Nota de la autora: muchas gracias phoenix1993 por tus comentarios, espero que sigas disfrutando ahora que estamos entrando al último libro. Un abrazo!
—S—
11 de agosto de 1997
Por primera vez desde que llegó ahí a la edad de once años, Severus miró Hogwarts y pensó en lo mal que se sentía estar allí. Tan, tan mal. No se había movido del lugar donde se había aparecido durante unos quince minutos, asustado por descubrir si el castillo lo había aceptado como director, con la esperanza de que lo hicieran y de que no.
No hubo pompa ni ceremonia para convertirse en el director de la escuela de magia más grande y famosa de este lado del Atlántico. Consistió en un viaje al Ministerio, fácil de hacer ahora que la búsqueda de él como sospechoso se había cancelado. Había caminado por el Atrio, había ido a la oficina del Ministro de Magia y había firmado los papeles que le había entregado un Pius Thickness bajo la maldición Imperius. Eso fue todo, un simple garabato sobre un documento antiguo, mágicamente perseverado. Su firma, colocada debajo de la de su predecesor, había sido todo lo que se necesitaba.
Había sentido su vínculo mágico con el pergamino, sintió el hormigueo de las protecciones en sus sentidos cuando apareció en las puertas, pero todavía había una pizca de duda y esperanza de que esto fuera un truco cruel.
Severus puso su mano en la puerta y casi cayó de rodillas con el calor que sintió en su alma. La escuela no solo lo aceptó, lo recibió con agrado, lo abrazó, estaba contenta de tenerlo. ¿Albus había sentido el saludo tan intensamente? Y si lo había hecho, ¿se había desvanecido con el tiempo, con cada acto manipulador y engañoso?
Apoyando su otra mano en la pared de piedra, Severus abrió la puerta, caminando hacia el lugar que había llamado hogar casi toda su vida.
Cerró los ojos, absorbiendo el silencio, permitiendo que su magia y su mente se asimilaran con la nueva presencia grande y antigua. Podía sentir a los maestros que ya estaban dentro. Sintió a Filius colocando nuevas protecciones alrededor de su salón de clases, sintió a Pomona cuidando sus plantas, a Minerva en su oficina, caminando de un lado a otro. Sabía que Poppy estaba en el ala médica y que los elfos domésticos ya estaban preparando la siguiente comida que se les serviría a los profesores. Todo era demasiado, demasiado. Pero maldita sea, si no lo dejaba con una sensación de euforia.
"Director" —el saludo cortés y frío de Hagrid le hizo abrir los ojos y mirar al medio gigante que no le mostraba signos de amabilidad—. "Hagrid" —inclinó la cabeza, negándose a permitir que su máscara se asentara en su lugar todavía—. "Estoy planeando hacer cambios en la forma en que manejamos la disciplina este año. Serás llamado para supervisar las detenciones" —afirmó, sin dejar lugar a discusión. Se giró bruscamente, con su túnica ondeando detrás de él mientras se dirigía a las puertas principales, con la espalda recta y la cabeza en alto. Podía sentir los ojos de Hagrid clavados en la nuca y, con un movimiento de sus dedos, se colocó un escudo a su alrededor. Un momento después, sintió que algo rebotaba en él, pero no detuvo su paso. No quería amenazar, no quería ser el mortífago cuando no tenía por qué serlo.
Entró en el castillo, ignorando los saludos murmurados de los retratos cercanos. Se detuvo, solo un momento, para mirar el techo y los planetas, su alineación trazada sobre su cabeza. Recordó que no sabía que estaban allí hasta que encontró a su hija y a la señorita Lovegood en el suelo, mirándolos.
Severus continuó, sin disminuir su paso hasta que estuvo frente a la gárgola que custodiaba la oficina del director. La miró, esta lo miró fijamente un momento y luego hizo una reverencia. "Director".
"Guardián", respondió con la cabeza inclinada.
"Diga su contraseña y no permitiré la entrada a nadie excepto a aquellos que la conozcan".
"El león y el amanecer", dijo.
La gárgola se inclinó una vez más y se hizo a un lado.
Subió las escaleras de dos en dos, ignorando por completo el hecho de que se movían. Cuando se enfrentó a la puerta de su oficina, su estómago se revolvió. Su vida cambiaría al otro lado de esa puerta; se había visto obligado a seguir un camino que nunca había deseado. Se obligó a alejar las náuseas, sabiendo que no había nada que pudiera hacer para cambiar el pasado. Abrió la puerta y entró.
No había sido tocada desde la muerte de Albus. Limpiada del polvo, sí, pero los pequeños dispositivos excéntricos todavía estaban allí. Los pergaminos esparcidos al azar sobre el escritorio probablemente eran las últimas cosas en las que Albus había trabajado, el cuenco de los malditos caramelos de limón todavía estaba en la esquina. La percha de Fawkes todavía estaba cerca de la entrada a las dependencias del director, aunque el pájaro en sí estaba ausente. ¿Había perecido, de una vez por todas, cuando Albus lo hizo? ¿O simplemente se fue, sin sentir ya la obligación de quedarse?
"Severus".
Esa voz. La mandíbula de Severus se tensó y su corazón se endureció al oír su nombre. Lentamente, se volvió hacia la pared de retratos de los directores y allí, detrás del escritorio, perfectamente ubicado para que el tonto fallecido le hablara al oído derecho, estaba Albus Dumbledore.
Caminó hacia la pintura, deteniéndose frente a ella, poniéndose la túnica a su alrededor mientras cruzaba los brazos. "Albus", se burló.
"Quiero agradecerte por el trabajo que has hecho hasta ahora y recordarte que estamos lejos de terminar".Dijo la pintura en tono sermoneador—. "Tienes que…"
"No necesito escucharte. Ni ahora, ni nunca más. Estás muerto, anciano. Te maté con un Avada tan poderoso que tu cuerpo fue arrojado desde la Torre de Astronomía. Tus planes, tus estrategias, tus manipulaciones se acabaron."
Albus lo fulminó con la mirada y Severus casi se rió de él.
"Bien dicho" —dijo Dilys Dewert con orgullo.
"Bueno, bueno" —coincidió Phineas Black—. "¿Y puedo decir lo maravilloso que es tener un Director de Slytherin aquí una vez más? No uno que realmente crea que los Sangre-."
"No digas esa palabra en mi presencia" —gruñó Severus.
El Director Black lo miró confundido y luego negó con la cabeza.
"Lamento lo de Hermione" —dijo Albus y Severus frunció el ceño—. "También tengo un retrato en el Ministerio. Fui Jefe de Magos por un tiempo, ¿sabes? Y me enteré de su muerte, a manos de un hombre que la amaba, nada menos."
"Sí, sí." —Severus le hizo un gesto con la mano—. "Me ocupé de Lupin, te lo aseguro."
Sintió que las protecciones temblaban dos veces, anunciando la llegada de dos profesores más. Aurora Sinistra y su nueva profesora de pociones.
"Habrá cambios de personal este año, más de lo normal" —dijo Dilys pensativamente—. "El puesto de Defensa Contra las Artes Oscuras…"
"Me temo que este año la materia de estudio es solo Artes Oscuras. Uno no necesita aprender a defenderse de ellas cuando el Ministerio está tan ansioso por usarlas cuando y donde sea posible" —interrumpió Severus.
"Tu antiguo puesto" —continuó Dilys—.
"Y Estudios Muggles, me temo. Charity no regresará."
"Oh, es una pena. ¿Dónde está, me pregunto? ¿Lo sabes?" —preguntó Armando Dippet conversacionalmente.
"Eso depende de cuánto tiempo le tome a una serpiente digerir su comida y donde expulsa sus desechos" —respondió con indiferencia, sintiendo que Sinistra se había ido a su torre y que la maestra de pociones venía directamente a la oficina del director.
"¿Quién enseñará, Severus?" —preguntó Albus con un toque de preocupación y miedo. Se giró para mirar al bastardo y vio pánico en los ojos de la pintura. Ah, entonces recordaba las palabras de despedida de Severus—. "Severus, juraste que no dejarías que esta escuela sufriera daño. Juraste que protegerías a los estudiantes."
"Y lo haré" —dijo simplemente, sintiendo que la gárgola transmitía el mensaje de la presencia de un visitante. Mentalmente le hizo una señal al guardián para que la dejara pasar.
"Entonces, ¿quién ocupará tu puesto? ¿Quién viene? Severus, debes…"
Hubo un golpe en la puerta y Severus se volvió hacia los retratos. "Silencio todos" —ordenó antes de gritarle a su invitada: «Entre».
Ella entró. "Director" —dijo con su acento ruso, inclinando su cabeza de pelo negro, trenzado y retorcido en un severo moño. Ella lo miró a los ojos impasible, sus ojos oscuros confiados detrás de sus anteojos. No era terriblemente alta, le llegaba justo a la barbilla, y parecía muy delgada ya que prácticamente nadaba en su túnica.
Él caminó hacia ella. "Madam Nikola. Bienvenida." —Se movió a su alrededor, detrás de ella, inspeccionándola—. "¿Cómo están sus parientes?"
"A mis hermanas les va bien, aunque mantenemos poco contacto desde la muerte de mi padre. No aprobaban sus... actividades."
Él sonrió, inclinándose, colocando su boca junto a su oreja. "¿Y usted las aprobaba?"
Notó que se le ponía la piel de gallina y extendió la mano para tocar su cabello.
"Yo creo que debemos hacer lo que sea necesario" —dijo ella, jadeando mientras él agarraba su cabello y tiraba de su cabeza hacia atrás, mucho más suavemente de lo que la acción podría parecer, y la besaba.
Ella rió contra su boca y lo empujó hacia atrás. "Severus" —lo reprendió, su acento hizo que su nombre sonara extraño.
"No te tomó mucho tiempo seguir adelante, ¿verdad?" —Albus habló.
"Parece así, ¿no? Pero creo que te exigí silencio. Estás aquí como cortesía, ve en contra de mis órdenes otra vez y encontrarás que tu cuadro no será más que cenizas." —Luego se volvió hacia la maestra de pociones, liberó su cabello de su peinado y se movió para mirarla directamente. "Es impecable excepto por una cosa."
"¿Cuál es?" —preguntó ella con diversión.
"Reaccionas ante mí con demasiada facilidad" —dijo, extendiendo la mano y acariciando la longitud de su cuello—. "Apenas estoy cerca de ti y estás electrizada."
"Extrañé a mi marido" —explicó ella, y él sacó su varita de su manga. Agitándola sobre ella, liberó a su esposa de su disfraz.
"Y yo extrañé a mi esposa" —respondió él, agarrándole la nuca y besándola con fiereza. Al igual que en sus reuniones anteriores, la levantó, obligándola a envolver sus piernas alrededor de su cintura mientras la llevaba a la pared más cercana. Mientras se apartaba para mordisquearle la mandíbula, dijo: —"Ayudará, por supuesto, si tengo una amante en Hogwarts. No puedo jugar al viudo afligido con el Señor Oscuro, y Alecto Carrow ya me está pisando los talones, tratando de llamar mi atención."
"¿Y tuviste un tórrido romance con la hija de tu Maestro durante tu aprendizaje?" —preguntó ella, ofreciéndole su cuello.
"Sí. Ella era una insufrible sabelotodo, muy parecida a la mujer que dejé en casa." —dijo mientras aceptaba su oferta—. "Sin embargo, fue algo estrictamente carnal."
"¿No me digas que te he añorado todos estos años?" —dijo Hermione, inclinándose hacia atrás y mirándolo, horrorizada.
Severus se rió—. "¿Lo odiarías tanto si eso fuera realmente parte de tu historia?"
"Me gustaría pensar que hubiera sido una mujer impulsada por su carrera. Te amo Severus, pero no eres lo que uno llamaría un rompecorazones. Creo que Helga recordaría el tiempo que pasaron juntos con cariño y tal vez un poco de nostalgia, pero solo porque podías rascarle comezones que ella simplemente no podía rascar por sí sola."
"Supongo que es justo. No es como si hubiera vuelto a pensar en ella. No contigo cerca."
"Bien" —dijo Hermione asintiendo, con la barbilla ligeramente levantada—. "Será mejor que no hayas estado pensando en otra mujer cuando estabas conmigo."
"¡Maldita sea, bruja, Helga ni siquiera es real! E Iván habría usado mi cuerpo para pociones si me hubiera acostado con una de sus hijas. Podría haber bromeado conmigo acerca de intentar casarme con alguien de la familia, pero si realmente hubiera cruzado esa línea…"
Hermione soltó una risita. "Menos mal que no lo hiciste" —dijo, besándolo profundamente en los labios antes de darle una palmadita en el hombro—. "Ahora bájame, podría entrar alguien."
Una lenta sonrisa burlona se dibujó en su rostro, haciendo que todo el buen humor desapareciera del de Hermione. "Oh, no lo creo. Puedo sentirlos en las barreras. Y además, he extrañado terriblemente a mi esposa, ya que está muerta y todo eso. Necesito consuelo."
"Bueno, supongo que debería ofrecerte eso, al menos" —dijo, besándolo de nuevo, más suavemente esta vez, perdiéndose en él como él en ella.
—A—
"Diario", dijo el Profesor Lupin.
"Guardapelo. El verdadero".
"Harry", dijo Draco, su tono entre derrotado y enojado.
"Severus sospecha de Nagini", dijo Sirius, "pero nunca lograremos acercaremos lo suficiente a la serpiente".
Aurora se mordió el labio, acunando el té en sus manos mientras estaban sentados alrededor de la sala de estar en Grimmauld Place, una vieja foto de un paisaje transfigurada en una pizarra donde tenían tres listas: "Confirmado y Destruido", "Posible" y "Altamente Sospechoso o Conocido".
El Profesor Lupin puso a Nagini debajo de la columna "Posible", volviéndose hacia la habitación.
"Severus dijo que el anillo" —le recordó Sirius, y el profesor Lupin anotó el anillo bajo «Confirmado y Destruido».
"El profesor Dumbledore debe haberte dicho algo sobre los otros" —dijo Aurora, captando la atención de Harry por un momento.
"Parece un poco como si estuviéramos dándole vueltas a las mismas cosas" —confesó Ron—. "Y si vamos a intentar encontrar…"
"Sospechaba de la copa de Hufflepuff" —dijo Harry—. "Me mostró un recuerdo de Tom Riddle aprendiendo sobre ella y el guardapelo de una bruja muy rica que luego fue encontrada envenenada. El problema es que nadie sabe dónde está. Y Dumbledore pensaba que había intentado obtener un objeto de cada uno de los cuatro fundadores de Hogwarts, así que es probable que tenga algo de Ravenclaw."
"¿Y no de Gryffindor?" —preguntó Draco.
Harry negó con la cabeza. "Dumbledore dijo que la única reliquia de Gryffindor es la espada, y que ha estado en posesión del director."
"¿Alguien sabe qué podría ser el objeto de Ravenclaw?" —preguntó Sirius.
"Mamá lo sabría." —Aurora sonrió, ganándose una risita de Ron y Harry.
"Luna podría" —dijo Ginny pensativamente—. "Pero no se le ha permitido salir de casa desde la boda. Dudo que oigamos mucho de ella hasta que subamos al tren."
"Podemos preguntarle entonces. No es como si no fuera a encontrarme con este grupo eventualmente" —dijo Aurora, señalando al grupo de jóvenes magos a su derecha.
"¿Están seguros de que no quieren que los acompañemos?" —les preguntó Sirius, principalmente a Harry. "Los planes pueden cambiar, no necesito…"
"Estaremos bien, Sirius" —insistió Harry. "Remus necesita estar con Tonks y te van a necesitar en Hogwarts."
"Sí, no estoy particularmente ansioso por que me llamen Firulais" —dijo pensativamente. Luego sacudió la cabeza como para despejarse, luego miró el tablero—. "Entonces, la copa de Hufflepuff y las chicas investigarán la pista de Ravenclaw. Eso hace siete, ¿no?"
"¿Pero no serían ocho piezas de alma?" —preguntó Draco, frunciendo el ceño.
"No creo que sepa que creó uno en Harry" —dijo el profesor Lupin mientras agregaba los elementos al tablero—. "Y no sabemos cuanto tiempo Nagini ha sido un Horrocrux. A más tardar, fue justo antes del ataque de Arthur."
"Todos han discutido mucho sobre esto, ¿no?" —preguntó Ginny.
Sirius se encogió de hombros. "Desde aproximadamente el momento en que regresó, sí. Todos ustedes eran muy jóvenes cuando empezamos a juntar las piezas de todo esto, no queríamos arruinar la pequeña cantidad de inocencia que les quedaba. Especialmente a ti, Harry. Todavía tenemos que descubrir cómo sacarte el Horrocrux sin lastimarte."
"Sí hay un hechizo para transferir parte del alma a un receptáculo", dijo Leo desde el otro lado de la habitación, con la nariz metida en un libro que estaba leyendo a medias o fingiendo leer. "¿No debería haber un hechizo para sacarla también?"
"Creo que eso podría ser incursionar en la magia oscura, Leo. Es algo que queremos evitar", respondió Sirius amablemente.
"¿Sabes si papá alguna vez encontró algún libro sobre el tema?" Aurora le preguntó a su hermano, quien apartó la mirada de su libro.
"No", se quejó. "O si lo hizo, no los trajo a sus habitaciones, su oficina o a ningún lugar de la cabaña. Yo lo sabría, conozco todos los libros que tenemos, incluyendo esas cursis cositas románticas que te gusta guardar en el fondo de tu estantería."
Ron se rió.
"Yo no me reiría" —dijo Leo mientras volvía a su libro—. "Al menos mi hermana sabe leer y escribir."
"Oye, yo sé leer" —protestó Ron.
"¿En serio?" —preguntó Leo sin apartar la mirada del libro—. "Nunca lo hubiera adivinado por la forma en que la caja de jugo muggle te dio problemas en nuestra cocina la semana pasada. También había instrucciones, aunque estaban pensadas para un niño con la mitad de mi edad."
Ron se sonrojó, frunciendo el ceño a su hermano, y Aurora se acercó y le dio una palmadita en la espalda.
"Entonces, ¿adónde se dirigirán primero?" —preguntó Sirius. "¿A buscar la copa? ¿El guardapelo?"
"Lejos de cualquier lugar en el que un Carroñero pueda pensar en buscarnos" —respondió Draco—. "Probablemente empecemos por ahí."
"¿Kreacher ha dicho algo?" Harry le preguntó a su padrino, quien sacudió la cabeza con tristeza.
"Jura una y otra vez que ya no lo tiene. Que lo tenía, que intentó destruirlo, pero fue imposible. Y que un día, cuando estaba en el mercado, el guardapelo había desaparecido". Sirius se encogió de hombros. "Apostaría por Mundungus, pero es casi imposible decirlo con seguridad. Nadie lo ha visto ni ha sabido nada de él desde hace algún tiempo".
"Así que probablemente lo robó", dijo Draco con una mueca de desprecio.
"Sí" —convino Sirius—. "Y si lo que dice Ginny sobre los efectos de un Horrocrux es cierto, no quiero saber qué podría pasar si cae en las manos equivocadas."
Se quedaron en silencio por un momento, la pesadez los envolvía.
"¿Creen que Ya-Saben-Quién sigue buscando a Harry?" —preguntó Ron pensativamente.
"Por lo que sabemos, lo está haciendo" —respondió el profesor Lupin—. "Pero no tan intensamente."
"Uno podría argumentar que es mejor que se vayan antes del primero de septiembre, pero si están vigilando el tren, podría funcionar a su favor esperar" —dijo Sirius.
"Porque la ley que requiere que todos los sangre pura y mestizos en edad escolar vayan a la escuela." Draco asintió.
"Exactamente. Y si están dispuesto a esperar, a Severus se le ocurrió una idea sobre cómo distraerlos."
1 de septiembre de 1997
Aurora se sentó en un banco justo afuera de la barrera del andén nueve y tres cuartos, con Leo a su lado.
"¿Tienen todo?", preguntó.
"Sí, madre", se burló Draco detrás de ella con una voz que no era la suya. Había tomado la forma de un muggle alto y delgado con acento escocés.
"Papá, Fred y George nos ayudaron a preparar la maleta", dijo Ron, sonando completamente molesto en su voz extremadamente profunda. Era de espalda ancha, piel oscura y mucho más atractivo en esta forma muggle, pensó Aurora, aunque no lo dijo. Estaba inclinado hacia adelante, fingiendo leer el periódico.
Harry, que estaba al lado de Draco, luciendo como un rubio con cara de bebé, agregó: "Estaremos bien, Rory".
Mientras estaban sentados, Harry Potter atravesó la barrera, con la cabeza en alto. Ella notó que dos hombres se movían hacia la barrera, tratando de parecer casuales. Se acercaron un poco más, claramente confiados en que atraparían a Potter una vez que pasara.
Ronald Weasley atravesó la barrera con Ginny, y los dos hombres que seguían a Potter parecían más confiados ahora.
"Maldita sea, eso fue extraño", dijo Ron detrás de ella.
"Sí", asintió Harry, mirando como Draco Malfoy atravesaba la barrera. "Nos vamos. Cuídense los dos. Cuídense todos ustedes".
"Ustedes también. Nos vemos en un par de meses", dijo ella, poniéndose de pie, haciendo señas a Leo para que hiciera lo mismo. Él se levantó, ninguno de los dos tenía baúles de los que preocuparse. Su padre los había recogido la noche anterior, dejando la Poción Multijugos al mismo tiempo. Dependía de los chicos encontrar cabello muggle que usarían para fingir que estaban esperando un tren.
Mientras ella y su hermano se dirigían a la barrera, ella dijo en voz baja: "Vas a tener que evitarme".
"Tengo oídos, Aurora, sé muy bien que es por mi bien no alinearme con nadie". Después de un momento, dijo en voz baja: "Voy a estar solo de todos modos".
Su corazón se dolía por él, por no tener a su única amiga a su lado. Ella puso su brazo alrededor de él, dándole un apretón antes de que pasaran a través de la barrera. Dirigiéndose hacia el tren, se separaron con un movimiento de cabeza, Leo se dirigió a un extremo, Aurora al otro. Ginny la estaba esperando, George de pie en las sombras, todavía con la ropa de Ronald, el frasco del antídoto Multijugos todavía en su mano.
"¿Dónde están Fred y Bill?" preguntó en voz baja.
"Bill tuvo que esquivar a algunos Slytherins, lo perdí de vista. Fred se veía un poco verde después de que se transformó de nuevo. Creo que algo en el antídoto les cayó mal".
"Suban al tren, ustedes dos", dijo George, sonando como si estuviera resfriado. "Fred y Bill no querrían que se demoraran en las despedidas".
Aurora asintió, dándose cuenta de que estaba siendo tonta y esperando solo eso: una despedida, prolongada o no. Subió al tren con Ginny, mirando por encima del hombro con la esperanza de ver a Fred.
Dejó que su amiga la guiara a través del tren y sonrió cuando vieron a Luna. La rubia saludó con la mano, le dijo algo a la persona sentada frente a ella y el corazón de Aurora se le cayó al estómago. Sabía quien estaba allí, solo por lo que había oído. Bueno, no era como si no fueran a estar uno frente al otro eventualmente.
A medida que se acercaban, Neville se puso de pie, dejando que Ginny se deslizara hacia el asiento junto a él. Miró a Aurora fugazmente, repetidamente, pero no hizo nada más que saludar.
"Hola, Aurora. ¿Cómo estuvo tu verano?", preguntó Luna con una sonrisa.
"Bien", respondió. "Tranquilo, considerando todo".
"¿Tú y Leonidas escaparon de la boda con los gemelos? Papá me aseguró que te vio con ellos antes de que todo saliera mal, pero quería estar segura".
Ella asintió. "Fred nos sacó de allí. George... George estaba herido".
"Pero no tan terriblemente" —les recordó Ginny—. "Perdió una oreja y ahora hace bromas sobre eso cada vez que puede."
"¿Qué pasó?" —preguntó Neville, volviéndose hacia Ginny en busca de respuestas.
"Los mortífagos atacaron" —dijo Ginny, y Aurora sacó su varita para lanzar un Muffliato a su alrededor.
"Bill, nuestro hermano mayor, se casó. Ya sabíamos que el Ministerio caería ante los mortífagos esa noche, pero querían seguir adelante de todos modos. Después de que el Ministerio cayera, vinieron a la Madriguera, buscando a Harry. El padre de Rory nos dijo qué esperar y casi todos salieron. A los que no lo hicieron se les preguntó si habían visto a Harry, pero como estaba disfrazado, nadie lo había visto."
"Sin embargo, me vieron" —confesó Aurora—. "Alguien me reconoció del Ministerio."
"¿Qué pasó?" —preguntó Ginny.
Aurora se encogió de hombros. "Podría haber sido el que yo derribé o el que Fred derribó. De cualquier manera, salimos. Y si descubrieron quién era yo, papá nunca dijo nada".
Neville parecía querer hacerle una docena de preguntas y aun así ignorarla de golpe. Entonces se dio cuenta de que sería un viaje en tren largo e incómodo.
—L—
Solo en el compartimento, Leo se acomodó en ese asiento, lo más apartado que pudo en la esquina, con la esperanza de que si alguien lo veía, no supiera quién era. O no le importara, cualquiera de las dos cosas le parecía bien.
Una vez acomodado, metió la mano en su bolsillo y sacó una hoja de papel muggle, las líneas ya descoloridas, los pliegues donde estaba doblada ya suavizados y amenazando con deshacerse. Tendría que ponerle un encantamiento fortificante pronto.
La había notado en una pila de correo en la cocina de la Cabaña Eyre cuando habían ido allí después de la invasión de la Madriguera. Su nombre estaba escrito en una letra prolija y hermosa, con un sello postal muggle en la esquina. Supo al instante de quién era y estaba ansioso por leerla. La releía a diario, a veces más de una vez, tratando de sacar de ella toda la fuerza y consuelo que pudiera.
Leo,
Cuando recibas esto, me habré ido. No regresaré a Hogwarts. Tu padre vino a nuestra casa el otro día y les explicó a mis padres lo que estaba pasando y el peligro que mi familia y yo corríamos. Dijo que había consultado ese libro y vio los nombres de mis hermanos menores allí también. No estoy segura de cómo funciona, y sé que mis padres no lo entendieron, pero él recomendó que huyéramos.
Mis padres tienen familia en Nueva Zelanda, así que ahí es a donde nos dirigimos. Esperamos que sea lo suficientemente lejos, no sabemos qué más hacer.
Pero sé que no vamos a regresar. Esta guerra ha asustado a mis padres lo suficiente como para que no quieran regresar. No entienden cómo tenemos magia, y aunque entienden que es lo mejor para nosotros aprender a controlarla, no creen que Hogwarts sea la mejor opción. Voy a extrañar la escuela, pero realmente te voy a extrañar a ti.
Por siempre tu amiga,
Jane
Leo volvió a doblar la carta, negándose a creer que ahora, en este preciso momento, se le estaban llenando los ojos de lágrimas. Estaba feliz de que ella se hubiera ido, aunque sólo fuera por el hecho de que no tendría que soportar la investigación que estaba destinada a suceder. Estaría a salvo y aprendería sobre la magia lejos del peligro.
Las puertas del compartimento se abrieron y Leo levantó la vista para ver entrar a un grupo de alumnos mucho mayores. Los miró con cautela. Estaba bastante seguro de que todos eran Slytherins, aunque no sabía si eso era bueno o malo. No sabía si eran amigos de Draco o no. A pesar de saber que no tendría ninguna oportunidad tres contra uno con estudiantes de su misma edad, y mucho menos mayores, llevó su mano hacia su varita de todos modos.
"Snape", dijo uno, y Leo giró la cabeza lo suficiente para mirar al chico que habló. "¿Estás bien?"
"Bien", respondió Leo, un poco bruscamente.
"Bien", respondió la chica. "Estamos aquí para que siga siendo así."
"¿Los envió mi padre?" —dijo Leo con una mueca, y la diversión de ellos solo lo hizo enfadarse más.
"No" —respondió el otro joven sentado a su lado—. "Pero le debo mucho. Soy Theo, Theodore Nott. Ese es Blaise y esa es Daphne. También somos amigos de Draco."
"Bueeeenooo" —dijo Blaise, ganándose un golpe de Daphne.
"Lo somos" —dijo entre dientes—. "¿Cómo puedes seguir actuando así después de todo lo que te dijo Theo?"
"Porque mi desdén no se debe a prejuicios" —replicó Blaise, enderezándose el cuello—. "Es por una absoluta falta de refinamiento."
"Prejuicios" —contraatacó Daphne.
"No" —replicó él—. "Es refinamiento. Si puedes presentarme a un nacido de muggles con clase, que no actúe como un bufón y sepa vestirse con sensatez, estaré encantado de conocerlo. Tomemos a los Weasley, por ejemplo. Los gemelos, siempre que están en el Callejón Diagon, se ven bien arreglados. Ginevra es encantadora, aunque un poco marimacha. Pero mira a Ronald…"
"Sí, bueno, no todos crecimos bien financiados", replicó Theo, sacudiendo la cabeza.
"No entiendo", dijo Leo.
Daphne sonrió y, por primera vez en toda su vida, Leo casi se sonrojó al ver a la linda chica que le sonreía. "Todo lo que estamos diciendo es que somos amigos de Draco. Y entonces, cualquier amigo de Draco es un amigo nuestro. Eso incluye a tu hermana, pero parece tener suficiente gente a su alrededor en este momento".
Leo parpadeó cuando se dio cuenta de lo que estaban diciendo.
"¿Por casualidad tienes algo que alivie la comezón?" —le preguntó Theo, mirándolo de reojo—. "Una cosa es mantener a raya el dolor con Oclumancia, pero la comezón parece absolutamente imposible de controlar. Podría destrozarme el brazo izquierdo si no me aplico algo."
"Podría tener algo que te sirva" —respondió Leo.
—A—
El tren avanzaba lentamente y todos estaban en silencio. Casi todo el tren se sentía en silencio. Aurora supuso que la mayoría de ellos no querían estar allí y no podía culparlos. El Ministerio cayó, había una guerra. Muchos de ellos tenían familiares o amigos que estaban huyendo. Era extraño ver a Seamus sin Dean, no ver a Colin Creevey rondando cerca.
Ginny estaba callada, posiblemente pensando en Ron o en su familia. Tenía una arruga de preocupación entre las cejas y se había estado mordiendo el dedo durante al menos media hora. Luna estaba leyendo a Beedle el Bardo, demasiado absorta en el cuento de hadas como para ser molestada.
Neville estaba mirando por la ventana y lo había estado desde que el tren comenzó a moverse. No es que pensara que le hablaría de todos modos, pero el silencio estaba empezando a afectarla.
Se estremeció, luego frunció el ceño, inclinándose hacia el espacio de Ginny lo suficiente como para que ella saliera de su ensoñación. Después de un momento de desconcierto, Ginny agachó la cabeza e intentó ver lo que había visto su compañera de asiento.
El tren se detuvo lentamente, pero no había forma de que ya hubieran llegado. La vista desde la ventana mostraba la campiña; no estaban cerca del castillo.
"¿Qué está pasando?", preguntó alguien en el compartimento, pero nadie respondió.
—L—
"¿Por qué se detuvo el tren?" —preguntó Leo.
"Probablemente sólo un animal en las vías" —respondió Blaise, hojeando una revista—. "Nada de qué preocuparse."
Daphne intentó darle una sonrisa tranquilizadora, pero Leo se dio cuenta de que, con o sin un animal en las vías, no era normal.
La puerta del compartimento se abrió de golpe, nada como lo haría la bruja del carrito, y dos hombres que ciertamente no trabajaban en Hogwarts se asomaron al interior.
"¿Qué quieres, Dolohov?" —dijo Theo en un tono aburrido—. "Se supone que debo estar en la escuela, ¿recuerdas?"
El hombre frunció el ceño, y luego estaba a punto de darse la vuelta cuando vio a Leo. Intrigado, comenzó a acercarse sigilosamente, y Leo no se perdió la forma en que el mago tenía su varita en la mano.
"Si sabes lo que es bueno para ti, nos dejarás en paz. Ahora" —dijo Theo, mirando fijamente a los magos. "Él está conmigo."
El mago no dijo nada, pero cuando se fue, miró por encima del hombro y le sonrió a Leo, lo que le provocó un escalofrío de terror en la espalda.
—A—
Poco después de que el tren se detuviera, se hizo evidente que los mortífagos habían subido. Estaban caminando alrededor del tren, y se hizo evidente en el momento en que agarraron por la barbilla a un chico de cabello oscuro a quien buscaban.
Aurora miró a Ginny, preguntándose si ella tenía la misma preocupación desgarradora de que los gemelos y Bill hubieran sido atrapados. Pero Gin estaba tranquila, y Aurora sabía que estaba siendo paranoica. Había visto a los mortífagos en la estación morder el anzuelo.
"Oigan", dijo Neville, poniéndose de pie para salir y bloquear el pasillo. "¡Perdedores! Él no está aquí".
"¿Sí? No creo que vayamos a creer en tu palabra, muchacho", dijo el mayor con canas en la barba, poniéndose frente a la cara de Neville antes de darle un pequeño empujón.
"¿Aceptarás la mía?" —preguntó, levantándose para estar al lado de Neville en el pasillo, cuadrando los hombros y levantando la barbilla. Los mortífagos la miraron y ella arqueó la ceja como lo haría su padre—. "No está en este tren. Harry Potter, aunque quizás carezca de un gran intelecto, es plenamente consciente de que lo estarían buscando. Díganme, caballeros, si estuvieran huyendo de la policía, ¿subirían a un tren al que todos esperarían que subieran?
"Es obligatorio ir a la escuela."
"Oh, sí. Tienes toda la razón, ¿cómo podría olvidarlo? Por supuesto que él dejaría de huir y regresaría rápidamente para ir a la escuela. Porque un criminal siempre sigue las reglas, ¿verdad?"
"¿Y quién te crees que eres, hablándonos así?" —dijo el más joven, agarrándola del hombro con rudeza desde atrás. Ella ensanchó las fosas nasales.
"Alguien de quien te vas a arrepentir de haber maltratado si no paras ahora mismo. Alguien más puede haber dicho que su padre se enteraría de esto, pero te garantizo que el mío lo hará. Y si sabes lo que te conviene, quitarás tu mano de mi persona en este instante y abandonarás este tren."
El mortífago que la tenía agarrada la giró bruscamente, levantando la mano.
"¡Detente!" dijo el mayor. "Suéltala".
"Creo que necesita una lección".
"Si la tocas, seremos nosotros los que recibamos la lección. Todavía recuerdo lo que Snape le hizo a Macnair en la Mansión hace veinte años. Eso fue lo que hizo cuando el Señor Oscuro le permitió repartir castigos solo por acusarlo".
El que la tenía agarrada frunció el ceño y luego la miró. "Demasiado bonita para ser la hija de Snape".
"Me parezco a mi madre", replicó Aurora. "Ahora", pellizcó la manga del mortífago entre sus dedos y levantó su mano de ella, "creo que tenemos una educación a la que llegar. Odiaría pensar que el futuro del mundo mágico terminará tan estúpido como tú pareces ser".
"¿Cómo te atreves…?" —le dio un revés rápidamente, con la fuerza suficiente para partirle el labio.
"¡Idiota!" —dijo el mayor, agarrando a su compañero con rudeza. Aurora los vio salir del tren mientras se limpiaba la sangre de la comisura de la boca. Le dolía muchísimo y su mano temblaba un poco a medida que la adrenalina abandonaba su cuerpo. Se le humedecieron los ojos, pero eso fue todo lo que les permitió hacer mientras se giraba para volver a sentarse dentro del compartimento. Momentos después, el tren comenzó a moverse de nuevo.
"Eso fue estúpido" —la reprendió Ginny, conjurando un pañuelo y entregándoselo a Aurora.
Se secó el labio hinchado—. "Tal vez, pero los hizo bajar del tren, y lo hizo antes de que te vieran. O intentaran torturar a alguien. A cualquiera."
"¿Tu padre realmente va a hacerle algo a ese hombre por golpearte?" —preguntó Luna, girando suavemente la cabeza de Aurora para poder examinar la herida.
"Puede que no tenga otra opción si reporta lo sucedido" —dijo Aurora—. "Y querrá saber cómo sucedió. Algo me dice que no me creerá si le digo que tropecé en la plataforma y me caí."
"¿Por qué le mentirías?" preguntó Neville en el mismo tono que usó con los mortífagos. "¿Por qué encubrirías lo que pasó?"
"Porque no disfruta torturando a la gente", replicó Aurora.
"Podría hacerlo en este caso", reflexionó Ginny.
"O podría reprenderme por actuar de la manera en que lo hice".
"Sonabas diferente", notó Luna mientras soltaba la cabeza de Aurora. "Me recordaste un poco a los Slytherin".
"Es como siempre escuché a mi madre hablar cerca de la tía Cissy, usaba las mismas inflexiones".
"Bueno, funcionó, eso es seguro", dijo Ginny antes de fruncir el ceño. "Tu labio se habrá hinchado bastante para cuando lleguemos a Hogwarts".
Neville suspiró, luego agarró su taza de té que se estaba enfriando. "Glacius" —dijo, golpeando la taza con su varita. Luego le quitó el pañuelo de la mano y vertió el té congelado en él—. "Toma" —dijo, sin mirarla realmente mientras cerraba el paño y se lo entregaba.
"Gracias" —dijo ella, presionándolo contra su labio, haciendo una mueca de dolor cuando el frío acentuó el dolor. Sintiendo que la observaban, levantó la mirada y encontró a Seamus y Lavender frunciéndole el ceño confundidos mientras pasaban por el compartimento. Y tal vez, con más comprensión de la que Aurora se atrevía a creer que tenían.
—S—
Había mucho menos gente de lo que recordaba. El Gran Comedor, normalmente lleno de conversaciones, risas y emoción, era un evento solemne. La mayoría de los estudiantes de tres de las Casas lo miraban con cautela, pero no dejó de notar cómo Aurora estaba recibiendo algunas miradas extrañas de su propia Casa. Y, sorprendentemente, no eran hostiles. También vio el feo corte y moretón en su labio y quería averiguar quién diablos era responsable de golpearla. Quienquiera que hubiera sido iba a enfrentar un castigo cruel, ciertamente no los benignos que ya había planeado.
Minerva acababa de tomar su lugar, la selección de los primeros años, solo un tercio de lo que habían sido anteriormente, ya había terminado.
Se levantó y miradas de desdén se dirigieron hacia él.
"Me gustaría darles la bienvenida a otro año en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Como siempre ha sido el caso, el Bosque Prohibido está fuera de los límites para los estudiantes. El señor Filch tiene una lista de artículos prohibidos publicada fuera de su oficina, y no se permite la magia en los pasillos. Además, el toque de queda se cumplirá estrictamente. Cualquiera que sea sorprendido fuera de sus dormitorios después del toque de queda se encontrará en detención. Cualquiera que sea sorprendido rompiendo las reglas, desobedeciendo a los maestros, o simplemente… saliéndose de la línea… será castigado con una detención, que asignaré de acuerdo con la gravedad de la infracción. También tenemos cambios de personal este año. Para Artes Oscuras, tendremos al profesor Amycus Carrow. Estudios Muggles será impartida por la profesora Alecto Carrow, y Pociones será dada por la profesora Helga Nikola. Cuando terminen de comer, pueden regresar a sus dormitorios", dijo, examinando a la multitud una vez más, notando que su hijo no estaba siendo rechazado por sus compañeros de Casa, incluso si todavía parecía bastante solo. "Comiencen".
El banquete apareció en las mesas, y el zumbido de los estudiantes charlando y reuniéndose finalmente rompió el silencio.
"Todavía no entiendo por qué te encargaras de lidiar con los traidores de la sangre y malhechores tú mismo" —se quejó Alecto entre él y Hermione—. "Estás demasiado ocupado y eres demasiado importante…"
"Por mucho que te gustaría ponerte poética sobre las muchas razones por las que no debería dirigir la escuela, es precisamente para lo que me han puesto. Si voy a tener el control sobre esta escuela, si voy a mantener a los estudiantes a raya, entonces debería ser yo quien se ocupe de las minucias. Tú y Amycus son los únicos que parecen oponerse realmente a esto. Odiaría informar a nuestro Señor que eres incapaz de seguir instrucciones" —dijo imperiosamente, arqueando una ceja hacia ella.
Alecto se sonrojó y el rostro alterado de Hermione hizo una mueca de disgusto antes de volver a su sopa.
"Obedeceré, ya que la palabra del Señor Oscuro nos llega a través de ti. ¿Extrañas a tu esposa, Severus?" —preguntó ella, mirándolo mientras agitaba sus pestañas.
"No" —dijo rotundamente. —"No lo hago. Es difícil extrañar lo que no se ha ido nunca."
"Ella sigue viva en tu corazón y siempre lo hará. Pero estoy segura de que querría que siguieras adelante" —dijo Alecto, y su hermano pronunció su nombre en un tono bajo de advertencia.
Minerva resopló.
"Ella lo querría, y tal vez yo lo haga" —dijo, mirando a Helga.
Alecto lo vio, la pequeña sonrisa que tenía desapareció de su rostro mientras volvía a concentrarse en su comida.
Severus suspiró. Ya le estaba dando dolor de cabeza y el año escolar apenas había comenzado.
Nota de la autora: Espero que no me odien por la gran cantidad de muertes de personajes en el último capítulo. Para compensarlo, ¡aquí hay otro! Aunque puede que tarde un poco en traer el próximo.
Nota de la traductora: este es un capítulo que de nuevo nos permite ver las diferencias causadas al canon por el viaje de Hermione. No puedo imaginar lo difícil que debió haber sido para Severus en canon esa llegada a la escuela como director. En cambio, en esta realidad, aunque pueda ser difícil, no esta solo. De hecho está muy bien acompañado de su querida esposa con quien no tiene problemas en hacer el frutifantastico en la oficia del director, yo lo que no puedo dejar de pensar es en las caras de los cuadros XD
Y hablando de caras, por muy molesto que sea el cuadro de Dumbledore me da gusto que lo tengamos para que pueda ver como Severus tenía sus propios planes y la Orden no solo está informada, sino que activamente está participando en ellos.
Da tristeza que Leo perdiera a su amiga, pero al menos ella estará a salvo y por otro lado, me da gusto que por medio de él van apareciendo más Slytherins, que a veces el fandom olvida que en la Casa hay más gente que Draco y sus amigos del canon ¬¬
Me gustó mucho la preparación de los chicos y como manejaron la huida y el esconderse a plena vista, así como la intervención de Aurora en el tren. Ustedes que opinan?
Por último me dio risa la nueva pretendienta de Severus primero Umbridge, ahora Alecto, y luego Hermione dice que no es todo un rompecorazones XD Nos leemos pronto!
