Salimos del castillo sin que Twilight se diera cuenta, pero, para evitar problemas, le avisé a Spike para que le diera el anuncio.

Tuenji me dio a elegir entre varios lugares para ir a comer, pero como no sabía de casi ninguno, fuimos al de la vez pasada. Ya que ella me invitaba, no quería pedir algo demasiado grande ni caro, así que pedí el mismo sándwich de heno que ya había probado en la cita anterior.

Al final lo pedí para llevar, ya que Tuenji ya había comido y no quería pedir nada. Paseamos un rato hasta que llegamos a un parque bastante tranquilo: había unas bancas bordeando un sendero, de cara a un campo abierto con toboganes, sube y baja y columpios.

Tomamos asiento en una de las bancas: Tuenji tomó el lado izquierdo y yo el derecho. Abrí la bolsa donde venía mi sándwich. Aún me sentía un tanto cansado, pero no podía descansar con mi estómago despedazándose de hambre.

Todavía quedaba para que el día muriera. El ambiente era fresco; los rayos de sol se posaban en mi pelaje, ofreciendo un calor tan suave como un abrazo.

—Podías al menos probar otra cosa, ¿no crees? —dijo Tuenji

En vez de responderle, le di una mordida a mi sándwich, pues no necesitaba más; sabía bastante bien. Quizás era lo más económico del menú, pero aún no superaba su sabor, y estaba dispuesto a comer esto como almuerzo todos los días, al menos hasta que me aburriese.

—Ya puedes hablar de lo que sea que querías decirme —dije—, no desaprovechemos este momento. —Le di otra mordida a mi sándwich.

Hubo un silencio donde solo el viento habló. Yo no miraba a Tuenji, pero sentía sus ojos apuntando hacia mí.

—No es tan fácil —dijo ella con voz suave.

Eso me sonaba a que se venía otra charla complicada.

—¿Qué no es tan fácil? —pregunté. Aunque quería saborear más el sándwich, me apresuré a zampármelo.

—Podía haberte dicho todo desde más antes —respondió—, pero tampoco puedo decirlo todo a la ligera con alguien que todavía desconfía de mí.

Necesité un momento para tragarme el sándwich, luego me sacudí los cascos para quitarme las migajas de pan.

—¿Quién dice que no confío? —le pregunté.

—No finjas, Witer —respondió Tuenji—. El día que fuimos a ver el espectáculo de Trixie no quisiste decir nada de lo que pasó ni cómo llegaste a ese sitio.

—Lo dices como si pudiera adivinar cómo funcionan sus trucos sólo por ser parte del show —me defendí.

—Estoy segura de que algo adicional ocurrió, pero no me quieres decir. Se suponía que íbamos a ayudarnos el uno al otro, pero en tu caso parece que no la necesitas, o tal vez no una que venga de mí.

Acá si le tenía que conceder un punto.

—Tampoco es fácil para mí, ¿sabes? —dije—. Aún no me acostumbro a este mundo, y todo parece tan hostil y me marean con cosas complicadas y absurdas.

—¡Si al menos confiaras un poco en mí te hubieras ahorrado mucho de eso!

—¿Y cómo sé que no quieres usarme para algo? Siempre has actuado de manera muy sospechosa desde que llegué.

Tuenji soltó un pesado suspiro mientras desviaba la mirada a la nada. Parecía que se le acababa la paciencia.

—¡Te recordé que pertenecemos a otro mundo! —exclamó—. Tenemos los mismos intereses; queremos descubrir como regresar. ¿Qué más quieres?

—Te soy honesto: no lo sé —respondí. No era caso de que tuviera alguna razón para desconfiar, más era un tema de que andaba muy cagón por la vida. Y a estas alturas, más teniendo en cuenta lo que me había dicho Trixie, tenía que andar con extremo cuidado al dar el próximo paso.

Tenía dos rutas: la de Trixie y la de Tuenji; no había opción de quedarme mucho más tiempo entre ambas, debía escoger una de las dos sí o sí. Tenía también una tercera opción, pero ese camino era incierto y no tenía idea hacia donde concluía.

Tuenji se llevó un casco a su rostro y suspiró de vuelta.

—Dime qué fue lo que te dijo Trixie —dijo.

—¿Qué tiene que ver Trixie en esto? —Claro, me hice el loco.

—Witer, te permito mentir en cualquier tontería menos en esto. Dime qué te dijo Trixie.

—Te juro que no hablé...

—Ya sé que estuviste en el remolque, Witer —me interrumpió—. No tienes que seguir haciéndote el idiota. Es la última vez que te lo pregunto: ¿qué te dijo Trixie?

—No me dijo nada —respondí, firme.

Ella calló un momento.

—¿Nada en lo absoluto? —preguntó por fin.

—Así es —mentí.

De nuevo silencio. La pregunta me había confundido; era como si por fin se hubiera creído la mentira, pero esta tipa tenía de tonta lo que yo tenía de blanco.

—¿Es esa tu respuesta final? —preguntó. Su rostro estaba más sereno, pero sus ojos, que no querían despegarse de los míos, parecían arder en lo más profundo de estos.

Yo no aguanté la presión de esa mirada. Por instinto miré a otra parte, pero no veía; estaba metido en mi mente, buscando con qué responder. Pero, como tal, no era una pregunta compleja; era solo una pregunta de sí o no.

Era más que eso, era la pregunta más importante de esta estúpida discusión.

No logré encontrar nada con qué responder. Me habré demorado harto rato pensando, pues Tuenji, sin decir nada, saltó de la banca y se alejó volando, dejándome solo y vacío. ¿Vacío de qué?, me pregunté. No podía estar enojado con Tuenji, pero ella sí conmigo; literal le di la espalda. Sentía lástima por ella, tanta que tenía ganas de irla a buscar y hablarle, aunque luego me cerrase la puerta en la jeta.

Me quedé sentado en la banca hasta que anocheció y me atrapó el frío. Incluso empezó a caer una llovizna. El día no pudo haber terminado peor que esto.

En los días que procedieron no ocurrió mucha cosa: Tuenji ya no me buscaba; de vez en cuando compartía alguna palabra con Trixie para decirle que no había recordado nada de valor, y lo demás se concluye con días aburridos sin nada que hacer.

Twilight, seguro luego de ver mi cara de muerto de estos días, me preguntó que qué había pasado con Tuenji, a lo que yo le conté que tuvimos una discusión y nos distanciamos. Ella me ofreció su ayuda para solucionar el conflicto, pero yo le dije que estaba bien y que luego se iba a pasar, aunque yo no tenía fe en ello.

Por más que pasaba el tiempo, el pesar que sentía en el corazón no se iba. No me arrepentía de lo que había dicho, pero tampoco podía vivir contento luego de haberle mentido. No se trataba de mentiras, sino de que ella, sabiendo que yo estaba siendo terco en no decirle lo que ella ya sabía, lo interpretó como que yo no tenía planes en cooperar con ella, y tenía todo el derecho en pensar así, pues todavía no había decidido nada. Tenía que jugar a algún juego, pero no podía jugar todos a la vez. Si quería recuperar la simpatía con Tuenji tenía que jugar su juego y olvidarme de Trixie, lo que sonaba casi como tirarme de un precipicio, soñando que abajo estuvieran Rainbow Dash y Fluttershy para atraparme.

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Uno de los días siguientes, cuando me paseaba por el castillo a ver qué me encontraba, Twilight se acercó a mí; al parecer me había estado buscando por un buen rato.

—¡Oh, ahí estás! —dijo Twilight volando hacia mí—. ¿Perdido de vuelta por los pasillos?

—No, estaba solo paseando por aquí —respondí—. No se me ocurre qué hacer, para serte honesto.

—Puede que te guste ir a ver a una de nuestras amigas. —Twilight aterrizó frente a mí.

—Quizás pueda ir a ver a Fluttershy más tarde. Una vez me dijo que quería hablar.

—Sería fabuloso —dijo Twilight contenta.

—Así es —respondí—. ¿Querías decirme algo?

—¡Oh, cierto! Casi lo olvido por completo —exclamó Twilight y soltó una risa nerviosa—. Quería saber, Witer, si de casualidad estarás ocupado esta noche —dijo mientras dibujaba círculos en el suelo con su casco.

—Lo más probable es que esté igual de aburrido que ahora —respondí emocionado por tener algo que hacer—. ¿De qué se trata?

—Oh, te comentaré más tarde cuando anochezca —respondió Twilight tartamudeando—. Estaré despierta hasta las nueve. Nos vemos hasta entonces.

Antes de que pudiera preguntar otra cosa, Twilight desapareció en los pasillos.

Fue algo de verdad confuso: quería que fuera a su cuarto cuando anocheciera, pero no me dijo una hora exacta ni qué cosa haríamos, aunque de por sí Twilight había lanzado varias claves las cuales yo ignoraba.

Cené y aún ni la había ido a ver. De cualquier forma, no podía regañarme luego, pues solo me dijo que estaría despierta hasta las nueve. ¿Se suponía que tenía que llegar una hora o media hora antes de la hora de dormir, o mucho más antes? Tampoco sabía cuánto nos íbamos a demorar en la actividad como para calcular ese tiempo.

Como sea, la fui a buscar a las ocho. Creía conocer cuál era la puerta de su cuarto, aunque no recordaba haberla visto en el tiempo que llevaba en Ponyville.

La siguiente escena es clop y es tan explícita como innecesaria. Siéntase libre de saltar al siguiente capítulo, o proceda bajo su propio riesgo.

Paseando por los pasillos me encontré con una doble puerta de rombos de cristal verde. Desde el interior se filtraba una luz tenue, lo que me decía que había alguien dentro.

Al principio temí tocar la puerta; pese a que estaba seguro de que era la puerta del cuarto de Twilight, se me vino a la mente que podía ser la habitación de alguien más. Tampoco se escuchaba nada adentro, lo que era otra posibilidad de que el que estaba adentro estaba dormido.

Todavía me debatía si tocar o no cuando se escucharon cascos caminando desde adentro, y venían hacia la puerta acompañados de una sombra que tapaba la poca luz que salía de dentro. Entonces una de las puertas se abrió y di un paso atrás.

—Oh, llegaste —dijo la cabeza de Twilight que asomó por la puerta—. Ven, entra. —Abrió aún más la puerta y me dejó pasar.

Lo único que iluminaba la habitación eran dos velas: una sobre una mesa de noche y otra sobre un escritorio con varios pergaminos, hojas, botes de tinta y un libro. Apenas había luz suficiente para ver la cama con dosel de Twilight, muy bien ordenada y que parecía mucho más cómoda que la tuya y la mía.

Por supuesto me pregunté por qué Twilight no usaba una lámpara normal, pues tenía una sobre la mesa de noche, donde acompañaba a una de las velas.

—¿Por qué tan oscuro? —me atreví a preguntar.

—Es mucho más relajante, ¿no lo crees? —respondió Twilight con una sonrisa.

—Eso creo —concedí—. ¿Para qué me necesitabas?

—Eso, claro —dijo Twilight con nerviosismo—. Pensé que quizás quisieras hacer... ya sabes...

—¿Hacer qué? —Me negué a creer lo que estaba imaginando.

—Bueno... —respondió Twilight mirándome de perfil mientras daba golpecitos a sus cascos—, acompañarme en la cama esta noche —concluyó con una amplia sonrisa.

Mierda, sí era lo que estaba pensando.

Al escucharla decir eso sentí que perdía el equilibrio y me caía al suelo.

—Ahm, Twilight —tartamudeé—, ¿estás hablando en serio? ¿Y te refieres a lo que estoy pensando?

—Sí —afirmó con un hilo de voz y forzando aún más su sonrisa—, muy probablemente es lo que estás pensando.

—Esto es... demasiado...

—Lo sé, Witer —me interrumpió Twilight luego de suspirar—. Estos días están siendo algo atareados y quiero probar esto. He aprendido un hechizo de infertilidad, si eso te tranquiliza.

Que Twilight haya tenido que buscar un hechizo para que no se embarace luego de copular era algo que no me cabía en la cabeza, aunque muy conveniente y útil, he de decir.

—No estoy seguro, Twilight —dije aún dudando en mis adentros.

—¿No estás seguro o no lo harás? —me preguntó Twilight, serena.

Pregunta muy acertada, no esperaba menos de Twilight Sparkle.

Viéndolo desde otro punto de vista, no era nada malo ni raro lo que pedía Twilight; muy posiblemente, a la hora en la que me encontraba en el cuarto de Twilight, había otros dos ponis en Ponyville cogiendo aún sin ser pareja ni nada, y ya ni hablemos del resto de Equestria. Entonces, ¿por qué debía de negarme? Íbamos a usar la protección de Twilight, por lo que no debía haber problema con eso.

Lo que si no me gustaba era la idea de hacerlo con Twilight: una pony admirable y pura, como la hermana que todo el mundo quisiera tener, pero esa idea intenté borrarla de mi cabeza.

Otra cosa que me tiraba para atrás era el miedo a hacerlo, lo que era normal por no tener experiencia. ¿Y cómo iba a adquirir experiencia si no me animaba a experimentar? Había que echarle huevos; otro camino no había.

—¿Estás segura de que el hechizo funciona? —pregunté para hacer más largo el asunto.

Aún en la penumbra, el rubor de su rostro se podía ver.

—En realidad, esta sería la primera vez que lo pruebo —dijo Twilight mientras se toqueteaba un mechón de su melena—. El libro donde lo encontré dice que tiene una pequeña probabilidad de que falle: alrededor de un 0.69%.

Algo me decía que no quisieron perfeccionar el hechizo para no cambiar ese numerito tan hermoso que les había salido. Era cierto una probabilidad muy baja, pero si me ganaba esa lotería me tiraba desde la ventana de mi cuarto.

—¿Qué dices entonces? —preguntó Twilight.

—Tengo algo de miedo —confesé.

—Yo también, pero no tienes que hacerlo si no quieres. Concuerdo en que es una locura. —Su rostro se desanimó.

¿Qué otra opción más había? La Twilight frente a mí era una cosita difícil de rechazar.

—Intentémoslo —dije no muy convencido.

Twilight levantó la cabeza.

—¿En serio? —preguntó.

—Sí, en serio —le dije.

—¡Oh, genial! Bueno, ahora, ehm... ay, no sé cómo...

—Tenemos que ir a la cama, ¿no? —la interrumpí.

—¡Ah, cierto! —Twilight se levantó y se dirigió a la cama. Yo la seguí y juntos nos sentamos en la cama: era de verdad bastante esponjosa, no podía pedir nada mejor para tener sexo.

Nos quedamos sentados sin hacer nada. ¿Cómo se suponía que se iniciaba esto? Twilight pareció tener la misma duda.

—¿No tienes que usar tu hechizo? —le pregunté para romper el silencio.

Twilight se golpeó la frente con su casco.

—¡Cierto! —respondió—. Perdóname, estoy un poco fuera de mí con... todo esto, ya sabes.

Era tierno ver que ella estaba mucho más nerviosa que yo; me dieron ganas de darle un abrazo y todo para decirle que todo estaba bien.

Twilight encendió su cuerno, iluminando de violeta la parcial oscuridad que nos acechaba. Emitió un tenue resplandor y ambos nos iluminamos de violeta por unos segundos. No hubo ninguna sensación ni dolor cuando eso ocurrió.

—Listo —dijo Twilight—, en teoría todo está... listo. Ahora... no lo sé... hmmm, ¿sabes qué? Hagámoslo fácil. —Se acostó de panza, separando sus piernas traseras y alzando un poco su trasero—. Solo ponlo acá.

Mi miembro no necesitó ver más para emocionarse.

—¿No has leído un libro de posiciones para el sexo? —bromeé mientras me acercaba a ella. Pensé que era la mejor forma de eliminar la tensión.

—¿Qué? —exclamó Twilight—. ¿Crees de verdad que iba a buscar un libro para eso?

Sin hacerle caso a lo que decía, me puse encima de ella e inserté mi miembro dentro suyo, invadiendo una sensación de asco y a la vez de lujuria a mi cuerpo completo.

Twilight soltó un pequeño chillido cuando me introduje hasta el fondo.

—En verdad, sí lo tengo —dijo Twilight con un hilo de voz—, está ahí en el escritorio. —Lo señaló

Ya me había olvidado de ese estúpido libro; estaba más preocupado por Twilight que otra cosa.

—¿Te dolió? —le pregunté preocupado.

—Ah, no —respondió Twilight tomando aire por la boca—, bueno sí, pero estoy bien. Tú tranquilo, continúa, pero despacio, por favor.

No tenía que pedírmelo, pues quería aguantar un poco más en la cama.

Me movía despacio, hacia delante y hacia atrás, tratando de no hacerle daño. Mi cuerpo se moría por darle más duro, y lo entendía, pues nunca creí imaginar una sensación tan placentera como la que estaba teniendo. Y Twilight parecía disfrutarlo también: gemía y controlaba su respiración inspirando y soplando por la boca. Era de verdad cómico escucharla como lidiaba con el dolor.

Me tomé el lujo de aumentar el ritmo, a lo que Twilight empezó a respirar más fuerte y gemir con más intensidad.

—¿Te está doliendo mucho ahora? —pregunté.

—Solo baja un poquitito la intensidad, por favor —me pidió.

Obedecí a la princesa del castillo, y vaya que era absurdo imaginar que estaba cogiendo con una princesa. Pero eso daba igual, el caso es que lo estábamos disfrutando, y la cama nos hacía sentir como si compartiéramos una nube en el cielo.

—¿Podemos tener un descanso breve? —preguntó Twilight.

—Oh, claro. —Me libré de su cuerpo y me senté a un lado.

Twilight se acostó boca arriba y atrajo el libro del escritorio con su magia.

—Esta cosa debe tener algo que nos estamos saltando —dijo Twilight mientras ojeaba el libro.

Típico de ella revisar un libro para cualquier cosa, incluso en medio del coito.

—¿Te estás sintiendo bien con esto? —me preguntó.

—Pues sí —respondí con timidez.

—Las cosas serían tan fáciles si este libro no tuviera cosas tan complicadas —se quejó mientras pasaba las páginas sin siquiera leerlas.

Estuve a punto de decir algo cuando de pronto tocaron a la puerta. Twilight y yo intercambiamos miradas de pánico. Ella se lanzó hacia mí y me ocultó bajo las densas cobijas, con nuestros cuerpos abrazados.

—¿Twilight, estás despierta? —se escuchó desde el otro lado de la puerta; era Starlight.

«Esa perra asquerosa de mierda», pensé. «Viniendo a joder todo como de costumbre».

—¿Qué ocurre, Starlight? —llamó Twilight. Con mi cabeza en su pecho escuchaba su corazón latiendo como si me abofeteara.

Se escuchó la puerta abrirse y los cascos de una pony entrando en la habitación.

—¿Está todo bien? —preguntó Starlight—. Escuché cosas extrañas. ¿Estabas hablando sola?

—Ah sí —respondió Twilight—, suelo hacerlo a veces para ordenar las cosas que hago en el día, ¿no te lo había contado ya?

—No que yo recuerde. ¿Para qué las velas? —preguntó Starlight.

«¡Qué le valga verga!», le grité en mis adentros.

—A veces necesito un poco de luz natural para dormir bien —respondió Twilight.

—¿Y sabes dónde está Witer? —siguió jodiendo la muy terca—. La habitación de su cuarto estaba abierta y no había nadie adentro.

«¡Aparte de sopla culos, metiche!».

—¿No está en su habitación? —Twilight fingió sorpresa—. Debió haber ido a casa de Tuenji, están saliendo a menudo últimamente.

—Entiendo. ¡Ah, estás leyendo un libro! ¿De qué se...?

—¡Noooo! —exclamó Twilight. Algo duro me golpeó la cabeza; supuse que era el libro.

Hubo silencio.

—Digo, te lo enseñaré mañana —dijo Twilight en tono más dulce.

Otro silencio incómodo. Solo pude escuchar el corazón de Twilight retumbando en su pecho.

—Ok —dijo Starlight alargando la O—, entonces todo está en orden, ¿no?

«¡Lárgate de una puta vez!».

—Así es —respondió Twilight.

—Bien, te dejo descansar. Buenas noches, Twilight.

—Buenas noches, Starlight.

Las puertas se cerraron y el repicar de los cascos de Starlight se perdió a la distancia de una vez por todas.

Twilight me quitó la cobija de encima con su magia.

—Con que estoy saliendo con Tuenji, ¿eh? —le pregunté.

—Tuve que inventar algo rápido, Witer, lo siento —respondió Twilight.

Estábamos en la misma posición: abrazados, acostados de lado uno frente al otro. Entonces rocé algo húmedo entre sus piernas, lo que hizo que se me agrandara.

—¿Puedo? —le pregunté a Twilight.

Ella guardó silencio. Abrió la boca para decir algo, pero siempre se arrepentía y no decía nada, hasta que al final dijo:

—Adelante.

Sentí que abría sus piernas mientras me introducía en ella, y soltó un gemido cuando toqué fondo. Empecé a moverme adentro y hacía afuera a medio paso, ni muy suave ni muy fuerte. Mis cascos recorrieron su cuerpo hasta llegar a sus caderas para nunca soltarlas.

Twilight se abrazó más fuerte a mí mientras gemía de placer.

—Lo estás haciendo bien, Witer —gimió.

Me sentía como un campeón con ese elogio. Podía ir a más, pero no quería hacerle daño ni correrme rápido. Al menos yo si quería algo de diversión.

El placer que experimentaba estaba a otro nivel, mucho más que antes, y a no ser que Twilight me dijera que me detuviera, no lo iba a hacer.

Twilight se empezó a soltar y apartar de mí.

—¡Espera, Witer! —me dijo y yo me detuve en seco.

El descanso no me venía mal para recuperar el aliento, pues era yo el que estaba haciendo todo hasta ahora.

Luego de un rato de recuperar energías, Twilight me dio la espalda y acercó su trasero hacia mi pelvis. Mi bulto rozó sus nalgas. No esperé más y la metí de vuelta. Ahora estábamos casi en la misma posición, solo que con Twilight de espaldas. A diferencia de antes, su cola empezó a ser algo molesta; la tuve que colocar sobre mi cadera para que no estorbara más.

Sin querer, aumenté el ritmo, pues estaba llegando a mis límites y ya estaba deseando sacarlo todo de una vez.

El cuerpo de Twilight se empezó a estremecer y a gemir más fuerte. Supe que le dolía, pero pedí que aguantara un poco más en lo que yo terminaba. Apenas se molestó en bajar el volumen a sus gritos; parecía que ya no le importaba que la escuchara Starlight, Spike, o Applejack que seguro desde su granja podía escuchar a su amiga chillar así.

—Recuerda la protección —me dijo Twilight mientras se tapaba la boca.

Me quería decir que podía terminar adentro, jugándomela a ese 0.69% del que me había hablado. Pues ese mísero porcentaje me la iba a pelar, y nunca mejor dicho.

Tomé a Twilight entre mis brazos y empecé a gemir con ella. Tomó mis cascos sobre su pecho y entonces todo mi placer fue expulsado como un cañón. Sentía como que nunca iba a acabar de expelerlo todo, o que siquiera Twilight iría a aguantar tanto líquido dentro suyo.

Jadeando los dos para recuperar el aliento, no nos movimos de esa posición; aún tenía su cuerpo entre mis brazos y su interior relleno. Tampoco parecía molestarle que la abrazara o que todavía lo tuviera adentro.

Ya un poco recuperado, lo retiré empapado como estaba de mis líquidos y de los suyos. Me acosté boca arriba en el colchón como si me encontrara en las nubes, respirando el viento puro de una linda mañana.

La silueta de Twilight se alzó, recortándose contra la luz de las velas para mirarme.

—¿Estás bien, Witer? —preguntó un poco preocupada.

—Como nunca —respondí entre jadeos—. Necesito un descanso, nada más.

Twilight me sonrió.

—Lo tienes merecido —dijo dulcemente. Se acercó hacia mí y me dio un beso en la mejilla—. Muchas gracias.

Encendió su cuerno y la oscuridad nos atrapó. Tomó la cobija, nos cobijó a ambos y se acostó a mi lado.