Dos días después y el ansiado evento llegó: La Gran Gala del Galope. Yo no estaba casi nada emocionado, en realidad tenía paja de ir. Pero ¿qué diría Twilight y las otras si les dijese que me quedaba en Ponyville? No lo quería saber, así que antes de querer comerme sus insistencias de que fuera a esta oportunidad única en la vida, fingí emoción de ir.
Un poco antes de que me fuera alistar, Twilight vino a mi habitación. Tenía arreglada las pestañas y los párpados adornados con una sombra que hacía juego con su melena.
—Disculpa que te moleste, Witer —me dijo—. ¿No has hablado con Tuenji últimamente?
—No, no la he visto desde hace días —respondí.
Twilight suspiró de pena.
—Se supone que ustedes dos irían en carruaje juntos —dijo—. Deberías ir a hablar con ella para corroborar si vendrá; si no viene, podemos dejar hueco para que vengas con nosotras. —Twilight dibujó una leve sonrisa en su rostro, pero muy bonita.
—Sí, iré hablar con ella apenas pueda.
Spoiler: no lo hice.
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Me puse mi traje; no era nada del otro mundo: una chaqueta de traje azul oscuro, que, si ya era suave al tacto, usarla se sentía de maravilla; debajo usaba la típica camiseta blanca; pantalones que iba a juego con la chaqueta; y, para coronar, un sombrero negro de copa alta, adornado con una cinta azul que casi hacía reflejo a contraluz. Al principio no me había visto interesado en usar nada en la cabeza, pero me pareció gracioso usarlo; sin mencionar que me veía más facherito.
Cuando cayó la noche, ya estuvimos todos listos. Yo era el único que ya se esperaba un atraso, ya que Tuenji no se aparecía. Twilight quiso esperarla para que los tres carruajes, que esperaban a las afueras del castillo, fuesen juntos: uno para ella y sus amigas, otro para los amigos de Starlight, y el último que era para mí y la pony desaparecida.
—¿Y Tuenji? —me preguntó Twilight. Su melena llevaba un moño, y su vestido era de un verde agua que se distinguía en la noche.
—Parece que se atrasó con algo, no lo sé. —Ni yo me creía a mí mismo.
—¿Estás completamente seguro de que ella vendrá?
—Claro, claro. —Witer el mentiroso atacó de nuevo—. Ustedes pueden continuar, nosotros los seguiremos detrás.
Twilight abrió la boca como para argumentar, pero la cerró de vuelta.
—Está bien —dijo—, nos vemos allá.
Subió a su carruaje junto con sus amigas. Antes de que el segundo carruaje partiera, Trixie me saludó con el casco en alto y una sonrisa. Yo le devolví el mismo saludo.
Cuando se fueron, yo estaba más incómodo que solo, ya que ahí estaban los dos ponis que iban a tirar del carruaje esperando, pero que ya se les veía que la paciencia les menguaba.
Seguimos esperando; cada vez que se escuchaba un repiqueteo de cascos todos alzábamos la vista, para luego bajarla con decepción al no ver una pony bien vestida acercándose.
Al final acabé harto y les dije que nos fuéramos sin ella, pero ellos se negaron y me riñeron, diciendo que era muy poco caballeroso de mi parte no ir a buscar a la señorita, como le decían ellos. Por poco y les suelto una retahíla de insultos.
Antes pensaba en buscar un alma en el castillo de Twilight que ir a buscar a Tuenji. Solo piénsenlo: yo, con este traje, la busco luego de haber tenido una discusión, solo para preguntarle si iba a ir a la gala, cuando lo más probable era que me la encontrara con un humor de perros, toda desarreglada y comiéndose unas palomitas en su sofá. Prefería que Applejack me diera a patadas como si fuera un manzano.
Aun así, debido a que los ponis no dejaban de tirarme miradas hostiles, fui a buscarla. Ya no importaba si me recibía de buena forma, o me tiraba en la cabeza el balde en el cual me había vomitado.
—Que sea lo que Celestia quiera —me dije mientras cruzaba Ponyville.
Creí haber encontrado la casa: todas eran iguales, no me culpen. En las afueras de la casa, reconocí el mismo balde que había usado tiempo atrás para ya saben qué. La casa tenía las luces encendidas, pero las ventanas estaban tapadas por cortinas. Pese a todo, estaba convencido de que era la indicada.
Me acerqué a la puerta y escuché pasos dentro. Entonces toqué la puerta dos veces.
—¿Quién es?
Era la voz que tanto quería escuchar y a la vez no.
—Ahm, Tuenji —llamé—. Soy yo, Witer.
No respondió; solo se escuchaban sus cascos caminando por su casa: a veces venían, a veces desaparecían.
—Mira —dije alzando la voz para que me pudiera oír—, ya sé que tuvimos una discusión hace días, pero también te he invitado a la gala y se está haciendo tarde. Solo quería saber si vendrás o no. Si es un «no» te dejo en paz de una vez.
La respuesta brilló por su ausencia. Los cascos de Tuenji se escuchaban ahora lejanos; a lo mejor estaba escondiéndose en su cuarto, el cual ya sabía que estaba al fondo.
—Por lo de la discusión —continué—, pensé que quizás, a lo mejor, podríamos llegar a un acuerdo o algo. No tenía intenciones de... ya sabes, estar en tu contra ni nada por el estilo. No importa lo que me haya dicho Trixie; no intento dejarte tirada ni hacerte daño.
De nuevo, solo sus cascos respondieron; parecía que vagaba por toda su casa, como debatiéndose qué hacer.
Esperé, pero no me quedaba mucha paciencia desde que había estado esperando junto al carruaje. Eran momentos muertos para alisar mi chaqueta y quitarme el sombrero para acomodarme la melena.
Estuve a punto de largarme, pero escuché el repiquetear de los cascos acercarse hacia la puerta; mientras más cerca se escuchaban, más rápido me latía el corazón. La luz que se filtraba desde adentro por el inferior de la puerta fue obstruida por una sombra. Entonces la puerta se abrió, y fue en ese preciso momento en que mi corazón saltó y salió corriendo; a lo mejor se había hartado de bombear mi sangre.
La Tuenji que apareció tras la puerta no era la misma, pero con un segundo vistazo no había dudas de que sí lo era.
Traía un vestido azul oscuro como el fondo del océano; su larga falda estaba detallada con burbujas, lo que de verdad parecía que se podía sumergir en ella. Sus mangas eran cortas, pero sus cascos frontales estaban cubiertos por medias del mismo azul, decorada con las mismas burbujas. Su corta melena estaba bien peinada, y en la cima de esta se posaba una pequeña corona azul. De sus orejas se destacaba un par de aretes cian, y de estos colgaban una estrella violeta en cada uno. Y de un tono gris, pero un poco más oscuro que el color de su pelaje, una sombra empapaba sus párpados.
«Chucha», pensé.
Por mejor que lo explicara, no había forma de hacerle justicia a lo que tenía en frente de mí. Si no hubiera estado tan perdido en las maravillas del vestido, hubiera notado que Rarity se había tomado el innecesario esmero en hacer que nuestros atuendos combinasen uno con el otro. ¡Pinche Racisty!
Tuenji me miró, inexpresiva.
—¿Y bien? ¿Qué tal? —preguntó mientras modelaba en la salida para que viera mejor el vestido.
—Ahm... te ves bien.
—¿Solo... bien? —Tuenji me miró como si le hubiese dicho que el agua moja.
¡Mierda, Witer, ya deja de cagarla!
—Quiero decir, te ves... linda. —El grillo que se escuchaba por ahí hubiera dicho «linda» con más convicción.
—¿Linda?
—Sí —asentí. Ya me estaba poniendo rojo como Big Mac.
Tuenji levantó una ceja, pero al menos reveló una leve sonrisa mientras me miraba. Apagó la luz de la sala, y al salir cerró la puerta tras de sí. —Bueno, andando —dijo—. Dijiste que se nos hace tarde ¿no?
—Sí. —Volví a responder con la misma palabra.
Tuenji pasó por mi lado y un dulce aroma atrapó mi nariz, hipnotizándome más de lo que ya estaba con la pegaso, conocida ahora como la reina del fondo del océano.
La guie hasta el castillo donde esperaba nuestro carruaje. Los ponis, que habían estado esperándonos, recibieron encantados a la señorita, alabando cada hilo de su vestido y la ayudaron a subir al carruaje. A mí, como no esperaba otra cosa, solo me miraban por el rabillo del ojo con recelo. Yo no les hice caso.
Durante el viaje, Tuenji estaba muy callada; en realidad no habíamos hablado desde que dejamos su casa. Solo permanecía apoyada en la ventana, mirando a través de ella, aburrida; no apartaba la mirada, ni aunque del otro lado apareciera Tirek destruyendo Equestria.
En cuanto a mí, ¿qué más podía hacer aparte de mirarla de reojo? Estaba de verdad guapa, y pensar que estaba yendo a la gala con esta chica era una locura.
Una locura también era que haya decidido venir después de lo que habíamos hablado días atrás. Pese a que había sacado ese tema cuando la había ido a buscar, no hablamos de ello en lo absoluto; el vestido había captado toda mi atención.
—Tuenji —la llamé, aunque no tenía idea qué le iba a decir.
Ella apartó la mirada de la ventana y se sentó bien para mirarme.
—¿Hm?
Vacilé unos segundos.
—Sigues enojada, ¿no? —le pregunté.
—No lo estoy, Witer.
—Pues lo estabas.
—No, solo había perdido la paciencia.
Fruncí el ceño.
—¿Qué no viene a ser prácticamente lo mismo? —pregunté.
—No me enojé, como dices, por la razón que piensas. No has respondido siquiera a mi pregunta. Lo que me recuerda, después de todo estos días, ¿ya puedes responderme?
—Ahm... no —respondí.
Tuenji rodó los ojos y volvió a ver por la ventana.
—Pero por eso dije que quizás podríamos hablarlo —añadí.
—¿Hablar de qué? —rio como si le hubiera contado un chiste.
—No lo sé, algo. Aunque digas que no confío, en parte lo hago; quieres que te ayude y yo no quiero dejarte tirada.
Tuenji me volvió a mirar.
—¿Lo dices en serio, o es que te parezco sexy con este vestido? —preguntó, escéptica.
—La segunda —respondí al toque.
De alguna forma pude aguantar la risa al ver la cara de Tuenji, que me miraba como un bicho raro. Por supuesto estaba mintiendo, aunque tampoco tanto, he de añadir. La pregunta que había hecho tenía el propósito de fastidiarme, pues ahora me tocaba a mí fastidiarla a ella.
Fue Tuenji la que apartó la mirada hacia el frente.
—Así quieres jugar, ¿no, Witer? —me preguntó como si me amenazara, pero ella tenía mayores dificultades para aguantar la risa.
—No sé de qué hablas. —Miré por la ventana de mi lado del carruaje, haciéndome oídos sordos.
—En algún momento te voy a terminar golpeando; vete preparando. —Hubo un momento de silencio—. Por esta noche —añadió—, quiero olvidarme de todo lo que pasó; solo quiero divertirme. Hablaremos de lo que quieras que te cuente, pero procura no preguntar mucho por todo esta mierda con Trixie y lo que sea que te haya contado, que desde ya te digo: todo es mentira.
—¿O sea que lo del bosque...?
Tuenji me chistó.
—No hablemos de esto en lo que queda de viaje, ¿sí? —dijo en un tono inocente que sonaba horrible viniendo de ella—. La noche es joven aún para eso.
—Bueno —asentí.
Volví a ver a Tuenji que me dedicó una joven sonrisa. Se acercó a mi lado y posó su cabeza sobre mi hombro; más cerca no podía tener su fragancia a flores. Quizás era otra de sus típicas bromas para molestarme, y esta le estaba saliendo muy bien, pues me quedé de piedra, y de piedra se me puso otra cosita.
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Cuando llegamos no era novedad que fuéramos la última carreta del desfile; no había ni un alma a la vista en cuanto nos acercábamos al castillo.
Nos detuvieron al inicio de otro sendero que guiaba a la entrada del castillo. Abrieron la puerta del carruaje y salí primero. Una vez fuera, le tendí mi casco a la señorita antes de que un estúpido me la quitara o me llamara poco caballeroso.
Tuenji rio mientras me cedía su casco y bajó del carruaje. Esta noche debía ser algo muy especial, pues se le veía más feliz de lo normal; puede que olvidar todo este tema del misterio sacaba la verdadera Tuenji en su interior. Fue ella quien le dio las gracias a los dos ponis que habían tirado del carruaje; yo ni los volví a ver. Uno al lado del otro, empezamos a recorrer el sendero hacia el castillo. Caminamos con prisa, pues ya debíamos haber llegado hace rato.
—Es tu culpa por haberte tardado tanto —le dije.
—La próxima vez te puedo prestar este vestido, para ver cuánto te demoras en verte tan linda como yo —replicó ella.
Qué bueno que no había nadie escuchando a estos dos tarados discutiendo esas estupideces.
Llegamos a la entrada del castillo donde aguardaba una fila de guardias, cubriéndola. Una vez les enseñamos los boletos dorados, se hicieron a un lado y nos dejaron pasar.
Al dejar atrás los guardias, seguimos un túnel y entramos al salón principal del castillo. Allí debería haber muchos más ponis de los que había: a lo mucho había diez ponis, y una mucho más importante que todos ellos y nos vio llegar.
—¡Princesa Luna! —dijo Tuenji y se arrodilló frente a la princesa que se acercaba para recibirnos.
Yo tardé un poco en seguir el gesto de mi compañera y casi me caigo de hocico.
—Pueden ahorrarse las reverencias conmigo, mis queridos ponis —dijo la princesa Luna con una tranquilidad semejante a la misma noche—. ¿Tuvieron algún inconveniente en el camino? La gala empezó hace casi una hora.
Tuenji y yo nos levantamos para mirar a la princesa de la noche.
—Fue más un inconveniente mío con el vestido —respondió Tuenji un poco avergonzada.
La princesa Luna soltó una pequeña risita.
—Sí, creo que puedo entender eso —dijo—. Pero deberían apresurarse, la cena ya debió haber empezado.
—Oh, cierto. ¿No vienes? —preguntó Tuenji.
—No, aún no. Iré a dar un paseo fuera. Fue un gusto conocerlos, Tuenji, Witer. Si me disculpan. —Pasó por nuestro lado en dirección a la salida, y allá al fondo se perdió de vista.
—Bueno, tenemos que buscar dónde ir. Vamos —dijo Tuenji mientras me jalaba del brazo como si fuera un muñeco.
Cruzamos varios pasillos que me recordaban por completo al castillo de Twilight, pero peor. A lo mejor era porque ya me había acostumbrado un poco al de Twilight, pero estos eran más largos, y era de verdad desesperante recorrer un tramo extenso solo para encontrar una habitación vacía.
Al final después de preguntar algunas direcciones a unos guardias, pudimos dar con la sala donde se llevaba a cabo el evento.
Había mesas esparcidas por todo el lugar; a primera vista todas estaban ya ocupadas. Había también un escenario donde una banda tocaba una lenta y aburrida canción, y entre los que tocaban distinguí a Octavia. Una de las paredes del recinto tenía ventanas enormes, que daban vista a un enorme bosque y un paisaje más allá de un río recubierto por la luz de la luna.
Tuenji me instó a seguirla. Caminamos entre las hileras de mesas, haciéndonos espacio entre los otros ponis y los meseros que entregaban los alimentos a sus clientes.
Nos distrajimos saludando a Applejack, Rarity y Fluttershy, esta última no se vio muy conversadora, lo que no me sorprendió de nada. Les pregunté dónde estaba Twilight, y me respondieron que estaba hablando con la princesa Celestia.
Las dejamos en su mesa y seguimos buscando una para nosotros, hasta que llegamos a una esquina de la sala donde había una mesa redonda sin nada ni nadie que la ocupara.
Llegamos a ella y nos sentamos uno a cada lado de esta, aliviados. Al menos yo sentía que había recorrido un largo viaje, y por lo visto no fui el único, pues Tuenji suspiró en cuanto ocupó su asiento.
Hablamos de cualquier cosa; yo prefería evitar en lo posible hablar de Trixie y todo lo raro que ocurría en este mundo. En vez de eso, nuestra conversación se dirigió hacia nuestros atuendos y lo mucho que le había costado a Tuenji estar lista a tiempo.
—Es fácil quejarte cuando eres varón, ¿sabías? —me dijo—. Ustedes no tienen que demorarse años arreglándose.
—En ningún momento me quejé como tal —respondí—. Estaba ya harto de esos dos ponis. Aunque eso me recuerda que, si no fuera por ellos, te habría dejado tirada.
Contra todo pronóstico, Tuenji me sonrió arqueando una ceja.
—¿Así que me ibas a dejar tirada? Al menos en eso eres honesto. —Tuenji tomó con su ala una taza y bebió de ella.
—¡Pensé que no vendrías por lo de la vez pasada! —me defendí.
—No me iba a perder esta oportunidad por nada en el mundo. Pero ya estamos acá, y tuviste el valor de irme a buscar a pesar de todo; si te lo propones, puedes dejar de hacer estupideces, Witer. Sigue así. Aún estás a tiempo de olvidarte de Trixie.
—¡Vaya! ¿Será posible que alguien mencionó a la gran y poderosa Trixie por aquí?
Esa voz saltó antes de que yo pudiese responder a Tuenji.
Ambos volteamos a mirar a la metiche: era Trixie. Traía un largo vestido violeta, cuya falda se transparentaba a un tono más claro y se podía ver su cola bien peinada debajo. Bien peinada no estaba solo su cola, sino también su melena, que ahora parecía más larga y sedosa, y una pequeña trenza se hacía notar en esta. En cada oreja tenía una estrella plateada como arete.
Por instinto, miré a Tuenji: por más bella que se veía, no tenía un ápice de humor en su rostro, lo que me hizo encender las alarmas. La rivalidad entre estas dos ya no era un misterio a estas alturas, y lo que iba a pasar si Trixie y Tuenji se aguantaran un segundo más la mirada la una a la otra, no lo quería saber.
—Lárgate, Trixie —respondió Tuenji mirándola con recelo—. Nadie te ha llamado en lo absoluto.
—¡Ah! ¿Estás segura, Tuenji? —A diferencia de mi compañera, Trixie no tenía drama con esparcir su gracia en voz alta—. Porque Trixie tiene un buen oído cuando alguien dice Trixie. Sin embargo, no estoy aquí por ti. —Trixie se sentó a nuestra mesa—. ¿Qué acaso la gran y poderosa Trixie no tiene derecho saludar a su nuevo amigo Witer?
La mirada de Trixie llegó hasta mí. Sin saber qué hacer, miré a Tuenji: su rostro estaba empañado por una sombra.
—Ah, sí, supongo —respondí con nerviosismo.
—No tienes por qué ser así si no quieres, Witer —me dijo Tuenji—. Claramente busca algo de ti.
—Esas palabras calzarían para ti también, Tuenji —le atajó Trixie, sonriendo mientras se acercaba aún más a la mesa—. No tienes que ocultar ya nada más. ¿Qué planeas? Después de todo, ya le conté todo de ti a Witer.
—Si crees que se tragó tus mentiras, te hago saber que él no es tan tonto como piensas —respondió Tuenji—. Mis intenciones no van más allá del bien mutuo, y él lo sabe.
Ahí estaba yo entre las dos, escuchando su conversación, tan callado como si fuera Fluttershy. Y decir que estaba incomodo es decir poco, parecía que se habían olvidado de que yo estaba ahí.
—Esas palabras están más maquilladas que tu rostro —la acusó Trixie—. Witer, recuerda lo que te dije. Por favor, no lo vayas a estropear. Esta pony no vale la pena en lo absoluto —me dijo, esta vez su sonrisa desapareció.
—Hazlo y se acaba todo para ti en este mundo, Witer —me dijo Tuenji de brazos cruzados con un enojo notable—. Me va a importar una mierda.
—Una amenaza, ¿eh? —La sonrisa de Trixie volvió—. Eso me sorprendería viniendo de otro pony que no fuera tú.
—¿Es a lo único que vienes acá? —le preguntó Tuenji con el ceño fruncido—. ¿A provocarnos a mí y a Witer? No sé qué diablos vienes aquí ni me interesa, pero, sea lo que sea, te está saliendo fatal, incluso viniendo de Trixie, como dices. Puedes cortar con esto de una vez, Witer. Ya viste cómo es la verdadera Trixie y no quieres que ella te siga manipulando; lo digo por el bien de todos. Dile que no te interesa formar parte de su estúpido espectáculo y se largará de una vez, es tan sencillo como eso.
Volví a ver a Trixie que no soltaba esa sonrisa de orgullosa. Por más que quería decir algo, no podía. Más que nada porque no sabía qué carajos decir; me sentía como un juguete al que dos niñas se peleaban por jugar con él.
Trixie se acercó a mí, lo que pareció activar un gatillo en Tuenji, que golpeó la mesa con su casco y las bebidas temblaron. La visualicé desplegando sus alas y saltando por encima de la mesa, abalanzándose hacia Trixie. La mesa cayendo al suelo, vertiendo las bebidas de las copas que estaban encima. El público de fondo pausando sus cultas conversaciones para voltear a ver la escena más violenta de la noche, y los gritos de horror sustituían a la banda que tocaba en el escenario.
Pero antes de que ese evento de mi imaginación se hiciera canónico en este fanfic...
—¡Hola, Witer! Tuenji, bonito vestido; Rarity de verdad se lució esta vez con ese vestido. ¡Y Trixie! Es la primera vez que vienes a la gala, ¿no es así? ¿Cómo te está pareciendo? ¿Han comido ya, o se están demorando en pedirles la orden? No se preocupen, eso se puede arreglar. ¡Mesero, por aquí! ¡Hey, mesero!
Puede que haya usado su magia, o quizás estábamos tan inmersos en lo nuestro que no la vimos venir, pero Twilight apareció de pronto para interferir la tensa conversación que estaba a punto de irse de madre. Su vestido, a la luz de la sala, parecía una enorme hoja, adornado con unos moños y flores en él.
—Twilight, ¿qué haces aquí? —pregunté sorprendido.
—¿Que qué hago aquí? —respondió Twilight mientras reía con un rubor en sus mejillas—. ¡No digas eso, Witer! Por supuesto vengo a verte a ti y a Tuenji, y de paso, ¿por qué no también a Trixie? Es de verdad un gusto que estén acá los tres... conviviendo. —No parecía estar muy segura de esa última palabra.
—Trixie también está contenta de estar acá con todos ustedes —dijo Trixie—; y que bueno que hayas venido, Twilight Sparkle. ¿Qué mejor que tener a la princesa de la amistad con nosotros? Estoy segura de que no puedes pedir nada mejor, ¿no, Tuenji? —Le lanzó una mirada como retándola a hacer lo que tenía en mente.
Cuando vi a Tuenji, su rostro se suavizó, aunque aún se podía ver una chispa en sus ojos. Quitó el casco de la mesa y ocultó sus alas con disimulo.
—Tú misma lo dijiste, Trixie —respondió—. Sólo procura mantener tu lengua con mecate; no vaya a ser que te eches al agua por ella. —Tomó su vaso con su ala y bebió de él como si ya hubiera rematado una discusión.
Antes de que cualquiera pudiera decir algo, el mesero acudió a nuestra mesa para pedirnos la orden.
Es así como el triángulo de las tres T se completó, lo que no era para nada una buena señal. Para colmo, Tuenji no parecía que se iba a dejar amedrentar por tener a Twilight cerca.
¿Yo?, estaba cagado. El estúpido traje me daba calor y quería mandar a la mierda el sombrero de copa alta que antes adoraba. Y la noche era joven aún.
Chucha.
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Gracias a que Twilight había venido, la conversación se tornó más tranquila mientras cenábamos: Twilight frente a mí desde el otro extremo de la mesa; Trixie justo a mi derecha, tan cerca que podría darme un abrazo si quisiera; y Tuenji a mi izquierda, a su distancia, con los ánimos arrastrándose por el suelo. De cena, Trixie se había pedido una buena ensalada y un trozo de carne; Twilight solo se había pedido un batido de fresa, quizás ya había comido antes de que nosotros llegáramos a la gala; yo, como no había querido pensar mucho luego de la discusión que había presenciado, ciegamente pedí lo mismo que Tuenji, aunque ella me había hecho ojos de que pidiera otra cosa, pero ahí me hallaba comiendo una ensalada de mariscos: no sabían muy bien, pero al menos no era difícil fingir que me gustaban.
Los temas que se hablaban no eran mucho de mi interés: Twilight hablaba de algunos estudios que ya ni me acuerdo de qué eran, pese a que le hacía preguntas sobre ellos para que no se sintiera sola; Trixie mencionaba las nuevas integraciones que haría más adelante en sus presentaciones para hacerlas más grandiosas y poderosas.
Por su parte, Tuenji callaba mientras comía con tanta facilidad su ensalada de mariscos que sopesé la posibilidad de regalarle la mía. Ella prefería mirar hacia las otras mesas o el florero que decoraba la nuestra en vez de a mí; tampoco hacía un esfuerzo especial en ocultar sus muecas de odio cada vez que Trixie hablaba.
—¿Todo en orden, Witer? —me preguntó Twilight con un deje de preocupación—. Aún no terminas tu ensalada.
—¡Ah, claro que estoy bien! —respondí—, y la ensalada igual. —Me eché un trozo de pulpo a la boca que sabía a diablos y roció mi lengua con un sabor como si me hubiera echado tinta.
Al mirar a Tuenji, vi que se tapaba la boca mientras masticaba su comida, como aguantándose una risa.
—Twilight —dijo Trixie—, ya que estás aquí ¿qué tal ha ido la investigación del bosque?
La risa de Tuenji desapareció y miró de reojo tanto a Trixie como a Twilight, pero luego centró su atención en su ensalada como si el tema mencionado no fuera de su incumbencia.
Twilight que estaba sorbiendo su batido casi se ahoga con él. Tosió un poco tapándose la boca con el casco.
—No creo que sea bueno hablar de eso acá, Trixie —respondió Twilight con los ojos apuntando hacia mí en vez de Trixie.
—¿Y por qué no? —insistió Trixie—. Los ponis temen por lo que va a pasar en el futuro, y quieren saber algo.
—Aún no hay nada que aclare todo este asunto.
—No nada, pero si alguien —respondió Trixie en tono enigmático.
Trixie, Twilight y hasta Tuenji me apuntaron con sus ojos como si fueran lanzas.
—¿Por qué me miran a mí? —pregunté para romper las miradas hacia mí.
Hubo silencio en la mesa, porque, claro, atrás de nosotros se escuchaba la banda tocando una canción más animada y los ponis estaban metidos en sus propias conversaciones.
Todos volvimos a ver a Twilight que suspiró.
—Creemos que podrías saber algo, Witer —dijo Twilight—. Algo que recuerdes, algo extraño, cualquier cosa podría...
Su voz quebró en cuanto el suelo empezó a temblar. Todos en la sala callaron y la música se apagó por completo.
—¡Otra vez esto no! —dijo Trixie con hartazgo mientras tomaba con su magia su copa con ponche de frutas y bebió de ella.
No se escuchaban más que gritos y el tintineo de las copas al chocar unas con otras por el temblor. Mi corazón latía con fuerza y mis cascos se congelaron. Tuenji estaba más ceñuda que antes y Twilight hacía una mueca mientras se agarraba de la mesa.
Me quedé algo mareado luego de que la sacudida acabó, pero el temor aún no se había desvanecido en la sala. Los ponis hablaban preocupados, sin reír y sin alzar la voz.
—¡Twilight! —la llamó Applejack —, deberías decir algo para tranquilizar a los ponis.
Twilight chasqueó la lengua.
—Denme un momento —dijo y se fue trotando.
—No temas en decirlo, Witer —me instó Trixie—. Estamos las tres presentes.
—¡No digas nada, Witer! —espetó Tuenji.
—Oportunidades como estas hay muy pocas —me dijo Trixie.
—¡Qué ni se te ocurra pensarlo! —exclamó Tuenji.
—No la escuches, Witer, te está manipulando.
—¡Es ella la que te está...!
Un chispazo les cerró el hocico.
—Todo está en orden, no hay nada de qué preocuparse —dijo Twilight con voz calma luego de aparecer en su asiento con su magia—. ¿Me perdí de algo?
—Para nada —respondió Trixie sonriendo—. Parece que Witer quería decirnos algo.
Tuenji apuñaló a Trixie con la mirada, pero Twilight pareció no notarlo.
—¿En serio, Witer? —preguntó la princesa.
De nuevo, las tres me miraron expectantes: Twilight con una sonrisa limpia de todo mal, Trixie sonriendo como de costumbre, y Tuenji con una mirada acechante.
Miré a mi plato y la asquerosa comida que se posaba en él.
—Lo siento, pero no sé nada de lo que hablan —respondí con inseguridad.
Miré a Twilight. De reojo vi a Trixie resoplando y llevándose un casco a la cara, y a Tuenji ocultando su alegría.
—Entiendo, Witer —respondió Twilight asintiendo con una sonrisa—. Si algo ocurre, no dudes en hacérmelo saber.
Yo asentí; no quería ver ni a Twilight ni a Trixie ni a Tuenji a la cara, pero tampoco quería ver los mariscos en mi plato que ahora tenía que forzarme a comerlos.
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La princesa Celestia apareció de pronto para calmar a los ponis presentes. Supuse que Twilight le había pedido que se encargara ella.
Pasado el tiempo, la música volvió al salón, pero no tenía la misma energía de antes. Los ponis volvieron a sus platicas, que se iban recuperando poco a poco.
—¿Se sabe qué fue lo que ocurrió el temblor? —me atreví a preguntar.
—¿Es la primera vez que presencias uno de estos? —se extrañó Twilight. Yo le asentí—. Curioso, estos temblores se han vuelto algo comunes desde hace bastante tiempo. Una noche de estas ocurrió; debiste haber estado dormido.
—¿Qué es lo que lo causa? —pregunté, aunque ya me imaginaba la respuesta y no esperaba que Twilight la supiera. Me sentía en una mejor posición ahora; Trixie no interfería y Tuenji no me lanzaba miradas con mandatos para hacer o no hacer algo.
—No lo sabemos —respondió Twilight con pesar—. Solo sabemos que es más fuerte en el Bosque Prohibido, donde creemos que está la causa.
—¿No han ido a revisar?
—Imposible, es muy peligroso dentro. No es como que en algún momento fuera un sitio seguro o que se pudiera hacer un picnic allí, pero antes no era tan tenebroso ni tan hostil como lo es ahora. Se podía explorar en él si se tenía las precauciones adecuadas, pero la cosa ha cambiado desde hace bastante tiempo. Ni siquiera fuera de él estamos seguros; están corrompiendo a otros ponis para propagar el desastre sin que nos demos cuenta. La cosa está bastante calmada, lo cual me aterra más que tranquilizarme, pues no sabemos en qué estratagemas estarán envueltos. Incluso un impacto débil puede ser fatal si no se le ve venir. Solo espero que todo vuelva a ser como antes, no tener más pérdidas ni que otros ponis caigan en las garras de lo que sea que hay en el fondo de ese bosque.
Y si no decía nada, era yo el que estaba trabajando para uno de esos ponis. Casi que pensé la posibilidad de regalar a Tuenji y a Trixie por igual.
—Lástima lo de Zecora —añadió Trixie con voz lúgubre.
Noté que Tuenji la miró de reojo.
—Solo era cuestión de tiempo para que Zecora fuese corrompida —dijo Twilight con un hilo de voz—, al fin y al cabo, ella vivía en el bosque. Por desgracia, tuvimos que hacer lo que estaba en nuestros cascos.
Entonces Trixie y Tuenji se sostuvieron la mirada mientras Twilight estaba ensimismada con la cabeza gacha.
Miré a Tuenji que también me miró. Ella dirigió su mirada a Trixie.
—Ahora vuelvo, Witer —dijo como si nada. Se levantó de su asiento y se retiró.
Todos en la mesa la vimos perderse entre la multitud de ponis.
—¿Ocurrió algo? —me preguntó Twilight.
—Supongo quiere ir al baño. —Me encogí de hombros.
—¿Todo anda bien entre ustedes dos?
—Ahm... claro.
Twilight me miró ceñuda.
—¿Estás convencido de eso? —preguntó.
—¡Por supuesto que no! —interfirió Trixie—. Ya sabemos que esa pony está medio... ya saben.
La volvimos a ver, dubitativos. Yo decidí ignorarla.
—Es una pony buena onda —respondí.
Trixie tosió; parecía que se ahogaba con un trozo de fruta del ponche.
Nadie habló más nada. Para encender la fiesta, y olvidar el mal trago, Pinkie Pie subió el volumen a su música para que todos salieran a bailar.
—¿Te gustaría venir? —me preguntó Trixie.
—No lo creo —respondí—, un farol se mueve mejor que yo.
—¡Bah, no digas eso! —dijo Twilight—; es divertido. Y, si les parece bien, puedo acompañarlos.
A Twilight era alguien a que si me costaba rechazar. Era algo difícil de explicar: no es que me gustase Twilight ni nada parecido, es solo que las buenas vibras que transmitía era algo que no tenía ninguna otra pony, y después de lo que había pasado luego de aquella noche nuestra, no podía quererla más. Y por eso si me decía que fuera a bailar, aunque no supiera nada de ello, el impulso de lanzarme a la pista era superior a mí.
Así que fui a bailar con Trixie y Twilight, aun teniendo claro que me veía como un tonto haciéndolo, pero era divertido, aunque quizás estaba bailando con la muerte, si saben a lo que me refiero.
Bailamos varias canciones sin parar, pero Tuenji no se aparecía y me empecé a preocupar. ¿Qué pasaría si me viera bailando tanto con Trixie como con Twilight? ¿Y si ya me había visto y no me había dado cuenta? ¿Se habría molestado e ido? Uy, esa si no la quería saber. Me era más fácil imaginar un dragón atacando Canterlot de la nada a que Tuenji bailara con nosotros tres.
La siguiente canción terminó y le dije a Twilight que iría a buscar a Tuenji. Ella me asintió y me retiré de la pista de baile improvisada que había montado Pinkie.
Claro no era como que ya me supiera todas las rutas del castillo; perderme era un riesgo que ya estaba dispuesto a aceptar al buscar a Tuenji. Espera, eso sonó fatal; ¿por qué me sentía preocupado por buscarla? No era seguro que ella me había visto bailando con las otras, ni tampoco que se enojase por ello. Pero aun así el temor a esa posibilidad seguía presente.
Seguía buscando por los pasillos: el lugar era inmenso y cada vez más me hacía a la idea de que no la iba a encontrar y que había vuelto a la sala donde habíamos estado. Lo peor era que ya no sabía cómo volver, tampoco encontré a nadie para que me diera indicaciones. Estaba perdido, no había nada más que hacerle. Sentí como que si el caminar tanto me hiciera mal. Las cosas me daban vueltas y la cabeza me empezaba a doler.
Me tenía que relajar, me estaba espantando por nada; a la mala alguien me encontraría el día siguiente y me guiaría a la salida, y les diría a las tres T, no sin un poco de vergüenza, que me había extraviado en el castillo, y luego recibiría algún que otro insulto por parte de Tuenji, y bien merecido, por cierto.
Esa era la peor de las situaciones según el Witer extraviado por los pasillos del castillo, y no la peor situación como tal. Porque, de pronto, las luces se apagaron.
Me cagué; no en el sentido literal, por supuesto. Escuché gritos a lo lejos, lo que me decía que ocurrió un apagón. No sabía cómo funcionaba el sistema de electricidad del castillo, pero estaba seguro de que no fue casualidad y que alguien lo había ocasionado.
Miré al techo: las luces no se habían ido; seguían encendidas, pero no emitían nada de luz. Ahora que lo pensaba, la música que escuchaba retumbar por los pasillos tampoco se había ido de golpe, por lo que lo más probable es que alguien la haya apagado.
Ahora sí que tenía razones para estar cagado. Sin luz y perdido por los pasillos; tenía que haberme quedado con alguna de las T.
Escuché pasos. En otro mundo podría ser un alivio, pero en este, los ponis hacían ruidos con sus cascos al caminar, y por más que quería asociar ese ruido con el de los cascos repiquetear por el suelo, no calzaba en lo absoluto.
Una enorme sombra se acercaba por el pasillo que había estado dispuesto a cruzar. Era tan grande que parecía que se encorvaba para caminar por el pasillo. Andaba a dos patas y parecía hecha de huesos negros, y cada vez que se movía, sonaba como si un montón de huesos chocasen unos con otros. Yo estaba paralizado mientras la criatura se acercaba. Su forma se recortaba contra la inútil luz del techo. Alcancé a ver su cara esquelética, alargada como la de un lobo, y tenía una pequeña esfera que parecía ser su ojo. En sus garras asía una especie de lanza-hacha, el mango era muy alargado y recto, y en la punta tenía una enorme cuchilla, tan alargada como la punta de una lanza y tan gruesa como la cuchilla de un hacha.
Mis cascos no respondían a mis ganas de huir de ahí, tal vez porque pensaron que ya no tenía caso huir o esconderse.
La criatura alzó su enorme arma, y fue entonces cuando mis cascos revivieron y dieron media vuelta para salir huyendo. Justo detrás de mí, un estrépito casi me rompe los oídos, pero sí tenía la certeza de que rompió el suelo con esa arma mortal.
No miré atrás en ningún momento. Lo único que importaba era escapar y correr lo más que podían mis cascos. Corría tanto que dejé caer mi sombrero detrás; ya no lo quería nunca más de todas formas.
Al frente me crucé con una intersección. Del pasillo de la izquierda apareció una criatura semejante a la que me perseguía detrás. Sin pensar en detenerme, la esquivé y tomé el pasillo de la derecha. Dejé a la criatura detrás, chillando. Luego de unos segundos, una lanza pasó por mi lado, barriendo el suelo y destruyéndolo a su paso; por poco y quedo peor que la ensalada de mariscos.
El pasillo torció a la izquierda. Mis cascos derraparon y choqué con alguien que se quejaba de dolor y nos desplomamos en el suelo.
—¡Witer!
—¿Tuenji?
Una estampida nos seguía desde detrás.
—¿Vas a quedarte ahí? ¡Muévete! —No había dudas de que era ella.
Me tomó del casco y me jaló para levantarme. De nuevo volví al trote, con Tuenji tomándome del casco. Yo no veía muy bien, pero ella me guiaba por los pasillos como si fuera tan hábil en la oscuridad como un búho.
Abrimos una puerta y entramos en un cuarto: parecía una sala de estar, pero como no veía un carajo no sabía qué muebles tenía. Tuenji caminó despacio y yo la imité para evitar hacer algún ruido.
Nos acercamos a un mueble alargado: por la textura, pensé que era un sofá. Nos ocultamos tras él. Yo estaba jadeando como un perro, hasta que Tuenji me tapó la boca. Los pasos se acercaban a la habitación, se escucharon puertas abrirse, pero ninguna era la de nuestra habitación.
Me empecé a sentir muy enfermo y cansado. La puerta se abrió con estrépito y los pasos entraron a la habitación. Entrar aquí no había sido la mejor idea.
Escuché que la o las criaturas inspeccionaban el lugar, buscándonos. Entonces mi compañera saltó de nuestro escondite y se abalanzó hacia el centro de la sala.
Se escucharon golpes, quejidos, chillidos y muebles rompiéndose. El encuentro era tal que el suelo temblaba a mis cascos. Yo no tenía las fuerzas para asomarme: estaba cagado hecho bolita tras el amparo del sofá. Contra mis fuerzas, me levanté y me asomé: los huesos de la criatura caían y desaparecían a los cascos de Tuenji, que parecía impune.
Otras criaturas asomaban en el marco de la puerta, pero no se movían; solo miraban, paralizados. Sin apartar la mirada de su colega recién aniquilado por una simple pegaso, caminaron marcha atrás y se perdieron por los pasillos. Tras la desaparición del sonido de sus pasos, las luces volvieron a iluminar cada rincón como era debido.
La sala estaba destruida: el sofá tenía rasgaduras, un reloj de pie yacía destruido en el suelo y las paredes estaban heridas por las extensas armas. En medio de ese desastre estaba Tuenji con su vestido rasgado y sucio, sus medias tenían agujeros, su melena se había despeinado y la corona estaba mal colocada.
Se acercó a mí detrás del sofá.
—¿Todo bien? —me preguntó.
Di media vuelta y agaché la cabeza para vomitar un líquido sabor a tinta y demás porquerías que sólo la reina del océano sabía qué eran.
Luego de esparcir el vómito por la pobre alfombra, me levanté apoyándome en el respaldar del sofá, jadeando un aliento apantanado. Miré a Tuenji: tenía una mueca de repugnancia en su rostro.
—¿Qué fue esa asquerosidad? —exclamé entre jadeos.
Ella respondió con su ceja arqueada.
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En cuanto me repuse un poco, salimos de la habitación y caminamos por los pasillos en busca de alguna salida. Yo quería de una vez por todas un grifo de agua o algo para enjuagarme la boca de una puta vez. No quería mover un músculo más; quería estar descansando en el castillo de Twilight, no hacer nada en lo absoluto; si me apagaran por un día entero, cuanto mejor.
—¿Cómo te sientes ahora? —me preguntó Tuenji.
—Como un pedazo de mierda —respondí como un muerto.
—Es tu culpa por pedir eso.
—Ya sé, no me lo recuerdes —me quejé mientras cerraba los ojos, aguantando las ganas de vomitar otra vez.
Seguimos caminando en silencio. No encontrábamos salida alguna ni nada que nos indicase por donde ir, y eso me estaba desesperando.
—Quizás no sea el mejor momento, Witer...
—¿Ahora qué ocurre? —la interrumpí. Tampoco tenía ganas de hablar ni discutir.
—Solo te quería preguntar si quisieras quedarte en mi casa esta noche.
Me detuve; ella también lo hizo. Tengo que admitir que eso fue sorpresivo.
—¿Para qué? —pregunté mostrando ahora un mínimo de interés.
—Es para protegerte, Witer —respondió Tuenji—. Estas cosas van a seguir pasando si no tenemos cuidado.
Mi cerebro no funcionaba del todo bien, pero creí entender lo que quería decir.
—O sea, me quedo en tu casa para que me protejas, ¿es así? —pregunté.
—Así es.
—Está bien. —Como mencioné, no quería hablar, ni mucho menos discutir.
Tuenji se extrañó.
—¿De verdad estás bien, Witer? —preguntó.
—No. —Reanudé la marcha—. Salgamos de aquí de una vez, ¿quieres?
Luego de recorrer un tiempo los pasillos, nos encontró unos guardias y nos condujo a salvo hasta la salida. Afuera ya estaban los invitados esperando sus carruajes para irse a sus casas.
Salimos al aire frío de la noche, que me hizo sentir más rejuvenecido. Caminamos por la vereda y allí nos encontró Twilight y sus amigas.
—Witer, ¿te encuentras bien? —me preguntó Twilight.
—Al menos estoy vivo —respondí con desgana.
—¿Te enfermaste, Witer?
Un chillido cortó lo que iba a responder.
—¡Lo siento, Rarity! —se disculpó Tuenji apenada—. Tuve unos problemas allá dentro.
—Está... está bien —sollozó Rarity mientras miraba el vestido destruido de Tuenji—. Creo... que lo puedo arreglar.
—Estará bien —dijo Applejack mientras se acercaba a nosotros.
Le puso un brazo encima a Rarity y la guio lejos de nosotros para consolarla.
—¿Por qué, por quéeeeeeeee? —se escuchaba allá lejos.
—No se preocupen por ella —añadió Twilight—. Estará bien, como dijo Applejack. Debido al reciente ataque, han ordenado a todos los ponis a retirarse antes del tiempo establecido. Y Witer, tengo que quedarme en Canterlot por asuntos importante; te quedarás acá con nosotras.
—Lo siento, Twilight, me quedaré en casa de Tuenji.
Twilight abrió bien los ojos. Miró a Tuenji para luego mirarme a mí. Extendió su ala y me empujó hacia un campo abierto y vacío donde nadie más podía oírnos.
«Por favor, Twilight», pensé. «Quiero irme a la verga de una vez».
—¿Qué fue lo que ocurrió allá dentro, Witer? —me preguntó.
Con desgana, le resumí todo lo que había sucedido. A medida que hablaba, Twilight se apartaba un poco; adiviné que mi aliento aún olía fatal.
—¿Estás seguro de que quieres hacer esto? —preguntó Twilight—. Tuenji está siendo un poco sospechosa estos días.
—Me acaba de salvar.
—Ya sé, ya sé, pero... no lo sé. ¿Lo has pensado bien, aunque sea?
—Así es —mentí. Mientras menos esfuerzo cargara mi cerebro, mejor
Twilight me miró con preocupación y suspiró.
—Está bien —dijo como si se lamentara de decir eso. Volvimos donde estaban las otras—. Cuídense, Witer, Tuenji. —Ni siquiera nos volvió a ver—. Vamos, chicas. —Encabezó a sus amigas y entraron al carruaje que se dirigía a la ciudad de Canterlot.
Pocos ponis quedaban además de Tuenji y yo. La seguí hasta la fila de carruajes para tomar el primero que encontrásemos disponible.
