Era un martes tranquilo, y la noche se desplegaba en un manto de calma. Las calles de la ciudad estaban desiertas, iluminadas solo por las luces tenues de los faroles que luchaban contra la oscuridad y el frío que se asentaba en el aire, propio de los meses cercanos a la Navidad. Tadashi Hamada apareció en su ciclomotor, una vieja Vespa adornada con varias mejoras caseras, que rugía suavemente al girar la esquina. Con un movimiento experto, detuvo la moto frente a una casa con fachada de cafetería, que exhibía un toque del estilo japonés característico de la ciudad. En el centro de la fachada, un letrero de neón, con las luces apagadas, proclamaba:Cat Café Lucky.

- Hogar, dulce hogar - Murmuró Tadashi con una sonrisa en el rostro, mientras se quitaba el casco y lo colgaba del manubrio del ciclomotor.

Al entrar en la casa, encontró a su tía Cass inmersa en la tarea de limpiar la cafetería después de un largo y agitado día de trabajo. Había atendido a una avalancha de clientes hambrientos que habían llenado el local. Cass no notó la llegada de su sobrino; estaba demasiado ocupada llevando una montaña de platos hacia el lavaplatos de la cocina. Mientras acomodaba los platos, un vaso de cristal, precariamente equilibrado sobre la pila, comenzó a deslizarse hacia el borde.

El corazón de Cass dio un brinco al ver el vaso caer, y su expresión de cansancio se transformó en una mezcla de terror y resignación. Pero, justo antes de que el vaso tocara el suelo...

- ¡Por poco! - Exclamó Tadashi con un tono divertido, atrapando el vaso en el aire con agilidad - Deja que te ayude con eso, tía.

Sin esperar respuesta, Tadashi tomó algunos platos de las manos de su tía y los llevó hacia la cocina. Ambos caminaron hasta el lavaplatos, y Tadashi empezó a lavar los platos mientras Cass colocaba los demás a su lado. Con un suspiro, Cass se permitió un momento de descanso, apoyándose en el borde de la mesa antes de acercarse a su sobrino y darle un cálido abrazo. }

- Gracias, Tadashi - Dijo Cass, con una sonrisa cansada pero llena de afecto.

- No hay de qué, tía. Pero, por favor, no cargues tantos platos… ya no estás...

- Ni se te ocurra decir que estoy vieja, jovencito - Lo interrumpió Cass, levantando un dedo acusador justo frente al rostro de Tadashi. Él retrocedió un poco - Iba a decir que no… cargaras tantos platos a altas horas de la noche - Replicó Tadashi con una sonrisa traviesa y un tono burlón.

Cass esbozó una sonrisa mientras seguía limpiando la estufa de la cocina. Ambos continuaron con la limpieza en silencio, concentrados en sus tareas.

- ¿Y qué hiciste ayer? - Preguntó la tía Cass, con evidente curiosidad, pero también con un tono de seriedad, como si esperara algo más de la respuesta de su sobrino. Tadashi, mientras frotaba los platos con la esponja, levantó la vista hacia su tía.

- Bueno, terminé de programar el sistema de arranque de mi escáner. Go Go me ayudó a resolver un problema que tenía con la suspensión de un servo-esqueleto, y luego salimos a comer algo juntos - Explicó Tadashi con calma, sin dejar de limpiar los platos con el jabón líquido verde. Cass sonrió al escuchar sobre la vida ocupada de su sobrino.

- ¿Y entonces tu y Go Go están saliendo? - Preguntó Cass con un toque de picardía en la voz, mientras continuaba limpiando la grasa de la estufa. Tadashi simplemente esbozó una sonrisa cómplice, llena de esa energía juvenil.

- ¿Acaso me estas interrogando? – Cuestiono Tadashi con una evidente calma burlona en su voz.

- Es simple curiosidad querido sobrino, simple curiosidad – Decía la tia Cass junto con una calma burlona.

De repente, un estruendo metálico resonó desde la cochera, lo suficientemente fuerte como para sorprender a Cass y Tadashi. Ambos se quedaron quietos, con la sorpresa reflejada en sus rostros.

- ¿Qué fue eso? - Preguntó Cass, con una mezcla de curiosidad y un leve pánico en su voz. Tadashi levantó la vista en dirección al ruido.

- ¿Hiro mencionaría que estaria en la cochera? - Preguntó Tadashi con la misma curiosidad que Cass, alejándose del lavaplatos y dejando a un lado el jabón.

- Ahora que lo dices, Hiro sí mencionó que estaría en la cochera después de la escuela - Respondió Cass, recordando lo que su sobrino más joven le había dicho en la tarde. Entendiendo la situación, Tadashi se dirigió a la puerta que conducía a la cochera.

- Voy a ver qué pasa; espero que no se le esté quemando el cerebro - Comentó Tadashi con un tono calmado y una sonrisa burlona. Cass asintió, con una sonrisa divertida, y volvió a concentrarse en terminar de limpiar lo que quedaba en la cafetería.

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Al entrar en la cochera, Tadashi notó el ligero desorden del lugar, el auto cubierto por una vieja lona antipolvo y el caos típico de los proyectos de Hiro. Herramientas, chatarra y varios inventos a medio terminar estaban esparcidos por el espacio. Caminó hacia un escritorio cercano, cubierto de piezas sueltas y dispositivos extraños, donde notó un guantelete de diseño algo rudimentario, pero con tecnología evidentemente avanzada. Mientras extendía la mano para examinarlo más de cerca, un estruendo metálico detrás de él lo hizo girar de inmediato. Varios objetos cayeron al suelo, y Tadashi se encontró con la mirada alegre de su hermano menor, Hiro, que cargaba una tapa de metal, claramente tomada de un basurero cercano.

- ¡Hola, Tadashi! - Exclamó Hiro con entusiasmo, ignorando el ruido que había causado. Colocó la tapa sin mucho cuidado sobre el escritorio, justo al lado del guantelete.

- Sabes, hermanito, cuando te hablé de "impactar positivamente", no me refería a robar la mitad de las tapas de basureros del vecindario - Comentó Tadashi, con una sonrisa burlona, mientras tomaba la tapa y la inspeccionaba antes de dejarla nuevamente sobre el escritorio.

- No pienses mal, hermano. Estas tapas son parte de la prueba número cinco de mi proyecto - Explicó Hiro, lleno de emoción, mientras tomaba el guantelete y lo sostenía con orgullo. Tadashi, curioso, levantó una ceja - ¿Prueba número cinco? - Preguntó Tadashi, intrigado, sin quitarle la vista de encima al guantelete.

Mientras Hiro se preparaba, Tadashi notó otros guanteletes más desgastados y quemados esparcidos sobre la mesa. Era evidente que los primeros intentos de Hiro no habían salido como esperaba, probablemente debido a alguna mala conexión en el mecanismo. Aun así, la dedicación de Hiro era innegable, y Tadashi no pudo evitar sentirse orgulloso por su hermano.

Hiro, con una sonrisa llena de entusiasmo, se colocó el guantelete en la mano derecha y luego se puso unos goggles de estilo soldador, con cristales de un inusual tono morado, que le daban un aire de científico loco inexperto. La imagen de su hermano menor, vestido de esa manera, era una mezcla perfecta de ingenio y caos juvenil.

- ¿Y el look a lo Frankenweenie es por...?

Tadashi se inclinó hacia adelante, la sonrisa juguetona en su rostro iluminado por la luz tenue que se filtraba a través de una ventana polvorienta. La cochera estaba un caos ordenado, con herramientas esparcidas por todas partes, y un aroma a aceite y metal en el aire. Hiro, con el único guantelete ajustado en su mano derecha, soltó una risa sin mucho entusiasmo mientras intentaba esconder su nerviosismo.

- ¡Ja, ja, qué gracioso! - Respondió Hiro, fingiendo una risa mientras movía cables y ajustaba el guantelete – Es un atuendo normal de ingeniero – Respondió con una leve molestia en su voz.

Hiro estaba a punto de mostrar algo que prometía ser tan impresionante como potencialmente peligroso. Tadashi estaba más que listo para ver qué ocurriría, sus ojos brillando con una mezcla de curiosidad y admiración fraternal.

- Pero bueno, supongo que ahora te preguntas en qué estuve trabajando todo este tiempo - Dijo Hiro, su voz llena de entusiasmo.

- A decir verdad, creo que tengo una idea desde que vi las bobinas y el controlador de potencia en el guante... pero prefiero que tú me los digas, hermanito - Explicó Tadashi, mientras la sonrisa de Hiro se hacía más evidente - Entonces déjame enseñarte a detalle lo que puede hacer mi invención - Continuó Hiro, con un orgullo palpable en su voz, mientras se colocaba un cinturón con baterías ligeras. Con precisión, conectó un cable del guantelete al cinturón, y las luces LED del guantelete comenzaron a brillar en un vibrante color morado neón.

- Ahora solo tengo que mover el controlador de potencia y...

Hiro presionó un botón en el panel del guantelete. Un zumbido eléctrico llenó la cochera, y las bobinas del guantelete comenzaron a iluminarse con un resplandor morado. Las tapas de metal dispersas por la mesa de trabajo comenzaron a temblar, como si tuviesen vida propia.

Hiro sonrió con satisfacción al ver las tapas de metal en movimiento. Con un gesto confiado, apuntó ambas palmas de sus guanteletes hacia las tapas de metal que había recogido del vecindario. Las tapas comenzaron a levitar lentamente en el aire, envueltas en un aura morada que parecía bailar al ritmo de las ondas electromagnéticas.

- ¿Qué opinas, bro? - Preguntó Hiro con un tono de evidente confianza.

Tadashi estaba asombrado, viendo cómo su hermano controlaba el magnetismo con una habilidad impresionante. Las tapas de metal flotaban en el aire, y cada movimiento de Hiro parecía hacerlas bailar con gracia.

- ¡Hiro, es asombroso! - Exclamó Tadashi, su entusiasmo y asombro no disimulados mientras observaba la invención de su hermano pequeño.

Hiro sonrió ante el cumplido, y en un gesto de agradecimiento, se llevó una mano, se trataba de la mano la cual tenia su guantelete, a la nuca para rascarse la pena - Je, gracias – Decía Hiro con notable agrado por el comentario de su hermano mayor.

Pero al hacer el movimiento de manera rápida, el guantelete hizo que las tapas de metal se dispararan de forma caótica, rebotando contra las paredes y objetos en la cochera. Las tapas chocaban con un estrépito, y los hermanos Hamada se agacharon rápidamente para esquivar los proyectiles metálicos.

- Aún tiene detalles que afinar, hermanito - Comentó Tadashi con un tono burlón, esquivando las tapas errantes que seguían rebotando por la cochera.

- Sí... Lo bueno es que no viste mi prueba número dos - Admitió Hiro, sonrojado por la pena de sus anteriores pruebas, mientras se quitaba los goggles y los dejaba debajo de su barbilla. En un movimiento inconsciente con su guantelete aun puesto, hizo que las últimas tapas de metal cayeran con un golpe seco al suelo, algunas incluso se clavaron en el concreto.

Rápidamente, Hiro desconectó los guanteletes del cinturón de baterías. Algunas de las tapas de metal permanecieron inmóviles en el suelo, mientras la cochera se calmaba lentamente.

Después de que el caos se disipó, Tadashi y Hiro se levantaron del suelo, observando el desorden de las tapas de metal. Ambos permanecieron en silencio por un momento, hasta que Hiro rompió el silencio con un comentario.

- Sin dudas, fue mejor que mi prueba número dos.

El comentario de Hiro, acompañado de su expresión de evidente incomodidad, provocó una risa estruendosa en Tadashi. Pronto, la risa contagiosa se convirtió en un momento de alegría compartida entre los dos hermanos. La cochera, a pesar de su estado de desorden y caos, parecía acoger la calidez de su vínculo especial, y los ecos de su risa llenaron el espacio como una melodía familiar.

- Has hecho un trabajo fenomenal, Hiro - Dijo Tadashi, colocando una mano en el hombro de su hermano con afecto. Hiro sonrió ampliamente, sintiendo el apoyo y el aprecio de su hermano mayor.

- Gracias, Tadashi - Respondió Hiro con una sonrisa llena de gratitud. Pero en medio de la celebración, Hiro notó algo curioso. Su expresión de confusión era palpable y pronto fue evidente para Tadashi.

- ¿Qué pasa, Hiro? - Preguntó Tadashi, observando la expresión de desconcierto en el rostro de su hermano y su búsqueda frenética por la cochera.

- Había traído siete tapas de metal, pero en el suelo solo hay cinco - Explicó Hiro, frunciendo el ceño mientras examinaba el área desordenada - Qué extraño, ¿dónde estarán las demás?

Justo en ese momento, un estruendoso clamor resonó desde arriba. Ambos hermanos miraron hacia el techo, y con asombro vieron las dos tapas restantes, incrustadas de manera cómica en el techo de la cochera. Una de las tapas cayó de repente al suelo, dejando solo una todavía incrustada.

- Bueno, ya resolvimos dónde estaban las tapas faltantes - Comentó Tadashi con tono burlón, mientras seguía observando las tapas incrustadas en el techo con una mezcla de impresión y diversión.

- Sí, parece que tenemos un pequeño problema de ubicación - Respondió Hiro, con una sonrisa divertida, mientras una nueva tapa caía al suelo con un sonido metálico - Creo que debemos limpiar todo este desastre antes de que tía Cass entre a la cochera - Continuo Hiro, mirando alrededor con un gesto preocupado.

- Buena idea - Asintió Tadashi, aún sonriendo ante la hilaridad de la situación. Hiro se dirigió rápidamente hacia el rincón de la cochera donde guardaban las escobas y recogedores. Comenzó a barrer los pedazos de cristal esparcidos por el suelo, mientras Tadashi lo ayudaba, riendo de vez en cuando al recordar la escena.

Los hermanos trabajaron juntos en silencio, intercalando comentarios humorísticos y miradas cómplices mientras limpiaban el desorden. La cochera pronto empezó a parecerse a su estado habitual de desordenado pero familiar. Con cada pedazo de cristal recogido y cada rastro de desorden eliminado, la sensación de camaradería entre los hermanos se fortalecía, y la cochera volvía lentamente a su orden, lista para recibir la inevitable llegada de la tía Cass.

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Lejos del acogedor establecimientoCat Café Lucky,la noche se desplegaba en calma, salpicada por las luces tenues de los postes de luz cercanos. En este ambiente tranquilo, caminaban Honey Lemon y Go Go Tomago, esta última cargando una bolsa que parecía estar llena de comida.

- Qué buena suerte queBob's Big Boyaún estuviera abierto - Comentó Honey Lemon con su habitual tono alegre, una chispa de entusiasmo en sus ojos -En serio, tenía ganas de una de esas hamburguesas de chow mein.

- No entiendo cómo te gusta eso - Respondió Go Go con un poco de desagado por el curioso gusto en comida de su amiga de cabello rubio, mientras seguía caminando junto con su amiga—. Yo preferí solamente un chilidog.

A medida que avanzaban, Honey Lemon abrió un poco el recipiente de unicel que contenía las papas fritas. Al probar una, una leve sonrisa se dibujó en su rostro. Giró su mirada y su atención hacia su amiga de cabello oscuro.

- Entonces, ¿están saliendo tú y Tadashi? - Preguntó Honey Lemon, con evidente curiosidad en su voz. Se encontraban en el centro del campus, cerca del área de los dormitorios del instituto.

Go Go, con su tono habitual de voz apagado, pero sin malicia, levantó una ceja - ¿Me estás interrogando? – Respondió con una pregunta, aunque sin dejar de ser directa.

- Podría decirse que es mera curiosidad, Tamago - Contestó Honey Lemon, con una sonrisa enigmática mientras daba un suave sorbo a una malteada de fresa.

- No estamos saliendo… o bueno… solo no quiero tener algo en este momento, ¿entiendes? - Respondió Go Go, su voz cargada de incertidumbre. No parecía estar completamente decidida sobre sus palabras. Mientras trataba de sacar sus llaves del bolsillo trasero, la bolsa de plástico que cargaba complicaba la tarea. Al ver la dificultad de su amiga, Honey Lemon tomó las llaves y le ofreció una sonrisa amigable.

- Gracias - Dijo Go Go, aliviada mientras se reincorporaba.

- No hay de qué - Respondió Honey Lemon, mientras introducía la llave en la cerradura de la puerta y encendía la luz del dormitorio. El espacio tenía una decoración sutilmente inspirada en un Prix de carreras de alta velocidad.

- Pero regresando al tema, entiendo a lo que te refieres, Go Go - Dijo la chica rubia, mientras entraba en el dormitorio - A veces es importante tener tu espacio personal... pero también a veces lo correcto es estar con aquella persona que amas. Solo tómalo como una sugerencia.

Las palabras de Honey Lemon resonaron en la mente de Go Go, quien se quedó pensativa. La incertidumbre de sus sentimientos y decisiones personales flotaba en el aire mientras meditaba sobre el consejo de su amiga. Después de unos momentos de reflexión, una leve sonrisa apareció en su rostro, acompañada de un suspiro que parecía reflejar una mezcla de sentimientos y alivio.

- Go Go, ¿dónde tienes los platos? No quiero comer de nuevo en servilletas - Exclamó Honey Lemon desde el interior del dormitorio, mientras se escuchaba el sonido de una puerta de madera abriéndose.

Go Go, regresando a la realidad, se movió rápidamente para atender a la solicitud.

- Voy, no sigas moviendo mis trastes - Dijo, regañando ligeramente a su amiga por estar moviendo los platos sin su permiso, mientras cerraba la puerta del dormitorio con el pie. La chica de cabello oscuro se dirigió a buscar los platos, sintiendo la calidez de la amistad y el entendimiento de su amiga mientras trataba de reconciliar sus sentimientos y decisiones personales.

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Perdón por el hiatus, este semestre tengo que realizar mi servicio social y debo ir avanzando con él, pero seguiré subiendo los capítulos.

P.D. Mañana subiré un nuevo capítulo de Nova, Anne, el capítulo 6 de Fantastic Heroes, y también las respuestas para la dinámica de preguntas que hice hace unos meses (en serio, disculpen la tardanza).