Capítulo V. Lenguas extranjeras

Colocó los frutos con cuidado sobre el suelo y comenzó a desnudarse para, posteriormente, introducirse en el agua dando un respingo. El buen humor que se había instalado desde que descubrió el árbol de papaya fue mermado por la molestia que le produjo bañarse con agua tibia con el clima como estaba, siempre había preferido el agua caliente. Una de las cosas en las que Saga y Kanon se parecían, además del físico, era en la disposición de invertir una parte considerable de su tiempo en tomar largos baños, el gemelo menor incluso cumplía con un estricto ritual de cuidado de su cabello y solía pasar muchos minutos desenredándolo con paciencia y, a veces, aplicando uno que otro menjurje natural, (cortesía de Thetis) le gustaba cuidarlo, Kanon era muy vanidoso en ese aspecto.

Pero el agua, que le llegaba hasta la cintura, estaba fría y lo que quería era apresurarse, y más considerando que Rhadamanthys no tardaría en ir a buscarlo, sin embargo, su brillante y largo velo añil no se mostraba muy cooperador aquel día.

-Maldita sea, ¿otra vez? Necesito conseguir un jodido peine, ¿en dónde está Thetis cuando la necesito?

Gritó con enojo, sin embargo al nombrar a quien fuera su compañera de armas sintió una suave punzada en el corazón y sin poder evitarlo la melancolía inundó su alma. Aquel sentimiento solo provocó que no se diera cuenta de que Rhadamanthys había llegado.

-Si tanto te molesta, ¿por qué no lo cortas?

El gemelo dio un brinco y rápidamente giró para encarar y observar a su ahora compañero con el ceño fruncido, sin poder discernir qué lo enojaba más, si el susto, el atrevimiento de la interrupción o no poder desenredar su cabello.

-¿Qué haces aquí?

-Haré lo mismo que tú, ¿no fuiste tú mismo quien dijo que este lugar no te pertenece y que debía hacer lo que debía hacer?

El gemelo, aún molesto, apartó la mirada decidido a continuar con su ardua tarea mientras el rubio se quitaba la ceñida camisa de entrenamiento negra sin mangas que portaba.

-Obviaré que eres un pervertido solo porque tengo algo que decirte, mira.

Le dijo señalando con el dedo hacia el sitio donde estaba su propia ropa y los cuatro frutos maduros. El rubio se descolocó al inicio por el adjetivo, sin embargo siguió el dedo del peliazul para posar la mirada en la ropa en el suelo.

-¿Tu ropa? Dudo que me quede, soy más alto que tú, además, no es mi estilo.

-No la ropa, imbécil, los frutos.

Ignorando el insulto el rubio prestó mayor atención y sus ojos se abrieron como platos al notar a qué se refería el otro, se acercó con incredulidad a verificar lo que veían sus ojos.

-¿En dónde los encontraste?- inquirió inicialmente, pero rápidamente cambió su actitud y rugió molesto -Se suponía que nos diríamos todo, ¿por qué no me contaste sobre esto ayer?

-Porque los acabo de encontrar hoy. Los corté de un árbol que se encuentra en el camino que diariamente tomo hacia aquí. Rhadamanthys, estoy seguro de que ese árbol no estaba ahí, sé que suena ridículo, pero tuvo que haber aparecido entre ayer y hoy. Sé que no tiene sentido, pero después de todo, estamos en otra dimensión y puede ser que la lógica no rija este lugar.

Respondió el peliazul con tranquilidad mientras volteaba a ver al otro y este le regresaba la mirada sorprendido, dudando. Aquella mirada inquisitiva no pasó desapercibida para el gemelo, quien rodó los ojos y continuó.

-Te estoy diciendo la verdad, nada ganaría con mentirte espectro, no es como que pueda esconder algo así y menos considerando que tu juguetito te ha permitido tener una visión panorámica de esta isla.

Dijo aquello haciendo referencia a la surplice. Después de meditarlo unos segundos, el rubio concluyó que Kanon debía estar diciendo la verdad, sin embargo, no dejaba de resultarle confuso hasta cierto punto, sin contar que en realidad seguía con la duda de si era buena idea o no confiar en el gemelo, en el embaucador de dioses. Estaba abstraído y no notó que sus ojos seguían sobre Kanon, cuando se dió cuenta de aquello, en vez de apartar su mirada de la anatomía ajena, comenzó a escudriñarlo con más descaro. Kanon tenía un cuerpo delgado y atlético, con cada uno de sus músculos perfectamente definidos. Por alguna razón se tardó más de lo "normal" observando el fino cuello, el pecho y los brazos del gemelo, notando que estos, evidentemente por el baño, no tenían las características vendas que los cubrían. En su piel lampiña podían diferenciarse dos diferentes tonos, uno ligeramente más bronceado en los brazos y pecho,que se extendía hacia su cuello y rostro, y otra tonalidad más clara en el torso, aquel torso con múltiples cicatrices. Súbitamente recordó cuando Kanon lo sometió días atrás, el hombre frente a él era más bajo y más delgado en comparación con su propio cuerpo, evidentemente más fornido, pero aún así, había logrado dominarlo fácilmente, un bastardo bastante ágil. El escaneo no pasó desapercibido para Kanon, quien hizo lo propio analizando de igual manera el fuerte y ancho cuerpo de piel nívea, que, a diferencia del suyo, era adornado por una fina capa de vello rubio que cubría su pecho y abdomen, juraría que si no hubiera estado nublado, aquellos pelillos habrían brillado como oro gracias a los rayos del sol.

-Bueno, gymboy, yo ya terminé, así que agradecería que apartes de mi tu mirada de deseo y me permitas salir sin fisgonear.

Le dijo con tono burlesco mientras se dirigía hacia donde estaba el parcialmente desnudo rubio, quien permanecía al lado de la ropa y las papayas, con toda la intención de salir y vestirse, para retirarse y permitirle al otro la privacidad que no le permitieron a él.

-Idiota...

Murmuró el británico mientras le daba la espalda y esperaba a que el otro se colocara la ropa. Al terminar, Kanon se acercó a él y le entregó un par de frutos.

-Toma, corté estas dos para ti, eran las más maduras, te esperaré en la cueva.

El rubio tomó la fruta ligeramente sorprendido por la consideración que tuvo el otro, agradeció y observó como el griego se alejaba de él. Terminó de desvestirse y se introdujo en el agua para poder bañarse.

-Kanon es... Extraño.

Pensó con la vista fija en las papayas que le había entregado el otro, mientras formaba pequeños cuencos con la mano derecha y se echaba agua en el cuerpo para aclimatarse, a él tampoco le gustaba el agua fría. Cuando terminó el baño, se vistió con tranquilidad y se dirigió con el otro, ese día no llevaba su surplice, así que lo alcanzó caminando.

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Cuando llegó a la morada improvisada del griego, lo sorprendió murmurando quién sabe qué cosas al tiempo que trenzaba con cuidado su largo cabello, por alguna razón, aquel acto le pareció hipnótico de repente, permitiéndose contemplar unos segundos más, hasta decidir acercarse lo suficiente y carraspear ligeramente para anunciar su llegada. Kanon giró hacia él sin mirarlo y el rubio solo alcanzó a escuchar.

-El mar, espectro.

-¿Qué tiene?

-Al inicio lo había considerado, pero la herida que me causó tu estúpida surplice no había sanado por completo, hasta ahora, y la realidad es que por esa razón no me había aventurado a buscar una salida a través del agua. El día de ayer, cuando me vino a la mente la idea de que las cosas podían ser diferentes en el mar, me introduje y el pez que atrapé se encontraba a unos cinco kilómetros de distancia de la costa, eso significa que sí, las cosas sí son diferentes y podríamos encontrar una salida siguiendo ese juicio.

El gemelo nuevamente dejaba salir las palabras sin observar al británico, no era la primera vez que a Rhadamanthys le parecía que Kanon, más que dirigirse a él, parecía que pensaba y reflexionaba en voz alta.

-No entien...

-Sin embargo- interrumpió el gemelo, -no podemos saber con exactitud a qué distancia de la costa podría encontrarse esa posible salida, podrían ser cinco o cincuenta kilómetros, y tampoco sabemos el tamaño de la misma, si es que existe, tendríamos que buscar en todo el perímetro de la isla... Nadando.

Al escuchar aquello, el británico no pudo evitar tensar su cuerpo, el peliazul continuó.

-A menos que... ¡tu bote! Podríamos usar tu bote para hacerlo más sencillo.

Dijo al fin mirándolo a los ojos, provocando que el otro se sobresaltara al sentir las aguamarinas sobre él, por suerte para el rubio, el peliazul no lo notó. Rhadamanthys se quedó pensativo mientras le sostenía la mirada. La realidad es que no sonaba a un mal plan, si tan solo factor "mar" no estuviera de por medio; sin embargo, no podía darse el lujo de parecer débil frente a Kanon, no podía manifestar bajo ninguna circunstancia cualquier signo del pavor que le tenía al mar.

-Supongo, Rhada, que ya has intentado sobrevolar el mar buscando una salida en el aire.

Rhadamanthys estaba tan nervioso que decidió ignorar el apodo que usaba el otro para molestarlo. Años de haber sido blanco de burlas de sus compañeros y de regaños sinsentido por parte de su padre tenían sus propios frutos, logrando permanecer con un semblante estoico.

-Sí.

Mintió. Kanon se estaba dando cuenta de que el otro no era muy abierto a la comunicación, alzó las cejas e hizo un ademán con la mano izquierda para incitarlo a continuar.

-No hay nada Kanon.

Era la respuesta que el griego esperaba en realidad, pero no pudo evitar suspirar resignado.

-Bien, entonces, ¡andando!, vamos a revisar las condiciones del bote, y de paso atrapamos algo para el almuerzo.

Dijo lo último guiñando un ojo. La mitad del camino transcurrió tranquilamente y bajo un cómodo silencio, hasta que Kanon decidió romperlo.

-Notaste que es el primer díá que amanece nublado, es un poco extraño. Dime, sé que eres británico, ¿pero en dónde naciste?

-Klaksvík, Islas Feroe.

Kanon conocía el lugar. Así como conocía todos los mares del mundo, conocía todas las islas también. Recordaba particularmente una leyenda que giraba en torno a una maldición que decía que todos los hombres de una de aquellas islas morían en el mar.

-He estado ahí... Clima frío, mujeres hermosas y comida terriblemente salada. Pero hay algo que no entiendo espectro, ¿las Islas Feroe pertenecen a territorio danés o británico?.

Inquirió genuinamente curioso el peliazul.

-Las islas fueron originalmente ocupadas por monjes irlandeses, luego de la colonización vikinga se decretó como territorio noruego y posteriormente danés, sin embargo, después de la ocupación británica durante s
Segunda Guerra Mundial, se logró la autonomía del territorio. Algunos lo consideran británico, puesto que está más cerca y por ende, es más fácil llegar por mar desde el Reino Unido que desde la misma Dinamarca, y la población es una mezcla en realidad.

-Y tú...

-Mi madre era irlandesa y mi padre es inglés. Al poco tiempo de casarse llegaron a las islas puesto que mi padre pretendía expandir su dominio marítimo, dirige una flota comercial entre ambos países.

Kanon pudo darse cuenta de que, por la forma en que el otro hablaba, su madre parecía haber fallecido mientras que su padre probablemente seguía en aquel lugar.

-Bien, entonces ¿sabes navegar?

-Sí.

Respondió secamente, casi por inercia. El cambio de actitud fue evidente para su interlocutor, quien lo cuestionó de nuevo.

-¿Y por qué no habías intentado buscar una salida usando el bote?

-No se me ocurrió.

Mintió de nuevo, esta vez se sintió un poco mal, al pactar con el otro, había exigido sinceridad, y no estaba dando lo que pedía. Al notar que continuaba con ese tono seco, Kankn decidió regresar la conversación a las dichosas Islas.

-Y entonces, ¿cuál es el idioma oficial?

El peliazul conocía esa respuesta, pero no quería perder la oportunidad de continuar con la charla ahora que había logrado sacarle algo más que enunciados simples al rubio.

-Feroés, danés e inglés.

-Inglés, qué bien, ¿sabes?, Siempre quise aprenderlo. Quizá puedas enseñarme, y yo puedo enseñarte griego si quieres.

-Hecho, podrías empezar por enseñarme a decir "ya cállate griego, hablas demasiado", ¿por favor?

-Jódete Rhadamanthys.

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El resto del camino transcurrió entre una que otra risa y algunos insultos recíprocos. Al llegar, Kanon se introdujo sin permiso a inspeccionar el interior de la cabina.

-Vaya espectro, sí que vives rodeado de lujos, no como yo.

Dijo aquello mientras pasaba los ojos por toda la habitación, reparando en el detalle de que Rhadamanthys no había hecho la cama, hasta detener su mirada en Wyvern, que se encontraba reposando sobre el suelo de madera y la cual emitió un destello más evidente al sentir la presencia de su portador.

-Por cierto, de nada- ironizó, -y ordena tu cama, por todos los dioses.

Rhadamanthys lo ignoró y le hizo una seña para que ambos salieran a evaluar el estado exterior. Sin bien, el rubio ya lo había hecho, era importante cerciorarse, y más considerando que Kanon parecía tener experiencia como navegante. Luego de verificar y de cerciorarse de que la madera estaba en buenas condiciones, mientras Rhadamanthys revisaba el correcto funcionamiento de las poleas, el gemelo inspeccionaba las cuerdas y velas, un gesto de molestia y decepción apareció en su rostro al notar que estas últimas estaban rasgadas.

-Skatá*- musitó el griego en su idioma natal,-¡Rhadamanthys! ¿podrías revisar en la bodega si hay más velas?

Al no obtener respuesta, se dirigió él mismo hacia el interior de la bodega, notando con decepción que estaba vacía, se disponía a salir, pero sus ojos notaron que el piso estaba adornado con una muy sucia y arrugada alfombra. Aquello le generó un pequeño tic en el ojo.

-Dioses, ¿este tipo puede ser más desordenado?

Lanzó al aire al tiempo que la retiraba para sacarla y sacudirla un poco, descubriendo que debajo de ella se encontraba una pequeña puerta sujeta a una cadena, la cual jaló para levantar dicha puerta e introducirse. Tal como lo supuso, lo condujo hasta la zona inferior del bote. Pese a que la luz era escasa, su aguda visión le permitió distinguir perfectamente un bulto de tela en el piso, el cual recogió con alegría con la idea de que eran las velas de repuesto que normalmente tenían las embarcaciones sin motor, sin embargo, al retirarlas se dio cuenta de que debajo de ellas había un enorme hueco, la parte inferior del bote estaba dañada. Tendrían que buscar la manera de repararlo y no parecía haber herramientas para lograrlo. Las cosas se estaban complicando.

Continuará...

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Bien admito que me hice un poco bolas con lo de las Islas Feroe y es algo que me ha tenido confundida por años. Las Islas Feroe, a pesar de ser un territorio autónomo en realidad pertenecen a Dinamarca, sin embargo, de manera no oficial (cof cof fanfics), se hace referencia a Rhada como inglés/británico (en The Lost Canvas sí lo es), así que no sé qué resultó de esta combinación entre esta especie de headcanon colectivo y la realidad, pero espero que se entienda el punto.

*Skatá (Σκατά, griego): mierda