—Por supuesto que lo de Canterlot era broma. ¿Te crees que tengo ganas de tomar un tren hasta allá? —explicó Tuenji
Después de aquel momento incómodo, Tuenji no había tenido reparo en olvidarse de él. De hecho, pareció que se había olvidado de la acusación que le había hecho y aún quería que el pony color llanta la siguiese. Ahora estábamos haciendo un paseo casual por Ponyville.
—Pero por favor, si vas a hacer una estupidez, por lo menos avisa —continuó.
—No sé por qué tengo tal recuerdo en mi mente —dije.
—Ah, ¿así que si recordaste algo? —me preguntó
—No es lo que piensas, te lo juro —respondí—. No querrás saberlo; quizás te lo cuente después.
—Hmm bien. Entonces, ¿eso significa que ya somos amigos? —preguntó con voz pícara.
—Pues tú dime —respondí.
—No, tú dime. —Se rio y me dio un codazo—. ¿Voy a seguir siendo la segundona por no ser una princesa y no contar con un castillo tan grande como para que quepa todo tu ego?
A eso no pude evitar reír.
—Parece que eso te ofendió, ¿eh? —le seguí la broma.
Ella rio también.
—Puedes quedarte en el castillo si quieres. Solo tengo una cama y no quiero incomodarte en el sofá. Solo te pedí que cuidaras lo que dijeses con los otros ponis, sobre todo con Twilight.
—¿Ahora confías en Twilight entonces? —le pregunté.
—No mucho —respondió—; preferiría evitarlo por lo que te he dicho ayer, pero no he encontrado nada que fundamente esa teoría. Así que disfruta de tu estadía en el castillo; debe ser muy genial. —Me dedicó una mirada con una sonrisa.
En la mañana le había tenido miedo a esta pony, pero ahora, incluso a pesar de los conflictos que tuvimos, era ahora una pony muy agradable.
—En realidad a veces prefiero no perderme cada vez que necesito ir al baño —le respondí—. El rodeo que tengo que dar para cada mínima cosa es agobiante.
Seguido, salimos un poco del pueblo hacia los campos que la rodeaban: sitios más que agradables para un picnic; en realidad, se veía algunos por el lugar, siendo ocupados por ponis y canastas con comida.
Seguimos hablando mientras paseábamos por los prados.
—¿Y no había algo más de lo que me querías hablar? —le pregunté luego de hablar de cosas random.
—Así es —respondió—, pero no vi mala idea conocernos un poco más.
—Bueno, ¿quieres saber algo más de mí o...? —De pronto me interrumpió un ruido a lo lejos.
—¡Acérquense, acérquense todos mis ponis para presenciar lo que sus ojos nunca han presenciado hasta ahora!
Aquella voz sonaba bastante familiar, y de pronto recordé a otra pony bastante peculiar.
—¿Es quien creo que es? —pregunté a Tuenji con emoción.
—No lo sé, no puedo leer tu mente.
Adelanté el paso. Subimos una colina para ver desde el otro lado un escenario siendo rodeado por un público. El telón era de un color azul similar al de una pony que apenas estaba recordando, y tenía dibujado en él estrellas doradas y plateadas.
Me dispuse a bajar y unirme con el resto de los espectadores, pero Tuenji me frenó alzando su casco justo frente a mí.
—No creo que sea buena idea ir —me dijo con una mirada preocupada.
—¿Por qué? No me digas que también dudas de ella.
Tuenji miró de vuelta al escenario, y luego de un momento, quizás de una breve meditación, soltó un suspiro y empezó a descender la colina en dirección al espectáculo.
Yo la seguía en silencio; no había expresión alguna en su rostro, lo que me incomodó un poco.
—¡Ni siquiera piensen en pestañear, residentes de Ponyville! ¡Que la Gran y Poderosa Trrrrixie les mostrará lo que ocurre cuando la magia rompe sus límites.
Nos hicimos un lugar en la multitud, un poco al frente. Trixie se hallaba firme en el escenario, tal y como la recordaba con su capa y sombrero violeta con sus muy distinguibles estrellas. Tenía el casco levantado hacia el cielo. A su lado, apareció del suelo un lobo gris, más bien parecía un dibujo de un lobo. Este dio un salto al cielo y ahí se quedó, parado en el aire como si nada, viendo el horizonte a lo lejos. De pronto soltó un aullido, y de su boca empezaron a salir fuegos artificiales rojos que se dispersaban por el cielo, como dibujando rayones en el blanco de las nubes. Los demás espectadores ovacionaban el show que estaban presenciando.
Trixie bajó el casco y tanto el lobo como los rayones del cielo desaparecieron con un puff. El público estalló en pisotones, haciendo temblar el suelo a mis cascos. Sin duda fue sorprendente de ver, sobre todo porque no recordaba que Trixie pudiera hacer semejantes trucos.
En respuesta a la ovación del público, la maga se quitó el sombrero con su magia, haciendo reverencias hacia a ambos lados del público. De pronto algo se me hizo extraño, y no esperé para hacerle saber mi inquietud a Tuenji.
—¿Que no se suponía que Trixie tenía una asistente? —pregunté.
Tuenji solo se encogió de hombros con desgana.
—¡Muy bien, muy bien! —alzó la voz Trixie por encima del clamor—. Para mi siguiente truco voy a necesitar un voluntario del público. ¿Quién se ofrecería a formar parte del espectáculo de la gran y poderosa Trixie!
Me pareció que solo yo y Tuenji fuimos los únicos que no alzamos los cascos como el resto del público. Yo preferí quedarme como espectador; además, ¿qué posibilidad tenía de que me eligiera con tantos ponis que se morían por estar allí arriba en el escenario?
La mirada de Trixie se paseó por el público, en busca del voluntario ideal, pero se detuvo en cuanto sus ojos se encontraron con los mío. Fueron unos segundos muy incómodos con la vista de Trixie encima mío.
La maga dio un golpe al suelo con su casco y soltó un gruñido.
—¡Tú! —dijo apuntándome con su casco—, dime, ¿por qué no quieres ser voluntario? ¿Mi acto no es lo suficientemente grandioso y poderoso para ti?
—Yo es que... —empecé a decir con nerviosismo.
—No está interesado, Trixie —interrumpió Tuenji—. Déjalo así...
—Disculpa —la interrumpió Trixie—, pero en ningún momento me dirigí a ti, ¿sabes? —Sus ojos volvieron a centrarse en mí— ¿Y bien? ¿Te atreves a subir? —dijo como si me retase.
Volví a ver a Tuenji.
—No lo hagas si no quieres —me dijo.
Había venido nada más que con intenciones de ver un espectáculo, pero, a pesar de que Trixie tenía un modo de ser altanero, por alguna razón me caía bien; sin mencionar que estar en su espectáculo era una oportunidad que no iba a volver a tener.
Codeándome con el resto del público, me dirigí al lado izquierdo del escenario donde estaban unas escaleras y las subí. Ya arriba, mientras contenía los nervios con una sonrisa, me reuní con Trixie: tenerla justo al frente no pude evitar verla un tanto bella; a este punto ya me estaba acostumbrando a los estándares de belleza de los ponis, no me juzguen.
—Para mi próximo acto —empezó a hablar Trixie hacia el público— contaremos con un voluntario especial: uno al que terminará deslumbrado al vivir en carne propia la supremacía de la Gran y Poderosa Trrrrrixie.
La bulla se hizo entre la multitud. Lo que no pude hacer fue ocultar el sudor de los nervios. Volví a ver a Tuenji: tenía la primera cara de pocos amigos que le había visto hasta ese momento. A diferencia de mí, la unicornio maga no le caía muy bien.
Entre yo y Trixie apareció un cajón enorme con los mismos colores que su capa.
—Sino es de mucha molestia —dijo Trixie como recitando la sentencia de muerte de alguien que odiaba—, voy a requerir que entre en este gran y poderoso cajón, señorrrrr...
—Witer —dije.
—Witer. —Trixie hizo un gesto hacia el cajón—. Adelante.
No lo dudé. Me metí en él y de una vez me agaché para que me encerrara. Sonó un chirrido, y luego un golpe seco como si hubiese tirado la tapa para cerrarla, dejándome a solas con una oscuridad total. La caja resultó ser apenas tan grande como para que yo cupiera.
Desde fuera se escuchó un tintineo y un chasquido, dándome a entender que habían cerrado el cajón con llave.
—Ahora contemplen, mi estimada audiencia —escuché la ahogada voz de Trixie desde afuera—, este es uno de mis trucos más clásicos, pero no por ello menos grandioso y poderoso. A la cuenta de tres. Uno... dos...
Reí de la emoción por ver lo que iban a pasar, pues Trixie alargó el tres por varios segundos más. Esperé, pero la cuenta a tres nunca terminó. Me moví un poco dentro de la caja solo para darme cuenta de que las paredes de esta habían desaparecido. Extendí los brazos a ambos lados: no alcancé a tocar a nada.
La risa se transformó en terror de un momento para otro. Me levanté de golpe sin temor a golpearme la cabeza con la tapa: también había desaparecido. Hubiese gritado o dicho algo, pero incluso mis palabras tenían miedo de salir.
Empecé a andar, tanteando en la oscuridad, solo en caso de no chocar con algo que no alcanzaba a ver.
—¿Quién eres y que haces aquí? —dijo una pony que apareció frente a mí.
El susto de infarto me hizo soltar varios improperios que, debido al susto, los olvidé. Caí de espaldas al suelo, arrastrándome para alejarme de la pony que era Trixie, usando su cuerno para iluminar el área.
—¿Q-q-que es esto? —tartamudeé temblando de arriba a abajo.
—En mi acto de magia, claramente —explicó Trixie como si eso fuera obvio.
La oscuridad a mi alrededor se convirtió en un azul oscuro psicodélico, moviéndose como si me quisiera hipnotizar. Todo en torno desapareció para ser sustituido por esos colores tétricos; el suelo y el techo, si estaban, eran invisibles. En definitiva, no había tenido la más mínima idea de que Trixie fuera tan poderosa para hacer esto.
—Eres nuevo en Ponyville. —Trixie empezó a acercarse a mí.
—Ah... sí, más o menos. —Yo no sabía si temerle más a Trixie o al infinito fondo azul del horror, por lo que me quedé en el lugar.
—Cosas algo extrañas han ocurrido estos tiempos, Witer, si es que te llamas así.
—Supongo que sí, no sé; no sé nada de lo que está pasando acá. Todo esto se vuelve cada vez más bizarro, y no me gusta nada.
Un rostro entristecido apareció en Trixie.
—A nosotros tampoco —dijo—, pero hay que afrontarlo. Pensábamos que tú podrías tener la respuesta.
—¿Respuesta de qué? —solté—. ¿Y a quiénes más te refieres?
—Sobre todo esto que está pasando: ponis que no habíamos visto antes, que dicen venir de otro mundo; es absurdo incluso para nosotros. Pero más importante, una amenaza que no se ha visto antes se avecina.
—Espera, ¿qué clase de amenaza? —Trixie me lanzaba más información de la que podía digerir a la vez.
—No tardará en llegar; que la vayas a ver es muy probable. Ya no me queda mucho más tiempo. Hagas lo que hagas, no vayas al Bosque Prohibido. La gran y poderosa Trixie espera que nos volvamos a ver en un mejor momento. Y, por cierto, aléjate de Tuenji, Witer.
Trixie desapareció, y antes de que pudiera gritar por ayuda, la oscuridad me atrapó. Sonó una puerta abrirse frente a mí y una luz cegadora atacó mis ojos. La luz reveló que estaba como en un cuarto pequeño, lleno de cajas con varitas, bombas de humo, sartenes, aros, sombreros y capas con estrellas y muchas cosas más.
Contra la luz distinguí la silueta de Tuenji. Se acercó a mí y me ayudó salir. Todo este tiempo había estado dentro del remolque de Trixie... o tal vez no.
—La gran y poderosa Trrrrixie lo ha vuelto a hacer, ciudadanos de Ponyville —dijo Trixie desde el escenario, que no estaba muy lejos.
El público volvió a pisotear con emoción, pero Tuenji me guiaba para alejarnos del escenario con prisa, hasta que las palabras de Trixie apenas se lograban escuchar a lo lejos.
