Al despertar, una luz intensa que venía de las ventanas cegó mis ojos; parecía que había pasado un buen rato desde que amaneció.

Las cobijas que me cubrían estaban tan cómodas que me dio calor. Me las quité y noté que tenía el cuello y la frente empapados de sudor. A mí lado, durmiendo como un ángel, estaba Twilight, gimiendo en sueños. Justo recordé lo que habíamos hecho ayer, y no sabía si sentirme bien o mal.

¿Debería esperar a que se despierte? ¿Debería despertarla? ¿Debería huir?

No hubo chance a decidir.

—¡Twilight, Twilight!

Una voz aguda se acercaba corriendo por los pasillos. Antes de que soñara en ocultarme, las puertas se abrieron de golpe y tras ellas apareció Pinkie Pie.

—¡Twilight, tienes que probar mi nueva...! Awww, ¿por qué no me avisaron que iban a hacer una fiesta de pijamada? —El rostro de Pinkie denotaba tristeza.

Me quedé tieso, pensando en ocultarme bajo las cobijas, aunque me muriese de calor y de pena ahí adentro; pero ya me habían visto, ya no tenía caso. Al menos agradecí que solo me había visto Pinkie hasta ahora.

—Pinkie Pie, ¿qué no ves que todavía es temprano? —La voz de Rarity entró en la habitación—. Twilight está muy cansa... —Al verme, soltó un grito ahogado y se quedó más paralizada que yo.

Que Rarity me haya visto era mil veces peor, o eso era lo que yo pensaba.

Entonces Twilight se despertó medio atontada. Se frotó los ojos y luego vio a sus dos amigas en la puerta. Debió habérsele puesto los pelos de punta tanto como a mí o a Rarity.

—¡Pinkie, Rarity! —exclamó Twilight mientras se encogía bajo las cobijas—. ¿Qué están haciendo aquí? —preguntó con un hilo de voz.

—¡Pinkie, vámonos! —dijo Rarity.

—¿Qué? —saltó Pinkie—. Pero yo quería...

Rarity la tomó con su magia y el resto de lo que dijo Pinkie se perdió por los pasillos.

A solas los dos, Twilight tomó su almohada y ocultó su cara bajo esta.

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Seguido a eso, me ofrecí a dejarla sola, aunque lo dije sin haberlo pensado; enfrentar alguna que otra pregunta por parte de Rarity era una de las fobias que había adquirido. Como Twilight me dijo que sí, ya no había marcha atrás y me tocó enfrentar al mundo.

Salí y dejé a la pobre y avergonzada Twilight con ella misma. Antes de bajar, fui al baño a demorarme más tiempo de lo habitual en mear y lavarme la cara. Al bajar me encontré con Rarity, Pinkie, Spike y Starlight conversando junto a un carretillo con una pirámide de pastelillos rosas encima. Solo Pinkie me recibió con agrado, los demás evitaban el mínimo contacto conmigo, y cuando me respondían a algo lo hacían de manera cortante.

Pinkie me invitó a comer de su nueva muestra de pastelillos, y decidí que ese sería mi desayuno, porque no creía que Spike se viera muy contento en prepararme algo. Tomé unos pastelillos y me los llevé donde creía que estaba el comedor para estar a solas. Luego de dar unos cuantos rodeos, llegué al comedor; ya me estaba acostumbrando a orientarme por el castillo.

Puse los pastelillos en la mesa y me senté a comer: ni el buen sabor de los pastelillos me subió los ánimos. No es que me sintiera mal, pues no había hecho nada por lo que me pudieran acusar; todo había sido con consentimiento, pero no podía decir que me sentía bien.

Escuché las puertas abrirse a mi espalda y un sonido de cascos acercándose con paciencia. No me atreví a ver quién era; seguí comiendo mis pastelillos ignorando al pony que se acercaba. No quería ver a nadie, ni a Twilight, ni a Rarity, ni a Pinkie, y si era Starlight pediría que me mataran.

Por fortuna no fue la última, pero, de cualquier forma, no quería ver a Rarity tomando el asiento a mi lado. Traía una tacita y una tetera con su magia.

Rarity se aclaró la garganta.

—Buenos días, Witer —dijo como si saludara a la alcaldesa—. ¿Gusta algo de té?

—Por favor —respondí con voz de muerto.

Ella me hizo el favor de verter el té en mi taza y le agradecí. Se hizo un silencio incómodo. Yo comía y bebía como si nada, mientras Rarity miraba al techo y daba golpecitos con su casco a la mesa, como pensando bien lo que quería decir.

Yo la miraba de reojo. Después de haberlo hecho con Twilight, se volvió titánica la tarea de no imaginarme a alguien tan atractiva como Rarity teniendo relaciones. Parpadeé dos veces y decidí concentrarme por completo en los pastelillos para evitar pensar en esas cosas.

—Entonces —comenzó Rarity—, tú y Twilight tienen algo juntos, ¿es así?

—Solo fue por esta vez —respondí—. Ella me lo pidió anoche.

—¿En serio? —Rarity me volvió a mirar, sorprendida—. Quiero decir, conozco a Twilight desde hace varios años, pero no conocía esta parte de ella. Es extraño.

—Me dijo que quería probarlo, y que estaba teniendo unos días difíciles.

Rarity asintió.

—Así es —respondió—. No está para nada mal... despejarse de vez en cuando. No he visto a Twilight mucho hoy, pero a ti te noto un poco decaído. ¿Todo salió bien anoche?

—Supongo —dije—. Es solo que me siento algo extraño, siento que no debí haberlo hecho, o algo así.

—Eso es normal, querido, sobre todo si fue tu primera vez... fue tu primera vez, ¿no es así? —Yo asentí—. Bien, ya se te pasará. Hablarás con Twilight y serás sincero con ella; verás que ese mal desaparecerá y ustedes serán los amigos de siempre.

Volví a asentir en silencio. Yo tenía los ánimos tan por debajo que lo iba a hacer solo porque no tenía idea de qué más hacer.

—Y parece que los otros se enteraron de esto ¿no? —pregunté y bebí de mi taza.

—Ah, tienes que disculpar a Pinkie —respondió Rarity—. Yo no iba a decir una sola palabra de lo que vi, pero Pinkie empezó a decirle a nuestros amigos sobre una pijamada entre tú y Twilight, y no se lo tomaron de la mejor manera. Pero tú descuida, yo me haré cargo de todos ellos.

—¿No crees que estás haciendo demasiado? —le pregunté.

—Por supuesto que no, querido —respondió Rarity—. Solo quiero lo mejor para mis amigos, y eso los incluye a ustedes dos. Ahora, con tu permiso, veré si puedo hablar con Twilight. Tengo que ser rápida, no puedo dejar que Pinkie esparza la noticia hasta Canterlot. Fue bonito hablar contigo, Witer. Hasta otra. —Puso su casco sobre mi hombro un momento y luego se apresuró a retirarse.

Después de comer me quedé en mi cuarto para evitar cualquier tipo de contacto con otros ponis. Con la excusa de creer que Twilight todavía seguía derrumbada de pena en su cama, no la había ido a buscar aún.

De pronto recordé mi asunto con Tuenji; lo había olvidado por todo este tema con Twilight. Sentí un poco de pereza por la vida, ya que luego de lo de Twilight tendría que ver qué hacer con Tuenji.

Me levanté de mi cama y salí de mi cuarto para buscar a Twilight; ya faltaba poco para la hora del almuerzo y no quería pasar un rato incómodo con ella en la mesa. Investigué por los pasillos y no había pistas de ella por ningún lado. Solo me encontré a Starlight y me digné a preguntarle si la había visto, a lo que ella me dijo que estaba en el balcón. No le di ni las gracias y me dispuse a buscar ese balcón que nunca había visto; supuse que estaba en las plantas altas.

Subí escaleras que parecían infinitas, cansándome en el proceso. En el fondo de un pasillo vi una salida que daba al cielo, y de ella entraba un aire fresco que me decía que no fuera pendejo y que debía salir más a menudo. Me acerqué al dichoso balcón; ahí estaba Twilight, reclinada al antepecho y dándome la espalda. Su melena ondeaba al soplo del viento; parecía estar absorta en sus pensamientos.

Mis cascos hicieron ruido, a propósito, al acercarme. Twilight despertó de su trance y volteó la cabeza para mirarme.

—Witer —dijo—. ¿Me acompañas?

En vez de responder solo me acerqué y me puse a su lado, asomando al antepecho para ver a Ponyville extendiéndose muy por debajo de mis cascos. También distinguí el castillo de Canterlot allá a lo lejos entre las montañas; pronto lo iría a visitar.

—¿Te parece lindo? —me preguntó Twilight. Parecía estar más animada de lo que había pensado, pero no apartaba los ojos del paisaje.

—Es increíble —dije alucinado por la maravillosa vista.

Le dimos al viento su momento de hablar; ni yo ni Twilight decía nada durante un rato.

—Parece que ya varios se enteraron —me animé a comentar.

Twilight suspiró tanto como el mismo viento.

—Sí —dijo—. Lo siento por lo de anoche.

—¿Por qué te disculpas? —La volví a ver.

—Rarity me ha dicho que te sentías un poco mal esta mañana. Siento que anoche te forcé un poco a hacer eso, y ahora me siento como una pésima amiga.

Tardé un momento en responder.

—Sí, me sentí un poco forzado —dije—, pero al final fui yo quien aceptó, Twilight. Es solo que me pareció raro hacerlo con una pony como tú.

—¿Como yo? —Twilight me volvió a ver.

—Sí, quiero decir, eres una buena pony, demasiado incluso para este mundo. Aceptaste a un extraño como yo a quedarse acá en tu castillo y tratarme muy bien, demasiado para mi gusto; estoy muy agradecido por eso. Y luego de lo de anoche... no sé, me cuesta aceptarlo.

Miré a Twilight: mis palabras parecieron sonrojar su rostro.

—¡Ay, no digas eso, Witer! —dijo con tono embarazoso—. No soy así de buena, solo hago mi labor de princesa de la amistad.

—Por eso eres princesa de la amistad.

—Sí, lo sé, pero prefiero sentirme como la misma pony que siempre ha vivido acá en Ponyville —dijo Twilight con dulce inocencia.

Son esos detalles que me hacían querer a Twilight y verla como una pony intocable para mí.

—Podemos seguir siendo amigos después de esto, ¿verdad? —me preguntó ella.

—Es justo lo que te iba a preguntar —respondí—. Claro que me gustaría conservar nuestra amistad, mientras olvidemos lo de ayer.

—Lo olvidaré, es un hecho —dijo Twilight cerrando los ojos y llevándose un casco al pecho como si hiciera un juramento real. Entonces abrió los ojos como si recordase algo—. A no ser que...

—¿Qué? —pregunté, expectante.

—Bueno. —La voz de Twilight flaqueó—. No lo sé, supongo que podré decirte si el hechizo falló, ¿no? —Una enorme sonrisa surcó su rostro.

—Eso es ridículo —respondí, incrédulo—. Solo es un 0.69% de posibilidades de fallar.

Twilight soltó una carcajada.

—¡Oh, Witer! —dijo—, ¡si supieras cuántos hechizos he fallado con esas probabilidades!

Mi rostro cambió de escepticismo a espanto. Al verme, Twilight dejó de reír y se aclaró la garganta.

—¡Pero no te preocupes! —me tranquilizó mientras me ponía su casco en mi hombro—. No creo que ocurra nada.

—¿No crees? —pregunté preocupado.

Twilight se acercó aún más a mí y me puso su casco en mi mejilla. Nuestras miradas se cruzaron en ese instante.

—Witer, tranquilo —me dijo—. Como dijiste, es una posibilidad muuuuy baja. No quiero que te preocupes como yo lo hago con nimiedades.

Retiró su casco y volvió a asomarse por el antepecho.

—Te veo muy tranquila con esto —le dije.

—¡Y lo estoy! —respondió de golpe—. ¿Sabes por qué? Porque no va a pasar. Quiero decir, es más probable que un enorme dragón se aparezca ahora mismo y ataque Ponyville, ¿captas lo que digo? ¡Es casi improbable! No hay forma científicamente... no, miento; sí, sí la hay, pero no creo que yo termine... ¡no, no, no, para nada! Nunca. Jamás. Inconcebible. No ahora; quizás en el futuro, ¡pero no ahora! —Concluyó y volvió a reclinarse en el antepecho, evitando mi mirada.

Sonreí; esa sonaba más a la Twilight que conocía. Me acerqué a ella y le puse mi casco en su espalda.

Ella me volvió a ver.

—¿Amigos? —le pregunté.

Twilight me sonrió. Su rostro frente al paisaje y su melena que ondeaba por el viento era una belleza digna de un cuadro que me gustaría conserva con cariño.

Ella asintió.

—Amigos —respondió.

Sonreímos el uno al otro, y al cabo de un rato ella se acercó y me abrazó. Vacilé un segundo, pero luego la acompañé en el sentimiento y mis brazos la aceptaron.

—Twilight, ya está la comida lis... —dijo una voz que venía del pasillo.

Twilight y yo nos soltamos y nos separamos para mirar a Spike que venía con un delantal y un sombrero de chef puestos.

—¡Oh! —exclamó el dragón, boquiabierto—. No pensaban hacerlo aquí también, ¿o sí?

—¡Spike! —soltó Twilight.

—¡Perdón, perdón! Apresúrense si no quieren sus macarrones fríos. —Spike salió corriendo y se perdió por el pasillo.

Twilight y yo nos miramos. Me hizo un gesto hacia el pasillo y la seguí en esa dirección.