VIII

Lamentos

Llegaron en silencio hacia el establo de los picos gemelos, el clima les había bendecido con una mañana soleada aunque aún un poco fría.

Kharon detuvo su paso suavemente una vez estuvo al costado de la edificación.

Link fue el primero en bajar del caballo y le tendió una mano a Zelda para ayudarle, pero una vez estuvo en el suelo, él simplemente dio la vuelta y le dejó.

Zelda suspiro un tanto resignada.

Habían viajado en completo silencio.

De hecho, no había logrado tener una conversación decente con Link en los últimos tres días.

En retrospectiva nunca pensó que terminaría así, pero bueno, si era justa, no tenía un historial destacable cuando se trataba de predecir las consecuencias de sus actos.

Fue solo una pregunta.

—¿Quieres aprender a usar una espada? —repitió él dejando de lado su comida y mirándole con estupor.

—¡Sí!— afirmó Zelda con ánimo.

—No. —fue su respuesta tajante y seca.

Ahora eso la dejó totalmente fuera de sí, por un momento pensó que él iba a aceptar.

—¿Por qué no? ¿Crees que porque era una princesa no voy a ser capaz?

—No. —volvió a decir.

—¿Entonces por qué no quieres enseñarme? —insistió.

Link solo mantuvo su expresión firme, pero ella tampoco cedió.

—¿Por qué quieres aprender a usar una espada?

Su mirada había cambiado, ahora era mucho más seria y dura, su postura también, Zelda lo notó.

—Creo que puede ser útil. —respondió suavemente.

—¿Para qué? — cuestionó.

—Tú sabes, defenderme, en caso dé.

—¿Crees que no soy capaz de protegerte? —dijo con deje de ofensa.

Sin duda le tomó por sorpresa.

—¿Qué? ¡No! —dijo poniéndose de pie para realzar su punto. —¡No lo entiendes!

—¡No, tú no entiendes! —sorpresivamente Link también se puso de pie y con molestia alzó la voz. —Una espada sirve para matar, ¿A quién quieres matar, Zelda?

Cada fibra de su ser se lo decía, quería una respuesta. Una de verdad.

Intentó formular algo, pero las palabras no salían, lo único que logró fue volver a su asiento con la mirada gacha.

Él suspiró con cansancio.

—No hay nada poético en las espadas, princesa, nada que realmente debas aprender. — dijo con amargura haciendo que ella le mirara. —Matar es lo único que mi espada hace.

Fue lo último que dijo, para finalmente salir de la casa.

Bajo la mirada con lamento, intentó hablar con él, pero se negó rotundamente a tocar el tema, fue frustrante, pero sabía que forzarlo solo sería peor.

Los minutos pasaron y la princesa se mantuvo ensimismada, por lo que no noto como su caballero se acercó a ella hasta que finalmente su voz le hizo voltear.

Quizás ahora también alucinaba.

Zelda solo pudo abrir los ojos estupefacta ante la visión de aquel caballo, de no ser por la brida humilde que distaba mucho de la lujosa que solía emplear hace cien años, daría por sentado que era su amado Tormenta quien estaba frente a ella.

—¿Cómo? —musitó tratando de asimilar lo que veía.

—En uno de los establos de Hyrule central, un anciano me contó sobre un semental blanco que salía solo por las noches a pastar. Decía que era el descendiente del caballo de la princesa Zelda. —narró con calma, Link mientras el caballo se acercaba a la chica.

—¿Cuál es su nombre? —preguntó ella mientras le acariciaba con cuidado el hocico al animal.

—Saturno.

—Es hermoso.

—Es tuyo.

Fue solo un instante en que le miro y sin pensar le abrazó, sentía como su corazón se llenaba de ánimo ante el gesto de él.

Link por su parte exclamó sorprendido, uno porque ella literalmente se abalanzó contra él y casi caen y dos porque no estaba seguro de que hacer, sus brazos se mantuvieron quietos y dubitativos, cosas que ella no tardó en notar.

—Lo siento. —se disculpó rápidamente Zelda alejándose de él con cierta vergüenza ante su emoción.

—No te preocupes. —dijo él con calma. — ¿Por qué no intentas dar unas vueltas alrededor del establo?

Ella asintió y con cuidado subió a lomos del caballo, Link solo le asintió con aprobación luego de que dio los primeros pasos y sonrió.

Link había capturado muchos caballos durante su viaje, pues resulta que eran una fuente confiable de rupias si negociaba bien en los establos, pero de todos ellos Saturno fue algo más que solo un caballo para vender.

Kharon era su compañero y amigo, no podía pensar en la vida sin su fiel caballo, por ello cuando escucho sobre ese caballo que la princesa solía tener sintió que debía ayudarle a recuperarlo, incluso si no fuera el mismo per se.

Seis noches completas tardó en dominar a tan fino corcel, seis noches en las que fue mandado a volar por los aires y pateado con brutalidad por el animal asustado.

Para cuando finalmente pudo someter al caballo, Link podía jurar que se iba a desmayar del agotamiento.

Contrario a la naturaleza rebelde de Kharon, Saturno era dócil, pero orgulloso, por lo que requirió constante adiestramiento, lo cual ahora se veía reflejado en cómo Zelda podía comandar al corcel sin mayor esfuerzo.

Pasaron varios minutos hasta que Zelda finalmente volvió, Link estaba cepillando a Kharon y tan pronto notó el regreso de la chica, lo dejó.

La antigua princesa sonreía de nostalgia ante el cuidadoso presente del joven guerrero y una vez desmontó solo pudo agradecerle.

—Es hermoso, gracias, Link. Realmente no tengo palabras para expresarme.

—¿No te causo problemas? —preguntó mientras le daba una mirada interrogatoria al caballo.

—¡No! —negó profusamente. —Para nada, es maravilloso y me obedeció en todo momento, en serio.

Una pequeña mueca se formó en su rostro al oírle.

—Ya veo, me alegro de que te guste, pase mucho tiempo corrigiendo sus malos hábitos.

Link volvió la vista hacia su caballo y mientras le acariciaba dijo.

—Aún queda camino por recorrer.

—¿Hacia dónde iremos exactamente?— preguntó Zelda.

—Por hoy solo hasta Kakariko, ya mañana partiremos hacia el dominio zora.

Así que por ahí partirían, Zelda se removió un poco inquieta, pero rápidamente lo dejó al notar que Link volvió a montar su caballo.

—Iremos a paso lento, tienen mucho que aprender del otro y el camino es lo suficientemente largo como para que puedan avanzar con ello.

Zelda le siguió y nuevamente partieron en completo silencio.

Paya oraba a las estatuas guardianas a un costado de la casa, era media tarde pronto iría a preparar la cena, aunque no tenía particular apuro con ello, se había acostumbrado a mantener cierto ayuno junto a su abuela, además preparar la cena siendo solo dos era algo monótono.

Una vez se puso de pie noto como Cottla venía corriendo cuesta abajo.

—¡Hermana! —le llamó con ánimos. —¡Link volvió! ¡La princesa también!

Tanto Koko como el resto de los aldeanos voltearon a ver a la niña, quien parecía eufórica ante la noticia que pregonaba.

No pasó mucho hasta que los eludidos bajaron la cuesta, Paya los espero con calma.

—Ha pasado un tiempo, maestro Link, princesa Zelda. —dijo haciendo una ligera reverencia a esta última.

—Es un gusto verte, Paya. —respondió la chica.

—Veo que están bien. — fue todo lo que dijo Link por su parte.

Ambos bajaron de sus caballos y Paya simplemente sonrió.

—Espero hayan venido a cenar.

Al menos ahora no le parecía monótona la idea de cocinar el día de hoy.

La noche no tardó en llegar y una vez todo estuvo listo se sentaron a comer.

Impa estaba al medio de todos, seguido de Zelda a su derecha, mientras que Link estaba a la izquierda de la anciana y Paya al lado de este sirviendo arroz.

Normalmente, una porción de arroz eran más que suficiente para la abuela y nieta, pero teniendo de invitados hoy a la princesa y su caballero, tales platos austeros estaban completamente fuera de juego; brochetas de pescado con setas, acompañada de sopa de miso y una porción de arroz blanco tampoco era exactamente un festín, pero sin duda llenaría sus estómagos.

Bueno, al menos los de las chicas y la mujer mayor, pues Link, como era de esperar, no conoce rival cuando se trata de comer.

Paya, disfrutaba de cocinar, pero más cuando era para Link, realmente disfrutaba ver como su expresión se llenaba de júbilo con cada bocado y aunque sabía que él amaba toda la comida, le gustaba pensar que quizás la suya tenía un lugar especial en el estómago del chico.

Después de todo no pasó mucho para que pidiera su tercer tazón de arroz, el cual con gusto sirvió.

La charla durante la cena fue sencilla, Zelda le comentaba a Impa sobre sus días en Hateno mientras está escuchaba comentaba de vez en cuando al respecto, aunque la mención de Purah siendo una adolescente se ganó más que solo un comentario; era raro ver a su abuela en exaltada aunque no le extrañaba que la razón de ello fuera su tía.

Incluso Paya reconocía que la anciana ahora adolescente era una amenaza para el sentido común.

Obviamente, ni una sola vez se mencionó sobre que harían luego de esta visita, no, eso fue obvio, ellos iban a recorrer Hyrule y aunque Impa no fuera la mayor fanática del plan debía acatar los deseos de Zelda, así que la cena transcurrió sin percances; sin embargo, algo llamó la atención de la joven sheikah; Link y la princesa nunca se dirigieron la palabra, es más el joven ni siquiera dirigió la mirada, por un momento pensó que era por su obvia glotonería que simplemente se encerró en su pequeña burbuja de comer hasta hartarse, pero Paya pudo ver como la princesa le dirigió la mirada muchas veces de forma fugaz y aunque podía ocultarlo bien, sin duda había aprehensión en su semblante.

—Más, por favor.

Pidió Link extendiendo el plato nuevamente hacia la sheikah quien dejó sus cavilaciones de golpe y simplemente le sonrió.

—Comes como si estuvieras famélico. —comentó Impa al notar que era su quinta ración.

—Me gusta la comida que prepara Paya. —fue toda su respuesta.

—Me halaga, maestro Link. —dijo la aludida con una expresión jovial. —Pero a usted le gusta toda la comida.

—Sí, pero tu comida es distinta. —dijo llamando la atención de todos. —Su sabor se siente… Nostálgico. —agregó mientras miraba su plato.

El silencio fue solo un instante y aunque todos miraron hacia el joven, Paya rápidamente miró hacia la derecha y vio algo incluso más revelador.

La mirada de Zelda estaba llena de aprehensión y aunque parecía que quería hablar desistió con un deje de resignación y con ello finalmente lo notó, ellos no se habían dirigido la palabra en ningún momento desde que llegaron.

La princesa no se dio cuenta, pero la joven sheikah no dejo de mirarle desde ese momento hasta que la cena terminó.

Una vez la cena terminó tanto Link como Zelda se dirigieron a la posada, esta vez la princesa se negó a compartir la habitación con Paya, pues quería que esta tuviera su privacidad, cosa que nadie cuestionó.

Link pidió dos habitaciones y luego de tranzar unas palabras con el encargado, simplemente se dirigió al segundo piso con Zelda siguiéndole el paso.

Una escueta despedida fue dicha y ambos simplemente entraron a sus habitaciones para dormir.

O eso se suponía, pues no pasó mucho hasta que Link salió sin alertar a nadie.

Eran raras pocos los habitantes de la aldea que deambulaban por la aldea de noche y por lo general estaban ocupados con sus propios asuntos como para prestarle atención a Link que caminaba hacia la colina del santuario.

Generalmente, nadie habría estado ahí, por lo que Link miró con ligera extrañeza a la chica, no le esperaba ahí, menos ver que había dos copas a su lado sobre una fina tela roja.

—Supuse que vendrías. —dijo con calma mirando hacia él.—También supuse que gustarías de un trago.

—No podría pedir más. —respondió él con ligereza para luego sentarse a su lado.

A su otro costado mantenía una cesta de donde saco una pequeña botella de porcelana, con cuidado le tomó con su mano derecha y posando la izquierda en la parte trasera de esta rellenó la copa de Link y luego la suya para finalmente dejar la botella entre las copas.

—Hace mucho no bebo licor de arroz. —comentó Link mirando fijamente el líquido por un largo instante para luego dar un ligero sorbo.

—¿Cuándo fue la última vez?

—Junto a Pikango en uno de los establos, aunque alguna vez bebí junto a tu abuela.

Impa siempre fue centrada y dedicada a su labor al igual que Link, pero había noches en las que simplemente bebía en silencio en busca de un poco de espacio lejos de la rigidez de su cargo, noches cuáles más de una vez coincidió con el silencioso elegido por la espada destructora del mal.

—Nunca he visto a la abuela beber. —comentó la chica.

—Te sorprendería, lo sería que era incluso cuando bebía. — una ligera risa escapó de él.

Paya tomó la copa con ambas manos y bebió suavemente, el alcohol no era algo que acostumbraba consumir, por lo que no pudo evitar el disgusto en su expresión ante el amargor.

—Zelda quiere que le enseñe a usar una espada.—dijo de pronto Link.

Paya le miró confusa, no esperaba que él iniciara la conversación con ello.

—¿Por qué?

—No lo sé.

—¿Aceptaste?

—No. ¿Qué se supone que debo enseñarle? ¿A matar?—Bebió y habló con desprecio. —Sus manos han de crear y salvar, no destruir y condenar.

Era obvio que algo no iba bien entre ellos, lo notó durante la cena, pero nunca pensó que fuera por algo así.

—¿No quieres enseñarle por qué es ella o por qué no deseas?

Link solo miró el líquido en su vaso.

—Ambas.

—¿Por qué?

—Tú has visto lo que hace mi espada, lo que yo hago con ella, eso no es algo que nadie deba aprender, no un niño, ni una princesa. Es una carga que no merece llevar

—Link…—le llamó con lamento. — Has salvado a muchos con tu espada.

—El camino que he recorrido es algo que solo me pertenece a mí, Paya. Sé lo que he hecho y lo que he logrado, pero también que implicó.

—Un camino lleno de sangre.— dijo la joven más para sí misma que para Link.

—La princesa también ha recorrido su propio camino, ahora vive llena de culpa y asaltada por terrores nocturnos, lo sé porque yo también vivo así, es por ello que me rehusó a darle un tormento más.

La chica guardó silencio mientras que él bebía, de alguna forma Link parecía más abierto a hablar sobre sí mismo, es decir, él no era de los que buscaba consejos, mucho menos expresaba sus aflicciones, pero parecía confiar lo suficiente en ella para ello.

—Quizás deberías reconsiderarlo. —dijo la chica logrando que él le mirará con reproche.—Solo escúchame. —le detuvo antes de que hablara. —Entiendo que no quieras transmitir tus conocimientos a nadie, que sientas que ello es una maldición, pero ahora no se trata sobre ti, sino sobre la princesa. Ahora más que nunca necesita sentirse dueña de su destino y probablemente aprender a defenderse le ayude.

Link bebió su copa con cierta resignación y solo dijo.

—Lo pensaré.

Paya solo le observó marchar en silencio mientras soltaba un suspiro pesado, esperaba que sus acciones no resultaran en un mal devenir.

Para los sheikah mentir es tan fácil como respirar, incluso si se trata de la inocente Paya.

Por supuesto que ella no sabía las razones de Zelda, pero aunque tabú, la chica no pudo evitar espiar ligeramente el corazón de la princesa y lo que halló fue algo con lo que no pudo evitar simpatizar.

Quizás ella finalmente sería capaz de entender aquella atormentada alma que era su caballero.

"Déjame estar a tu lado por ahora, déjame ver el mundo como tú lo ves."

La mañana no tardó en llegar y ambos partieron nuevamente, la tónica seguía siendo la misma, Link lideraba la marcha, podía sentir la mirada de Zelda fija en su nuca y un ligero escalofrío le recorrió ante la sensación de familiaridad.

—Zel…—intentó hablar, pero ella se le adelantó.

—¿Puedo preguntar algo? —dijo rápidamente y con cierto nerviosismo.

Link volteó a verle y asintió reduciendo, él pasó hasta quedar a su lado.

—¿Por qué vamos al Dominio Zora primero?

—Creo que es mejor ir primero donde hay rostros conocidos, el rey Dorephan y Sidon se alegraran de verte.

—¿El rey Dorephan sigue vivo? — cuestiono un poco incrédula.

—Lo zora viven bastante y el rey, aunque ha envejecido, se ha mantenido activo. —respondió Link.

—Ha gobernado por más de doscientos años, pensé que para este tiempo ya habría renunciado a la corona.

—Probablemente, aún no lo cree necesario.

—El pequeño Sidon ya debe ser todo un adulto, seguro que lo ha de haber pensado.

Link rio suavemente ante la tierna mención del príncipe, ciertamente Sidon era de todo menos "pequeño" ahora.

El viaje continuó con Link poniendo al día a Zelda sobre sus viejos conocidos.

El joven príncipe observaba a su gente desde la cámara del trono.

Era otro día pacífico para los zora, otro en el que Sidon probablemente perdería el tiempo deambulado en busca de alguna forma de ayudar a sus súbditos.

Aunque tampoco se negaría a la emoción de una visita inesperada.

Un haz de luz lleno el lugar y este rápidamente tomó la forma de dos hylianos que no tardaron en caer de pie frente al santuario.

Link y Zelda se habían transportado con la tableta sheikah hacia el dominio.

Una vez llegaron al establo más próximo al territorio zora Link decidió que era mejor dejar sus monturas allí, lo que les llevó a realizar un viaje experimental, que para su suerte resultó exitoso.

—¿Estás bien? —preguntó el joven soltando el firme agarre que mantenía en la mano de ella.

—Sí, aunque he de admitir que es una sensación extraña. —respondió sintiendo que su estómago se removía un poco

—Te acostumbrarás.

—¿Dónde estamos?

—En un santuario justo en el centro del Dominio.

Ambos avanzaron con calma hasta salir del estanque y una vez Zelda miró el lugar sintió que su nerviosismo aumentaba, especialmente al ver la estatua de la difunta Mipha.

Link le dijo que ni el rey o su hijo le guardaban resentimiento por lo que sucedió a Mipha, pero aun así la chica no podía olvidar de todo el sentimiento de culpa.

Continuaron avanzando, aunque esta vez la princesa se quedó atrás contrario a lo esperado, pero una vez llegaron a la última escalera, Link se detuvo y una vez Zelda estuvo a su lado.

—¿Estás bien? —preguntó.

—Sí, eso creo.

—Podemos venir en otro momento si quieres.

Zelda negó.

—No puedo huir de esto, tengo que afrontarlo.

Ambos caminaron lado a lado hasta que finalmente les recibió el joven príncipe.

—¡Link! —le llamó con alegría.

Iba directamente hacia su amigo, pero se detuvo de golpe al notar a la chica a su lado.

—¿Princesa? ¿Eres tú?

—Realmente has crecido mucho, Sidon.

El joven zora extendió sus manos y con algarabía tomó las de la princesa.

—¡Princesa Zelda! ¡Realmente eres tú!

El brusco movimiento casi hace que la chica se caiga, a lo que Link le ayudó.

—Perdón. —dijo el príncipe enderezándose y retomando la compostura. —Me alegra ver que está bien su alteza. —agregó con una reverencia acordé a su título.

Zelda río suavemente y correspondió al joven con una reverencia propia, para luego finalmente dirigirse hacia el trono.

El rey Dorephan estaba sentado en su trono con el consejero Muzu a su costado.

—Padre. —llamó Sidon. —Link ha venido y la princesa Zelda le acompaña.

El rey se inclinó ligeramente y habló.

—He esperado mucho para volver a verle, sabía que lo lograrían. Me alegra saber que está a salvo, princesa.

—También me alegra volver a verle, majestad. —Zelda hizo una pausa y tomo aire profundamente antes de hablar. —Y si me lo permite, me gustaría disculparme. —se inclinó y continuó. —Si no fuera por mí nada de esto habría ocurrido, Mipha…

—Voy a pedir que te detengas, princesa. —le interrumpió el rey. —Por favor alce la cabeza.

Zelda le miró acongojada y asintió.

—No es necesario que se disculpe, princesa. —dijo el rey en con calma. —Lo que sucedió hace cien años no fue tu culpa, tampoco la perdida de mi hija. Ella decidió ayudar a tu causa sabiendo las implicancias, lo mismo ya se lo he dicho a Link; tanto yo como mi gente no guardamos rencores hacia su persona.

—Gracias. —dijo la princesa reteniendo sus lágrimas.

—Todos hemos sufrido perdidas y no culparnos los unos a los otros, no nos hará recuperar nada. Solo nos queda avanzar.

Zelda asintió aun buscando calmar sus emociones, el silencio reino por unos minutos y buscando amenizar los ánimos el soberano zora se dirigió a Link.

—Por cierto, tenemos un paquete para ti, Link. —dijo el rey causándole extrañeza al joven.

Sidon lo sacó de un cofre a un costado del trono y se lo tendió sin revelar su contenido, pues un trozo de tela le cubría.

—Hace unos meses un bardo del pueblo rito vino en busca de uno de nuestros artesanos. —dijo el rey.

—¿Un bardo del pueblo rito? —dijo Zelda ya mejor y con curiosidad.

—Kass. —le nombró Link.

—Así es. —afirmó el rey. —Dijo que vino expresamente para cumplir con una encomienda de su amigo Link. Lo que dejó fue el resultado de ello.

Link retiró la tela y observó con detenimiento la fina lira en sus manos.

Con una forma de U y hecha completamente de plata zora, Zelda observó embelesada el instrumento y su cuidadosa arte en ella.

En cada extremo cubierto con un grabado alusivo a una enredadera de rosas y justo al centro de ella, un símbolo que Zelda desconocía su alusión.

Se trataba de un caballo cubierto de espinas.

—He de admitir que me sorprendió saber que habías solicitado tal instrumento, pero supongo que no es de extrañar conociendo tus raíces.

Link tomó la lira con su mano izquierda y con la derecha tocó un par de notas que resonaron con belleza.

—Me tomé la libertad de sugerirle grabar el blasón de tu familia. —comentó el zora.

Era eso, Zelda le miró con sorpresa, pues ni siquiera sabía de la existencia de ello.

—Es perfecta. —dijo Link para luego guardarla en su alforja mágica.

Muzu tosió ligeramente llamando la atención de todos.

—Mi señor creo que sería pertinente aprovechar la oportuna llegada del héroe. —dijo con calma llamando la atención de los dos hylianos.

—Muzu. —le llamo Sidon. —Link y la princesa acaban de llegar.

—Príncipe, el bienestar de nuestra tierra es siempre una prioridad por sobre todo. —corrigió.

Sidon simplemente guardó silencio.

—¿Qué sucede? —preguntó Zelda.

—La bestia del monte trueno ha vuelto.

—¿La bestia? ¿Qué bestia?

—Un lynel. —respondió Link.

Por supuesto, lo había hecho, como todos los demás monstruos, antes de la caída de Ganon.

—Link acabó con él la primera vez que estuvo acá, luego de ello nos mantuvimos en relativa paz, aunque claro, las lunas rojas continuaron resucitándole sin importar cuántas veces muriera.— informó el consejero.

—¿Quién la eliminó cada vez? —preguntó curiosa Zelda.

—Yo, —respondió Link. —venía cada cierto tiempo solo para hacerme cargo de eso.

—Por eso te pido en nombre de su majestad que nuevamente te hagas cargo de ello, héroe. —solicito Muzu.

—No hay problema, pero tú vendrás conmigo.—respondió con calma mirando a Sidon.

El príncipe le miró confundido.

—¿Yo? Pero Link, sabes que los zora no podemos tolerar las flechas eléctricas que usa aquella bestia.

El joven solo metió su mano a la bolsa en su cinturón y sacó un frasco con un líquido amarillento.

—Con esto debería bastar.

Link sacó un vial con un líquido amarillento, un elíxir.

Tanto Zelda como los zoras le miraron con duda y amablemente Sidon le recordó lo obvio.

—Pero Link, los elixires eléctricos apenas hacen efecto en nosotros.

—Un elixir normal, pero este elixir es capaz de darle a un Hyliano fácilmente un par de horas de resistencia a todo tipo de electricidad.

—¿Cómo? —preguntó Zelda curiosa.

—Está hecho con un ingrediente especial capaz de potenciar sus efectos. Probablemente, le dé media hora a un zora tomando en cuenta su debilidad innata a la electricidad.

Sidon iba a hablar, pero Muzu se le adelantó.

—Lo que pides es inaceptable, así seas el héroe de estas tierras, no podemos dejar que el príncipe arriesgué su vida ante tal bestia.

Link miró fijamente al consejero con cierta molestia.

—¿Entonces su vida vale más que la mía, no es así, Muzu?

Un silencio gélido llenó la sala del trono, el consejero intentó hablar, pero Link continuó.

—Un reino sin su rey no es nada y un rey sin su reino tampoco, lo entiendo. —dijo con calma. —Pero un rey que no puede proteger su reino no merece que nadie le siga.

—¿Te atreves a cuestionar a nuestro príncipe? —Muzu estaba ardiendo en furia. —Un simple hyliano…

—El simple hyliano que purgó al mal encarnado, Muzu.—le interrumpió con sorna. —El simple hyliano que mató a esa bestia que tanto teméis varias veces ya.

El rey Dorephan se mantuvo en silencio, siempre había sido alguien sabio y conciliador, ajeno a las pasiones del ego y aun así no pudo evitar sentir cierto incordio con las palabras de Link, pero al mismo tiempo sentía que algo estaba fuera de lugar.

—¿Acaso no es lo mismo para un héroe? —habló de pronto el rey, logrando que todos le miraran. —¿Quién ha de seguir a alguien que no puede proteger al resto?

Ya sea rey, príncipe o héroe. ¿Qué es lo que deseas probar, realmente, Link?

Una ligera sonrisa se formó en su rostro, aunque rápidamente se volvió una expresión amarga.

—Ella me pidió que velara por ustedes, por todos.

Fue solo esa frase y todos cayeron en cuenta, incluso Zelda.

Era la voluntad de Mipha.

—Pero no puedo hacerlo. Así sean mis amigos y su familia, no puedo.

—¿Por qué? —preguntó el rey.

—Porque ni siquiera debería estar vivo, su majestad. —dijo mirando fijamente al monarca. —Nunca viviré más que ustedes, ni siquiera puedo asegurar que vaya a vivir lo mismo que viven otros hylianos. Sé que son capaces de mucho, que tienen gran devoción por su gente, pero no siempre estaré aquí, por ello necesito verlo con mis ojos.

Volteó hacia Sidon.

—Quiero ver tu resolución, príncipe.

La misma que Mipha me mostró hace cien años cuando se negó a dejarme combatir solo a ese lynel y la misma que le llevó a pilotar a la bestia divina por el bien mayor.

Había momentos en los que una persona no podía dudar, este era uno de ellos.

Sidon aceptó luchar al lado de Link.

Partieron hacia la montaña tan pronto Sidon tuvo sus armas, Zelda insistió en acompañarlos y aunque pensó qué Link se negaría, este simplemente pidió que un guardia, Bazz fuera junto a ellos para proteger a Zelda en caso dé.

Tardaron cerca de una hora en llegar hacia el monte donde el lynel habitaba, ya que decidieron ir a pie, durante ese tiempo Link explicó su estrategia con Sidon.

Un ataque frontal con el príncipe a su lado sería arriesgado, así que en primer momento solo el espadachín se haría visible y actuaría como señuelo para hacer que la bestia ocupará todas sus flechas eléctricas.

Así mismo, la orden para Bazz y Zelda fue simple, mantenerse fuera de la vista del enemigo.

Una vez llegaron a la cima Link le tendió el elixir a Sidon quien lo bebió mientras aprovechaban que la bestia estaba de espalda, a ellos avanzaron hasta una gran roca dónde el príncipe y los demás se cubrieron.

—Espera a mi señal.—fue todo lo que dijo Link para luego dirigirse a la batalla.

Corrió llamando la atención del lynel como habían acordado y este comenzó a lanzar flechas eléctricas hacia él.

Lo más aterrador de aquellas bestias no era su fuerza descomunal o resistencia absurda, al menos para Link lo más preocupante de los lynels era su habilidad con el arco.

Bokoblins y lizalfos podían empuñar un arco, pero no tenían la vista ni la destreza para acertar un tiro más de metros, contrario a su enemigo actual, inclusive en plena tormenta un lynel era capaz de acertar un tiro a cincuenta metros y sumados a su fuerza, dicho tiro fue tan veloz y potente que incluso destruyó la cota de malla de Link.

Sí, Link podía lidiar con una bestia como esta, pero no le subestima, en lo más mínimo, un paso en falso y podría morir.

Sidon miró con cuidado aún cubierto tras la roca como Link esquivaba las flechas, procurando no quedar cercano a su posición y así evitar que una flecha pérdida causara estragos.

Debía admitir que tenía sus dudas al respecto, ciertamente morir a manos de un lynel siendo el único heredero de su linaje no era exactamente su idea de una pacífica tarde de primavera, pero la insistencia de Link era algo que no podía pasar por alto, especialmente por la obvia provocación es sus palabras.

Debía estar a la altura de sus expectativas, como príncipe y guerrero.

—¡Sidon ahora!

El grito del otrora caballero le hizo reaccionar, la bestia se había quedado sin flechas y ahora era su momento de actuar.

Empuñó su tridente con fuerza y se lanzó al ataque.

Bazz se mantenía frente a Zelda en guardia, aunque claramente estaban lejos de la vista del monstruo, el guardia no podía permitirse relajarse ni un momento.

La princesa tampoco lo hacía, tenía un mal presentimiento.

El príncipe zora atacó con destreza y precisión, pero incluso cuando su arma lograba herir al lynel este simplemente seguía en pie y atacando con brutalidad.

Link también hizo lo suyo, el plan era simple como siempre, matar antes de que te maten, pero con los lynel nunca se está lo suficientemente preparado.

Su piel dura como una armadura y sus armas de una calidad irrisoria para un monstruo era objeto de temor y cuidado para quien se les enfrentara y obviamente esta no fue la excepción.

La ofensiva de ambos rodeo por completo al lynel, Link iba por la izquierda y Sidon por la derecha con una lluvia de ataques que pronto haría que la bestia cediera o eso al menos o pensaron, pues de pronto su enemigo giro a toda velocidad sobre su eje y sumado al tamaño de su cuerpo les mandó a volar lejos de él.

El grito de Zelda llamando a Link se escuchó a lo lejos, pero el mencionado hizo caso omiso mientras se ponía de pie lo más rápido que pudo, su cabeza daba vueltas, pero ya tendría tiempo después para quejarse, especialmente porque Sidon estaba a punto de ser aplastado por la embestida de su enemigo.

—¡Sal de ahí, Sidon! —gritó con fuerzas.

El príncipe aún en el suelo logró reaccionar y giro hacia un costado evitando morir aplastado y aunque sabía que tenía ponerse de pie antes de que la bestia volviera a cargar debía admitir que había tomado más daño del esperado, para su suerte no estaba solo y fue Link quien tomó la ofensiva mientras Sidon se recuperaba.

Sus golpes eran rápidos y contundentes, pero incluso si conectaban las fuerzas del lynel parecían no menguar, finalmente Link detuvo sus golpes y retrocedió llevando al lynel lejos de aliado.

Una lluvia de espadazos cayó sobre él.

El acero de su escudo resonaba con cada golpe e incluso su cuerpo retrocedía en contra de su voluntad con cada impacto.

Zelda seguía observando con aprehensión a la lejanía, Sidon ya se había reincorporado; sin embargo, mantuvo su distancia esperando para acabar con esto de una vez por todas.

Link por su parte bajo su escudo para sorpresa de todos.

Aquel horripilante filo se dirigió a él con una velocidad abismal y, sin embargo, una vez estuvo lo suficientemente cerca, el joven guerrero simplemente esquivo con un ágil salto hacia atrás.

Lo que sucedió después Zelda no fue capaz de entender, pues una vez Link aterrizó y si enemigo perdió parte del balance por su ataque fallido, el antiguo caballero se movió en un instante y atacó, ninguno de los presentes fue capaz de ver dichos ataques, solo escucharon los fuertes impactos de la Espada Maestra hasta que finalmente el lynel cayó sobre sí mismo agotado y herido; pero ahí no acabó aprovechando su momento de debilidad Link soltó su escudo y se montó sobre su lomo buscando dar un golpe letal en su torso, pero el lynel reaccionó y comenzó a saltar y patear en busca de liberarse del joven.

Un golpe de en su pierna logró detenerle por un momento y la Espada Maestra se adentró con fuerza en su espina.

Un bramido de dolor remeció el monte, seguido del retumbar del gigante, cayendo al suelo incapaz de mover sus extremidades bajas.

—¡Sidon!—Le llamó Link. —¡Acaba con él!

El príncipe se abalanzó desde un costado, pero su enemigo aún no se rendía, incluso en tal desventaja logró abrir sus fauces y lanzar una bola de fuego que el zora a duras penas esquivó.

Un segundo ataque iba a ser lanzado, pero Link movió su espada aun al interior de la bestia, deteniéndose ante el dolor.

Sidon alzó su tridente y poniendo todo su peso y fuerza en él, lanzó una certera estocada directamente al corazón de la bestia.

Otro horrible rugido de dolor llenó los oídos de Zelda, pero esta decreció hasta un silencio fúnebre.

Tanto Link como Sidon lucían exhaustos y cubiertos de sangre.

—Eso fue horrible. —comentó el príncipe con la respiración entrecortada.

—No ha estado tan mal.

—¿Bromeas?

Link se bajó de la bestia ahora muerta y con cuidado limpio la hoja de su espada.

—Has luchado bien, Sidon.

—La próxima preferiría no tener qué.— el príncipe se miró hacia sí mismo y se removió con asco ante la sangre que le manchaba.

—No siempre estaré aquí para cubrir tu espalda ni hacer tu trabajo sucio. —señaló Link.

—No me refería a ello. —negó.

Link solo le miró y con tranquilidad hablo

—Serás rey algún día, pero tu gente debe confiar en ti más que solo por tu herencia, debes ser capaz de protegerlos con tus actos y decisiones, pero también con tus manos. Eres el guardián de tu pueblo, príncipe.

El aludido asintió con firmeza y convicción, más una vez quiso hablar, la llegada de Bazz y Zelda le detuvo.

—¿Están bien? —preguntó Zelda.

—¿Está herido, príncipe? —agregó el guardia.

—Puede que necesite algo más un baño. —dijo Sidon.— Esa bestia golpea fuerte.

—¿Y tu Link? —preguntó esta vez la princesa acercándose al joven.

—Estoy bien. —dijo intentando quitar un poco de la sangre en su rostro.

—Déjame ayudarte.— la chica extendió su mano con un pañuelo y comenzó a limpiarle.

Por un momento, Sidon notó como su amigo pareció moverse para alejarse de su toque, pero finalmente desistió y solamente observó la mirada preocupada de la princesa.

—Eso fue demasiado imprudente. —le regañó. — Montar un lynel es una locura.

—Lo sé. —fue toda su respuesta.

Zelda suspiro un tanto exasperada.

—Veo que tu carácter temerario no ha cambiado. —dijo una vez terminó de quitar la sangre.

—Lamento preocuparte. —se disculpó.

—Solo no lo hagas más, ¿Sí?

Sidon y Bazz miraron con extrañeza como el aclamado héroe asintió mansamente a la princesa.

Luego de unos minutos más, finalmente volvieron hacia el Dominio.

La noche llegó, pero a pesar de todo el cansancio, el sueño era algo que se le negó esa noche, la princesa decidió salir a tomar aire y ante la ausencia de Link, pues este había marchado a quién sabe dónde una vez volvieron del monte, la joven marchó con calma hacia la plaza central del Dominio.

La vista regia y solemne de la princesa zora fue lo que captó su atención y se detuvo frente a ella.

Mipha era la definición ideal de una princesa; de carácter amable, conciliador y dulce, amada por su pueblo y respetada por todos, bendecida al nacer para velar por su gente. Todo lo contrario a Zelda.

Si era honesta más de alguna vez sintió celos de ella, pero cada vez que interactuaba con la joven zora la culpa le carcomía, pues Mipha era demasiado pura como para ver con malos ojos a una frustrada Zelda, en cambio, siempre estaba dispuesta a escucharle y aunque pocas veces podían salirse de sus actos protocolares la princesa zora no fallaba en demostrar su apoyo a su homónima hyliana.

Todo su recuerdo sobre ella le llevó finalmente a aquello que le aquejaba, pues si había alguien que podía entender a Link, esa era Mipha.

Ella le conocía mejor que nadie y al mismo tiempo parecía ser la única persona que no cedía ante la máscara inexpresiva del joven, no, la princesa zora siempre amable y dulce, era la única que podía ver más allá de su fachada.

De estar aún viva, ella sabría cómo solucionar las cosas con Link.

De estar viva ni siquiera estaría en este predicamento, Zelda conocía los sentimientos que su compañera guardaba por su caballero, todos los campeones lo sabían, probablemente Link también, si el devenir hubiera sido distinto nada esto sería un problema, pues, Mipha nunca tendría esta clase de situación con Link; Zelda, por otro lado, no podía ni siquiera poner sus pensamientos en orden.

Finalmente suspiro sin esperanza.

—Veo que usted tampoco puede dormir, princesa.

Sidon llegó sin que le notara, lo que hizo que Zelda diera un respingo asustado.

—Veo que interrumpí sus pensamientos, lo lamento

—No es su culpa. —dijo ella retomando la compostura.

—¿Una mala noche? —preguntó el príncipe.

—Una racha de malas decisiones.— respondió ella.

—He de suponer que nuestro amigo es el motivo ¿No?

Sidon no ha de ser el más listo, pero incluso él podía notar que el ambiente entre la princesa y Link era extraño así fuera la primera vez que les viera juntos, pero que el espadachín le pidiera que guiará a la chica a la posada para él simplemente marcharse a hacer quien sabe que fue bastante indicativo de que ellos no estaban quizás en buenos términos.

—Antes de partir de Hateno, le pedí a Link que me enseñara a usar una espada. —contó la princesa con suavidad. —Y no se lo tomó muy bien, apenas hablamos últimamente, no es muy agradable.

Eso era algo que podía imaginar.

Si Link ya hablaba poco, uno que deliberadamente te negaba la palabra debía ser horrible.

—No es algo sencillo lo que pides, princesa. —comentó con calma.

—Puedo aprender, no soy una niña. Soy capaz de usar una espada

—¿Lo eres? —cuestionó Sidon logrando que Zelda le mirara confusa.— Link de todas las personas es quien más sabe de tu fortaleza y sin duda la admira. —dijo el príncipe con calma. — Y es por ello que no quiere enseñarte a empuñar una espada.

—¿Qué quieres decir?

La jovial y gentil mirada de Sidon se cubrió de tristeza antes de simplemente decir.

—¿Por qué él de todas las personas te enseñaría a matar?

"Quiero aprender a usar una espada como tú"

"No hay nada poético en las espadas, princesa, nada que realmente debas aprender"

"Matar es lo único que mi espada hace"

— De todas las personas Link, más que nadie sabe el precio de ser un guerrero. La carga de segar vida tras vida en un ciclo sin fin. ¿Por qué querría enseñarte aquello que le aísla de todos?

—Link es más que solo un asesino.—dijo la princesa determinada.

—Ciertamente, lo es, al menos para nosotros ¿Pero alguna vez se ha preguntado cómo se ve así mismo? Quizás solo quizás aquel hombre que trae esperanza a todo mundo solo halla desolación y soledad en sí mismo.

Las espadas existen para matar, no hay algo como una espada que protege o una espada de justicia, no, es solo un instrumento de destrucción.

Uno, el cual Link había dominado siendo un niño.

A cambio de poder, él había abandonado el tener una vida normal, dejando de lado alegrías y recuerdos todo a cambio del poder para cumplir con su deber.

Sidon puede que tuviera razón, pero eso era algo que mismo Link nunca admitiría en voz alta.

No al menos frente a Zelda, incluso si los títulos fueron dejados de lado, una parte de él aún le obligaba a actuar como su caballero.

—Él es distinto. —dijo la princesa con suavidad. —No ha cambiado sustancialmente de quién era hace cien años, pero si lo suficiente para que pueda notarlo y me gusta, me gusta ver que Link es más un hombre y menos un soldado; ahora ríe, bromea, que juega con los niños y aun así con todo ello sigue aferrado a su espada ¿Por qué? ¿Qué es lo que hace que se aferre a su espada?

El príncipe le miró entendiendo finalmente lo que buscaba.

Comprensión.

La llave de toda relación es la comprensión, la propia y la del otro, no hay lazos que carezcan de comprensión y, sin embargo, el que ellos dos elegidos por el destino compartían carecía de ese principio fundamental.

Zelda deseaba comprenderle, no como su guardián y héroe, quería entender al hombre tras la armadura, al niño que decidió cargar una espada por el bien de todos.

—Quizás si aprendo de él, pueda entender la carga que lleva.

Sidon miró a la chica y no pudo evitar simpatizar con su objetivo, fue curioso.

Sí, era honesto consigo mismo, tampoco podía entender del todo a Link y eso que lo llamaba su mejor amigo, pero el joven espadachín era tan ajeno a todo lo que no fuera su cometido que muchas veces Sidon sentía que hablaba con una pared, pero así mismo cuando buscaba su consejo y ayuda siempre lo hacía con una dedicación absoluta, en cierto modo Link era como un hermano mayor para el príncipe, un hermano que velaba por todos menos por sí mismo.

Sidon sintió que esa clase de dedicación era lo que su amigo necesitaba.

Link solo tocaba las cuerdas al aire del arpa mientras el ruido de la represa llenaba el lugar.

—Supuse estarías aquí.

La voz de Sidon fue clara, pero el joven no volteó a verle.

—¿Tampoco puedes dormir? —preguntó mientras suaves notas comenzaban a tomar forma.

—No somos los únicos. —contestó el príncipe sentándose a su lado.

—Zelda tampoco ¿Eh?

—¿Por qué estás tan seguro de que hablo de ella? —cuestionó con tono juguetón.

—Nadie más podría hablar contigo aquí sin hacer un escándalo.

Bien ciertamente Sidon era consciente de que era demasiado popular entre la gente del dominio, quizá un poco demasiado, también sabía que algunos de sus súbditos se volvían demasiado efusivos al estar en su presencia.

No obstante, por supuesto, el príncipe zora decidió hacerse el obtuso y ligeramente indignado.

—No sé de qué hablas, no creo ser tan desagradable compañía para causar gritos a mi persona.

Link resopló ligeramente casi como si se riera, pero la ligera tonada que tocaba nunca se detuvo.

—Eres bastante hábil con el arpa. —comentó el príncipe al reconocer la vieja serenata.

—No puedo siquiera recordar el nombre de mi madre, pero sé que ella me enseñó cómo tocar. —las notas seguían marcando el compás mientras que él se negaba a mirar el instrumento o a su amigo. Su mirada seguía fija en el agua.

—¿No le has dicho nada sobre tu memoria?

—No es necesario, no recuerdo nada sobre ella.

—La princesa se preocupa por ti, aunque ya has de saberlo.

Link decidió no contestar.

—Me dijo que te enfadaste por su deseo de aprender a usar una espada.

—Solo me rehusé.

—Puedo imaginarlo.

—Debe entender que las espadas no tienen nada que necesite aprender.

—Por ello dejaste que nos acompañara ¿No? Querías que viera la batalla para hacerle desistir.

—No funcionó.

—¿Por qué lo dices?

—Ella es necia.

—Al igual que tú, mi amigo. —dijo con una sonrisa el príncipe.

—¿Qué harías tú?

Ahora eso fue toda una sorpresa que incluso Sidon sintió que su quijada se cayó ligeramente de forma involuntaria; Link, el taciturno y arisco Link, le estaba pidiendo consejo.

A él, de todas las posibilidades.

Sidon pensó que debía estar a la altura de las expectativas.

—Pues enséñale. —dijo con la mayor casualidad del mundo.

Link erró una nota y finalmente volteo a verle con su expresión incrédula.

—¿Eso es todo? ¿Realmente tienes más de cien años? —cuestionó con ironía.

—Bueno, la edad no es un indicativo de nada y para ser exactos soy un hombre en juventud para los estándares de mi gente.

—Entiendo por qué tu padre aún no te cede el trono.

—Eso fue cruel, Link.

—No me estás ayudando, Sidon.

—Ella no va a desistir y tú no puedes ignorarla por siempre.

—No la ignoro.—protestó.

—Claro, solo le hablas para lo estrictamente necesario si es que te dignas a usar palabras ¿O me equivoco Sir Link, protector real de su alteza, la princesa Zelda? Más conocido como el Caballero más silente de todo Hyrule.—dijo el príncipe con ironía.

Link le puso mala cara. Realmente no le gustaba la mención de su antiguo título, mucho menos si era para burlarse de él.

Sidon suspiro con cansancio.

—Mira, pelear entre ustedes no les llevará a nada, sé que no quieres enseñarle, pero creo que sabes que no le harás desistir.

—No le enseñaré, no a ella. — dijo con necedad y cierta molestia.

—¿Por qué te molesta tanto la idea?—Sidon sentía que había algo que se le escapaba.

—Tomar una espada es elegir un camino lleno de sufrimiento y muerte.—su expresión se volvió amarga. —Me niego a llevar a alguien más por ello. Especialmente si es ella.

—Va a seguir insistiendo.

—Me seguiré rehusando.

El príncipe zora suspiro resignado, pensó que podía ayudar a Zelda en su cometido, pero de alguna forma que solo ayudó a cerrar más la opinión de Link.

—Por lo menos habla con ella, dile que es lo piensas realmente.

Link también suspiro agotado, honestamente no era como pensaba pasar su noche, pero ya qué.

—Sidon la razón por la que no deseo hacerlo, es porque así quisiera no puedo enseñarle.

—¿Qué quieres decir? —preguntó confuso. — Claro que puedes ¿Acaso no le enseñaste a Bazz a luchar con la lanza?

—Solamente le di paliza tras paliza a medida que iba aprendiendo de sus errores, pero es más que ello. Yo no puedo instruir a Zelda.

—No te entiendo, Link.

—Hace cien años, fui adoctrinado solamente para una cosa, Sidon, matar, acabar con los enemigos del reino, mi esgrima no es para defensa personal, es puramente violencia y eso es algo que me niego a transmitir a alguien más.

Elimina a todo el mal.

Ese es tu deber.

Lo que guía tu espada.

Sin piedad ni misericordia.

Acaba con aquellos que amenazan nuestro hogar.

Eres el arma definitiva de nuestro reino.

Tu vida, tu voluntad, tu amor y odio; ponlo todo en tu espada, que ello te guíe en la misión que se te ha encomendado.

Mata por el bien de Hyrule.

El fuerte Akkala fue su hogar durante años, allí fue entrenado con puño de hierro por la única mujer investida caballero del reino.

Link era solo un niño, pero las razones que le llevaron al fuerte no le hicieron recibir un trato especial, no, fue entrenado con la misma dureza y brutalidad que el resto.

Su instructora pudo ver todo el potencial en él y no dudó en cultivar el mejor guerrero que pudo.

Incluso si eso implicó adoctrinarlo más allá de lo moralmente correcto.

"Más que un caballero entrenado para defender nuestro reino, él fue concebido como un arma, una que no conoció derrota y también que olvidó el significado de ser sí mismo."


Comentarios finales.

¿Cómo les va?

Sí, sí, he vuelto o algo así.

No se emocionen porque con el martirio que fue escribir esto no quiero ni pensar en como iniciar el capítulo que sigue.

Ocupe mis días de descanso para terminar esto y quizás tomar el impulso que me falta para darle mayor consistencia a la publicación.

Honestamente, creo que este capítulo apura un poco las cosas, pero tengo que llevarlas a ese punto para finalmente avanzar con la trama.

Y hablando de ello, debo admitir que escribir a Paya me es reconfortante, pues, el único personaje que tengo completamente definido su propósito, aparte de Link y Zelda obviamente, pero esos dos son otro tema.

Y hablando de esos dos, el tema de Link y Zelda con su pequeña discusión es algo que van a tener bastante importancia, pues como pueden notar, Link y su espada son algo importante aquí.

Me gusta Sidon siendo básicamente un cabeza hueca que realmente no lo es.

Pero su personalidad efusiva da esa impresión.

Este capítulo iba a tener dos escenas más, pero preferí dejarlas para otro momento, pues, siento que ya es demasiado largo como para seguir agregando más texto.

Como detalle, Link siempre lleva una pequeña bolsa en su cintura, incluso cuando despierta en el santuario al inicio del juego, básicamente esa es la alforja donde guarda sus objetos bajo mi lógica y no en la tableta, que es donde nosotros las vemos por conveniencia del juego.

Así que aquí lo mencionó, pues, guarda ahí la lira.

Creo que incluso olvidé cómo hacer mis notas finales…

Así que eso será todo por hoy.

Como siempre espero que hayan disfrutado su lectura y así mismo cualquier comentario o crítica será bien recibido.

Saludos.

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