Perdiendo lo virgen

Capítulo 4

Kagome e Inuyasha caminaban juntos hacia el salón de clases para que ella pudiera recoger su celular que había olvidado en su pupitre. Después de lo acontecido anteriormente, la situación entre ellos se había vuelto extraña. Aun así, había una especie de entendimiento silencioso que ambos compartían.

—Entonces, ¿estás segura que dejaste tu celular en tu lugar? —preguntó Inuyasha carraspeando, rompiendo el silencio.

—Si, creo que sí—respondió Kagome.

Entraron al salón y Kagome comenzó a buscar su celular, mientras Inuyasha se quedaba junto a la puerta, observándola.

—¡Lo encontré! — dijo Kagome triunfante.

—Mira, sobre las cosas que te dije antes… no quería ofenderte. Me expresé mal. —se disculpó de la nada y torpemente Inuyasha, aprovechando que la chica no lo miraba.

—Bueno ¿qué era entonces lo que en verdad querías decir cuando me llamaste… deforme?—lo cuestionó.

—No, o sea me refería que, pues que… eres como un rompecabezas… en el sentido que pienso pareces ser interesante —titubeo Inuyasha mientras hablaba.

Kagome lo miró durante unos segundos, evaluando su expresión y sus palabras.

—Está bien, Inuyasha— dijo finalmente, suspiró y su semblante se suavizó un poco. —Pero por favor, elige mejor tus palabras la próxima vez.

Ninguno dijo nada más por un momento, se miraron por primera vez a los ojos con honestidad y ambos se sonrojaron ligeramente mientras desviaban la mirada. Hubo otro pequeño silencio incómodo que torpemente Inuyasha intentó romper.

—Este… y Kagome, ¿A ti qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

—¡Oh! — se sorprendió por la pregunta tan casual y después de reflexionar por un breve momento, mientras se acomodaba el cabello, respondió la pregunta —me gusta mucho leer y pasear por el bosque que está cerca de la casa de mi abuela.

—A mí me gusta explorar nuevos lugares y entrenar — contesto sin pensar mucho— me relaja mucho estar en la naturaleza, fuera de casa…

—¡Entonces tenemos algo en común!—lo interrumpió alegremente Kagome —Ambos disfrutamos de estar al aire libre.

—Sí, —sonrió sarcásticamente Inuyasha — aunque tú prefieres la tranquilidad del bosque y yo la emoción de descubrir lugares nuevos, es diferente.

—¡Es cierto! — respondió en un tono de reproche al notar el sarcasmo de Inuyasha — Pero a veces también es bueno disfrutar de la paz y la serenidad del bosque.

—Supongo que sí, Kagome —se encogió de hombros Inuyasha. —Por cierto… sobre lo de hace un momento, de que te abrace… yo… —comenzó Inuyasha, sin mirarla directamente.

—Sí, lo de hace un momento... —Kagome repitió pensativa.

—No es algo que haga a menudo —admitió—. Pero tú... no sé, Kagome, hay algo en ti que hace que me sienta... diferente. Te pareces mucho a alguien que es muy importante para mi…

—Kikyou —dijo suavemente Kagome—. Me sorprendió, pero también me hizo darme cuenta de que tal vez más que ser un bruto mal intencionado, eres más bien un bruto honesto.

Inuyasha la miró irritado por el comentario pero lo aceptó como una forma de estar a mano con la chica.

—Bueno, supongo que es parte de conocer a alguien, ¿no? —dijo con una sonrisa tímida la chica.

Inuyasha asintió, y suavizó su mirada.

—De todos modos, gracias por no mal interpretarlo. No suelo confiar en la gente, pero...

Kagome se sintió conmovida por la confesión y puso una mano en la mejilla de Inuyasha y apretándole ligeramente; Inuyasha sintió escalofríos al sentir la calidez de la mano de Kagome.

—Esta bien Inuyasha, no tienes que darme más explicaciones, mejor ya vámonos.

Ambos chicos continuaron de forma casual la conversación hasta que salieron de la escuela. Ahora que Inuyasha finalmente había logrado tener una conversación con Kagome, la observó con atención mientras se despedían, notando cada gesto, cada expresión en el rostro de ella; era como una chica completamente diferente a la testaruda y grosera que había conocido antes. Efectivamente era muy parecida a su ex novia, pero al mismo tiempo, eran completamente diferentes. Encontraba refrescante la sinceridad y energía con la que ella se expresaba.

Por su lado, Kagome se sentía relajada, como con un peso menos de encima, ver la amabilidad inesperada de Inuyasha la reconfortó y le llamó la atención como, con su exterior rudo y palabras crueles, también podía ser tan gentil. Esta dualidad le pareció interesante, se sintió feliz de haber podido ver más allá de su exterior duro, y descubrir a un chico que, de hecho, parecía buena persona.

Inuyasha y Kagome pensaron el uno en el otro el resto del día, con una emoción diferente germinando en sus pechos. Sin embargo, Inuyasha se reprochó a sí mismo al recordar a Kikyo y la apuesta de salir con Kagome le causaba culpa. Se sintió miserable y decidió llevar la fiesta en paz con la chica, pero también marcar distancia. Sabía también que, tarde o temprano, juntarse con él la afectaría, así que pensó en una forma de establecer límites para no intimar. Aunque no sabía exactamente cómo hacerlo, tenía claro que debía proteger a Kagome de cualquier daño que pudiera causarle su cercanía.

Pero Kagome, a la mañana siguiente en la escuela, tenía otros planes. A pesar de que el día anterior había sido una mezcla de emociones intensas, ahora estaba bastante más animada y decidida a conocer mejor a sus compañeros, entre ellos a Inuyasha. Entró al aula con una sonrisa radiante y se dirigió a su lugar, donde se encontró con Inuyasha y Miroku.

—¡Hola, chicos! —dijo con una sonrisa brillante, lo cual sorprendió a Miroku, así como a algunos de sus compañeros debido a la efusión de su saludo, pues todos habían notado la fricción que había habido entre ambos chicos el día anterior.

—Eh... hola, Kagome —respondió Inuyasha rascándose la cabeza.

—Buenos días, Kagome. ¿Cómo estás hoy? —preguntó Miroku con su tono habitual de cortesía, con una sonrisa amplia, pues inmediatamente intuyó que algo había sucedido y que él no estaba al tanto—te ves aún más hermosa que ayer.

—¡Ah! No, como crees —respondió Kagome tímida al tiempo que tomaba su lugar junto a ellos, sin perder la sonrisa.—Estoy bien, gracias. ¿Y ustedes? —respondió.

—Lo de siempre, supongo —dijo Inuyasha mientras se encogía de hombros, intentando parecer despreocupado.

—Nos alegra verte tan animada. ¿Hay algo especial que te haya puesto de buen humor? —preguntó astutamente Miroku, sabía que ese cambio de humor se debía a algo y tenía sus tácticas sutiles para sacar la verdad a la gente. En realidad, Inuyasha era a veces el único que lograba no caer en sus trampas, pero no por ser más astuto que él, claramente, sino por ser exageradamente cerrado.

—Bueno, simplemente estoy contenta de estar aquí y conocerlos mejor —respondió, sonriendo suavemente y lanzando una mirada a Inuyasha que Miroku notó.

—Sí, bueno, supongo que eso tiene sentido — miró Inuyasha a un lado, incómodo.

La interacción no pasó desapercibida para los otros estudiantes, que intercambiaban miradas y murmuraban entre ellos. Pero Kagome no notó eso y continuó conversando con Inuyasha y Miroku.

—¿Qué clase tenemos ahora? —preguntó Kagome, continuando la conversación.

—Matemáticas, creo —respondió Miroku—. Y después, historia.

—Genial. Me gustan ambas materias, aunque soy pésima en matemáticas —dijo Kagome, sonriendo.

—Inuyasha es buenísimo en matemáticas el te puede ayudar

—¡No lo puedo creer!

—Que mierda se supone que significa eso…

La campana sonó y los estudiantes comenzaron a tomar asiento. Kagome se acomodó en su lugar, sintiéndose más segura y tranquila. La conexión que había comenzado a formarse prometía un cambio positivo en su vida escolar, y estaba decidida a seguir adelante.

Las clases continuaron y el aula se llenó del murmullo habitual de estudiantes sacando libros y preparándose para la lección. Mientras el profesor comenzaba a explicar el nuevo tema en el pizarrón, Miroku observó a Inuyasha de reojo. Había notado algo diferente en él desde el día anterior y con disimulo, se inclinó hacia él y murmuró:

—Oye, Inuyasha, te ves más relajado hoy. ¿Todo bien?

—Sí, estoy bien. ¿Por qué lo preguntas? —respondió, mirando al profesor mientras intentaba seguir la clase.

—No sé— Miroku se encogió de hombros, aunque su expresión seguía siendo curiosa —solo que parecías más tenso ayer. No es común verte tan... sumiso. —dijo Miroku, con un tono burlón

Inuyasha frunció el ceño, desviando la mirada hacia el cuaderno. Su encuentro con Kagome después de clases no era algo que estuviera dispuesto a compartir, especialmente con Miroku.

—Nada, simplemente hoy nadie me hizo bromas estupidas por la mañana así que mi humor no está afectado. —respondió Inuyasha, haciendo referencia a la broma que le había jugado su amigo el día anterior.

Miroku lo miró con interés pero también preocupación ¿Sería posible que Inuyasha definitivamente estaba avanzando en su conquista con Kagome?

—Bueno, me alegra ver que estás mejor hoy. —dijo Miroku, intentando cambiar el enfoque—. Me sorprendió que Kagome viniera tan animada esta mañana. ¿No me digas que va en serio con la apuesta? Yo la verdad pensé que ya te habías rendido porque sabes que eres un idiota.

Inuyasha se puso tenso, ya había olvidado esa estúpida apuesta, miró de reojo a Kagome, que estaba sentada en su lugar, inmersa en sus apuntes y se sonrojó intensamente.

—Claro que voy avanzando. —dijo Inuyasha, tratando de no mostrar mucho. —Más te vale prepárate para vivir en celibato.

Miroku levantó una ceja, notando la forma en que Inuyasha la miraba. Era evidente que había pasado algo, pero antes de poder decir algo, el profesor los calló.

—¡Ustedes dos! Estamos en clase, no en receso.

Las clases continuaron y había una especie de tensión entre Inuyasha y Miroku, mientras uno buscaba continuamente al otro, éste lo evitaba al punto que, cuando el almuerzo empezó, Inuyasha desapareció del salón.

Kagome, que no había notado nada de la interacción entre los dos amigos, esperó un momento a Inuyasha para decirle que comiera con ella y las chicas del salón que la habían invitado a almorzar con ellas. Pero cuando notó que tal vez él no regresaría decidió dirigirse a donde la habían citado.

La chica decidió que era un buen un momento para explorar la escuela por sí misma y, camino al encuentro con sus compañeras, tomó una ruta más larga hasta llegar a un rincón más tranquilo del campus, buscando un lugar recomendado por sus amigas para saltarse clases, uno nunca sabe cuando necesita este tipo de escondites, pensó alegre.

Sin embargo, al dar una vuelta por un pasillo vació entre un par de edificios, Kagome se topó con una escena inesperada; vio a Miroku besándose intensamente con una chica mientras él metía su mano bajo la blusa de está y ella lo abrazaba del cuello y gemía levemente. El espectáculo era lo suficientemente inesperado para que Kagome se quedara paralizada por un momento. Miroku notó su presencia pero, lejos de interrumpir el beso, lo intensificó de forma cínica mientras miraba a los ojos a Kagome quien noto como Miroku introducía y sacaba repetidas veces su lengua de la boca de la otra muchacha y mientras con la mano que tenía libre la colocaba en su trasero y embarraba su cuerpo al de ella, haciendola gemir más intensamente.

La escena le hizo sentir un profundo rubor en el rostro a Kagome, y en un acto impulsivo, se dio la vuelta y salió corriendo, intentando escapar de la vergüenza y el desconcierto que sentía. El corazón le latía con fuerza mientras corría hacia el área donde estaban sus amigas. Al llegar al lugar, un área verde junto al área de deportes, sus amigas notaron su rostro sonrojado y su respiración agitada.

—¿Kagome, estás bien? —preguntó una de ellas.

—No, no es nada —dijo apresuradamente, aún recuperándose de la sorpresa.

La conversación continuó de forma alegre y llena de risas, con Kagome intentando concentrarse en la conversación con sus amigas para distraerse del desconcierto que aún sentía por haber presenciado una escena tan privada y porque estaba segura que Miroku había notado su presencia.

De pronto, al fondo, se escuchó el sonido de arcos y flechas, como el de un entrenamiento. Kagome miró curiosa en dirección al ruido, y una de sus amigas, notando su interés, le explicó que se trataba del grupo de arquería.

—Es el equipo de arquería de la escuela —dijo su amiga—. Es una de las actividades extracurriculares más populares aquí.

—¿En serio? —preguntó Kagome, intrigada

—Bueno, tenemos clubes de todo tipo y somos campeones en varias áreas: desde deportes como el fútbol y el baloncesto, hasta los clubs de artes marciales como Kendo y Jiujitsu—respondió otra amiga—. Pero por el equipo de arquería fuimos leyenda hace unos años. El equipo fue campeón tres años consecutivos

—Sí —añadió la primera amiga—. La chica que solía ser la campeona era increíble, aunque después de que se graduó, nadie ha logrado igualar su nivel.

—¿Cómo se llamaba? — Kagome se interesó aún más en el tema.

—No lo recuerdo —dijo una de las chicas—. No la conocimos personalmente porque se graduó por lo menos dos años antes de que entráramos a la escuela, pero hay fotos de ella donde están los trofeos ganados por la escuela en el pasillo principal

—Es curioso —dijo otra chica, observando a Kagome—. En realidad, te pareces mucho a ella.

Kagome se quedó sorprendida por el comentario y miró hacia el grupo de arquería con renovado interés. El pensamiento de que podría parecerse a la campeona anterior la algaba por algún motivo. Estaba a punto de hacer una pregunta más, cuando su atención se desvió hacia un punto en particular: era Inuyasha que almorzaba solo mientras observaba el entrenamiento del equipo de arquería.

—¡Inuyasha! —gritó Kagome espontáneamente, haciéndole señas —. ¡Ven con nosotros a almorzar!

La atmósfera se tensó de inmediato y a pesar de que el grito de Kagome resonó a través del patio, llamando la atención de algunos estudiantes que miraron hacia ella, Inuyasha no se movió ni hizo el más mínimo gesto en respuesta. Su mirada seguía fija en el grupo de arquería, ignorando completamente la llamada de Kagome.

—Tal vez no me escuchó ¿por qué está almorzando sólo? —dijo Kagome mientras se paraba y comenzaba a caminar hacia él, pero una chica la detuvo.

—Kagome, espera —dijo la amiga con un tono serio—. Creo que es mejor que lo dejes. Parece que está ocupado o algo así… de cualquier manera… no deberías acercarte a este chico…

Kagome se detuvo, mirando a su amiga con confusión. Antes de que pudiera preguntar más, el timbre del receso volvió a sonar, indicando que era hora de regresar a clase. Los estudiantes comenzaron a levantarse y dirigirse hacia sus respectivos salones.

Kagome, un poco desconcertada, observó cómo Inuyasha se daba la vuelta y se dirigía al edificio escolar apartado de todos. Se preguntaba porque almorzaba solo y porque la frenaron para invitarlo. Con una mezcla de curiosidad y frustración, Kagome regresó al salón de clases junto con el grupo de chicas que cambiaron el tema de conversación.

—Oye, Kagome, mañana después de clases estamos planeando ir al WacDonalds. ¿Quieres venir con nosotras? —preguntó con una sonrisa.

—¡Sí! Vamos a juntarnos a las 7 —añadió Eri, animada—. Será divertido, podemos platicar y relajarnos un rato y también puedes conocer gente de otros grados y grupos, ahí nos juntamos todos cada viernes.

Kagome sonrió, sintiéndose feliz por la invitación.

—¡Claro, me encantaría! —respondió entusiasmada—. Gracias por invitarme, tal vez llegue un poco más tarde porque prometí hacer algunos mandados para mi abuela después de clases.

—Genial —dijo Yuka—. Nos encontraremos dentro del lugar, no te olvides.

—No lo haré —aseguró Kagome, mientras llegaban al pasillo que conducía al salón de clases—. Necesito ir al baño. Nos vemos en un momento.

Las chicas asintieron y continuaron hacia el salón mientras Kagome se dirigía al baño y al salir cuando estaba lavándose las manos, vio que Inuyasha pasaba frente al baño, caminando con su típica actitud indiferente. Kagome se alegró de verlo y lo alcanzó

—¡Inuyasha! —exclamó Kagome con una sonrisa amistosa—. Me han invitado a ir al WacDonald's mañana. ¿Tú irás?

Inuyasha levantó una ceja y cruzó los brazos.

—Pues, a mí nadie me invitó —respondió con desdén.

Kagome, sin dejarse desanimar por su tono, continuó con una sonrisa.

—Tal vez no han tenido la oportunidad. No es como que sea un evento privado. Entonces, yo te invito.

Inuyasha la miró fijamente por un momento antes de soltar una risa sarcástica.

—¿Tú me invitas? —replicó con incredulidad—. ¿Y qué te hace pensar que me interesa ir a un lugar como ese, y menos contigo y tus amigas?

Kagome sintió un nudo en el estómago ante su respuesta, pero mantuvo su compostura.

—Solo pensé que podría ser divertido —dijo, tratando de sonar despreocupada—. Pero si no quieres, está bien. Solo quería ser amable.

Inuyasha bufó y dio un paso hacia ella, acortando la distancia entre ellos.

—Y otra cosa ¿Por qué diablos me gritas como si estuvieras loca? —dijo con irritación—. No me interesa ir con ustedes ni con ninguno de los tontos del salón. Así que olvídalo.

Las palabras de Inuyasha la hirieron más de lo que esperaba, entonces sí la había ignorado. Con un esfuerzo visible, Kagome levantó la barbilla y lo miró directamente a los ojos.

—¿Sabes qué? —dijo, con su voz temblando un poco—. Eres un grosero. Pensaba que había algo bueno en ti, pero claramente me equivoqué. No quiero volver a hablarte.

Con eso, Kagome dio media vuelta y se alejó rápidamente, sintiendo que las lágrimas empezaban a asomar en sus ojos. La actitud grosera de Inuyasha y el rechazo directo la hizo sentir que quizás había idealizado demasiado a alguien que claramente no valía la pena. Inuyasha, por su lado, la observó irse con su expresión endurecida, pero pensó para sí mismo que era lo mejor, lo mejor para Kagome sobre todo estar lejos de él.

Kagome e Inuyasha, ahora sumidos en una tensión palpable, se ignoraban mutuamente mientras la clase de literatura avanzaba. Ambos estaban visiblemente molestos, cada uno sumido en sus propios pensamientos y emociones. Kagome, tratando de concentrarse en las palabras del maestro, no podía evitar lanzar miradas furtivas hacia Inuyasha, quien se mantenía rígido y con una actitud arrogante.

Finalmente, casi al final de la clase, el maestro Totosai, levantó la vista de su libro y anunció:

—Bien, clase, para nuestro próximo proyecto formaremos equipos. Los nombres de los compañeros de equipo serán asignados al azar.

Un murmullo recorrió el aula mientras todos esperaban escuchar los nombres. El maestro comenzó a leer los nombres de los equipos, hasta que finalmente miró a Inuyasha, evidentemente sin tomar en cuenta el azar, dijo:

—Inuyasha Taisho y… Kagome Higurashi.

Kagome y Inuyasha se miraron con incredulidad. La clase quedó en silencio por un momento antes de que los murmullos aumentaran. Kagome sintió que su estómago se hundía, mientras Inuyasha cerraba los ojos por un instante, claramente frustrado.

—Muy bien, chicos, —continuó el maestro sin notar la tensión—. Tienen todo el mes para trabajar en su proyecto. Asegúrense de colaborar y dividir el trabajo equitativamente.

Al término de la clase, Kagome se acercó a Inuyasha con cautela, intentando mantener una expresión neutral. Sin embargo, al levantar la vista, vio a Miroku justo detrás de él, y el recuerdo del beso que había presenciado la invadió de inmediato. Su rostro se puso rojo de vergüenza, y sintió una incomodidad abrumadora.

—Parece que nos tocó trabajar juntos, —dijo, tratando de sonar tranquila.

Inuyasha la miró con los ojos entrecerrados, pero finalmente asintió.

—Supongo que tendremos que hacerlo, —respondió con un tono seco.

—Podríamos reunirnos en la biblioteca después de clases para planear el proyecto, —sugirió Kagome.

Inuyasha asintió nuevamente, esta vez con un poco más de disposición.

—Está bien, —aceptó—. Nos vemos allí.

—Eh... hay que pensar en… —comenzó Kagome, pero su voz se quebró al ver a Miroku—. Olvídalo, nos vemos en la biblioteca.

Antes de que Inuyasha pudiera responder, Kagome se dio la vuelta y salió corriendo del aula, sintiendo que no podía enfrentar a ninguno de los dos en ese momento.

Inuyasha miró a Kagome alejarse con evidente incomodidad y luego, volvió su mirada hacia Miroku, quien estaba observando la escena con una sonrisa divertida.

—¿Qué fue eso? —preguntó Inuyasha, entrecerrando los ojos de manera acusadora.

Miroku se encogió de hombros, manteniendo su sonrisa.

—Quién sabe, tal vez se siente un poco... abrumada, —dijo con un tono juguetón.

Inuyasha resopló, claramente molesto, pero Miroku solo se rió entre dientes.

—Vamos, no te tomes todo tan en serio. Por cierto, la biblioteca es un lugar solitario, que suerte que tu compañera de equipo es la inocente Kagome, tal vez puedan hacer algo divertido ahí —dijo Miroku, dándole una palmadita en el hombro.

Inuyasha se quedó allí, mirando la puerta por la que Kagome había salido. No entendía completamente lo que había pasado, pero sabía que algo estaba había pasado entre Kagome y Miroku, y eso no le gustaba.

Terminaron las clases y, mientras Inuyasha caminaba hacia la biblioteca, pensó que tal vez podría acortar un poco la distancia entre él y Kagome, lo suficiente para no arruinar su reputación, pero aún así cuidarla. Se cuestionó por qué diablos sentía ese impulso de protegerla, pero no encontró una respuesta clara. Cuando entró al recinto, vio a Kagome sentada en una mesa al fondo, absorta en un libro. Tomó una respiración profunda y se dirigió hacia ella, intentando suavizar su expresión tensa.

—Hola, Kagome —dijo, tratando de sonar lo más calmado posible.

Kagome levantó la vista, pero su expresión era fría y distante.

—Llegas tarde, Inuyasha —respondió con un tono seco.

—No creo haber llegado tarde

Kagome lo miró fijamente, sus ojos reflejaban una mezcla de irritación y decepción.

—Creo que ya estoy acostumbrada a tus groserías —dijo, volviendo su atención al libro.

Inuyasha apretó los dientes

—¡Tú no eres muy educada que digamos! —Inuyasha alzó la voz, visiblemente molesto—. Tal vez tú eres la que tiene un problema con todo. ¿Alguna vez has pensado en eso?

Kagome se cruzó de brazos, mirándolo con desdén.

—Si te refieres a no tolerar que me insultes y trates como basura, entonces sí, tengo un problema con eso.

—Mira, Kagome…

—No me interesa, Inuyasha. Hablemos de la clase y acabemos con esto —dijo, cerrando el libro de golpe y mirándolo con impaciencia mientras se acercaba a él de forma retadora, se acercó tanto que pudo percibir su aroma, que era el de su shampoo de lavanda.

—¡Eres tan testaruda! —Inuyasha alzó la voz nuevamente perdiendo la paciencia acercándose más quedando frente a frente con los rostros separados por unos escasos centímetros

De pronto, se quedaron mirando, notando la corta distancia que los separaba. La tensión en el aire aumentó pero de una forma diferente. Inuyasha suavizó su mirada y, sin quererlo, sus ojos se desviaron hacia los labios de Kagome. Ella se sonrojó al notar la mirada de él fija en su boca, sintiendo un cosquilleo inesperado.

El silencio se volvió pesado y cargado de una emoción desconocida. Inuyasha, sintiéndose vulnerable y sin saber cómo reaccionar, se defendió de la única manera que conocía: siendo brusco.

—Por cierto... —dijo, con un tono defensivo—. Ese perfume tuyo... huele horrible.

Kagome parpadeó, sorprendida y su rostro enrojeció aún más, pero esta vez por la ira. Dio media vuelta y le extendió una hoja con notas al muchacho.

—Ya me encargué de separar todo— Pensé que podríamos dividir el trabajo para hacerlo más fácil… tú cumples tu parte y yo la mía y conforme avancemos podremos vernos y solo ir juntando nuestras partes.

Antes de que él pudiera responder, Kagome se levantó y se dirigió hacia la salida de la biblioteca. Inuyasha la observó marcharse, sintiendo una mezcla de frustración y culpa, siempre, pero siempre tenía que mostrar su peor lado a está chica… pero es que ella era tan… tan quién sabe cómo.

Mientras salía de la biblioteca, recordó la invitación que ella le había extendido y recordó lo grosero que había sido… Kagome no sabía sobre la segregación que había sufrido por su compañeros todos estos años, se sintió muy culpable de nuevo porque de nuevo se estaba desquitando con quien no se la debía. Pensó en ella, pensó en sus labios, y se golpeó con todas sus fuerzas contra una pared en la salida de la biblioteca.

—Joven, le voy a pedir que ya se retire, no crea que no noto que desde hace rato está haciendo alboroto — lo regaño la bibliotecaria en voz baja.

—No necesito que me lo repita —dijo Inuyasha mientras se salía rápidamente del lugar.

Continuará…

Bueno, este capítulo me salió algo largo, siento que pasa poco y no avanza tanto la historia, pero quiero que el avance de la relación entre ambos chicos sea natural y no acelerar las cosas… de cualquier manera, sin hacer spoiler… pasan cosas finalmente más interesantes… jijiji PROMETO LEMON :) tranqui, pero bueno, ya hace falta…

—-

Annie Perez: Pues si le ayudó el encuentro, pero Inuyasha es muy bruto y Kagome también creo es un poco indiscreta, yo solo quiero que se lleven bien, pero ambos son muy testarudos u_u

Jalil: Chido el chismesito ¿qué te pareció? ¿Estuvo bueno o te decepcionó?