Ruleta.

Dormiste en el sillón de un universitario, en el departamento de mala muerte del hermano mayor de tu nueva amiga para ser exactos. No es un sillón muy cómodo y piensas que tu cama del manicomio era mucho mejor que esta aunque no puedes quejarte. Te remueves pero te das cuenta que habiendo despertado es imposible para ti conciliar el sueño nuevamente, es así como siempre ha sido desde que ellos llegaron a tu vida. Te duele el pecho. Vas a vomitar. Te levantas de golpe y corres al baño. Es curioso, no llevas ni un día invadiendo ese lugar y tu cuerpo ya se siente a punto de estallar. Arañas los bordes del inodoro hasta que expulsas hasta el último malestar que hace arder tu garganta. ¿Qué será de ti cuando se acaben los medicamentos? Realmente no fue buena idea escapar del centro psiquiátrico. Sin embargo, estabas ahí por una razón. Te obligas a pensar positivo y te levantas para dejar correr el agua de la reluciente taza mientras te lavas la cara y enjuagas la boca bebiendo directamente de la llave.

Cuando has terminado emites un pesado suspiro recargada en el muro junto al espejo y miras fuera del cuarto. Tienes vista panorámica de la habitación de tu anfitrión, cuya puerta yace emparejada, así que puedes identificar figuras ensombrecidas. Algo llama tu atención, es un brazo delgado y desnudo, para nada masculino. Impulsada por la curiosidad caminas con sigilo hasta la puerta para poder mirar al interior, comprobando tus sospechas: es Ashley. Ella está aferrada al cuerpo de su hermano, quien luce igual de pacifico que ella ahí dormido, correspondiendo el abrazo, inclusive luciendo posesivo.

Sabes que no deberías estar mirando algo que no te compete, eso es de entrometidos, pero te quedas ahí admirando el cuadro de dos hermanos compartiendo cama como una pareja muy enamorada. Cielos, si las cobijas sobre ellos no estuvieran removidas no habrías notado la ropa ligera que visten y habrías creído que dormían desnudos. Se suponía que Ashley ocuparía el cuarto de invitados, ¿verdad? Dejas a los Graves soñando y te diriges a dicho espacio, entras, lo observas y te encaminas al colchón para tirarte desconsideradamente sobre este.

Debieron permitirte quedarte ahí sí Andrew iba a terminar invitando a su hermana quedarse con él toda la noche. Bueno, no importa, ahora ese lugar es tuyo. A tu cuerpo debió gustarle la idea porque vuelves a dormirte.

No retornaste a la consciencia hasta que la brusca sacudida sobre tu hombro rompió el rastro de imágenes inconexas que acostumbra tu cerebro a formar cuando estás profundamente dormida. Al darte la vuelta descubres a Ashley que se encuentra tan desalineada que te resulta adorable. Reprimes el impulso de agarrarla del brazo y jalarla hacia ti. Tienes que recordarte a regañadientes que no son pareja o compañeras de sexuales, apenas lograste convertirte en su amiga, sin mencionar que tienes la amenaza del hermano mayor sobre no sobrepasarte con ella. No tienes idea de lo que sería capaz de hacerte o si siquiera poseía los cojones para ello, pero por el momento debías comportarte; no olvidar que eres una invitada aceptada a regañadientes.

—Buenos días —dices en medio de un profundo bostezo. La forma en que Ashley sonríe te recuerda a la mueca monstruosa de los diablillos en un libro de criaturas demoniacas que leíste.

—Eres una perra muy mala, ¿no?

—Jódete, ¿ahora por qué?

—Por servirte en casa ajena como si fuera tuya.

—El sillón era incómodo y este cuarto estaba libre, así que no veo el problema.

— ¡Ja! Andrew pensó que te habías fugado después de robarle.

—Aún si estuviera interesada, dudo que posea una gran cantidad de efectivo en su billetera.

Ashley se echó a reír al mismo tiempo que te arrancaba la almohada (haciendo a tu nuca rebotar desconsideradamente) para con esta empezar a golpearte la cabeza, cuando le exigiste una respuesta a su repentino ataque, ella aseguró que te merecías un castigo por insultar las capacidades de ahorro monetario de su hermano. Estuvieron forcejeando un rato después de que lograste sujetar el arma del otro extremo. Rodaron por la cama sin caer de milagro a un doloroso final contra el suelo, estallando en risas poco femeninas minutos más tarde.

—Maldita loca, ¿por qué hiciste eso? —le reclamaste sin dejar de sonreír, visiblemente agotada por su lucha improvisada, ahora que tenían una tregua sin palabras.

— ¿No es lo mejor para despertarte? Sentirte en peligro estimula el cerebro y borra el sueño.

—Si así vas a despertarme de ahora en adelante tendré que cerrar la puerta con seguro.

—Romperé la chapa si es necesario.

—Entonces te meterás en problemas con tu hermano y te echará.

— ¡No, imbécil! Es mucho más fácil que te eche a ti. Yo soy su hermana. ¿Tú qué eres? No más que un perro faldero que tuve la bondad de traer conmigo. Deberías estar agradecida.

— ¡Es perra, para tu información! ¡No cambies mi sexo! —espetaste mientras saltabas sobre ella para inmovilizarla y golpearla repetidas veces con la misma almohada con la que te había asaltado.

Ashley gritó y te insultó con las frases más creativas e hirientes que habías escuchado nunca pero no la liberaste, al menos hasta que ella alcanzó un mechón de tus largos cabellos enredados y tiró de los mismos, lo que te obligó soltar tu arma e intercambiar posiciones con ella nuevamente debido a la fuerza con la que lo hizo. Fue divertido, casi candente. Pero por desgracia un carraspeo de garganta las interrumpió de forma abrupta. Ambas miraron a Andrew.

—Bueno, señoritas. ¿Serían tan amables de posponer su pelea de gatas y mejor acompañarme a la cocina para desayunar? He preparado hot cakes.

— ¡Hot Cakes! —canturreó Ashley después de un sonido de sorbeteo, que indicaba haber saboreado dicho desayuno por anticipado—. ¡Sabroso! —Y te dejó tendida en la cama para correr abrazar cariñosamente a Andrew como una niña llena de inocencia, un aspecto que no te tragabas—. ¿Le pondrás mermelada y extra dulce a mi plato? ¿Chocolate derretido? ¿Frutitas?

—Todo lo que pida mi adorada hermana —aseguró Andrew casi de manera teatral—. Sólo asegúrate de lavarte las manos y beberte el vaso de leche, ¿de acuerdo?

— ¿Y si no lo hago?

—Supongo que te castigaré… cuando se me ocurra cómo.

Ashley salió de la habitación soltando una fuerte carcajada, no sin fastidiarte una última vez sugiriendo que te vistas apropiadamente ya que parecías vagabunda, mandato curioso dado que ella no estaba precisamente presentable. Pero de todos modos te inclinaste para recoger la almohada del suelo y acomodar lo mejor posible las sábanas de cama bajo la mirada atenta de Andrew, la cual sentías perforarte la espalda, más buscaste la manera que esto no te afectase.

— ¿Debería disculparme por tomar este cuarto sin permiso? —inquiriste cuando la tensión del ambiente te cayó sobre los hombros. Esperaste en vano un tiempo hasta por fin animarte darte la vuelta para mirarlo. Sus ojos lucían escrutadores, preocupados. ¿Sería posible que temiera por la posibilidad de que los hubieras visto dormir juntos?—. Me sacaste de un manicomio.

— ¿Eh?

—Muchas cosas de las que veo me engañan, otras no son reales y aunque se las contara al mundo, nadie me creería sin cuestionar mi estado mental primero. No hay manera de que yo pueda significar una amenaza. De hecho no se supone que deba estar aquí siquiera.

— ¿Qué estás…? —Andrew se mostró confundido al principio pero viste el momento exacto en el que los engranajes de su cerebro trabajaron, y en comprensión liberó un suspiro—. Bien, igual no es algo sospechoso. Ella… vino a mí a mitad de la noche, ¿sabes? Quería recordar las épocas en que éramos niños todavía.

—…Supongo. Si, parece propio de ella. Se le nota en el semblante, está extasiada de estar contigo.

—Si… ella lo está.

El silencio los abordó nuevamente pero ya no lo percibías tan pesado como antes, pues hasta te permitiste sonreírle con cierto compañerismo. Debías arreglar las cosas mientras era tiempo, de nada te servía enemistarte con el hermano mayor por un roce insignificante, ¿cierto? Pues si lo pensabas con detenimiento, nada grave había sucedido entre ustedes. Era normal que quisiera protegerla, eran muy unidos y fueron separados abruptamente, era natural que se comportara agresivo a la primera señal de riesgo. Es su consentida hermana pequeña después de todo.

—Me drogaré en unas horas.

— ¿Disculpa?

—No sé si Ashley te lo contó pero… me abastecí de medicina antes de escapar del manicomio. Cuando me inyecte mi dosis, estaré muy tranquila, no tendrás que preocuparte de que cause problemas. Siempre que no te moleste ver a una mujer toda cruzada.

Andrew se detuvo a procesar tus palabras, quizás tratando de descubrir que tan bueno o malo sería que te tomaras la libertad de administrarte tú misma el medicamento. Veces te gustaría leer mentes, porque Andrew parecía el tipo de persona estoica. Ya lo averiguarás.

—Es fin de semana, así que… de cualquier modo no iré a ninguna parte.

—Ya veo.

—Pero no respondas al teléfono ni abras la puerta cuando no esté. Ya se lo expliqué a Ashley también. Tampoco salgan, lo que necesiten yo se los traeré. Si por un casual alguien llegara a entrar, actuarán como mis amigas de instituto que me pidieron un espacio de emergencia porque no reunieron dinero suficiente para la última renta de un departamento. Nadie debe saber lo que ocurre en realidad.

—De acuerdo. No soy buena inventando historias sobre la marcha, espero que nunca se presente la oportunidad de probarlo. A propósito, ¿te deshiciste de los uniformes como dijiste?

—No pude dormir hasta que los tiré. Tú estabas dormida en el sillón en ese momento.

Tarareaste con curiosidad. Andrew se giró y te pidió bajar nuevamente mientras tú repasabas tus circunstancias actuales. Más tarde tuvieron un desayuno relajado, el ambiente siendo adornando mayormente por las voces de los hermanos que parecían tener mucho de qué hablar, o mejor dicho, Ashley extrajo información sobre la vida cotidiana de Andrew hasta que este se cansó e intercambiaron una ligera pelea verbal fraternal. Era entretenido escucharlos, el constante flujo de tirar y aflojar como un ritual. Pasó algún tiempo desde que fuiste espectadora de un escenario como este. Esperabas no estresarte si este era el ritmo al que te someterías.

— ¿Cuándo entregarás el auto?

—El lunes, cuando vea a mi amigo.

—Oh, ¡cuánta confianza te tienen! —Ashley formó en sus labios una sonrisa maliciosa.

—Ni lo pienses —le advirtió él—. Ese auto se quedará aparcado en la acera a menos que sea una emergencia de vida o muerte, ¿quedó claro?

— ¡Vamos, Andy! ¡He pasado casi dos meses encerrada en un manicomio!

—Exacto, y fue hasta anoche que te escapaste. Piensa con lógica, es arriesgado que demos un paseo. Además, si alguien llega a verme con dos chicas el día siguiente de que cancelé una cita con mi novia, creerán que le estoy siendo infiel. Lo que menos necesito en estos momentos es drama.

— ¿Infiel? ¡Bah! All no es tu tipo y yo soy tu hermana. Nadie sabe que tu querida hermana fue encerrada en un loquero, ¿o sí?

—No se trata de eso.

—…No me digas —Ashley arrugó la nariz, entrecerrando los ojos hacia Andrew—. No se lo contaste, ¿verdad…? —El silencio fue tal vez la más poderosa respuesta que el hermano mayor de los Graves hubiera dado antes de que se desatara la tormenta—. ¡No me jodas! ¡Lo dijiste! ¡Le contaste a esa desvergonzada de Nina sobre lo que me pasó!

—Ashley… —La expresión de Andrew era dolida pero estabas segura que ni aunque intentase disculparse le hubiera valido un escape a la ira que se acumuló en el semblante de tu amiga.

— ¡No me hables!

—Estaba haciendo muchas preguntas… no era mi intención decírselo a nadie, nunca, pero…

—Fue la única cosa que te pedí antes de que cruzara esa puerta, ¿¡cómo pudiste traicionarme de esa manera!? ¡No quería que ninguna de esas perras lo supiera!

—…Escucha, aún si mi silencio se mantuviera, tarde o temprano lo descubrirían, después de todo ellas…

—Me importa un carajo, lo arruinaste. —Ashley se recargó en la mesa con los codos y se cubrió el rostro con las palmas—. Porque si Nina lo sabe, eso significa que Julia también…

— ¿Es Julia alguien importante? —no pudiste evitar intervenir cuando el repentino silencio te sofocó. Así que te estremeciste cuando los ojos de Ashley te miraron, mostrándote la espesura del odio más puro emanando de ella. Casi no esperabas que fuera Andrew quien te respondiera.

—Nina y Ashley estudiaron juntas en primaria y… Julia es la mejor amiga de Nina desde pequeñas.

—Lo que no significa nada para mí —escupió Ashley con cólera reprimida.

—Ashley…

—Sólo son mis amigas en apariencia, realmente yo no les importo.

—Ellas te estiman —Andrew la contradijo.

—Je, apuesto a que se divirtieron a lo lindo en cuanto se enteraron de mi encierro. "Ya era hora", seguro dijeron. "Que se quede ahí hasta que se muera", desearon. "Es un alivio que no debamos encargarnos de acompañarla ahora, porque finalmente está donde se merece", sí, estoy segura que lo pensaron. Esas víboras, deben sentirse aliviadas.

—Te equivocas, Ashley.

—Claro que no, siempre me vieron como un peso muerto.

—Eso no es lo que ellas piensan de ti.

— ¿Oh, sí? ¿Cómo lo sabes? ¿Hum? ¿Fue lo que te dijeron? Que noble de su parte. Verdades de la boca hacia afuera no tienen ningún valor. —La actitud de tu amiga se tornó ponzoñosa cuando se inclinó peligrosamente hacia su hermano—. ¿O qué? ¿Les creíste porque su actuación fue la más lógica? ¿Fueron convincentes? ¿Te consolaron con sus habilidades de putas cuando me fui?

Ashley había deslizado seductoramente sus manos por su curvilíneo cuerpo cuando pronunció aquella última pregunta, y tal no hubiese sido tan impactante de no ser por la reacción del hermano mayor. Debes estar viendo cosas, Andrew no pudo haber tragado saliva como si su garganta se le hubiera secado tras atestiguar esa acción.

—Ashley… basta.

— ¿Te dejaron ver cómo se comían el coño la una a la otra?

— ¡Ashley!

Tu amiga bufó y se alejó, preparada para ignorar cualquier reclamo que su hermano tuviera para hacerle, pero contrario a todo lo que Andrew y tú se esperaban, ella sólo volvió a dejarse caer en su silla para continuar masticando lo que quedaba de sus hot cakes.

—Como sea, no me importa, sus hipocresías no volverán a molestarme porque tengo una amiga de verdad conmigo ahora mismo —diciendo eso, estiró su mano hacia ti, sujetándote con esa posesividad que provocó una corriente de electricidad por todo tu cuerpo. Apretaste su mano entre la tuya para afirmar sus palabras, compartiéndole una sonrisa que ella igualó—. En cuanto a tu novia, Andy. Todo estará bien mientras yo sea más importante para ti.

—Ugh, lo haces sonar como si no cumpliera mi palabra siempre.

—Para nada, no es que seas un imán de putas o algo así, ¿no?

—Tú en serio quieres que te castigue, ¿verdad?

—Suerte con eso. Ya sabes lo que dicen, perro que ladra…

—…no muerde —terminaste por ella, razón por la que se rió de manera cómplice. En cuanto a Andrew, él gruñó con irritabilidad. Iba a comentar algo pero en ese momento comenzó a sonar el teléfono. El sonido se clavó en los oídos de los tres, tensándolos, pues acababa de recordarles el verdadero aprieto en el que se encontraban.

—Responderé, ustedes… traten de no hacer ruido. —Dicho esto Andrew se levantó de la pequeña mesa de madera y se encaminó al aparato que yacía sobre un viejo mueble de madera junto a la única ventana de ese departamento. Lo viste dudar un poco antes de por fin levantar la bocina, el alambre meneándose de un lado a otro por el movimiento—. ¿Si? Oh… mamá… —La mano que todavía te sujetaba se apretó inconscientemente, así que miraste a Ashley, sólo para descubrir esa expresión oscura que ya habías visto antes cuando nombraron a Julia, pero cuyo odio parecía más controlado. Interesante—. ¿Escapó…? No, ¿qué quieres decir? ¡Por supuesto que no tenía ni idea! No, ella no me dijo nada… oh, Dios. Esa idiota…

Si algo podías resaltar de esto, era que Andrew era bueno actuando (tal vez demasiado), te creías su preocupación sólo con escucharlo a pesar de que el objeto de la charla se encontraba justo a tu lado. Sonreíste, burlona. Sin embargo, Ashley no lucía nada conmovida.

— ¡No seas ridícula, mamá! Ella no sabe dónde vivo, ahora mismo podría estar perdida en mitad de la montaña y tú ni siquiera muestras un poco de… si, entiendo, lo siento. Pero… —Bueno, el reciente reclamo sonaba mucho más genuino que todo lo anterior—. Carajo… está bien, veré qué puedo hacer, aunque dudo pueda lograr mucho. ¿Llamaron… a la policía? —Esa pregunta te animó ya que inconscientemente te erguiste un poco más—. Ya veo. Bien, avísame si encuentran algo…

Andrew colgó quizás demasiado rápido la llamada y se quedó ahí de pie hasta que liberó un profundo suspiro, recogiendo sus pasos para llegar junto a ustedes una vez más, derrumbándose sobre la silla.

— ¿Qué tan grave es?

—Por ahora sólo las están buscando un par de patrullas, quieren intentar ser discretos ya que son las primeras internas que se dan a la fuga.

—Oh, vaya —Ashley apenas pudo aguantarse la risa mientras te miraba, posando sus dedos muy cerca de sus atractivos labios resecos, llegando a rozarlos sólo un poco con las yemas de sus dedos. Te alzaste de hombros para responder a sus palabras silenciosas.

—Te lo dije.

—Como sea, ella dijo que no me moviera de aquí y me enfocara en estudiar, lo que es bueno para nosotros. Teme que si "te encuentro" en el bosque, te traiga conmigo.

—Lo que es irónico ya que ya estoy aquí.

—Sí, porque no sabe que las ayudé a huir después de todo.

— ¿Es normal que su madre sospeche de ustedes con tanta facilidad? —cuestionaste.

—Se dice que una madre posee una intuición extraordinaria —comentó Andrew—. Pero en el caso de la nuestra, yo lo catalogaría más como paranoia justificada.

—Ya te he contado alguna de las aventuras secretas que Andy y yo hemos llevado a cabo, ¿no es así, All? —Ashley se abrazó al brazo de su hermano—. Pues digamos que esa perra tuvo el descaro de meterse en algunas, así que supongo que no dejará de ver a Andrew como la clave para llegar a un problema relacionado a mí.

—Así que se podría decir que ella es el némesis de su historia —comprendiste.

—Exacto.

—Aguarda, no me está gustando lo que estoy escuchando. ¿Le has contado a Alice lo que hacíamos cuando éramos niños? —Andrew se veía desconcertado con esta revelación.

— ¿Qué tiene? All es mi amiga, ¿recuerdas? Fue prácticamente mi terapeuta mientras estaba ahogándome en tristeza porque mi hermano mayor traidor prefería estar mojando su verga con una puta cualquiera que hacerme una pequeña llamada.

—Tacha eso, ¿quieres? No soy un promiscuo de mierda como insistes en retratarme. Y para tu información, ocupo la mayoría de mi tiempo adelantando proyectos y haciendo las tareas de la universidad. Además, las llamadas que me hacías duraban más de dos horas. Ni con mi novia hablo tanto por teléfono.

—Una victoria aplastante, ¿eh?

—Al carajo tú y esa sonrisa orgullosa. —Ashley se dejó reír del agresivo comentario de Andrew.

—Entonces, estamos a salvo por el momento, ¿no? —te aseguraste.

—Y esperemos que siga así. Pero del mismo modo no podemos relajarnos. Temo el momento en que la policía llegue a tocar mi puerta.

—Si eso ocurre usaremos los escondites que nos preparaste —lo animó Ashley—. No te preocupes, tienes todo cubierto. Ya verás, esto pasará y estará bien.

—Sabes que me preocupo más cuando eres positiva.

—Ow, cállate.

— ¿Qué hay de ti, Alice? —La pregunta de Andrew te sorprendió—. Quiero decir, si llamaron a nuestra madre para informarle de la desaparición de Ashley, es un hecho que llamaron a tus familiares también. ¿Crees que deberíamos preocuparnos por ellos?

—Oh, pues…

Bajaste la cabeza al darte cuenta que recordabas muy poco sobre quién aprobó tu ingreso a esa institución psiquiátrica cuando sufrías de tus facultades mentales. Sabías por ahora que era posible que tus padres estuvieran muertos pero, si así fuese, ¿quiénes podrían ser tus tutores legales? Además, antes recordaste que no fuiste hija única. ¿Será acaso que vivías con tus abuelos o algún otro pariente? No te lo habías cuestionado antes y tus respuestas vagas sin duda no serían las adecuadas para convencer a Andrew de que estaban a salvo involucrándose contigo. Necesitas elegir entre ser honesta o mentir.

— ¿Y bien? —Andrew se mostró impaciente por tu respuesta.

—Yo…

Pero entonces ocurrió. Tu cuerpo entero sufrió un cambio abrupto. Esas palpitaciones constantes y dolorosas volvieron a crear un abismo bajo tu carne. No pudiste evitar encogerte con dolor sobre tu asiento y gemir a causa de ello. Dolía. Ellos están ansiosos. Luchas contra la necesidad de golpear o correr, pero acabas levantándote para sujetarte ambos costados de la cabeza en un intento absurdo de estabilizarte. E insultas, pronuncias cada grosería de tu vasto repertorio desesperadamente. No puedes escuchar las voces de los hermanos Graves hablándote pero estás segura que ya se están preparando para enfrentar tu aparente ataque psicótico. Te falta aire por lo que abres la boca sin llegar aspirar mientras sigues blasfemando como si la vida se te fuera en ello, al menos hasta que sientes que algo te atrapa.

Es cuando te descontrolas y comienzas a gritar mientras golpeas al aire. Quien te tiene sujeta es fuerte pero en tu estado eres difícil de dominar. Buscas la manera de anteponerte a la fuerza que te mantiene a raya pero aparentemente sólo logras que caigan contra el suelo. Esto ocurrió porque no te drogaste a tiempo, así que esperas que ellos recuerden ese detalle y vayan a conseguirte los sedantes necesarios.

vUELve A sER UNo

Te golpeas la cabeza contra el suelo pero Andrew logra alzarte e impedir que sigas llamando la atención de los vecinos de abajo. Te apresa el brazo derecho que es con el que lo haz golpeado varias veces, así que tratas de hacerte daño con tu mano libre tirando de tus propios cabellos. Te arrancas varios puños antes de que Andrew se las ingenie para inmovilizar también ese brazo, por lo que ahora intentas usar tus piernas, aunque pateas el viento cuando él logra amarrarte con algo que hace arder tu piel entre más te agitas.

AliCe hELL

— ¡Lo tengo! —escuchas gritar a Ashley, a quien escuchas acercarse presurosa.

—Ya era hora, joder. Dámelo.

Después de eso sientes a tu cuerpo volverse pesado, tanto que los últimos ataques que tu cuerpo hizo se interrumpieron para quedar a medio trayecto y volver a su posición anterior tan lentamente que debe parecer cámara lenta. Tu amiga y su hermano lo lograron. Te preguntas si te inyectaron la cantidad adecuada o verás al mundo oscurecerse ante tus ojos para enseguida morir de una sobredosis. Puedes oír que Andrew suspira y maldice su suerte entre dientes, Ashley se ríe como no puede ser de otra manera. Te gustaría girarte y disculparte por el alboroto que causaste pero sólo te le quedas viendo al mohoso techo como si fuera la cosa más maravillosa que hayas presenciado en tu vida. Idiotizada sólo te dedicas a respirar profundamente mientras las voces se hacen cada vez más densas a tu alrededor.

nO OLviES el pACto

AlmAS hUMAnaS

AliCe hELL

DEVorAdORes

vUELve A sER UNo

Después de pensarlo un poco, te das cuenta que las frases están desordenadas, así que intentas organizarlas en tu cabeza mientras esperas a que pase el efecto de los medicamentos.

No olvides el pacto, Alice Hell. Vuelve a ser uno con los devoradores de almas humanas.