciando el placer que recibían ambos. Los minutos pasaron en esa alcoba, donde el placer se combinaba con lo depravado de la lujuria. Se mordían, besaban, arañaban y pellizcaban cada zona que se pudiesen permitir. Habían despertado de ese sueño en el que se sumergieron. Se estaban despidiendo de la monotonía y de los problemas que los aquejaban. Esa danza primitiva los estaba mandando a la locura, y eso como lo agradecían.

Finalmente, sus estómagos burbujearon. Akane sintió una explosión en su bajo vientre, llegando al codiciado orgasmo que tanto había deseado desde hacía tanto tiempo. Ranma se liberó de sus fantasmas, y su semilla se regó dentro del cuerpo de su esposa, inundándola plenamente. Los gemidos les desgarraron las cuerdas vocales, imprimiendo el deseo contenido que tanto habían aguardado, y sus sexos se compenetraron en la más pura de las armonías.

Por fin dejaron de ser esos espectros de humo que anhelaban la vida nuevamente.

Por fin despertaban de su sueño.

—Me alegra saber que ganaron nuevamente las categorías.— Declaró Soun mientras bebía la lata de cerveza que había abierto para festejar.

Ranma y Akane estaban sentados frente a él, con una sonrisa radiante en sus rostros. Habían pasado unos cuantos días desde que regresaron de Kyoto, y por lo menos las cosas por fin estaban marchando bien. Después de su candente noche se sentaron a hablar entre ellos, intentando sacar la mugre que ensuciaba su relación. Se pidieron perdón nuevamente, y prometieron que sacarían más seguido a Ranko de su escondite, no solo en el plano sexual. Habían llegado a la conclusión de que no tenía nada de malo que, en algunas ocasiones, la muchacha hiciera acto de presencia. Ranma había vuelto a encontrar el equilibrio, y lo mejor, es que los dos habían aprendido a lidiar con sus problemas sin descuidar su intimidad.

—Papá, hay algo que queremos decirte.— Declaró Akane con misticismo en la voz.

—¿Decirme?— Soun pensó lo peor. Si bien ellos habían regresado de aquel lugar con aparentes fuerzas renovadas, ¿Quién le aseguraba que todo estuviera bien?— No, por favor.— Se apresuró a inclinarse ante el hijo de los Saotome, chillando exageradamente como siempre hacía. —¡No abandones a mi hija! ¡No se divorcien, por favor!

Ambos artistas marciales comenzaron a reírse con soltura. Ver la expresión preocupada de Soun les divertía demasiado, sobretodo porque él había dicho unas cuantas cosas cuestionables sobre su matrimonio. Era un perfecto castigo por haberlos presionado.

—Papá, no se trata de eso.

—¿No?

Ranma negó. —Akane y yo hemos decidido que queremos tener un bebé.

—Lo hablamos y creemos que estamos listos para ser padres. El dojo ya está en su punto máximo, y bueno, el señor Kawashima nos ha dejado de asediar, así que estamos más que preparados.

—¿Lo dicen en serio?

—¡Claro que si!— Tomó a Akane de la mano, infundiéndole todo el amor y cariño que sentía por ella. —Akane y yo queremos ser padres. Así que, será mejor que vaya haciéndose a la idea de tener niños corriendo por este jardín.

—¡Que felicidad! ¡Dios mío! ¡Voy a comprar más cervezas para festejar!— Soun se alejó de ellos dando saltitos de emoción y alegría mientras lloraba a moco tendido.

—Akane, gracias por ser mi esposa.

Lo miró. Al fin la paz se le notaba en la mirada. Ya no había rastros de inseguridad en él. Había vuelto a ser Ranma Saotome, el intrépido muchacho valiente y optimista. Se había librado de toda la maldita carga que le aquejumbraba.

No dijo nada, simplemente se recargó en su hombro, siendo abrazada dulcemente por su esposo.

El espectro de humo se había desvanecido, y ahora, de las cenizas los dos resurgieron como el ave fénix, emprendiendo un vuelo eterno hacia la felicidad.


¡Hola a todos!

Nuevamente, perdonen por la extensión de este one shot. Me emocioné, y no quise separarlo en dos partes porque se perdería la tensión. Y bueno, esta es mi segunda participación para la dinámica del Sextember 5. ¡Sorpresa!

Bien, poniéndonos serios, la temática que usé esta vez es demasiado diferente. Admito que no estaba tan segura del resultado, y anticipadamente pido una disculpa si hay algo que no pude tocar de manera apropiada. Este relato está inspirado en la canción Smoke Sprite de SooYoon ft. RM. Es una canción del genero rock, y la recomiendo muchísimo porque varias cosas de la letra están reflejadas aquí.

Ranma, como sabemos, es alguien inseguro en cuanto a su maldición. Si bien al final de la serie se puede apreciar que logra sobrellevar el asunto, lo cierto es que nada es lineal en esta vida. La monotonía y las presiones constantes volvieron a sumergirlo en un bache de inseguridad del que no podía salir. Sobretodo, el personaje del viejo Kawashima es la fiel representación de las personas puritanas, aquellas que suelen ser hipócritas y doble moral. Lo que quise plantear en este relato es el debate constante sobre la moralidad y el sexo. Como bien lo dijo Ranma, es subjetivo. Tal vez a algunos les dejó en shock el lemon de este relato, pero para otros quizá fue algo refrescante. Y bueno, para nuestra pareja resultó ser el escape perfecto en su vida monótona.

Y bueno, este fue el resultado. No es perfecto, pero es trabajo honesto.

También algo que quiero agregar es que me encanta el drama. Los que me siguen desee hace mucho ya se habrán dado cuenta. Y no dudé en crear un lemon con temas dramáticos porque es lo que me apasiona en la vida. Y si les gustó, entonces los invito a mi perfil en la plataforma. Ahí tengo más relatos dramáticos. Les recomiendo pasarse por El astronauta y el alien, una historia que estoy segura a más de uno le sacará las lagrimas.

De igual forma, ¡Bienvenidos quienes recién me conocen y me siguen! Tengo dos fics en emisión, ambos son AU. Entre amores y Karate mantiene ciertas cosas canónicas del manga, y proximamente habrá una actualización de este. El segundo es Deja Vú, y planeó no tardar en actualizarlo. Además, en mi perfil hay otros one shot que les podrán gustar. Tengo variedad, así que no duden en pasarse a leer alguno.

Antes de que vayamos a los agradecimientos, quiero comentar algo con respecto a una situación que sucedió hace unos días. La página que organiza este grandioso evento publicó un relato que terminó siendo un plagio. Chicos, por favor, evitemos hacer eso. No es justo para nosotros que se plagien nuestros escritos que con tanto esfuerzo logramos hacer. Detrás de todas estas letras habemos personas que nos hacemos huequitos de tiempo para poder lograr hacer magia con las letras, por lo que no es justo que se nos robe nuestro propio esfuerzo. Les invito a escribir de manera apropiada. Entiendo que a veces resulta difícil hacerlo, pero créanme, si practican podrán lograr buenos resultados. Pero no le roben el trabajo a los demás, es algo muy feo.

Ahora si, quiero agradecer a la página Fanfics y Fanarts de Ranma Latino por esta dinámica tan espectacular que han organizado. Los admins han hecho un gran trabajo en difundir las historias que se están publicando, y eso se agradece de todo corazón.

También un agradecimiento a DayYokay1984 por ser mi beta y mi consejera en esta historia. Gracias por ser mi proveedora de ideas y por ser mi correctora. Vales mil, ojalá alcances un boleto para un concierto de los bities.

Y claro, agradecerles a ustedes los lectores por el apoyo. Casi no lo comento, pero sé que hay algunos usuarios que siempre están al pendiente de mis escritos o actualizaciones. Un saludo especial a Alexander0621, a SARITANIMELOVE, a Bealtr, a Karenzias, a luceritoorozco07, a Hikari y a Grisel Grajeda.

And for Baby Face and James Birdsong. I appreciate you taking the time to read me, even if my stories are in spanish. I'm glad to know that you like my stories. Again, many thanks.

Espero que tengan un gran y excelente día, y que sus metas se hagan realidad.

Con amor, Sandy.