N/A: Editado el 24/07/2021


Nick abrió la puerta de su departamento, entró y se dirigió a su habitación. Prendió la luz, fue hacia el armario y sacó un pijama. Su apartamento era un poco más grande que el de Judy, ya que estaba diseñado para cánidos en particular. Su amigo poseía varios complejos, y se lo rentaba a un precio bastante razonable, tomando en cuenta la zona. Además, estaba solo a 10 minutos caminando del departamento de Judy, por lo cual, aunque terminaran de ver las películas tarde, el podría regresar sin problemas a casa.

Terminó de ponerse el pijama (uno francamente ridículo, con zanahorias en la tela. La coneja se lo regaló de cumpleaños. Esperaba que Judy jamás se enterara que lo usaba de verdad), y se sentó al borde de su cama. Tomó su celular entre las patas, viendo el SMS que Finn le había mandado.

Él sabía que debía hablar con su mamá antes de ir a visitarla, solo que no sabía como iniciar la conversación. Sinceramente, agradecía la oferta de Judy de acompañarlo, ya que él que no tendría el valor para poderlo hacer solo. Recordó la mirada amatista de la coneja y la calidez que transmitía. Volvió a sentir como si le patearan el estómago.

Sacudió la cabeza para alejar el recuerdo. "¡No vayas por ese camino!", se recriminó a si mismo.

Volvió a dirigir la mirada hacia el celular. Su madre debía estar despierta. Después de todo, los zorros son animales nocturnos, y ella prefería dormir en el día. Inhaló profundo y exhaló. Pulsó el botón de marcar, y se llevó el celular a la oreja. No se sentía con el valor para enfrentar una videollamada.

El teléfono sonó 4 veces, antes de que alguien lo descolgara.

"¿Diga?", respondió una voz femenina.

Nick quedó paralizado al volver a oír la voz de su madre. La última vez que la había escuchado era mientras peleaban, debido a la elección de carrera de Nick. En esa ocasión, gritaba furiosa. Ahora podía escuchar nuevamente su tono dulce.

El silencio se prolongo un minuto entero.

"Nicky, ¿eres tú?" cuestionó la hembra.

El zorro maldijo en su mente. Claro, entre los dos, la más astuta siempre fue su madre.

"Hola, mamá", dijo entre dientes. De pronto, sentía la boca seca.

"¡Oh, por Dios! ¡Nicky! ¡Estoy tan feliz de que hayas llamado!"

Nick sintió un vuelco en el corazón al escuchar la emoción voz de su madre.

"Estaba tan preocupada cuando te vi en las noticias, después de lo de esa oveja loca de Bellweather. Después del anuncio sobre tu ingreso a la Academia, empecé a buscar a Finnick. ¡Vaya que sabe cómo esconderse! Su padre no supo nada de él durante meses, ¡hasta que por fin apareció! Pero cuéntame, ¿como te tratan tus compañeros?"

Nick se percató de la nota de aprehensión en la voz de su madre, al final de su pequeño discurso. Claro que ella debía tener miedo. Los zorros siempre habían sido discriminados, y después del incidente de Nick con los Junior Rangers, su madre no tenía confianza en las instituciones que en nada le apoyaron al presentar la queja contra lo sucedido a su cachorro

"Me tratan bastante bien, en realidad. Incluso a veces, salgo a tomar algunas copas después del turno con los lobos del Precinto. Solía ser noche de poker, pero todos se cansaron de darme su dinero. Los criminales son algo especistas cuando los atrapo, pero al parecer no es personal, y le gritan cosas a todo el mundo, así que realmente no me siento especial", le contó Nick a su madre.

Su madre soltó una risa cantarina.

"¿Aceptaron jugar POKER con un ZORRO?"

"¿Puedes creerlo? Todavía hicieron una apuesta entre ellos a que el primero que me ganara, recibiría 20 dólares. Apuesta que nadie pudo cobrar. Ahora que lo pienso, me siento bastante halagado que ninguno sugiriera que hice trampa"

"¿Y no hiciste trampa?"

"¿En poker? Claro que no, siempre tuve talento natural para las cartas, tuve una buena maestra"

Su madre volvió a reír, halagada. Nick tuvo una sensación de hogar que hacía mucho tiempo que no sentía.

"Perdóname, mamá", soltó de pronto. La risa de su madre se detuvo de golpe.

"Oh, Nicky, no tengo nada que perdonarte. Tú eras joven y estabas confundido. Yo debí...yo debí comprenderte mejor, mostrarte otro camino. Yo soy la que debe pedirte perdón".

"Tú no hiciste nada mal, mamá. Yo era muy terco y orgulloso. Realmente siento no haberte buscado antes...No sabía como hacerlo".

"Dejemos eso en el pasado, Nicky. Tenemos mucho tiempo por delante, para recuperar el tiempo que perdimos. Me encantaría verte", dijo su madre.

"De hecho, planeaba ir a visitarte la otra semana. ¿podrás recibirnos el siguiente domingo?"

"¿En plural? ¿Con quién vendrás? ¡¿ Vas a presentarme a una novia?!" Exclamó emocionada su madre.

El zorro rodó los ojos. Había olvidado como era su mamá a veces. A los 16, Nick estaba más interesado en hacer dinero que en las chicas. Su madre siempre le preguntaba que cuándo llevaría a alguna zorra, para conocerla. Era obvio que ya con 33 años, ella pensara que su reloj biológico estaba listo para presentarle una novia.

"No, mamá. No tengo novia. Zanahorias irá conmigo", le respondió el zorro.

"¿Zanahorias?", preguntó su madre, confundida.

"Mi compañera en el ZPD. Judy, Judy Hopps", aclaró Nick.

Silencio. Era probable que a su madre no le cayera bien la coneja, debido a su pequeño discurso durante la conferencia de prensa, que terminó con el desempleo y especismo hacia los depredadores, no solo en Zootopia. Esperaba que, tal vez al conocerla, ya no tuviera ningún problema con ella, y que se diera cuenta que Judy había madurado mucho desde esa maldita conferencia.

"Nicholas Piberius Wilde, me estás diciendo que a tu compañera, el mamífero con el que pasas gran parte del día, y al que le tienes que cubrir la espalda, ¿la llamas con ese sobrenombre tan, tan...denigrante? Creí educarte mejor que eso", dijo su madre, con dureza.

Y de repente, Nick volvió a ser un cachorro regañado por su madre. Agachó las orejas y su cola detuvo abruptamente.

"No, no es así...al inicio si fue algo para molestarla, pero después es más...¿como lo explico?… A ella le gusta". trato de excusarse el vulpino.

Su madre no le respondió inmediatamente. Pasó un minuto entero.

"Ya veré eso el domingo. ¿Y qué le puedo cocinar a Judy? ¡Jamás he cocinado para un herbívoro antes!"

Después de asegurarle que cualquier cosa con vegetales estaría bien, se despidieron y Nick cortó la comunicación. Se acostó después de poner el celular en la mesita de noche y cerró los ojos. Sentía tanta paz, que no tardó en quedarse profundamente dormido.