Al día siguiente me levanté temprano para ir a la Boutique Carrusel. Twilight me había dicho que debería apresurarme con el traje, pues casi no quedaba tiempo para la gala, y menos para que Racis... que diga, Rarity, me hiciera uno especial.

—Siento decir que no tendré tiempo para eso —decía Rarity apenada—; la gala es en menos de una semana. Pero no te preocupes, ya que eres amigo de Twilight, te ayudaré a encontrar el atuendo correcto para ti.

Se metió de lleno en unas barras repletas de ropa, sacando de vez en cuando un atuendo para mirarlo a la luz mientras murmuraba: «no este no; este tampoco; quizás este... no, no».

—Algo sencillo me gustaría —dije no tan seguro.

Pero ella pareció no escucharme; seguía murmurando cosas que a veces ni le entendía.

—¡Oh, no te preocupes por eso, querido! Por cierto, creí que vendrías con tu invitado.

—¿Invitado? —Decidí hacerme el tonto.

Rarity sacó la cabeza de las perchas de ropa.

—Twilight me dijo que invitarías a alguien más a la gala —dijo—; me gustaría ayudarle con su atuendo también.

—No había pensado en eso —dije evitando la mirada de Rarity—. No la he invitado todavía.

Rarity levantó ambas cejas y una sonrisa juguetona se dibujó en su rostro.

—Así que es una pony, ¿eh? —Rarity se acercó a mí—. ¿Por qué no la has invitado aún? —Se aclaró la garganta—. Si se puede saber, claro.

—Pues no sé, la verdad. Es complicado.

—A veces lo es, querido —dijo Rarity mientras se acariciaba su crin—, en especial si es una pony... especial, ¿sabes? Pero no hay nada de qué temer; nos encanta cuando otro pony toma la iniciativa sin importar el temor. Y en el caso de un rechazo, bueno, siempre habrá otras oportunidades. —El rostro de Rarity se enrojeció con una sonrisa de pena.

—Supongo tienes razón —respondí mirando al suelo.

—¡Claro que sí! Y por eso insisto en que vayas con ella y la invites de una vez. Ya casi no queda tiempo, Witer —añadió con un alarmismo forzado—. Yo estaré aquí buscando un atuendo para cada uno, déjamelo a mí.

Le di las gracias y salí de la boutique. Claro mi temor no era solo invitar a una pony a una gala, sino también porque posiblemente estaba tentando algo que no tenía ni idea de qué era. Aunque también si no invitaba a Tuenji, y esta se enteraba de que tenía un boleto extra y no la invitaba, unos cuantos insultos me zampaba.

De alguna forma, en esta historia, me sentía usado y manipulado, tanto por Twilight como por Tuenji, y Trixie parecía asomar un ojo a ese pastel que tenía el nombre de «Witer».

En fin, me dispuse por completo a invitar a Tuenji, porque como había dicho en el capítulo anterior: si me iba a usar como un trapo sucio, que lo hiciera. No estaba dispuesto a serlo, pero ¿qué otra opción había? Quizás mi corazón me estaba cegando con un sentimiento que venía desde lo más profundo de mi ser. Yo me negaba diciendo que no sentía tal cosa, pero a veces, muy tontamente, uno se engaña a sí mismo.

Llegué a la plaza de mercado: esta vez estaba más calmado y no estaba más llena de ponis que otras calles de Ponyville. Esperaba encontrar a Tuenji ahí, tal y como la había visto la primera vez en aquel puesto raro. Me paseé de un lado a otro; cualquiera hubiera pensado que estaba buscando algo súper específico, y en parte lo era. No sabía si estaba ciego o de plano Tuenji no estaba, pero no tardé en darme cuenta que era la primera.

—¡Mira nada más quien va ahí! —Me sorprendió una voz clara y decidida.

Volteé a mi izquierda: ahí estaba el puesto de lámparas que había visto la primera vez, y también la misma pony que ya conocía, reclinando su cuerpo sobre el mostrador con los codos sobre él y los cascos juntos. Me miraba con una sonrisa que daba miedo.

Solté una risa nerviosa y me acerqué al puesto.

—No creo que la princesa Twilight le haga falta lámparas en su castillo, ¿o me equivoco? —me preguntó.

—No vengo a comprar nada de eso —le respondí—. Olvidé preguntarte cómo haces estas lámparas.

—No las fabrico, solo me encargo de venderlas. —Concluyó con una sonrisa, a lo que yo solo asentí—. Entonces, ¿vienes a preguntarme por lo de Twilight ayer?

—¡Ah, sí! Si es que se puede saber. —En realidad ya me había olvidado de eso.

—Sí, sí que puedes; básicamente me amenazó para que me comporte contigo.

—¿Te amenazó? —salté de pronto—. Eso no fue lo que me dijo ella.

—Al menos eso es lo que entendí de sus palabras. Tuvimos una corta discusión por lo que yo había hecho, blah blah blah, esta parte no te interesa; pero al final, en teoría, quedamos en buenos términos.

Que Twilight la había amenazado, según sus palabras, era algo que no me calzaba en la cabeza. De que habían quedado en buenos términos sí, al fin y al cabo, me dio un segundo boleto para invitar a alguien más, sabiendo que la única que puedo invitar es a Tuenji. Algo raro pasaba acá, sino es que alguna me estaba mintiendo.

—Pero tú sabes que yo me comporto bien contigo, ¿no, Witer? —Tuenji me sonrió como angelito.

—Supongo —respondí.

Su sonrisa desapareció y frunció el entrecejo.

—Si viniste solo para esto, puedes retirarte antes de que te parta la cabeza con una lámpara.

—¡Tengo que decirte una cosa más! —le solté antes de que siquiera pensara en hacer eso.

Tuenji parpadeó.

—¿En serio?

¿De verdad estaba yo, Witer, dispuesto a invitar a una pony que apenas conocía y que decía que me iba a romper la cabeza con una lámpara que no era ni suya, a la Gran Gala del Galope?

—Así es —respondí, firme.

Me lanzó una mirada incrédula con una sonrisa y una ceja arqueada.

—¿De qué se trata?

Suspiré y aguanté el aliento un momento. Saqué el boleto dorado y lo puse sobre el mostrador. Tuenji lo miró como quien se encuentra un pelo en la comida.

—¿Qué es esto? —preguntó mientras tomaba el boleto y lo examinaba.

—Una invitación... para la Gran Gala del Galope.

—¿Seguro que no se lo robaste a Twilight y...?

—No —interrumpí—, ella quería que invitara a alguien también, y no conozco a nadie más a quien dárselo. ¿Vendrás o no?

Tuenji miró el boleto de arriba a abajo como para averiguar si era verdadero.

—¿Es esta la cita de la que me hablabas ayer? —se burló.

—¡Solo di que sí, por favor!

Esta tipa parecía buscar siempre la forma de incomodarme.

—Encantada iré —aceptó Tuenji por fin—. Será divertido. —Empezó a reírse entre dientes, no sabía si de emoción, de nervios, o de loca desquiciada. Pensé en quitarle el boleto, pero temí por mi vida.

—Bueno —intenté hablar por encima de su carcajada—, dice Rarity que te espera para conseguirte un vestido.

—¡Ah sí, cierto! —Frenó la carcajada—. Iré más tarde.

Sin decir mucha cosa más, me despedí y me alejé de ese estúpido puesto antes de que me rompieran una lámpara encima. Al menos la plática, de cierta forma, terminó feliz.