Tuenji me preguntaba por lo que había pasado recién. Yo solo le dije que luego de haber aparecido dentro del remolque me sentía algo mareado; no le quise decir la verdad puesto a que todavía no debía confiar mucho en ella.
«Aléjate de Tuenji» me había dicho Trixie. Ya eran dos que me aconsejaban dejarla.
Después de lo que había pasado, Trixie tampoco parecía muy confiable; sin mencionar que no se parecía tanto a la Trixie que en algún lado había visto. Todo se empezaba a complicar cada vez más. Me hubiese gustado investigar por mí mismo, ¿pero de qué manera lo haría si no fuera preguntando a Twilight, Tuenji o Trixie, jugándomela a que cualquiera me esté planeando alguna trampa?
Aparentemente, en esta historia yo era más importante de lo que yo me había imaginado; lo cual era muy irritante no solo porque todas se peleaban por mí, sino porque no sabía por qué lo era. Pensé que esa era un buen punto por dónde empezar.
Empezó a atardecer. Quizás fue de manera inconsciente, pero empezamos a ir en dirección al castillo de Twilight que se destacaba por encima de todo Ponyville.
—Hoy tampoco hemos podido conversar sobre lo que queríamos —dijo Tuenji como si fuera un comentario al aire.
—La próxima comeremos, pero yendo directo al grano, ¿te parece eso mejor idea?
—¡Oh! —saltó Tuenji—, ¿me estás invitando a una cita?
No había sido mi intención decirlo en ese plan.
—Pues... —vacilé—, ¿qué eso no es lo que hiciste antes?
Tuenji sonrió arqueando una ceja.
—Hmmm, puede ser —dijo en tono enigmático—. Pero ya que lo dices estaría encantada.
Solté una risa nerviosa, pensando de donde iba a sacar la plata para invitarla a comer.
La entrada al castillo era visible ahora. En las escaleras de las puertas estaba Twilight, sentada. Una vez notó nuestra presencia, empezó a volar hacia nosotros.
—Oh, creo mejor me voy —se apresuró a decir Tuenji, y sin decir un adiós empezó a volar.
—¡Tuenji! —llamó Twilight, que aterrizó justo a mi lado.
Como si le hubiera lanzado un hechizo, Tuenji se detuvo en seco en el aire. De espaldas, miró a la princesa por el rabillo del ojo.
—Ahm, ¿sí? —preguntó con algo de timidez.
—¿Te importa si hablamos un momento? —preguntó Twilight.
Tuenji suspiró y, como una pluma, empezó a descender hasta que sus cascos tocaron el suelo. Dio media vuelta hacia nosotros y se acercó.
—¿Nos disculpas, Witer? —Twilight me dirigió una sonrisa angelical—. Spike te está esperando adentro.
Vacilé; miré a los ojos de Tuenji que también se cruzaron con los míos. Luego volví a ver a Twilight.
—Ah, claro. —Forcé una sonrisa—. Tuenji, nos vemos.
Ella solo me asintió. Di media vuelta y me dirigí al castillo.
Spike me había dejado una mesa repleta de postres. Me quedé solo comiendo unos panqueques, sin rastro de Spike. Quedé a reventar cuando terminé. Durante la comida había estado esperando a que Twilight llegara, pero tampoco se apareció; quería hablar con ella, tenían bastante curiosidad por lo que habían hablado.
Salí del comedor para pasearme por el castillo; diría que lo hacía para buscar a Twilight, si es que ya terminó de hablar con Tuenji, pero si me encontraba a Spike no me hubiese quejado. Estuve errando por el castillo, abriendo una puerta aquí y allá a ver si encontraba algo interesante. Me dispuse a abrir otra cuando esta se abrió sola: de ella salió una pony que venía leyendo un libro y chocamos.
—¡Oh, lo siento! —escuché la voz de Starlight Glimmer—. Estaba inmersa en este libro, ¿todo en orden?
—¡Oh no, la sobrevalorada! —dije.
—Ahm... ¿disculpa?
Lo siento, tenía que hacerlo.
—Ah, discúlpame a mí —dije frotándome la frente—, la verdad no sé qué rayos dije.
—Oh, está bien... supongo —respondió Starlight frunciendo el ceño—. Espera, no recuerdo haberte visto antes. —Me miró de arriba a abajo como intentando encontrar algo que se le había perdido—. ¿Cómo te llamas?
—Soy Witer. Soy nuevo en Ponyville.
—¿Desde hace cuando conoces a Twilight?
—Desde ayer. La cosa es que no tengo un hogar aún —añadí de pronto ante la mirada de sorpresa de Starlight—, por eso de momento me quedo acá.
—Guau, increíble —dijo Starlight—. No siempre tenemos visitas por acá.
—Por alguna razón lo sé —respondí nervioso, a lo que Starlight arqueó una ceja.
—Bien, entonces es un placer conocerte, Witer. —Starlight pasó por mi lado—. Discúlpame que ahora tengo una cosita que hacer.
—¡Ah, Starlight! —la llamé. Ella volteó a mirarme, extrañada—. Ahm, quería saber si estuviste en la presentación de Trixie de hoy.
—¿Presentó hoy Trixie? —se extrañó Starlight—. No lo sabía. De todos modos, hace tiempo que Trixie no necesita mi ayuda con eso; ha mejorado bastante desde entonces. —Sonrió con una alegría más que sincera.
—Está bien, muchas gracias.
Starlight se despidió y se perdió de vista en el pasillo.
\\\
Más tarde me encontré a Twilight en un cuarto: estaba concentrada en una mesa donde había un sobre abierto. Supongo se enteró de mi presencia por el sonido de mis cascos, pues de pronto se volvió a mí como si me esperase.
—Witer —dijo con una media sonrisa forzada.
—¿Interrumpo algo? —pregunté con cortesía.
—No en realidad, estaba a punto de ir a buscarte. —Se levantó y caminó hacia mí—. ¿Ocurre algo?
—No, no, todo está bien —respondí como si nada.
Pero Twilight sonrió arqueando una ceja en cuanto se paró justo frente a mí.
—Todo en orden con Tuenji —dijo—. Solo fue una pequeña charla.
—Creí que era grave. Aparte, mencionaste que no debía estar con ella.
Twilight chasqueó la lengua.
—¿Grave? ¡Para nada! —dijo—. Y sobre lo segundo: está correcto; si se llevan bien, ¿quién soy yo para detenerlos? Nunca la había visto así de feliz para empezar. Le estás dando una oportunidad y puede que se vuelva una amiga más cercana acá en Ponyville. Solo si ves algo raro —añadió en un susurro—, no te lo calles, ¿sí? —Concluyó con una sonrisa y un guiño del ojo.
No pasé por alto el hecho de que ahora Twilight aceptaba a Tuenji, pese a que me había recomendado no estar con ella en un principio. Aun así, viniendo de parte de la princesa de la amistad, su respuesta no sonaba muy inverosímil.
Lo que sí debo anotar es que sentí un escalofrío en cuanto me susurró; me recordó lo que había dicho de Tuenji, y que, aunque parecía la clase de pony con la que bien podría salir a comer todos los días, no podía —o más bien no debía— confiar en ella por completo. Si luego me iba a usar como trapo viejo, pues que lo hiciera. El que tenga miedo a morir, que no nazca.
Twilight trotó hacia la mesa y la inspeccionó.
—¿Sabes qué es la Gran Gala del Galope? —me preguntó sin mirarme.
Parpadeé; me vi sorprendido al saber de qué hablaba Twilight.
—Sí —afirmé como si nada.
—La celebración se hará dentro de poco —explicó Twilight. Se dio la vuelta y tomó un boleto dorado con su magia para que lo viera—. Como me sentiría un poco mal dejarte acá en el castillo mientras todos estamos en la gala, le pedí a la princesa Celestia si me podía dar otro para que pudieras venir. Así que, ¿vendrías?
No respondí al momento, y bien podría haberlo hecho, pero la vena de la modestia me forzaba a contenerme.
—N-no estoy seguro —mentí mientras me rascaba la cabeza—. Nunca había ido a una gala antes. —En realidad ni recordaba nada de mí, pero ya había aceptado esa parte.
—Solo es una gala, no es gran cosa. Y no te preocupes por el traje; conozco a la pony perfecta para que te consiga uno fabuloso.
—Bueno, si insistes, iré encantado —acepté.
—¡Me alegra oír eso! —exclamó Twilight, contenta. Con su magia acercó el boleto hacia mí. Cuando se posó en mi casco me di cuenta de que eran dos y no uno.
Miré a Twilight, y antes de que yo pudiera decir «clop», ella dijo:
—Lo sé, son dos, por si quieres invitar a un amigo también.
Se tapaba la boca como para ocultar una sonrisa, y noté también un rubor en su rostro.
Solo había una pony en la cual podía pensar, y la sola idea me causaba pavor.
—¿Crees que sea buena idea? —pregunté no muy convencido de si seguir viviendo.
Twilight se acercó a mí y posó su casco sobre mi hombro.
—No sé de qué hablas —dijo—. Son tus boletos, úsalos como gustes. —Retiró su casco y, volando, salió de la habitación.
De piedra, me quedé mirando los dos boletos en silencio; ya hacía rato que el aleteo de las alas de Twilight se habían largado.
—¡Mierda! —solté aprovechando que no había ninguna Applebloom escuchándome.
